Buenos dias de martes...!
Ya estais todas preparadas? vestidas, peinadas y listas para asistir a la boda? Pues no perdais detalle y agarraros que empiezan las curvas y son peligrosas... jejeje
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen, lexa0619, EdithCullen71283, je m´appelle lolita, viryi ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 54
(Sábado)
Jamás las horas se me habían hecho tan largas, jamás los minutos me habían parecido tan eternos y jamás los segundos habían pasado tan lentos como lo hicieron aquella noche. Después de la tortura que había supuesto para mi toda esa larguísima e interminable semana, por fin había llegado el gran día.
Alice se había encargado de mí desde el minuto uno, me había preparado un reconfortante baño con sales perfumadas, había untado mi cuerpo con aceites relajantes y esencias aromáticas, que habían conseguido suavizar aún más mi ya de por si sedosa piel. Había preparado mi pelo para que Rosalie lo encontrara perfectamente manejable cuando viniera a peinarme. Y yo, evidentemente, me había dejado hacer sin oponer ni la más mínima resistencia.
Ahora se afanaba en dejarme una manicura perfecta, mientras yo, envuelta en un esponjoso albornoz, intentaba mantener mi mente ocupada barajando las diferentes eventualidades que se me iban a presentar a lo largo de ese día.
Unos instantes después Rosalie llegó, ya completamente arreglada, y esperó pacientemente a que Alice terminara con mis uñas, las cuales había pintado con un excesivamente llamativo color rojo, para ponerse manos a la obra con mi peinado.
Según pude oír, el resto de personas que habían sido invitadas a la boda estaban empezando a llegar. Las voces me llegaron amortiguadas por la distancia, pero claramente entendibles. Carslisle y Jasper recibieron alegremente a Charlotte y Nick, que los saludaron efusivamente y agradecieron la inesperada invitación. Rosalie ya estaba terminando el recogido y se afanaba en colocar muy meticulosamente las minúsculas florecillas blancas que adornaban el peinado.
Apenas faltaba una hora para que diera comienzo la ceremonia y empecé a tener mis dudas con respecto a que nos diera tiempo de terminar. Alice insistía en que íbamos sobradas, pero había un montón de cosas más que estaba segura de que no nos iba a dar tiempo a hacer.
- Tranquila Bella – dijo Alice muy sonriente – eso son los nervios típicos de cualquier novia, no te preocupes, sabes que lo tengo todo controlado.
- Ya pero los invitados ya están llegando, todos estáis ya arreglados y listos, Edward aún no ha aparecido y yo aun estoy en albornoz, sin maquillar y sin vestir… - me llevé las manos a la cara - ¿Ha llegado ya el cura? Dios, esto es un caos…
- Bella, repito que todo está controlado – dijo Alice suspirando resignada – solo es un caos dentro de tu cabeza. Relájate ¿quieres? Respira.
- Ufff, si, creo que necesito respirar…
- Rose, ¿puedes ir a buscar a Alma y a Esme? – dijo Alice cuando consiguió que yo volviera a sentarme en la silla – vamos a vestirla ya.
Rose salió en busca de las mujeres mientras Alice me instó a permanecer sentada mientras ella iba a su armario a buscar El Vestido. Cuando desapareció por la puerta no tardé ni una milésima de segundo en desplazarme a la ventana. Necesitaba echar un vistazo fuera y comprobar que todo estaba tranquilo. Desde mi posición no podía ver la pérgola al completo, pero sí lo suficiente como para ver que ya estaban todos allí en diferentes corrillos conversando alegremente.
Pude ver como llegaban Carter y Jack, los amigos de correrías que parecían más dos armarios roperos que dos hombres, y como Emmett salía a su encuentro para darles la bienvenida. Se abrazaron y se dieron palmaditas en la espalda mientras sonreían y se decían lo mucho que se habían echado de menos.
Y así… casi apareciendo de la nada… vi a Edward.
Caminaba tranquilamente acercándose a saludar también, con una mano extendida, preparado para estrechar la de los recién llegados. Dios mío… estaba guapísimo. Unos envidiables rayos de sol se colaron entre su pelo, sacando destellos broncíneos que me cortaron la respiración. Se giró levemente para saludar también a Charlotte y Nick, que se les acercaron en ese momento, y por fin pude ver su cara. Y no puedo decir que me cortara de nuevo la respiración, porque ya no estaba respirando, pero puedo jurar que lo que si sentí fue mi corazón, dando un sonoro vuelco y queriendo latir de nuevo. Tuve que llevarme la mano al pecho.
- Eso es hacer trampa – dijo Alice apartándome de la ventana – debes esperar.
- Alice, deprisa – dije agarrándola por los hombros e intentando no parecer desesperada - Vísteme de una vez que quiero ir con él.
- Te vestiremos tan rápido como tú nos permitas – dijo Esme que acababa de entrar seguida de Alma – pero tranquila, él no tiene intención de irse a ningún sitio sin ti.
Efectivamente me vistieron y me maquillaron en un tiempo record. Me dejé hacer sin la más mínima queja para poder terminar lo antes posible. La ansiedad casi no me dejaba ni respirar y terminé de perder la capacidad de hacerlo cuando me pusieron delante del espejo.
El vestido, sencillo y elegante, con escote palabra de honor en colaboración con el majestuoso recogido que había realizado Rose, estilizaba mi cuello haciéndolo parecer asombrosamente largo y esbelto. Solamente lo decorada un finísimo hilo, casi invisible, del que colgaba un pequeño diamante en forma de corazón y que parecía sostenerse solo e ingrávido en el centro de mi pecho. La larga falda no era ni demasiado plana ni demasiado pomposa, y tenía el vuelo justo para permitirme libertad de movimientos sin tener que necesitar cuatro metros libres a mi alrededor para poder manejarla.
Aún seguía mirándome embobada cuando Alma colocó entre mis manos un pequeño ramo de flores recién cortadas, eran Fresias Blancas que reconocí al instante por haberlas visto entre la gran variedad de especies que decoraban el jardín de la casa y que Esme se encargaba de mantener muy bien cuidado.
- Es la hora Bella – dijo Esme sacándome de mi ensimismamiento – Carslisle subirá a buscarte dentro de un minuto. Yo iré con Edward a esperarte en el altar.
- De acuerdo Esme, gracias – dije aceptando el abrazo que me ofrecía la adorable mujer –Tendrá que pasar por esto igual que yo así que más le vale que no se le ocurra plantarme y salir corriendo.
- No lo hará cielo – dijo mientras empezaban a salir de la habitación - y si intenta hacerlo no dejaré que llegue muy lejos – me guiñó un ojo – tranquila.
Le devolví la sonrisa y vi como cerraba la puerta. Me quedé sola. Ya está Bella, ha llegado el momento. Si, había llegado por fin el día. Después de una semana que había parecido más una tortura que otra cosa, por fin todo iba a terminar y podríamos continuar con nuestras vidas lejos de todo.
Hoy era el día de terminar con lo viejo y comenzar con lo nuevo, así que eso fue lo único en lo que me permití pensar en esos últimos momentos a solas. Carslisle llamó a la puerta pidiendo permiso para entrar y se lo concedí girándome para mirarle cuando entrara.
- Impresionantemente hermosa – dijo sonriendo mientras se acercaba a coger mis manos – así es mi nueva y querida hija.
- No sé de quien me hablas… ¿La conozco? – dije dándole un punto de humor al comentario.
- Es un honor que me permitas acompañarte al altar – dijo pasando mi mano por su brazo – te lo agradezco en el alma.
- Es labor de un padre hacerlo – dejé un cálido beso en su mejilla - y tú ahora eres el mío.
- Gracias por dejarme serlo – la satisfacción por el comentario le hinchaba el pecho - ¿Estás lista?
- Lo estoy.
- Pues no les hagamos esperar más.
Salimos del dormitorio y bajamos las escaleras. Pasamos por el salón y allí me di cuenta de que Alice había dispuesto unas mesas primorosamente decoradas donde todos fueron depositando sus regalos perfectamente colocados.
Sonreí pensando en que efectivamente nada escapaba a su control.
Lo atravesamos en dirección a las puertas abiertas que daban al jardín, deteniéndonos en el umbral antes de salir para esperar el momento en el que la música nos indicara que era nuestro turno.
Un sendero delimitado por flores y lazos blancos, separando en dos el grupo de catorce sillas perfectamente dispuestas donde ya esperaban los invitados, nos abría el camino hasta la pérgola. Edward esperaba allí de pié al lado de Esme mientras el cura, visiblemente incómodo, consultaba nervioso su reloj.
Por fin empezó la melodía que anunciaba mi llegada, me sobresalté con los primeros acordes y tuvo que ser Carslisle palmeando mi mano, quien me instara a dar el primer paso. Todos los presentes se giraron para vernos avanzar lentamente por el sendero. ¿De nuevo era el centro de atención? Por supuesto. Estaba empezando a ser una constante en mi vida pero en esta ocasión no me importaba en absoluto. Iba a casarme con ÉL.
Cuando descubrí su inmensa sonrisa y la luz que irradiaban sus perfectos ojos dorados viendo como me acercaba, hermosa y radiante del brazo de Carslisle, me entraron las prisas por llegar a su lado. Diez pasos. Solo diez pasos más. Intenté ir más rápido pero Carslisle me lo impidió, refrenando con una ligera presión de su mano sobre la mía, mi impetuoso impulso.
¿Porqué demonios pasaba el tiempo tan despacio? Calma Bella no corras. Solo cinco pasos más. El cura parecía tener más prisa que yo por que esto terminara ya, pues volvió a mirar de nuevo su reloj.
Tres pasos… dos… uno…
Cuando Carslisle me cogió la mano para dársela a su hijo y cuando su suave piel tocó la mía, un alivio inmenso me barrió por dentro, llevándose miedos, nervios, inseguridades y penas, dejando solamente el amor que sentía por ese ser tan maravillosamente imperfecto que me miraba con adoración. A pesar de que el cura ya había empezado a hablar, nosotros no desviamos la mirada el uno del otro, preferimos mantenerlas unidas como estaban.
- Queridos Hermanos, os doy la bienvenida en nombre de la familia Cullen, a este día de dicha y felicidad en el que nos hemos reunido para unir a estas dos personas en sagrado matrimonio. Por expreso deseo de los contrayentes serán ellos mismos los que ofrezcan sus votos, sellando así su compromiso de amor eterno ante Dios y ante todos los presentes. Así pues, Edward, puedes comenzar cuando quieras…
Una sonrisa decoró sus labios entreabiertos…
- Bella… No puedo entregarte mi vida puesto que ya no es mía. Te la regalé en el instante que mis ojos te vieron por primera vez. Pero sí puedo prometer que te amaré siempre… Con un amor que no falle o se desvanezca ante la adversidad. Con un amor que está comprometido a crecer cada día más. Con un amor dispuesto a entregarse con respeto, a aceptar tus silencios, a animarte cuando aflojes y a impulsarte en tus deseos. Con un amor que escuche a tu corazón y lo comprenda... Si, quiero y prometo amarte con un amor que encuentre siempre la manera de decirte cada día: "Tú y solo tú eres mi vida"
Lentamente deslizó un sencillo aro de oro por mi dedo anular. Uno segundos de silencio después de que él terminara, mientras nuestras miradas se seguían entrelazando, me fueron suficientes para recomponerme y ofrecer los míos…
- Edward… No puedo entregarte mi vida, puesto que ya no es mía. Te la entregué en el instante que tus ojos me miraron por primera vez. Pero sí puedo prometer que te querré siempre… Con un amor que nos ayude a soportar tiempos de prueba y dificultad. Con un amor que te inunde de confianza. Con un amor paciente, tolerante y comprensivo. Con un amor dispuesto a llenarte de alegría y felicidad, tanto como de ánimo y apoyo. Con un amor que sepa compartir tus cargas y te proteja en un abrazo... Sí, quiero y prometo amarte con un amor que encuentre siempre la manera de decirte cada día: "Tú y solo tú eres mi vida"
Deslicé un aro idéntico al mío por su dedo y mantuve nuestras manos entrelazadas. Afortunadamente la fórmula súper abreviada que Alice había elegido muy convenientemente llegaba a su fin, por lo que el cura, visiblemente aliviado por lo rápido que había sido todo, procedió a confirmar la unión.
- Que El Señor confirme con su bondad este consentimiento vuestro que habéis manifestado ante la Iglesia y os otorgue su copiosa bendición. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Puedes besar a la…
Edward no esperó a que terminara la frase. Sus labios ya sellaban los míos cerrando con broche de oro este momento tan deseado. Todos los presentes estallaron en aplausos y exclamaciones de alegría. Fue un beso con el que unimos nuestras vidas para siempre. Un beso que nos dimos ante el mundo, para que todos supieran que nos amábamos, que no nos separaríamos nunca y que nunca nos faltarían esos besos de sentimiento. Un beso que les recordaba y nos recordaba a nosotros mismos que nos querríamos siempre…
…Hasta que la Muerte nos Separe.
… . …
Ya estaba, nos habíamos casado, ya éramos marido y mujer. Irremediablemente tuvimos que separarnos, todos querían abrazarnos y felicitarnos. Me presentaron por fin a Carter y Jack, los enormes amigos folloneros de Emmett, que a pesar de su tamaño intimidante me resultaron bastante simpáticos y muy guapos ¿Es que no existía ni un vampiro feo? Evité, en la medida de lo cortés, mirarles a los ojos, que centelleaban con un intenso color rojo fuego, que me puso los pelos de punta. Afortunadamente fue ver a Alma y ambos salieron a la carrera al encuentro de la mujer, que no cedió ni un centímetro de terreno al ver llegar como dos rayos a tremendos vampiros, a los que abrazó cariñosamente mientras a la vez les reprendía con el dedo en alto por haber tardado tanto en venir a visitarnos.
También conocí a Charlotte y Nick, y me resultó gracioso comprobar que se parecían tanto a Alice y Jasper que bien podrían haber pasado por sus dobles. Incluso en la forma de ser de cada uno encontré similitudes con los dos miembros de mi nueva y ahora legal familia. Charlotte era igual de inquieta que Alice y se podía apreciar por su vestimenta que la moda también ocupaba un lugar importante en su escala de valores. Por su parte, la actitud de Nick me recordaba mucho a los primeros encuentros que tuve con Jasper, siempre callado, siempre receloso, siempre en un segundo plano pero pendiente de todo y de todos.
Las gemelas, que hasta ahora había conseguido mantener alejadas de mis pensamientos, volvieron a captar mi atención cuando vi sus intentos de acaparar la atención y los favores de los dos vampiros amigos de Emmett. Esperaba por el bien de ellos que no hicieran mucho caso a las constantes zalamerías e intentos de coqueteo que las hermanas prodigaban con ellos.
Poco a poco todos fueron felicitándonos hasta que les tocó el turno a las hermanas o-diosas. Fue Megan la primera en acercarse a mi lado y darme la enhorabuena esbozando una sincera sonrisa a la que correspondí devolviéndole otra lo mas natural que pude. En ese instante me fijé en que justo detrás de Megan y mientras ella me mantenía supuestamente ocupada en una conversación trivial, Tanya estaba felicitando a Edward.
Él se mantenía erguido y mantuvo muy conscientemente una prudencial distancia entre sus cuerpos. Tanya intentó acercarse para besarle "inocentemente" pero Edward sutilmente se alejó mas, a lo que ella reaccionó mirándole con dureza. Extendió una mano en su dirección ofreciéndole estrecharla. Acción a la que Edward también se negó metiendo las manos dentro de los bolsillos de sus pantalones. Se mantuvieron la mirada lo que me pareció una eternidad, aunque en realidad solo habían sido unos segundos. Finalmente Edward terminó por ceder y giró la cabeza bajando la mirada.
Por fin Megan se decidió a dejarme, coincidiendo casualmente con el momento en que Tanya se alejaba de Edward dándole la espalda. Me lo quedé mirando y él me miró a su vez esbozando una débil sonrisa. Se acercó a mí y justo cuando estábamos a punto de rozarnos llegaron Alice, Charlotte y Esme para llevarnos a ambos hasta el centro de la pérgola para iniciar el baile.
Nos dejamos llevar por ellas y animada por la práctica que habíamos hecho la noche anterior no me costó tanto volver a soportar las tan ya conocidas miradas de todos. Edward se inclinó caballerosamente ante mi ofreciéndome su mano para comenzar, a lo que yo respondí haciendo una leve genuflexión e inclinando la cabeza aceptando la petición, tal y como marcaba el protocolo.
Tengo que reconocer que disfruté entre sus brazos, que me llevaban grácilmente por todo el espacio que habían dejado para nosotros. No tardaron en empezar a formarse otras parejas de baile que fueron rodeándonos poco a poco, disfrutando también de la música. No había terminado la canción cuando una mano en el hombro de Edward nos hizo parar.
- Es mi turno hermano – le dijo Emmett con una gran sonrisa – si no te importa claro…
- Por supuesto grandullón – dijo Edward cediéndole mi mano y devolviéndole la amplia sonrisa – ya es mía para el resto eternidad, podré soportar verla en tus brazos unos minutos…
- ¡Jajajajajajaa! ni casado se te quitan esos celos ¿ehh? – le picó juguetonamente – pero yo sigo siendo irresistible hermanito… hasta para las casadas.
- Eso es lo que tú te crees – dijo Edward dejándose picar – pero sigues siendo un calzonazos de campeonato…
- ¿Calzonazos yo?
- Si, tú.
- No me lo puedo creer – exclamé bufando medio indignada - ya estáis liados otra vez como dos críos.
- Mira quien habla – dijo Emmett y a continuación atipló la voz imitándole muy teatralmente – "Mi vida ya no es mía… te la regalé el primer día que te vi…."
- Eso es ser un hombre – dijo Edward tajantemente – no un niño que se divierte correteando por el bosque mientras mi mujer le pega una soberana paliza.
- Chicos…
- ¿Una soberana paliza? Aguanté más que tú la primera vez que te atacó, blandengue.
- ¡Jaa!
- ¡CHICOS! ¡Se acabó! – bufé completamente indignada – ¿ni el día de mi boda vais a respetaros? ¡Hombre ya… que sois mayorcitos! – ambos agacharon la cabeza – Emmett o bailamos o te largas, pero deja a Edward en paz.
- Vale, vale – dijo dando la espalda a su hermano que ya se alejaba de nosotros – bailamos.
Después de bailar con Emmett vino Jasper a reclamar su turno, mientras Edward bailaba con Charlotte. Comentamos por encima que aún le costaba creer lo bien que había dominado mi carácter las ultimas horas y que se alegraba de poder dejarme a mi aire sin tener que preocuparse.
Después de Jasper tuve que turnarme para bailar con Eleazar, Carter, Nick, y Jack, cada uno de ellos esperó pacientemente a que le llegara el turno mientras Edward hacia lo propio con Charlotte, Alma, Esme, Alice e incluso Rosalie. Las únicas que no bailaron con él fueron las gemelas y su madre, que se limitaron a escoger entre el resto de hombres que iban estando disponibles o simplemente miraban como lo hacia el resto.
Por fin conseguí volver a bailar con Edward pero no llevábamos ni media pieza ejecutada cuando Carlisle se acercó a nosotros y pidió su baile de rigor como padrino. Edward volvió a cederme dejando esta vez un dulce beso en mis labios. Apartó la mirada antes de dejarme.
- No te robaré mucho tiempo a su lado – dijo mirando como yo seguía con los ojos puestos en la espalda de Edward viendo como se alejaba – pero deja disfrutar a este viejo de un baile con su nueva hija.
- Tú no eres viejo Carslisle – dije mirándole extrañada cuando su comentario llamó mi atención – te mantienes en unos estupendos 34 años.
- Pero son en realidad 340 los que llevo pisando esta tierra – dijo con una sonrisa – vuestra vida acaba de comenzar ahora.
- Me da vértigo mirar al futuro – reconocí – si esta semana ha sido tan larga para mi como un siglo, no sé como encajar eso de la eternidad…
- Ochenta años llevo yo enamorado de Esme y te puedo asegurar que parece que fue ayer cuando la vi por primera vez.
- ¿En serio? - Dije viendo como Tanya abandonaba la pérgola y se dirigía hacia la casa - ¿No han cambiado nada tus sentimientos hacia ella?
- Claro que han cambiado, Bella – dijo carcajeándose – pero solo para crecer un poco más cada día. Y tu misma podrás comprobar que por mucho tiempo que pase el amor no desaparece ni mengua… solo aumenta.
- Eso me reconforta mucho Carlisle – dije viendo ahora como mi recién estrenado marido dejaba a Alice para seguir los pasos de Tanya hacia la casa – no podría soportar vivir ni un segundo sin Edward.
- Ni él sin ti, créeme. Cuando se crea el vínculo entre vampiros y cuando se ha compartido la sangre que a nosotros nos da la vida, no hay nada conocido en este mundo capaz de romper esa unión. Es para siempre.
- No hay nada… excepto la muerte – objeté.
- Esa es la única excepción – reconoció.
- ¿Pues sabes que te digo? – dije mirándole con todo el convencimiento que pude llevar a mis ojos.
- ¿Qué?
- Que solo la muerte sería capaz de alejarme de él, pero ni siquiera ella conseguiría que dejara de quererle.
- Amén – dijo con una gran sonrisa y cogiéndome entre sus brazos para terminar el baile con un amoroso abrazo.
Efectivamente había terminado la canción. Alice llamó nuestra atención haciéndonos saber que había llegado la hora de entregar los regalos y nos instaba a que la siguiéramos. Vino hasta mi lado y tiró de mi mano para encabezar la comitiva hasta el salón, donde como ya había comprobado esa mañana se encontraban las mesas que albergaban la montaña de obsequios que esperaban ser abiertos.
Respiré profundamente cuando nos paramos ante las dobles puertas que permanecían cerradas. Había llegado el momento que tanto había temido que llegase. Había llegado el momento de ser fuerte y lanzarme de cabeza a cualquiera que fuera mi destino.
Había llegado el momento.
Lalala... ;)
