Buenos dias de martes..!
Aqui os dejo otro capi... Muchas veces pensamos que cargar nosotros solos con los problemas es la solución para no hacer sufrir a quienes queremos. ¿Es eso señal de inteligencia o de estupidez? Supongo de depende de si sale bien... o no.
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
. ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... .
Capitulo 41
Me dispuse a esperar a que Edward regresara y después de haber pasado esas horas en manos de Alice necesitaba estar cómoda y relajada. Fui directa al armario de Edward y saqué un pijama de caballero que le había visto ponerse muy pocas ocasiones, pero en el que perduraba su olor a tierra mojada. Su olor me hacía sentirme bien, me hacía sentirle cerca aunque no estuviera. Me venia varias tallas grande pero eso no era problema para mi, me sentía cómoda con ropa amplia y si era de Edward mejor que mejor.
Una vez que me lo puse salté a la cama y me tumbé con una revista en las manos. Podía oír las conversaciones de Carmen y Esme en el salón, pero no quise prestarles atención. Volví a mirar el reloj. 02:21. Ya empezaba a ponerme nerviosa cuando por fin escuché el alboroto que formaron Carslisle y Eleazar cuando entraron al salón, acompañados por un silencioso Edward, saludando efusivamente a sus mujeres. Dos minutos después él hacía por fin su aparición. Le miré y no pude evitar sonreírle al ver la expresión de su cara al verme con su pijama.
- Vaya… - dijo pasándose una mano por el revuelto pelo – si llego a saber que me esperarías así hubiera venido mucho antes.
- Te echaba de menos – alargué una mano invitándole a venir a mi lado – y me gusta tu pijama.
- A mi también me gustan los tuyos – dijo acercándose lentamente y sentándose al borde de la cama – pero no por ello me los pongo.
- Sería gracioso verte en camisón rosa – dije sonriendo y guiñándole un ojo – tienes que estar impresionante…
- Me lo pondría si tú me lo pidieras – dijo con una sonrisa en los labios pero una fugaz tristeza brilló en sus ojos – sabes que haría cualquier cosa por ti.
- Me basta con que me quieras.
- Y a mi me basta con que tú me quieras a mi.
- Bienvenido a casa – dije rodeándole con mis brazos y dejando un cálido beso en sus labios –llegas tarde.
No se si fue la frase pero me dio la impresión de que se tensaba entre mis brazos. Me aparté de sus labios para poder verle la cara y noté que él esquivaba la mía. Solo le duró un segundo pues acto seguido me encerró entre sus brazos y me devolvió el beso muy apasionadamente. Nos recostamos en las almohadas.
- Veo que tu también me has echado de menos – dije cuando conseguí despegarme de sus labios.
- No sabes cuanto, mi vida – me apretó mas entre sus brazos y hundió su cara en mi pelo – jamás te había echado tanto de menos.
- Edward – dije presintiendo que algo no iba bien, que algo le pasaba - ¿estás bien?
- Ahora estoy perfecto – dijo aspirando el aroma de mi pelo – me quedaría así contigo hasta el sábado.
- ¿Va todo bien, quieres que hablemos? – volví a insistir.
- Ahora no Bella, solo necesito que me abraces – dijo acariciando mi mejilla - ya hablaremos mas tarde.
Hice lo que me pidió, le abrace todo lo fuerte que pude y me mantuve pegada a su pecho acompasando mi respiración a la suya. Noté que el nudo de mi estómago volvía a atenazarme. Algo no iba bien, algo había ocurrido y el miedo no tardó en aparecer, pero me mantuve callada dejando que fuera él quien rompiera el silencio cuando estuviera preparado.
Esperé durante horas hasta que por fin salió de su mutismo.
- Bella mírame – dijo de repente.
Mi miedo creció por momentos, pero lo hice, le miré. Su expresión estaba serena, pero la dureza de sus ojos no me pasó desapercibida.
- No me asustes Edward – dije enfrentando su mirada – dime lo que tengas que decir de una vez.
- Bella, yo… hay cosas que… – bajó la mirada a sus manos, que tenían firmemente agarradas las mías – hay cosas de mi pasado que no te he contado.
- ¿Cosas de tu pasado? – el miedo remitió un poco – sabes que no me importa lo que haya en tu pasado, lo que cuenta es el presente… y el futuro.
- ¿Pero que futuro nos espera si está basado en cosas terribles?
- Edward, te conozco. Tienes tu lado malvado y eso créeme que lo sé mejor que nadie. No quiero que viejos fantasmas te atormenten.
- Pero lo hacen, Bella. Lo hacen y son tan terribles que tengo miedo de que al conocerlos no quieras estar mas conmigo.
- ¿Estás loco? - dije mirándole interrogante – Juré que nunca más me separaría de ti, jamás. Y que nada sería capaz de conseguir que dejara de quererte. ¿A que viene esto ahora?
- Bella, yo… - tragó fuerte – Hace años ocurrió algo que… creí que había desterrado de mi mente para siempre pero… no ha sido así.
- ¿Tienen las gemelas algo que ver en esto? – hice la pregunta que me rondaba por la mente – ha sido volver a verlas lo que te ha removido esos recuerdos…
- Lamentablemente si – dijo culpablemente. Seguía sin mirarme a los ojos – y no han tenido reparos en recordármelo a la primera oportunidad.
- Cuéntamelo, Edward – dije levantando su mentón y haciendo que me mirara a los ojos – déjame compartir tu carga.
- No puedo Bella – dijo frunciendo el ceño – no estoy preparado para contarte esto. Aún no. Es demasiado terrible, te causaría un daño irreparable y… no estoy dispuesto a renunciar a ti.
- Edward, no me importa lo que hicieras, no me importa lo que fueras en el pasado. Estoy aquí, estoy contigo, y eso no va a cambiar de ninguna de las maneras. Cuéntamelo y acaba con esto de una vez.
- ¡No puedo hacerte eso! No puedo hacerte sufrir de esa manera – dijo enterrando las manos en mi pelo mientras negaba con la cabeza – llámame egoísta si quieres pero te necesito demasiado como para arriesgarme a perderte.
- No vas a perderme, por dios – dije empezando a desesperarme - ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?
¿Qué podría ser tan terrible que tenía a Edward en ese estado? Era algo relacionado con las gemelas y con Edward, algo que habían hecho en el pasado y de lo que no estaba muy orgulloso que digamos. ¿Estaría relacionado también conmigo? Mi cabeza no paraba de dar vueltas buscando una explicación por si sola, ya que estaba convencida de que no obtendría ninguna por parte de Edward. Al menos todavía no.
Se levantó de la cama y empezó a pasear de un lado a otro de la habitación. Casi podía oír los mecanismos de su cabeza dando vueltas a toda máquina, buscando un modo de afrontar lo que tenía encima. No quise interrumpirle, me limité a verle ir de un lado a otro esperando que tomara una decisión. De pronto se paró y volvió a acercarse a mí, arrodillándose a mi lado y cogiendo mis manos entre las suyas.
- Bella, voy a hacerte una pregunta – dijo mirándome mortalmente serio – y quiero que me respondas sinceramente. Prométeme que responderás lo que de verdad harías y no lo que yo quiero oír.
- Edward…
- Prométemelo – dijo tajantemente – por tu vida y por la mía.
- Lo prometo, por tu vida y por la mía – aguanté la respiración.
- Si estuviera en tu mano el evitarme a mí el mayor sufrimiento que puedas imaginar, independientemente del precio a pagar ¿Lo harías? ¿Me lo ahorrarías si pudieras?
- Por supuesto Edward – dije sin dudar, cogí su cara entre mis manos – daría cualquier cosa para que tú no sufrieras. Haría lo que hubiera que hacer y lo sabes.
- Recuerda que has prometido ser sincera – dijo escrutando mi mirada.
- Edward, una vez me abrí las venas para salvar tu vida. Di mi vida por la tuya, sin dudarlo y sin esperar nada a cambio y lo volvería a hacer con los ojos cerrados ¿crees que no estoy siendo sincera?
Me miró intensamente y pude ver la determinación en sus ojos. Fuera lo que fuera lo que le atormentaba había tomado una decisión, y estaba segura de que confesar su pasado no estaba entre sus decisiones tomadas. Me rodeo con sus brazos y me arrastro con él hasta las almohadas.
- Te quiero Bella – dijo susurrando en mi oído – te quiero, te quiero, te quiero, te quiero…
- No vas a contármelo ¿verdad? Vas a cargar con ello tu solo.
- Es mi carga y me corresponde a mi llevarla – dijo acariciando mi cara y mis labios con sus dedos – pero quiero que jamás dudes de lo que siento por ti, porque tu eres mi vida…
- Saber que tú estás sufriendo por ello no contribuye en nada a mi bienestar Edward, dime lo que sea y lo afrontaremos juntos.
- ¿Me quieres, Bella? – dijo mirándome tan tiernamente que se me encogió el corazón.
- Más que a mi propia vida – dije perdiéndome en el dorado de sus ojos.
- Pues deja que siga siendo así…
Juntamos nuestros labios y nos abrazamos tan intensamente que parecía que nuestras pieles iban a fundirse en una sola. Por esa noche era más que suficiente que hubiera llegado a un acuerdo consigo mismo, o que hubiera encontrado la forma de sobrellevar lo que le atormentaba, pero solo era una batalla. No pensaba dejar que mi futuro marido pasara por aquello en solitario.
Estuvimos varias horas abrazados en silencio.
Respetaría su decisión de no contármelo, de momento. Necesitaba saciar mi curiosidad, y no iba a dejar que lo que fuera que tuviera en la cabeza variara para nada mis sentimientos hacia él. Intenté imaginar las mil cosas que pudieran haber ocurrido en el pasado de Edward, cosas malas que pudiera haber hecho. Secuestro, extorsión, cautiverio… no, eso ya lo sabía. Tenía que ser otra cosa, algo más terrible. Maltrato, asesinato… no, eso no. Pornografía, prostitución, trata de blancas… no, eso tampoco.
- No pienses tanto – dijo atrayendo su boca a la mía – no tienes de qué preocuparte.
Mientras me acariciaba el cabello que estaba desparramado sobre la almohada, cerré los ojos y tome aire intentando desconectarme de mis pensamientos. Gradualmente, la tensión abandonó mi cuerpo.
- Tienes razón. Debería no pensar en las barbaridades que hayas podido hacer antes de conocerme.
- No te tortures – dijo mientras me besaba en el hombro, giré la cara hacia su mano y presioné los labios contra su fina piel.
- Ya te torturas tú por los dos ¿No? – dije sin poder remediarlo – Edward, eres lo único que tengo en este mundo, si no puedes confiar en mi ¿Qué me queda?
- Me preocupo por ti, te protejo - dijo serenamente – no le des mas vueltas.
- Ni que fuera tan fácil…
- Dejemos el tema por hoy ¿de acuerdo?
Asentí apoyando la cabeza cerca de la suya mientras seguía pasándome las manos por el pelo. Tumbados uno frente a otro, desabotoné su camisa e introduje una mano por debajo de la tela, dejándola a la altura de su corazón. Necesitaba tocar su piel. El se acercó un poco más, puso su mano sobre la mía y cerró los ojos.
Unos minutos después sus manos cobraron vida. Comenzó a besarme la garganta mientras deslizaba una mano por el costado de mi cuerpo, dirigiéndose hacia mi pecho. Había colocado la pierna por encima de las mías, y pude notar su erección, que estaba apretada contra mi cadera. Se dejó rodar de espaldas, pero yo lo seguí en el movimiento, permaneciendo unidos hasta que estuve a medias sobre él.
Sus ojos se abrieron.
- Bella… - subió las manos hasta mi cara y apartó el cabello mientras nuestras miradas se encontraban.
Levantando la cabeza de la almohada, me beso suavemente en la boca. Una vez. Dos veces. Mientras seguíamos así, nuestros cuerpos empezaron a moverse juntos, sincronizados, imitando el acto sexual, las caderas de él avanzando y retrocediendo, las mías absorbiéndolo, frotándome contra el.
Si hubiera notado una pizca de duda en sus ojos, o el menor síntoma de malestar por su parte no hubiera continuado, sólo le habría abrazado como él me había pedido y se hubiera quedado ahí. Pero él había empezado esto y yo quería lo mismo que él.
No había prisa y se lo tomó con calma, desvistiéndome con cuidado. Cuando estuve desnuda, se hizo hacia atrás y miro mi cuerpo. Oh… Dios. Sus ojos quemaban cada centímetro de piel en el que se posaban. Su sonrisa perfecta asomó cuando se detuvo en mis pezones. Pero lo mejor de todo eran sus ojos, que solo mostraban una hambrienta y lujuriosa anticipación.
Su ropa tampoco duró sobre su piel. Edward se puso en pié de un salto, se sacó por la cabeza la camisa tirándola a un lado y se quitó los zapatos, cayeron primero uno y luego el otro sonando contra el suelo. No pude evitar que se me agrandaran los ojos cuando puso las manos sobre la cintura de sus pantalones y desabrochó el botón, para luego bajar la cremallera. Los calzoncillos cayeron al suelo junto con los pantalones y la erección se extendió sobresaliendo de su cuerpo. Se dejó caer suavemente sobre mí.
- Oh, Dios —suspiró cuando nuestras pieles se encontraron.
- Eres un pecado tan desnudo. —susurré contra su hombro.
El sonrió contra mi cabello.
- Igual que tú.
Le recorrí la espalda con las manos, y sentí que el calor en mi crecía hasta hacerse insoportable, especialmente cuando metió un brazo entre nuestros cuerpos y dirigió la palma de la mano hacia mi estómago, temblé por el latigazo que recorrió mi cuerpo.
- Bella, quiero que hagas algo por mí – dijo perfectamente controlado
- ¿Qué?– dije perdida ya en el color de sus ojos.
- Déjame disfrutar de esto, a mi manera ¿de acuerdo?
Antes de que pudiera protestar, me cubrió la boca con la suya.
Pensé que Edward me trataba con demasiada delicadeza. Y con total contención. Cada caricia era suave y dulce, cada beso tranquilo, sin apresuramientos. Incluso besandonos como dos hambrientos y teniendo a la mano entre mis piernas haciendo que me pusiera frenética por la forma en que me acariciaba, estaba demasiado concentrado.
Por lo que cuando se afianzó encima de mí y coloco su muslo entre los míos, no me apresuré ni le abordé. Mi cuerpo estaba listo para recibirlo en mi interior. Lo sabía por la sensación resbaladiza de sus dedos cuando me tocaba. Lo sabía también, por el hambre que me despertaba la visión de su cuello.
Afirmó su peso sobre mí cómodamente y esa parte gloriosamente dura me abrasó mientras se frotaba contra mí. Con un giro, sus hombros ondearon y puso la mano entre nuestros cuerpos, acomodando la cabeza del miembro contra mi entrada. Tuve que contener el grito cuando me invadió.
Se sostuvo sobre los brazos y mientras empezaba a moverse, con el leve balanceo que a mi me volvía loca, me miró a los ojos. Deliberadamente intenté relajarme también, tratando de estar lo más distendida posible aunque me estuviera poniendo un poquito nerviosa.
- Mi preciosa Bella... - susurró seductor - ¿Estás bien?
Le recorrí la longitud de la espalda con las manos.
- Si.
Cerré los ojos, sintiendo su cuerpo moviéndose lentamente sobre mí, dentro de mí. Por instinto me arqueé buscando su total proximidad a mi cuerpo.
- Oh, Bella… mi Bella… - su voz y su aliento acariciaban mis oídos.
Y en ese momento su erección se sacudió, embistiéndome con un duro golpe. Un estimulante placer se encendió en lo profundo de mi cuerpo y no pude evitar el gemido.
- Oh, Edward… hazme el amor – dije esforzándome por pronunciar correctamente las palabras.
- Tengo una idea mejor.
Cuando comenzó a retirar las caderas, lo enganché de la cintura para evitar la húmeda retirada.
- No, no te detengas… - le rogué.
Cuando estaba a punto de salir de mi volvió a sacudirse bruscamente hacia delante, empujando contra mi carne, llenándome nuevamente. Se me desorbitaron los ojos y me estremecí, especialmente cuando comenzó de nuevo la lentísima retirada y el rápido avance.
- Si… - dije entre jadeos completamente asombrada.
Le contemplé mientras me montaba tan suavemente, sus pectorales y sus brazos flexionados firmemente, los músculos de su estómago apretándose y aflojándose cuando sus caderas se metían entre las mías para luego retirarse. Sus ojos devoraban cada uno de mis gestos.
- Oh… Edward
Sentía su respiración entrecortada, el suave crujir de la cama, el susurrar de las sábanas cuando él acomodo un brazo. Con cada empuje y retirada, cada vez me costaba mas mantener el control. Comencé a respirar en cortas bocanadas.
- ¿Bella?
- Si… - suspiré
Sentí que de nuevo metía la mano entre nuestros cuerpos.
- Acaba para mi, cariño.
Empezó a acariciarme deliciosamente, con una caricia certera mientras continuaba las suaves arremetidas. Sus ojos seguían fijos en mí, no pestañeaba para no perderse nada. A los pocos segundos, se acumularon relámpagos en mi interior y estallaron, consumiendo mi cuerpo entero. El orgasmo me atravesó uniéndome a él en una serie de contracciones. Me aferré a sus brazos y a su cuello, sintiendo como el devastador placer arrancaba sonoros gemidos de mi garganta.
- Eso es… mi niña - dijo con voz ronca - Agárrate a mí.
Cuando finalmente terminé y abrí los ojos deslumbrada, lo encontré mirándome completamente complacido. Feliz.
- ¿Estuvo bien? - me preguntó con dulzura.
- Sensacional – dije muy satisfecha, pero luego me di cuenta de algo - Espera… ¿Y tú?
- Me muero por estar dentro de ti.
- No te mueras, entra en mi... ahora.
- Mmmmm... a sus órdenes, señora.
Cuando comenzó a moverse otra vez, me quedé inmóvil solo absorbiendo la sensación de él. Quería sentir lo mismo que sintió él mientras me miraba, quería ver su placer sin participar de el, verle disfrutar en solitario.
- Cariño - dijo dándose cuenta de mi inmovilidad - ¿Está bien? Estás muy quieta.
- Quiero saber qué se siente... como tú has hecho.
- El paraíso - me dijo al oído susurrando las palabras entre los dientes - Contigo, es el paraíso.
Dejo de apoyarse en los brazos, dejando parte del peso de su duro cuerpo sobre mí mientras empezaba a agitarse de nuevo entre mis piernas. Dios, no podría cansarme de verle contorsionarse sobre mi. Sus músculos eran como perfectos instrumentos sincronizados a la perfección para dar placer tanto al cuerpo como a la vista...
Le acaricié los hombros y deslicé las manos a lo largo de su ondulada espina dorsal hasta dejarlas agarradas a sus caderas. Supe cuando se acercaba su momento cuando su respiración empezó a hacerse realmente trabajosa y la velocidad de su ritmo se incrementó. Exhaló con fuerza por la boca soplando sobre mi hombro. Cuando me tomo con fuerza del cabello cerrando la mano en un puño, sentí algo de dolor pero no me importó. Sobre todo cuando levanté la mirada y pude ver como sus ojos se cerraban con fuerza como si estuviera sufriendo una exquisita agonía.
Luego dejó de respirar completamente. Cuando echó la cabeza hacia atrás y rugió, los músculos de su cuello se tensaron. Profundamente en mi interior, sentí bombear su erección, soltando su esencia liquida, derramándola dentro de mí con espasmos que sacudían su cuerpo entero.
La visión de él. La sensación de él. Su revoltoso pelo caído sobre su frente. Su sonrisa. Sus labios abiertos. Su respiración entrecortada. El brillo de sus ojos. Dios, no había esperado que solo mirar sus pequeños gestos fuera tan jodidamente erótico.
Se derrumbó sobre mi, exhausto, tembloroso, jadeante. Lo envolví con los brazos y también con las piernas, y lo mantuve contra mí, acunándolo.
Pensé que era lo mas bonito que había visto en mi vida. Verle disfrutar así sí que era el paraíso.
