Buenos dias de Viernes...!

Bueno, penultimo capi el de hoy... y no digo nada porque no sé si reir o llorar... asi que mejor a leer ;D

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen, lexa0619, EdithCullen71283, je m´appelle lolita, viryi, patty69, Lady Irina, nandainwonderland ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 57

Me quedé mirando el cuerpo sin vida de Tanya con una sensación de alivio tal que ni moverme podía. Se suponía que quitarle la vida a alguien nunca era fácil, que la persona que mataba tenia que ser psicológicamente fuerte para poder afrontarlo y también para poder sobrellevarlo después. La culpa y el remordimiento podrían destrozar cualquier conciencia, por dura que fuera. Pero ¿qué pasaba cuando solo quedaba alivio después de matar a alguien?

Jasper y Alice salieron de la nada y se quedaron igual que yo contemplando el cuerpo inerte tirado en el suelo del jardín. Emmett daba botes de alegría y Rose, por mucho que intentara disimularlo, también sintió su propia satisfacción al ver a esa mala persona convertida en un montón de… nada.

- Bella ¿te encuentras bien? – Jasper no perdió el tiempo en calibrar mi estado de ánimo.

- Perfectamente Jasper – dije mirándole tranquilamente – siento haber tenido que pedirle a Alice que te sacara, pero era necesario.

- No te preocupes, ya me lo ha explicado todo. Y créeme que después de escuchar lo que realmente ocurrió entiendo que necesitaras descubrirla delante de todos.

- Estamos de acuerdo Bella, necesitabas tu oportunidad de resarcirte – apareciendo de la nada la voz de Carlisle me llegó alta y clara. Su serio semblante tampoco me pasó desapercibido. Salió al jardín con Esme de su mano – pero entiende que la venganza no es buena para nadie, y esa es una lección que debemos aprender todos, de una vez por todas.

- Lo siento Carlisle, te pido disculpas – dije mirándole a la vez que notaba la mano de Edward deslizarse buscando la mía y agarrándola fuerte – esta es tu casa y entiendo que por tu educación y ciñéndote a tu forma de vida, lo que he hecho es perfectamente censurable. He matado a otra criatura pero siento decirte que no me arrepiento de ello.

- Nadie pide que te arrepientas, somos vampiros. Y desafortunadamente llevamos en los genes sentimientos como la venganza, el sufrimiento, el dolor y el odio… pero no es algo de lo que debamos hacer alarde.

- No me siento orgullosa Carlisle, pero tampoco me engaño – dije mirándole directa a los ojos, sin tapujos, sin mentiras, solo con honestidad – volvería a hacerlo sin dudar si alguien vuelve a intentar arrebatarme lo que es mío.

Miré a Edward, que apretaba fuerte mi mano y miraba a su padre con la misma determinación que yo. Dispuesto a renunciar a su actual modo de vida, dispuesto a que su familia le repudiara, dispuesto a irse lejos y empezar de cero en otro lugar, lejos de las personas a las que había amado durante siglos. Dispuesto a renunciar a todo… menos a mí.

Todos miraban a Carlisle en silencio. Como cabeza de familia era él el que tenía que tomar una determinación con respecto a que hacer con nosotros. Edward y yo teníamos las cosas claras, pero al resto de la familia esto les pillaba por sorpresa. No habían tenido tiempo de sopesar los pros y los contras de las acciones que Edward y yo habíamos llevado a cabo.

Estaba segura de que Alice y Emmett nos apoyaban al cien por cien, incluso Alma estaba de nuestro lado. Pero Rosalie, Jasper y Esme, junto con el propio Carlisle, estaban más confundidos que otra cosa por el rumbo que había tomado la conversación.

- Antes de decidir nada debemos ver qué va a pasar con ella – dijo señalando con la cabeza a una deshecha Megan que seguía tirada en el suelo lamentando con leves quejidos la muerte de su hermana – ¿vais a hacer justicia con ella también?

- Era Tanya con la que yo tenía necesidad de ajustar cuentas – dije viendo el despojo que había quedado de la divina Megan – si Edward no tiene inconveniente no me opongo a que se marche e intente rehacer su vida.

- ¿Edward? – preguntó Carlisle a su hijo – tienes la última palabra.

- Que se marche… - dijo mirándola superficialmente – si como dice Bella puede superarlo y rehacer su vida, que lo haga. Pero que se atenga a las consecuencias si decide seguir los pasos de su hermana.

- ¿Megan? – Carlisle se acercó lentamente hasta la mujer – Megan escúchame…

- Car… Carlisle… - dijo levantando la vista para ponerla en los dulces ojos que la contemplaban.

- Tienes que afrontarlo, sé que es duro pero no tienes que hundirte – dijo cogiéndola de la mano y ayudando a que se levantara – no cometas los mismos errores que cometió tu hermana. Aprende de ellos y encauza tu vida.

- Yo no quería esto… - dijo mirando el cuerpo sin vida de su hermana – yo no sabía en lo que se había convertido… yo no quería... Oh, dios… - se derrumbó en los brazos de Carlisle.

- Tranquila Megan, tu tienes la posibilidad de cambiar – dijo mientras la rodeaba con un brazo y empezaba a caminar con ella saliendo del porche. Jasper les seguía con la mirada – tienes la posibilidad de empezar de nuevo, sin rencores, sin odio. Aprovecha la oportunidad que se te brinda.

- Gracias Carlisle – dijo mirándole y después girándose hacia nosotros – lo siento.

- Intenta hablar con Eleazar y deja que las cosas se arreglen. Sé que él no ha cerrado del todo la puerta para ti.

Edward miraba como su padre acompañaba a Megan hasta el final del camino, intentando que la muchacha recapacitara, hablándole calmadamente. Jasper había estado calmándola e intentando serenarla pero sabía que esa herida que llevaba iba a tardar mucho en sanar, si es que lo hacia algún día.

De pronto me vi rodeada por los enormes brazos de Emmett, que aullaba y vitoreaba a la vez que me hacia dar vueltas en el aire. Desde luego había disfrutado de lo lindo viendo la somanta de palos que le había administrado a Tanya.

- Emmett, para por dios… - dije intentando deshacerme de sus brazos – me vas a descoyuntar…

- Oh, claro – dijo dándome un último apretón antes de dejarme en el suelo – Eres buena… eres muy buena…

- Gracias a tu ayuda – dije guiñándole un ojo a lo que Rose nos miró perpleja.

- Ya te lo explicaré cariño – dijo Emmett sonriendo a su chica – es una historia muy larga…

- Bella…

- Rosalie…

- Lo siento – dijo mirándome culpablemente – te pido disculpas por todo lo que te he hecho pasar, por mi ignorancia, por mi cabezonería, por no creer en ti y no apoyarte como una hermana debería haber hecho – también miró a Edward - Sé que no me podréis perdonar tan fácilmente pero quiero que sepáis que jamás volveré a dudar de vosotros y que podréis contar conmigo siempre que necesitéis, para cualquier cosa, en cualquier momento y en cualquier lugar.

- Gracias Rosalie – dije sonriéndola sinceramente – eso es un buen comienzo para arreglar las cosas entre tu hermano y tú – dije indicándola con un gesto a Edward – lo demás vendrá rodado.

Asintió en silencio y automáticamente Edward abrió sus brazos para recibir el abrazo que Rosalie se moría por darle. Mientras estaban así, abrazados, ella sacó una mano buscando la mía y la apretó en un silencioso agradecimiento. Le devolví el apretón.

- ¡Ehh, suelta a mi chica! – dijo Emmett haciéndose el ofendido – nadie puede tocar lo tuyo pero tu si que puedes explayarte con las de los demás ¿no?

- Jajajajaja – Edward tuvo que alejarse de Rose – tranquilo machote, ya la suelto.

- Eso está mejor – dijo cuando Rose fue a colgarse de su cuello – esta jaca es solo mía…

- Emmett – Rose se le quedó mirando muy seria.

- ¿Qué? – dijo él devolviendo la mirada.

- Compórtate.

- Vale.

- Bueno – dijo Carlisle después de dejar marchar a Megan y volver, sacándonos del feliz momento – creo que deberíamos deshacernos de esto – dijo indicando el cuerpo de Tanya – y vosotros vais a ayudarme.

- Vuelvo ahora preciosa… - dijo Edward dejando un suave beso en mis labios.

- Ya te echo de menos – dije devolviéndole el beso y apretando mis dedos en torno a los suyos.

- Vamos, vamos – dijo Emmett tirando de su hermano para llevárselo – ya os desfogaréis en la noche de bodas…

Edward se dejó arrastrar sin apartar su pícara mirada de mí. Cuando nuestros dedos irremediablemente se separaron me guiñó un ojo antes de darse la vuelta y seguir a sus hermanos, que ya cargaban con los restos de la desgraciada.

Al instante me vi rodeada por los brazos de Alice, que había ido a buscar a Alma mientras nosotros hablábamos, mientras Rose y Esme se fundían en un cálido abrazo celebrando que por fin las cosas empezaban a arreglarse.

- Gracias por todo Alice – dije devolviéndole el abrazo – nunca podré pagarte todo lo que has hecho por nosotros.

- Mi colaboración era necesaria – dijo encogiéndose de hombros muy sonriente – si no me llegáis a contar vuestras intenciones lo habría fastidiado todo metiéndome por medio.

- Espero que Carlisle no se enfade contigo por haber colaborado…

- No se enfadará – dijo muy segura de si misma – además, lo único que he hecho es pedir que me acompañaran y abrir las puertas de un salón… el motivo es lo de menos.

- Gracias de todas formas…

- Suéltala de una vez – dijo Alma mirándome muy sonriente – es mi turno.

- Alma… - me refugié en los brazos de la pequeña mujer.

- Tranquila cariño, has hecho lo que debías – dijo alzando la cara para mirarme – ¿le diste el regalito de mi parte?

- Por supuesto – dije sonriéndole ampliamente – pero siento haber roto la ventana al hacerlo.

- ¿Atravesó la ventana? – dijo fijándose la cantidad de cristales que había en el suelo y el hueco que había quedado donde estaba la ventana – madre mía…

- Te ayudaré a recogerlo todo – dije culpablemente.

- Eso no será necesario – dijo con orgullo – jamás limpiaré un destrozo con mas satisfacción que ésta vez.

- Alma, no quiero ser pesada – dijo Esme de pronto – pero Bella tiene que prepararse antes de partir a la luna de miel y se está haciendo tarde…

- Oh, es cierto – dijo Alice empezando a dar saltitos impacientes – la maleta ya la tienes hecha, solo falta cambiarte de ropa…

- ¿Y a qué estamos esperando? – dijo Alma.

Entre risas y comentarios las mujeres fueron andando por el porche en dirección a las puertas del salón. Yo esperé un instante y me quedé a solas mirando las manchas oscuras que teñían el suelo del porche. Después de echarles un último vistazo me giré dispuesta a seguirlas cuando algo captó mi atención.

- ¡BELLA! – Edward corría en mí dirección gritando mi nombre.

- ¿Edward? – le miré confundida un instante antes de ver como se precipitaba hacia mi con la cara completamente desencajada – Edward… qué…

Abrí los ojos como platos en el mismo instante que supe que no era a mí a quien realmente miraba. Antes siquiera de que mi fabulosa mente registrara lo que estaba sucediendo, Edward me sobrepasó.

A la vez que él pasaba de largo a mi lado me giré y vi como echaba su brazo hacia atrás y lo lanzaba contra Megan, que completamente enloquecida y enajenada, se abalanzaba sobre mí. Con ojos demenciales, con las fauces abiertas enseñando los dientes y los dedos en garras ya a pocos centímetros de mí, estaba dispuesta a arrebatarme la vida, ahora que no estaba influenciada por el don de Jasper.

El puño de Edward impactó en su cabeza, frenando en seco su avance y haciendo que su cabeza se separara del cuerpo con un brutal y único golpe.

Lo vi todo como en cámara lenta a pesar de haber ocurrido en apenas dos segundos. Me quedé en shock, intenté procesar lo ocurrido, pero mis piernas no soportaron mi peso. Antes de llegar al suelo los hábiles brazos de Edward ya me tenían rodeada, haciendo parecer que en vez de caer lo que en realidad pretendía era sentarme. Tuve que apoyar las manos en el suelo para que la cabeza dejara de darme vueltas.

- Bella cielo ¿estás bien? – distinguí su voz clara como el agua entre el barullo de exclamaciones que se formó - Mírame, cariño. Mírame…

- Ed… Edward… - dije intentando enfocar su cara.

- Si mi vida, soy yo – dijo acariciando mi pasmada expresión - no te asustes ¿vale? No pasa nada…

- Era… era… - me concentré en ordenar mis pensamientos.

- Si, era Megan – dijo rodeándome con sus brazos – por lo visto no ha querido aprovechar la oportunidad. Pero tranquila, ya no nos molestará más.

El vértigo que me sobrevino no me permitió recolocar mis pensamientos en su sitio. Solo sus manos en torno a mi cuerpo hicieron que el mundo dejara de darme vueltas y solo sus ojos me mantuvieron consciente evitando que me desmayara por la devastadora realidad de que había estado demasiado cerca de la muerte.

Desde el momento en que mis padres me faltaron, había sido yo la que había afrontado los problemas, la que había buscado las soluciones y la que había tenido que tirar del carro de mi vida para no hundirme en la negrura de la soledad. Me tuve que hacer fuerte y dura a la fuerza, siempre dispuesta a afrontar que solo yo era responsable de mí y que nadie iba a sacarme las castañas del fuego cuando me hiciera falta.

No estaba asustada ni tenia miedo, pero la sensación que ahora me embargaba amenazaba con derrumbar todas esas creencias que había tenido como irrefutables. Era una sensación muy extraña que nunca antes había experimentado. Nunca mi vida había dependido de alguien que no fuera yo, y aunque Edward había velado por mí desde mi nacimiento, era la primera vez que había corrido un verdadero peligro de muerte.

El resto de la familia estaban igual de impactados, después de presenciar igual que yo lo que había ocurrido. Edward ni siquiera les miraba, no le importaba lo que pensaran después de lo que había hecho, solo me miraba a mí.

Todos observaban horrorizados el reguero de sangre que había entre el cuerpo de Megan y su cabeza, a casi quince metros de distancia. Y como su cuerpo aun se movía con pequeños espasmos a causa de unas terminaciones nerviosas que aun no habían asimilado que la vida ya no formaba parte de ellas.

- Llevaros a Bella de aquí – pidió Carlisle mirando con decepción la horripilante visión que ofrecía el suelo del porche – hay que limpiar todo este caos…

- Yo me encargaré de esto Carlisle – dijo Edward mirándole muy serio mientras dejaba que Esme y Alma me llevaran dentro – es responsabilidad mía hacerlo.

- Tú ya has hecho bastante, hijo – dijo mirándole con tristeza – tus hermanos y yo nos encargaremos de esto. Ve con tu mujer y asegúrate de que está bien.

Me dejé llevar por las mujeres al interior del salón, que no ofrecía mejor aspecto que el porche después de lo ocurrido allí unos instantes antes. Esme debió pensar lo mismo que yo, pues en vez de dirigir sus pasos hacia los sillones siguió andando, encaminándose a la cocina. Rosalie, Alma y Alice nos seguían en silencio.

- Siéntate Bella – pidió Esme retirando una silla para ofrecérmela – ha sido un día duro y no te vendría mal un poco de calma…

- No quiero sentarme Esme – dije mirando a la comprensiva mujer – no necesito calmarme, necesito estar con mi marido.

- Estoy aquí cariño – dijo Edward abriéndose paso entre sus hermanas – estoy aquí…

Corrí hasta sus brazos que se abrieron para recibirme, pegué mi pecho al suyo y aspiré su aroma rodeándole a la vez que él cerraba su abrazo sobre mí. No podría haber explicado lo que sentía en esos momentos.

- Bella, mírame cielo – Edward intentaba desenterrar mi cara de su pecho.

- Mmmmm – me apreté más contra él negándome a separarme.

- No pasa nada cariño – dijo mientras acariciaba dulcemente mi espalda – no tienes nada que temer…

- No me di cuenta de que volvía - accedí por fin a mirarle y parpadeé varias veces - estaba despistada…

- Ha sido muy rápida, pero no más que ésta – dijo tocándose la sien con un dedo – leer los pensamientos a veces tiene sus ventajas…

- Me has… has… - solo pude mirarle con gratitud – me has salvado la vida…

- Tú salvas la mía cada dos por tres – dijo devolviéndome la mirada – ¿no puedo yo, por una vez, hacer lo mismo por ti?

- Se me había olvidado lo que es que alguien cuide de mí…

- No te preocupes por eso – dijo acercándose despacito a mis labios – yo siempre estaré aquí para recordártelo.

Cuando sus labios se posaron delicadamente en los míos revoloteando como mariposas, noté como mi cuerpo reaccionaba y me pedía saciar la necesidad y la sed que tenía de él. Enredé mis manos en su pelo y le atraje hacia mí profundizando aun más en nuestro beso. Y si no hubiera sido porque el vestido me lo impedía, hubiera enredado también las piernas alrededor de su cintura.

Esme, Alma, Rosalie y Alice miraban con ojos como platos y con anchísimas sonrisas la escena que se desarrollaba entre Edward y yo. Y solo sus risillas nerviosas y las férreas manos de Edward instándome suavemente a soltarle consiguieron que no perdiera los papeles.

- Eso es un Beso como Dios Manda, si señor – dijo Alma enarcando las cejas y guiñándole un ojo a Edward – menos mal que la noche de bodas la vais a pasar fuera de esta casa por que si no… no iban a quedar en pié ni los cimientos.

- Oh, vaya… - dijo Alice abanicándose con la mano - ¿se puede saber por qué hace tanto calor aquí? Madre mía…

- Creo que necesito a Emmett – dijo Rosalie intentando serenar su respiración.

- Y yo a Jasper… - Alice aún resoplaba.

- Y yo a Carlisle… – Esme intentaba sin éxito disimular su turbación.

- En momentos como este es cuando más me alegro de seguir siendo humana… – dijo Alma mirando de hito en hito a las tres mujeres que rompieron en carcajadas – y no tener ya ese tipo de… necesidades.

- No te creo – dijo Alice cuando la risa se lo permitió – eso siempre se necesita…

- Yo ya no…

- Vamos Alma, no mientas – dijo Edward con una sonrisita picarona – no pretendas hacerlas creer que no lo echas de menos… - le guiñó un ojo - tú y yo sabemos que si…

- ¡Edward Cullen! – le regañó la mujer con el dedo en alto por verse descubierta - ¡deja de husmear en mi cabeza!

- Vale, vale, lo siento – dijo intentando aguantar la risa, cosa que nosotras no pudimos – lo siento de verdad, no pretendía ser indiscreto…

- ¡Y un cuerno que no lo pretendías! - dijo levantando la cabeza y mirándolo arrogante – además, yo no he dicho que no lo eche de menos… solo he dicho que ya no lo necesito.

- Si, si… lo que tú digas… - Edward apretó los labios reprimiendo la sonrisa.

- Creo que son conceptos muy distintos y hay que saber apreciar la diferencia – se volvió para fulminarnos con su digna mirada a las demás - ¿no estáis de acuerdo?

- Si, si Alma – dijimos todas asintiendo repetidas veces – tienes toda la razón, es cierto, son cosas diferentes…

- Entonces punto en boca. Todos.

Nos mantuvo la mirada unos tensos instantes en los que todos intentamos calibrar el grado de enfado que tenía la pequeña mujer con nosotros, pero antes de que las sonrisas se borraran definitivamente de nuestras caras fue ella misma la que estalló en carcajadas y terminó confesando que efectivamente lo echaba de menos mucho más de lo que le gustaba reconocer.

- Es de las pocas desventajas que tiene vivir con cuatro parejas de vampiros sexualmente muy, pero que muy, activos. No dejáis que esta pobre anciana lo olvide…

- Sobre todo por el continuo destrozo de tus adorados muebles… lo sabemos – dijo Rosalie pícaramente - ¿Dónde demonios se habrán metido estos tres…?

- Los muebles son lo de menos – con un gesto de la mano intentó restar importancia a ese hecho – eso es un daño colateral mínimo. Lo peor son los recuerdos…

- ¿Lo peor? – dije asombrada - ¿en serio son lo peor?

- Bueno, a ver… cada vez que me acuerdo de mi morenazo, de esa boca que era un milagro, de esos labios que me volvían loca, de esas manos que… bueno, no os digo lo que hacia con sus manos. Imaginároslo y punto – bufó acalorada.

- Nos hacemos una idea Alma – dijo Rosalie mirando ansiosa hacia la puerta – ¿tardan mucho, no?

- Por eso no puedo decir que sean malos recuerdos, solo digo que son peores de rememorar – su mirada se entristeció levemente - Pero de sus ojazos negros, de su pelo revuelto, de su blanca sonrisa… es imposible no acordarme. Se me hace duro no haber tenido más tiempo para estar juntos.

- Le echas de menos… - Esme acarició la mejilla de la tierna mujer.

- Muchísimo, por eso cuando veo cómo vosotros os amáis, y no solo físicamente, con esa intensidad y con todo el tiempo del mundo a vuestros pies… no puedo sino envidiaros. Por eso os quiero, por eso os amo con locura, porque hacéis que el amor sea palpable, que sea real y no solo un concepto místico u onírico. Vosotros hacéis que tenga cuerpo y mente.

- ¿Y que sería de un cuerpo y una mente… sin un "Alma"? – Edward la rodeó con sus brazos – tú eres la nuestra…

- Calla, canalla – dijo la mujer refunfuñando pero dejándose mecer entre sus brazos – que tú eres el que mas quebraderos de cabeza me ha dado…

- Siempre tan exagerada… – Edward rió entre dientes.

- Y un cuerno, exagerada… me has traído por la calle de la amargura tanto tiempo que ahora que por fin todo se ha solucionado y te tengo bien colocadito ya voy a poder por fin…

- ¿Morirte tranquila? – se aventuró a conjeturar, cosa que al instante se dio cuenta que no debería haber hecho.

- ¡DESCANSAR EN PAZ! – dijo Alma alejándose de él bruscamente y mirándole acusadoramente con su dedo en alto – ¡Edward Cullen! ¿¡es que quieres meterme ya en una caja de pino y enterrarme!

- Lo siento, lo siento, lo siento – dijo él mientras volvía a mi lado y hacía como que se escondía detrás de mí.

- ¡Al carajo tus disculpas, pedazo de bruto! - sus gritos se mezclaron con nuestras sonoras carcajadas - Habrase visto… decirle semejantes cosas a una mujer que casi te triplica la edad…

- Pero Alma… - Edward intentaba escapar de las manos de la mujer dando vueltas a mí alrededor.

- Ni Alma ni leches, ¡maleducado! – dijo intentando cazarle detrás de mi falda – ¡y no me vengas con el cuento de que técnicamente eres mayor que yo porque no cuela!

- Vale, vale, perdona – me hice a un lado en el instante en que Edward pretendía volver a escabullirse, pero Alma fue mas rápida y estampó una sonora colleja en su nuca.

- ¡AAyyy! – dijo él llevándose la mano al lugar donde había recibido el golpe.

- Eso te enseñará a pensar un poco antes de soltar tan alegremente esas barbaridades que dices.

- Podrías ayudarme un poco ¿no? – dijo frotándose el cuello y mirándome contrariado – ya sabes… volver a salvarle una vez mas el culo a tu marido…

- Alma tiene razón Edward, has sido muy bruto y te mereces mucho más que una simple colleja.

- ¿Ah, si?

- Si.

- Pues vaya – bufó con fastidio – a falta de una ahora voy a tener que aguantar a dos…

- ¿A dos qué, Edward? – pregunté mirándole con suspicacia.

- Nada – dijo agachando la cabeza viendo como Alice, Esme y Rose se desternillaban de la risa – no he dicho nada…

- Más te vale… - Alma me miró guiñándome un ojo cómplice - Átale en corto Bella… como no le enseñes bien desde el principio se te subirá a la chepa.

- Tranquila Alma – dije sonriendo a la mujer y mirando a Edward - le voy a tener muy bien atado – sus ojos brillaron con picardía – no lo dudes…

- Ven aquí anda – Edward obedeció sumisamente la orden de la mujer. Pestañeó inocentemente ante su mirada – si no fuera porque te quiero con locura…

- No quise decir eso… era una expresión. No lo dije en sentido literal…

- Deja de disculparte y dame un abrazo…

- Te quiero.

- Y yo a ti.

- Aun no eres lo suficientemente vieja para morirte…

- Edward…

- Dime.

- Eres un bocazas.

- ¿Qué he dicho ahora?

- Cierra la boca.

- ¿Por qué?

- Hazme caso…

- Vale.

- Así, mucho mejor.

Así era Alma. Así era nuestra Alma. Así era el Alma de nuestra familia.

Ainnnssss que bonito por favor... (sniff, sniff)