Buenas tardes a todos...!

Sigo en cama y con una neumonía de caballo que me tiene sin poder ir a trabajar, asi que intentaré seguir actualizando diariamente aunque la hora no pueda decirosla mas concretamente. A ver si en unos cuantos dias me dan el alta y puedo volver a mi vida normal, que vaya comienzo de año que estoy teniendo.

Ah, os aclaro que Edward no es Mara... la Mara es Bella.

Miss Variete... rebienvenida de tus vacaciones ;)

He de aclarar, ya que hay quien se ha molestado en ponerme sobre aviso que, aunque no lo hice en su momento porque no crei necesario decir de donde saqué la inspiración, varios de los lemmons que vais a leer en este fic estan inspirados (que no copiados) en una saga de vampiros bastante conocida, por lo que quiero pensar que apreciareis la diferencia entre las palabras inspiración y plagio, pues confundir una con otra pueden causar mucho daño, aparte de que sería bastante ridículo plagiar una saga tan sumamente conocida y hacerla pasar por mia cuando no es asi.

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 34

Era ya por la tarde cuando decidimos, después de pasar catorce estupendísimas horas encerrados en el dormitorio, salir y airearnos un poco. Fuimos directos a la cocina. Alice, Rose, Esme y Alma ocupaban la gran mesa de la cocina rodeadas por los ya conocidos catálogos, revistas y muestrarios. Ni rastro de los hombres. Todos los ojos se clavaron, por una vez, en Edward. Las cuatro le miraban entre divertidas y molestas, lo primero era evidente, seguro que nuestros gritos se oyeron en kilómetros a la redonda, y lo segundo por la interrupción.

- Hola, esto… Alma ¿serías tan amable de decirme donde escondes el cepillo y el recogedor?

- No los escondo Edward, están en ese armario – dijo la sorprendida mujercita señalando el mueble en cuestión - ¿para que los necesitas? ¿se ha roto algo? ¿quieres que te ayude?

Las otras tres mujeres se miraron entre ellas y se echaron a reír. Yo tampoco pude evitar la sonrisa, pero no abrí la boca. Explica eso, listillo.

- No. Esto… bueno, si. Quiero decir que si se ha roto algo pero no necesito tu ayuda, ya lo recojo yo.

- ¿Y que has destrozado si puede saberse? – dijo Alma levantándose de la silla y amenazando con soltarle la pertinente regañina, sin entender porqué las demás se reían – No veo que tiene de gracioso…

Todas mirábamos a Edward y ninguna estábamos dispuestas a ayudarle a explicárselo a Alma. Edward me miraba suplicante, pero me encogí de hombros y fui a sentarme con las demás.

- ¿Y bien? – Alma exigía la explicación – ya habéis estado peleando Emmett y tú otra vez, como si lo viera.

- No es eso Alma. Es que he… hemos tenido un accidente con la mesa de mi cuarto y bueno, se ha… roto un poco.

- ¿La mesa?

- Y lo que había encima.

- ¿Y la mesa?

- La mesa también.

- ¿Y que demonios hacías pegándote con Emmett en tu dormitorio?

- No estaba con Emmett.

- ¿Y con quien…? – Alma abrió los ojos como platos, comprendiendo – acabáramos…

Edward no esperó a que la mujer terminara de regañarle y se dirigió con la cabeza gacha hasta el escobero. Sacó los artilugios, dándonos la espalda y después de cerrar la puerta del mueble, se encaminó apresuradamente a la salida de la cocina.

- ¡Edward Cullen, alto ahí! – dijo la mujer poniendo los brazos en jarras. Él se paró en seco – mírame cuando te hablo.

- Alma… - dijo Edward encarando a la mujer y buscando una manera de disculpar su "accidente"

- Ni Alma ni leches, dame esa escoba, yo lo recogeré – dijo quitándosela de las manos, a lo que Edward ni rechistó – ya estás tirando delante y ayudándome a bajar la preciosa mesa que ha pagado tus arrebatos – le empujó de un hombro para hacerle salir delante suya – no ganamos para muebles con vosotros, y mira que os tengo dicho que os andéis con cuidado pero nada… ¡ni caso!

Edward refunfuñaba por lo bajo mientras salía de la cocina, lanzándome una mirada recriminatoria por no haberle ayudado con Alma. Te dije que me la pagarías. Le sonreí ampliamente como respuesta.

- ¡Tira, vamos! que me tienes contenta – dijo Alma azuzándole con el palo de la escoba, las demás nos esforzábamos por no reír. Y antes de salir detrás de él se giró para guiñarnos un ojo diciendo - ¡Hombres!

Nada mas cerrarse la puerta tras ellos, estallamos todas en sonoras carcajadas. Y es que la mujer, a pesar de su reducido tamaño, no se andaba con chiquitas. Si su metro cincuenta tenía que poner en su sitio a un peligroso vampiro adulto, lo hacía sin contemplaciones.

- Pobre Edward – dijo Esme cuando su risa se lo permitió – ¡parece mentira que no conozca a Alma! Le va a poner la cabeza como un bombo.

- ¡Que mujer! – dijo una sonriente Rosalie – aún recuerdo cuando Emmett y yo destrozamos la tercera cama… ¡nos hizo acostarnos una semana en el suelo como escarmiento!

- Pero tiene toda la razón – dijo Alice apoyando la actitud de Alma - ¿tú sabes lo que nos va a costar reemplazar esa mesa por otra parecida? Era muy antigua, una obra de arte, un objeto único.

- Todo es reemplazable – dijo Rose mirándome fugazmente.

- ¿Ha ido todo bien, Bella? – preguntó Esme sonriéndome dulcemente e ignorando el comentario de Rosalie.

- Si, si – dije avergonzada, sabiendo que lo habrían oído todo – siento lo de la mesa.

- En esta casa destrozar muebles es mas normal de lo que nos gustaría – dijo una resignada Esme acariciándome el brazo – lo importante es que entre vosotros todo haya ido bien.

- Todo ha ido bien, Esme. Muy bien en realidad – dije bajando la mirada – creía que iba a ser mas complicado de lo que… bueno, de lo que ha sido.

- Y te aseguro que irá a mejor Bella – dijo Alice sonriendo muy pícaramente – ¡espera y verás!

- Lo estáis llevando muy bien y para ser la primera vez que estáis juntos desde tu cambio, que solo hayáis destrozado una mesa es todo un logro, créeme – dijo Esme infundiéndome animo.

- Si, es cierto. Y hablando de la mesa, conozco un anticuario que puede que tenga… – Alice se quedó un segundo pensativa – ¿quién se viene de compras conmigo?

Silencio absoluto y caras de susto. Alice nos miraba con entusiasmo una a una. Más silencio. A mi no me mires, no estoy preparada aun para eso. Antes de que Alice empezara a torcer el gesto por la poca colaboración que le ofrecíamos Esme se rindió. Gracias a dios.

- Yo iré contigo Alice – ésta se colgó de su cuello dándole las gracias – pero solo si me prometes que iremos solo y exclusivamente al anticuario, nada de tiendas.

- De acuerdo, de acuerdo – dijo agarrando la mano de Esme y arrastrándola fuera de la cocina para ponerse en camino – pero hay una tiendecita que nos pilla justo al lado y que tienen unos modelitos nuevos impresionantes, ya verás, te van a encantar…

Esme resopló resignada, y mirándonos a Rose y a mi con una enigmática sonrisa, lanzó un comentario al aire antes de que se cerrara la puerta.

- Aprovechad bien la tarde, chicas.

Nos quedamos mirando como la puerta se cerraba, aún con la sonrisa en los labios. Pero nos duró poco, cuando nuestras miradas se encontraron todo resto de alegría se esfumó, dejando una ligera incomodidad en el aire. Rose centró su mirada en el catalogo de tartas que tenía delante. Silencio.

- ¿Dónde están los chicos hoy? – dije intentando romper el hielo.

- Carslisle aún esta en el hospital – no levantó los ojos de la tarta de chocolate de la pagina 15 - y Emmett y Jasper están en el garaje metiéndole mano al carburador de mi coche, suena raro.

- Ahh… bien - ¿sería un buen momento para abordar el tema? – Oye Rose…

- Dime.

- Creo que deberíamos hablar. Tú y yo.

- ¿Sobre lo que pasó ayer? – dijo pasando de página ruidosamente.

- Sobre lo de ayer y sobre...

- Mantengo lo que dije – dijo cortándome tranquilamente y volviendo a fijar su atención en otra tarta, esta vez de nata y fresa – no me hace ninguna gracia que Emmett quiera ir de caza contigo.

- No dejaré que me acompañe, si es eso lo que quieres.

- Eso es lo que yo quiero – dijo levantando la vista del catalogo y mirándome directamente por primera vez desde que entré en la cocina – pero si quiere hacerlo, lo hará. No voy a impedírselo. Tú haz lo que tengas que hacer, que yo haré lo mismo.

- ¿Qué es exactamente lo que odias de mí, Rose? – dije mirándola muy seriamente – no entiendo tu actitud conmigo.

- No eres el centro del universo, Bella – me dijo sarcásticamente – No todo tiene que ver contigo.

- Pero me lo haces pagar a mí. Por lo tanto en algo me concernirá, digo yo.

- De qué otra manera podría ser si no… mi hermanito calla más de lo que debería.

- ¿Edward? – dije recordando como se había enfrentado a Rose la noche pasada, después de leerle el pensamiento - ¿Qué tiene que ver Edward en esto?

- Pídele a él que te lo cuente. Su versión difiere bastante de la mía.

- Prefiero escuchar la tuya primero.

- ¿Estás segura de eso? – me miró incrédula – puede que lo que te cuente haga que tu querido Edward se caiga de ese pedestal al que le tienes subido.

- Insisto – dije de pronto intrigada por lo que Rose tenía que decir sobre Edward - La tuya primero.

- Vale, tú misma. – dijo dejando las revistas y cruzando los brazos delante del cuerpo – Pero luego no quiero reproches por tu decisión de escuchar mi versión antes que la suya.

- No los tendrás.

- Muy bien – dijo dispuesta a soltar todo lo que tenía dentro. Me miró un instante muy intensamente - ¿te ha contado Edward que dejó a una chica plantada en el altar?

Me quedé perpleja. Me podría haber imaginado cualquier cosa de Edward, dado que fue capaz de drogar, secuestrar y encerrar para conseguir su propósito de tenerme, incluso era capaz de matar o morir por protegerme, bien lo sabía yo, pero lo último que imaginé de él es que hubiese estado a punto de casarse con alguien, con alguien que no era yo. Rose me miró con satisfacción al comprobar cuanto me había impactado la noticia.

- Continua – le pedí intentando disimular mi sorpresa.

- Megan y Tanya son gemelas e hijas adoptivas del matrimonio Delani. Ellos viven en otro estado, pero nuestra amistad con su familia se remonta a muchos años atrás. A pesar de la distancia nos veíamos bastante a menudo pues íbamos o venían con mucha frecuencia a visitarnos. Edward se tiró largos años tonteando con ambas, a veces le veíamos con Megan, otras veces le veíamos con Tanya, pero nada parecía indicar que se decantara especialmente por ninguna. Las gemelas eran para mí como hermanas, pero con Tanya me unía un lazo especial, éramos inseparables. Llegó un día diciéndome que Edward se había decidido y que iban a casarse. Creí que tanto ella como yo íbamos a explotar de felicidad por la noticia y todos nos volcamos con los preparativos de la boda. Mi mejor amiga y yo íbamos a ser hermanas de verdad, y en muy poco tiempo estrechamos los lazos con los Delani hasta tal punto que nos habíamos planteado unificar nuestras familias, lo que a todos, pero sobre todo a mí, nos hacía una especial ilusión. Organizamos todo en menos de una semana. Todo estaba listo, las invitaciones repartidas, la fiesta organizada, la iglesia reservada, y a solo un par de horas del "Si Quiero" Edward dijo que no se casaba.

- Oh, no. – dije incapaz de decir nada mas.

- Oh, si. Podrás imaginarte lo que pasó a continuación. Gritos, discusiones, histeria, sufrimiento... Edward no daba sus motivos, simplemente se limitó a decir que no seguiría adelante con la boda. La buena relación con los Delani se esfumó en cuestión de segundos y antes de que pudiéramos aclarar nada se marcharon maldiciendo el día que nos cruzamos en sus vidas. Eso destrozó a nuestra familia, Carslisle consiguió recuperar con mucho esfuerzo una parte de la confianza que habíamos perdido con los Delani gracias a la fuerte amistad que le unía con el padre de las gemelas, pero ni Tanya ni Megan volvieron a ser las mismas conmigo, y eso me destrozó a mi.

- ¿Pero que tiene eso que ver conmigo, Rose? – dije mirándola confundida.

- Si necesitas que te lo explique mal vamos...

- ¿Crees que fue por mi culpa? ¿Que Edward dejara a Tanya fue culpa mía?

- No fue culpa tuya – reconoció la implacable rubia mirándome con ferocidad – pero fue por ti. Para mi es lo mismo.

- Eres muy injusta Rose, no puedes culparme por algo de lo que yo no era y ni soy responsable.

- Eso no cambia las cosas, podría haber sido cualquier otra persona, pero estás aquí y eres tú. Quiero a mi hermano pero no puedo evitar que me duela lo que hizo y no se lo perdonaré jamás. Jamás. Siento que con ello te arrastre a ti también, pero así es la vida. Cruza los dedos para que no se le ponga otra por delante antes de que llegue el día de vuestra boda.

- ¿Cómo puedes decir algo así? – dije dolida por las duras palabras que estaba oyendo.

- Ya lo hizo una vez… puede volver a hacerlo.

Salí de la cocina sin saber muy bien donde dirigirme. Necesitaba recapacitar sobre lo que Rose me había contado y poner un poco en orden mis ideas. No quería encontrarme con nadie en el estado que me encontraba, pues aun sin quererlo, la historia que me acababa de contar Rosalie me había afectado mucho más de lo que me gustaba reconocer.

Necesitaba salir de la casa, estar sola, respirar aire puro. Atravesé el salón directa a la puerta principal y justo antes de que mi mano alcanzara el pomo, ésta se abrió mostrando a un asombrado Carslisle que llegaba para ver como yo salía.

- Hola Bella, ¿Va todo bien? – dijo apartándose a un lado y dejándome salir.

- Si. Todo va bien Carslisle – pasé por su lado sin mirarle directamente – solo necesito tomar un poco el aire.

- Te veo preocupada – dijo mirando los síntomas de mi evidente nerviosismo - ¿Necesitas hablar?

- No, tranquilo, todo esta bien. Solo necesito estar un momento a solas. No tardare.

- Estaré en mi despacho si necesitas algo – me dijo desde la puerta viendo como me alejaba de la casa.

- Bien, gracias.

Me alejé sin mirar atrás. También tenía que hablar con Carslisle, con relación a otro tema que me preocupaba, pero este no era el día ni el momento mas adecuado. Caminé despacio intentando calmar mi agitada respiración. Edward prometido con otra. Edward con otra. Me invadió un repentino sentimiento de furia. Nunca me lo había mencionado, nunca me había dicho que hubiera estado con otras mujeres. ¿Qué pensabas, que se reservaba para ti? ¿Que era virgen? Que ingenua eres… Me estaba sintiendo como una estúpida. Por supuesto que el había tenido otras relaciones, habría estado con mil mujeres si hubiera querido. No había nada más que mirar lo irresistible que era. Lo rápido que yo caí en su embrujo. Lo poco que tardé en beber los vientos por él.

Estúpida, ¿Y estás celosa ahora? ¿Ahora que te ha jurado amor eterno? Pues si, estaba celosa, no podía remediarlo. No tenía ni motivos ni razones para estarlo, pero solo pensar en que hubiera hecho con otra lo que hace unas horas me estaba haciendo a mí… me llevaban los demonios. Edward era mío. Pues claro que es tuyo ¿Acaso se te ha olvidado lo que estuvo apunto de hacer por ti? No, no lo había olvidado, lo recordaría todos y cada uno de los días de mi condenada vida. Lo que sufrió por mi culpa era una carga que yo estaba destinada a llevar y que me recordaba cada día cual era mi razón para seguir viviendo. Él y solo él.

Perdida en mi discusión mental no me di cuenta de hacia donde se encaminaban mis pasos hasta que no la tuve delante. La cabaña del río. La cabaña de Jacob. Me sentí de pronto terriblemente sola viendo la diminuta casita, a la cada vez más escasa luz del atardecer. Había pasado tan buenos momentos allí charlando y riendo con Jacob, que verla vacía y cerrada me produjo una sensación de fría soledad en el pecho. Le eché terriblemente de menos. Era mi amigo y me hubiera encantado poder tenerle delante para hablar con él, contarle mis preocupaciones, reírnos juntos o echarle la bronca por haberse pasado de la raya con sus comentarios. Pero ya no estaba. Nunca más estaría ahí para mí.

Me acerqué al árbol a la sombra del cual nos gustaba tumbarnos en las calurosas tardes y me senté recostando la espalda contra el duro tronco. Intenté aclarar mis ideas. Piensa Bella ¿Por qué estas furiosa? ¿Con quién estas realmente enfadada? Con Edward por no contármelo y con Rose por habérmelo contado. Eso no tiene sentido. Completamente de acuerdo, no tenía ningún sentido. Sobre todo después de haber prometido que habría confianza absoluta entre él y yo. Pero ¿Por qué no me lo ha contado nunca? ¿Y por qué Rose estaba mas que dispuesta a hacerlo? Con Edward jamás sacaste el tema y a Rose tú le insististe. Cierto también. Mierda, estaba perdiendo una discusión conmigo misma. Ahora si que podrían decir que estaba loca de remate.

Fuera como fuera yo no tendría que sentirme culpable por que Edward dejara a la tal Tanya plantada a dos horas de su boda. Vale que fuera una situación que nadie querría vivir, pero yo no tendría que sentirme responsable de ello, sin embargo lo hacía. No le des mas vueltas, habla de ello con Edward. Si, hablaría de ello con Edward, era lo mas lógico y así evitaría sacar conclusiones precipitadas. Escucharía las dos versiones y ya después veríamos en qué desemboca todo esto. Ahora necesitaba sobre todo calmarme. Nunca había sido particularmente celosa, nunca llegué a amar de esa manera tan enfermiza que sabía que los celos provocaban, pero también era cierto que nunca había amado a nadie como amaba a Edward. Y si a ese sentimiento le sumaba la parte Mara que había en mí, posesiva y dominante, la cosa pintaba muy mal.

- No le des tanta importancia – Jasper me miraba desde unos poco metros de distancia.

- Jasper… no esperaba encontrarme a nadie aquí – dije intentando normalizar la expresión de mi cara.

- Estás tensa, se te nota a la legua.

- Bueno… si, anímicamente a ti no hay quien te engañe así que para que disimularlo – dije con resignación.

- Has cambiado mucho en estos días, lo he notado, y solo quería decirte que no deberías preocuparte tanto por lo que hablemos los demás. Cada uno tenemos nuestro punto de vista y es imposible contentarnos a todos.

- Lo sé… pero no quiero ser siempre la nota discordante. Intento encajar en la familia, nada más.

- Rosalie y Emmett son tan diferentes entre ellos como lo podemos ser Alice y yo, o incluso que Edward y tú. No quieras ser una Bella diferente para cada uno, sé tu misma y encajarás a la perfección.

- Espero poder hacerlo – dije sonriendo por la claridad que su influencia aportaba a mis pensamientos y la tranquilidad que dejaba en mi alma – eres muy comprensivo, Jasper.

- Se hace lo que se puede – dijo mirando de pronto hacia la cabaña - ¿Quieres entrar?

- No – dije un poco sorprendida por la sugerencia – solo quería un poco de tranquilidad.

- Le echas de menos ¿a que si? A Jacob.

- Mucho – imposible mentir a Jasper en lo referente a estados de ánimo.

- Sé que no es lo mismo, pero si necesitas hablar con alguien que no sea una maniática de las compras, o un doctor medio chiflado, o un novio empalagoso… puedes hacerlo conmigo. Hablo poco pero se me da muy bien escuchar.

- Jasper… - se me hizo un nudo en la garganta al oírle ofrecer su humilde consuelo – no sabes lo que tu ofrecimiento significa para mi, de verdad. Muchas gracias.

- De nada – su sonrisa era muy sincera - Creo que Alice y Esme acaban de llegar. Te dejaré para que puedas seguir dándole vueltas a tus pensamientos.

- ¿Te importa si te acompaño de camino a casa? Me vendrá bien tu compañía en este momento.

- Claro hermanita – dijo ofreciéndome su mano y ayudándome a levantar del suelo – será un placer tranquilizarte.

- Ahora entiendo porqué Alice está loca por ti, eres un encanto – le tomé del brazo que me ofrecía y emprendimos el camino de regreso.

- Supongo que es Rose la que no te está haciendo las cosas mas llevaderas – dijo mirando al suelo mientras caminábamos.

- Has dado en el clavo.

- Ella es de carácter difícil, siempre lo ha sido. Dale tiempo.

- Si en 30 años no ha sido capaz de perdonar a su hermano… yo tengo muy pocas posibilidades de éxito.

- Doy por hecho que al final te lo ha contado, al menos su parte.

- Yo le pedí que lo hiciera.

- No deberías haberlo hecho, es Edward el que te tiene que dar sus motivos.

- Ya, pero quería saber porqué Rose me odia.

- Rose no te odia, está resentida, nada mas.

- ¿Vas a decirme que yo no tengo la culpa de nada y todas esas pamplinas?

- No – mas claro imposible - No te diría nada nuevo que tú ya no supieras.

- ¿Entonces? – dije viendo que nos acercábamos a la casa

- Te digo lo de hace un rato, no nos quieras contentar a todos.

- Y que sea yo misma – dije imitando su tono de voz.

- Exacto – dijo golpeándome el brazo con cariño – ¡lo pillas rápido!

- Hago lo que puedo, recuerda que soy novata en esto.

- De novata ya te queda muy poco. Eres todo un lujo de hermana.

- Gracias Jasper – dije separándome de su lado a la vez que llegábamos a la puerta – me ha venido muy bien hablar contigo.

- Lo mismo digo – dijo depositando un tímido beso en mi mejilla – para eso están los hermanos.

Le devolví la caricia y nos miramos un instante mientras a nuestros oídos llegaban las alborotadas palabras de Alice desde la cocina. Jasper puso cara de susto y nos reímos resignados encaminándonos a participar de las risas con el resto de la familia.