Buenos dias de viernes...!
Siento el retraso en la actu, pero es que el tiempo ultimamente me escasea :)
Gracias por vuestras muestras de apoyo tanto a mi convalecencia como al fic, es de agradecer tener lectoras tan detallistas, muchas gracias.
Ahora que me quedo mas tranquila sabiendo que no se os está haciendo pesada la historia, os comento que este es de los pocos capis que quedan de relativa tranquilidad... asi que ir preparando el arsenal que en nada entramos en zona de curvas ... jejejejeeje
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08 ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 44
Edward exhaló, despacio y con alivio, el aire por su nariz. Me abrazó tan fuerte cuando por fin estuvimos a solas que me dio la impresión de que me había echado de menos como si hubiéramos estado separados demasiado tiempo, aunque apenas habían sido unas cuantas horas. Cuando hundió la cara en mi pelo y le oí inspirar con fuerza sentí una gratificante paz. Te necesita. Me estaba necesitando en ese momento.
-Edward, mi vida ¿Te ocurre algo?
Con el sonido de mi voz, él se estremeció con un leve latigazo de energía. Se apartó un instante para mirarme. Implacablemente la intensidad de su mirada hizo que un inquietante aleteo se moviera en mi pecho.
Acarició mi cara y me miró. Adorándome con los ojos tan intensamente que me aterrorizó la envergadura de sus sentimientos hacia mí. Esa mirada decía que me amaba, que me necesitaba, que dependía de mí… pero también era el reflejo de algo más. Algo doloroso, algo oscuro… en la tranquilidad de nuestro dormitorio por primera vez tuve miedo de su significado.
-Tengo que estar contigo, Bella – su voz era apenas un susurro - Ahora mismo – no sonó a exigencia, si no a súplica - Tengo que estar en tu interior.
-Mi vida… - le abarqué con mis brazos, pasando mis manos por su nuca y atraje su boca a la mía.
Él estiró su cuerpo junto al mío sobre la cama, quedando ambos de costado. Solo llevaba puesta una camiseta suya lo suficientemente grande para que pareciera más un camisón viéndola en mi cuerpo. Él deslizó sus manos por debajo, extendiéndolas desde mis caderas hasta más allá de mi espalda.
-Te necesito – dijo él apretándome contra su pecho con tanta fuerza que temí que me rompiera algún hueso – Necesito que me ames – se alejó el segundo que le bastó para deshacerse de mi camiseta.
Le daría lo que necesitaba. En cuanto me hube deshecho de su ropa, le mantuve tumbado boca arriba, presionando levemente su pecho con el mío. Su sexo salía llamativamente de su cuerpo, erecto, orgulloso, exigente. Sus ojos eran puro fuego, su boca anhelaba a gritos saborear la mía, pero antes de que pudiera siquiera acercarse a mis labios mis manos encontraron su longitud y él se estremeció por el contacto. Se dejó hacer durante solo un momento.
-Mi diosa… -Susurró él abandonándose a mis caricias.
Me incliné sobre su cuerpo lentamente dejando un primer beso en la punta de su perfecta nariz. Un segundo beso en la fina línea de su mandíbula. Un tercero en su blanco cuello. Un cuarto en su duro pecho. Un quinto en su apretado estómago. Un sexto en su sofocante vientre… y sin apartar mis ojos de los suyos, usé la cabeza de su sexo para separar mis labios y le abarqué con la boca.
Él gimió, sus caderas se dispararon hacia arriba y el movimiento llevó su erección más profundamente en mi garganta. Cuando succioné, sus puños estrujaban las almohadas, los músculos de sus brazos se tensaron y sus pectorales y abdominales se pusieron rígidos.
-Bella… - La presión y el calor de mi boca se reflejaban en la expresión de su cara. Sus emociones quedaron expuestas siendo más que evidente lo mucho que estaba disfrutando de la íntima caricia - Oh… Dios.
Mientras le daba placer pude sentir como si su piel estuviera ardiendo, como si su sangre estuviera hirviendo y su médula ósea se hubiera convertido en un rayo. Yo sentía lo mismo, me estaba matando de la mejor de las formas; su cabeza estaba echada hacia atrás sobre la almohada, sus muslos rígidos y el pecho bombeando aire. Le estaba llevando al cielo y haciéndole pasar por el Infierno en igual medida.
- Oh, mi vida, mi vida... si... eres... oh, si...
No iba a aguantar mucho más. Levantar la cabeza le costó todas sus fuerzas y cuando miró a lo largo de su cuerpo, definitivamente sufrió un espasmo. Maldije su autocontrol. Miró como yo tenía la boca ampliamente estirada sobre su dureza, como mis pechos colgaban sobre sus piernas mientras mis pezones le rozaban los muslos.
- Oh, joder - Se abalanzó y tiró de mi para apartarme de su erección, hundiéndome los dedos en la parte superior de los brazos mientras luchaba por no dejarme terminar – espera, espera, espera…
Apreté con más fuerza los labios pero se liberó de ellos tirando de mí, separándome de sus caderas repentinamente. Cambió de posición para darse tiempo a recuperar el control de si mismo, no queriendo liberarse aún. Me elevó hasta su boca para besarme con fuerza y hacerme rodar para ponerme sobre la espalda. Lejos de poder detenerse, enlazó su brazo debajo de una de mis rodillas abriéndome las piernas. Estaba gruñendo, impetuoso y… voraz.
- No había terminado… - dije hundiéndole las uñas en las nalgas mientras me derretía debajo de él.
- Ven aquí – dijo él, rugiendo roncamente las palabras, estirándose sobre mi estómago y mi pecho - Quiero estar en tú interior cuando termine.
A pesar de tener los sentidos completamente embotados por el deseo que me consumía oí que brotaba de su boca un ruido increíblemente profundo desde su garganta, un jadeo sin aliento que hizo que no pudiera evitar mirar su cara. Sus ojos cerrados, los dientes apretados. Impulsándose sobre sus brazos me liberó de su peso.
En una serie de rápidos movimientos me giró dejándome boca abajo, tiró de mi cintura elevando mis caderas y apartando levemente mis nalgas entró despacio dentro de mí, deslizándose profundamente. El fuego rugió a través de mí cuando grité por lo inesperado de su invasión. Mientras pegaba su pecho a mi espalda y comenzaba su balanceo, me giró la barbilla para poder besarme.
Su aliento era caliente y desesperado en mi boca, nuestras agitadas respiraciones se mezclaban apasionadas. El dio un par de empujes más profundos que arrancaron de mi garganta un grito de dolor. Empezó a acelerar el ritmo de sus embestidas hasta que no pudo más mantener el contacto con mis labios. Mientras su cuerpo golpeaba el mío noté sus dedos clavarse en mis caderas.
Sus labios estaban separados, sus ojos cerrados. Yo no quería que esto terminara pero inevitablemente el orgasmo llegó. Y me dejé llevar por las olas que me alcanzaron igual que a Edward. La explosión de placer nos golpeó con tal intensidad que elevó nuestros gritos al cielo.
-Necesito más, mi amor – dijo Edward con voz ronca – Te necesito más...
Salió de mí y rápidamente me giró. Cuando aterricé sobre mi espalda jadeando, sentí mis piernas abiertas hacia los lados como si no tuvieran fuerza para sostenerme. Estaba exhausta pero sus ojos reclamaban más. Alcé mis brazos recibiéndole, invitándole a continuar.
- Soy tuya ni vida – dije atrayendo sus labios a los míos – estoy aquí para ti…
Antes de que consiguiera siquiera esbozar su picara sonrisa se lanzó sobre mi y se hundió de nuevo entre mis piernas, muy profundamente. Mis uñas marcaron su espalda.
Comenzó de nuevo sus brutales embestidas mirándome a los ojos. Estaba desbocado, entró y salió muchas veces. El orgasmo le llegó otra vez, el éxtasis parecía no tener ningún fin y no había nada que lo parara.
Me agarré fuerte a sus brazos mientras él se estremecía una vez más, tomando mi cuerpo. Sus gemidos salían en ráfagas que hacían que se me nublara la mente. Gimió profundamente sobre mi pecho y sentí como se tensaba y se liberaba otra vez dentro de mí, sin nada que lo contuviese. Empezó a convulsionar en una especie de orgasmo múltiple. Con mi concentración aun disminuida por la pasión, intentaba encontrar la razón del desmedido deseo que consumía a Edward, una necesidad que pude sentir con cada pequeña reacción de su cuerpo así como con cada duro empuje.
Sabía exactamente cuando a él le llegaba la liberación, podía sentir como temblaban su vientre y sus muslos. Ahora estaba pasando, su pecho y sus hombros se tensaron con furia cuando sus caderas se liberaban otra vez. Él levantó la cabeza esta vez pegando su frente a la mía, seguía con los ojos cerrados, en una mezcla de doloroso placer. Su cuerpo contrayéndose, sus gemidos descontrolados y el dolor que empezaba a sentir en la parte baja de mi vientre, lejos de calmarme, me llevaron de nuevo a las puertas del paraíso. Le atraje mas cerca de mi boca acompasando sus jadeos a los míos.
Por fin Edward abrió los ojos. Estaban vidriosos.
-Oh, Bella – otro espasmo le llegó y él deseo que refulgía en sus ojos me derritió hasta la médula – te deseo tanto... - Soltó un sonido gutural, una mezcla de dolor y éxtasis.
Le sonreí y acaricié con las manos su lisa espalda, sintiendo cada grueso músculo sobre sus huesos mientras se introducía en mi otra vez. Estaba saturada entre las piernas y dolorida, pero deliciosamente caliente por todo el calor que emanaba de él. El maravilloso olor que desprendía su piel, a tierra mojada, era espeso en el aire.
Él se elevó y se levantó sobre sus brazos, haciendo el amago de retirarse al ver las pocas fuerzas que me quedaban.
- ¿A dónde vas? – pregunté colocando mis piernas alrededor de sus caderas.
- Estás... cansada – Su aliento era otra vez como un siseo.
- Estoy perfectamente bien.
- Oh, Bella….yo… - Él se arqueó encogiendo su pecho como si hubiera recibido un golpe – lo siento…
Bruscamente se dobló como si sus brazos ya no soportaran su peso. Dejó caer su cuerpo totalmente blando sobre mí. Su peso muerto era inmenso, pero no me moví ni un centímetro. Por suerte, rodó a un lado y me arrastró con él. Su respiración tronaba desde su pecho y esperé a que se relajara mientras le acariciaba la cara.
- ¿Te he hecho daño? – me preguntó mirándome muy serio.
- No – mentí. La entrepierna me ardía en dolorosos latidos, pero me gustaba ese dolor.
- Mientes fatal – me reí por su comentario pero él seguía muy serio - ¿Quieres que te deje para que puedas recuperarte?
- Estoy bien, Edward. No necesito recuperarme… necesito otra cosa.
- ¿Qué necesitas?
- Que hables conmigo.
- No puedo explicar por qué ha pasado esto. – Él frunció el ceño cuando tiró las sábanas cubriéndonos a ambos – te necesito tanto ...
- Independientemente de la razón, eres increíble – Presioné los labios sobre su mandíbula –Absolutamente increíble. Me ha encantado.
Nos mantuvimos juntos en silencio durante un ratito.
- ¿Vas a hacerlo?
- ¿El qué?
- Hablar conmigo.
- No tengo nada que decirte, Bella – el tono de su voz era frió – todo está bien.
- No sé a quien pretendes engañar diciendo eso, pero a mi no – dije mirándole son una sonrisa en los labios – mientes igual de mal que yo.
- Lo siento de verdad – dijo acariciando mis labios con sus dedos - ¿estas bien?
- Si.
- Soy una mala bestia, no sé como me soportas.
- Empiezo a pensar que soy masoquista – dije besándole con picardía – no sabes cuánto me pone que te descontroles de esa manera.
- ¿Te gusta verme perder el control?
- No sabes hasta que punto me excita lo salvaje que es el sexo contigo – dije pasando mi mano por su pecho haciéndola descender por su abdomen – ¿no te ocurre a ti lo mismo? – dibujé sus labios con la punta de mi lengua - ¿No te gusta verme desbocada?
- De hecho, me estoy poniendo duro ahora mismo, solo de pensarlo – dijo mientras yo comprobaba la veracidad de sus palabras.
- Bueno… pues ya que no quieres hablar conmigo… tendremos que hacer algo con… esto – apreté la mano en torno a su miembro - ¿no te parece?
- ¿Es que no has tenido bastante? – me preguntó mientras retiraba lentamente la sabana que cubría nuestros cuerpos – al final va resultar que sí que eres masoquista…
- De ti nunca tengo bastante…
Muchas preguntas me rondaban por la mente. Y el miedo por haberle visto tan cerca de Tanya me golpeaba una y otra vez. Pero entre sus brazos no podía mostrar el menor signo de preocupación. Estropear un momento así con suplicas para que me contara lo ocurrido no iban a valer para nada. Seguía hermético a decirme lo que le atormentaba pero tuve el convencimiento de que Tanya era la culpable, e iba a emplear todos mis esfuerzos en meterme en su cabeza y averiguar que demonios había desenterrado del pasado.
… . …
(Martes)
Ese dia, la casa estaba inusualmente tranquila. Nos encaminamos a la cocina que solía ser el centro neurálgico de todo lo que se cocía en casa de los Cullen. Rosalie y Alma compartían confidencias que quedaron silenciadas en cuanto entramos por la puerta.
- Buenas tardes tortolitos – dijo Alma con una sonrisa - ¿Qué tal habéis… descansado?
- Muy bien Alma – dijo Edward evitando mirar a su hermana - ¿sabes donde andan Jasper y Emmett?
- Están con Carslisle y Eleazar en su despacho – dijo mirando como él arrugaba el ceño – creo que están preparando una excursión para hoy.
- Perfecto, iré a reunirme con ellos – se giró para mirarme - ¿vienes o te quedas?
- Me quedo, cielo – dije dándole un dulce beso en los labios – Luego me lo cuentas.
- De acuerdo – dijo sonriéndome y devolviendo el beso – Luego te veo Alma – se despidió de la mujer ignorando por completo a Rose y salió decidido de la cocina.
- Claro Edward – le respondió la mujer – nosotros cuidamos de Bella. Ven cielo, siéntate con nosotras.
- No quiero interrumpiros – dije viendo que Rosalie se removía incomoda en la silla – iré a dar una vuelta.
- No interrumpes nada – dijo la mujer cogiéndome del brazo y haciendo que me sentara a su lado – Rose y yo comentábamos sobre el resto de invitados que están por llegar para la boda.
- Vale, dispara – dije suspirando e intentando sonreír a pesar de mi inminente nerviosismo por la cifra - ¿A cuántos asciende la nueva lista de Alice?
- Veamos… - Alma rebuscó entre los papeles que había encima de la mesa. Cuando encontró el papel sonrió – Alice y Jasper han invitado a Charlotte y Nick, la pareja de amigos con los que pasan largas temporadas cuando les da por ir a recorrer el mundo. Esme y Carslisle no han querido invitar a nadie y Emmett por su parte ha invitado a dos amigos de correrías, Carter y Jack. Son buenos chicos aunque son igual de trastos que Emmett, ya sabes… parecen tres adolescentes en plena explosión hormonal cuando se juntan, siempre andan retándose a ver quien la tiene mas grande…
- ¡Alma! – dijimos Rose y yo al unísono desconcertadas por el comentario de la menuda mujer - ¿pero que dices?
- Me refiero a las presas, malpensadas – dijo guiñándonos un ojo.
No pudimos evitar reír a carcajada limpia. Esta mujer era todo un caso, y no solo por ese humor del que en ocasiones hacia gala, sino por que consiguió relajar la tensión que se producía en el ambiente cada vez que Rose y yo coincidíamos en la misma habitación.
- Bueno – dije cuando la risa me permitió hacerlo normalmente – eso son solo cuatro personas… viendo el tamaño de la pérgola creí que habría muchas mas.
- En nuestra raza los amigos escasean – dijo Rose sin levantar la mirada del papel – y solo los Delani son vegetarianos como nosotros.
- ¿Los amigos de Jasper y Alice son… – no sabía como terminar la frase – …de alimentación completa?
- Si – dijo Rose mirándome por fin – pero tranquila, tanto ellos como los amigos de Emmett vendrán y se marcharán el mismo día de la boda.
- ¿Los amigos de Emmett también beben… sangre humana? – dije mirándola extrañada – creí que les gustaba medir sus presas…
- Cazan con Emmett por diversión, no por sed.
- Ahh – dije de pronto preocupada por la visita de vampiros sangrívoros en la casa – pero Alma estará en la boda ¿no correrá peligro?
- No, tranquila – dijo Alma quitándole importancia al asunto – a los dos pipiolos ya los conozco, no son ningún peligro para mí, te lo aseguro y los amigos de Alice y Jasper conocen nuestro modo de vida y lo respetan aunque no lo compartan.
- Ya Alma – dije mirándola sorprendida – pero no estamos hablando de convencerles para cambiar su dieta, podrían hacerte daño.
- No te preocupes por eso, Carslisle les ha pedido que vengan alimentados – dijo Rose esbozando una leve sonrisa – nosotros no pondríamos en una situación peligrosa a Alma. Además, tiene el mejor guardaespaldas del mundo.
- Eso es cierto – dijo mirando con dulzura a Rose – Edward sería capaz de arrasar el país entero si cualquiera de sus habitantes supusiera una amenaza para mi, o para algún otro miembro de la familia…
- Y no solo Edward – dijo Rose haciéndose la ofendida, sin conseguirlo, por la clara preferencia de Alma - tienes ocho vampiros dispuestos a cargarse al primero que ose ponerte un dedo encima.
- ¿Qué más puedo pedir? - dijo cogiendo entre sus manos una mía y otra de Rose – la familia es lo mas importante…
- Jajajajajajaa – Ninguna de las dos pudimos contener las carcajadas, ambas habíamos pensado lo mismo y Rose tuvo que explicar el motivo de nuestras risas al ver la cara de desconcierto de Alma – te acabas de parecer a Don Vito Corleone en "El Padrino" – carraspeó para cambiar la voz – "no hay nada mas importante para un hombre que su familia…"
- Muy bueno Rose, muy graciosa – dijo Alma sonriendo irónicamente y poniendo la expresión de "regañina va" – pero no tiene ni pizca de gracia ¿Quieres escuchar otra frasecita? - frunció el ceño mirándola con los ojos entornados – "Que parezca un accidente…"
- Vale, ¡me rindo! – dijo Rose poniendo cara de susto mientras se levantaba de la mesa entre carcajadas – será mejor que me marche antes de que se te ocurra descargar tu ira contra mi.
- Eso, huye cobarde – dijo levantando el tono cuando Rose cerró la puerta a su espalda aun riendo por lo bajo.
- Lo siento Alma – dije aguantando la risa con cara de culpable – no quería herir tus sentimientos.
- No los hieres, corazón – dijo riendo tranquilamente – me gusta darles caña de vez en cuando, ya sabes, para que no se me suban a las barbas.
Adoraba a esa pequeña mujer. Ella y Esme eran lo más parecido que yo tenía a una madre, y desde luego podía estar muy tranquila de que tanto yo como el resto de la familia seríamos capaces de matar o morir para salvaguardar su vida. Ahora que Rose se había marchado podía hablar con ella abiertamente.
- Ahora en serio Alma – dije mirándola con ternura – hemos interrumpido una conversación importante cuando Edward y yo hemos entrado ¿verdad?
- No te voy a engañar con respecto a eso, Bella. Si, habéis interrumpido.
- Lo siento, de verdad.
- No tienes porqué sentirlo. Creo que soy de las pocas personas a las que Rose deja entrar en su espacio y últimamente anda un poco necesitada de alguien que la escuche.
- Pero Emmett… - comencé a decir.
- Rose no puede hablar de esto con Emmett – dijo negando con la cabeza – tienen puntos de vista diferentes y él aun esta muy dolido porque ella le ocultara intencionadamente la invitación a los Delani. Lo está pasando mal.
- Joder – dije un poco harta de los rencores que almacenaban unos contra otros – no salimos de una cuando ya nos hemos metido en otra…
- Nunca se le deben ocultar cosas importantes a las parejas, tarde o temprano éstas terminan viendo la luz y se terminan sabiendo. Las consecuencias nunca son agradables…
- Alma… - dije sintiendo de pronto un nudo en la garganta. No quería meter por medio a la dulce mujer.
- Dime cielo – dijo clavando sus sabios ojos en los míos, que luchaban por ocultar la agonía que me consumía – Ah, mi niña ¿¡Qué te pasa! - parecía realmente alarmada.
- Alma, yo… - no lo hagas, Bella, ¿vas a hacerla elegir a quien le debe su lealtad? – nada, nada.
- ¿¡Como que nada! – dijo cogiéndome la cara entre las manos – Si no te conociera podrías engañarme mejor, cariño. Pero he visto esos ojos llorar demasiadas veces como para saber que algo está atormentándote.
- No es nada Alma, en serio – dije intentando tranquilizar a la mujer aunque la sonrisa no me llegaba a los ojos – es solo que… bueno, supongo que es la tensión por la boda y eso…
- Isabella Marie Swan – Vale, imposible esquivar la regañina de la mujer - ¿tu crees que yo me chupo el dedo? – me levantó la cara con un dedo – ya estás contándome lo que te pasa y no me hagas ponerme dura contigo ¿Qué ha hecho Edward esta vez?
- No ha hecho nada Alma – dije intentando parecer convincente – de verdad.
- ¿Y cual es el problema entonces? ¿Ha dicho algo que te haya molestado?
- El problema no es lo que dice – dije rindiéndome al escrutinio de su mirada - sino lo que NO dice. Está ocultándome algo… no sé que demonios es pero no hay manera de convencerle para que me lo cuente. Sé que está relacionado con las gemelas Delani pero por más que le digo que puede confiar en mí, no hay manera, se cierra en banda.
- Supongo que sabes lo de su… casi boda con Tanya.
- Si Alma. Él mismo me contó toda la historia.
- ¿Todo? – dijo con sorpresa - ¿te ha contado sus motivos?
- Si, todo. Por eso es que no entiendo a que viene ahora no querer contarme lo que le atormenta.
- Aquella época fue muy dura para él – sus ojos vagaron por los recuerdos - yo andaba por los 25 añitos y no estaba en casa por aquel entonces. Estaba fuera de la ciudad cuando me enteré de la boda y casi me caigo de culo por la impresión, créeme. Edward no tenía secretos para mí, si hubiera estado enamorado yo lo sabría, Bella, y te aseguro que Edward no lo estaba en absoluto. Él solo te ha querido a ti, cielo.
- No dudo de su amor por mi Alma, sé que me quiere. Pero ver de nuevo a las gemelas le ha traído recuerdos a la memoria, y no demasiado buenos por lo visto.
- Y crees que te lo está ocultando… para no herirte.
- Lo único que me ha dicho es que tiene miedo de perderme definitivamente si llego a saberlo. Y por más que le digo que eso nunca va a ocurrir no entra en razones.
- ¿Quieres que hable con él?
- ¡NO ALMA, POR DIOS! – dije mirándola completamente aterrorizada – ya me siento bastante mal habiéndotelo contado, no creo que a Edward le haga mucha gracia que lo vaya divulgando por ahí. Prométeme que no le dirás nada, Alma – dije suplicando – por favor.
- Tranquila no le diré nada – dijo arrugando el ceño – ¡pero no me parece bien lo que está haciendo! No señor ¡Siempre con secretismos! Una buena somanta de palos y le quitaba yo la tontería esa de ir como alma en pena.
- Relájate Alma – dije con los ojos como platos por la reacción de la mujer – a veces me das miedo…
- Tranquila cielo – dijo con sonrisa culpable – se me va la fuerza por la boca, no me hagas caso. Es que cuando veo que se va a dar de morros otra vez y no es capaz de ver la solución cuando la tiene delante de las narices… este hombre no cambiará nunca.
- Siento usarte de paño de lágrimas yo también – dije dándole un cálido abrazo – como si no tuvieras ya bastante con Rose. Gracias por escucharme, Alma.
- Oh, venga. Al final harás que se me salten las lágrimas – dijo la mujer sorbiéndose la nariz – eres la otra mitad de mi niño y siento por ti lo mismo que por él. Todo irá bien…
- Te quiero mucho Alma, no sabes cuanto – dije mirándola con una sonrisa en los labios – Haré lo que haga falta para arreglar esto con Edward, le sacaré a esas mujeres de la cabeza así tenga que arrancárselas con mis propias manos.
- Hablando de "El Padrino" – dijo devolviéndome la sonrisa y guiñándome un ojo - te voy a decir una frase que viene muy bien en este caso.
- ¡Dispara, Corleone! – dije carraspeando para cambiar la voz y mirándola a través de los ojos entornados. Ella me imitó en su papel.
- "Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos"
Mi querida Alma. Adoración era un sentimiento demasiado pequeño para describir lo que esta humana y pequeña mujer me inspiraba. Sus palabras hacían el mismo efecto en mi que las oleadas de tranquilidad que Jasper liberaba cuando era necesario, y me reconfortaban porque salían desde su corazón con un conocimiento de la vida que muy pocas personas poseían.
Después de pasar un rato más hablando con Alma sobre lo buena que nos parecía esa película, Carslisle entró en la cocina pidiéndome que le acompañara a la sala donde el resto de la familia, junto con los Delani, esperaban para plantear la cacería que se había preparado para esta tarde.
