Buenos dias de sabado...!
Nos vamos de caza? jajajajaja espero que os guste el capi aunque... bueno, ya lo leereis :S
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 45
Las conversaciones que estaban teniendo lugar en el gran salón cesaron en cuanto Carlisle entro seguido de cerca por mí. Fui a ponerme al lado de Edward mientras las miradas de las dos gemelas se clavaban en mí como puñales. Levanté la barbilla y las sonreí, no pudiendo evitar satisfacerme por las expresiones de fastidio de sus caras.
- Nos vamos de caza – dijo Carlisle captando con sus palabras la atención de todos los presentes – como somos muchos vamos a repartirnos en dos grupos, cada uno de los cuales se desplazará a las zonas que se han elegido para tal efecto.
Los efusivos comentarios no se hicieron esperar y un murmullo de conversaciones impacientes recorrió la estancia. Carlisle esperó pacientemente a que todos se calmaran para continuar informando de los planes trazados de antemano.
- Veamos, Carmen y Eleazar irán con Alice, Jasper, Esme y Bella a la zona de caza que ahora os indicaré, y yo iré con Edward, Rose, Emmet y las gemelas.
¿Cómo? Creí haber entendido mal y miré a Edward para saber si él había escuchado lo mismo que yo. ¿Íbamos en grupos diferentes? Mantenía una expresión inescrutable y la mirada clavada, completamente inexpresiva, en Carlisle. Cuando apreté su mano para que me mirara no lo hizo, se limitó a apretar mi mano igual de fuerte. No preguntes, espera. Intenté recomponer mi impresionada cara antes de fijarme en las gemelas. Ambas sonreían.
- Espera, espera, espera… - dijo Emmet de pronto muy contrariado - ¿Quién ha organizado los grupos? Yo quiero ir con Bella – Rose se mantuvo callada y con la mirada en el suelo - te cambio el sitio Jasper.
- De eso nada – dijo Jasper riéndose de su hermano – es mi turno grandullón, tu ya has cazado con ella.
- Alice… - dijo Emmet mirando suplicante a su pequeña hermana – te regalo lo que quieras si me cambias el grupo.
- Lo siento Emmet, sabes que donde vaya Jasper voy yo.
- ¡Oh, venga hombre! – Emmet bufaba de indignación - ¿es que no podéis separaros ni un segundo? Edward y Bella van por separado… y Carlisle y Esme también – sus ojos se iluminaron con la esperanza - ¿¡Esme!
- Lo siento Emmet, yo también quiero ir con Bella.
- ¿Carmen, Eleazar? – les preguntó Emmet quemando su último cartucho con la pareja que lo miraba sonriendo.
- Carlisle nos ha hablado de las… habilidades de Bella y sintiéndolo mucho, no vamos a cambiarnos de grupo, Emmet – dijo Eleazar pasando un brazo por los brazos del hundido Cullen, consolándolo – tu ya la has visto, machote… deja que los demás también compartamos la experiencia.
Evidentemente se habían organizado los grupos con la expectativa de que los que no lo habían hecho aún pudieran verme en acción. ¿Por qué no me encerraban en una jaula y me tiraban cacahuetes? Era indignante. Evidentemente ni a Rose ni a las gemelas les importaba perderse el acontecimiento de verme cazar y si equilibraban los grupos a Edward le tocaba con ellas.
- Por dios Emmet – intervino Carlisle entre risas – deja de suplicar y compórtate. Habrá más oportunidades para ti.
- Si claro – bufó resignado – habrá montones de ocasiones ¡montañas de ocasiones! Tengo una familia que es un fastidio.
- Bella – llamó Carlisle viendo mi cara de frustración - ¿tienes algo que decir con respecto a los grupos?
- Nada en absoluto – dije esperando que la mentira sonara convincente y pensando en la última frase que Alma me había dicho en la cocina – Lo siento Emmet.
- Perfecto entonces – Carlisle abrió un mapa que ocupó gran parte de la mesa del salón – Estas son las zonas que hemos elegido, vosotros iréis por aquí y nosotros…
Carlisle explicaba cómo habían organizado todo mientras los chicos escuchaban atentos las indicaciones que éste les daba. Yo no estaba para centrarme en los detalles, mi mente era un torbellino de pensamientos acelerados que giraban todos en torno a Edward de caza con las gemelas. Me aleje del grupo y me acerqué a la ventana. La mañana estaba bastante despejada pero nubes de tormenta amenazaban a lo lejos.
Nubes de tormenta que también se cernían sobre mis pensamientos. ¿Por qué Edward no había objetado nada con respecto a los grupos? ¿Es que acaso prefería ir con ellas a ir conmigo? Calma, Bella, no pienses de más. Seguramente Edward tuvo que acatar las indicaciones de Carlisle y no quiso mostrar desacuerdo delante de los Delani. Sí, eso es. No pasa nada más. Hubiera preferido que estuvieran en mi grupo para poder tenerlas cerca si tramaban algo, si seguía el consejo que Alma me había dicho, pero después de ver a Tanta con Edward la noche pasada no hubiera sido una buena idea. Una sola mirada de mas por su parte y no me hubiera pensado ni un segundo caer sobre ella y arrastrarla. Malditos celos estúpidos.
La voz de Carlisle me devolvió a la realidad.
- Y creo que eso es todo – dijo mientras doblaba de nuevo el mapa y sonreía a su audiencia – saldremos en una hora.
- Bella – Emmet se había acercado a mi lado mientras el resto se iba dispersando para prepararse – me hubiera gustado poder ir contigo.
- Tranquilo Emmet – dije intentando sonreírle a la vez que con los ojos buscaba a Edward – habrá más oportunidades, te lo prometo.
- Eso lo quiero por escrito, hermanita – dijo apretujándome entre sus enormes brazos de oso mientras yo me sorprendía por el inesperado abrazo.
- Emmet – comencé a decir pero antes de poder continuar acercó su boca a mi oído.
- No les voy a quitar los ojos de encima – dijo en un susurro imperceptible – confía en mí.
- Emmet, no es necesario que…
- Sí que es necesario. Sé que no te hace ninguna gracias que él vaya en el grupo de las gemelas, pero estate tranquila. No se acercarán a menos de un metro de él sin que yo esté de por medio.
Volvió a zarandearme entre sus brazos en un intento de reconfortarme aunque casi me descoyunta los huesos del cuerpo en el intento. Le miré cautelosa mientras él me guiñaba un ojo cómplice y esa sonrisa tan picara, marca de la casa, hacía su aparición.
- Gracias Emmet – le sonreí agradecida – te debo una.
- Oh, sí. Ya creo que me la debes… - dijo el muy sonriente – y pienso cobrármela, no creas que no…
- ¿Qué se supone que vas a cobrarte? – Edward nos miraba de hito en hito a los dos.
- No es asunto tuyo chaval – dijo Emmet mirando arrogante a su hermano – eso es entre Bella y yo.
- Aparta tus manos de mi prometida si no quieres que te las aparte yo mismo – dijo Edward entornando los ojos y siseando las palabras a pesar de la sonrisa de su boca.
- Oh, me encantaría ver como lo haces – dijo Emmet devolviéndole la desafiante sonrisa – aunque con esos bracitos enclenques que tienes creo que tendrás que pedir ayuda a alguien más…
- Me basto y me sobro para patearte ese culo gordo con el que sueles pensar…
- Esto es increíble, ya estamos otra vez… – dije pensando que realmente se comportaban como críos – se acabó el show, chicos…
- ¿Tú, patearme el culo, a mi? – Emmet rompió en carcajadas – que mas quisieras…
- ¿Quieres que te lo demuestre? – Edward avanzó un paso en nuestra dirección.
- ¡Basta ya! – tuve que volver a colocarme entre ambos hombres poniendo una mano en el pecho de cada uno – me sacáis de mis casillas, en serio.
- Ha empezado él – dijo Edward señalándole con un dedo – si no pusiera las manitas donde no debe…
- Pongo las manitas donde me da la gana – dijo Emmet sacándole la lengua – Bella también es mi hermana…
- Dejará de serlo si te mato…
- Pero bueno – dije bufando de indignación - ¿queréis dejar de hablar de mí como si no estuviera delante? O creo que seré yo la que os patee el culo a ambos…
- Pues que deje de fastidiarme – dijo Edward con un mohín – vete de una vez a molestar a tu novia.
- Ya te dejo, Don Plasta – Dijo Emmet dándonos la espalda y encaminándose hacia la salida del ahora desierto salón. Se giró un instante para guiñarme un ojo – luego te veo, preciosa.
Edward bufó por la coletilla y tuve que retenerle del brazo para que no saliera detrás de su hermano y le despellejara vivo. La puerta se cerró dejándonos a solas.
- Me desquicia este hombre – dijo Edward suspirando para calmarse
- Y los dos me desquiciáis a mi cuando os ponéis en plan machito dominante.
- ¿De qué hablabais? – dijo de repente mirándome muy serio
- De nada en particular – dije evitando su mirada – le he prometido volver a salir con él de caza.
- ¿A cambio de qué, si puede saberse?
- A cambio de nada que sea asunto tuyo – dije de pronto molesta por sus inquisidoras preguntas.
- O sea, que se lo has prometido a cambio de algo…
- Edward, no sigas por ahí que nos conocemos – dije presintiendo que si no medíamos las palabras íbamos a terminar discutiendo en serio – no se lo he prometido a cambio de nada.
- ¿Entonces por qué ha dicho que pensaba cobrárselo?
- ¿Nos estabas espiando?
- No soy sordo Bella. Os he oído hablar.
- Esto es el colmo – dije intentando no perder la paciencia – si nos has escuchado entonces ya deberías saber porqué ha dicho lo que ha dicho…
- Esa parte me la perdí.
- Oh, qué casualidad – dije mirándole con fingida sorpresa – creía que a ti nunca se te escapaba nada…
- ¿Vas a contármelo o no?
- No hay nada que contar – dije cruzando los brazos delante del pecho.
- Creía que no tenías secretos para mí – me dijo a bocajarro. Sus ojos escrutaban duramente los míos.
- Aquí el único que mantiene secretos eres tú, Edward – dije sin poder contenerme más - Tú y tu manía de mantenerme al margen de todo.
- ¿De qué demonios hablas?
- Hablo de que te vas de caza con las gemelas, hablo de que no has hecho el más mínimo esfuerzo por venir en mi grupo, hablo de que sigues sin querer contarme qué te martiriza ¿quieres que siga?
- Los grupos no los he organizado yo – dijo fríamente por toda explicación – Carlisle pensó que…
- Me importa muy poco lo que piense Carlisle, si hubieses pedido ir conmigo él no se hubiera negado.
- No creas que a mí me hace gracia ir con las gemelas, pero prefiero mantenerte alejada de ellas y evitarte el mal trago de tener que aguantar su compañía.
- ¿Evitarme el mal trago? Bonita manera de hacerlo, cariño – dije irónicamente – me tranquiliza mucho mas saber que estarán rondándote a ti solo, vete tú a saber con qué intenciones, mientras recordáis viejos tiempos juntos, antes que tenerlas a mi lado mientras cazo. Créeme que esto me tranquiliza mucho.
- No lo había visto desde ese punto de vista – dijo comprendiendo mi perspectiva del asunto y frunciendo el ceño – lo siento.
- Edward - dije acercándome a él mientras cogía sus manos entre las mías – ¿quieres volver a lo de antes? ¿A desconfiar el uno del otro y hacernos daño con absurdas sospechas?
- No, no quiero – dijo tajantemente.
- Entonces tenemos que confiar y contarnos todo para que no haya malentendidos por ninguna de las dos partes.
- Sabes que no tengo interés en ninguna de las gemelas, puedes estar tranquila.
- Pero sé que en su caso no es igual, Edward. Sé que Tanya si tiene interés en ti.
- ¿De dónde sacas esa idea? – preguntó de pronto alarmado.
- Os vi ayer, saliendo del cobertizo.
- ¿¡Cómo! – la sorpresa de su voz se mezclaba con la furia – ¿¡Es que ahora te dedicas a espiarme!
- No te espiaba – dije lo más calmada que pude – estábamos en el baño y Alice vio por la ventana como salíais de allí camino de la casa. ¿Qué paso, Edward?
- No pasó nada.
- Vi como intentaba acariciarte la cara…
- Tú lo has dicho. Lo intentaba – dijo mirándome muy molesto – no lo consiguió. Así que no saques conclusiones precipitadas.
- ¿Y qué demonios quieres que piense? No voy a quedarme cruzada de brazos viendo cómo te tira el tejado abajo.
- ¿No te fías de mí? – dijo muy ofendido – después de todo lo que hemos pasado ¿sigues teniendo dudas con respecto a lo que quiero?
- Me fio de ti Edward, pero no me fio de ella. Ni de ella, ni de su hermana, ni de toda su jodida familia.
- Con que te fíes de mi es más que suficiente… - dijo intentando serenarse
- Si me contaras qué es lo que te atormenta sería suficiente, Edward. Sé de lo que eres capaz y no me tranquiliza nada que no quieras compartirlo conmigo. Por lo tanto no pienso sentarme a ver como esa arpía te pone los cebos esperando a que piques.
- Ya te he dicho que no hay nada que contar ni voy a picar ningún anzuelo.
- Cuéntamelo, Edward.
- No me presiones, Bella – dijo secamente – se acabó la discusión.
Se giró para abandonar el salón pero antes de que consiguiera llegar a la puerta me interpuse en su camino.
- Por última vez Edward, cuéntamelo. No me importa lo que sea que hayas hecho, me da igual lo atroz o terrorífico que sea.
- ¡He dicho que no, maldita sea! – dijo perdiendo por completo las formas - ¿Qué parte de la jodida frase no entiendes?
- Edward… - reculé instintivamente para alejarme de él.
Me llevé la mano al pecho como si hubiera descargado sobre mí un tremendo golpe. Al ver la expresión horrorizada de mi cara él fue consciente de las palabras que habían salido de su boca y sacudió su cabeza como si intentara deshacerse de los pensamientos que habían provocado semejante contestación.
- Lo… lo siento, Bella, yo… - se pasó una nerviosa mano por el pelo mientras con la otra intentaba tocarme. Me separé más de él.
- Adiós Edward – dije abriendo la puerta y saliendo del salón sin mirarle siquiera – que disfrutes de tu día de caza.
Cerré la puerta delante de sus narices con un sonoro golpe.
Me fui directa al dormitorio sin mirar si me seguía o no. El dolor que sus palabras me provocaron se mezclaba con la rabia que sentía por no ser merecedora de su total confianza. Si no me lo quería contar es porque era algo realmente gordo. Y empezaba a estar seriamente preocupada por ello.
Comencé a vestirme con la misma ropa que Alice me había aconsejado para mi última caza. Pantalones ajustados pero flexibles y chaqueta de piel entallada e igualmente cómoda. Ambas prendas eran negras y realzaban demasiado la blancura de mi piel, pero mientras me subía la cremallera de la chaqueta pensé que era mejor así, para que no se notara excesivamente que la palidez de mi rostro era más por la discusión que había mantenido con Edward que por la falta de sangre en las venas.
Recogí mi pelo en una cola de caballo y me quedé mirando el reflejo que el espejo me devolvía. Intenté practicar mi mejor sonrisa de cara a la inminente salida que me aguardaba. Cinco pares de ojos examinando cada uno de mis movimientos era lo que me esperaba para las próximas horas. Y eso sin contar con las escrutadoras miradas de las gemelas antes de partir cada cual en su respectivo grupo. Unos dedos golpearon la madera de la puerta sacándome de mis pensamientos.
- ¿Puedo pasar? – Edward me miraba desde el marco de la puerta.
- Pasa – dije guardando el cepillo en su cajón y bajando la mirada del espejo a mis manos – yo ya he terminado.
- Espera Bella – dijo agarrándome del brazo cuando pasé por su lado para salir y dejarle espacio – para un segundo, por favor.
- Me están esperando – dije duramente deshaciéndome de su agarre – y no quiero hacer esperar a mi público. Si no te importa…
- Me importa – dijo agarrándome esta vez por la espalda y rodeándome con sus brazos evitando que pudiera dar un paso más lejos de él – déjame disculparme, por favor.
- No acepto tus disculpas – dije forcejeando para soltarme pero incapaz de apartarle ni un milímetro – déjame salir.
- He sido un grosero, bruto y desconsiderado animal – dijo apretando más sus brazos en torno a mí y acercando su boca a mi oído – merezco que me desprecies y que me humilles y que me odies por haberte dicho esas palabras.
- Que me sueltes te digo… - no soportaba que con un simple aliento de su boca mi fuerza flaqueara de esa manera – guarda tus trucos de embaucador para otra… - volví a removerme entre sus brazos.
- Dime que me perdonas y te dejo libre – me ofreció dulcemente, sabiendo el efecto que sus sensuales palabras tenían en mi voluntad.
- Cuéntame lo que quiero oír y te perdonaré – le chantajee sin ninguna piedad por lo seguro que estaba de sí mismo – de lo contrario ya te puedes ir por dónde has venido.
Me miró intensamente lo que me pareció una eternidad, intentando averiguar si la dureza de mi mirada mostraba indicios de quebrarse por sus zalamerías pero no los encontró. Sus palabras me habían golpeado fuerte y no iba a resultarle tan fácil conseguir mi perdón. No respondió a mi oferta, por lo que di por hecho que no entraba en sus opciones contarme nada. Por fin soltó su agarre y se irguió dejándome libre mientras apretaba la mandíbula.
- Lo que yo pensaba… - dije alisando unas inexistentes arrugas de mi chaqueta – que no te importo tanto como para confiar en mí.
- No es eso, Bella… - volvió a suspirar pacientemente, exhalando el aire con lentitud.
- Esto es volver otra vez a lo mismo Edward, y te digo de verdad que no quiero seguir discutiendo contigo – dije mirándole directamente a los ojos – Pásalo bien con tus amigas y no te preocupes por lo que hagas, no te pediré que me lo cuentes después.
- Bella, por dios. Escúchame ¿quieres?
Por supuesto que quería escucharle, pero como lo que me iba a contar no era lo que yo quería oír no me molesté en contestarle siquiera. Salí del cuarto de baño y de la habitación esperando en cualquier momento uno de sus terroríficos arranques de furia, pero no llegó. Lo único que escuché fue el gruñido que produjo su garganta cuando me vio salir sin mirar atrás.
Estaba segura de que esto me estaba doliendo más a mí que a él, pero mi paciencia tenía un límite y en apenas cuarenta y ocho horas había agotado la mayor parte con Rosalie, con las gemelas, y con su negativa a contarme lo que le pasaba. Que pensara un poco en lo que había ocurrido tampoco le haría ningún mal, pues estaba volviendo a la peligrosa costumbre de querer ocultarme lo que estaba pasando, y eso si que no lo iba a volver a tolerar. Ya no.
Cuando llegué abajo todo mi grupo estaba preparado y listo para salir. Jasper le explicaba a Eleazar la dirección que íbamos a tomar mientras Alice intentaba hacerme sonreír diciéndome lo guapa que me había puesto y lo bien que me sentaba la chaqueta. Estaba dándole las gracias por el cumplido cuando me quedé petrificada a mitad de frase. Al ver mi reacción Alice se giró para ver el motivo de la misma y quedó igual de paralizada que yo.
Las gemelas descendían por las escaleras como verdaderas diosas del Olimpo. Envueltas en vaporosos vestidos de seda y tul en tonos pastel, que unidos a los gráciles movimientos que ejecutaban parecía que se deslizaban sobre el aire como si fueran incorpóreas. Sus lacias melenas morenas ondeaban a sus espaldas mientras unas inocentes y arrebatadoras sonrisas decoraban sus hermosas caras. Recorrieron con los ojos a todos los presentes buscando a alguien en particular, pero Edward aún no había bajado. Sus semblantes de satisfacción se desinflaron un poco al ver que el numerito no les había salido completo. Di gracias al cielo por no permitir que Edward viera la majestuosa entrada en escena de las dos arpías. Se va de caza con ellas, tendrá muchas oportunidades para verlas de cerca. Acallé la voz de mi conciencia maldiciéndome a mi misma y desviando la mirada para encararme con Jasper.
- ¿Podemos irnos ya? – dije sonriendo todo lo natural que pude intentando no parecer desesperada.
- Claro Bella, cuando tu digas – dijo mirando con preocupación a Alice - ¿Va todo bien cariño?
- Si, si – dijo Alice saliendo de su ensoñación – cuando quieras nos vamos Bella.
Carmen y Eleazar salieron delante de nosotros. Jasper les abría el camino mientras Alice agarraba fuerte mi mano. Me giré antes de que la puerta se cerrara para ver si Edward ya había bajado pero no le vi.
- Tranquila Bella – me dijo en un imperceptible susurro – todo va a ir bien.
Sonreí a Alice agradeciendo su consuelo pero ni siquiera sus palabras consiguieron apaciguar la terrible sensación de desasosiego que me embargaba. ¿Por qué era tan rematadamente estúpida? Se lo había puesto en bandeja a las o-diosas del Olimpo.
En vez de aceptar las disculpas de Edward y dejar que se fuera de caza con un buen sabor de boca y echándome de menos, había hecho que la discusión tensara más las cosas entre nosotros. Le había dado la excusa perfecta para que a la mínima oportunidad que le presentaran Edward pudiera desquitarse con ellas.
No saques las cosas de quicio, Edward no haría algo así. Claro que Edward no era capaz de algo como eso, me quería. Yo era su compañera, me había elegido a mí. Ellas no significaban nada para él y volví a avergonzarme de mi misma por pensar como una celosa empedernida. Además Alice no había visto nada extraño en la excursión que iba a tenernos ocupados a los dos grupos toda la mañana, lo que era una razón más para tranquilizar mis nervios. Claro Bella, no hay de qué preocuparse. Respiré hondo y me dejé llevar por esos reconfortantes pensamientos.
- ¿Ya estas mejor? – dijo Jasper mirándome angelicalmente.
- Ya decía yo que se me había pasado demasiado rápido – dije agradeciendo una vez más la bendición que era para mí el don de Jasper – voy a tener que pagarte de algún modo las horas extras.
- Y me las voy a cobrar, no te creas que no – dijo guiñándome un ojo – el primer pago será hoy mismo.
Se detuvo y señaló con la mano en una amplia invitación la extensión del bosque que se abría ante nosotros. Me tocaba abrir la marcha y marcar el ritmo de la caza. Me sentí observada. Carmen y Eleazar me miraban expectantes y Alice no paraba de dar saltitos al lado de Jasper, impaciente por empezar.
- Vamos Bella – me animó Esme – lo vas a hacer genial, como siempre.
- Es que… - dije mirando culpablemente a Jasper – no sé exactamente qué dirección tomar, no he prestado mucha atención a esos detalles.
- Eso tiene arreglo – dijo Jasper con una gran carcajada - ¡te echo una carrera!
Y sin esperar siquiera una reacción por mi parte, salió disparado solo un segundo después de que Alice echara a correr primero, sabiendo de antemano la intención de su pareja. Un parpadeo después Carmen y Eleazar también habían desaparecido siguiendo los pasos de Jasper y riendo ambos por lo divertido del juego. La sonrisa de Esme se cruzó con la mía en el mismo momento que ambas salíamos en una loca carrera para alcanzar a nuestros tramposos contrincantes.
Resultó ser una caza de lo más divertida. Pasado el bache de tener que demostrar, una vez más, lo que mi Mara era capaz de hacer con las presas y dejando a mis acompañantes con los ojos como platos, descubrí que cazar también podía ser un deporte muy gratificante. Jasper era veloz e implacable con cada animal que se cruzaba en su camino, pero ver a Alice y a su pequeña figura moverse más rápido que el mismo viento, atajando cada uno de los movimientos que las aterrorizadas presas pretendían ejecutar, ignorantes de sus inútiles intentos de escapar, era como ver un baile perfectamente coreografiado.
Eleazar era el que más pendiente estaba de mis movimientos, a pesar de haber inmovilizado solo a la primera de mis presas, sus ojos no dejaban que ninguno de mis ataques se le pasara por alto. Inmovilizar a las presas estaba bien, era una manera cómoda y relajada de cazar, pero prefería no hacerlo. Lo realmente excitante empezaba cuando el animal presentaba resistencia. Cuando se le ofrecía la posibilidad de luchar por salvar su vida, a sabiendas de que era un esfuerzo inútil, pero resultaba mucho más gratificante la victoria.
El sol empezaba a ocultarse cuando decidimos emprender el camino de regreso. No había tenido ni tiempo ni ganas de volver a pensar en la pelea con Edward, pero el inevitable fin de la cacería y la inminente vuelta a casa, me sacaron de la nube en la que me había sumergido para evitarme los malos pensamientos.
