Buenos dias...!

Capi con algo más de información que aclarará algunas dudas... pero ir cogiendo comba rapidito que se avecinan nubes de tormenta... no digo más ;D

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M. ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

... . ... . ... . ... . ... . ... . ...

. ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...

... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... .

Capitulo 38

- Carslisle, ¿Tienes un momento?

- Claro Bella, pasa – dijo invitándome a entrar mientras cerraba la puerta y me ofrecía una silla – ponte cómoda.

- Gracias – dije aceptando su invitación y esperando a que tomara asiento tras su mesa.

- Tú dirás… - dijo cruzando sus manos y entrelazando sus dedos encima de la mesa. Me miró con una gran sonrisa - ¿Va todo bien?

- Si, todo va perfecto, o casi – dije sonriendo tímidamente, pero siendo totalmente franca con él – aunque hay cosas que se escapan a mi control.

- Eso es lógico Bella - dijo entre carcajadas – si pretendes controlar todo acabarás volviéndote loca.

- Desde luego con todo lo que me ha pasado es para volverse una un poco majareta, para que vamos a engañarnos, pero hay algo que realmente me ha sorprendido mucho y quería hablarlo contigo y que me dijeras a qué es debido.

- Te escucho – su mirada rápidamente se tornó en absoluta concentración.

- Verás… hace tiempo que vengo notando que mis sentidos van afianzándose, ya casi apenas me distraigo y suelo centrarme bastante bien en lo que me ocupa.

- Eso es normal, ya te dije que esto pasaría. Tu rápida adaptación es síntoma de que tienes restos de memoria sanguínea, por tu antepasado Mara… pero creo que esto ya te lo expliqué – dijo arrugando un poco el ceño.

- Si, ya me lo explicaste, pero es que he notado otros cambios.

- ¿Lo dices por lo que ocurrió en tu ultima cacería?

- Te lo ha contado Emmett – di por supuesto.

- Efectivamente – dijo volteando los ojos en las cuencas – creo que en estos tres días ya es la octava vez que escucho la historia. Pero dime ¿Que dudas tienes?

- Verás, hace un tiempo que vengo notando que tanto Edward como yo estamos… sufriendo cambios. Él cada día es más inmune a, como llamarlo, mi poder como Mara… y eso que intenté intencionadamente atacarlo, pero no surtió efecto. No sé como lo hace pero creo que en ocasiones es capaz de leerme la mente, a pesar de saber que nunca ha podido hacerlo y es muy fuerte… a pesar de ser yo la neonata incontrolada. Él me supera.

- Simplemente tiene mas dominio que tu, ya te dije que lleva mucho tiempo preparándose para ti. Mentalmente es mucho mas fuerte que tú, y eso es decisivo a la hora del control.

- Si, eso suponía yo. Pero qué me dices de lo que me ocurrió en el bosque, con la cierva ¿Qué explicación tiene que yo supiera que estaba preñada? Lo vi claramente, lo supe sin apenas tocarla.

- Es cierto – dijo con una sonrisa muy enigmática – y creo que sé a que es debido.

- ¿Que lo sabes? – dije muy sorprendida.

- Te acuerdas del día que os conté lo de la Mara… - asentí con la cabeza – antes de que nos interrumpiera Edward me dijiste que habíais conectado a otro nivel…

- Si, es cierto ibas a contarme a que se debía esa conexión…

- Bueno, no es tan extraño como piensas, no hay registro en nuestros libros de algo así, pero ya que lo habéis hecho y no parece perjudicaros a ninguno de los dos, no hay motivo para preocuparse.

- No te entiendo – dije completamente perdida en sus conclusiones - ¿Qué hacemos que nos causa estos cambios?

- ¿No lo sabes todavía? – dijo sonriendo a través de su sorpresa - Creía que eras consciente de ello.

- Pues no sé hasta que punto es consciente Edward, pero yo no tengo ni la más remota idea.

- Jajajajajajaa – se carcajeó Carslisle causándome una repentina perplejidad – vaya, vaya… ¿no lo has hablado con él?

- No – dije pensando que realmente tendríamos que haberlo hablado entre nosotros primero – no ha surgido el tema…

- Pues hacerlo – me recomendó sonriendo tranquilamente.

Cuando ya de camino de vuelta a casa desde el lago le relaté a Edward mi conversación con Carslisle de aquella mañana me sorprendió no encontrar sorpresa en su cara. Solo una tímida sonrisa se mostraba en su expresión.

- Edward… - dije comprendiendo que Edward si era consciente de lo que habíamos hecho – tú ya lo sabías…

- Digamos que si, sabía que algo nos estaba pasando, pero hasta el otro día en el bosque no confirmé mis sospechas. El que intercambiemos nuestra "sangre" tiene la culpa, digamos que también compartimos una pizca de nuestros respectivos dones…

- Pero yo… yo solo lo hice una vez, y fue inconscientemente.

- Solo lo hiciste una vez pero fue la más importante, Bella. Tu cuerpo estaba casi vacio de sangre humana y lo alimentaste con mi ponzoña. Solo era cuestión de tiempo que notaras los efectos.

- ¿Cuándo los notaste tú?- dije rodeando su cintura con mi brazo, el movimiento de sus caderas al andar era hipnótico.

- Casi desde el primer momento, pero muy levemente. Fue evidente después de haberte mordido la segunda vez.

- No me gusta que puedas leerme la mente – dije recordando varios momentos en los que estaba segura que lo había hecho – es muy embarazoso.

- No puedo hacerlo deliberadamente – dijo apartando una ramita de mi enmarañado pelo – sigues siendo una puerta cerrada para mi, pero de vez en cuando capto tus pensamientos.

- O sea, que ahora aparte de ser inmune a mis poderes como Mara, de vez en cuando te deslizas en mi cabeza.

- No me deslizo, solo de vez en cuando capto algunos de tus pensamientos.

- Y el pensamiento de la cierva se coló en mi cabeza…

- No… tu mente invadió la suya. Por eso supiste que estaba preñada.

- Joder, que lio – dije frunciendo el ceño.

- No es tan complicado.

- ¿Seguirá habiendo cambios?

- Después de lo que acabamos de hacer… seguro – dijo mirándome maliciosamente – como te dijo Carslisle no nos perjudica y espero que esa puertecita – golpeó con uno de sus dedos levemente mi sien - no siga cerrada para mí mucho más tiempo…

- Eso es intrusismo Edward, y no quiero que lo hagas.

- Ya te he dicho que es involuntario – dijo muy sonriente poniéndose detrás de mí y caminando pegado a mi espalda, mientras me apretaba más contra su cuerpo – pero me encantaría poder hacerlo siempre que quisiera…

- No volveré a dejar que suceda… - dije refiriéndome a lo que acabábamos de hacer.

- No podrás evitarlo y yo tampoco – me cortó sonriendo dulcemente – somos unos salvajes…

- Tú eres un salvaje – dije arqueando la espalda, rozando mi trasero contra su entrepierna.

- ¿Y lo que a ti te gusta que lo sea, qué? – dijo mordiéndome el lóbulo de la oreja – o dejas de hacer eso o damos media vuelta y volvemos…

Me separé de él dándole un último empujoncito entre risas y salí a la carrera a través de la negra espesura del bosque.

Cuando llegamos a la casa vimos a través de los ventanales que toda la familia estaba reunida en el salón. Ya antes de entrar por la puerta la expresión de Edward cambió bruscamente, su sonrisa desapareció poniéndose repentinamente serio.

- No me lo puedo creer…

- ¿Qué pasa Edward? – ni me gustaba su cara ni el tono que estaba empleando. Se avecinaban problemas.

Entramos rápidamente y me quedé parada ante las miradas de circunstancia que tenían todos. Rosalie, sentada al lado de Esme en el sofá, tenía los brazos cruzados delante del pecho y su orgullosa cara solo miraba al suelo para no encontrar la de un enfadado Carslisle que estaba de pié ante ella en actitud recriminatoria. Jasper y Alice estaban de pié uno a cada lado de Emmett, que parecía que también participaba de la discusión que solo un instante antes mantenían y que fue interrumpida por nuestra llegada. Jasper, al vernos entrar, se puso estratégicamente al lado de Edward, preparado para intervenir si las cosas se salían de madre.

- ¿Qué está pasando aquí? – dije sorprendida por la tensión que se respiraba en el ambiente.

- No me lo puedo creer… - volvió a repetir Edward mirando con desprecio a Rose – no has podido resistirte ¿verdad?

- Calma, Edward – le dijo Carslisle mirando de reojo a Jasper, que seguía alerta al lado de Edward – sabíamos que tarde o temprano esto pasaría.

- Lo dejé bien claro Rosalie – pude oír como los nudillos de Edward crujían cuando apretó los puños – solo nosotros, nadie más.

- ¿Me quiere explicar alguien que demonios ha pasado? – dije sabiendo que no era nada bueno, eso seguro.

- Alice, Esme – dijo Carslisle sin apartar los ojos de Edward – llevaros a Bella a la cocina y explicarle lo ocurrido. Emmett, acompáñalas. Los demás a mi despacho, ahora.

- Espera…

Antes de que pudiera quejarme me vi arrastrada por Alice cumpliendo las órdenes de su padre y viendo como Edward, Jasper y Rosalie seguían a Carslisle a su despacho. Definitivamente la tranquilidad no era una constante en la vida de los Cullen.

- Tranquila Bella, te lo explicaremos todo – dijo Esme invitándome a ocupar una de las sillas que rodeaban la mesa de la cocina.

- No quiero sentarme Esme – viendo en sus caras la preocupación, los nervios no tardaron en aparecer en la mía - decirme de una vez que ha ocurrido ahí fuera.

- Verás Bella – dijo Alice intentando calmar mi mas que evidente nerviosismo – Rosalie ha metido un poco la pata con algo que Edward nos pidió nada mas llegar de vuestro viaje.

- No ha metido la pata, Alice – dijo Emmett poniéndose frente a mí y mirándome con culpabilidad – lo ha hecho a propósito y ha sido por culpa mía. Bella, de verdad que lo siento.

- ¿Esto tiene algo que ver con haber venido con nosotros de caza? – dije mirando interrogante a Emmett.

- Siéntate y te lo explicamos – volvió a insistirme Esme rodeándome con su brazo y llevándome hacia la silla. Me dejé hacer, si quería respuestas tendría que colaborar.

- Verás… - comenzó Alice cuando todos estuvimos sentados – resulta que Edward dejó muy claro que quería que la boda fuera en la más estricta intimidad. Nada de invitados, solo nosotros.

- Lo acordamos los dos así, Alice – dije intentando averiguar por donde iban los tiros - ¿Qué tiene eso que ver con…?

- Rosalie no estaba de acuerdo, pero conseguimos hacerla entender que no era elección suya y que si vosotros lo queríais así, así tendría que hacerse – dijo Esme agarrándome las manos – todo quedó ahí y no volvió a salir el tema.

- Ha invitado a alguien… - dije temiéndome ya lo peor.

- El día que os fuisteis de caza mandó por correo las invitaciones sin decir nada a nadie, ni siquiera Emmett lo sabía – dijo Alice disculpando a Emmett, que se veía realmente afectado por lo ocurrido – y no volvió a pensar en ello para que Edward no se enterara de lo que había hecho.

- No… - quise pensar que me estaban tomando el pelo, que no iba a escuchar lo que iba a escuchar.

- De verdad que lo siento Bella – se disculpó Emmett sin poder mirarme a los ojos – te prometí que no habría represalias por su parte, pero no supe nada de esto hasta hace apenas unos instantes.

- Dime que no lo ha hecho… - mi cuerpo se volvió de mantequilla.

- Bella – Alice soltó la bomba – Rosalie ha invitado a los Delani a la boda. Hace apenas unos minutos que han llamado para confirmar su asistencia.

- No… - Intenté seguir negando lo que había oído. Dios del cielo ¿por qué a mi, por qué yo? – Alice, si es una broma no tiene ninguna gracia…

- No es broma Bella, yo nunca bromearía con algo así.

- Pero tú tendrías que haberlo visto…

- No puedo elegir lo que veo – dijo sonando a disculpa – sólo cuando ellos tomaron la decisión de aceptar la invitación pude saber que venían, y cuando fui a avisar a Carslisle éste ya estaba al teléfono con Eleazar.

J- oder, joder, joder… - no pude decir nada más.

… . …

Esto era peor que el infierno, ni en mis más macabros pensamientos pudiera haberme imaginado que ocurriera algo así. La ex prometida de Edward en mi casa. Invitada a mi boda. Cerca de Edward. Cerca de MI EDWARD. Y encima no solo era ella, también su hermana estaba en la lista de las innombrables. Si no era ya suficiente con una ahora tendría que vérmelas con las dos. Mierda. Y para rematar la faena no podía pedirles que no lo permitieran, los Delani eran amigos de los Cullen desde hace siglos, no podía pedirles eso.

- Bella, si no quieres que vengan intentaremos arreglarlo de alguna manera – dijo Esme intentando reconfortarme después de semejante noticia – Carslisle puede llamarles y decirles que no…

- No Esme, eso no sería justo para vosotros, Carslisle ha luchado mucho por mantener vuestra relación con ellos. Hacer eso solo la empeoraría.

- No te niego que ellos son importantes para nosotros – dijo Esme mirándome cariñosamente – pero tú eres mas importante aún para nosotros que ellos, Bella tú eres de nuestra familia.

- No puedo pediros eso, no puedo haceros elegir entre ellos o yo, Esme. No puedo ni quiero hacerlo. Soy una mujer adulta, y tanto Edward como yo tenemos las cosas claras – dije intentando convencerme a mi misma más que a ellos – no tiene porqué pasar nada. No pasará nada. Podré soportarlo.

- Eres muy fuerte diciendo eso Bella – dijo Esme muy orgullosa de mi decisión – que pienses en nosotros antes que en ti nos honra, y demuestra el corazón tan grande que tienes.

- Bella, no estarás sola – dijo Alice saltando de su silla para colgarse de mi cuello – Jasper y yo estaremos contigo en todo momento. Te apoyaremos incondicionalmente.

- Lo mismo digo Bella – dijo Emmett visiblemente compungido – no puedo hablar por Rose dadas las circunstancias, pero te juro que yo estaré ahí para lo que necesites. Solo pide y haré lo que haga falta.

- Gracias por vuestro apoyo – dije mirando a Emmett a los ojos viendo lo mucho que le costaba mantener la compostura para no destrozar la mesa que tenia delante. Mi mente ya trabajaba a toda máquina – pero preferiría que tú no dejaras sola a Rose. Si se arrepiente de lo que ha hecho necesitará mucho más tu apoyo que yo. Y si no se arrepiente necesito que alguien intente hacerla entrar en razón y comprender, ya que ni a Edward ni a mi nos escucha.

- Carslisle se encargara de eso – dijo Emmett negando con la cabeza – no creo que estén jugando a las cartas allá arriba.

- De todas formas Emmett – dije sacando de mi mente la espeluznante imagen de lo que podría estar ocurriendo en ese despacho – Rose te necesitará si o si. Tú eres su otra mitad y solo tú podrás manejarla cuando salga de ese despacho. Además, acabas de decir que harías lo que yo te pidiera…

- Y lo mantengo, pero…

- Eso es lo que te pido – dije cortándole e intentando zanjar el tema – Ahora necesito hablar con Edward, antes de que le dé uno de esos arrebatos que hagan temblar los cimientos de la casa y cause un daño irreparable en esta familia.

Me levanté dispuesta a buscarle pero no hizo falta. La puerta de la cocina se abrió para dejar paso a una cabizbaja Rosalie seguida de un mortalmente serio Edward, por lo visto la sangre no había llegado al río, después de todo. Carslisle y Jasper cerraban el desfile. Necesité agarrarme las manos para no abalanzarme sobre el cuello de mi cuñada.

- Bella – comenzó a decir un autoritario Carslisle – Rosalie tiene algo que decirte – me mantuve a la expectativa.

- Lo siento – dijo la fría mujer mirándome después de un largo minuto de silencio, tiempo que pasó escrutando el suelo a mis pies.

No pude abrir la boca. En ese instante la despreciaba tanto que hasta me pareció antinatural abrir la boca para aceptar una disculpa que, por lo que veía en sus ojos, no era sincera. Apreté los dientes como pude y desvié la mirada hacia Edward, que me miraba con ojos resignados. Sabía perfectamente lo que pasaba por su cabeza en esos momentos y no era nada en comparación con lo que pasaba por la mía. Sentí una rabia descomunal cuando vi que asentía casi imperceptiblemente, instándome a aceptar sus disculpas.

No iba a perdonarla, lo había hecho muy conscientemente y pedirle explicaciones tampoco me iba a servir de nada. Le diría lo mala persona que había sido, tanto con Edward como conmigo, le diría que la odiaría por el resto de mi vida y le diría que si pertenecer a esa familia llevaba incluido tenerla como hermana, preferiría quedarme huérfana y sola por toda la eternidad. Eso le diría, y se lo diría tan alto que iban a escucharme hasta en Canadá.

- No hay nada que perdonar – dije mirándola como una autómata, claudicando completamente inexpresiva – yo hice lo que tenía que hacer y tú has hecho lo mismo ¿no? Se acabó la discusión. Ahora si me disculpáis…

Salí de la cocina sin esperar ni respuestas ni reacciones. Me fui directamente a mi habitación dejando que la jodida familia feliz se diera entre ellos las jodidas explicaciones que necesitaran. Yo ya había hecho mi parte y ahora me tocaba apencar con las consecuencias.

Lo primero que necesitaba era darme un buen baño para quitarme los restos de arena y ramas que aún tenía por el cuerpo y el pelo. Y de paso meter la cabeza bajo el agua para poder aislarme un rato del mundo. Me encerré en el baño echando el pestillo, no quería ni que Edward intentara tranquilizarme, necesitaba pensar a solas e intentar concienciarme de lo que pasaría en los próximos días.

Mientras se llenaba la bañera me desnudé y se me estrujó el corazón al percibir el aroma de Edward sobre mi piel. El miedo volvió a hacer su triunfal aparición. ¿Y si le perdía? ¿Y si volver a verlas le creaba dudas? ¿Y si aún sentía algo por ella? Dios, ¿Por qué me escocían tanto los ojos? Deseé poder llorar a lágrima viva, pero la maldita conciencia de que había hecho lo mejor y lo más correcto no paraba de darme la lata. Bella es responsable, Bella es buena persona, Bella es madura, Bella es conciliadora.

Bella es Gilipollas. Me metí en el agua y no esperé para sumergirme completamente y aislarme de todo. Al rato salí y cogí aire para intentar aliviar un poco la presión que sentía en el pecho. Pero no se aliviaba, si no que se endurecía por momentos. Calma, no pienses. Mejor sería no pensarlo. Mejor sería sobrellevarlo. Edward te quiere. Si, Edward era mío. Pero intuía el peligro. El hueco de mi pecho amenazaba con devastar lo que se interpusiera entre nosotros. Salí del agua y enrollándome en una toalla fui al espejo para ver mi deplorable aspecto. No podía llorar pero mis ojos estaban dolorosamente enrojecidos. Mis labios eran apenas una fina línea de lo apretados que los tenía. Desvié la mirada para ignorar el sentimiento que mis ojos reflejaban, saqué del cajón un cepillo y comencé a desenredarme el pelo.

Varios minutos después de haber terminado la tarea yo seguía pasando el cepillo como una autómata, con la mirada perdida en los blancos azulejos de la pared, esforzándome por encontrar algún plan que me sacara de esta horrible pesadilla. La puerta de la habitación, al abrirse y cerrarse, me sacó bruscamente de mi momentáneo estado catatónico. Guardé el cepillo, respiré hondo y descorrí el cerrojo de la puerta del baño.

Edward estaba sentado a los pies de la cama, con los codos apoyados en las piernas y las manos enterradas en su pelo, aguantando el peso de su cabeza. No reaccionó cuando me vio salir. Ni siquiera se movió. Me acerqué lentamente hasta su lado intentando averiguar cual era el estado de animo en el que se encontraba. Antes de darme cuenta me atrajo hacia él y me abrazó fuertemente, situándome entre sus piernas y apoyando su cara a la altura de mi pecho.

- Edward… - dije intentando ver la expresión de su cara.

- Lo siento, lo siento, lo siento… - dijo apretándome aun mas entre sus brazos – intenté evitar que esto ocurriera.

- Lo sé, mi vida – la presión de mi pecho cedió un poco – tu no tienes culpa de nada.

- Rosalie ha muerto para mí – dijo separándose un poco de mi y dejando solo la frente apoyada en mi pecho – si quieres que nos marchemos tú y yo solos, lejos de aquí, y dejemos toda esta… locura atrás solo tienes que decirlo.

- Edward, no digas eso – dije enterrando los dedos en su pelo – no vamos a ir a ningún sitio. ¿Es que quieres abandonar a tu familia?

- Lo haría por ti – dijo levantando la cabeza y mirándome por primera vez a los ojos – he vivido sin ellos mucho tiempo, pero no podría volver a vivir sin ti.

- Yo no voy a irme a ningún sitio – su amorosa mirada volvió a aligerar la carga de mi pecho - mi sitio está donde estés tú.

- Mi sitio también es a tu lado, pero no puedo hacerte pasar por esto, Bella. Créeme que sé de que hablo y yo no quiero ese sufrimiento para ti.

Realmente no había tenido conciencia de la tortura que Edward cargaba a su espalda, desde el día que me conoció, hasta ahora. Ahora es cuando yo podría aproximarme, aunque muy mínimamente, al dolor que sintió con cada uno de mis ligues, uno detrás de otro, durante 30 años. Los pelos de mi nuca se pusieron automáticamente de punta. Y lo peor es que él lo había pasado solo, no me tenía a su lado para sobrellevarlo. Y después de lo de Jacob, como mínimo le debía la misma constancia y aguante. Pero sobre todo le debía y merecía mi absoluta confianza.

- Tú has pasado mucho por mi, Edward, más de lo que yo sería capaz de soportar – dije cogiendo su cara entre mis manos – pero tengo una ventaja, y es que yo pasaré por ello teniéndote ya a mi lado, algo que tú nunca pudiste tener. Solo saber eso ya me hace ser fuerte.

- Ni aún así puedo permitirlo – dijo agarrándome las manos mientras yo me arrodillaba frente a él – sé que igualmente sufrirás y que me parta un rayo ahora mismo si yo puedo evitarlo y no lo hago.

- No puedes protegerme siempre, Edward. Sabemos, como ha dicho Carslisle, que esto tarde o temprano pasaría. Ambos lo sabíamos aunque no lo dijéramos en voz alta. Y ahora ha llegado el momento de afrontarlo.

- Ya, pero…

- Pero nada – dije volviendo a ponerme el disfraz de Bella La Madura – si necesitas que ahora yo te recuerde a ti quien eres tú, y quien soy yo, lo haré. Aunque la lección es tuya puedo refrescarte la memoria.

- Lo tengo mas claro que nunca – dijo agarrándome por la nuca y acercándome a sus labios.

- Entonces dime lo que quiero oír y bésame de una jodida vez.

- No sé cuantas veces te he dicho ya que te quiero…

- Nunca son suficientes.

- Te quiero, mi vida.

- ¿Todavía?

- Lo haré siempre.