Buenos dias de martes..!
Perdonar por el retraso en la actu, pero es el primer dia de trabajo despues de 20 dias de baja y no he parado ni 5 minutos.
Hoy el dia va de conversaciones... a ver qué sacais en claro de ellas (fiu, fiu)
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 47 (Miércoles)
Cuando entramos en la cocina me quedé perpleja al encontrar a las gemelas con mi álbum de fotos abierto encima de la mesa. Tuve que disimular la expresión pues no estaban solas. Alma y Rosalie compartían mesa con ellas.
- Buenos días pareja. Edward – dijo Alma levantándose y acercándose a él para darle un tierno abrazo – te dije que deberías habérselo dado después de la boda, pero… - desvió su mirada hacia mí – me alegro de que en este caso no me hayas hecho caso.
- Vaya – dijo Edward devolviéndole la sonrisa a la mujer – eso es nuevo. Alma reconociendo que no siempre tiene razón. ¡Habría que dejar constancia de tan importante acontecimiento!
- No te pases de listillo – le reprendió dulcemente – he dicho "solo en este caso". Venid, sentaros con nosotras. Estábamos viendo tus fotos, Bella.
- Oh, genial – dije intentando no ironizar demasiado – y yo sin enterarme, fíjate tú.
Rápidamente tanto Megan como Tanya hicieron sitio alrededor de la mesa dejándonos espacio para que pudiéramos sentarnos.
- Si Edward – le dijo Megan con su picara sonrisa mientras su hermana se limitaba a clavarle la mirada – siéntate con nosotras…
- Esto… - dijo Edward envarándose tan poco atraído por la oferta como yo – creo que mejor yo me voy – apretó la mandíbula - Tengo cosas que hacer en el pueblo y no quiero… volver tarde.
- ¿Te vas al pueblo? – dije antes de soltar su mano mientras las demás seguían comentando la foto de turno – No me habías dicho que pensaras ir…
- Solo voy a recoger unas cosas para Esme. Volveré pronto.
- Puedo ir contigo… – dije acercándole a mi – no quiero quedarme todo el día sin ti otra vez.
- Prefiero que te quedes, Bella. Prometo que no tardaré.
- Vale – dije con cara de fastidio – pero después eres todo mío.
- Seguro – dijo sacando a pasear esa sonrisa suya – sé buena.
- Seré mala, que es más divertido.
Salió con sus pasos cadenciosos e hipnóticos a los que no perdí de vista hasta que la puerta se cerró tras él. Cada vez me gustaba menos pasar tantas horas separados. Ya fuera por un motivo o por otro el tiempo que teníamos para estar juntos se reducían inexorablemente. Suspiré resignada.
- Ven, Bella, siéntate con nosotras – dijo Megan sacándome de mis pensamientos – necesitamos que sacies nuestra morbosa curiosidad.
- Mi vida es muy poco interesante – dije mirándola cautelosa mientras ocupaba una silla en torno a la mesa – hay poco que contar.
- ¿Estás de coña? – dijo mirándome incrédula – seguro que es más interesante de lo que pretendes darnos a entender. Mírate – dijo señalando una foto en la que mis padres corrían tras de mí en un parque – Se os ve tan, pero tan felices…
- Lo éramos – dije controlando el tono de voz – tuve suerte de tener unos padres como ellos.
- Debió ser doloroso dejarles para hacer tu propia vida…
- No disimules Megan – dijo de pronto Tanya – sabes perfectamente que Bella perdió a su familia hace mucho tiempo ¿no es así?
- Cierto – dije mirándolas a ambas intentando averiguar si estaban otra vez representando un teatro – murieron cuando yo tenía 16 años.
- Desde luego Tanya – dijo Megan mirando a su hermana como si hubiera metido la pata – que poca sensibilidad tienes cuando quieres. Estaba intentando que fuera ella la que nos lo contara sin que pareciéramos cotillas de folletín.
- Como si eso fuera posible… - dijo Tanya devolviéndole la irónica mirada a su hermana - ¿Has pensado que a lo mejor a Bella le resulta doloroso hablar de ello? No todos los días tus padres se matan en un accidente de tráfico y tú, que tanto hablas de sensibilidad, tienes la misma que un cactus.
Me quedé un poco sorprendida de que las innombrables supieran cómo habían muerto mis padres. Vale que no era ningún secreto, pero me inquietaba bastante pensar que ese suceso estuviera en conocimiento de personas que conocía hace apenas unos días. Dudaba que se hubieran enterado por boca de Edward, eso seguro, pero Rosalie sí podía haber sido su fuente de información. Miré a mi cuñada esperando encontrar en su cara la respuesta a este interrogante pero me dio la sensación de que estaba igual de asombrada que yo.
- Bella es una mujer fuerte ¿verdad cielo? – dijo Alma interrumpiendo el incómodo silencio – lo tiene más que superado.
- Si, ya está superado – dije sonriendo a la mujer – y he tenido la suerte de encontrar una familia maravillosa que cubre de sobra mis necesidades afectivas.
- Entonces no te importará contarnos cómo pasaste esos años, antes de venirte con los Cullen. Tengo verdadera curiosidad al respecto, ¿cambió mucho tu vida? ¿terminaste tus estudios?
- Bueno, en realidad sí que me cambió la vida – dije pensando que tampoco tendría importancia contarlo superficialmente – fue muy duro y lo pasé bastante mal, pero el sufrimiento me enseñó a ser dura. Terminé los estudios, encontré un buen empleo y conseguí salir adelante. Ya veis que no hay nada de interesante en mi vida.
- Hasta que conociste a Edward ¿No? – dijo Megan mirándome pícaramente – ahí sí que debió ponerse interesante la cosa…
- Conocer a Edward ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida – dije sin querer dar más explicaciones.
- Pero cuéntanos… cómo fue, qué te dijo – Megan seguía insistiendo - ¿te asustaste?
- Eso es personal Megan – dijo de pronto Rosalie dejándome boquiabierta por su intervención – ahora sí que empiezas a parecer una cotilla de folletín.
Alma sutilmente desvió la conversación hacia otros temas relacionados con la próxima boda mientras yo me esforzaba por seguir el hilo de la conversación. Tanya estaba inusualmente callada aunque parecía devorar cada palabra que salía de mi boca. Vamos Bella, inténtalo. Asentí de vez en cuando y fingí encontrar muy interesante la cantidad de catálogos que empezaron a aparecer relacionados con la decoración para la boda, pero concentré mis esfuerzos al máximo en meterme en la cabeza de la arpía.
Vamos, Bella. Esfuérzate más. En qué piensa, qué piensa, qué piensa. Casi jadeé de la tensión que sentía en el cuerpo, esforzándome por entrar en su cabeza. Nada, era inútil. Había demasiadas distracciones. No estaba poniendo toda mi concentración, imposible estando rodeada de tanta gente.
- ¿Bella? – dijo Alma mirándome asombrada - ¿te encuentras bien, cielo? Te has quedado en blanco…
- Ahh… si Alma – dije recomponiendo la compostura y esbozando mi mejor sonrisa – perdonar. Estaba en las musarañas ¿decíais algo?
- Hablábamos de la fiesta pre-boda del viernes por la noche – dijo Alma poniéndome al corriente de la conversación – ya sabes… el ensayo general antes del gran día. ¿Sabes ya que vas a ponerte?
- Le dije a Alice que eso no era necesario – dije molesta porque los planes de la terremoto de la familia siguieran adelante a pesar de mis intentos de boicot – no necesito un ensayo general para casarme.
- Es una antigua tradición que no se debería perder – dijo Alma defendiendo la dichosa fiesta – es la cena de presentación de los novios y se aprovecha también para conocer las posibles eventualidades que puedan surgir y atajarlas para evitar que echen a perder el gran día.
- ¿Vamos a traer a los ciervos y a los osos aquí? Una cena sin "cena"… - dije sin poder evitar sonar sarcástica - Me muero de ganas por verlo…
- Lo de cena no es en sentido literal Bella – dijo Rosalie – llámalo fiesta si lo prefieres…
- Sigue pareciéndome completamente innecesario – dije en mis trece aunque completamente resignada – pero derrochar un poco mas de paciencia y aguante con otra fiestecita no es problema para mí.
- Entonces qué me dices – dijo Alma preguntando de nuevo - ¿sabes lo que vas a ponerte?
- Si. Un encorsetadísimo, estupendísimo y maravilloso modelito exclusivo, diseño de un tal Jean Paul no sé qué, modisto súper famoso y que estoy segura de que en vez de un vestido en realidad es una máquina infernal de tortura, creado única y exclusivamente para que no me pueda mover de ninguna de las maneras.
- Mira que eres exagerada Bella – dijo Alma sorprendida por la retahíla de palabras que había soltado en un momento – los corsés no son máquinas de tortura. Las mujeres los han llevado durante siglos.
- Dudo que los llevaran voluntariamente…
- Es cierto Bella, antiguamente no había mujer que no lo llevara – dijo Rosalie sonriendo tímidamente - aunque hay que reconocer que no son muy cómodos. Eso sí, hacían una figura muy elegante.
- ¿Vamos a hablar de corsés mucho tiempo? – dijo Megan con cara de fastidio. Comenzó a levantarse de la silla – Creo que mejor me voy a dar una vueltecita antes de que me matéis del aburrimiento.
- Te acompaño – dijo Rose levantándose ella también – quiero enseñarte algunas cosas ¿vienes Tanya?
- No, id vosotras – dijo tranquilamente – yo me quedo un rato.
- Como quieras…
Alma comenzó a recoger la mesa solo un instante después de que Megan y Rose salieran dejándonos a las tres. Cerró y me acercó el álbum de fotos que estaba enterrado debajo de los catálogos y demás folletos. Tanya mantenía la mirada clavada en una revista pero estaba segura que no le interesaba en absoluto. Ahora parecía que era ella la que estaba en las nubes.
- Un penique por tus pensamientos – dije intentando mostrarme amigable.
- Oh, perdona – dijo devolviéndome la sonrisa – supongo que las musarañas también me han atrapado a mí.
- Siento haberte interrumpido – me levanté de la silla también dispuesta a abandonar la cocina.
- Solo estaba pensando… - capté en su voz un punto de tristeza – en lo diferente que vivimos cada una la misma situación.
- ¿A qué te refieres? – pregunte parándome delante suya.
- Bueno, no es difícil ver lo poco que te gustan los preparativos y toda la parafernalia que conlleva una boda. En mi caso fue todo lo contrario, a mi me entusiasmaba cualquier detalle, por pequeño o insignificante que fuera.
- No soy amiga de las fiestas, eso es todo – dije manteniéndome en guardia ante una nueva pantomima.
- Supongo que cada una tenemos nuestra propia manera de hacer las cosas – dijo lanzando un suspiro y levantándose también de la mesa – luego os veo, creo que voy a dar un paseíto por el rio.
Y sin decir nada más salió de la cocina. Ayudé a Alma a guardar el resto de folletos y al acabar me encaminé hacia el porche, dispuesta dejar pasar el tiempo hasta que Edward regresara.
No esperaba encontrarme tanta gente allí fuera, pero parecía que lo inminente de la celebración había puesto a todo el mundo manos a la obra. Mientras Esme y Carmen se ocupaban de montar los lazos y las guirnaldas, Alice dirigía a Jasper y a Emmet, subidos ambos en sendas escaleras, en la colocación de los adornos por toda la estructura de la pérgola.
Carlisle y Eleazar observaban el avance de los trabajos sentados en los cómodos sofás exteriores.
- Ven Bella, siéntate con nosotros – me invitó Carlisle – Eleazar me comentaba lo mucho que os divertisteis ayer en la excursión.
- Si, fue realmente divertido – coincidí con él.
- Carlisle, tienes una nuera realmente excepcional – dijo Eleazar sonriéndome sinceramente – no sé como lo haces pero siempre te rodeas de lo mejorcito.
- Tengo una buena familia, si señor – dijo Carlisle henchido de orgullo – aunque tiene sus inconvenientes no te creas. No es fácil mantener el equilibrio.
- Bella sería un regalo para cualquier familia – dijo mirándome con dulzura – Edward es un hombre afortunado.
- Me vais a sacar los colores – dije agradeciendo el cumplido de Eleazar.
- Ojalá mis hijas fueran la mitad de sensatas que tú – dijo lanzando un suspiro – me tienen harto con sus caprichos y sus manías. Pero claro, tienen a quien parecerse. Carmen las tiene demasiado consentidas. Por cierto ¿Dónde andan?
- Megan está con Rose y Tanya creo que ha ido a dar un paseo al rio – dije contestando a la pregunta.
- ¿Al rio? – dijo Eleazar extrañado – A Tanya no le gusta el aire libre, preferiría quedarse mirando al techo antes que pasear por puro disfrute. De hecho, solo lo hace cuando sale de caza.
- Eso es lo que ha dicho – dije pensando en lo extraño del asunto – a lo mejor solo era una excusa para salir de la cocina.
- Puede ser. Con ellas nunca se sabe…
Desde el jardín Esme y Carmen me llamaban para que las ayudara con los adornos. No me apetecía nada volver a sumergirme en los preparativos, pero pensé que echarles una mano haría que el tiempo pasara un poco más deprisa.
Varias horas después de terminar de decorar la pérgola, y después de que cada uno volviera a ocupar su tiempo con sus quehaceres, yo seguía sentada y sola en los sofás del porche esperando a Edward.
Emmet salía de la casa en dirección al cobertizo pero reparó en mi presencia y varió su dirección para acercarse a mi lado.
- Eh, preciosa – dijo dándome un pequeño empujoncito en el hombro – si esperas a tu romeo ha llegado hace un rato.
- ¿Ha llegado ya? – dije sorprendida por no haberle oído.
- Si, ha subido al despacho de Carlisle. Está allí encerrado con él.
- Genial – dije disimulando la cara de fastidio – gracias por avisarme.
- No hay de qué – dijo guiñándome un ojo y volteándose para seguir su camino.
- Emmet…
- ¿Si?
- ¿Estás muy ocupado?
- Nada que no pueda esperar.
- Ven – dije palmeando el asiento a mi lado – hazme compañía.
- Guay – dijo mientras correteaba para sentarse a mi lado - ¿de qué quieres que hablemos? Coches, chicos, beisbol…
- Nada tan trivial…
- Filosofía, amor… ¡Ah, ya sé…! quieres pedirme consejo para que vuestra vida sexual sea menos aburrida… – dijo dándome un codazo a la vez que sonreía con esa picardía que solo los Cullen poseían – ya os habéis cansado de lo de siempre…
- Para el carro, Doctor Amor – dije haciendo que mi mano volara veloz a estamparse en su colleja – que aún soy una neófita descontrolada y puedo patearte el culo cuando quiera… no te pases.
- Vale, vale – dijo frotándose la nuca – ya lo he pillado… no te pongas agresiva.
- Rosalie.
- ¿Qué? ¿Dónde? – dijo volviéndose a buscarla con los ojos pero sin encontrarla - ¿Qué pasa con Rosalie? Como haya vuelto a hacer de las suyas…
- No es eso, no ha hecho nada. Solo quiero que tú y yo hablemos de Rosalie.
- Ah, uhmm… vale – la sonrisa se borró lentamente de su boca – dime qué quieres saber.
- No sé cómo están las cosas entre vosotros desde que paso lo de… bueno, desde lo de las invitaciones.
- Yo estoy bien, soy un tipo duro ¿sabes? – dijo contestando de manera desenfadada – hace falta algo más consistente que esto para tumbarme.
- Hablo en serio Emmet – dije mirándole directamente a los ojos - ¿está todo bien?
- Todo está lo bien que puede estar, dadas las circunstancias – dijo encogiéndose de hombros – estoy decepcionado y ella sabe que me ha fallado. Intento no hacérselo pasar muy mal, pero… no sé, esto llevará su tiempo.
- ¿Y Rose cómo lo lleva?
- Lo está pasando mal, no te voy a mentir. No puedo hablar con ella de lo que hizo sin que terminemos discutiendo, así que evitamos el tema lo máximo posible. Es muy orgullosa y le cuesta reconocer sus errores, pero creo que va dándose cuenta del alcance de su daño.
- Espero que algún día abra los ojos, aunque también espero que no sea demasiado tarde para entonces…
- Hace sus avances. Ayer por ejemplo, cuando nos fuimos de caza. No se despegó de las gemelas en toda la cacería, yo al principio pensé que era por no estar con Edward y conmigo, pero que va… cada vez que una de ellas hacía el amago de acercarse demasiado a Edward Rose se metía sutilmente por medio y las alejaba muy eficazmente de su hermano. Ella por supuesto fingía que era por propio interés pero a mí no puede engañarme. La conozco demasiado bien y sé cuando marca las distancias.
- Oh, vaya – dije alucinada por semejante comportamiento inesperado – esto sí que es una novedad… ¿en serio hizo eso?
- Yo también hice mi labor, no creas que estuve cruzado de brazos – dijo queriendo llevarse su parte de mérito – los espacios que no conseguía abarcar Rosalie los tapaba yo con este cuerpazo que dios me ha dado – dijo sacando pecho y pavoneándose orgulloso de su musculatura – creo que no llegaron a verle ni de lejos, aunque claro, hay que admitir que no hubiera hecho falta nada de todo esto. Edward tomó la delantera y con esa indiferencia tan odiosamente eficaz que tiene nos ignoró a todos.
- Aun así es de agradecer. Todo esto está empezando a agotar mi paciencia.
- Tómatelo con calma, todo irá mejorando, ya lo verás.
- ¿Mejorando? Cada día va de mal en peor Emmet…
- Desembucha morena – dijo suspirando y pasando un brazo alrededor de mis hombros – dile al Doctor Amor porqué no has salido corriendo en cuanto te he dicho que Edward estaba en casa…
- Creo que está… evitándome – solté sin pensar si Emmet era el más apropiado para hablar de esto – desde que están los Delani aquí cada vez pasa menos tiempo conmigo y cuando le pido que hablemos se cierra como una ostra.
- No te comas la cabeza cielo. ¿Crees que los demás estamos menos ocupados que él? Carmen tiene acaparada a Esme desde que llegaron y Eleazar tres cuartas de lo mismo con Carlisle. Rosalie y las gemelas se empiezan a parecer peligrosamente a "Las Trillizas" y Alice anda tan liada con los preparativos de la boda que Jasper duda de que realmente tenga una novia. Todos andamos muy ajetreados estos días, y Edward no es la excepción.
- La excepción soy yo, que tengo demasiadas horas libres al cabo del día, y si no las paso con Edward me da por pensar toda clase de cosas…
- Búscate un hobby – dijo encogiéndose de nuevo de hombros - ¿has pensado en hacer punto de cruz o algo así?
- ¡Emmet! – dije golpeándole cariñosamente en el brazo – estoy hablando en serio…
- ¡Y yo! – dijo entre carcajadas – vale que el punto de cruz puede que no sea lo más apropiado para ti, pero puedes mantener ocupada la mente haciendo otras cosas, no sé… busca algo que te interese y dedícale tiempo.
- ¿Algo como qué? – dije de pronto pensando que no era tan mala idea. Si no hacía algo terminaría volviéndome paranoica perdida.
- Alice tiene la moda, a Esme le gusta pintar, Jasper y yo somos fanáticos de la PlayStation y Edward tiene su música. Carlisle y sus libros son inseparables, y Rosalie se pasa horas y horas delante del espejo. Busca algo que vaya contigo, con tu personalidad y poténcialo.
Pensándolo detenidamente sí que había algo que podría hacer, pero sería demasiado descarado pedirle ayuda a Emmet con el tema de la lectura de mentes. A ninguno de ellos le gustaría tener a otro miembro de su familia navegando por sus pensamientos. Con Edward iban más que servidos. Pero… potenciar mi lado Mara… eso sí podría ser un reto.
- Ya has encontrado algo ¿a que si? – dijo mirando divertido la expresión de mi cara.
- Bueno, creo que sí, pero me gustaría consultarlo con Carlisle primero.
- ¿Y eso por qué? – dijo sorprendido.
- Puede ser algo peligroso…
- ¿Peligroso? – dijo tan entusiasmado que se le iluminó la cara – pero peligroso en plan voy a dar clases de boxeo o peligroso en plan curso de remodelación de interiores…
- Mas en plan clases de boxeo, ya sabes… entrenar un poco a la Mara que llevo dentro…
- ¡Wooowww Bella! – dijo saltando del sofá de un bote - ¡eso sería la bomba! Yo podría ayudarte a convencer a Carlisle en caso de que se niegue y hasta dejaría que me usaras como conejillo de indias…
- Para, Emmet, solo es una idea – dije intentando calmar su derroche de euforia – no quiero que si lo hago sea de algún peligro para nadie. Hablaré primero con Carlisle y si no pone objeciones entonces ya veremos si necesito que me ayudes.
- Promételo hermanita... – dijo arrodillándose a mi lado y cruzando los dedos de sus manos como en una oración – prométeme que me dejarás ayudarte.
- Te lo promeeeto – dije lanzando un suspiro – siempre y cuando Carlisle no ponga pegas.
- ¡Guayyy! – dijo dando un nuevo brinco de alegría – joder que bien lo vamos a pasar… ¡esto va a ser mejor que salir de caza!
- Emmet…
- Dime – dijo parando tan rápido que apenas pude ver como volvía a arrodillarse a mi lado.
- Calma.
- Si.
- C a l m a… y discreción.
- Si, si tranquila. Chitón hasta que hables con Carlisle, entendido. Lo pillo. Confía en mí.
- Bien.
- ¿Puedo irme ya?
- ¿Me pides permiso para irte? – dije sin poder contener la risa – Emmet que no soy tu madre…
- Ah, ya, sí, claro. Perdona. Es la emoción – dijo levantándose realmente nervioso – me voy, si eso. Te dejo. Me marcho. Dios va a ser genial…
¿Me arrepentiría de haberle prometido a Emmet dejar que me ayudara con la Mara? Sinceramente pensaba que no, Emmet era el único más que dispuesto a dejarse maltratar, aunque corriera un grave peligro, con tal de hacer algo novedoso y tremendamente interesante para él. Representaba todo un reto a la altura de sus posibilidades, era demasiado bueno como para dejarlo pasar. Y eso a mí me vendría de perlas.
