Buenos dias de sábado...!
Sé que no tocaba hoy pero a fuerza de costumbre no quería dejaros sin actu... y sobre todo ahora que empieza lo bueno ;)
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 39
Después de descubrir la jugadita de Rosalie, los días pasaron tan velozmente que casi no tuve tiempo de asimilar que en un par de semanas estaría pasando por uno de los peores momentos de mi vida. Me dispensaron de los últimos preparativos mucho antes de la fecha tope, pues Alice insistió en que necesitaba mi tiempo para relajarme y no ponerme nerviosa por el tan importante paso que íbamos a dar, aunque yo ya tenía perpetuamente un nudo en el estómago.
Pero mis nervios iban encaminados en otra dirección que nada tenía que ver con la boda. Al ritmo que pasaban los días me iba poniendo más y más nerviosa, y solo Edward conseguía apaciguarlos momentáneamente con sus caricias y con su voz. Pero no eran suficientes. Necesitaba prepararme para lo que estaba por llegar, sobre todo mentalmente.
Dediqué muchas horas en solitario a ese propósito.
Las relaciones entre casi todos los Cullen parecía que habían vuelto poco a poco a la normalidad, pero solo superficialmente. Nadie volvió a mencionar el tema después de aquella noche, por lo menos delante de mi, pero todos estaban pendientes de no dejarnos a Rose y a mi a solas en la misma habitación, siempre teníamos a alguien que evitaba el posible peligro. Edward no volvió a dirigir ni una simple mirada a su hermana, dolido como estaba, y si ella entraba en la misma habitación que estaba él, Edward no tardaba en buscar un motivo para salir de allí inmediatamente.
A pesar de tener poderosas razones para actuar igual que Edward, no quise hacerlo. Intenté por todos los medios razonar con él y convencerlo de que tenía que cambiar de actitud con respecto a su hermana, pero era como darse contra un muro una y otra vez. Hasta que un día…
- Edward, por favor – le dije acurrucada entre sus brazos una tarde que nos sentamos a ver caer las hojas de los arboles en el porche de la casa – es tu hermana, no podéis estar eternamente enfadados.
- Si que podemos – me decía arrugando el ceño como cada vez que le sacaba el tema – solo está recogiendo lo sembrado, Bella.
- Emmett dice que está muy afectada…
- Debería estar retorciéndose en el más inmundo de los fangos por su estupidez.
- Edward…
- ¿Y tu por qué demonios la defiendes ahora? – dijo mirándome muy contrariado.
- No la defiendo, no quiero que estéis enfadados.
- Tú más que nadie tendrías que estar enfadada con ella.
- Edward, lo he pensado fríamente y en realidad no tengo motivos.
- ¿Qué no tienes motivos? – su sarcástica sonrisa no tardó en aparecer - Me dejas de piedra…
- Piénsalo Edward, no las conozco, no me conocen, han sido invitadas junto al resto de su familia a nuestra boda. Si son amigos vuestros desde hace tanto tiempo era lo mas lógico que se les invitara y ellos aceptaran venir. Lo que pasó en su día nada tiene que ver con lo que ahora nos ocupa.
- ¿Lo estás diciendo en serio?
- Completamente. Démosles un voto de confianza, puede que aprendieran la lección…
- Lo dudo - dijo negando con la cabeza - tú no las conoces.
- Precisamente por eso, por que no las conozco. ¿Por qué vamos a arruinar el momento pensando en lo que podría pasar? ¿Y si luego no pasa nada? ¿Y si estamos haciendo una montaña de un grano de arena? Vamos…
- Puede… que tengas razón – dijo después de pensarlo un minuto - quizás estamos exagerando las cosas.
- Por fin… - suspiré aliviada.
- Pero eso no le resta peso a la arpía de mi hermana – dijo apretando un poco mas su abrazo sobre mi - no debió meterse donde no la llamaban.
- Eso es otro tema. Arreglad vuestras diferencias pasadas o no podremos avanzar con ella.
- No te prometo nada – dijo cediendo a mis argumentos - pero lo intentaré.
- Ese es mi hombre – dije dándole un beso en los labios.
- Mmmmm – me retuvo sin dejar que me separara de su boca.
- Edward – dije cuando sus besos bajaron por mi cuello - Hay otro tema que quería comentarte…
- Dime lo que quieres… - dijo clavando sus ojos en los míos y pestañeando seductoramente -que te lo concedo con los ojos cerrados.
- Ahh… - no te pierdas Bella que lo estabas haciendo bien - Lo he… esto… lo he hablado con Carslisle y… esta de acuerdo conmigo…
- ¿Ahora hablas las cosas con Carslisle antes que conmigo? – dijo haciéndose el ofendido.
- Edward – dije saliendo de su embrujo – esto es serio.
- Vaaale, dime.
- Hay que invitar a más gente.
- ¿Qué? Ni hablar. No.
- Edward, sé que habíamos decidido lo contrario, pero después de que los Delani aceptaran pensé que sería raro que solo estuvieran ellos de invitados.
- Definitivamente me dejas de piedra… - dijo mirándome con los ojos muy abiertos - ¿Quién eres tú y que has hecho con mi mujer?
- Tampoco quiero que esto parezca Las Vegas, no quiero nada multitudinario, pero un poco mas de gente, los más íntimos, sería bueno que estuvieran.
- ¿Estás segura, Bella? No tenemos por qué pasar por esto – dijo pegando su frente a la mía y susurrando las palabras – podemos fugarnos ahora mismo y casarnos en secreto, los dos solos, lejos de todo y de todos.
- Tentador… pero no –dije arrepintiéndome al instante de no haber aceptado. Bella, eres gilipollas. – Alice nos despellejaría vivos.
- Lo soportaría con tal de hacerte feliz…
- No me mires así que no respondo…
Noté sus manos perderse entre los pliegues de mi ropa buscando mi piel. Mis manos buscaron la suya del mismo modo. Solo ver la torcida sonrisa que apareció en sus labios por la anticipación ya me hizo estremecerme del gusto. ¿Cómo podía ser que me hubiera vuelto una adicta al sexo? No podía pensar en otra cosa teniendo a Edward cerca. Pensándolo bien, en lo que en realidad me había convertido era en una adicta al sexo con Edward. Empecé a salivar.
- Que bonito es el amor… - dijo Alice apareciendo de la nada, con las manos entrelazadas debajo de su pequeña barbilla y mirándonos con una angelical sonrisa en los labios – no quiero interrumpir este momento tan bucólico, pero hay cosas que hacer. Bella, te necesito.
- Hazlo tú, Alice – dijo Edward sin mirar a su hermana, centrado en no apartar sus labios de los míos – ya sabes las condiciones. Solo los mas allegados.
- Por nuestra parte lo tengo claro, pero me faltan los invitados que quiera añadir Bella por la suya – El comentario hizo que Edward por fin prestara atención a su hermana.
- Alice – dijo Edward al ver la expresión contrariada de mi cara - ¿podemos hablar de esto luego? Ahora no es el momento.
- Tiene que ser ahora – dijo tomando asiento a nuestro lado - hay que encargar mas invitaciones a la imprenta, no te las hacen de un día para otro ¿sabes?, también hay que enviarlas y no sé si nos dará tiempo…
- Alice, luego – dijo poniendo demasiado énfasis a su última palabra.
- ¿Y "Luego" cuándo es? – preguntó inocentemente, a lo que Edward solo respondió con un bufido.
- Tranquilo Edward, no pasa nada – dije mirándole agradecida por el detalle que tuvo, y que a Alice se le pasó por alto – Alice, yo… no tengo a nadie a quien invitar.
- Oh, Bella – dijo la pequeña de los Cullen cayendo por fin en su metedura de pata – perdóname, te lo suplico. Se me olvidó que… que tu ya no… bueno, que no tienes familia…
- Tranquila – dije mirándole con una sincera sonrisa – últimamente vas muy ajetreada, es normal.
- ¿Y que me dices de tus amigos? – insistió después de unos segundos, me quedé perpleja y Edward volvió a bufar.
- Alice ¿crees que me quedan amigos que no echarían a correr despavoridos nada mas verme?
- ¡Soy estúpida! – dijo agachando la cabeza avergonzada por su segunda metedura de pata – no sé que demonios me pasa hoy…
- Será el estrés – dije levantando su cara con un dedo y regalándole mi mejor sonrisa - gracias por todo, de corazón – me miró intensamente.
- Dios… comprendo a mi hermano – dijo abriendo los ojos como platos – hace dos minutos casi le mato y ahora le comprendo…
- ¿Qué casi le matas? – dije mirando a Edward y después a Alice en busca de una explicación.
- Por lo de la fugaros y eso – dijo culpablemente – no me extraña nada que aceptara ser despellejado si con ello consigue tu felicidad… eres toda compasión.
- Adiós, Alice – dijo Edward arrogantemente despidiendo sin ningún disimulo a su hermana.
- Si, ya… me voy – dijo levantándose después de darme un fuerte abrazo – Te quiero mucho, Bella.
- Y yo a ti – le correspondí con un beso.
- Ejem, ejem… - carraspeó Edward. Alice le miró con cara de fastidio.
- Si no fuera porque sé que Bella no me lo perdonaría, cuando te pones en plan celoso te arrancaría la piel a tiras ¡Eres un plasta!
- Yo también te quiero, enana – dijo Edward entre carcajadas.
Entre risas y miradas cargadas de complicidad vimos a Alice desaparecer de nuestra vista. Volvimos a la tarea de buscarnos con las manos.
… . …
Faltaba una semana escasa para el gran día y el ambiente de alegría y entusiasmo que se respiraba en la casa era altamente contagioso. Edward se había visto forzado a hacer un pequeño PNA (Pacto de No Agresión) con Rosalie, cansado de oír las peticiones constantes de Emmett diciéndole que si él no daba el primer paso ella nunca lo haría. Rosalie accedió rápidamente a la pequeña tregua que su hermano le ofrecía, llevados ambos por el buen ambiente general, pero tanto él como ella sabían que las cosas no iban a cambiar sustancialmente.
Esos días los dedicábamos a las pruebas de vestuario del resto de la familia por expreso deseo de Alice, pues según ella yo sería la ultima en pasar por su criba. A pesar de estar metidos de cabeza en el otoño, esa calurosa mañana de domingo era el turno del vestuario de Rosalie y Esme. Alma, Alice y yo nadábamos entre sedas, rasos, tules y organzas que abarrotaban todas las superficies disponibles de la habitación de Rosalie.
Ellas, subidas a unas pequeñas tarimas de madera, como las que hay en las boutiques de alta costura, dejaban que Alma le cogiera el un poco la cinturilla a un espectacular vestido que llevaba Rose mientras Alice le presentaba los posibles accesorios al vestido de Esme. Yo solo miraba desde la cama.
- ¿Qué te parece este collar, Bella?
- Es muy bonito – dije sin saber que más argumentar, todos me parecían iguales.
- Con ese vestido no se puede llevar collar, Alice – dijo Rose girándose para ver a las mujeres – mejor ponle un broche.
- No te he preguntado a ti, listilla… - dijo sacando la lengua a su hermana – Sé que es bonito, Bella, pero dime si crees que le queda bien…
- Opino lo mismo que Rose – dije mirando un instante la sorpresa que reflejó su cara por mi comentario, después aparté la mirada para centrarla de nuevo en Alice - Le iría mejor un broche en el pecho.
- Vaaale – dijo rompiendo el incómodo silencio que reinó por un segundo en la habitación –voy a tu joyero Esme, a ver que encuentro…
- De acuerdo Alice, pero no me lo revuelvas todo…
- Si no dejas de moverte terminaré destrozando otra aguja en tu piel, Rose – se quejó Alma. Pude ver una débil y triste sonrisa en sus labios antes de girarse de nuevo para dejar trabajar a la mujer.
- ¿Has visto ya tu vestido, Bella? – me preguntó Esme sacando tema de conversación.
- No, Alice insiste en que no debemos verlo hasta el día de la boda – dije suspirando resignada – no quiere que Edward lo "vea" en nuestras mentes antes de tiempo.
- ¿Tampoco a ti? Pensaba que solo nos lo impedía a nosotros…
- No quiere correr riesgos, Edward y yo últimamente estamos… bastante bien conectados.
- Ya lo encontré – dijo Alice entrando alegremente de nuevo - este irá perfecto con el color de tus ojos, Esme.
- Oh… Alice, me encanta este broche, pero es un poco antiguo…
- ¿Qué tiene de antiguo? – dijo la pequeña de los Cullen. Me levanté y me acerqué para verlo. Era una preciosidad.
- Carslisle me lo regaló… hace más de ochenta años.
- Tuviste que darle algo muy bueno a cambio – dijo pícaramente Alice – debe valer una pequeña fortuna…
- ¿Qué estás insinuando con eso, jovencita? – Dijo Esme intentando camuflar una sonrisa. Rose, Alice, Alma y yo nos echamos a reír.
- Naaada – dijo Alice muy risueña – solo que Jasper no me hace regalos así… por nada.
- A ti no hace falta regalarte nada, ya te lo compras todo tú solita – dijo Rose sonriendo abiertamente por primera vez en toda la tarde –Además, los regalos no tienen nada que ver con… lo otro.
- Rose, parece mentira que tú digas eso… sobre todo cuando Emmett, cada vez que te pones tierna, te regala un nuevo cochazo ¿Cuántos Mercedes llevas ya? ¿Y Bentley´s?
- No me pongo tierna Alice, Emmett me los regala porque sabe que me gustan los coches mas clásicos, y también porque él se lo pasa pipa metiéndoles mano…
- ¿A los coches o a ti? – dijo Esme y todas nos deshicimos en risas y sonoras carcajadas.
- Señoras, por favor… - dijo Alma poniendo un poco de orden – que una ya no tiene edad para oír determinadas cosas. Rose, por dios, deja de moverte de una vez. A este paso llegarán los chicos y nos pillarán con las manos en la masa.
- ¿Dónde han ido? – pregunté desinteresadamente, pero prestando atención.
- Están en la ciudad – dijo Esme mientras cogía el broche de las inusualmente quietas manos de Alice – han ido a recoger el resto de tus cosas a tu apartamento y a no se qué mas que necesitaba…
- Ahh… - dije esquivando la interrogante mirada de Esme.
- ¿No te ha dicho donde iba?
- Si, si. Sé que iban a la ciudad, pero parece que tardan mucho… ¿No?
- Es lo malo que tiene intentar pasar por humanos – intervino Rose sin quitarle ojo a las manos de Alma, que seguían trabajando en su vestido - por muy rápido que vayas, tanto los coches como los limites de velocidad en carretera marcan tus limitaciones. ¿Alma te falta mucho? Estoy cansada ya de estar aquí…
- No tranquila – dijo tirando del hilo para desprenderlo del cosido - ya he terminado.
- Por fin…
Ahora quitaros esos vestidos y cuidado de no arrugármelos – dijo la mujer guardando los aperos en su cajita de costura – he tenido que planchar tres veces el traje de Emmett, dos veces el de Jasper y cuatro veces el de Carslisle. Mira que cuando quieren son presumidos, les he prohibido volver a ponérselos hasta el sábado.
- Alma, les tienes muy mal acostumbrados – dijo Esme recriminándole a la mujer – si se los tuvieran que planchar ellos ya verías como no te…
- ¡Alice! – exclamó de pronto Rose interrumpiendo a Esme - ¿Alice, que ocurre?
Sin darnos cuenta Alice se había sumido en un estado de extrema concentración como cada vez que tenía una visión. Miraba sin mirar y respiraba acompasadamente aunque con agitación. La rodeamos esperando sus palabras. Un escalofrío me recorrió la espalda ¿Y si le había ocurrido algo a Edward? Le agarré de las manos y con la ayuda de Rose la sentamos a los pies de la cama. Los segundos me parecían horas esperando que de sus labios saliera algo.
- Alice, cariño – dijo Esme arrodillándose junto a sus piernas - ¿Qué es lo que ves?
- Ellos… - dijo lentamente. Mi miedo aumentó por momentos.
- ¿Están bien Alice? - le apreté mas fuerte la mano - Dime que no les ha pasado nada…
- Ellos ya vienen – dijo saliendo por fin de la visión y mirando con susto tanto a Rose como a Esme – vienen de camino.
- Pero ellos están bien ¿verdad? – suspiré aliviada cuando su pequeña cabecita asintió confundida – gracias a dios…
- Bella… – ahora era Alice la que apretaba con fuerza mis manos mientras me miraba compungida – ellos están bien. Pero no me refería a los chicos…
- Oh, no… - dije comprendiendo. El miedo me dejó paralizada – aun no, no.
- No puede ser, Alice – intentó tranquilizarme Esme rodeándome con sus brazos – aún falta una semana, no puedes haberlo visto bien.
- Créeme Esme, lo he visto perfectamente – dijo pasando su mirada de Rose a Esme y luego de nuevo a Rose, viendo como el dolor volvía a aparecer en la cara de su hermana, al ver finalizarse la tan ansiada tregua con su hermano - Llegarán esta misma tarde.
- Lo siento, Bella – dijo Rose mirándome y a pesar de la dureza con que dijo sus palabras ahora si que pude ver verdadero arrepentimiento en sus ojos – siento… - no terminó la frase. Caminó rápidamente hacia el baño y se encerró en el.
- No puedo… - cerré los ojos con fuerza. Era demasiado pronto, aun no estaba preparada - aun no…
- Llamaré a los chicos – dijo Alma dejándome entre los brazos de Alice y Esme – tienen que volver.
Salió de la habitación apresuradamente. Intenté respirar con normalidad y centrarme en la tarea que me había auto impuesto desde que supe que los Delani vendrían a la boda. Calma. Había dedicado muchas horas a ese propósito y estaba más que segura de que iba a resultar efectivo, pero teniendo el día D ya encima me flaqueó el convencimiento. Venga, Bella. Lo has estado haciendo muy bien todo este tiempo. Vale. Tocaba tirar del carro.
- Será mejor que recojamos todo esto – dije levantándome de la cama y dejando a dos mujeres perplejas por mi reacción – Alma se enfadará si le arrugamos más estos vestidos.
- Eres muy fuerte Bella – dijo Esme levantándose y abrazándome con fuerza – estamos contigo, no lo olvides.
- No lo olvido – dije tragando como pude y devolviéndole el abrazo.
- Estoy muy orgullosa de ti – dijo separándose para mirarme. Después salió tranquilamente hacia su habitación.
- Bella – dijo Alice en cuanto su madre estuvo fuera – sabes que lo que necesites…
- Si Alice, lo sé – dije cortándole la retahíla de comentarios tranquilizadores que me había tirado escuchando desde aquel fatídico día – estoy bien ¿de acuerdo? Ahora intenta sacar a Rose del baño. Yo voy un rato a mi habitación hasta que llegue Edward.
- Puedo acompañarte…
- No. Necesito estar sola Alice, prefiero que ayudes a Rosalie.
- Como quieras – dijo resignada.
Dejé a Alice con la tarea que le había encomendado y me dirigí presurosa a mi habitación. No sabía cuanto tiempo tardaría Edward en llegar, pero necesitaba estar a solas el tiempo suficiente para auto controlarme y mentalizarme. Ya lo había hecho muchas veces y siempre lo había conseguido. Ahora solo quedaba probarme definitivamente que había dejado de ser una simple neonata para ser una verdadera vampira.
