Buenos dias de viernes...!

¿Qué sería de cualquier fic si no hubiera este tipo de lios entre sus personajes? Exacto, no habría fic... asi que solo os digo que tengais paciencia, que le deis a Edward un voto de confianza y que os prepareis porque estamos en la recta final de esta historia. Hoy, la luz va a iluminar muchas mentes... ;)

Y si, el fin de semana habrá actus. Ya no paramos hasta el "The End"

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 50

Tuve que sentarme con miedo de que mis piernas no soportaran mi peso en su presencia. Cuando vi sus ojos supe que efectivamente algo había cambiado en él. Daba miedo. Sus ojos me daban miedo. Parecía cansado, parecía realmente harto de todo.

- Estás preciosa - dijo acercándose lentamente a mí.

- Gracias - dije envarándome cuando noté su cercanía.

- Quiero besarte – se inclinó para llegar a mis labios - ¿Tienes ganas de permitírmelo?

A pesar del temor y la preocupación que me despertaba su expresión seguía terriblemente enfada con él. Cuando vacilé, pude ver que la resignación acudía a sus ojos. Se echó hacia atrás.

- Lo siento – se disculpó sin mostrar ni la más mínima molestia por mi reacción.

- No es que no quiera besarte, Edward. Sí que quiero.

- No tienes que explicarte – dijo sin mirarme a los ojos - yo soy feliz sólo con estar cerca de ti, incluso si no me permites... tocarte.

- Es que no entiendo tu comportamiento – dije sin poder contenerme más - te mueres de ganas de estar conmigo pero me huyes, quiero acompañarte donde vayas y tú no me dejas, te pido que me cuentes qué te pasa y te cierras como una ostra.

- No es mi intención hacerte daño.

- Me haces daño manteniéndome alejada de ti, porque eso es lo que estás haciendo. Apartándome de tu lado no conseguirás que no sufra. Ya te he dicho que no me importa lo que hayas hecho…

- Me importa a mí.

Él empezó a alejarse dispuesto a salir de la habitación.

- Edward espera – dije temiendo volver a quedarme sola – no te vayas, por favor.

- De verdad que siento esto, Bella - Sus ojos brillaron en la penumbra – de verdad que no te haces una idea de lo mal que lo estoy pasando…

- Ven aquí – dije levantando una mano e instándole a volver a mi lado. Lo hizo – Lo siento ¿vale? No quiero presionarte.

- Ten paciencia conmigo – dijo mientras se arrodillaba a mi lado - solo te pido un poco mas de… tiempo. Solo un poco…

- ¿No has dicho que querías besarme? – dije poniéndome de pié y agarrándole de la camisa para que lo hiciera él también - Pues hazlo.

Inclinándose, puso su boca sobre la mía y me acarició los labios. Cielo santo, era tan suave, tan cálido… y le había echado tanto de menos... Mierda, estaba loca si pretendía engañarme haciéndome la fuerte. Necesitaba saber qué demonios le corroían por dentro.

- No me huyas Edward Cullen – dije aferrándome a su cuello y pegando su cuerpo al mío – no me alejes de ti porque me muero si no estoy contigo.

Me encerró en un fuerte abrazo y acarició mi boca de nuevo, di varios pasos hacia atrás. Me siguió, manteniéndonos enlazados. Cuando ya mis piernas tocaron el borde de la cama tiré de él cayendo ambos sobre ella, presionando su pecho contra mí.

- No sabes cuánto deseo esto Bella – dijo mirándome intensamente – pero ahora… no es el momento.

- Es el momento – dije deslizando las manos por encima de su camisa – te necesito.

- Bella ahora no… - su voz sonó como un ronroneo y de forma acalorada - … no sería cuidadoso contigo.

- ¿Quién te ha pedido que lo seas?

- Bella…

- Hazlo como lo necesites… como quieras hacerlo, duro o suave, pero hazlo.

Le agarré bruscamente de las solapas de la camisa y tiré con fuerza, haciendo girones la tela que le cubría y abriéndola para descubrir su pecho. Volví a besarle ferozmente y cuanto más duro le besaba, más duro me devolvía él el beso, hasta que nuestras lenguas se batieron en duelo y cada músculo en él se convulsionaba por descontrolarse, por dejar salir lo que fuera que llevaba dentro.

- Tengo que tocarte – dijo no sé si avisándome o mentalizándose a sí mismo.

Subió todo su cuerpo sobre mí abriéndose paso con las rodillas para que le dejara hueco entre mis piernas. Le dejé todo el espacio que la falda me permitía. Me agarró de la cadera y apretó, moviendo la mano y subiéndola por el corpiño hasta justo debajo de la hinchazón de mis pechos.

- Hazlo – dije jadeando en su oreja – tócame.

Me arqueé para invitarle a seguir, exponiendo mis pechos para que los capturara. Me acarició por encima del vestido. Aspirando su aroma, puse mis manos sobre las suyas, apretándolo más contra mí.

- Dios cariño… - volví a jadear al límite de mis fuerzas – te he echado tanto de menos…

- Oh, Bella... déjame mirarte, pequeña ¿Si?

Antes de que pudiera responder se abalanzó sobre mi boca. Respondí tan ardorosamente a su beso que no me hacían falta palabras para responderle. Empezó a desabrocharme los botones del vestido torpemente, pero cansada de que intentara descifrar el intrincado mecanismo de cierre fui yo la que terminó de hacerlo.

Estaba impaciente, excitado. Me despojó del vestido, sacándomelo por la cabeza. El corsé blanco y el par de susurrantes medias blancas que descendían por mis piernas se revelaron ante sus ojos con una erótica sorpresa. Me recorrió la cintura y el abdomen con las manos, apreciando la bella estructura del entramado del corsé pero anhelando el cuerpo que había debajo.

- ¿Puedo quitarte esto?

El siseo de su voz mezclado con la dureza de sus ojos hizo que en mi mente saltaran todas las alarmas. Este no es Edward, es un demonio.

- Si – salió de mi boca mas como una orden que como una simple afirmación.

Me lo arrancó.

Con la mirada en mi rostro, Edward inclinó la cabeza y tomó uno de los pezones en la boca, succionando. Dulce cielo, no iba a aguantar mucho más y aún no estábamos ni cerca de estar desnudos. Cuando notó que mi mano buscaba la suya para aproximarla a mi otro pecho se tensó.

- Espera Bella – se deshizo de mi mano para frotar la suya contra la pernera de su pantalón – espera…

- No me lo niegues – dije intentando capturar de nuevo su mano – lo necesito…

- No estoy diciéndote que no. Es sólo que… oh, Dios…

Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Le abordé tan rápido que no le dio tiempo a reaccionar. Un segundo antes estaba sobre mí y al siguiente estaba apretado contra el cabecero mientras yo lo montaba a horcajadas. No pudo ni hablar pues mi lengua ya estaba dentro de su boca.

Me sentía tan condenadamente bien estando por fin con él, que no quise reparar en la culpabilidad que expresaba su mirada. La culpa, los remordimientos y el recelo no eran la música de fondo apropiada pero si no solucionaba esto íbamos a terminar más alejados aún. A pesar de notar, por el llamativo bulto que ahuecaba sus pantalones, que estaba más que preparado para mí, intentó apartarme.

- Bella…

- Te quiero. Ahora.

Tomo aliento mientras cerraba los ojos, muy concentrado en no hacer caso a mis manos que ya volaban sobre el cierre de sus pantalones. Cuando abrió los párpados yo ya le había quitado lo que quedaba de su camisa. Volví a coger sus manos y las posé duramente contra mis pechos, hecho que lo aturdió completamente.

La lujuria en sus ojos hizo por fin su triunfal aparición, y no pude más que sonreír de satisfacción al notar sus manos desplazarse de mi pecho para estrecharme la cintura. Se inclinó hacia delante mordiéndose los labios, listo para ponerlos sobre la primera parte de mí que encontrara, pero se detuvo.

- Bella… no – intentó apartarse de mí de nuevo mientras negaba con la cabeza.

- No me digas que no – dije mirándole incrédula.

- No haré esto – dijo mientras me agarraba de las muñecas - No de esta forma.

¿Se refería a su estado de ánimo o al mío? Me liberé de su agarre y giré la cara, dolida.

- ¿De qué forma entonces, Edward?

- Bella… - intentó girarme la cara para que le mirara.

Me aparté de sus manos, empujándolas lejos. No podría mirarle a los ojos sin que viera la rabia que me empezaba a consumir por dentro. Respiré profundamente un par de veces intentando calmarme pero no dio resultado.

- Bella, cielo. Mírame.

- No puedo creer esto – lo que vi en sus ojos me gustó menos que lo que reflejaban los míos –casi no podemos contenernos y dices que no…

- Déjame… cielos… dame solo un segundo. Solo necesito…

- ¿Qué demonios te pasa?

- Es solo que… ¡así no puedo!

- ¿¡Así como! – dije empezando a cabrearme en serio – Es por ella ¿Verdad? Esa maldita zorra esta machacándote otra vez…

Se limitó a bajar la cabeza. Dios santo, no puedo más. Me froté los ojos en un intento de dejar de ver a un Edward consumido. Realmente no sabía qué demonios estaba haciendo. Si no quería tener sexo conmigo tampoco iba a obligarle, pero sentirme rechazada era lo último que habría esperado de él. Me levanté de encima y fui a recoger las prendas que estaban tiradas por el suelo.

- No puedo más con esta situación – dije mirándole frustrada - Si no quieres nada conmigo solo tienes que decirlo, pero no me hagas pasar por esto para ahora dejarme así…

- No he dicho que no quiera hacer el amor contigo dijo mientras la ya tan familiar culpa asomaba en sus ojos es solo que… no así. Contaminaría todo el asunto.

- No me refiero solo a hacer el amor Edward…

Me cubrí el cuerpo con el vestido, sintiéndome más desnuda y vulnerable que nunca ante sus ojos. Me recordé a mi misma que no debía presionarle, pero la fuerza se me escapaba por la boca.

- Estoy destinada a sufrir esto contigo ¿verdad?

- No, mi vida… yo…

- Me has pedido tiempo y eso voy a darte. Pero no creas que pienso quedarme de brazos cruzados viendo como ella nos destroza la vida.

Después de un largo momento de silencio, le di la espalda y me fui al cuarto de baño, cerrando la puerta tras de mí y sintiéndome tan mal que creí que vomitaría mi propio estómago. Estuve a punto de volver a su lado y decirle que todo estaba bien, pero no lo hice. Eso se acabó.

Se acabó la Bella gilipollas que hacia siempre lo correcto para todos. Para todos menos para mí. Se acabaron las comprensiones y las sutilezas con ese par de arpías carroñeras. Si querían guerra iban a tenerla.

… . …

(Jueves)

Pasé el resto de la noche y parte de lo que ya podía denominarse como una mañana esplendorosa sentada en el sofá del porche.

Tenía que ponerme las pilas si quería descubrir qué demonios pretendían las gemelas con respecto a Edward y seguir en esta incertidumbre estaba empezando a afectarme seriamente. Pero meterme en sus cabezas me estaba resultando más difícil de lo que esperaba.

Afortunadamente el día anterior había comprobado que con la suficiente motivación y esfuerzo podría conseguirlo, como había hecho con Emmet. Y otra cosa no, pero motivación ahora tenía para dar y regalar.

- ¿Qué haces ahí sentada tan sola? – dijo Eleazar.

- Ah, Eleazar – dije por la inesperada interrupción de mis pensamientos – si buscas a Carlisle está en su despacho…

- En realidad quería hablar unos minutos contigo, si no te importa.

- Oh, bueno… - dije intentando disimular la sorpresa – claro. Por favor, siéntate.

- Bella, apenas nos conocemos pero sé que eres una persona muy especial, y no solo por tus increíbles habilidades. Sé que eres buena persona.

- Te agradezco y me complace que tengas tan buena opinión de mi, Eleazar – le dije medio avergonzada – pero no deberías ponerme el listón tan alto. Hasta mi dócil personalidad sufre altibajos de vez en cuando…

- Esto debe ser duro para ti, ¿verdad? – dijo mirándome con una leve sonrisa en los labios – soy hombre de pocas palabras pero me considero un buen observador y sé que lo estás pasando mal.

- Es… difícil – no me sentía con fuerzas para mentir a este hombre – para qué negarlo.

- Una respuesta muy comedida, Bella – se quedó un instante pensativo – Difícil.

- Así es - ¿Qué pretendía que le dijera? ¿Que quería despellejar vivas a sus hijas? – intento controlarlo pero a veces me supera… siento si mi comportamiento os hace sentiros incómodos.

- Supongo que sabes todo lo que pasó entre los Cullen y nuestra familia hace 30 años…

- Si – dije esperando ver aparecer la rabia del hombre en cualquier momento - Edward me lo contó…

- Un buen detalle por su parte – dijo sin perder la sonrisa - así me resultará mucho más fácil hablar de esto contigo.

- Eleazar – dije todo lo sincera que pude – sé que Edward actuó mal y todos pagasteis las consecuencias pero…

- Las pagamos, si. Tanto nosotros como los Cullen, pero no es eso de lo que quiero hablarte.

- ¿Entonces?

- Conozco a Edward y conozco a mis hijas – dijo de pronto frunciendo el ceño – y a pesar de que en aquella época los tres andaban bastante alborotados… - medito las palabras unos segundos – sé que ellas fueron las verdaderas responsables de la ruptura del compromiso.

Me miró esperando encontrar la sorpresa en mi cara por su sentencia, pero no apareció. Me limité a bajar la mirada otorgando el silencio por respuesta.

- Vaya – dijo soltando una pequeña carcajada – ya lo sabías, por supuesto. No esperaba menos de Edward. A pesar de no ser santo de mi devoción, valoro muy positivamente que no tenga secretos para ti…

- Los tiene – dije mirándole de nuevo – y créeme que esto está siendo mucho más duro por ese motivo.

- Él ya no siente nada por ellas… si es que alguna vez llegó a sentir algo verdadero. Y a pesar de que Tanya no ha rehecho su vida, también sé a ciencia cierta que no está interesada en él.

- No estoy tan segura como tú – dije intentando mantener la compostura.

- Bella, si Tanya aun sintiera algo por Edward, no hubiéramos podido volver a esta casa. Ver a tu amor en brazos de otra persona es sufrir un dolor que ni el más poderoso de los vampiros puede soportar.

- No estoy dudando de sus sentimientos hacia mí – dije preguntándome a donde pretendía llegar con esta conversación. Empezaba a ponerme nerviosa – sé que Edward me quiere.

- Bella mírate – dijo cogiéndome de la mano – la cabeza va a explotarte de un momento a otro… llevas horas aquí sentada, no disfrutas de los preparativos de tu boda, te envaras cuando ellas están delante, te desinflas cuando él se va, aunque sea solo por unas horas. Jasper está tan pendiente de ti que creo que terminará agotado de tanto tranquilizarte, Alice no te quita los ojos de encima temiendo que te lances contra la yugular de alguien…

- Basta, Eleazar – pedí irritada por resultar tan obvia a los ojos de ese desconocido – no sé qué quieres de mi o qué pretendes que te diga… aunque lo parezca no soy de piedra ¿sabes? Intento hacerlo lo mejor que puedo… no es fácil soportar toda esta tensión.

- ¡Eso es lo que quiero que me digas, Bella! – dijo mirándome con dureza - ¿Cuál es la causa de toda esa tensión?

- Eso es asunto mío – dije devolviéndole la mirada intentando no perder los papeles - si quieres información estás preguntándole a la persona equivocada.

- Quiero que me digas qué están haciéndote mis hijas - soltó de sopetón.

- ¿¡Que te diga qué! – dije perpleja por lo inesperado de la petición.

- No nací ayer, Bella – dijo mirándome igual de frío que antes – sé que está pasando algo y no quiero que esto termine igual que hace 30 años. No, si yo puedo evitarlo.

- No tengo nada que contarte porque a mí no me han hecho nada…

- ¿Quieres que se lo pregunte a Edward directamente?

- ¡NO! – pegué un bote del asiento. Sólo imaginar la reacción de Edward ya me hacía temblar las piernas – Eleazar, por favor…

- No será agradable pero lo haré si es necesario – dijo sin variar ni un ápice su determinación – siento tener que presionarte a ti pero sé que eres la única que puede contármelo.

- Escucha, Eleazar… - sopesé la posibilidad de soltarle lo que pensaba de sus hijas a la cara pero me contuve - no voy a traicionar a Edward aumentando el tamaño de esta guerra que ya ha causado demasiado sufrimiento a todos, Edward no lo soportaría ni yo tampoco.

- No te pido que traiciones la confianza de Edward y no necesito saber nada del pasado. Sólo te pido que me cuentes cuáles son tus sospechas actuales.

- Eso solo son suposiciones… - me extrañó la insistencia del hombre – no quiero que saques conclusiones erróneas por mis celos enfermizos.

- Habla de una vez – dijo calmadamente mientras me advertía veladamente – Edward debe estar a punto de bajar…

- ¡Está bien, maldita sea! – dije volviendo a sentarme y cruzándome de brazos enfadada por haberme dejado derrotar – de verdad que estoy cansada de esto…

- Sigo esperando.

- Ya voy, un poco de calma – dije suspirando dispuesta de tirarme de cabeza al pozo – Lo único que puedo decirte es que algo terrible ocurrió en el pasado de Edward y ese recuerdo le está atormentando desde que habéis llegado. Edward no quiere contármelo porque piensa que si lo hace me perderá para siempre. Si lo oculta para protegerme a mí o a sí mismo, no lo sé. Como tampoco sé si está relacionado conmigo o solo con su pasado. Pero sé que ella…

- Crees que una de mis hijas está avivando esos recuerdos…

- Sé que lo está haciendo.

- ¿Megan o Tanya?

- Creo que Tanya pero tampoco estoy segura… puede que pretenda fastidiar la boda sólo para vengarse porque Edward la dejara…

- Tanya nunca emprende nada si no es para sacar un beneficio propio. De nada le serviría desmantelaros la boda si los sentimientos de Edward hacia ti siguen siendo los mismos. Ella no saca nada haciendo eso… tiene que haber algo más…

Me sorprendió el alivio que me embargó cuando le solté a Eleazar todas mis sospechas, como si me hubiera quitado unos cuantos kilos de encima. Así como también me dejó alucinada la naturalidad con la que él asumió mis palabras sin poner en duda ni una sola de ellas. Desde luego era un "aliado" completamente inesperado pero me reconfortó saber que tenía pleno conocimiento de cómo se las gastaban sus hijas y que fuera lo suficientemente autónomo e imparcial como para no dejarse influenciar por el "parentesco" que le unía a ellas.

Estuvimos en silencio unos instantes cavilando los motivos que podrían mover a Tanya a querer remover esos recuerdos. Qué podía pretender si, como su propio padre decía, no sacaba nada de ello.

- Espera… - me quedé tan impactada por mi propio pensamiento que me costó un segundo más del necesario encajarlo – espera… Edward me habló de… una vez me preguntó si yo… oh, dios…

- ¿Qué, Bella? Dime qué estas pensando – me miraba intentando encontrar sentido a mis palabras.

- Le está chantajeando… - dicho en voz alta cobraba mucha más fuerza – le está haciendo pagar… Dios, pero qué ciega he estado – me levanté del sofá retorciéndome las manos – eso es lo que está haciendo la muy…

- ¿De qué demonios hablas? – dijo levantándose y agarrándome por los hombros – Crees que le está haciendo chantaje…

- Le amenaza con contármelo… - las piezas empezaron a encajar solas - por eso él está evitándome, por eso no pasa tiempo conmigo… no quiere que yo lo termine – ¿leyendo en su mente? - averiguando.

- ¿Pero qué obtiene ella haciendo eso? – me miró arqueando las cejas en el mismo momento que lo hacían las mías – no creerás que…

Me mareé solo de pensar el precio que estaba pudiendo pagar.

Suficiente para mí. Esto era demasiado hasta para mi férreo aguante. Ya mi paciencia había encontrado su punto de no retorno y ahora no había vuelta atrás.

Ni para ella ni para él.