Buenos dias de miercoles...!

Que majo es Emmet, verdad? pues nada.. a seguir disfrutando de él ;)

Rossy04... vamos nena, que en nada te pones al dia ;) y gracias ti por esa montonera de reviews que me has dejado segun los leias.

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 48

Aún me obligué a estar un rato más allí sentada, esperando a que Edward bajara a buscarme. Cada vez me convencía más de que potenciar mi lado Mara podría ser muy interesante. Si casi sin proponérmelo había conseguido dominarlo lo suficiente como para inmovilizar a mis presas, explotar esos poderes y ver hasta dónde podían extenderse era realmente intrigante.

Desde que fui consciente del daño físico que podía infringirle a Edward, antes de que él consiguiera ser inmune, no lo había vuelto a usar contra ninguna persona. Sabía que no podría ser muy diferente a lo que ocurría con las presas, inmovilizaba y dolía, pero desconocía el alcance de ese dolor. Lo dominaba lo suficiente como para graduar conscientemente la fuerza necesaria, pero hasta que no lo probara con alguien que pudiera contarme lo que se sentía, iba completamente a ciegas.

Pasaban los minutos y Edward seguía sin bajar, así que me rendí y me levanté dispuesta a ser yo la que fuera en su busca. De camino al despacho de Carlisle pasé por la puerta de la habitación de las gemelas y pude escuchar como "las trillizas" como las había denominado Emmet, estaban allí reunidas hablando sobre los vestidos que habían elegido para la cena/fiesta del viernes por la noche.

Me costaba pensar que Rosalie acaparara a las gemelas por mantenerlas alejadas de mi o de Edward, por encima de su propio interés de permanecer con ellas por pura amistad. Emmet estaba convencido de que también lo hacía por el primer motivo, sin ninguna duda. Fuera como fuera, él la conocía más que yo y si era así, a mi me parecía perfecto.

Llamé a la puerta del despacho y entré cuando Carlisle me invitó a hacerlo. Me quedé un poco parada porque esperaba encontrar a Edward allí, pero solo Carlisle ocupaba su mesa.

- ¿No estaba Edward aquí contigo? – pregunté cuando me cercioré por segunda vez de que Edward no estaba allí.

- Estaba – dijo mostrándome una cálida sonrisa – Alice vino a buscarle hace unos instantes para no sé qué…

- Genial – dije sin disimular la decepción de mi voz – si Alice le ha enganchado ya me puedo despedir de verle en un buen rato…

- ¿Puedo ayudarte en algo?

- En realidad si – dije pensando en comentarle ahora lo del nuevo hobby – quiero consultarte algo, si no estás muy liado.

- En absoluto - dijo levantándose e indicándome la ya tan conocida silla enfrente de su mesa – siéntate y hablaremos.

- Verás – dije acomodándome y pensando en cómo decirlo sin que sonara raro – aunque parezca mentira por todo lo que se me viene encima en unos días, estoy teniendo últimamente mucho tiempo libre y había pensado… emplearlo en algo útil.

- Eso es genial Bella – dijo asintiendo en conformidad con mi idea – tener la mente ociosa no es bueno en nuestro caso, los vampiros damos demasiadas vueltas a las cosas.

- No hace falta que me lo jures – dije muy de acuerdo con sus palabras – el caso es que como aún no sé muy bien cómo funciona esto de ser Mara había pensado que podría dedicar parte de mi tiempo a profundizar un poco más en esta faceta. Siempre que te parezca bien, claro. Soy consciente de que puede ser un poco… peligroso.

- No tengo mucha más información sobre las Maras que la que ya te mostré en su día, pero creo que es buena idea que tú misma aprendas a conocerte y a conocer tus limites.

- Eso pensaba yo – dije asintiendo una vez más – saber de lo que soy capaz me ayudará a conocer un poco más como funciona esto de ser vampira. Emmet se ha ofrecido a ayudarme pero no quiero arriesgarme a causarle algún daño.

- Bueno, no creo que haya problema si Emmet está dispuesto a asumir los riesgos. Por supuesto deberás empezar poco a poco, con pequeños avances y controlando mucho los instintos.

- Puedes estar tranquilo – le aseguré – me lo tomaré con calma.

- Te pediría que me tuvieras al corriente de tus progresos – dijo dejando asomar al científico que llevaba dentro – sería muy interesante dejar constancia de tus capacidades para un futuro, nunca se sabe…

- Cuenta con ello – dije levantándome – gracias Carlisle.

- No hay de qué.

Salí del despacho y antes siquiera de conseguir dar un paso completo Emmet ya estaba a mi lado esperando ansioso que yo le confirmara lo que él ya sabía perfectamente.

- Emmet – dije mirándole acusadora – debes quitarte esa manía de escuchar las conversaciones ajenas detrás de las puertas.

- No he podido evitarlo – dijo ensanchando al máximo su sonrisa – la culpa es tuya por ponerme los dientes largos…

- Seguro… - poco a poco empecé a arrepentirme de habérselo prometido.

- ¿Y bien? – dijo abriendo los brazos como preparándose a dar uno de esos abrazos suyos.

- ¿Si ya lo sabes por qué me preguntas? – dije ya medio arrepentida.

- Quiero oírtelo decir… vamos hermanita…. Dilo. ¡Dilo!

- Tenemos luz verde… - comencé a decir pero al instante estaba atrapada por ese par de columnas greco-romanas que tenía por brazos.

- ¡Ou yeah! – comenzó a darme vueltas – eres la mejor…

- ¡Suéltame Emmet! – dije arrepentida del todo – para, para…

- Ups, lo siento – dijo dejándome en el suelo – se me había olvidado lo de la calma.

- Y lo de la discreción, Emmet – le recordé – también se te ha olvidado lo de la discreción. Aunque Carlisle haya dado su consentimiento hay que mantenerlo en silencio. No quiero alborotar a toda la casa con esto.

- Soy una tumba – dijo cerrando una cremallera invisible por encima de sus labios - ¿Cuándo empezamos?

- Mañana como pronto, así que ya sabes – le reprendí con el dedo – nada de nerviosismos.

- Ok – dijo recomponiendo su expresión – mañana entonces nos vemos, voy a molestar un poco a las trillizas.

Me guiñó un ojo y se alejó pasillo arriba, hacia la habitación de las gemelas. Me apresuré a buscar a Alice y a Edward antes de que las innombrables decidieran dejar a la parejita a solas y buscar otras maneras de entretenerse.

Bajé con paso vivaz y entré en la cocina esperando encontrarles allí. Pero la suerte hoy no estaba de mi lado. Alice y Alma compartían mesa pero no había ni rastro de Edward.

- Se acaba de marchar – dijo Alice adivinando lo que mis ojos buscaban ansiosos por toda la estancia – Jasper y él han ido a la ciudad a recoger los centros de mesa.

- ¿A la ciudad? – eso significaba que ya podía despedirme de verle en toda la tarde – la madre que le… ¡joder!

- Bella… - Alma me miraba asombrada – cielo, cuida tu vocabulario…

- Lo siento – dije mordiéndome el labio – es que el muy… escurridizo no me ha dicho ni adiós, vaya. Ni siquiera me ha dicho que se iba a la ciudad.

- Culpa mía – dijo Alice levantando un dedo y amenazando con un puchero – le pedí que acompañara a Jasper, lo siento si te he fastidiado.

- Tú no me fastidias Alice – dije suspirando resignada – soy yo, que me basto y me sobro para fastidiarme solita.

- ¿Quieres sentarte con nosotras? – dijo Alma mientras me enseñaba un modernísimo mp3 – vamos a elegir la música para el viernes.

- Música, para la fiesta – sopesé mis opciones – mejor os dejo a vosotras elegir libremente, no tengo oído musical.

- Si vas a darte una vueltecita con Emmet cámbiate esos Armani – dijo Alice señalando los vaqueros que yo llevaba puestos – los romperás y no quedan de tu talla.

- ¿Los vaqueros son Armani? – dije asumiendo mi total desconocimiento por la marca de mi nueva ropa – creía que esa firma solo hacia alta costura. Esto solo es un vaquero…

- Y así es – dijo Alice - solo hace Alta Costura pero esos simples vaqueros como tú los llamas son "Los Vaqueros" – me miró muy seria - Antes de irte cámbiatelos.

- Vale, tranquila – dije temiendo que esto desembocara en una clase magistral sobre diseñadores y firmas – me los quito. Por cierto ¿donde se supone que voy a ir con Emmet?

- A corretear por ahí – dijo mirando a Alma con disimulo para acto seguido susurrar las palabras tan bajito que a la mujer le resultara imposible escucharlas – ya sabes, por lo de tu nuevo hobby. Tranquila yo te guardo el secreto.

- Ah, ya, a corretear – dije sin sorprenderme porque ella ya lo supiera – por supuesto. Gracias Alice.

- No hay de qué – dijo devolviéndome la sonrisa a la vez que agitaba con gracia los dedos de su mano despidiéndose de mi – pasarlo bien.

Salí de la cocina camino de mi dormitorio y al subir las escaleras me crucé de nuevo con Emmet, que de nuevo andaba en solitario por la casa como yo.

- Eh, pareces aburrido – dije sonriéndole por lo pronto que iba a cambiar la expresión de su cara - ¿No ha habido éxito con las trillizas?

- Me han echado a patadas – dijo encogiéndose de hombros y sonriendo resignado – toca tarde de solo chicas.

- Jo, qué pena – dije intentando parecer afectada - ¿y no te han dejado participar? Con lo divertido que es… ropa, rulos, laca…

- ¡Estás loca! – dijo abriendo mucho los ojos – prefiero que me torturen antes que dejar que me pongan encima uno solo de esos artilugios que usan…

- ¿Lo dices de verdad? – dije guiñándole un ojo como solía él hacer conmigo - ¿te dejarías torturar? Resulta que ahora no tengo nada que hacer y había pensado…

- ¡Oh! ¡OH…! - sus ojos se abrieron desmesuradamente comprendiendo – Eres mi salvación, hermanita. Me estaba empezando a morir de aburrimiento. ¡GRACIAS DIOS MIO!

- Emmet, Emmet – le indiqué con un gesto que bajara el volumen de los gritos – Calma.

- Si, si. Perdona – sus dedos ya se retorcían de nerviosismo - ¿Cuándo nos vamos?

- Me cambio de ropa y nos vemos en la puerta principal más o menos – miré el reloj de su muñeca - en un cuarto de hora ¿tendrás tiempo suficiente?

- Me sobran 13 minutos, pero tranquila, te esperaré.

- Perfecto. Ahora te veo.

- De acuerdo.

Terminé de subir las escaleras y entré en mi habitación. Volví a revolver en mi armario buscando las cómodas prendas que había usado en mis últimas excursiones alimenticias. Recogí de nuevo el pelo en una coleta y sin permitirme pensar ni un segundo en Edward cerré la puerta a mi espalda y fui al encuentro de Emmet, que como había dicho solo necesitó unos minutos para estar preparado para salir.

No íbamos a cazar, íbamos a practicar algunos aspectos de mi lado Mara, pero verle allí esperando mientras contorsionaba su cuerpo me recordó aquella primera cacería en la que mi ignorancia había fastidiado un momento que debería haber sido único para Edward y para mí.

- ¿Estás lista? – la sonrisa de Emmet deslumbraba por sí sola.

- Lista y preparada – dije asintiendo – cuando quieras.

Salimos en dirección al bosque. No tenía intención de alejarme mucho pero tampoco quería llamar la atención del resto de la familia así que dirigí mis pasos hacia la cabaña del rio. Allí había un claro que nos permitiría tener el espacio suficiente para estar cómodos y tranquilos.

- Bueno, y ahora qué – dijo Emmet frotándose las manos – que tienes pensado.

- La verdad es que esto es una locura Emmet, puedo hacerte daño si no tengo cuidado.

- Empezaremos por algo facilito y veremos cómo va.

- De acuerdo.

- Probaremos con lo de la inmovilización primero. Eso no tiene porqué doler.

- A Edward le dolía…

- Pero a las presas no parece dolerles, solo les inmoviliza. Puede que lo del dolor venga después… o sea algo combinado. Lo sabremos enseguida.

- ¿Estás seguro de querer hacer esto? – dije dándole la oportunidad de echarse atrás.

- Completamente. Si veo que me sobrepasa te lo haré saber, cortas el calambrazo y listo.

- Qué fácil parece…

- Lo es. Venga Bella, estoy listo – dijo afianzando los pies en el suelo - cuando quieras.

Vale. Allá voy. Respiré profundamente y concentré mis pensamientos. Rápidamente noté las corrientes eléctricas, cosquilleando en su recorrido por mi columna. Intenté controlar la intensidad evitando mirar directamente a Emmet. No era lo mismo un ciervo que él e intenté pensar la mejor manera de descargarle el latigazo.

- A este ritmo me voy a dormir, Bella.

- Ya voy leñe – dije mirándole de refilón – allá va – solté una pequeña ráfaga y esperé - ¿Has notado algo?

- Nada – dijo moviéndose libremente – sigo entero.

- Eso es bueno – suspiré aliviada - ¿porqué me miras así?

- Porque te estás pasando de precavida – me desafió con la mirada – dale un poco más de caña, nena.

- Quieres más caña…

- Si.

- Vale – volví a concentrarme.

Aumenté un punto la intensidad de la descarga y volví a dejarla salir. Le miré esperando su reacción pero negó con la cabeza a la vez que me demostraba que podía seguir moviéndose. Vamos Bella, vas a tener que hacerlo mejor. Joder, no es tan fácil. Ese es el hermano de mi futuro marido, si me lo cargo no creo que me recibieran muy bien en la familia.

- Me duermoooo – canturreó con desidia – ¿necesitas motivación?

- Joder Emmet – me quejé – que no quiero que Rosalie me arranque la cabeza ¿vale? calma.

- La muñequita de cristal tiene miedo de hacerle pupa a Emmet – dijo entre carcajadas.

- Muñequita de cristal – dije recordando el mote que me puso cuando era humana.

- ¿Prefieres rollito de primavera? – bufé recordando la vergüenza que me hizo pasar esos días - vamos Bella, que no se diga.

- Tú lo has querido – solté la descarga con ganas pero solo la mantuve un par de segundos.

- Wooowwww – la expresión de su cara cambio por la sorpresa – lo he notado.

- Lo siento, lo siento – dije culpablemente acercándome a él – vamos a dejarlo ¿vale? Esto no ha sido buena idea.

- ¿Me tomas el pelo? Vaya sensación. Me ha hormigueado todo el cuerpo pero solo ha sido un segundo. Sigo pudiendo moverme. Tienes que intentar mantenerlo un poco más de tiempo.

- No esperarás que vuelva a repetirlo…

- Por supuesto – dijo empujándome para que le dejara espacio – pero déjate ya de mamonadas ¿vale? Suelta los caballos de una vez.

- Emmet…

- O lo haces o me pongo a airear tus intimidades ahora mismo – me amenazó.

- Vale, vale – dije dando unos pasos hacia atrás – pero no digas que no te avisé.

Solté la carga. La lancé contra su enorme cuerpo concentrándola en brazos y piernas. El se envaró confirmando que le llegaba pero que podía aguantarlo. Pude ver como los músculos se le tensaban cuando intentaba mover levemente las articulaciones, consiguiéndolo a duras penas ¿Podría por lo menos hablar para decirme que parara si le dolía? Me concentré en la expresión de su cara para captar cualquier tipo de dolor que reflejara.

Debería azuzarla más para que lo suelte o esto será muy aburrido.

Reculé dejando de las descargas cesaran bruscamente. Jadeé por el impacto que me causó haber sido capaz de leer un pensamiento de Emmet. ¿Cómo lo había logrado? Ni siquiera me lo había propuesto y así de pronto lo capté como si en vez de suyo hubiera sido mío.

- ¿Te encuentras bien? – dijo viniendo hacia mi en cuanto vio que dejé de someterle – has parado demasiado pronto.

- Ya, es solo que… - ¿Qué le digo? – creía que te hacía daño. Lo siento.

- No me ha dolido – dijo muy orgulloso de su aguante – solo me bloqueaste un poco.

- ¿No ha dolido nada?

- No, así que venga – dijo volviendo a colocarse en su lugar - que el tiempo pasa y no avanzamos.

Volví a concentrarme en los impulsos, esta vez mucho más atenta a los pensamientos que pudiera captar en el proceso. Los dejé salir con baja intensidad aumentando paulatinamente la fuerza según veía como le afectaban.

- Un poco más – pidió sin aparente esfuerzo.

- ¿Duele? – pregunté a la vez que intensificaba el ataque.

- De momento no – dijo mirándose las manos – ahora sí que no puedo moverme nada.

- ¿Quieres que pare?

- No. Dale un poco más fuerte – dijo entre jadeos.

- Emmet… - dije cautelosa. Él resopló.

Qué manía con el dolor ¡Que no me duele! ¿Cómo se lo digo para que me crea?

¡Otra vez! Había vuelto a ocurrir y me emocioné tanto que perdí un poco la concentración. Momento que él aprovechó para levantar su mano para saludarme. Suspirando por lo fácil que le resultaba aguantar mi poder, no esperó para volver a azuzarme.

- Puedo moveeermeeee – dijo sonriendo con malicia entre carcajadas antes de atiplar la voz para imitarme – oh, Edward… vamos, Edward… dame fuerte, Edward… si, si…

Concéntrate Bella, si paras… ¿¡Se estaba burlando de mi! Sus palabras hicieron que perdiera el hilo de mi pensamiento. Ahora fui yo la que se envaró. Eso era jugar sucio, sabía perfectamente que no me gustaba que mis intimidades estuvieran en boca de todos, y menos en la suya. Al ataque Bella, haz que se calle. Vale, si era lo que quería eso conseguiría.

Lo dejé salir con fuerza. Él se tensó tan bruscamente que oí crujir algunos de sus músculos.

- Wooowwww – dijo abriendo los ojos como platos.

- ¿Así te gusta más… bocazas? – dije sonriendo con maldad.

- Eso está mucho mejor – dijo jadeando y devolviéndome la sonrisa con picardía – pero sigue sin doler… y el dolor… a veces gusta… ¿verdad Bella?

- Te la estás jugando – dije incrementando la fuerza de la descarga – deja el tema.

- Uuuaaaaa – dijo notando el ataque – ¿te dolió mucho, Bella? Esa postura es…

- Emmet… – le bufé sonoramente. Ya no hice por contenerme – no me provoques…

- Claro… que te… dolió – siseó las palabras – la primera vez que… te ponen a cuatro p… AAAAAAAAAAA, VALEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE…

- ¿Quieres que pare o sigo un poquito más? – dije manteniendo el ataque sin disminuir la rabia - ¿Vas a dejarlo ya?

- SIIIIIII, SIIIIIIIIIII – cerró los ojos intentando aguantarlo – LO DEEEEEJOOOO…

Corté la descarga. Cayó de rodillas jadeando por el tremendo ataque que había tenido que soportar. Me miró con una expresión que jamás había visto en su rostro, lo identifiqué como respeto. De pronto me sentí culpable. Él me había provocado pero no podía dejarme arrastrar por la rabia a la primera de cambio. Me acerqué a su lado muy despacio.

- Lo siento Emmet, de verdad. No debería haberlo hecho.

- Joooooder, Bella – dijo echándose hacia atrás y sentándose de culo sobre la hierba – ha sido alucinante…

- ¿Estás bien? – dije mirándole el cuerpo a ver si había resultado dañado - ¿te duele algo?

- Ahora no me duele nada – dijo moviendo un poco los brazos y recuperando el aliento – pero estoy como... si me hubiera pasado un tráiler de veinte ruedas por encima… ufff.

- Te dije que esto no era buena idea.

- Ha sido genial – dijo sonriendo divertido – pero creo que por hoy he tenido suficiente.

- Lo siento – dije esquivando su mirada – no debiste provocarme.

- Había que hacerlo – dijo mientras se apoyaba en mi para levantarse – si seguíamos a ese ritmo me hubiera muerto de aburrimiento.

- No sabía si me mentías con respecto al dolor, no quería pasarme.

- Bella, cuando me ha dolido te lo he dicho ¿no? Pues fíate de mí la próxima vez… ya has visto que solo me ha faltado suplicarte.

- ¿¡La próxima vez! – estaba loco si pensaba que íbamos a repetir – no habrá próxima vez…

- Ya lo creo que la habrá. Ahora que sé que puedo esperar será mucho más fácil ayudarte a dominarlo del todo.

Mientras los últimos rayos de sol se perdían en el horizonte, nos dirigimos de nuevo hacia la casa. Emmet estaba realmente entusiasmado e iba contándome las impresiones que le había causado ésta primera toma de contacto con mi Mara. En cierto modo yo también lo estaba, había conseguido sin proponérmelo leer sus pensamientos.