Buenos dias de jueves...!

Al fic le quedan dos telediarios... un par de capis más aparte del de hoy y habrá terminado, asi que os recomiendo que los disfruteis porque creo que os merecerá la pena ;)

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen, lexa0619, EdithCullen71283, je m´appelle lolita, viryi, patty69, Lady Irina, nandainwonderland ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

... . ... . ... . ... . ... . ... . ...

. ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...

... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... .

Capitulo 56

Cuando las puertas del salón se cerraron después de que Alma nos dejara a los cuatro, yo seguía manteniendo la mirada clavada en Tanya. Megan alternaba sus miradas entre nosotros y su hermana, e intentaba dilucidar qué hacer en semejante situación. Sabía que el fin de su hermana estaba cerca.

- Vamos Tanya… no me hagas esperar - dije dando otro paso en su dirección - ¿No querías acabar con mi vida? Inténtalo de nuevo… a ver si esta vez tienes más suerte.

- Espera Bella – dijo Megan colocándose entre su hermana y yo y mirando con cautela a Edward, que no le quitaba ojo de encima – sé que tienes todo el derecho del mundo de vengarte pero no puedo quedarme cruzada de brazos viendo como acabas con ella…

- Tienes dos opciones Megan, tu… Eleazar las ha dejado muy claras – dije mirándola tranquilamente – puedes compartir su destino o irte ahora que aún estas a tiempo…

- Es mi hermana, es mi sangre – tragó con fuerza - No puedo permitirlo.

- La elección es tuya… - dije encogiéndome de hombros.

Ambas intercambiaron una mirada y se sonrieron mutuamente. Volvieron sus miradas hacia mí preparándose para atacar pero no movieron ni un solo músculo. Les devolví la sonrisa.

- Antes de nada me gustaría aclarar algunos puntos…

- ¿Qué nos has hecho zorra? – dijo Megan visiblemente contrariada – no puedo moverme…

- Ah ¿eso? – dije sonriendo divertida – bueno, es una de las ventajas de ser Mara… puedo inmovilizar a mis… presas.

- ¿Es que no eres capaz de enfrentarte a nosotras sin tus poderes? – dijo Tanya de modo hiriente – ¿Tanto miedo nos tienes?

- Solo os he inmovilizado para que veáis un par de cositas antes de meternos en faena – dije mirándola muy tranquila – no dudes que voy a arrancarte la cabeza con mis propias manos, Tanya… y no usaré a la Mara para eso.

- Eso sí que me gustaría verlo…

- Lo verás, tranquila. Pero antes… como iba diciendo he de aclararos un par de cosas.

Me acerqué a Edward, que se mantenía erguido unos pasos por detrás de mí, y completamente alerta por si intentaban cualquier artimaña. Pasé mis manos alrededor de su cuello y le besé con pasión. En el instante que mis labios le rozaron dejó su tensa postura para responder ardientemente a mi beso, mientras una de sus manos se enredaba en mi pelo y la otra me agarraba con fuerza del trasero, apretándome contra él. Paseé la lengua por sus labios antes de separarme de él. Las gemelas jadearon completamente sorprendidas.

- Sé que esto no va a gustaros mucho – agarré la mano de Edward para deslizarla sobre uno de mis pechos, metiéndola por dentro del escote – pero la única piel que sus manos pueden tocar es la mía.

Pasé la mano por el bulto que marcaba su pantalón a la altura de la entrepierna, gesto al que Edward respondió dejando escapar el aire entre los dientes a la vez que me giraba para apretar su pecho contra mi espalda y besarme sensualmente en el cuello. Sonreí satisfecha.

- También sé que esto debe resultaros difícil de comprender, pero Edward es mío – dije pasando de nuevo la mano por su entrepierna – y por mucho que te joda, Tanya, solo se le pone dura conmigo.

Megan estaba empezando a ponerse todo lo tensa que su naturaleza de vampira le permitía a causa de la excitación que empezaba a consumirla. Las aletas de su nariz se abrían y se cerraban viendo como Edward entornaba los ojos mientras frotaba descaradamente su mano por mi pecho. Tanya en cambio sudaba odio por cada poro. Recordó las palabras que Edward la dijo aquella tarde… "Necesito que te mueras para que se me ponga dura…" La boca se le llenó de veneno y odio.

Apreté más mi trasero contra su entrepierna haciendo que jadeara. Giré un poco mi cabeza para lamer con la punta de mi lengua su mandíbula. Él se dejó hacer para después besarme mientras su mano dejaba su tarea en mi pecho y la bajaba para enterrarla buscando algo debajo de mi vestido.

Su mano acarició mis muslos mientras subía, quedando oculta por la larga falda y esta vez fui yo la que jadeé cuando sus dedos terminaron su recorrido encontrando su objetivo. Presioné mi mano por encima de la suya separadas por la blanca tela del vestido. La moví en círculos imitando su movimiento, eché la cabeza hacia atrás para apoyarla en su hombro, dejando mi cuello expuesto. Él descendió su cabeza, besándolo, lamiéndolo. Los ojos de las gemelas casi se salían de sus orbitas, completamente boquiabiertas por la escena que estaba presenciando.

- ¿Qué coño pretendes… haciendo eso? – Megan apenas podía controlar los temblores.

- Hazlo cariño – dije susurrando las palabras en su oído – demuéstrales quien es tu mujer, hazme llegar al cielo…

La petición no se hizo esperar. Cuando sus dedos irrumpieron en mi interior no quise evitar el gemido de placer que salió de mi garganta. Llevé mis manos a la espalda, busqué el bulto de sus pantalones y comencé a masajearlo rítmicamente.

- Basta ya– la histérica voz de Tanya desentonó entre nuestros jadeos – ¡basta ya, detente de una jodida vez, no quiero verlo!

- Espera… espera… - dije mirándola entornando los ojos a causa del placer que me recorría – aun te queda por ver lo mejor… - con una mano agarré a Edward de la nuca haciendo descender su cabeza – Vamos cielo, enséñales cómo haces gozar a tu mujer…

Edward siseó con lujuria por la oferta y aumentó el ritmo de las caricias bajo la falda. Con la otra mano me rodeó el cuerpo, deslizándola entre mis pechos y subiéndola a la base de mi cuello. Giró mi cabeza.

El orgasmo me llegó en el instante en que sus dientes perforaron mi piel. Mientras Edward succionaba de mi vena y me llevaba al cielo como yo le había pedido, no pude controlar a la Mara y dejé que salieran las dolorosas corrientes hacia ellas a la vez que también salían los gemidos de placer de mi garganta. Paralizadas como estaban y ahora torturadas por un dolor que no esperaban recibir, gritaron impotentes.

Sus lamentos se mezclaron con mis gemidos, que aumentaron irremediablemente por la satisfacción que sentí al verlas retorcerse por el dolor. Cuando terminé de tener el orgasmo más intenso que las manos y los dientes de Edward me habían hecho sentir hasta la fecha, me giré para enfrentarlo y poder besarle como dios mandaba.

Mientras nos besábamos dejé de torturarlas, manteniéndolas solo inmovilizadas. Necesitaba que estuvieran bien conscientes para lo que aún les quedaba por sufrir. Jadeaban de agotamiento y frustración. Y aunque no lo reconocieran, también lo hacían de excitación.

- Eres una zorra, lo único que buscas es ponernos los dientes largos ¿verdad?

- No habéis entendido nada… – dije negando con la cabeza por la poca capacidad de comprensión que tenían.

- Pues déjame recordarte - dijo Tanya dañinamente - que yo ya he tenido su polla metida en varios orificios de mi cuerpo… y no creas que he olvidado lo que se siente.

- No creo que esto pueda compararse… - dije cerrando los ojos suspirando de pura satisfacción mientras Edward pasaba su lengua por las marcas del mordisco.

- No consigues darme envidia haciendo lo que has hecho…

- Nooo… Tanya, no pretendo darte envidia, solo quiero haceros ver que lo que me une a Edward es mucho más que simple sexo… - dije viendo como él se relamía los restos de sangre con la lengua.

- ¿Más que "simple" sexo? – dijo irónicamente – y eso será el dulce y eterno amor ¿No? Que tierno…

- Eso también – dije alzando la mirada para sonreírle. Su seductora sonrisa me abrió el apetito. - pero hay algo más…

- ¿Y qué es si puede saberse?

- Sangre, Tanya. Algo que tú deberías conocer puesto que es un lazo que une más allá de todo entendimiento. Y tu hermana te lo ha demostrado hoy quedándose aquí para compartir tu suerte.

- Déjate de tanta palabrería y suéltanos de una jodida vez – dijo Megan mirándome con odio – vamos a ver de qué lado está esa suerte…

- Estoy de acuerdo – dije separándome de Edward y dando un paso en su dirección – ya que no vais a aprender por las buenas… lo haréis por las malas.

Había llegado el momento de cerrar el círculo. Dejé de inmovilizarlas y en cuanto notaron que podían moverse rápidamente Megan se posicionó delante de su hermana. Quería ser la primera, pero mi objetivo prioritario era Tanya. Y no pensaba recurrir a la Mara para abrirme paso hasta ella.

Salté hacia delante y con un golpe de mi brazo la desplacé hacia el otro extremo de la habitación. Megan chocó contra la pared dejando un hueco desconchado en ella antes de caer al suelo. Casi al instante se levantó, preparada para cargar contra mí, pero Edward se interpuso en su camino, colocándose en posición de ataque delante de ella y advirtiéndole con una simple mirada que debía mantenerse al margen.

Tanya miraba a su hermana con una mezcla de pena y desesperación. Al final se había quedado con ella solo porque el lazo de sangre que las unía no le permitía hacer otra cosa. Hubiera preferido que se marchara, que la abandonara, que le diera la espalda y siguiera con su vida, así solo tendría que preocuparse por ella misma. Pero la decisión de Megan de apoyarla a pesar de saber que solo ella había sido la culpable de la actual situación y que podría morir por su causa, la llenó de una rabia que le desbordaba los ojos.

- Vuelve a tocar a mi hermana y te arranco la cabeza – me dijo agazapándose lentamente en actitud ofensiva.

- Me encantará ver como lo intentas… - dije agazapándome a mi vez y enseñándola los dientes – vamos Tanya…

Saltó hacia mí con las manos en garras, dispuesta a clavarlas en mi cara pero la esquivé fácilmente desplazándome hacia un lado. Se giró rápidamente para volver a la carga, se dejaba llevar por impulsos que resultaban demasiado obvios hasta para una luchadora no experimentada como era yo, y esta vez venía con los dientes descubiertos lanzada contra mi cuello. Lancé mi mano para recibirla descargando un potente puñetazo contra su mandíbula, la fuerza del golpe hizo que cayera hacia un lado y que el suelo retumbara por el impacto de la caída.

- ¡Siii, esa es mi chica! – Los vítores de Emmett me llegaban desde el jardín.

- Emmett, apártate de la ventana – oí como Rose le reprendía. No pude evitar sonreír.

- ¡Joder! Yo quiero verlo…

Tanya se quedó un segundo estática mirando como sus dedos se teñían de negro al limpiar la zona del labio donde sus dientes se habían clavado produciendo una herida. Levantó los ojos a tiempo de ver como llegaba a su lado y la enganchaba del pelo para ponerla en pié.

Se revolvió para soltarse de mi agarre, braceó intentando quedar libre. De pronto una de sus manos surcó el aire y consiguió arañar mi mejilla, dejando tres surcos de los que goteó una pequeña cantidad de oscuro líquido.

- Eso por el labio partido, zorra – dijo enseñándome los dientes.

- ¿No eres capaz de nada mejor? – dije viendo como el escote de mi blanco vestido se teñía con las espesas gotas de negra sangre.

La sonrisa que apareció en mi cara la dejó paralizada. Nunca antes me había visto sonreír de esa manera y la expresión que adquirió la suya al ser consciente de lo que le esperaba hablaba por si sola.

Miedo.

Lejos de pararme a evaluar el desastre de mi cara volví a saltar sobre ella, dejándola tumbada de espaldas mientras yo descargaba un puñetazo tras otro contra su cara.

Toma, toma, toma, toma, toma, y toma, zorrra.

- ¡Más fuerte, más fuerte Bella! – Emmett seguía dando saltos e imitando mis golpes al otro lado de la ventana - ¡Así!

Se tuvo que sacudir con violencia suficiente para poder liberarse de mi peso y que le diera tiempo a incorporarse. Tiempo que consiguió después de hacerme caer aprovechando que yo miraba los gestos de mi cuñado, pero no fue muy lejos. Nada mas ponerse de pié y casi antes de volverse completamente hacia mi, ya estaba yo esperándola, por lo que descargué otro puñetazo contra su cara. Ésta vez con tanta fuerza que pude oír perfectamente como varios de sus dientes se rompían por el impacto.

- ¡Eso es un buen derechazo, si señor!

- Emmett, basta ya por dios… - Rosalie intentaba alejarle de la ventana.

Tanya trastabilló hacia atrás y fue a dar con la espalda contra la pared. Edward mantenía a Megan a raya, evitando que pudiera meterse en la pelea pero dejándola ver lo que estaba ocurriendo.

- Me has roto dos dientes, puta – dijo escupiéndolos al suelo con una mezcla de sangre y ponzoña. La sonrisa apareció en su cara – ha sonado igual que los huesos de los cráneos de tus padres al estrellarse contra el salpicadero… precioso.

- Nada comparado con el sonido que va a hacer tu cabeza cuando la desprenda de tu cuello…

Volví a cargar contra ella. Intentó desplazarse a un lado como había hecho yo anteriormente pero conociendo esa posibilidad me adelanté y en vez de mi mano fue mi pierna la que extendí haciendo que mi rodilla se clavara en su pecho, frenando su escapatoria.

- ¡Auuuggg! – el sonido de sus costillas rompiéndose llenó la habitación e hizo que Megan soltara un grito de impotencia.

Cayó al suelo de rodillas protegiéndose con los brazos la zona golpeada. Postura perfecta para cumplir la petición que una adorable mujer me había hecho antes de marcharse. Las risas de Emmett volvieron a hacerme sonreír. Hazlo Bella, le va a encantar.

- Apártate de la ventana Emmett, necesito un poco más de espacio – dije avisándole. Después enterré mi pié en su tripa con una brutal patada - Esto por cortesía de Alma.

La fuerza del golpe hizo que se levantara casi medio metro del suelo y volara literalmente hasta caer dos metros más allá de donde estaba, atravesando los cristales y cayendo al suelo del porche. Salté para ir a su encuentro por la destrozada ventana.

Mis oídos captaron que Megan gritaba algo a lo que Edward respondía, pero no presté ninguna atención. Ahora solo Tanya existía para mí y debía devolverle todo el odio y toda la rabia que había estado almacenando y que me había estado guardando desde que llegaron. Se aovilló sobre si misma acusando el dolor que la perforación de las costillas rotas le había producido.

- Vamos Tanya, pensaba que me lo ibas a poner mas difícil – dije acercándome más a ella – no me estoy divirtiendo nada de nada.

- Es muy… fácil hablar… cuando tú estás… en superioridad… de condiciones – dijo trabajosamente.

- ¿En superioridad? – dije muy sorprendida - ¿Te refieres a La Mara?

- Eres… más… fuerte… - dijo levantándose lentamente. Vi ríos de negra sangre arruinando su vestido allí donde sus costillas habían perforado su piel – más fuerte… que yo…

- Tanya, Tanya, Tanya… - no pude evitar sonreírle – no he usado aún mis poderes contigo, cielo. Esto es fruto de mis propias manos, cuando saque La Mara lo sabrás… créeme.

Con el rabillo de ojo capté un rápido movimiento. Megan por lo visto había pedido a Edward que la sacara fuera con su hermana y Edward no quiso privarla de ver el espectáculo. Le miré un instante viendo la lujuria que embargaba sus ojos viéndome en plena acción. Termina ya Bella, que estás perdiendo un tiempo precioso de estar en sus brazos. Oído cocina.

Supuse que Alice aún seguiría intentando controlar a Jasper y que Carslisle y Esme aún estarían con Eleazar. Solo Emmett y Rose estaban presentes y mantenían los ojos expectantes viendo como Tanya se arrastraba para alejarse de mi.

- Creo que quiere escaparse, Bella – dijo Emmett frotándose las manos - ¿quieres que te la sujete?

Le guiñé un ojo a Emmett negándome, no quería que participara activamente aunque sé que le hubiera encantado. Volví a centrar mi atención en Tanya.

- ¡No la toques zorra! – Megan soltaba improperios contra mi - ¡Atrévete conmigo! ¡Pelea conmigo sucia ramera!

- Si vuelves a insultar a mi mujer desearás no haber nacido – dijo Edward agarrándola por el cuello y elevándola varios centímetros del suelo para estamparla contra la fachada de la casa – esperarás tu turno.

- No la… toques, cerdo – Tanya miraba la misma escena que yo y se dirigía a Edward – Quítale tus sucias manos… de encima a mi hermana.

- Hablando de manos… – dije volviendo a centrarme en ella y captando de nuevo su atención – ya te diré yo donde puede o no puede poner las manos mi marido…

Me abalancé sobre ella y a pesar de haber intentado alejarse no pudo evitar que yo la alcanzara con unos cuantos pasos. Me levanté un poco el vestido dejando aparecer mis blancos zapatos. Ella volvió a arrastrarse intentando alejarse un poco, pero el dolor del pecho apenas la dejó moverse. Levanté el pié y deje caer con fuerza el fino tallo del tacón de aguja sobre su mano, atravesándola literalmente.

- ¡AAAhhhhh! – gritó casi sin fuerzas para hacerlo.

- ¡Punto para Bella! Si señor… así se hace hermanita – Rosalie volvió a reprender a Emmett pidiéndole silencio.

- No olvides la lección – dije siseando las palabras – a ver si aprendes de una jodida vez a respetar la propiedad privada.

- ¿Crees… que a él no le gustó? – sus ojos irradiaban odio puro y duro - ¿eso te ha… dicho? Disfrutó mucho más que yo…

- Solo disfrutó cuando tuvo tu cuello entre sus manos, y yo me voy a encargar de terminar lo que él empezó.

La agarré de la muñeca derecha poniéndola de pié y retorcí su brazo hasta que se vio obligada a darse la vuelta y darme la espalda con el brazo retorcido tras ella.

- Esto te enseñará – retorcí un poco mas haciendo que ella se arqueara – a no usar tus manos – volví a retorcer – para obligar a nadie – seguí retorciendo – a tocar tu sucio cuerpo – forcé al máximo – y mucho menos a mi marido – Los huesos crujieron cuando se rompieron.

- ¡AAAAAAAHHHHHHH! – el gritó que salió de su garganta me perforó los tímpanos. Cayó al suelo con el brazo en un ángulo imposible.

- Grita todo lo que quieras – dije encarándola de nuevo – nadie va a venir a ayudarte.

- Tus padres… si que gritaron… - dijo jadeando a causa del dolor, pero sobre todo por el odio – gritaron como animales… gritaron y aullaron…. como cerdos llevados al matadero. A ellos tampoco les ayudó nadie…

Estaba provocándome, quería minar mi autocontrol, y yo lo sabía. Haciéndome participe de los detalles de la muerte de mis padres esperaba que yo perdiera la concentración y cometiera un error. Un error que ella aprovecharía para atacar, o para escapar como la rata que era. Las corrientes eléctricas de mi columna hacían que me hormigueara la piel. Necesitaban salir, necesitaban descargarse en ella, en su cuerpo, someterla y machacarla hasta que reventara de dolor.

- Desearás no haberte cruzado en mi camino, vas a desear no haberme conocido jamás – dije apretando los puños y preparándome para descargar mi odio – Vas a desear no haber nacido…

- Gritaban tu nombre mientras agonizaban…

- Cállate maldita – mi Mara pedía a gritos que la liberara – cállate…

- No la escuches Bella – dijo Edward de repente – sabes que eso no ocurrió así. No pierdas el control.

- Pobrecita Bella… - Tanya sonreía abiertamente – pobre huerfanita… cuanto ha sufrido…

- Acaba de una vez…

Edward tenía razón, ella solo lo decía para sacarme de mis casillas… y había funcionado. Como Edward me había pedido, iba a acabar con ella de una vez por todas. Dejé salir las descargas.

- ¡AAAAAAAAARRRRGGGGGG! – el grito de Tanya hizo que varios cristales de los ventanales reventaran.

- ¡No, no, no, noooooooooooo! – Megan miraba como su hermana se retorcía en el suelo.

- ¡Si, si, si, si, siiiiiiiiii…! Muerde el polvo cerda… - Emmett sabía mejor que nadie lo que Tanya estaba sufriendo en ese momento.

- Emmett, vale ya – dijo Rose mirándome con prudencia.

- ¿¡Qué, joder! - dijo molesto por tanta regañina - Solo animo a mi hermana…

- Distraes a Bella y ahora está muy ocupada – dijo mirándome con reconocimiento - así que guarda silencio.

Emmett miró sorprendido a Rose por su cambio de actitud pero obedeció sin rechistar. Me obligué a centrarme de nuevo en mi principal ocupación. Con él no me había arriesgado a pasar de un grado 4 pero con ella estaba empleando directamente el equivalente a un grado 7 y eso, estaba segura, que era un nivel de dolor humanamente insoportable.

- Suplícame que pare Tanya – dije aumentando gradualmente el grado de dolor – suplícame.

- ¡Para, no sigas! – Megan sentía casi como propio el dolor de su hermana - ¡Detente maldita zorra… – Edward la mantenía agarrada por los brazos - … o juro que yo misma te haré parar!

- Suplica por tu vida – dije elevando otro punto la intensidad del dolor, rozando el 8 – Vamos, Tanya…

- ¡¿No ves que no puede ni hablar! ¡Suéltame, joder! – Megan seguía retorciéndose intentando soltarse del agarre de Edward - ¡Tanya, Tanya! ¡Aguanta hermana, yo te ayudaré!

- Suplica de una jodida vez… - dije intensificando casi a 9 el intolerable dolor – ¡suplica, maldita!

- ¡Basta, Bastaaaaaaaaaaaa! – Megan casi sollozaba viendo como su hermana se contorsionaba incapaz hasta de gritar - ¡Cobarde… eres una jodida cobarde! ¿¡Acaso no eres capaz de hacerlo con tus propias manos!

Paré la descarga cuando me llegaron las palabras de Megan. Tanya jadeaba completamente desecha en el suelo, convulsionando y retorciéndose a causa de la magnitud del dolor recibido.

- Acaba con ella de una vez – dijo Megan completamente floja, rindiéndose a forcejear más con Edward – pero deja de torturarla, por dios… - sus ojos estaban dolorosamente enrojecidos – yo te suplico que dejes de torturarla… y la mates de una vez.

- Creo que seguiré tu consejo – dije sonriendo a Megan a la vez que agarraba del cuello a Tanya obligándola a levantarse – disfrutaré mas si le arrebato la vida con mis propias manos.

La levanté directamente del cuello, lo abarqué con mis manos manteniéndola sujeta, pues sus piernas no soportaban ni su propio peso. Apenas se movía, sus brazos se balanceaban inertes a ambos lados de su cuerpo como si fuera una muñeca de trapo. Solo sus ojos se clavaban en los míos con los vestigios de un rastro de vida.

- ¿Estás preparada para morir, Tanya? – dije afianzando mis manos en torno a sus vertebras.

Desplazó su mirada de mi a su hermana, observó como ésta se había dejado caer completamente vencida a los pies de Edward y la miraba con tanta pena en los ojos que hasta yo misma me compadecí de Megan por tener una hermana tan poco digna de llamarse así.

No me demoré ni me recreé en su final. Apreté los dedos en torno a su cuello, sentí como sus vertebras cervicales se aplastaban unas con otras bajo la presión de mi agarré. Sus agónicos jadeos cesaron radicalmente cuando su tráquea quedó partida en dos.

Esto por mi padre. Giré su cabeza primero a la derecha rompiendo los músculos del cuello y dejando que su peso descansara entre mis manos. No había sorpresa en sus ojos.

Esto por mi madre. Giré de nuevo rápidamente hacia la izquierda terminando de romper los huesos que quedaban aun ligamentos cedieron.

Y esto por intentar joder mi marido. Separé su cabeza del resto de su cuerpo con un brusco tirón.

Por fin sus ojos se apagaron. Vacios y sin vida para siempre.

- Adiós, Tanya.

Lalalalala... ;)