Buenos dias de sabado...!
Del capi de hoy no voy a decir nada... prefiero que lo leais ;)
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen, lexa0619, EdithCullen71283 ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
. ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... .
Capitulo 51
Cuando conseguí que Eleazar me dejara marchar, después de asegurarle que me encontraba bien y que estaba mucho más tranquila, me encaminé hacia el interior de la casa dispuesta a sacarle la verdad a Edward. Las piezas habían sido encajadas y la impresionante veracidad de que eso era lo que estaba pasando me hizo tomar la determinación de terminar con esta locura de una vez por todas.
Subí al dormitorio pero estaba vacío. Edward no estaba y una vez más no se había dignado ni a decirme dónde iba ni a despedirse de mí. Tuve que agarrarme las manos para no destrozar la habitación entera. Vale, si él no estaba disponible tenía otras alternativas para ir averiguando más para cuando tuviera que enfrentarle.
Tanya era la siguiente en mi lista. Pero tenía que andarme con cuidado, si no jugaba bien mis cartas, podría ser yo en vez de ella la que quedara como una loca desequilibrada delante de todos. Necesitaba tener pruebas para desenmascararla.
Las oí hablando en el salón y armándome de un aguante infinito puse mi mejor sonrisa y me encaminé hacia allí.
- Pues yo sigo pensando que casarse es algo completamente innecesario – escuché que decía Rosalie cuando abrí la puerta – ah, hola Bella.
- ¿Interrumpo? – dije poniendo las manos a la espalda para evitar la tentación y sonriendo ampliamente – Os he oído hablar y como no tengo nada que hacer…
- Estábamos hablando de la necesidad de casarnos o no los de nuestra raza – dijo Megan mirando primero a Tanya que permanecía silenciosa y después de nuevo a mi – yo pienso que existiendo un lazo mucho más férreo como es el amor o el destino, lo que diga un cura es completamente inútil ante eso ¿no crees?
- Pienso lo mismo – dije sin querer añadir nada más. Centré mi mirada en Tanya.
- Rose también es de nuestra opinión – dijo Megan sonriendo – pero Tanya piensa que para que una persona te pertenezca definitivamente tiene que llevar ese anillo en el dedo como si fuera un yugo alrededor del cuello.
- Solo digo… - dijo Tanya mirando a su hermana – que casarse es un paso importante que no debería darse si no estás cien por cien seguro de querer pasar el resto de la vida con la otra persona.
- Eso para los humanos está muy bien – dijo Rose – porque solo tienen una vida para vivir y firmar un papel o ponerse un anillo es un símbolo de entrega total importante en esas circunstancias, pero nosotros, tendríamos que volver a casarnos cada 30 o 40 años para mantener en los registros al día… y que fuera válido.
- Exacto – dijo Megan con sonrisa triunfal – pero hay algo que no entiendo Bella ¿por qué vas a casarte si no crees en el matrimonio "humano"?
- Porque Edward me lo pidió y es algo muy importante para él – dije clavando los ojos en Tanya – él también es de los que piensa que es necesario, para asegurarme que quiere pasar toda su vida conmigo.
- ¿No le basta con que te hayas convertido en vampiro por él? ¿Que hayas dejado tu vida y todo tu mundo por estar a su lado? Eso es muy egoísta…
Megan seguía hablando pero solo una mínima parte de mi cerebro registraba sus palabras. Mi concentración estaba puesta en Tanya y en su cara de convencimiento de que Megan acertaba al tachar a Edward de egocéntrico.
- Eso tendría que ser muestra más que suficiente de lo que os une y no hacerte pasar por esto sólo porque él quiere hacerlo…
- ¿A qué ha renunciado él por estar con ella? – Tanya lanzó la pregunta a su hermana – yo te lo diré… a nada. Sigue teniendo todo lo que quiere y su vida no ha variado para nada.
Siempre ha sido un cerdo avaricioso. Solo le importa él, él, él y después él.
Dios santo ¿eso era un pensamiento de Tanya? Abrí los ojos intentando mantener la compostura y sonreí con ironía a las palabras que esa zorra había dicho de Edward. Sentí un grato alivio al corroborar que efectivamente, como había dicho Eleazar, ella ya no sentía nada por Edward. Solo la movía el odio, el hacerle daño, quería hacérselo pasar mal.
- ¿Tienes algo que decir a eso Bella? – dijo Megan sacándome de mis pensamientos – ¿también crees que Edward actuó egoístamente y en su propio beneficio?
- Renunciar a una vida que no era en realidad una vida no fue un gran sacrificio. Edward me ha dado mucho más que yo a él, en todos los aspectos.
- Seguro… - apostilló Tanya sonriendo sarcásticamente.
El sexo es lo único que merece la pena con él, esas manos hacían maravillas sobre mi…
Bueno se acabó. Iba a agarrarla de los pelos y arrastrarla por toda la casa. Iba a sacarle las tripas a través de su sucia boca y a metérselas de nuevo por el culo, a ver si eso le parecía una maravilla también. Apreté los puños. La boca se me llenó de veneno.
Volveremos a la cabaña… y esta vez no podrá decir que no…
¿Había entendido bien? ¿Había pensado que iban a volver a la cabaña? ¿Eso significaba que ya habían estado allí en otra ocasión? ¿En cuántas ocasiones? Espera Bella, piensa. Él se ha negado. Eso era cierto, Tanya ha dicho que ésta vez no iba a poder negarse… ¿Qué demonios significaba eso? ¿Tenía que estar contenta por este motivo? Por supuesto que sí. Pues no mira, no estaba nada contenta.
Me levanté del asiento como si hubieran accionado un resorte. Alice apareció en ese mismo instante colocándose velozmente a mi lado y haciendo que parara en seco mi avance. Un solo segundo después Jasper aparecía ante la atónita mirada de las tres mujeres que no sabían a que era debido todo ese alboroto.
- ¡Bella! – dijo haciendo que girara la cara para mirarla – necesito que… vengas conmigo… a… ocuparnos de unos detallitos ¿puedes acompañarme, por favor?
- Ahora no, Alice – dije notando como Jasper que se empleaba a fondo conmigo.
- Ahora sí, Bella – dijo Alice haciendo que volviera a mirarla de nuevo – ahora, tiene que ser ahora ¿de acuerdo? Solo será un momentito de nada.
- Bella – dijo Jasper esforzándose al máximo para manipular mi estado de ánimo – haz caso a Alice, ve con ella.
- Si Bella – dijo Megan mirando divertida a Alice – creo que si no vas terminará por darle un ataque…
- Tenía otros planes – dije mirando a Tanya sin sentir absolutamente nada, Jasper era el responsable de ello – pero si insistís os acompañaré.
- ¡Genial! – suspiró aliviada Alice antes de echarle una mirada cargada de significado a Rose – hay que estar pendiente de los detalles, son importantes para que no haya… problemas.
Rosalie miró más detenidamente como Alice me agarraba del brazo y como Jasper interponía su cuerpo entre las gemelas y yo. Pero fue el modo en que yo no podía apartar la mirada de Tanya lo que la terminó de convencer de que yo había estado a punto de perder la cabeza. Miró a las gemelas, que afortunadamente no parecían haberse dado cuenta del peligro que habían corrido y volvían a hablar entre ellas con absoluta normalidad. La culpabilidad se dejó ver en su semblante y no pudo más que bajar la mirada al suelo, incapaz de mantenérsela a su hermana.
Salí arrastrada por Alice del salón y me llevó a la cocina. Me obligó a sentarme en una de las sillas mientras Jasper me seguía a pocos pasos de distancia.
- ¿Se puede saber qué demonios te ha pasado? – Alice me miraba intentando descifrar mis sentimientos - ¿Sabes lo que has estado a punto de hacer ahí dentro?
- Lo sé Alice – dije mirando de soslayo a Jasper que seguía sin quitarme ojo – me he… dejado llevar por un segundo… pero ya estoy bien.
- ¿Qué ha pasado, Bella? – ahora era Jasper el que preguntaba.
- No ha pasado nada, he perdido los nervios, eso es todo.
- Oh, vale, has perdido los nervios – Alice me miraba entre asombrada y enfadada – casi le arrancas la cabeza de cuajo a Tanya pero no ha pasado nada, ya me quedo mucho más tranquila… ¿¡estás loca o que!
- Alice, calma – la previno Jasper – Bella aun está un poco nerviosa, así que intenta relajarte tú también ¿de acuerdo? – Alice suspiró – eso está mejor. Ahora Bella, cuéntanos que ha pasado.
- No ha pasado nada – volví a insistir – ya os he dicho que perdí los nervios, no tenéis que preocuparos. Ya se me ha pasado y no hay nada más que contar. Ahora si me disculpáis voy a salir un ratito… a tomar el aire.
- Te acompañamos – sentenció Jasper levantándose a la vez que yo de la silla.
- No es necesario, prefiero estar sola, si no os importa.
- Pero bella… - Jasper se negaba a dejarme sola pero un asentimiento por parte de Alice después de escanear mi futuro más próximo y ver que no iba a ocurrir nada le terminó de convencer – vale, de acuerdo. Pero estaremos por aquí, por si necesitas… lo que sea.
No me paré ni a darles las gracias. Salí de la cocina por la puerta que daba al jardín y encaminé mis pasos hacia una dirección concreta. Caminé despacio y sin prisas, no quería levantar sospechas si alguien me veía salir disparada de la casa. Estaba segura de que tanto Alice como Jasper me estaban mirando a través de la ventana y era necesario que no salieran detrás de mí en este momento.
No sabía si encontraría algo, no sabía ni por qué tendría que ir allí a comprobar nada, pues no creo que fueran dejando miguitas de pan tras sus pasos, pero tenía que hacerlo. Estaba convencida de que si iba allí algo me diría si mis sospechas iban bien encaminadas.
Traspasé la puerta de la cabaña adecuando la vista a la penumbra interior y lo único que pude captar en un primer momento es que no olía a cerrado. Supuestamente nadie había vuelto a entrar desde que se arreglaron los desperfectos que ocasionó la pelea de Edward y Jacob, pero el aire no estaba viciado.
Paseé lentamente por la estancia buscando indicios de algo que estuviera fuera de lugar pero no encontré nada anormal. Todo estaba en su sitio también en el dormitorio y en el baño. ¿Qué esperabas encontrar? ¿Los restos de una fiestecita? Vamos, Bella. Sabes que Edward no te haría algo así. Claro que no, Edward no me haría algo así, eran los malditos celos que me tenían trastornada.
Hablaría con él, le contaría mis sospechas y vería cómo reaccionaba a mis suposiciones. Tenía que terminar con esto por el bien de los dos, y por el de toda la familia. Después de echar un último vistazo decidí salir de allí y dejar de darle vueltas a la incógnita de por qué Tanya había pensado "volver" a la cabaña.
Me disponía a salir cuando un brillo en el suelo captado con el rabillo del ojo me frenó en seco con el pomo de la puerta ya en la mano. Me giré para mirar lo que me había distraído y tuve que parpadear varias veces para comprobar que no me estaba fallando la vista. Tragué en seco con tal fuerza que mi garganta se resintió.
Allí, tirado al lado de la pata de una de las sillas, cerca del aparador que constituía casi la totalidad de los muebles de la estancia, encontré el cinturón favorito de Edward.
No sé cómo me agaché para recoger el cinturón, ni sé como salí de la cabaña en dirección a la casa. Tampoco sé si me crucé con alguien por el camino o si entré sin que nadie me viera. No me acuerdo de haber cerrado la puerta ni de haber echado el pestillo de nuestro dormitorio. Ni siquiera recuerdo cuanto tiempo estuve sentada a los pies de la cama, con el cinturón de Edward en mis manos.
En un par de ocasiones creí escuchar como alguien tocaba la puerta con tímidos golpecitos, preguntando si me encontraba bien o si necesitaba ayuda, pero tuvieron que desistir al no hallar respuesta por mi parte. No sé cuánto tiempo después volvió a repetirse la insistente llamada, pero el resultado fue el mismo. Silencio.
Solo la carcasa vacía de mi cuerpo estaba allí sentada y no tuve conciencia de los cambios que el paso del tiempo efectuaban en la luz diurna, que fue desapareciendo paulatinamente hasta tornar en completa oscuridad los contornos de la habitación.
Mi mente necesitaba recomponerse, necesitaba encontrar el modo de registrar aquello y darle una forma racional antes de volver a conectar los cables y que todo funcionara correctamente.
Bueno, Bella… tenemos que llegar a una conclusión. Si, era hora de sacar conclusiones. Vamos a hablar con Edward y dejaremos que sea él quien nos cuente qué hacia un cinturón suyo en la cabaña. Si, dejaremos que él nos lo cuente. Pero tenemos que dejar que sea él quien decida contarlo, no vamos a presionarlo. Y un cuerno, iba a contármelo si o si.
- ¿Bella? – la voz de Edward al otro lado de la puerta quería hacerme volver – cariño, ábreme por favor.
Vale, presionaremos si es necesario, pero con calma. Eso, con calma. Y después de haberle escuchado tomaremos las decisiones que haya que tomar, juntos. De acuerdo, incluiría a Edward en mis decisiones, estábamos juntos en esto, o por su bien eso esperaba. Veremos si después es necesario decirle unas cuantas cosas a la víbora. Eso no es negociable, esa zorra iba a saber con quién se la estaba jugando.
- Bella, si no me abres tendré que entrar por la fuerza.
Vale, hora de conectar cariño. Tómatelo con calma, dale tiempo a que se explique, no le presiones, déjale hablar y… Cállate de una jodida vez. Vale, ya me callo. Mucho mejor así.
El pestillo salió despedido, ofreciendo muy poca resistencia a la mínima fuerza que empleara Edward para entrar en la habitación. Momento en el que mi mente hizo click, restaurando a su vez las conexiones necesarias para que mi cuerpo volviera a su estado normal.
Se quedó estático en la puerta, mirando como yo estaba sentada en el suelo a los pies de la cama con su cinturón en mis manos. Cerró la puerta lentamente y se aproximó a mí con paso cauteloso pero manteniendo una prudencial distancia.
- Bella cielo ¿estás bien? – su voz sonaba ansiosa.
- No, no estoy bien – conseguí decir – no estoy nada bien.
- ¿Qué… qué ha pasado? – podía notar la agonía que soltaba con cada palabra – he hablado con Alice y me ha dicho que…
- He encontrado esto – dije elevando un poco de mi regazo su cinturón a la vez que mis ojos buscaban los suyos – es tuyo… te lo dejaste olvidado. Estaba en la cabaña, tirado en el suelo.
- Bella escucha – se llevó la mano a la cabeza – tienes que confiar en mi ¿vale?
- Confío en ti – dije bajando los brazos y desviando la mirada – lo que no sé es por qué tu no lo haces en mí.
- No ha pasado nada. Yo solo quería… intentaba que tú no…
- ¿Qué no me enterara? ¿Qué no lo descubriera?
- Bella – dijo aproximándose a mi lado – no saques conclusiones precipitadas...
- Ah, no claro… ¿Qué conclusiones debo sacar de esto Edward? – dije tirando el cinturón a sus pies - ¿me precipito si pienso que te has estado tirando a Tanya delante de mis narices?
- Bella por dios… no digas eso, sabes que yo no…
- ¿Es por eso por lo que me rechazaste anoche? – esto ya no había quien lo parara - ¿Venias de estar con ella y estabas demasiado cansado para follarme después a mi? ¿O es que acaso te sentías sucio y por eso no querías tocarme?
- No me la he… te juro que no ha habido nada entre ella y yo – sus nervios también estaban a flor de piel y pude oír perfectamente como apretaba los dientes en un intento de serenarse - Bella, por favor, déjame que te lo explique.
- Eso es difícil de creer – dije levantándome bruscamente del suelo y encarándome con él – no puedo más Edward, he llegado a mi límite, pero adelante – dije imprimiendo a mi voz toda la rabia que tenía acumulada – me encantará escuchar cómo me lo explicas.
Respiró profundamente y cerró los puños sabiendo que había llegado el momento, que ya no podía evitarlo por más tiempo. Agachó la cabeza mientras cerraba los ojos en lo que supuse que era un instante para poner en orden sus pensamientos. ¿Cómo se le cuenta al amor de tu vida, a tu alma gemela, que has estado engañándola? Ahora mismo lo sabríamos.
- Creo que deberías sentarte – dijo mirándome con pena en los ojos – es una historia muy larga.
- Estoy bien como estoy.
- Vale. Como quieras – lentamente se desplazó hasta la cama y se sentó a un lado, manteniendo la mirada en el suelo - lo único que voy a pedirte es que me prometas que esperaras a que haya terminado para… hacer lo que quieras hacer.
- Lo prometo – dije preparándome para aguantar el chaparrón.
- De acuerdo. Tanya sabe que hace 14 años que llevo un peso en mi conciencia, algo que pasó y que he intentando por todos los medios que no nos afectara, pero que ha sido su baza para joderme la vida – levantó la mirada para encontrar mis ojos – pretende… está chantajeándome.
- Eso ya lo sabía – dije resignada por lo acertado de mis suposiciones – No me cuentas nada nuevo…
- Sé que terminarías averiguándolo – dijo poco sorprendido porque yo ya lo supiera – solo era cuestión de tiempo que desarrollaras más tus habilidades y lo leyeras en mi mente o en la suya… pero intenté que no tuvieras que aguantarlo, siento que al final yo no pudiera controlarlo tan bien como esperaba.
- Que me digas eso no me tranquiliza nada – dije acercándome y tomando asiento a su lado – Tenías que habérmelo dicho y entre los dos hubiéramos… bueno, mira, esto ya está muy hablado y discutir sobre ello otra vez no nos beneficia en nada – suspiré intentando controlar mi frustración – ¿qué es lo quiere a cambio de estar calladita? ¿Un poco de sexo?
- Sabes que no he cedido – dijo mirándome mientras agarraba mis manos entre las suyas – y no tenía intención de hacerlo, te lo juro.
- Eso lo sé por Alice no por ti – dije mirándole dolida – y eso es lo que más me jode Edward, no saberlo por ti. Dime ahora cómo llegó ese cinturón a la cabaña…
- Intentaba encontrar la manera de… sobrellevarlo yo solo, con uno de los dos que lo pasara mal era más que suficiente. No te lo dije para que no sufrieras, no por ocultártelo ni porque no quisiera que lo supieras.
- Háblame claro Edward, ya soy mayorcita para andarme con juegos de palabras. Dime que ha pasado entre ella y tú, qué quiere de ti…
- No ha pasado nada – suspiró y lo soltó - solo pretende que me la folle el mismo día en que la boda se celebre – su voz resonó en mis oídos dura y fría.
- Dios… - se me desencajó la cara – quiere que… el día de nuestra boda…
- Desde que llegaron ha estado… presionándome para conseguirlo. Recordándome mis errores constantemente y en cada oportunidad que se le ha presentado. Cada vez que nos veía juntos, cuando nos besábamos, o cuando nos escuchaba por las noches… intentaba adelantar su exigencia.
- Será zorra… la muy hija de su madre – inhalé aire por la nariz - Dime qué ha conseguido, Edward.
- He intentado quitármela de encima tanto como he podido pero… está resultando más difícil de lo que esperaba. En un par de ocasiones intentó abordarme por sorpresa y conseguí quitármela de encima pero ayer…
- Dios… - aun sabiendo por Alice que no había ocurrido nada temblé por lo que estaba a punto de contarme – dime que ha conseguido de ti…
- Me costó más de la cuenta quitármela de encima. Tuve que tratarla mal, forcejeamos y consiguió quitarme el cinturón – en su cara apareció una mueca de asco que hizo que se me revolviera el estómago - Tuve que cruzarla la cara para que no se me acercara, me obligó a… meter la mano entre sus piernas pretendiendo que la masturbara pero te juro que lo único en lo que pensaba era en… hacerle el mayor daño posible y…
- Dios mío… Edward… - me llevé las manos a la boca evitando que un grito de pura rabia saliera entre mis dientes – dios santo, qué has hecho…
- Sé que no te servirá de consuelo… pero no he tocado ni un solo centímetro de su sucia piel, el cinturón fue lo único que consiguió de mí.
- ¿¡Pero en qué demonios pensabas Edward! – dije intentando controlar la rabia que luchaba por salir a borbotones.
- Lo siento.
- ¿¡Crees que no me dolería más escuchar lo que has hecho que lo que estás ocultándome! – le golpeé el pecho con las manos- ¿¡que preferiría que la manosearas para evitarme el sufrimiento! – seguí golpeándole sin que mostrara resistencia alguna - ¡Joder, Edward!
- He sido un gilipollas, ahora sé que debería haber hablado contigo hace mucho tiempo – dijo completamente abatido cuando su espalda dio contra la pared, empujado por la fuerza de mis golpes - tenía que habértelo contado y haber confiado en ti…
- ¿¡Es que aun no me conoces, maldita sea! – dije presionando su pecho contra la pared – debería sacarte los ojos en este momento, por faltar a tu palabra, por ocúltamelo, por hacerme pasar por esto… - estrujé la pechera de su camisa entre mis manos.
- Tenía miedo de perderte, Bella. Si te pierdo mi vida habrá acabado.
- ¿¡Y qué pasa con la mía! ¿¡Qué pasa con mi vida! – la tristeza de sus ojos me retorció el alma - ¿¡Acaso vale menos que la tuya! ¿¡Es menos importante para ti!
- Dios santo Bella… tú eres mi vida. Mi vida no vale nada sin la tuya, sin ti no soy nada. Tu vida es la razón por la que existo… solo por ti.
La angustia de su voz y su expresión completamente desesperada aumentaros a niveles insoportables las ganas de salir de allí y no parar hasta dar con ella y despellejarla viva. Necesitaba tranquilizarme, necesitaba pensar con claridad. Respiré intensamente un par de veces haciendo acopio de las pocas reservas de paciencia que me quedaban.
- ¿Eso es todo? – dije después de que él estuviera un interminable y agónico minuto en absoluto silencio.
- Hay una cosa más. Estuve… a punto de matarla, Bella – dijo mirándome sin esconder la angustia que le corroía – y lo hubiera hecho si tu imagen suplicándole a Eleazar por mi vida no hubiera acudido a mi mente… solo imaginar tu sufrimiento me detuvo.
- Lástima que no lo hubieras hecho…
No llegaba a comprender la manía que tenían los vampiros de auto convertirse en mártires a la primera oportunidad, ni tampoco esas ansias de cargar con todo el peso del mundo sobre sus hombros. En su momento tampoco entendí las ganas de Rose de devolverle a su hermano el dolor que le había causado, ni el afán de Tanya por hacerle pagar a Edward el haberla despreciado en su día.
Pero ahora empezaba a comprender la parte de la venganza. Ahora eran mis entrañas las que hervían y se retorcían clamando la cabeza de esa zorra en una bandeja de plata. Necesitaba tener su cuello entre mis manos y apretar y apretar hasta que se le salieran los ojos de las órbitas, pero me obligué una vez más a apartar esos pensamientos de mi mente… por ahora. Esa cuenta estaba pendiente de saldar y por lo más sagrado de mi vida, me prometí a mi misma que iba a cobrármela.
Solo lo aplazaría un poco, hasta que Edward y yo arregláramos las cosas. Porque eso era lo que me disponía a hacer ahora, arreglar lo que esa zorra había estado a punto de dañar irremediablemente. Nos costaría mucho esfuerzo y aguante, y una dosis concentrada de sinceridad por su parte, que intentaría aguantar como pudiera. Por mucho que me doliera, por mucho que me hundiera, lo iba a soportar.
Una idea comenzó a tomar forma en mi mente, pequeña y sutil, pero que empezó a atraerme irremediablemente, tomando forma y consistencia a cada segundo que pasaba. E iba a llevarla a la práctica, pero para poder ejecutarla era necesario prepararme primero para escuchar el terrible secreto que atormentaba su existencia y lo aguantaría porque una vez le prometí que nada, y repito NADA, nos separaría jamás. Y desde luego esto que estaba pasando no iba conseguir romper esa promesa.
