Buenos dias de miercoles...!

Seguimos avanzando ;)

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Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 36

A pesar de mi conversación con Edward y al descubrimiento de su relación con las gemelas, los días que siguieron fueron gratificantemente rutinarios. Desde que habíamos llegado no hubo día que no pasara algo que se saliera de lo normal, por lo que agradecí muchísimo que poco a poco la convivencia con los Cullen fuera tornando de la novedad a la normalidad.

Alice, Esme, Alma y Rose seguían volcadas con los preparativos de la boda, en los que yo participaba activamente pero de los que intentaba, por todos los medios, escabullirme el máximo que me permitían. Los chicos, inmersos en su mundo de coches, juegos de PlayStation y partidos de beisbol televisados por canal de pago, también encontraban sus momentos de entretenimiento.

Un día, casi inesperadamente, volví a sentir que la torturadora sed pedía a gritos ser saciada. Para colmo Emmett no me quitaba los ojos de encima, esperando el momento en que yo dijera que necesitaba alimentarme para apuntarse el primero de la lista, pero yo sabía que aún no era el momento. No quería tentar a la suerte con respecto al mutismo en el que Rose se había posicionado en este tema. Intenté controlar los indicios visibles que este estado me causaba, pero a Edward, pendiente de mí en todo momento, me resultó imposible ocultárselo.

- Nos vamos ahora mismo, si quieres – me dijo con una mirada entre divertida y desafiante – me muero por verte en acción.

- Edward, empiezas a parecerte peligrosamente a Emmett – dije con cara de susto – te aseguro que no es para tanto…

- ¿Pero tú sabes lo que dices? Es la primera vez que cazaré contigo – dijo entornando los ojos y sonriendo maliciosamente – no opinarás lo mismo cuando estemos en ese bosque… tú y yo, solos.

- Eso será si conseguimos que no se entere Emmett…

- ¿He oído mi nombre por aquí? – dijo Emmett entrando como un elefante en una cacharrería en el salón donde Edward y yo hablábamos – A ver… ¿de qué no tengo que enterarme?

- Perfecto Emmett – dijo Edward mirando con fastidio a su hermano - ¿ahora te dedicas a escuchar detrás de las puertas?

- De eso nada hermano – dijo Emmett mirando con indiferencia a Edward – simplemente pasaba por aquí…

- Ya, seguro ¡que casualidad! – dijo un sarcástico Edward.

- ¿Y bien? que es eso de lo que no tengo que enterarme – dijo Emmett ignorando el comentario de su hermano y mirándome directamente mientras sonreía abiertamente y se sentaba en el sofá entre Edward y yo- ¿Vais a algún sitio?

- Si, Emmett – dije haciéndole un poco de sitio a su enorme cuerpo y pensando que sería mucho mejor decírselo abiertamente – Edward y yo nos vamos de caza.

- ¡Genial! – dijo ampliando al máximo su sonrisa y frotándose las manos impaciente – me apunto. ¿Cuándo nos vamos?

- Emmett – dijo Edward con un alarde de impaciencia mientras se levantaba del sofá - ¿Has oído lo que ha dicho Bella? Nos vamos de caza. Ella y yo. Solos.

- De eso nada, yo voy – dijo mirando a Edward y extendiendo los brazos por todo el respaldo, poniendo uno detrás de mí y dejando que su mano descansara encima de mi hombro – a ti ya te he visto cazar millones de veces, y no tienes nada de espectacular. Pero mi cuñadita… eso es otra historia, no me lo perdería por nada del mundo.

- Eso será si tu novia te deja – dijo Edward dañinamente - ¿Le has pedido ya permiso?

- No necesito pedirle permiso a nadie – dijo Emmett levantándose bruscamente del sofá y encarando a su hermano – yo no vivo pegado las faldas de mi novia como otros…

- ¿Qué estás queriendo decir con eso? – dijo Edward poniéndose casi de puntillas para llegar a mirar a su hermano a pocos centímetros de sus ojos.

- Chicos, chicos… calma – intenté tranquilizar el ambiente pero ni siquiera me miraron.

- Iré si quiero.

- No vendrás.

- Chicos…

- Si Bella accede, iré aunque tú no quieras.

- Bella no querrá.

- ¿Se lo has preguntado acaso?

- Chicos, basta.

- No me hace falta preguntárselo.

- ¿Quieres apostar?

- Apuesta lo que quieras, perderás.

- Eso ya lo veremos.

- Bueno esto ya se está pasando de castaño oscuro – dije levantándome y colocándome entre los dos hombres – se acabó la discusión, tanta testosterona me va a hacer vomitar.

- Díselo tú, cielo, a mi parece que no me escucha a pesar de esas orejotas que tiene…

- Pues a pesar de tu gran cabeza parece que el cerebro solo lo tienes ahí dentro haciendo eco.

- ¡BASTA YA! – tuve que gritar para que ambos dejaran de mirarse como si fueran a despellejarse y me prestaran un poco de atención – o paráis u os vais los dos juntitos y solos de caza, parecéis niños de teta – ambos bajaron la cabeza culpablemente.

- Lo siento cielo, pero es que no quiere entender…

- No tiene nada que entender y tú tampoco, Edward.

- Por fin alguien con un poco de sentido común – dijo Emmett volteando los ojos al cielo.

- Emmett, no tientes a tu suerte – le reprendí.

- Lo siento, Bella - no le quedó mas remedio que bajar la vista.

- Ahora que estáis los dos calladitos os diré como están las cosas. Edward, habrá mas ocasiones para poder cazar los dos solos, si a Emmett le hace ilusión acompañarnos que venga – la sonrisa de Emmett no tardó en aparecer, pero se esfumó tan rápido como llegó en cuanto seguí hablando – Pero te aviso, Emmett, apáñatelas con Rosalie. No quiero que ni Edward ni yo paguemos los cabreos de tu novia, por lo que más te vale que entre ella y tú este tema esté bien clarito antes de salir. Una sola mala mirada de Rosalie y yo misma me encargaré de que tardes en volver a sentarte de manera normal una temporada. ¿Ha quedado claro?

- Que remedio – dijo Emmett muy bajito – hablaré con Rose.

- ¿Edward?

- Muy claro – me taladró con la mirada.

- Perfecto – dije ignorando sus respectivas caras de reproche - Pues ya sabéis que hacer. Saldremos en una hora.

Y sin decir nada mas me giré y salí del salón dejándolos a ambos solos. Me paré un instante al lado de la puerta cerrada esperando el sonido de cristales rotos y muebles destrozados pero no llegaron. Fui directa a la cocina, donde estaba la base de operaciones de Alice, necesitaba hablar con ella. Cuando entré solo Alma y Esme ocupaban la gran mesa donde los catálogos desbordaban su superficie.

- Hola Bella, ¿quieres sentarte con nosotras?

- No Esme, estoy buscando a Alice ¿sabéis donde está?

- Esta en su habitación, haciéndose pruebas de vestuario – dijo la mujer mirándome con cara de pena – yo que tú no aparecería por allí…

- No me queda mas remedio, gracias de todas formas por avisarme.

Sonreí a las mujeres y salí en dirección al cuarto de Alice. Intentaría no dejarme embaucar por ella, sería clara y concisa en lo que necesitaba. Antes siquiera de golpear con los nudillos la puerta Alice me pidió que entrara.

- ¡Hola Bella! Pasa, pasa – me dijo enganchándome del brazo y haciendo que me sentara entre los cientos de vestidos que atestaban su cama – necesito tu opinión.

- Alice, ando corta de tiempo – dije intentando sacar todos los tules y las sedas que se arrugaban bajo mi peso.

- ¿Qué color crees que me favorece más? ¿El azul o el negro? No, el negro no. Me hace parecer muy pálida ¿El rojo quizás?

- Definitivamente el azul – dije intentando zanjar el tema - Alice, voy a salir de caza y necesito tu ayuda.

- ¿El azul mejor que el rojo? – dijo mirándome mientras daba vueltas a una gran falda para metérsela por la cabeza – aunque este tono berenjena me vuelve loca, ¿No te parece espectacular?

- Alice, hasta un saco de patatas te quedaría perfecto, así que…

- Si, creo que lo mejor será el azul. Esta falda sería perfecta si tuviera las piernas un poco mas largas…

- Alice, por favor…

- Vale, vale. Ya te presto atención – dijo sacándose la falda y haciéndose un hueco entre los vestidos para ponerse a mi lado en la cama – vas a ir de caza ¿Cuál es el problema?

- Que no tengo ni idea de qué ponerme. Cuando fui con Carslisle acabé con la ropa destrozada y no sé qué es lo más cómodo para estas ocasiones…

- ¿Lo más cómodo? – dijo abriendo mucho los ojos – no es cuestión de ir cómoda, Bella. El vestuario depende de muchos factores, supongo que irás sola con Edward…

- No – dije mirándola sorprendida por lo inesperado de la suposición – también viene Emmett.

- ¿En serio? – dijo mas sorprendida que yo por mi respuesta – ¿y Edward no ha puesto objeciones?

- Claro que las ha puesto – dije temiendo haber cometido un error al dejar que Emmett nos acompañara – insistió en venir con nosotros y aunque Edward se resistió tuve que intervenir y ceder para que no acabaran pegándose como dos críos pequeños… ¿he hecho mal, Alice?

- Bueno, no es que hayas hecho mal nena, no se va a acabar el mundo porque Emmett os acompañe, pero creo que en este tema tendrías que haber apoyado a Edward. Es vuestra primera caza juntos… y es un momento… como decirlo… que debería ser… intimo.

- ¿Te refieres a que… espera que yo… que nosotros…? – dije dándome cuenta del alcance de lo que había hecho.

- Básicamente si – dijo intentando no hacerme sentir mal – pero no te preocupes… ya habrá otra ocasión para vosotros.

- Joder Alice… ¿por qué nadie me cuenta estas cosas? – dije llevándome las manos a la cabeza y maldiciendo mi manía de contentar a todo el mundo – yo solo quería que ellos no se pelearan… ahora Edward estará odiándome por haber cedido – me lamenté.

- También a Emmett ya le vale, él sabe esto mucho mejor que tú y aun así va a acompañaros ¿Lo sabe Rose?

- Fue una de las condiciones que le puse para que nos acompañara. Bastante tengo con lo mío como para tener que soportar las miradas acusadoras de Rosalie.

- No le des mas vueltas Bella, tampoco es tan grave…

- ¿Podrías hacerme un manual de Protocolo Sexual Vampírico para evitar situaciones como ésta? – me dejé caer entre los vestidos lamentando mi estupidez – no puedo ser mas torpe…

- Bella, cuando se habla de vampiros toooodo está relacionado con el sexo – dijo mirándome muy pícaramente – acepta un consejo: Cualquier cosa que hagas con Edward por primera vez de aquí en adelante, procura que sea a solas con él – dijo entre carcajadas mientras se dejaba caer a mi lado en la cama - Así te ahorraras estos problemas.

- Gracias por el consejo – dije girándome hacia ella y dándole un besito en la mejilla - aunque llegue un poco tarde.

- No tiene importancia. Y ahora vamos a lo que nos ocupa – dijo saltando de la cama y tirando de mi hacia mi dormitorio – tengo que ver tu armario, a ver que podemos encontrar. Como te decía si fueras sola con Edward tendría que ser algo muy provocativo y sexy…

- Alice, no pienso ponerme nada así…

- Pero como os acompaña Emmett tendremos que ser algo más discretas – dijo parándose ante las puertas de mi armario y agarrando ambos tiradores – veamos qué tenemos por aquí…

Una hora mas tarde ya estaba preparada y lista para salir. Me eché un último vistazo en el espejo del dormitorio antes de abandonarlo, y había que reconocer que Alice tenía mucha maña para hacerme parecer atractiva con un simple pantalón negro, ajustado pero flexible, y una chaqueta de piel negra que se me ceñía sinuosamente a los contornos del pecho y la cintura.

Insistió en recogerme el pelo en una larga cola de caballo, para evitar los enredos y la suciedad que traje la vez anterior con Carslisle. Demasiado había conseguido la pequeña Alice con los pocos recursos con los que contaba. La expresión de horror de su cara, cuando las puertas de mi armario quedaron abiertas ante ella, solo se suavizó cuando le prometí ir de compras con ella urgentemente y cuando consiguió ponerme un poco de carmín rojo en los labios.

Me encaminé hacia las escaleras y vi que tanto Edward como Emmett me esperaban en el vestíbulo. Edward estaba enfurruñado, con los brazos cruzados delante del pecho y apoyado con indiferencia contra la pared. Emmett, muy sonriente, daba cortos paseos de un lado a otro mientras contorsionaba el cuello y los brazos en algún extraño ritual de calentamiento muscular, completamente innecesario. Ambos se giraron para verme bajar.

La cara de Emmett era un poema, se podía ver el ansia que se apoderaba de su cuerpo a cada escalón que yo descendía. Edward era otra historia. Estúpida, estúpida, estúpida. A pesar de la expresión impertérrita de sus duras facciones sus ojos mostraban otro sentimiento. Lujuria. Terminé de descender la escalera sin poder mantener la mirada de Edward.

- ¿Estás lista cuñadita?- dijo Emmett mientras me miraba con esa sonrisa tan característica de los Cullen.

- Si, estoy lista – dije mirando de reojo a Edward que seguía sin cambiar de cara. Volví a centrarme en Emmett – Y tú ¿has hecho los deberes?

- Todo en orden – dijo con una triunfal sonrisa – Rosalie está al corriente. Tenemos vía libre.

- ¿Algo que añadir, Edward? – dije mirándole lo mas inexpresiva que pude.

- No – apretó la mandíbula.

- Pues en marcha – dije pasando entre ambos y abriendo la puerta de la casa.

Nos adentramos en el bosque en silencio, yo iba delante y los dos hombres detrás. Pude notar los ojos de Edward clavados en mi espalda como dos puñales abrasadores. Avanzamos así durante un buen rato hasta que ya no pude soportar el mutismo en el que los tres nos habíamos sumido, empezaba a ponerme nerviosa.

- Bueno – dije parándome en seco y girándome para mirarlos – o dejáis de seguirme como perritos o la excursión se acaba aquí.

- No te seguimos Bella, es tu cacería – dijo Emmett como si fuera lo mas elemental de mundo - tú has de marcar el ritmo.

- Soy nueva en esto Emmett, no sé lo que hay que hacer – dije mirando también a Edward para que captara el doble significado de mis palabras.

- Venga ya – dijo mirándome Emmett socarronamente – no nos hagas creer que esto te pilla de nuevas…

- Pues si Emmett, me pilla de nuevas. Para vosotros será lo más normal del mundo pero yo no tengo ni idea de cómo…

- ¡Por dios santo Bella, que eres una Mara!

- ¿Y que narices significa eso? – dije molesta por las quejas de Emmett - Nadie nace sabiendo joder…

- Pues que lo llevas en la sangre, no hace falta enseñarte – dijo tranquilamente

- Mira, haz lo mismo que hiciste con Carslisle – intervino Edward impaciente – eso es lo que hemos venido a ver… y a hacer.

- Tanta colaboración me abruma – dije sarcásticamente – gracias por vuestra ayuda.

Dolida por el comentario de Edward me volví a girar sobre mis talones para darles la espalda. Respiré hondo e intenté olvidarme de ellos. Intenté centrarme en lo que tenía que hacer y dejaría lo demás para más tarde. Realmente la sed empezaba a castigarme y la tensión que se acumulaba peligrosamente en mi columna podía dar fe de ello.

Cerré los ojos y escuché. Los olores del bosque inundaban mi nariz e intenté desenredarlos para encontrar el fino rastro de mi objetivo. Por fin encontré el hilo que estaba buscando, sutil y leve, abrí los ojos y sin perder ni un segundo me lancé a una loca carrera entre los árboles. Edward y Emmett me seguían de cerca, el ruido de sus pasos y sus respiraciones me llegaban claramente entrelazadas con los sonidos que el bosque producía a nuestro paso.

Después de un largo rato sin parar de correr frenéticamente y captando cada vez mas intenso el olor que me guiaba, fui reduciendo paulatinamente la velocidad. Estábamos muy cerca, los latidos del corazón de la bestia retumbaban en mis oídos haciendo que la sed se tornara de insoportable a desesperante. A cada latido de su pulso el olor de la caliente sustancia que corría por sus venas me invadía los sentidos, bruscamente me paré en seco. Ellos pararon a mi lado, mirándome extrañados.

- Bella ¿Qué ocurre? – Edward me miraba interrogante.

- Shhh… - dije en un susurro girándome en dirección a donde mis sentidos me decían que estaba mi presa – está ahí delante.

- Vamos cuñadita, demuestra de lo que eres capaz – dijo Emmett también en un susurro.

Avancé varios pasos sigilosamente entre las ramas de los arboles, sin fijarme si ellos me seguían o no. Ya no existían para mi, solo estábamos yo y mi presa. Seguí avanzando y de pronto apareció ante mí. Un hermoso ciervo, esta vez una hembra, que pastaba tranquilamente junto a un gran árbol.

Centré las corrientes eléctricas que me envolvían la columna en el animal, el cual, sintiendo el peligro inminente levantó la cabeza y se tensó escuchando como llegaba la muerte. Sus ojillos captaron mi acercamiento y con un espasmo separó sus patas, preparadas para salir corriendo, sin quitarme ojo. Pero no se movió. Tal y como ocurrió con Carslisle, me acerqué lentamente mientras el animal estaba paralizado, pude ver el terror que sus ojos reflejaban pero mi sed pesaba mas que la compasión que pudiera inspirarme.

Estando a pocos pasos de su posición y tal y como ocurrió con el ciervo anterior, sus patas dejaron de sostener su peso y cayó sobre ellas, presa del mas terrorífico de los miedos. Ya a su lado me arrodillé para acariciarle el cuello mientras sus respiraciones, casi a punto de hacer estallar su frenético corazón, me nublaban el sentido. La sed quemaba, ardía, bullía amenazando incendiarme. Me acerqué a su mas que abultaba vena pero justo cuando me disponía a clavar los dientes me quedé paralizada mientras un pensamiento me corrió veloz por la mente.

Me aparté bruscamente quedando sentada de culo a su lado, completamente boquiabierta e intentando comprender el porqué de mi reacción. La sorpresa jugó a favor del animal, que aprovechando la remisión de mis impulsos eléctricos aprovechó para apartarse de mi todo lo que su cuerpo le permitía. Pero el pensamiento seguía dando vueltas en mi mente, por lo que instintivamente fui retrocediendo lentamente hasta que conseguí apartarme lo suficiente para que el animal, visiblemente mas sorprendido que yo, consiguiera incorporarse sobre sus patas y me echaba una fugaz mirada antes de salir corriendo como alma que lleva el diablo hasta la profundidad del bosque.

Me quedé así sentada y completamente alucinada hasta que noté que Edward llegaba a mi lado y entre Emmett y él conseguían levantarme del suelo. La sorpresa que reflejaban sus caras solo debía ser un pequeño atisbo de la mía.

- ¿Te encuentras bien, amor? – dijo Edward visiblemente preocupado, agarrando mi cara entre sus manos intentando captar mi atención.

- Yo… esto… - intenté aclarar mis más que confusos pensamientos – no…

- ¿Qué te ha ocurrido? – preguntaba Emmett con excesivo entusiasmo – dios, ha sido increíble… ¡lo has paralizado! Carslisle no exageraba nada cuando nos contó lo que eras capaz de…

- Emmett, basta – le cortó fríamente Edward al ver que yo seguía sin poder reaccionar – Bella, cariño… mírame.

- El… ella no… Edward – dije mientras captaba con su mirada parte de mi atención – yo lo… lo he sabido.

- ¿Qué ha pasado cielo? – dijo abrazándome mientras me tranquilizaba - ¿Estás bien?

- Si, estoy bien – dije ya más consciente de lo ocurrido pero sin dejar de estar sorprendida – ha sido tan extraño…

- Jo, ha sido increíble Bella – dijo Emmett incapaz de tener la boca cerrada por mas tiempo – le tenías completamente sometido ¡no podía ni moverse! Se me han puesto los pelos de punta y todo.

- Emmett – volvió a contenerle Edward – ¿no puedes parar ni un instante?

- Tranquilo Edward – dije ya completamente recuperada – no pasa nada, es que… ha sido tan sorprendente que me ha costado un poco encajarlo, pero ya estoy bien.

- ¿Qué te ha ocurrido? – volvía a preguntar un Emmett visiblemente emocionado.

- No he podido hacerlo – Edward me miraba intensamente en silencio – no hubiera sido correcto.

- ¿¡Por qué! – Emmett empezaba a mostrarse desesperado – le tenias a punto de caramelo… ¡creí que iba a estallarle el corazón!

- Estaba esperando una cría – dije mirando a Edward a los ojos – la cierva estaba preñada.

- Bella… - dijo Edward abriendo los ojos desmesuradamente - ¿Cómo lo has…?

- Simplemente, lo supe.

Nuestras miradas se escrutaron mutuamente intentando encontrar las respuestas que andábamos buscando, mientras Emmett farfullaba su retahíla de quejas y ruegos para que continuáramos con la caza. Entre sus brazos es donde quería realmente estar y me arrepentí como nunca de haber aceptado que Emmett nos acompañara.

Al notar sus manos en mi espalda, apretándome el cuerpo contra su pecho, deseé con todas mis fuerzas que a Emmett se lo tragara la tierra, en ese mismo instante. Pero el embrujo duró poco. Edward terminó por dejarme salir de su abrazo para volver a encaminar la marcha en busca de otras presas.

Tengo que reconocer que la experiencia fue alucinante. La elegancia en los movimientos que ejecutaba Edward, simples y precisos, contrastaban radicalmente con la brutalidad animal de la que hacía alarde un más que entregado Emmett. Comprendí porqué Rosalie era perfecta para él, tener a un hombre así a tu lado requería de mucho carácter y aguante. Varias horas después volvíamos a casa, satisfechos, saciados y completamente emocionados. Sobre todo Emmett, que ya tenía tema de conversación por lo menos para un par de semanas.

Pero una cosa tenía clara, a partir de ese instante seguiría el consejo de Alice a rajatabla. En varias ocasiones sorprendí a Edward mirando algo más que la forma de cazar que yo tenía. Los gruñidos que de vez en cuando salían de entre sus dientes, no eran a causa de la presa que en ese momento tuviera entre sus manos, si no de otra muy diferente. Ya me encargaría yo de que la próxima vez que necesitara salir de caza, nadie nos acompañara.