Buenos dias de domingo...!
Tampoco tengo nada que decir sobre el capi de hoy... creo que algunas habeis acertado y otras aun van un poco perdidas mientras se ponen al dia, pero no hay nada como leer para que las dudas se disipen... ;)
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen, lexa0619, EdithCullen71283, je m´appelle lolita ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
. ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... .
Capitulo 52
Esperó mirando al suelo, respirando lentamente, a que yo ejecutara mi sentencia. Una sentencia que yo no iba a dar, y no porque no lo mereciera… si no porque lanzarla contra él era lanzarla también sobre mí. No podía castigarle sin castigarme a mi misma y no podría abandonarle sin ser yo la primera en sufrir en mis carnes ese abandono.
Por lo tanto el único camino que me quedaba libre era la aceptación, el perdón, la comprensión y el amor… sobre todo el amor.
- Una vez te dije que si se te ocurría mirar a otra mujer que no fuera yo, te arrancaría esos bonitos ojos de la cara – dije elevando su cabeza con mis manos en sus mejillas - ¿Lo recuerdas?
- Lo recuerdo – dijo sin apartar su mirada de la mía.
- ¿Recuerdas qué me enseñaste tú aquella noche?
- Si – dijo mirándome con esperanzas renovadas – lo tengo grabado a fuego en el corazón.
- Si eso no ha cambiado no tienes nada por lo que temer.
- No ha cambiado ni lo más mínimo – dijo aventurándose a rodearme con sus brazos suavemente – ni lo hará jamás. No soy nada sin ti. Pero asumiré las consecuencias de mi estupidez…
- Eso no te lo discuto, eres estúpido – dije acercando su cara a la mía – eres un cabezota, un idiota… pero eres mí idiota. Y como eso es a perpetuidad no puedo consentir que venga nadie a quitarme lo que es mío.
- Oh, Bella… - dijo mirándome con tanta gratitud que se le desbordaba de los ojos – tenía tanto miedo de que no me lo perdonaras… que no sé cómo reaccionar ante esto…
- Juré que jamás volvería a abandonarte y estoy cumpliendo mi promesa – enredé los dedos en su pelo – separarnos no es una opción… nunca lo ha sido. Que te quede claro.
- Lo sé, y sé que tenía que haber confiado en ti pero… soy un ser egoísta, no quería perderte – dijo apretándome contra él y dejando sus labios a escasos milímetros de los míos – no quiero separarme de ti jamás.
- Pues no lo hagas Edward, no es solo cosa mía. Si tú te empeñas en mantenerme al margen de lo que te ocurre, no deja de ser una forma como otra cualquiera de separación – me aparté de su boca y le miré sin ninguna piedad - ya pasé una vez por ello y no estoy dispuesta a que se repita.
- Yo tampoco – dijo bajando la mirada.
- Pues termina con la tortura de una vez. Se acabaron los secretos.
Mis palabras ensombrecieron tristemente su mirada. La momentánea esperanza que asomó a sus ojos cuando comprendió que no yo iba a tirar nuestra vida por la ventana, despareció cuando fue consciente de lo que aún le quedaba por revelar.
La desesperación no tardó en comerle el terreno a la tristeza, que lejos de debilitarla no hacía sino acrecentar aun más su atormentada expresión. Deshizo su abrazo sobre mí y retrocedió sobre la cama hasta quedar sentado con la espalda contra el cabecero.
- Ven conmigo – dijo abriendo de nuevo sus brazos para recibirme. Tardé un pestañeo en acoplar mi cuerpo al contorno del suyo apoyando la cabeza en su pecho – está bien Bella. Se acabaron los secretos. Solo quiero que sepas que te quise, te quiero y hagas lo que hagas cuando sepas lo que hice… siempre te querré. No me importa ya lo que venga después…
- No tengas miedo – dije sonriéndole y entrelazando mis dedos con los suyos – Estamos juntos en esto ¿recuerdas? pase lo que pase.
Suspiró intensamente. Oí como tragaba con fuerza a la vez que afianzaba la presa de sus dedos. Le devolví la presión animándole a comenzar.
- Ya sabes que, desde prácticamente el momento de tu nacimiento, he estado pendiente de ti. Observándote, viéndote crecer, acompañándote y… protegiéndote – asentí con la cabeza – eso ha sido así casi todos los días de tu vida y de la mía desde que te encontré…
… pero no fueron suficientes.
Después de que el compromiso con Tanya se rompiera, intenté mantener las distancias con los Delani, a fin de que no pudieran tomar represalias contra ti, pues podrían perfectamente creer como había pasado con Rose, que tú eras la culpable de ese hecho y quisieran tomar represalias.
Uno de mis miedos mas perturbadores era que algo os pasara en esos momentos en los que yo tenía que alejarme forzosamente. Nunca me iba muy lejos ni por mucho tiempo, uno o dos días a lo sumo para poder cazar o ver a mi familia, pero era tiempo más que suficiente para que pudiera ocurrir cualquier cosa.
Pero el tiempo fue pasando y todo parecía transcurrir en la más absoluta normalidad, lo que hizo que poco a poco relajara la estrecha vigilancia a la que te había sometido durante esos primeros años. Procuraba también dejarte hacer tu vida, que tuvieras tus experiencias… concederte un poco de privacidad, aunque he de confesar que me resultaba insoportable cada segundo que no estaba contigo. Aun así, con el paso de los años, incrementé todo lo que mi ansiedad me permitía los viajes y la duración de los mismos.
Y fue durante mi regreso de uno de esos viajes cuando una noche capté un efluvio asquerosamente familiar para mí, peligrosamente cerca de tu perímetro de seguridad. Tanya estaba en la ciudad. Casi sin pensarlo seguí su rastro, pues estaba convencido de que el motivo que tenía para estar revoloteando por allí… eras tú.
Volé a través de la oscuridad de las calles intentando encontrarla, o por lo menos encontrarte antes que ella te localizara a ti. Al ser noche cerrada y haber poco movimiento de gente pude moverme más libremente. Su rastro claramente me estaba llevando en dirección a tu casa y aumenté la velocidad con una aplastante sensación en el pecho que me decía que no iba a ser capaz de llegar a tiempo.
Sabía que ese fin de semana tu ibas a pasarlo en casa de tu amiga Mary y sabía también que tus padres habían quedado en ir a buscarte ese domingo por la noche, por lo que por la hora que era estarían dirigiéndose hacia allí en esos momentos.
Continué corriendo velozmente, paralelo a la carretera, cuando por fin vi el coche.
Me detuve en el borde intentando captar tu olor y saber si ya estabas con ellos… pero aún estaba demasiado lejos. La carretera estaba prácticamente desierta y supuse, por la hora que era y por la dirección que llevaba el coche, que ya te habían recogido y volvíais a casa.
De pronto, a la vez que vosotros avanzabais en mi dirección, vi otro coche que se acercaba lanzado a la vez que vosotros al cruce donde se juntaban las dos carreteras, acelerando y sin intención de frenar ante el semáforo en rojo. Iba directo contra vosotros y a pesar de la poca luz pude ver… que era Tanya, conduciendo como una posesa, decidida a estampar su coche contra el vuestro.
Ni siquiera lo pensé, no pude. Me lancé desesperado a interponerme en su trayectoria. Me planté delante de su coche preparándome para el impacto contra el todoterreno, solo unos segundos antes de que el morro del sedán de Charlie entrara también en el cruce.
Los reflejos de Tanya, mucho más efectivos que los humanos, captaron mi movimiento y frenó quedándose a escasos centímetros de mi cuerpo. Yo estaba tan centrado en repeler el ataque que no me di cuenta de que me había puesto en medio de la carretera, apareciendo de repente ante los ojos de tu padre. Y él, creyéndome humano e intentando evitar un atropello, dio un brusco volantazo, derrapó y se salió de la carretera, lo que derivó en varias vueltas de campana debido a la velocidad que llevaban.
Cuando fui consciente de lo que había ocurrido ya era demasiado tarde, el coche se apretujaba en un amasijo de hierros dejando muy poco espacio para mi esperanza. Arranqué una de las puertas traseras para descubrir que tú no ibas en el coche, únicamente encontré los cuerpos ya sin vida de tus padres. Murieron en el acto. Solo después supe que habías pedido insistentemente permiso a Charlie para quedarte también esa noche con Mary y así poder ir las dos juntas al instituto por la mañana.
Y ese hecho fue lo que salvó tu vida… y la mía. Si tú hubieras ido en ese coche mi vida se hubiera acabado igual de rápido que la tuya y la de tu familia. Pero ni siquiera para eso tengo suerte, yo tenía que vivir para cargar con esa culpa destrozándome las entrañas de por vida, cada vez que te mirara a la cara.
Todo fue culpa mía. Yo soy el responsable de la muerte de tus padres. Yo destrocé tu vida
Se quedó derrotado, hueco, sin fuerzas, sin ganas, sin… vida, completamente expuesto a cualquiera que fuera mi reacción. Mentalizándose para acarrear con las consecuencias, para soportar mi ira, incluso para asumir mi pérdida. Así se quedó después de soltarlo todo.
La luz del amanecer se filtró por la ventana, iniciando un nuevo día. Un nuevo amanecer.
… . …
(Viernes)
Me acordaba perfectamente de aquella noche que me quedé en casa de Mary, y de cómo sus padres me sacaron de la cama a las cuatro de la mañana con la noticia de que Charlie y Reneé habían tenido un accidente. La policía no encontró ningún indicio del motivo por el cual mi padre se salió de la carretera y por lo visto nadie había visto nada, no hubo testigos. Cerraron el caso argumentando que algún animal se cruzaría en su camino y eso fue lo que provocó el accidente.
Las imágenes que proyectaba mi mente según iba avanzando el relato de Edward fueron muy vívidas. Conocía el cruce donde había sido el accidente, conocía a la perfección el coche de Charlie, así como cada rasgo de su cara y de la cara de mi madre. Ahora también conocía la cara de Tanya y la historia que había desencadenado el accidente y casi lo reviví como si hubiera estado allí.
Aunque yo ya había superado la muerte de mis padres hace mucho tiempo, volví a sentir una gran impotencia al escuchar la historia completa y no sólo la versión de lo que la policía creía que había pasado. Conocer las circunstancias exactas despertó en mí la necesidad de vengarme, de vengarlos a ellos. De acabar de una vez por todas con ese "animal" que se había cruzado en su camino. Tanya Delani.
Cuando levanté la vista para mirar su rostro se me encogió el corazón. Había estado soportando esa culpabilidad durante años, una culpabilidad que no le correspondía. Si él no se hubiera interpuesto entre los coches hubiera sido Tanya la que habría terminado por darles el golpe de gracia. Igualmente tenían los días contados, de nada servía darle más vueltas.
Edward, como buen vampiro que era con tendencia a la auto-flagelación, se culpaba de lo ocurrido. Su cara y su silencio así lo demostraban.
- Ya está cariño, ya lo has soltado – dije abrazándole con fuerza – ya puedes respirar tranquilo.
Se me quedó mirando como intentando encontrarle sentido a mis palabras. Sus enrojecidos ojos no daban crédito a la serenidad que veían en mi cara.
- Bella… ¿has… has comprendido algo de lo que te he contado?
- Perfectamente, si – dije esbozando una sutil sonrisa – y te agradezco que por fin hayas tenido el valor de dejarme compartir esa pena que te ahogaba.
- Pero es que… yo he… he sido yo el que… tu deberías… tú… - cerró los ojos arrugando el ceño y sentenció – No lo entiendo. No puedo entenderlo. No me cabe en la cabeza.
- Si no la llenases de culpas inútiles podrías comprenderlo mejor – acaricié su cara suavemente – tranquilo mi vida, no pasa nada. Ya no tienes que preocuparte más por ello.
- Bella ¿Qué… demonios significa eso? – dijo mirándome de hito en hito – eres… estás diciendo… sabes que… yo… tienes que…
- Deja de balbucear Edward – dije sonriéndole ampliamente – date un poco de tiempo para asimilarlo ¿de acuerdo? Calma, entiendo que llevas tanto tiempo mortificándote por cuál sería mi reacción que de todas las opciones que habías barajado ninguna encaja con la auténtica ¿me equivoco?
- No, no te equivocas – se me quedó mirando la boca como si fuera la primera vez que la veía - esperaba ver cualquier cosa… ira, desprecio, odio, dolor, asco. Todo… menos esa sonrisa.
- Como ves, tengo razón una vez más. Lo que no sé es porqué, después de la cantidad de veces que has pensado erróneamente y la de veces que te he tenido que sacarte de esos errores, sigues empeñándote en entonar el mea culpa y cargarte con pesos que no te corresponde a ti llevarlos.
- Pero yo… me puse en su trayectoria, Bella. No pude…
- Pero, pero, pero, pero… - dije dando vueltas a un dedo imitando su rollo interminable - ¿no te cansas de sacarle peros a todo?
- No puedo creer que lo que acabo de contarte no te afecte en nada.
- Claro que me afecta Edward, pero hace mucho tiempo que superé la muerte de mis padres. Volver a llorarles ahora, además de resultarme físicamente imposible, no tiene ningún sentido. Lo único que ha cambiado es que ahora sé a quién tengo que pedirle explicaciones.
- Fui yo el responsable Bella…
- Yo no lo veo así – dije mirándole seriamente – a ver, dime: ¿Quién fue a la ciudad a buscarme para matarme?
- Pero es que…
- Contesta – dije cortándole tajantemente – limítate a contestar.
- Tanya.
- ¿Quién tenía la intención de estampar su coche contra en de mis padres?
- Pero… - seguía poniendo objeciones.
- Contesta.
- Tanya.
- Bien. ¿Quién evitó que eso sucediera?
- Pero…
- Contesta.
- Yo, supongo que yo lo evité – resopló.
- Vale. Creo que hay poco más que añadir. Siento que hayas estado tanto tiempo creyéndote culpable, pero esto debería servir para que dejes de comportarte como un mártir insufrible. Y que confíes un poquito más en tu mujer…
- Se mataron por mi culpa…
- Fue un accidente Edward, mis padres tenían los días contados igual y créeme que si tuviera que elegir entre ese accidente o el homicidio que Tanya pretendía ejecutar… me quedo con el accidente.
- Dios bendito Bella, eres increíble. – dijo agarrando mi cara entre sus manos y mirándome con unos ojos que hicieron que me diera vueltas la cabeza – A pesar de creer conocerte mejor que nadie no dejas de asombrarme, rompes todos mis esquemas de una manera tan masiva que… me va a resultar imposible recomponerlos sin volverme loco.
- Yo te ayudaré – dije acercando también con mis manos su cara a la mía – no dejaré que lo hagas solo.
Con un dedo rozó el borde de mis labios dibujándolos como si aparecieran mágicamente ante sus ojos por ese contacto de su piel. Entreabrí los labios para capturar algo de aire porque me estaba abrasando por dentro. Demasiado tiempo lejos de él, demasiado tiempo sin probar su boca me hacía desearlo tan dolorosamente que estaba segura que le iba a confirmar, sin decir ni una palabra, lo que sentía por él.
Su aliento, caliente y húmedo a la vez, me acarició el rostro en un anticipo tan devastador que solo sus manos enredadas en mi pelo y su boca acercándose irresistiblemente a la mía evitaron que me diluyera en el aire haciéndome desaparecer. Note sus labios suaves como la seda, llenos y turgentes hasta lo imposible, cálidos y dulces como la miel. Degusté su sabor, deleitándome con cada matiz, con cada pequeño movimiento que hacían sobre los míos.
Cuando su lengua traspasó la frontera de mis dientes creí enloquecer, y tuve que aferrarme a su cuello para no perder, literalmente, el conocimiento. Sus brazos me rodearon en un abrazo que dolía, pero aliviaba a la vez. Aliviaba porque era dado con la fuerza de la necesidad, del amor, del anhelo y de la gratitud.
Estuvimos abrazados durante horas, susurrándonos bajito, hablándonos con el corazón. Compartimos sentimientos, confidencias, miedos. Me contó todo de principio a fin. Desde el primer pensamiento que captó en la sucia mente de Tanya hasta el miedo que sintió cuando salió por última vez de esa cabaña. Nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos, sin rodeos, sin pudores, sin recelos. Desnudamos el alma frente a los ojos del otro e hicimos un pacto que nadie, nunca, jamás sería capaz de romper. Estaríamos juntos siempre, él y yo, y haríamos lo que hubiera que hacer para que eso siguiera siendo así eternamente.
Pero ese pacto conllevaba muchas más cosas. La idea que se perfilaba en mi cabeza implicaba ser conscientes de lo que ocurriría a partir de ese momento, de lo que podría afectar a nuestra vida. Había que tomar decisiones que podrían no ser compartidas por el resto de la familia y teníamos que estar preparados para aceptar un posible rechazo. Podríamos perder mucho por el camino, pero si estábamos juntos todo lo demás carecía de importancia.
- Sabes que esto aun no ha acabado ¿verdad? – dijo Edward al cabo de unos minutos de silencio.
- Lo sé. Pero pase lo que pase vamos a estar juntos y lo único que te voy a pedir es que ésta vez confíes plenamente en mi. Mañana nos casamos cielo – dije sonriéndole y haciéndole ver el sol a raudales que entraba por la ventana – y nadie nos va a estropear este magnífico día y mucho menos la boda.
- Será como tú quieras cielo, a partir de ahora siempre será así.
- Será como ambos queramos que sea cielo – le corregí - y estará bien porque nosotros lo habremos decidido así.
- Completamente de acuerdo – dijo lanzando un suspiro mirando a la ventana – Deberíamos ponernos en marcha cuanto antes.
- ¿Hablarás con Alice ahora?
- Sí, creo que a estas alturas ya debe de estar volviéndose loca.
- De acuerdo – dije soltando un suspiro mientras paseaba mi mano por su pecho desnudo – pero tampoco pasa nada si tardamos unos minutillos más de la cuenta en salir de aquí ¿no?
- Me retumban los oídos, cielo. Será mejor no retrasarlo más.
- Mmmmm – me negué a dejarle marchar – espera…
- Te lo compensaré preciosa – dijo obligándome a soltarle – cuenta con ello.
- Mas te vale – dije enfurruñada cuando salió de entre las sabanas. Miré su esplendoroso cuerpo desnudo de camino al armario – ese culo va a recibir un señor mordisco muy pronto…
Tuve que controlar el impulso de saltar sobre él cuando se giró para regalarme una torturadora, seductora y maliciosa sonrisa torcida.
