Buenos dias de lunes...!

Llegan los Delani y... los problemas? veremos a ver...

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 40

El coche entro suavemente por el camino de tierra apisonada. Carlisle y Esme se dirigieron a la puerta principal, preparándose para recibir a sus invitados. Edward estaba de pié a mi lado, detrás del ventanal que nos separaba del exterior de la casa. La expresión de su cara permanecía serena e impertérrita, pero la tensión de su mandíbula dejaba entrever su verdadero estado de ánimo.

Le tomé de la mano y ambos apretamos a la vez, en un intercambio de mutuo apoyo y firmeza. Estábamos juntos, estaríamos juntos siempre, pasara lo que pasara. Pensar en eso me tranquilizaba. Carlisle abrió la puerta y salió al exterior acompañado de Esme, seguido de cerca por Emmett y Rose, ambos agarrados también de las manos, y por Alice y Jasper, que esperaron en el umbral hasta que Edward y yo decidimos movernos del sitio y seguirlos al exterior de la casa.

El coche paró al pié del camino. El motor se detuvo. Las puertas se abrieron. Contuve la respiración.

Del asiento del conductor salió el hombre más grande que había visto en mi vida, era realmente enorme. Mediría alrededor de los dos metros y su complexión, férrea y musculosa, imponía un respeto inmediato, amen de saber que en realidad no era un hombre, si no un vampiro. Un vampiro que a pesar de la palidez que acompañaba a todos los de la raza, tenía la piel morena.

- Eleazar – llamó un sonriente y complacido Carlisle, descendiendo los pocos escalones que les separaban y recibiendo a su amigo con las manos extendidas – que grata sorpresa…

Me había impactado tanto la visión del invitado, que tardé un segundo más del necesario en desprender mis ojos de él para fijarlos en la mujer que cerraba la puerta de su lado del coche para reunirse con ambos hombres, que estrechaban confortablemente sus manos y se daban palmaditas en la espalda. Esme descendió los escalones para darle también una calurosa bienvenida a su homóloga, la mujer de Eleazar.

- Oh, Esme… estás estupenda, como siempre – las mujeres se fundieron en un tierno abrazo – cuanto te he echado de menos, hacía tanto que no nos veíamos…

- Bienvenidos Carmen – dijo Esme dedicándole una sincera sonrisa a la espectacular mujer.

Bastante más baja que su marido, con la piel más blanca que la nieve, y el negro y largo pelo ondeando a su espalda, Carmen devolvió la sonrisa a su amiga y observó con unos vivaces y observadores ojos a cada miembro de la familia Cullen, deteniéndolos en mí. Yo miré a Edward. Una sonrisa políticamente correcta decoraba su boca.

Allí estaban. De pie, una al lado de la otra. Perfectas e idénticas. Altas, esbeltas y asombrosamente hermosas. Una punzada de celos me pellizcó el corazón. Ambas tenían el color de pelo de su padre, moreno y fuerte aunque poco abundante, y la blancura de la piel de su madre. Pensé que de haber sido humanas bien hubieran podido pasar por hijas naturales de los Delani.

Carlisle y Esme saludaron a las gemelas, que de haber permanecido mas tiempo tan quietas me hubiera resultado imposible diferenciarlas. Rápidamente capté la rebeldía en los ojos de Megan y la "inocencia" completamente fingida por supuesto, de su hermana, Tanya. Vas bien Bella, no lo estropees. Todos se fueron saludando con más o menos efusividad hasta que solo quedamos Edward y yo por saludarles. Noté que su mano apretaba más fuerte la mía cuando los dos pares de dorados ojos de las innombrables se clavaron en nosotros. Carmen y Eleazar dejaron al resto atrás para aproximarse a saludarnos.

- Carmen, Eleazar – dijo Edward muy correctamente mientras estrechaba la mano del hombre y después besaba la de la mujer – Es un placer volver a veros.

- Igualmente Edward – dijo una sonriente Carmen mientras su marido se limitaba a mirar duramente a Edward – siempre es un placer verte de nuevo, tan guapo como siempre.

- Permitidme que os presente a mi prometida – dijo Edward ignorando la mirada del hombre y la sonrisa de la mujer – ella es Isabella Swan. Bella, ellos son Eleazar y Carmen.

- Encantada de conocerles – dije estrechando la mano de ambos y sonriendo lo mas naturalmente que pude.

- Oh… Edward, es guapísima – dijo la mujer mirándome descaradamente de arriba a abajo y sujetándome ambas manos en alto, como para verme mejor – realmente tienes un gusto exquisito para las mujeres…

- Carmen, cielo – la cortó de pronto Eleazar – él ya sabe que es bonita y la estás incomodando. Discúlpala Bella, a veces no mide sus emociones…

- No se preocupe, no es molestia – Le sonreí y me devolvió una fugaz y sorprendida sonrisa.

No sé porque Eleazar me despertó una rápida y sorprendente simpatía. A pesar de su tamaño intimidante y de sus duras facciones algo me decía que era un buen hombre. Otro tema era su mujer, Carmen, que a pesar de ser muy correcta y simpática, sus ojos revelaban una perspicaz astucia. Se hicieron a un lado para que sus hijas pudieran saludarnos. La mano de Edward volvió a buscar la mía.

- Megan, Tanya – dijo Edward, que se mantuvo estático y no ofreció su mano a las gemelas - me alegro de volver a veros.

- Lo mismo digo – dijo Megan, que no dudó en acercarse lo suficiente para plantar un beso en la mejilla de Edward, quien intentó apartar la cara pero no lo consiguió – se te ve… diferente.

- Gracias, supongo – dijo Edward al supuesto cumplido que le hacía. Después miró a su gemela – Tanya…

- Hola Edward – dijo cálidamente buscando sus ojos, cuando éstos se encontraron permanecieron un segundo observándose, calibrándose – te veo muy bien…

- Si, gracias – su mano apretó mas fuerte la mía. Vi que fruncía el ceño y apartaba sus ojos de ella. Siguió con la presentación – Quiero presentaros a Bella, mi prometida – me miró y pude ver un leve rastro de dolor en sus ojos – Bella ellas son Megan y Tanya.

- Hola Bella – dijeron ambas a la vez muy coordinadas. Volvieron a someterme al escrutinio que su madre había realizado un instante antes.

- Encantada de conoceros – dije educadamente, aunque la rabia ya me corría por las venas. Volví a sonreír lo mas natural que pude – Edward me ha hablado mucho de vosotras – eso ha estado bien Bella, que sepan que lo sabes – Gracias por poder venir.

Terminadas las presentaciones Carlisle nos instó a entrar en la casa, que ya formados varios corrillos hablaban sobre diferentes temas. Edward y yo entramos los últimos. Nos mezclamos con el resto, siempre cogidos de la mano y participamos de varias conversaciones. Respiré aliviada cuando vi que Rosalie acaparaba la atención de las gemelas, pues aún era pronto para meterme en aquel jardín.

Edward también contestaba serenamente a las preguntas que surgían a pesar de que su mirada seguía ceñuda. A ratos parecía desconectarse mentalmente y dejaba perdida la mirada, como pude observar en un par de ocasiones, cuando nadie nos prestaba atención. Cuando se lo hice notar, apretando su mano para que me mirara, su sonrisa no tardó en aparecer en respuesta a la mía, pero sus ojos seguían ausentes. Supuse que los recuerdos eran la causa de esa ausencia.

- Y dime Eleazar – dijo un alegre Carlisle cuando todos estuvimos acomodados en sofás y sillones - ¿Cómo habéis venido tan pronto? No os esperábamos hasta el viernes…

- Carlisle, Carlisle – dijo Eleazar negando con la cabeza – ¿sabes lo que es vivir tu solo con tres mujeres? Siempre se alían contra mi y termino perdiendo todas las batallas – todos nos reímos por el comentario – Al menos vosotros estáis igualados, pero en mi caso…

- Mentiroso… - lo acusó riendo su mujer – no le creas, él tenía las mismas ganas que nosotras por venir – dijo mirando a Carlisle.

- Eso es cierto – reconoció Eleazar – supongo que ya hace demasiado tiempo desde nuestro ultimo encuentro – miró de refilón a Edward – espero que el haber venido tan pronto no sea ningún inconveniente – volvió a mirar a Carlisle - preparar una boda no es tarea fácil y no queremos estorbar…

- No lo hacéis en absoluto – dijo cariñosamente Esme, que tenia entre sus manos una de las de Carmen – siempre sois bienvenidos en esta casa. Además, ya está casi todo organizado, contar con Alice para los preparativos es un verdadero lujo.

- Eso es maravilloso – dijo Carmen – así tendremos mas tiempo para ponernos al día con los cotilleos, hay tanto que contar… - los hombres voltearon los ojos divertidos.

- Carlisle, sería bueno hacer una pequeña excursión – dijo Eleazar pasando un brazo por los hombros de Carlisle – y ver las zonas por las podremos salir a cazar…

- Por supuesto – asintió Carslisle – si quieres esta misma noche, mientras nuestras mujeres se entretienen entre ellas, te enseño el área que he seleccionado para esa tarea. Hemos ido cambiando de zona para no despertar sospechas.

- Perfecto – accedió – creo que en un par de días habrá que hacer una escapadita y conocer el terreno de antemano facilitará mucho las cosas.

Las conversaciones fueron perdiendo fuerza y al cabo de un rato de superficiales charlas Esme les indicó que habían dispuesto varias habitaciones para ellos. Emmett y Jasper ayudaron a las gemelas a subir las maletas, y Esme y Alma les acompañaron para que se instalaran y pudieran deshacer los equipajes.

- Bella, esta noche no hagas planes, toca hacerte prueba de peinado – dijo Alice cuando los Delani abandonaron el salón - Me dejas que te la robe unas horas ¿verdad Edward?

- Alice, esta noche no… - dije poniendo un puchero similar a los que hacía ella – por favor…

- Solo serán unas horas, Bella… por favor – dijo sonriendo sibilinamente mientras parpadeaba varias veces, batiendo inocentemente sus pestañas - prometo soltarte antes de que Edward vuelva.

- ¿Vas a algún sitio? – pregunté a Edward mirándole extrañada.

- Si, voy a… - meditó la respuesta – iré con Carlisle y Eleazar a enseñarle la zona de caza.

- Ahh… - suspiré resignada – bueno, entonces vale… dejaré que Alice me secuestre.

- ¡Genial! – exclamó Alice frotándose las manos.

- ¿Volverás pronto? – dije acercándome a él y enterrando la cabeza en su pecho.

- Antes de que te des cuenta – dijo posando sus labios en los míos.

… . …

La mujer estaba de pie en medio de la sala, con su oscuro pelo enrollado y recogido por encima de su cuello. Esa mujer era mala, sus macabros pensamientos le llegaban en oleadas, emanando desde el centro de su pecho donde nada se movía, y su rostro permanecía impasible mientras saboreaba su cercana venganza. Decidió no meterse en sus pensamientos para no tener que aguantarla más de lo estrictamente necesario.

- Llegas tarde – su voz sonaba astuta y afilada como un cuchillo.

- Estaba ocupado – dijo Edward sin mostrar ningún tipo de emoción.

- ¿Con tu zorrita? – su sonrisa se hizo malignamente visible.

- Con mi mujer – puntualizó él dando énfasis a cada una de las palabras.

- Oh, claro… discúlpame – dijo sarcásticamente.

- ¿Para que coño me has hecho venir? – dijo Edward intentando relajar el odio que por momentos pugnaba por salir.

- De momento solo para hablar – dijo inocentemente, pero la inocencia le duró poco – claro, que si quieres que hagamos algo más que hablar, no tengo inconveniente…

- Me das asco.

- Hubo un tiempo en el que no eras tan escrupuloso – dijo alzando una mano y deshaciendo el recogido de su pelo para dejarlo caer sobre los hombros – seguro que aun me encuentras atractiva…

- Me. Das. Asco. Di lo que tengas que decir de una vez…

- Calma, querido. Ahora no quieres perder tu tiempo… pero bien que lo has aprovechado esta tarde, para meterte rápidamente en mi cabeza, ¿verdad? ¿Te ha gustado lo que has encontrado? ¿No? ¿Te ha traído viejos fantasmas a la mente? Pobrecito Eddy, siempre con tantos remordimientos…

- ¿Qué demonios quieres de mí?

- La paciencia nunca ha sido una de tus virtudes ¿Verdad querido? Aunque sé que tienes muchas…

- Eres una...

- No estoy aquí para escuchar tus opiniones sobre mí, querido, y mi paciencia tiene un límite. ¿Prefieres saberlo por tus propios medios o quieres que te lo diga en voz alta?

Edward hizo el esfuerzo de meterse en su mente para no tener que escuchar el veneno que salía de la boca de esa mujer. Pero al instante se arrepintió de haberlo hecho. Una imagen abordó su mente. A través de una ventana veía a Bella bailando en brazos de Carslisle con su blanco vestido de novia, mientras dentro de la casa él, con el traje de ceremonia medio descolocado de su cuerpo y dejando sus pectorales al descubierto, penetraba a esa arpía sobre una mesa, entre un lio de faldas y encajes. Salió de su pensamiento bruscamente dando un traspié, alejándose de ella.

- No – dijo rotundamente asqueado por tan explicita visión – no, no, no.

- Creo que va a ser que si, querido. No quiero quedarme sin mi trozo del pastel.

- Estás completamente loca.

- Sé que no se lo has contado Eddy… si lo hubieras hecho ahora no estarías aquí.

- Así que todo se reduce a eso, a echarme un polvo.

- Sería más correcto decir que vas a ser tú el que me lo eche a mí. No voy a hacer yo todo el trabajo…

- No puedo creerlo… - dijo soltando una risilla sarcástica – estás enferma.

- ¿Qué pensabas que iba a querer de ti? a nadie le amarga un dulce, y este pastelito recuerdo que era muy apetecible… afortunadamente para ti yo ya hace mucho que perdí el interés por ti. Soy demasiada mujer para ti.

- Mujer no es necesariamente la palabra que yo utilizaría para describirte.

- Ya te he dicho que no me importan tus opiniones sobre mí. Y afortunadamente de nuevo para ti, esto tiene fecha de caducidad, claro. El sábado, después de la boda… y de nuestro encuentro, me marcharé con mi familia y no tendremos que volver a vernos las caras en mucho tiempo. Si se lo comentas a alguien de mi familia tu perra lo pagará, si se lo dices a alguien de la tuya también lo sufrirá en sus carnes.

- Si le tocas un pelo te mato –dijo completamente convencido de que no dudaría en hacerlo.

- Dame lo que quiero y ella no se enterará de nada.

- No sé como una vez pude… – dijo mirándola con desdén – eres odiosa.

- Solo son seis días Eddy… seis días, un poquito de pasión y te librarás de mí. La otra opción que te queda es contárselo tu mismo. Tú decides.

- ¿Quién te dice que mi familia no lo sabe ya?- dijo él refiriéndose al tormentoso recuerdo.

- No me tomes por tonta, sabes que no lo soy.

- Alice lo vería aunque yo no se lo diga…- dijo refiriéndose esta vez a la exigencia que ella le hacía.

- Alice, Alice, Alice… que muchachita tan encantadora, pero qué don tan inoportuno el suyo… no tomes una decisión definitiva hasta que llegue el momento, así ella no podrá ver nada. Cuando llegue el momento ya no habrá remedio…

- No des por hecho que voy a ceder – sus ojos no podían soportar mirarla ni un segundo mas.

Salió de la cabaña sin mirar atrás. No iba a permitir que esa arpía le jodiera más la vida. Tendría que sopesar rápido lo que iba a hacer. Decírselo a Bella o no. Pagar el chantaje o no. Hacer sufrir a su mujer o no. Maldijo una y mil veces el día que esa familia se cruzó en su vida

Alice no paró de pegarme tirones en el pelo durante todo el rato que estuvo intentando hacer que el revoltijo de mechones pareciera un sofisticado y elaborado recogido. Definitivamente esto no era lo suyo, con la ropa y demás complementos no había quien la tosiera, pero en cuestión de peinados era Rosalie la que tenía más maña.

- Alice, por favor – dije poniendo cara de sufrimiento – vas a dejarme calva con tanto tirón… ¿podemos dejarlo ya?

- Aun creo que puedo conseguir algo, Bella – dijo resoplando y volviendo a meter el peine en el revoltijo – un poquito de paciencia ¿si?

- No Alice, no – dije arrebatándole el peine y poniéndome de pié – date por vencida, sabes que esto no es lo tuyo y mi cabeza se niega a seguir dejando que la tortures…

- Pero es que tenemos que… - dijo medio frustrada por no conseguir su objetivo.

- Basta – la corté – mira, sé que lo haces de corazón Alice, pero no puedo mas. Deja que sea Rose la que me peine ¿de acuerdo?

- Pero Bella – dijo confundida por mi comentario – ahora que están las gemelas aquí no sé si Rose accederá a peinarte.

- Yo se lo pediré – dije cogiendo un cepillo y quitándome poco a poco los enredos - hablaré con ella e intentaré que acceda.

- ¿Y si se niega? – preguntó Alice sopesando la posibilidad de que su hermana se negara.

- Si se niega dejaremos el pelo liso y suelto. Tampoco se acabará el mundo porque no lo lleve recogido.

- Puedo hacer un cursillo exprés de recogidos… – dijo mientras pensaba la manera de conseguir su objetivo.

- Nooo, gracias – dije fingiendo el susto por lo aterrador que podría ser esa opción – prefiero pedírselo a Rosalie.

- Como quieras – dijo con resignación – si se lo pides tu no se negará, pero intenta que no estén las gemelas delante cuando lo hagas.

- No hay nada que ocultar Alice – dije dando por imposible alisar mas mi pelo – si está con ellas se lo pediré igual.

- ¿Interrumpo? – Jasper asomó la cabeza por la puerta.

- Hola cariño – dijo Alice sonriendo por tan grata visita – creo que Bella ya ha tenido suficiente por esta noche, así que… no, no interrumpes.

- Perfecto, porque realmente tienes los nervios muy crispados Bella – dijo Jasper mirándome divertido – casi tanto como tu pelo.

- Gracias Jasper – dije notando la tranquilidad que se dispersaba por la habitación – siempre tan oportuno. Llévatela y quítale de la cabeza cualquier cosa relacionada con cursos y peinados, por favor.

- Por supuesto cuñadita – dijo guiñándome un ojo y tirando del brazo de Alice hacia la puerta – cuenta con ello.

- Una cosa Jasper… - dije antes de que salieran de mi habitación - ¿Ha vuelto ya Edward de la expedición?

- Aun no. Hace más de 3 horas que se fueron y dijeron que no llegarían mas tarde de las dos de la madrugada, así que estarán al llegar, tranquila.

- Gracias – dije sonriendo cariñosamente.

- No las merece – dijo devolviendo la sonrisa y cerrando la puerta tras ellos.

02:07. Esa era la hora que marcaba el reloj de la estantería. Realmente esperaba que volviera pronto. Desde que llegaron los Delani no quería pasar más tiempo del necesario separada de Edward.