Buenos dias de miercoles...!
Antes que nada daros las gracias a las que os molestais en dejarme reviews, porque ya hemos superado los 300 y eso es algo que me da ánimos para pensar que la historia merece la pena.
El capi de hoy me gustó especialmente escribirlo y espero que a vosotras tambien os guste... ;)
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08 ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 42
(Lunes)
Teníamos invitados, y desgraciadamente no podíamos quedarnos encerrados todo el día. Encontramos a Emmett y a Jasper en el jardín trasero montando lo que parecía una enorme pérgola de madera blanca, con capacidad para un mínimo de cien personas, según pude ver en el manual de montaje que Jasper tenía abierto delante de él. Salimos al exterior por la puerta de la terraza del salón a su encuentro. Rápidamente Emmett reparó en nuestra presencia.
- Hola tortolitos… ya era hora de que se os viera el pelo – dijo sonriendo maliciosamente - ¿No pensáis dejar nada para la Luna de Miel? A este ritmo se os acabarán las ideas muy pronto…
- Cállate, ¿quieres? – dijo Edward molesto por las constantes alusiones que hacía su hermano a nuestra vida sexual – Yo he tenido que aguantar durante años tus escarceos amorosos con Rosalie, así que no me hagas hablar.
- Vaaale, tranquilo campeón – dijo levantando las manos en señal de paz – haz algo útil y ayúdanos a montar este monstruo ¿quieres?
- ¿Por qué no habéis contratado a alguien para hacer este trabajo? – pregunté extrañada al ver la montaña de maderas que esperaban ser colocadas.
- ¿¡Cómo! ¿Y privarnos de la satisfacción de hacerlo nosotros mismos? – dijo Jasper fingiendo escandalizarse por mi pregunta – Los Cullen sabemos utilizar muy bien las manos… y de paso dar un buen uso a nuestra súper fuerza bruta, ¿verdad Emmett? – dijo mirando a su hermano que en ese momento levantaba una enorme viga de madera como si fuera un palillo.
- Exacto – dijo pavoneándose con satisfacción mientras se retiraba la manga de la camiseta para lucir su flamante bíceps – aunque unos mas que otros…
- Creo que os dejaré solos – dije viendo la cara de asombro de Edward al ver el tamaño de la estructura e ignorando la fanfarronería de Emmett.
- Las chicas andan por la cocina – me dijo Jasper antes de que me diera tiempo a preguntar.
- Gracias – dije guiñándole un ojo, me devolvió una sonrisa – siempre tan atento.
Caminé por el jardín rodeando la casa y entré por la puerta que daba directamente a la cocina. Hora de enfrentarse a los miedos, Bella. Allí estaba Alice explicándoles a Tanya y Megan las diferentes elecciones que habíamos hecho para la decoración de la casa. La mesa seguía abarrotada de folletos, muestrarios y revistas, y Alice, con una batuta como si fuera una directora de orquesta, les señalaba cada uno de los detalles que merecían su atención.
- Buenos días – dije serenamente poniendo mi mejor sonrisa.
- Buenos días Bella – dijo Alice colgándose de mi cuello y dejando un beso en mi mejilla.
- Hola – dijeron las gemelas al unisonó. Tanya continuó – Alice nos estaba dando una clase teórica de decoración – su tono neutro sin ningún tipo de hostilidad me descolocó un poco – tienes muy buen gusto para estas cosas – su encantadora sonrisa apareció.
- Gracias – dije intentando no parecer muy sorprendida – pero el mérito no es mío.
- No seas modesta Bella – dijo Megan mirándome de arriba abajo y sonriendo excesivamente – Alice nos ha contado que tú has tomado casi todas las decisiones, aunque toooodo el trabajo lo haya hecho ella…
¿Me estaba echando en cara haberle cargado el mochuelo a Alice? Calma, Bella. Respira. No iba a entrarle al trapo a la primera oportunidad.
- La verdad es que si – dije de forma desinteresada – he de reconocer que Alice me ha salvado el culo queriendo hacerse cargo de los preparativos – me acerqué a la pequeña de los Cullen y la abracé cariñosamente – no sé que habría sido de mi sin ti, tesoro.
Alice me devolvió el abrazo más que complacida. La sonrisa de Megan desapareció en el acto de su cara, mientras que en la de Tanya apareció una de completa ternura. Me sorprendió el hecho de que a pesar de ser como dos gotas de agua, cada una tuviera una forma de ser completamente opuesta a la de su hermana.
- Es una suerte que hayas encajado tan bien en la familia Cullen – dijo Tanya con tristeza en la voz, su mirada descendió hasta sus manos – no sabes lo afortunada que eres…
- Oh, vamos Tanny – dijo Megan mostrando un hiriente cansancio por los lamentos de su hermana – ya estás otra vez con eso… no te soporto cuando te da la melancolía. Espabila hermanita, Edward Cullen va a casarse con otra. Acéptalo de una jodida vez.
Me quedé tan impactada por las duras palabras que Megan le estaba escupiendo en la cara a su hermana que estuve a una fracción de segundo de salir en defensa de la mujer que apretaba dolorosamente sus labios y miraba muy afectada al suelo. Afortunadamente Alice intervino antes de lo hiciera yo.
- ¡Megan! – le llamó la atención con una expresión que me recordó a las regañinas de Alma – eres una insensible, ¿Cómo le dices esas cosas a Tanya? Es tu hermana, deberías apoyarla.
- Si tuvieras que soportar sus lloros y lamentos 24 horas al día, 30 días al mes, 12 meses al año, durante 30 años… créeme que tú le hablarías mucho peor que yo – dijo arrogantemente.
- Oh… Tanya – Alice fue incapaz de evitar acercarse a Tanya y rodearla con sus brazos en señal de consuelo – Creía que esto lo tenias ya más que superado… ha pasado mucho tiempo, cariño.
- Lo sé – dijo tímidamente Tanya apoyándose en los brazos de Alice – pero ha sido muy duro para mi, Alice. Tenía tantas ilusiones puestas en mi relación con Edward… - levantó la vista del suelo para fijarla en mi – Oh, Bella… discúlpame. No quiero incomodarte, tu… tú no tienes nada que ver con esto, yo… te pido disculpas por mi comportamiento – dijo sorbiéndose la nariz.
- ¡Jajajajajajaa! – Megan estalló en sonoras carcajadas – joder Tanny… cada día me sorprendes mas ¿porqué no te arrastras y besas el suelo que pisa? Eres patética hermanita…
- ¡Por dios, Megan! – volvió a reprenderla Alice, mirándola esta vez muy furiosa – Si no eres capaz de decir nada agradable mejor cierra el pico, ¿de acuerdo?
- No sufras Alice – dijo Megan tan tranquila como si no hubiera hecho nada – se le pasará, siempre se le termina pasando. El truco está en no hacerla mucho caso – al ver que tenía mis ojos fijos en ella levantó su frente y siguió – No te ofendas Bella, no tengo nada contra ti. Es mi hermana la que me saca de mis casillas.
- No me ofendes – dije mirándola con dureza – es tu hermana, no la mía. No soy nadie para decirte cómo tratar a tu hermana.
- ¿Ya te ha embaucado con su dulzura? – dijo mirándome sorprendida y divertida a la vez – vaya… creía que le iba a resultar un poco mas difícil.
- Megan… - volvió a advertirla Alice – basta ya, por favor.
- Si, Megan – dijo mientras se ponía de pié una repentinamente dolida Tanya – ¡basta ya!
Salió apresuradamente de la cocina dejándonos a las tres boquiabiertas por su inesperada reacción. Completamente comprensible por otra parte, pues que tu propia hermana te ridiculice delante de la futura esposa del que una vez fue tu prometido… no tendría que ser nada agradable.
Soltando un bufido de resignación Megan se levantó de su silla y nos dejó alegando que tenía que ir a poner unos cuantos puntos sobre íes a su pesadilla, pero que volvería enseguida para seguir conociendo todos los detalles de la boda. Alice y yo nos miramos sin saber muy bien qué decir. Alice tenía más tablas que yo en lo relativo al comportamiento de las gemelas, y solo pudo encogerse de hombros cuando me la quedé mirando esperando algún tipo de alegación a lo que acababa de ocurrir.
- Ya las irás conociendo – dijo muy simplemente.
- ¿Qué demonios a pasado?
- Pensaba que ya lo habría superado, después de tantos años. Tanya es muy sensible, como has podido comprobar… y Megan no tiene pelos en la lengua con nadie.
- Son tan diferentes… - dije sorprendiéndome a mi misma por lo que estaba a punto de decir – he sentido lástima por Tanya. Después de todo, a nadie nos gusta que nos digan nuestras debilidades a la cara. Megan no ha tenido compasión con ella.
- Ya, pero Megan tiene razón en todo lo que le ha dicho, Bella. Le pierden las formas pero lleva más razón que un santo. Tanya debería pasar página y no regodearse en su desdicha, sobre todo estando tú delante.
- Sé que no debería compadecerla, sobre todo después de… - me detuve antes de revelar algo que no debía – bueno… después de… - di algo Bella, o se te verá el plumero. Alice se me adelantó.
- Después de lo que ocurrió – dijo tajantemente – tranquila, no tienes que cohibirte conmigo. Supongo que Edward ya te habrá puesto en antecedentes de lo que pasó hace 30 años.
- Algo me ha contado, si – dije pensando en que Edward no había sido del todo claro cuando me comentó que no sabía si su familia llegó a saber todo lo ocurrido – no quería meter la pata si tu no… estabas al corriente.
- Algo sé, aunque no todo por supuesto. Edward nunca quiso contarnos abiertamente sus razones, pero conozco a mi hermano casi más que él mismo – dijo con una tierna sonrisa – y sé que sus razones tuvieron que ser muy poderosas para hacer lo que hizo.
- Lo fueron – dije sin pensar que mi afirmación le estaba confirmando que yo sabía mas que ella. Me mordí la lengua y bajé la mirada para que no viera la culpabilidad que sentí por mi desliz.
- ¿¡O sea….! – dijo abriendo los ojos como platos – ¿Que Edward te lo ha contado todo? – asentí con la cabeza al no poder negar lo evidente - ¿¡Todo, todo!
- Si, Alice – dije mirándola suplicante – pero no me pidas que te lo cuente porque…
- ¡No quiero que me lo cuentes! – dijo sonriendo como nunca la había visto hacerlo – Bella, has conseguido que mi hermano te cuente algo que lleva años aguantando él solo… soportando todo tipo de quejas y reproches por parte de su propia familia y sin permitirse ni el menor derecho a replica en su defensa – volvió a colgarse de mi cuello para besarme – Doy gracias a dios por que aparecieras en su vida, en nuestras vidas en realidad.
- Para ya, Alice – dije quitándomela de encima suavemente – me vas a sacar los colores… tampoco tengo tanto mérito.
- Lo tienes Bella, y no sabes cuanto – dijo zanjando el tema y mirándome con determinación – eres la primera persona a la que muestra sus fantasmas, ninguno de nosotros había logrado eso antes.
- No me ha mostrado todos sus fantasmas, Alice – dije pensando en los recuerdos que le torturaban ahora – algunos aun siguen rondándole.
- Dejará de tener secretos para ti muy pronto – dijo enigmáticamente, luego cambió de tema - Y volviendo a lo que estábamos, solo te daré un consejo si me lo permites…
- Por supuesto.
- No te dejes llevar por primeras impresiones. Son peligrosas, ambas, aunque cada una a su manera.
Estuvimos un rato mas charlando a solas en la cocina hasta que Esme y Carmen irrumpieron ruidosamente en la cocina mientras reían y charlaban. Habían salido de compras y venían cargadas de bolsas, que dejaron caer sobre la mesa. Al oír los martillazos que los chicos hacían fuera de la casa no pude evitar reírme al imaginarlos en una estampa parecida a cuando los encontré en el garaje arreglando el coche de Rosalie.
Andábamos mirando las compras que habían hecho las mujeres cuando Alma entró a la cocina por la puerta del jardín. Sonriente y divertida venía de ver a los tres hombres montando la pérgola.
- ¿Qué hacéis que no estáis viendo a vuestros hombres? – nos dijo Alma a Alice y a mi – os estáis perdiendo un espectáculo digno de ver.
- Estamos esperando a Megan y a Tanya – dijo Alice – ellas han tenido una disc…
- Están allí – la cortó Alma mirándola extrañada – Megan y Tanya llevan un rato largo ahí fuera, con Rose.
Alice y yo nos miramos un instante para acto seguido salir a comprobar que efectivamente ambas hermanas estabas apoyadas en la barandilla mas cercana a la zona de trabajo de los chicos. Y me sorprendió mucho ver que estaban felices y sonrientes, diciéndose cositas al oído de vez en cuando y viendo como ellos manejaban los pesados tablones como si fueran las piezas de un mecano para críos.
Noté los calambres en mi columna cuando me fijé en que ambas se comían con los ojos a un Edward que parecía completamente ajeno a los dos pares de ojos que le recorrían cada centímetro del cuerpo. Respira Bella, calma. No es el momento. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Alice tenía toda la razón, no me podía fiar de las primeras impresiones. Así, sin saberse observadas, fue cuando realmente pude ver a las verdaderas gemelas Delani. A las innombrables.
La mirada que Tanya le estaba echando a Edward hubiera avergonzado al más pintado. A mi me provocó que me hirviera la sangre y un insoportable e incontenible deseo de arrancarla la cabeza. Bella, contrólate. Sabes como hacerlo. Alice, que en ocasiones veía las cosas antes de que sucedieran corroboró mi esfuerzo.
- Calma, Bella. No va a pasar nada.
- No te preocupes Alice, estoy bien.
Avancé a través del porche y vi que Rose, sentada en los cómodos sofás del porche donde unos días atrás yo misma había convencido a Edward de que hiciera una tregua con ella, observaba tanto a los chicos como a sus amigas con cara de satisfacción. Al verme se tensó un instante y bajó la mirada incapaz de aguantar la mía. Fui a colocarme detrás de las hermanas, que no se habían percatado de mi presencia y seguían riéndose y diciéndose cosas al oído.
- Bonitas vistas, ¿verdad? – dije mirándolas con mi mejor sonrisa.
Ambas se sorprendieron de verme allí y cambiaron radicalmente la expresión de sus caras volviendo cada una a su papel de farsantes, que tenían bien aprendido. Megan fue a sentarse arrogantemente al lado de Rose, mirándome por encima del hombro. Tanya, nuevamente pareciendo una niña indefensa, bajó la cabeza y siguió a su hermana hasta el sofá con la culpabilidad pintada en el rostro. Alice me miraba expectante, pero la tranquilicé con un gesto haciendo como que no pasaba nada. Tomamos asiento con ellas.
- Realmente creo que deberíamos haber contratado a alguien que hiciera ese trabajo – dije tranquilamente – conociendo a Edward no me extrañaría que se desplomara de un momento a otro.
- Ten un poco de fe, Bella – dijo Alice siguiéndome la conversación – Jasper y Emmett son muy mañosos ¿verdad Rose? Hicieron maravillas con tu coche…
- Si, maravillas – dijo Rose un poco incomoda por la situación – ya no ha vuelto a sonar raro.
- ¿Ves? – dijo Alice muy segura de si misma – lo conseguirán… a la segunda.
Antes de que pudiéramos preguntarle por la conclusión a la que había llegado, oímos como la parte de la estructura en la que trabajaba Edward crujía y caía estrepitosamente delante de sus narices, mientras él se quedaba mirando el desastre con cara de sorpresa. No esperamos para estallar en carcajadas, lo que involuntariamente alivió parte de la tensión que se respiraba entre nosotras.
- ¡Joder Edward! – bramó Emmett acudiendo al lugar del destrozo – podrías poner un poquito de atención ¿no? Jasper te ha dicho que esta tabla va encima, si la pones debajo no aguantará el peso ¿no ves que es mas pequeña?
- Jasper me dijo que iba debajo – dijo Edward muy serio.
- No, te dijo que iba encima.
- No. Dijo que debajo.
- Encima.
- Debajo.
- En-ci-ma.
- De-ba-jo.
- ¡Jasper! – gritaron los dos a la vez.
- ¿Qué? - Este asomó la cabeza por otro lado de la construcción.
- ¿Dónde le dijiste a Edward que colocara esta tabla?
- Encima de ese travesaño y debajo de esa viga – dijo muy tranquilamente, señalando el sitio exacto en el lado contrario de la parte de la estructura donde la había colocado Edward.
Los tres se miraron confusos durante un segundo, lo que provocó que nosotras nos carcajeáramos de nuevo. Miraron hacia donde estábamos sentadas y agitaron sus manos, saludándonos y sonriendo como si les hubiéramos pillado en una travesura, lo que provocó de nuevo las risas entre nosotras.
- Edward es un desastre – dije llevándome las manos a la cabeza – sería mejor que no le dejáramos colaborar.
- No seas exagerada – dijo Rose aún sin querer enfrentar directamente mi mirada – Alice ha dicho que la segunda vez lo harán bien.
- Ya, Rose – dije tranquilamente – pero lo que no nos ha dicho Alice es si Edward participaba de la segunda construcción… – todas la mirábamos a ella esperando la respuesta - ¿Alice?
- ¡Y yo qué se! – dijo de repente sin poder contener la risa – solo sé que terminarán montándola.
- Rose… - un momento como cualquier otro, pensé - ¿Puedo pedirte algo?
- Claro – dijo mirándome por fin - Dime
- Necesito que seas tú quien me peine para la boda – las gemelas la miraron atónitas - Alice ha puesto mucho empeño en conseguirlo sola, pero sin mucho éxito. He pensado que quizás tu, si no te importa…
- Oh, no… claro – dijo muy confundida por mi petición – esto… quiero decir que si, si. No me importa Bella, yo te peinaré.
- Genial, te lo agradezco – dije sonriéndola abiertamente.
Otro ruido de maderas caídas nos hizo volver a mirar hacia ellos. Donde un mas que irritado Emmett apartaba de los brazos de Edward las pocas tablas que éste aún no había tirado, siempre sin querer, claro, y le pedía que ayudara "no haciendo nada". Edward se pasó una mano por el pelo mientras daba unos pasos hacia atrás, dejando espacio a Emmett, que recogía del suelo el resto de maderas. Miró hacia nuestra posición y al verme se encogió de hombros y sonrió.
Levantándome del asiento me dirigí a la barandilla devolviéndole la sonrisa. Ven aquí, desastre. Le hice un gesto con el dedo para que se acercara. Comenzó a andar hacia mi, sin despegar sus ojos de los míos, con pasos lentos, felinos, empujando una cadera, después la otra, sigiloso, sugerente, balanceando un brazo, luego el otro. Al ver que yo me mordía el labio viendo como caminaba, torció la sonrisa maliciosamente consiguiendo que yo me perdiera en mis lujuriosas fantasías. Era un ángel caminando por la tierra.
Cuando llegó a mi lado lanzó una fugaz mirada hacia los sillones donde estaban las demás y sin cambiar su sonrisa me besó tan apasionadamente que si no llega a ser porque me tenía apretada entre sus brazos, me hubiera caído al suelo por el modo en que me temblaron las piernas.
- Creo que el bricolaje tampoco es lo mío – dijo una vez que se hubo separado de mis labios.
Me miró muy satisfecho esperando que yo me repusiera del estado en que me hallaba. Completamente alucinada. La risa de Alice hizo que bajara de la nube en la que estaba flotando y después de pasarme la lengua por los labios, relamiendo los restos de su sabor en mi boca, conseguí girar la cabeza para ver las caras de las presentes. Alice, Rose, Tanya y Megan. Picardía, aburrimiento, odio y lujuria. Vaya, vaya. Bonita estampa. Y muy reveladora.
- ¿Tiene usted plan para esta tarde, Sra. Cullen? – dijo Edward seductoramente sin soltarme de su agarre. La reacción de las gemelas ante semejante titulo se tradujo en una sonora exclamación.
- Ehh… pues en realidad si – dije viendo por el brillo de sus ojos que se lo estaba pasando pipa con la situación – Rose va a… hacerme pruebas de peinado para la… boda.
- Hmmm. Lastima – dijo con sonrisa maliciosa – tendré que esperar a esta noche entonces. Tengo algo para ti, pero es una sorpresa.
- ¿Una sorpresa? – le miré asombrada.
- Si – dijo mirándome la boca con los ojos entrecerrados – y creo que te va a encantar.
- ¿Y no puedes dármela… ahora? – intenté no sonar ansiosa, pero su sonrisa prometía tanto que no me creía capaz de esperar.
- No, creo que tendrás que esperar a esta noche – dicho lo cual volvió a besarme causando el mismo efecto que con su anterior beso.
Después de que consiguiera recuperar el control de mis sentidos, me dejó allí, despidiéndose de las demás con un elegante "Señoras…" y caminando tan cadenciosamente como lo había hecho un momento antes. Estuve tentada de salir detrás de él y no parar de besarle hasta dejarse seco, pero debía guardar las formas. Teníamos invitados.
