Buenos dias de jueves...!
Perdón por el retraso en la publicación, pero estaba de médicos y me ha sido imposible colgarlo antes.
Yoya... en total son 58 capitulos, asi que aun os quedan unos cuantos capis por leer ;D es que se os está haciendo largo? :(
Bueno, capi de revelaciones... espero que os guste ;)
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08 ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 43
No le dejaron volver a participar en el montaje, pero se entretuvo haciendo compañía a sus hermanos. Ya por la tarde y mientras el resto de la familia seguía con sus tareas dentro o fuera de la casa, ella lo había seguido hasta el cobertizo donde Edward fue a guardar varias herramientas después de terminar de montar la pérgola. Solo se percató de su presencia cuando ella cerró la puerta a su espalda.
Edward sabía lo que había provocado este encuentro. El beso que dejó en los labios de Bella. Pudo haberlo evitado pero no quiso hacerlo, se sintió muy bien dejando claro quién era la dueña de sus besos y quien iba a convertirse en su mujer. Pero sobre todo se sintió bien restregándoles por la cara que él había pasado página y que había rehecho su vida, cosa que ellas aun no habían conseguido.
Ahora le tocaba acarrear con las consecuencias de su marcaje de territorio. Y sabía que no iba a ser nada agradable. Su acto había despertado al animal que la mujer llevaba dentro.
- No has acudido a mi llamada, querido.
- Hace mucho que decidí no meterme más en ese estercolero que tienes por mente, se me revuelve el estómago.
- Pues deberías hacerlo – dijo maliciosamente – eso te recordaría el porqué tienes que tenerme contenta… si me cabreas puedo contarle a tu mujercita que tú una vez…
- Cállate maldita zorra – Edward escupió las palabras.
- La has besado para provocarme – dijo la excitada mujer que no apartaba los ojos del furioso rostro de Edward – confiesa.
- He besado a mi mujer porque me ha dado la gana.
- No deberías haberlo hecho - dijo acercándose a él sibilinamente - ahora quiero cobrarme un anticipo.
- Un anticipo de nada… es nada.
- ¿Quieres verme cabreada, Eddy?
No esperó su respuesta. Con una velocidad propia de los de su raza se abalanzó sobre Edward, que lejos de estar desprevenido reaccionó rápidamente y esquivó el ataque de la mujer. Pero no se dio por vencida, con un inesperado giro consiguió situarse detrás de Edward y agarrándole por el cuello consiguió pasar su lengua por parte de la piel de su cuello.
Al notar la húmeda lamida, Edward alzó una mano para agarrarla de la escasa melena morena, tiró de ella hacia delante para quitársela de detrás y la desplazó tirándola aun del pelo hacia la pared empotrándola con un fuerte golpe. Pasó de agarrarla del pelo a sujetarle la cabeza contra la pared, mirándola con repulsión mientras con la otra mano se limpiaba asqueado los restos de saliva de su cuello.
- Vuelve a tocarme con alguna parte de tu sucio cuerpo y te la arranco de cuajo – dijo Edward dándole un último apretón a su cabeza y soltándola para alejarse de ella.
- Vaya – dijo ella jadeando mientras acomodaba la postura contra la pared y se apartaba el descolocado pelo de la cara – me encanta cuando te vuelves agresivo.
- No me hagas perder la paciencia – dijo mirándola con todo el odio que almacenaba – lárgate de aquí antes de que deje salir la verdadera agresividad.
- Solo quiero un besito como el que le has dado a tu perra – dijo ella volviendo a la carga y pasando sus manos por el pecho de Edward – pero conmigo no cierres los ojos, me gusta que me mires.
Se abalanzó sobre su boca buscando el ansiado beso, pero Edward volvió a rechazarla apartándose de la trayectoria de su boca y empujándola contra un viejo sillón que ocupaba parte del espacio del reducido cobertizo. Cayó sentada de mala manera y mientras recuperaba el aliento se comió a Edward con los ojos, viéndole alto y poderoso de pié ante ella. La mirada de Edward era mortífera y ella supo solo viendo sus ojos que si volvía a intentar tocarle el no iba a contener su furia como estaba haciendo hasta ahora. Eso la excitó mucho más que si Edward hubiera consentido tocarla.
Decidió tomar otro camino.
Jadeando de deseo por la imagen del hombre que tenía delante, levantó lentamente la parte delantera de su vestido dejando al descubierto un cuerpo que no cubría ningún tipo de ropa interior. Edward se giró asqueado para no tener que mirar las vergüenzas de la mujer y apretó con fuerza los puños. Decidido a salir de allí, se encaminó hacia la puerta.
- No te muevas Edward – dijo ella siseando las palabras con veneno – si te mueves de aquí te juro que antes de que llegues a la casa tu mujercita se enterará de todo.
Edward se quedó paralizado.
- Mírame – dijo ella mientras apoyaba cada una de sus piernas en los brazos del sillón - ¡MIRAME!
Edward se giró para enfrentarla.
- Si apartas los ojos de mi un solo segundo tu perra va a recibir muy malas noticias – dijo mientras deslizaba sus dedos hacia el interior de su sexo - Y ahora estate quietecito mientras hago yo lo que tendrías que estar haciendo tú.
Dos largos minutos después ella se corrió pronunciando su nombre entre gemidos y mirándole a los ojos. El mantuvo la mirada en los trozos de negro carbón que eran sus ojos no queriendo mirar más allá. Vomitaría si miraba más allá. Cuando ella por fin terminó y bajó las piernas de los laterales del sillón no tardó en mostrar su traviesa sonrisa acompañada de un gran suspiro. Los ojos de Edward eran dos brasas al rojo vivo, el odio hacia esa mujer luchaba por salir a borbotones y acabar con sus males de raíz, pero en una increíble demostración de auto control no movió ni un solo musculo de su cuerpo.
- Oh, Eddy – dijo bajándose la falda y poniéndose de pié – no me mires así, esto es lo que te pasa por ponerme los dientes largos.
- Veo que sigues superándote a ti misma – dijo mirándola con asco – debes estar muy necesitada para hacer algo así ¿es duro no tener un compañero que te satisfaga como debería?
- Tener tanto odio dentro no puede ser bueno, cielo – los ojos de la mujer mostraron un instante de dolor por la puya, pero rápidamente lo ocultó tras el velo de la ironía - Y encima que te ofrezco liberar tus tensiones me lo agradeces así… mira que eres desconsiderado.
- ¿Te has quedado a gusto? – dijo Edward sabiendo que había tocado el punto débil de su contrincante – esto para ti debe ser mucho mejor que frotarte contra un árbol ¿verdad? Es lo que hacen las perras que no tienen quien las monte…
- No hables de lo que no sabes – dijo ella con la rabia en los ojos – no sabes nada de mi vida…
- No me hace falta, ya viendo con lo poco que te conformas entiendo porqué ningún hombre ha querido permanecer a tu lado. Ni la más vil de las rameras podría caer más bajo que tú.
- ¿Tengo que recordarte quién de nosotros dos ha hecho las cosas más viles, Edward? – dijo ella a la defensiva - ¿Quieres que te recuerde quien provocó que…
- ¡Cierra tu boca de una jodida vez! – gritó Edward evitando que terminara la tormentosa frase.
- Tranquilo cielito – dijo ella envalentonada por saberse empatada con él, en ese momento al menos – por hoy he terminado contigo, pero solo por hoy…
- Sal de aquí antes de que decida que me importa todo una mierda y te arranque la cabeza.
- Hazlo – le desafió – hazlo y demuestra lo poco que te importa tu zorra. Demuestra tu egoísmo como siempre has hecho…
- ¡Que te largues te digo! – gritó Edward amenazándola con el puño y enseñándole los dientes agresivamente.
- Después de ti – dijo ella indiferente mirándole con una sonrisa en los labios.
Edward sintió que estaba al borde de su aguante con esa mujer. Apretó los dientes haciendo que su mandíbula crujiera por la fuerza y cerró los ojos buscando un ápice de resistencia a sus impulsos. Se volteó y abrió la puerta del pequeño cobertizo saliendo al exterior intentando aun controlar su furia. Oyó la puerta del cobertizo cerrarse cuando ella estuvo fuera y seguirle con paso rápido. Aumentó la zancada intentando dejarla atrás, pero podía oír perfectamente el susurro que sus faldas hacían apenas a un metro de distancia.
- ¿Tienes prisa? – preguntó ella divertida mientras daba saltitos a unos pasos de el – podríamos dar un paseíto por el jardín… y recordar viejos tiempos…
- Vete a dar paseítos al infierno – dijo frenándose en secó a mitad de camino de la casa y girándose para mirarla a los ojos – ¿porqué no dejas de seguirme y te vas a buscar algo contra lo que frotarte?
- Vamos Eddy – dijo ella inocentemente mientras levantaba una mano e intentaba acariciarle la mejilla pero sin conseguirlo – antes siempre lo hacíamos…
- Por mi puedes morirte si no tienes nada mejor que hacer – dijo él apartando bruscamente su mano y mirándola con desprecio – Yo si tengo una vida y una mujer a la que satisfacer.
La rabia no tardó en aparecer en los ojos de la mujer, que se quedó parada por lo inesperado del comentario, lo que provocó una sonrisa de triunfo en el rostro de Edward. Caminó dándole la espalda y satisfecho por haber conseguido con sus palabras que ella cerrara su repugnante boca.
... . ...
Rosalie se mantuvo en silencio mientras peinaba y modelaba los diferentes mechones de mi pelo. La anterior experiencia con Alice comparada con la suavidad de los movimientos de su hermana me hizo convencerme de que había hecho bien pidiéndole a Rose que me peinara. Y mi cabeza también estaba de acuerdo conmigo.
Alice nos miraba con una mezcla de envidia y frustración por no poder participar en la elaboración de mi peinado, y a pesar de que intentaba aparentar que no la afectaba se podía notar su nerviosismo por lo mucho que la costaba estar quieta en un sitio. Iba y venía de un lado del gran cuarto de baño al otro mirando distraídamente varios productos de belleza, abriendo y cerrando cajones y acercándose de vez en cuando a mirar como evolucionaban los avances de Rosalie en mi pelo.
- Alice ¿puedes no meter la cabeza por medio, por favor? – pidió Rose la tercera vez que su hermana se acercó demasiado para mirar el complicado intrincado de los mechones.
- Tengo que ver lo que haces, Rose. El vestido debe ir con un tipo especifico de peinado para que luzca bien – dijo sorprendiéndose porque su hermana no tuviera su opinión en cuenta – solo superviso…
- Y no te gusta como está quedando… - dijo Rose mirándola suspicazmente.
- ¡Oh! no, no, Rose – dijo Alice medio avergonzada – te está quedando genial, es perfecto… has sabido realzar perfectamente los rasgos de Bella con ese estilo.
- Entonces déjame un poco de espacio – dijo Rose soltando un suspiro – ya casi he terminado.
- Claro, claro. Termina.
Alice hizo lo que su hermana le pedía y se desplazó ágilmente hacia la ventana dejándola terminar su tarea. La expresión de frustración volvió a tomar su rostro y no pude evitar sonreírme y darla como un caso perdido. El entusiasmo que Alice ponía en todo era abrumador y nunca podría agradecerle lo suficiente todo el trabajo del que se había responsabilizado al hacerse cargo de la boda. Y a pesar de todo seguía queriendo participar en cada detalle, ¿no era para adorarla? Desplazó la cortina para mirar al exterior.
- Oh… - dijo cambiando repentinamente la expresión de su cara.
- Ya he terminado – dijo Rosalie sin darse cuenta de la cara de sorpresa de Alice – creo que ha quedado perfecto.
- Que pasa ahora… - dije levantándome de la silla y acercándome a ver que tenía tan sorprendida a Alice.
Me asomé a la ventana y me quedé petrificada por la imagen. Edward y una de las gemelas hablaban frente a frente en el jardín. En un instante ella levantó su mano para acariciar la cara de Edward y a pesar de estar estupefacta por lo que veían mis ojos apreté los puños cuando noté que la furia hacia acto de presencia. Maldita. Maldita sea una y mil veces.
Rose llegó a nuestro lado en el preciso momento en que Edward apartaba bruscamente la mano de la mujer, lo que me produjo un repentino alivio a pesar de que la furia no desaparecía. Edward se volvió dando la espalda a la mujer y se encaminó con paso decidido hacia la casa, dejándola allí.
- Es Tanya – sentenció Rose bajando la cabeza y alejándose de la ventana.
Por supuesto que era la zorrona de Tanya… quien si no. Alice y yo nos giramos para mirarla mientras ella guardaba en silencio los cepillos dándonos la espalda. Dejé caer la cortina pues ya no había nada que ver fuera y me acerqué al espejo cerca del que ella recogía los trastos. Respiré hondo un segundo, mirándola. Después me obligué a apartar la mirada de la espalda de la rubia mujer para clavarla en mi imagen reflejada en el espejo.
- Ha quedado perfecto, Rose – dije apreciando el magnífico trabajo que había realizado con mi desastroso pelo – me encanta, muchas gracias por ayudarme… ¿Qué opinas tú, Alice?
- ¿Eh? Ah… - mi pregunta hizo que la mente de Alice volviera a centrarse en lo que ocurría en el cuarto y no en lo que había ocurrido fuera – Oh… si, definitivamente lo has conseguido, Rose. Es una verdadera maravilla, a Esme le va a encantar.
Rosalie no abría la boca ni daba síntomas de habernos siquiera escuchado. Seguía centrada en guardar meticulosamente todos los materiales en los diferentes cajones y armarios. Alice y yo nos miramos y con un leve gesto de cabeza la insté a dejarnos solas, a lo que ella se negó imperceptiblemente.
- Alice ¿Por qué no vas a buscar a Esme y a Alma? – la miré insistentemente - Seguro que quieren ver como ha quedado…
- ¿Por qué no vienes conmigo? – dijo mientras seguía negándose a dejarme sola con Rose – a los chicos también les gustaría verlo…
- Los chicos no tienen que verlo hasta el día de la boda – volví a taladrar con los ojos a Alice – ves tú y tráelas aquí – dije de nuevo señalándole la puerta con la cabeza – por favor.
Rose seguía ajena a nuestra pantomima pero se la notaba demasiado que empleaba más tiempo del necesario en terminar de recogerlo todo. Al final Alice cedió de mala gana y salió del baño cuidándose de dejar la puerta bien abierta.
- Si le hubieras dicho directamente que te dejara a solas conmigo te habrías ahorrado el esfuerzo de buscar una excusa – dijo mientras mantenía la cabeza gacha dándome aun la espalda.
- Hay sutilezas que aún no domino bien – dije intentando parecer despreocupada – Rose, mírame por favor – se giró para encararme, manteniéndose inexpresiva – Gracias por tu ayuda, en serio. Has hecho un trabajo magnifico.
- ¿Quieres hacerme sentir culpable? – una amarga sonrisa asomó en su hermosa cara – Si es así perfecto, porque lo estás consiguiendo.
- No pretendo hacerte sentir nada, Rose – dije sinceramente – solo te agradezco el esfuerzo que haces a pesar de saber que no me soportas.
- ¿No te cansas de ser siempre Doña Perfecta? – dijo dejando visible su frustración - Bella nunca se equivoca, Bella no es rencorosa, Bella nunca se enfada, Bella nunca pierde los nervios, Bella siempre hace lo correcto…
- No soy perfecta Rose, creo que soy la mas desastrosa, torpe e inestable de todas las criaturas que hay sobre la faz de la tierra… créeme.
- ¿¡Entonces por qué no me gritas! – bufó presa de la desesperación - ¿¡Porque no te enfadas y me insultas! ¿¡Por qué demonios no me odias tanto como… yo a ti!
- Rosalie… - dije mirándola muy sorprendida por su reacción – yo no te odio… no puedo hacerlo.
- Estaba preparada para eso – dijo resignada y elevando los ojos al cielo – estaba preparada para que me gritaras, para que me insultaras. Estaba preparada para enfrentarme a tu odio y a tu rabia… a todo lo que tendrías que haberme hecho pagar por lo que hice…
- Rose… - mis ojos se abrieron como platos al ver como se abría ante mí, dejándome ver sus verdaderos sentimientos por primera vez.
- Pero no estaba preparada para esto, Bella – dijo mirándome con verdadero dolor en los ojos – no alcanzo a comprender tu comportamiento, lo poco que te resistes, lo sencillas que haces las cosas, la calma con la que afrontas lo que te cae encima… no puedo comprenderlo.
- Rose, no te voy a soltar ningún rollo filosófico ni trascendental sobre la vida – dije dando un paso en su dirección pero frenándome al ver que ella se tensaba – no es mi estilo. Pero te diré que los palos que he recibido a lo largo de mi existencia han sido muchos y he descubierto que no sirve de nada revelarse contra ellos.
- Pero desahoga – dijo mirándome culpablemente – y no sabes cuánto…
- ¿Y te compensa, Rose? Si me dices que el desahogo te ha compensado los 30 años que llevas resentida con tu hermano, no diré ni una palabra más. Si me dices que te ha compensado con creces, el trago por el que me estás haciendo pasar a mí y al resto de tu familia, por saborear la satisfacción de la venganza… es que verdaderamente me he confundido contigo y no tengo nada que hacer aquí.
- No lo sé Bella… - dijo volviendo a escudarse tras su duro caparazón - no quiero tener esta conversación ahora. Te peinaré porque me lo has pedido y me apetece hacerlo, al menos te debo eso… pero no me pidas más por ahora.
- No te estoy pidiendo nada, Rose. Ódiame todo lo que quieras, no me importa. Pero no quiero que Edward sufra más… y tus actos le están haciendo un daño que no puedes ni hacerte una ligera idea. Y no me digas que él se lo buscó porque esa es una razón muy pobre cuando no sabes sus motivos. Ya lo ha pagado durante 30 años no pudiendo abrazarte cuando lo ha necesitado, o cuando lo has necesitado tú, así que zanja esa cuenta de una jodida vez.
Su mirada era puro hielo, pero me obligué a mantenérsela. Nos estudiamos un instante cara a cara. Al fin cedió y apartó la mirada mientras se agarraba las manos nerviosamente. Podía ver como se debatía consigo misma en una lucha interna que, conociéndola, hacía que los pelos se me pusieran de punta. ¿Seguiría mi consejo o maquinaba su próxima venganza? Imposible saberlo.
- Dime algo, Rose – no esperaba gran cosa pero tenía que intentarlo.
- No quiero continuar con esta conversación.
- ¿Se puede? – preguntó Esme mirándonos desde la puerta, la seguían Alice y Alma – no queremos interrumpir…
- Claro, pasad – dije sonriendo a la adorable mujer e intentando relajar un poco la tensión – llegas justo a tiempo Esme… ¿Qué te parece? – di una vuelta para que pudiera ver el peinado - ¿Te gusta?
- ¡Me encanta! – dijo llevándose las manos a la cara – Te hace más bonita de lo que ya eres, si es que eso es posible… Rosalie, es espectacular – se acercó a su hija y la abrazó calurosamente - ¡Has hecho un trabajo magnifico!
- Gracias – dijo Rose devolviéndole el abrazo a su madre – pero no tiene ningún mérito.
- ¡Claro que lo tiene! – dijo Alice sonriendo a su hermana – ahora que realmente sé lo que cuesta hacer algo así no subestimaré mas tus habilidades.
- ¿Alma? – me dirigí a la mujer para recibir también su opinión – ¿te has quedado muda o qué? Di algo…
- Simplemente precioso – dijo la mujer regalándome una maternal sonrisa – estás preciosa Bella.
- ¡Es fabuloso! – Nos quedamos mirando a Carmen, que para nuestra sorpresa había aparecido repentinamente en el quicio de la puerta – Rose siempre ha tenido mucha maña para estas cosas, aun me acuerdo del peinado que le hizo a Tanya para su… gran día.
Nos quedamos mudas por el comentario. Una más a la que apuntar en mi lista de "lenguas viperinas". Genial. Esme no dejó que el incomodo silencio durara más de la cuenta y se convirtiera en una situación violenta para mí.
- Discúlpame Carmen por no haberte avisado – dijo Esme mirándola con diplomacia – No quería que ver el peinado de Bella, para su boda con Edward, te trajera viejos recuerdos a la memoria.
- Oh… claro – dijo Carmen encajando la doble lectura del comentario – que despistada soy, mira que ponerme a hablar del pasado delante de la futura esposa – una perspicaz sonrisa apareció en sus labios – discúlpame Bella, no era mi intención…
- No pasa nada Carmen, no te preocupes por mi – dije devolviéndole la sonrisa y siguiendo por el camino que me había abierto Esme – sé que todo esto puede resultaros a vosotras más doloroso que a mí – intenté evitarlo pero el comentario me salió solo – pobre Tanya, tiene que estar pasándolo muy mal con todo esto…
- Oh, no te creas – dijo aparentando no darle importancia – es más fuerte de lo que aparenta ser…
- No me cabe la menor duda – dije con sutil ironía. Sonreí cambiando de tema – Bueno… es una pena tener que deshacerlo Rose, a todas nos ha gustado mucho tu trabajo, pero Edward está en casa y no quiero que lo vea ¿Te importa si me lo quito ya?
- No me importa Bella – dijo serenamente acercándose a mi – déjame que te ayude con las horquillas…
Volví a sentarme delante del espejo y dejé que Rose deshiciera el recogido mientras Alma, Esme y Carmen salían de la habitación comentando los detalles del peinado. Alice se sentó en el borde de la bañera y nos observó con atención, en silencio.
Cuando hubo terminado y mi cabeza se vio libre por fin de sus ataduras, las tres salimos del baño y Rose tomó una dirección diferente a la nuestra sin cruzar la más mínima palabra. Todas teníamos cosas en las que pensar y no era necesario añadir nada más a lo que ya se había dicho. Iba a encaminarme hacia mi dormitorio pero Alice me retuvo agarrándome el brazo y se mantuvo en silencio esperando a que Rose estuviera fuera del alcance de nuestras palabras.
- Bella, estate tranquila – dijo mirándome e intentando infundirme ánimos – Entre Edward y Tanya no ha ocurrido nada – su sonrisa no tardó en aparecer.
- No soporto ni oír sus nombres juntos en la misma frase, Alice – dije sintiéndome culpable por el alivio que las palabras de Alice me produjeron – ni siquiera tendría por qué dudar de Edward pero cuando los he visto… - cerré los ojos intentando apartar mis pensamientos.
- Estaré pendiente – dijo muy segura de sí misma – te lo prometo.
- Alice, no – dije sin ocultar mi malestar por el ofrecimiento que me hacía – no quiero que por mi tengas que espiar a Edward, tengo que confiar en él – rehíce la última frase - Confío en él.
- Lo sé cielo – dijo mirándome comprensiva – y conozco a mi hermano demasiado bien como para saber que jamás sería capaz de hacer algo que pudiera dañarte.
- Son estos celos estúpidos que me vuelven loca…
- Aun así no voy a dejar en manos de dios las oportunidades que puedan ofrecerle las gemelas.
- Dios Alice – dije mirándola completamente aterrorizada – dime que Tanya no está intentando… ¿es que has visto algo?
- Tranquila Bella, ya te he dicho que no ha ocurrido nada – agarró mis manos y las apretó con fuerza - Ni va a ocurrir.
Vale. He de reconocer que ese comentario sí que me tranquilizó bastante, pero el resquicio que quedaba abierto en las visiones de Alice, dependiendo de un solo y simple cambio de opinión por parte de Edward, no me permitía tenerlas todas conmigo.
