Buenos dias de lunes...!

Bueno, bueno... ultima semana del fic y ultimos capis por leer :) y no sé porqué me da que los vais a disfrutar mucho... jejejee tengo que decir que este capi me supo a gloria escribirlo, ya vereis porque ;)

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen, lexa0619, EdithCullen71283, je m´appelle lolita, viryi ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 53

Alice y Edward iban a pasar lo poco que quedaba de la mañana y parte de la tarde muy ocupados, por lo que me encaminé resuelta a la cocina. Alma me pasó un informe detallado de en qué estaban empleando el tiempo el resto de os ocupantes de la casa.

- Pues mira… Carslisle está en el hospital, Esme y Carmen habían salido por enésima vez de compras. Eleazar ha ocupado el despacho de Carslisle. Rose y las gemelas están es su habitación nadando entre rulos y maquillajes. Jasper y Emmett, como podrás oír perfectamente, están jugando con la maquineja esa infernal, que por cierto, cualquier día terminaré estampando contra la pared como no se acostumbren a jugar con menos escándalo.

- Intentaré que bajen el volumen.

- Si, hazlo tú – dijo mirándome agradecida - por que como vaya yo…

Después de darle las gracias y un cariñoso abrazo me encaminé hacia el salón.

- Buenos días – dije sonriendo a ambos.

- Ehh… - dijeron como saludo a la vez sin molestarse en apartar los ojos de la pantalla plana.

- ¿Estáis sordos esta mañana o que?

- ¡Uyy…! casi te la cuelo… – dijo Jasper dándole un ligero codazo a su hermano.

- Eso es lo que tú te crees – dijo Emmett arrogantemente – tengo al mejor portero del mundo, chaval. ¡Casillas Number One!

Esperé unos segundos a ver si reaccionaban pero estaban tan absortos en la partida, con sus "Uyy" y sus "Ahhh" y sus "Casiii"… que no se dieron cuenta de que me movía hasta que no me acerque al lado de la televisión. Efectivamente el volumen estaba a un nivel que dañaba seriamente los tímpanos.

- Hola ¿hay alguien ahí? Tierra llamando a dos vampiros supuestamente adultos.

Nada, ni con esas. Vale, vosotros lo habéis querido. Me hice a un lado para coger el cable de alimentación de la televisión y tiré de él dejando la pantalla fundida en negro. Por fin se hizo el silencio.

Se quedaron petrificados con los ojos como platos y las bocas en forma de O, completamente inmóviles, intentando encajar que el partido tan importante que estaban jugando había desaparecido. Dos segundos después por fin Emmett reaccionó a voz en grito.

- ¡Dale al pause, dale al pause! – dijo metiendo el dedazo en el mando de Jasper - ¡ha sido la tele, no la consola… páraloooooo!

- ¡Yaaaa, yaaaaaaaa estaaaá! – dijo apartando la mano de su hermano con muy poca delicadeza – ¡que le vas a volver a dar joder, estate quietoooooo!

Un segundo después dos pares de ojos inyectados en resentimiento se clavaron en mí y en mi mano, que aún sostenía el cable de la discordia balanceándose de un lado a otro.

- Upss – dije inocentemente – ¿os he interrumpido?

- Bella… vuelve… a conectar… ese cable – dijo Emmett entre respiraciones cortas.

- Estáis volviendo loca a Alma con el volumen de la tele – dije tirando el cable al suelo y mirándoles con una ancha sonrisa – creedme que lo que ella tenia pensado hacer es peor que lo que yo he hecho… deberíais estarme agradecidos.

- Bella – dijo Jasper mirándome extrañamente sorprendido - ¿Qué… que ha ocurrido? Estás… estás… muy contenta esta mañana…

- Mañana me caso Jasper – dije guiñándole un ojo - ¿no te parece ese un buen motivo?

- Claro… pero… es que te noto… no sé… demasiado tranquila.

- Veo las cosas desde otra perspectiva, eso es todo – dije intentando ocultar una sonrisa.

- Bueno, eso me alegra mucho hermanita.

- Siento interrumpir esta conversación tan interesantísima – dijo de pronto Emmett que seguía sin cambiar la expresión horrorizada de su cara – pero ¿¡quieres conectar la tele de una vez!

- Oh, claro… perdona Emmett – dije agachándome a recoger el cable – siento la interrupción. Tenía pensado ir a dar… una vueltecita por el bosque, ya sabes... – le ofrecí el cable - Pero si te pillo en mal momento…

- ¿Cómo? ¿Qué? ¿Ahora? – empezaron a temblarle las manos mientras sopesaba sus opciones – Joder eso se avisa… a ver… vale, si. Creo que… Definitivamente voy contigo.

- ¿Me vas a dejar a medio partido, colega? – Jasper le miraba intentando comprender qué podría ser más apetecible para Emmett que jugar la final del "Pro-Evolution Soccer 2010" en su flamante PS3.

Emmett volvió a sopesar las posibilidades y terminó por encogerse de hombros ante los ojos de Jasper alegando que volvería lo antes posible. Su nueva hermana le necesitaba y ya tendrían tiempo para retomar la partida después. Jasper lo dio por causa perdida y se carcajeó de su hermano viendo como caminaba detrás de mí. Soltó un "calzonazos" por lo bajo antes de que la puerta se cerrara a nuestra espalda.

Llevábamos cerca de cuatro horas en el bosque cuando Emmett decidió que ya había tenido suficiente y que necesitaba volver a casa para recuperarse. Tuvo que apoyarse en mí y dejar que le ayudara a andar parte del camino de regreso, pues aunque intentaba aparentar que estaba bien, y físicamente no se apreciaba ningún signo que dijera lo contrario, se le notaba demasiado que tenía el cuerpo entumecido.

Si calibraba mi poder en una escala del 1 al 10, siendo 1 el grado mas leve y 10 el mas dañino, a Emmett solo me atreví a someterle a un más que respetable grado 4. Había conseguido averiguar que dolor e inmovilización podían ser utilizados por separado o conjuntamente, y también supe que jamás podría llegar a comprobar lo que un grado 10 sería capaz de causar, física o psicológicamente, en un cuerpo ya fuera humano o vampiro.

Emmett era un vampiro adulto, con una fortaleza que pocos en la raza tenían y a pesar de ser "vegetariano" superaba con creces la fuerza física de muchos vampiros de alimentación completa, según me había comentado Carslisle en una de las frecuentes charlas de aprendizaje que tuvimos antes de que yo me convirtiera. Pero verle así, apoyándose en mí para poder dar un paso delante de otro, me hizo sentir extrañamente poderosa. Apenas en un par de prácticas que habíamos hecho ya sabía como funcionaba mi poder y siempre le estaría eternamente agradecida por prestarse voluntario a ser mi conejillo de indias.

- ¿Se puede saber a que viene esa sonrisilla de tu cara? – dijo mirándome de medio lado.

- Viene a que no sabes lo agradecida que estoy de tener un hermano como tú – dije apretando más mi brazo alrededor de su ancha cintura – siento dejarte tan hecho polvo otra vez…

- Ya se me va pasando – dijo intentando erguirse para librarme de parte de su peso – hoy te has empleado a fondo, seguro que te no te ha sido tan fácil someterme como la otra vez…

- Has aguantado muy bien – dije evitando darle una respuesta sincera. Me había costado mucho menos y apenas tuve que buscar una motivación – ya no será necesario que pases más por esto. Creo que voy dominándolo.

- No te voy a engañar diciéndote que me da pena que ya no me necesites – suspiró aliviado con una sonrisa avergonzada – pero cuando necesite una cura de humildad no dudes de quién será la encargada de administrármela.

- No será necesario Emmett – dije mirándole con suspicacia - siempre y cuando mantengas tu boquita cerrada con respecto a mis relaciones íntimas…

- Sabiendo de lo que eres capaz… cuenta con mi silencio, hermanita querida.

- Desde luego.

- Y recuerda que aún me debes una par de escapaditas a cazar – dijo guiñándome un ojo al estilo Cullen – ves avisando a tu futuro marido para que no le dé un ataque de celos absurdos cuando lo hagamos.

- Edward no será problema – dije devolviéndole el guiño.

Dejó de apoyarse en mí unos metros antes de llegar a la casa. Su vanidad de macho vigoroso se vería seriamente dañada si alguien le veía necesitado de ayuda para caminar, por lo que dejé que se adelantara y entrara primero en la casa.

Yo me dirigí al jardín trasero donde pude escuchar que se reunía parte de la familia junto con Carmen y Eleazar, ocupando los sillones del porche mientras tenia lugar una animada charla.

- ¿Interrumpo? – dije sonriendo a los contertulios.

- Para nada Bella – me dijo Esme invitando a sentarme a su lado – estamos haciendo un poco de tiempo hasta que llegue la hora de prepararse para la fiesta. Carmen y Eleazar nos estaban contado anécdotas de su primer viaje de novios…

- Oh, ¿en serio? ¿Dónde estuvisteis?

- En Egipto hija… toda una experiencia – dijo el vampiro sonriéndome con simpatía – aunque no te lo recomiendo. Todavía tengo restos de arena metidos por sitios que no te puedes ni imaginar…

- ¡Eleazar! – protestó Carmen para después unirse a nosotros en nuestras sonoras carcajadas – eso no se cuenta por dios… ¡que vergüenza!

- No es para tanto mujer – dijo Eleazar quitándole importancia al comentario – no he dicho nada fuera de lugar… y vosotros Bella, ¿sabéis ya donde vais a ir?

- Es una sorpresa – dijo de pronto Edward apareciendo de la nada – Bella no lo sabe… y tiene que seguir siendo así – se acercó veloz a mi lado y dejó un pequeño beso en mis labios – hola mi vida.

- Hola… - su sonrisa no me permitió decir nada más.

- ¿Me dejas un sitio? – dijo pestañeando un par de veces.

- Ponte aquí Edward – dijo Esme levantándose al ver que yo no reaccionaba, completamente perdida en sus hipnotizantes ojos dorados – Carmen y yo vamos a empezar a prepararnos.

- Gracias Esme – dijo apartando por fin su mirada de la mía y dejando que mis pensamientos volvieran a pisar tierra. Se colocó grácilmente a mi lado.

Intenté centrarme en la conversación que los dos hombres seguían manteniendo una vez que las mujeres abandonaron los sofás. No quise mirar directamente a Edward porque sabía que si me volvía a distraer no sería capaz de mantener el autocontrol.

- Mira la cantidad de siglos que llevamos pisando este suelo y aun no logro comprender porqué las mujeres necesitan un mínimo de cuatrocientas cincuenta y cuatro horas para ponerse un vestido para una fiesta… - dijo Eleazar mirando con asombro a Carslisle.

- Bueno, si no tenemos en cuenta el tiempo invertido, sino solo el resultado - dijo devolviéndole la sonrisa a su amigo – yo creo que la espera merece la pena… ¿No crees Edward?

- La merece – dijo sin apartar su soñadora mirada de mi cara mientras jugueteaba con un mechón de mi pelo – sin lugar a dudas.

- Bella anda… - dijo Eleazar bajando la voz en plan cómplice – dinos qué es lo que hacéis las mujeres tanto tiempo ahí encerradas…

- Creo que está relacionado con sombras de ojos, pintalabios, rulos, peines, horquillas, ropa interior… esas cosas– dije sonriendo ante la petición del hombre – pero no soy la más indicada para responder a eso – me encogí de hombros – yo tampoco termino de entenderlo del todo.

- Afortunadamente nosotros no tenemos esa clase de vanidad… - dijo resoplando de satisfacción - ¿Estás de acuerdo conmigo Carslisle?

- Bueno… nosotros también tenemos lo nuestro – dijo medio avergonzado. Edward se rió por el pensamiento de Carslisle.

- ¿De que te ríes, Edward? – le pregunto Eleazar muy intrigado. Le miró sin dejar de juguetear con mi pelo.

- Carslisle es más vanidoso de lo que tú crees – dijo volviendo a centrar su mirada en los reflejos de mi pelo – que te diga él el por qué…

- ¿Carslisle? – dijo Eleazar mirando a su amigo con nuevos ojos – no me irás a decir que tu también te maquillas…

- ¡Jajajajajajaa! No por dios, no pienses eso – dijo levantándose del asiento visiblemente incomodo y lanzando una intencionada mirada a Edward – mi hijo es un bromista, no le hagas caso.

- Eh, espera, espera… no huirás tan fácil de mi – dijo Eleazar levantándose dispuesto a seguir a su amigo – confiesa, usas laca o gomina ¿es eso? No, ya sé… te perfumas ¿a que si? Vamos cuenta…

Los dos hombres nos dejaron a solas mientras sus voces aun nos llegaban cuando se encaminaron hacia el despacho de Carslisle.

Edward sonreía satisfecho cuando por fin decidí mirarle directamente a los ojos.

Destilaba paz. Seguía jugueteando con mi pelo distraído con los reflejos rojizos que el tímido sol, que ya empezaba a querer abandonarnos, sacaba de mi pelo.

- Eres malo – dije observando la perfecta curvatura de sus labios.

- Y tú eres preciosa – dijo ensanchando aún mas su sonrisa.

- Has dejado a Carslisle en evidencia.

- No creo que le cueste reconocer que ya se ha probado 4 veces su traje de ceremonia. Y Eleazar no se le queda atrás, ha traído tres trajes diferentes. El de antes, el de durante y el de después…

- ¿En serio? – dije mirándole alucinada – y luego se queja de su mujer…

- Los vampiros somos vanidosos por naturaleza. Yo por ejemplo, tengo unas ganas locas de verte con tu vestido de novia – dijo deslizando una mano por debajo de mi jersey acariciando mi cintura - se me van a hacer eternas estas horas…

- No más largas que a mi, te lo aseguro – dije mientras rodeaba su cuello con mis brazos atrayéndole mas cerca de mi - ¿Todo bien con Alice?

- Todo bien – dijo dejando un cálido beso en mis labios – por cierto, me ha dicho que te espera en su cuarto para arreglaros.

- Mmmmm – me encantaba sentir sus labios sobre los míos – que dulce sabes…

- Alice te espera…

- Pues que siga esperando – dije negándome a desenredar nuestros labios.

- Bella…ya está oscureciendo – dijo casi en un jadeo a la vez que intentaba esquivar mis revoltosas manos – y quiero que luzcas bien bonita esta noche – su dedo dibujó el contorno de mis labios – no hagas esperar mas a Alice… ni a mi.

Tuve que emplearme a fondo y morderme la boca para no gritar de fastidio por tener que dejarle allí mientras yo tenía que ir a que Alice me torturara unas cuantas horas. Pero necesarias al fin y al cabo… esa noche Edward quería verme espectacular y yo no tenía intención de defraudarle.

Alice fue realmente implacable. Me machacó a base de bien y no solo con el peinado, el maquillaje y el famoso vestido del tal Jean Paul no se qué. El interrogatorio al que me sometió podría dejar a la altura del betún al más experimentado y duro de los policías. Pero intenté pacientemente que lo entendiera a fin de que todo saliera a pedir de boca.

Cuando mis respuestas parecieron satisfacerla lo suficiente y cuando consideró que mi aspecto era digno de su talento natural de sacar lo mejor de cada físico que se ponía en sus manos, dejó que me sentara y descansara mientras ella se ponía manos a la obra con su propio estilismo.

Ya era noche cerrada cuando terminó de revolotear por la habitación y se paró delante de mí para agarrarme de la mano y llevarme con ella hacia el espejo.

- Estamos espectaculares ¿no crees? – dijo dando una grácil vuelta animando su reflejo – creo que los chicos se quedarán gratamente impresionados. Lástima que Edward ya haya visto tu vestido – dijo haciendo un pequeño puchero – la sorpresa será menor para él.

- Edward no ha visto el resultado final – dije maravillándome a mi misma por lo atractiva que me hacia parecer un poco de maquillaje y un vestido – Y solo vio el vestido de pasada. Se sorprenderá igual, créeme.

- Eso es cierto – dijo levantando una ceja – el vestido lo vio de pasada porque estaba centrado en destrozarte la ropa interior. Es un pecado lo que le hizo a ese maravilloso corsé…

- Tranquila Alice – dije intentando que suavizara el mohín de disgusto de su cara – el que llevo ahora es exactamente igual de incómodo – la guiñé un ojo – e igual de bonito, así que no sufras. A Edward le gustará igual, además… tú ya deberías saberlo.

- En realidad no – dijo tamborileando un dedo contra su pequeña mandíbula – pero es igual. Los chicos nos esperan, si estás lista bajamos cuando quieras.

Suspiré pensando que nunca estaría lista para cosas como estas, pero había que bajar. Efectivamente Jasper y Edward esperaban uno a cada lado de la escalera, como dos elegantes caballeros guapos y expectantes, nuestra aparición. Alice fue más rápida que yo en bajar los peldaños y antes de que yo llegara a mitad de la escalera, ella ya estaba colgada del brazo de un sonriente Jasper.

Ya no fui consciente de nada más, pues en cuanto capté la mirada de Edward mi mente dejó de procesar el entorno para centrarse en él. Solo existía él. Su seductora sonrisa y su boca entreabierta apenas dejaban entrever su blanquísima dentadura, trasportándome a una tarde loca en el rio, en la que esos mismos dientes habían perforado sensualmente mi piel. Su perfecto cuerpo vestido con un traje de etiqueta impecablemente adaptado a sus esculturales formas solo era superado en belleza por ese mismo cuerpo, pero desnudo.

Y sus ojos… Dios del cielo, sus ojos. Sus ojos refulgían como dos luceros en la más oscura noche, con un brillo que traspasaba toda frontera material e iba más allá. Me miraba a mí. No mi ropa, ni mi cara, ni mi cuerpo. Me miraba a mí. Me miraba dentro. Directamente al corazón.

- Mi diosa – dijo acercándome a él mientras tiraba de mi mano para depositar en ella un caballeroso beso.

- Tu mujer – dije dejando que se inclinara sobre mí para besarme – solo tu mujer.

- Mi increíble mujer – dijo torciendo esa sonrisa a la vez que me ofrecía su brazo - ¿preparada para dejarlos boquiabiertos?

- Preparada – dije agarrándome a él.

Cuando salimos al exterior todos se giraron para vernos llegar. El instante que nos habíamos entretenido fue más que suficiente para que Alice cambiara la música recibiéndonos con una melodía acorde al momento triunfal de entrada de los novios. Todos aplaudieron y se deshicieron en halagos sobre lo guapos que estábamos ambos.

Avanzamos sonrientes hacia el centro de la pérgola y los demás se fueron haciendo a un lado dejando el centro libre para que pudiéramos iniciar el baile, un vals que ya sonaba de fondo y que me puso de pronto muy nerviosa. Jamás había bailado algo así y ahora tenia que hacerlo delante de todos ellos. No quise mirar a nadie que no fuera Edward.

- Edward yo no… - estaba segura que iba a hacer el ridículo más espantoso – no sé…

- Tranquila cielo – dijo en un susurro cuando me tuvo lista entre sus brazos – yo te guiaré.

Antes siquiera de que pudiera volver a replicar o quejarme, sus pies se movieron tirando de los míos y empezamos a recorrer muy lentamente el círculo formado por el resto de los presentes. Los primeros instantes fueron un poco desconcertantes pues a pesar de no saber donde ponía los pies Edward consiguió marcarme el ritmo y dejar que poco a poco fuera acostumbrándome a la cadencia de la música.

Una vez hube pillado los pasos resultó ser bastante más fácil de lo que en un principio parecía. Edward amplió su sonrisa cuando notó que dejé de estar tensa entre sus brazos y se animó a aumentar la velocidad. No me costó seguirle, incluso yo misma que sorprendí cuando con un grácil movimiento consiguió que diera una vuelta sobre mi misma y volviera a la posición original sin ningún percance. Ahí fue cuando empecé a disfrutarlo.

Estaba tan entusiasmada por haber superado ese pequeño bache que no me di cuenta cuando se nos unieron Esme y Carslisle en el centro de la pérgola. Ambas parejas dábamos vueltas y vueltas perfectamente sincronizadas al ritmo de la música. Unos instantes después se nos unieron también Carmen y Eleazar.

Bailamos y bailamos mientras las diferentes parejas que se iban formando nos rodeaban. Carslisle y Carmen… Eleazar y Tanya… Jasper y Megan… Emmett y Esme… Alma y Carslisle. Las parejas iban variando en función de la música que sonara en ese momento. Todas excepto Edward y yo, que independientemente de la canción que sonara, nosotros íbamos a nuestro propio ritmo. El ritmo que marcaban nuestra respiración y nuestra mirada.

Sin necesidad de parar para descansar ya podía ser una balada o algo más movido o cambiar de clásica a moderna, nosotros no variábamos nuestros pasos, lentos, suaves, perfectamente ajustados. Sus manos me rodeaban como las de un naufrago se aferrarían a una tabla en medio del mar.

No sé las horas que pasamos así, el tiempo era muy relativo entre sus brazos, pero la intención había tenido efecto y la variación de su expresión así me lo confirmó.

- ¿Va todo bien? – dije viendo como fruncía levemente el ceño.

- Va perfecto – dijo apretando un poco más su abrazo.

- Sé fuerte – dije acariciándole la mejilla – pronto habrá acabado.

- No veo el momento… - dijo cerrando los ojos a la vez que unía su frente a la mía.

- Solo unas pocas horas - cerré los ojos también, dejándome llevar por la música – solo unas horas…

- Ejem, ejem… - el carraspeo de Alma nos sacó del paraíso – no quiero interrumpiros, tortolitos pero me gustaría bailar con el novio antes de retirarme a descansar…

- Por supuesto Alma – dijo Edward sonriendo a la pequeña mujer – soy todo tuyo.

- Solo quiero un baile, truhán – le sonrió ampliamente – con lo que me ha costado colocarte… prefiero que sea Bella la que cargue contigo a partir de ahora. ¿No te importa verdad, Bella?

- En absoluto – dije dándole un beso a la mujer y apartándome para que él pudiera agarrarla – las humanas tienen preferencia.

- Gracias cielo – dijo antes de que me girara para dejarles. Se agarró a sus brazos – vamos pipiolo, hazme dar vueltas…

Les dejé allí sonrientes y me encaminé hacia la mesa donde Jasper y Alice miraban los cd´s con los que iban intercambiando la música. Todos en esos momentos bailaban excepto Rose y Tanya, que miraban de hito en hito como los demás se divertían. Rose sonreía sin apartar los ojos de Emmett, que en ese instante estaba bailando con Megan. En cambio Tanya los tenía fijos en la espalda de Edward, contrastando la mortal seriedad que reflejaba su cara con la amplia sonrisa que lucía él mientras hacía girar a Alma. Yo también sonreí.

- Realmente me dejas alucinado – dijo de pronto Jasper – ayer mismo estabas depresivamente hundida hasta un punto insoportable y hoy rezumas alegría por cada poro de tu piel. ¿Cómo lo haces?

- Con confianza y sinceridad – dije sonriendo enigmáticamente – solo necesitaba eso.

No sé muy bien que quieres decir con eso – dijo sonriendo mientras enarcaba las cejas – pero sea lo que sea lo que estas haciendo está surtiendo efecto, así que no dejes de hacerlo.

Varias horas después de que Alma se fuera a descansar Alice nos insistió en que era hora de retirarse para estar bien frescos por la mañana para el gran día. Mi gran chasco de la noche fue cuando, ya feliz por poder por fin retirarnos a la tranquilidad de nuestro dormitorio, Jasper y Emmett agarraron a Edward del brazo impidiendo que se me acercara.

- No - dijo Edward viendo en la mente de sus hermanos, sus intenciones.

- Creo que va a ser que sí, Edward – dijo Alice colocándose a mi lado – lo siento.

- ¿Se puede saber que estáis haciendo? – dije mirando como Jasper y Emmett tiraban de Edward.

- Tranquila, Alice te lo explicará todo – dijo Edward muy sonriente – mañana te veo preciosa.

- ¿¡Mañana!

Vi como se llevaban a Edward casi a rastras. Alice argumentó que era necesario que los novios no estuvieran juntos la noche anterior al enlace y que habían planeado una especie de despedida de soltero. Me negué en rotundo a que se lo llevaran pero Alice insistió en que era necesario y que ya estaba todo organizado. Ella pasaría conmigo toda la noche ayudándome a memorizar mis votos, mientras ellos hacían lo propio con Edward. Ni que fuera necesario, más que suficiente con leerlos una vez para que quedaran gravados a fuego en nuestras asombrosas mentes vampiras.

Seguí negándome insistentemente, pero tuve que dejarlo por imposible cuando Alice empezó a asegurarme que estaría bien vigilado y que de nada me servía tener una pataleta, pues ella ya había visto que terminaría aceptándolo. Ahora también comprendí el comentario final que me hizo antes de salir de su habitación, diciéndome que en realidad Edward no iba a reaccionar igual de bien a mi nueva ropa interior. No iba a reaccionar igual porque no iba a verla.

Sacar los trajes de gala que mañana nos vamos de boda... (fiu, fiu) jejejeeje

;)