Buenos dias ..!

Bueno, ultimo capi el de hoy... y sigo sin saber qué decir, asi que solo puntualizaré que este es el final, no habrá epilogo y por supuesto que seguiré subiendo historias para que las podais leer... pero a su debido tiempo, claro.

Otro dato que creo que no debeis dejar pasar por alto: El lemmon final que vais a leer no lo escribí yo, se lo pedí a una persona que con su forma de escribir me cambió la vida y de la que puedo decir que es una de las mejores escritoras de historias que he tenido el privilegio de conocer. Puedo sentirme afortunada de llamarme amiga suya y por eso os recomiendo encarecidamente que paseis por su fic... porque si el mio os ha gustado, el suyo os dejará con la boca abierta.

Y ella es... Sethaum... va por ti mamona. TQM.

Millones de gracias, como siempre a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci, AnGiieeeH, tlebd, Nitzuki, lokaxtv, you belong to me, Ely Cullen M., glen santos, la chica del gorro azul, Isis Janet, EmilioLT, Mimabells,VICKY08, I am a bad daughter, Rossy04, Lady Eireen, lexa0619, EdithCullen71283, je m´appelle lolita, viryi, patty69, Lady Irina, nandainwonderland ... ;D

Y a todos los que me habeis pagado el esfuerzo y sacrificio que supone robar tiempo al resto de mis ocupaciones diarias para poder escribir esta historia, con vuestros reviews y mensajes privados ;) gracias de todo corazón.

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis y hasta la próxima...!

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Capitulo 58

Un instante después entraron por la puerta Carslisle, Emmett y Jasper, que habían terminado de deshacerse de los restos de la juerguecita que tanto Edward como yo nos habíamos montado en el porche de la casa.

Rosalie suspiró aliviada y corrió a engancharse del brazo de Emmett, Alice hizo lo propio con Jasper, pero ninguno salió corriendo a desfogarse como yo pensaba que iban a hacer. Carslisle fue el último en entrar a la cocina con una seria expresión instalada en su cara. En ese instante Edward dejó a Alma y vino a cogerme de la mano.

Todos esperaban a que el cabeza de familia rompiera el silencio. Que nos dejara ver en qué situación estábamos y como habían afectado los recientes sucesos a su pacifica filosofía de ver la vida. Pero no dijo nada, se limitó a sentarse al lado de Esme y a mirarnos, mientras los demás esperábamos de pié a que recolocara sus pensamientos. Un cansado suspiro fue lo único que salió por su boca.

- Carlisle, no hace falta que digas nada – dijo Edward rompiendo por fin el silencio - Entendemos que no apruebes lo que ha pasado hoy y solo nosotros somos responsables de lo ocurrido.

- Es cierto que no apruebo lo que ha pasado y es cierto también que pienso que deberíais haber hecho las cosas de otra manera.

- Bella y yo estamos dispuestos a irnos si no puedes tolerar el tenernos bajo tu mismo techo.

- No queremos imponer nada a nadie Carlisle – le miré con sinceridad – contábamos con la posibilidad de que no lo aceptarais y aunque lo sintamos en el alma si tenemos que irnos lo haremos.

- No digáis sandeces, nadie va a irse a ningún lado. Al menos de momento. Somos una familia y como tal vamos a solucionar esto. Lo único que quiero añadir antes de que el resto de su opinión es que, como te dije antes, entiendo que necesitaras vengarte, pero debemos dejar a un lado el odio y el rencor. El amor es lo que nos diferencia de ser simples animales y el perdón es lo que nos eleva por encima de las bestias.

- Estamos de acuerdo contigo – dije después de mirar a Edward – y te puedo asegurar que a partir de ahora solo el amor ocupará nuestras vidas.

- No esperaba menos de vosotros – y volviendo a suspirar se dirigió al resto de su familia – venga, podéis empezar a dar vuestras opiniones.

- Nosotros seremos los primeros – dijo Emmett mirando a una sonriente Rosalie – tenemos un poquito de prisa… ya sabéis – la sonrisa de Rosalie desapareció. El tragó en seco – ejem… bueno, pues eso, que nosotros os apoyamos y no consentiremos que os marchéis. Particularmente diré que me alegro de haber participado activamente en ayudaros con el problema y que…

- Emmett – dijo Rose resoplando – no te enrolles…

- Vale, vale ya termino – dijo medio disgustado – pues eso… que tenéis todo nuestro apoyo.

- Gracias Emmett – dije sonriéndole ampliamente – a los dos.

- Creo que es nuestro turno y yo si que seré breve – dijo Alice viendo como la pareja salía apresurada de la cocina – mas que nada porque el avión sale en unas horas y aun tenéis que cambiaros de ropa y esas cosas. Por cierto, el coche ya está cargado con vuestras maletas y os espera a la entrada del camino. Si necesitáis…

- Alice, no te enrolles – dijo Jasper divertido indicándole con un gesto de cabeza la puerta – nosotros también tenemos… cosas que hacer.

- Vale. Resumo. Todo está preparado. Estamos al cien por cien con vosotros. De nada. Jasper… ¡ya estas tardando! – dijo a la vez que salía como un rayo en dirección a las escaleras.

- ¡Será tramposa! – dijo entre carcajadas – nos vemos a la vuelta hermanos – salió igual de rápido que ella.

- ¡Gracias! – exclamamos Edward y yo lo suficientemente alto como para que lo oyeran en el piso de arriba… o donde fueran.

- Yo ya he dicho lo que pienso y ni decir tiene que sé que regresaréis de nuevo – Alma se acercó para besarnos a ambos - os esperaré con los brazos abiertos.

- Gracias Alma – dijo Edward viendo como las lágrimas caían de los ojos de la mujer – si quieres te traigo un morenazo que te haga compañía…

- No me tientes… que una ya no tiene edad para según qué cosas – dijo sonriendo con picardía – te espero arriba para ayudarte a cambiarte Bella.

- Ahora mismo subo Alma. Gracias.

- ¿Esme? – Carlisle miró como su mujer también se había emocionado por las muestras de apoyo y cariño – creo que faltas tú.

- Solo voy a decir que me considero la mujer mas afortunada del mundo por tener unos hijos que saben valorar y demostrar el amor que se tienen unos a otros. Y esa es la única prueba que necesito para saber que en sus corazones no hay espacio para otro sentimiento que no sea ese. Somos una familia – agarró con fuerza la mano de su marido - y seguiremos siéndolo toda la eternidad.

- Creo que hay poco más que decir – concluyó Carlisle rodeando a Esme con sus brazos –Que tengáis buen viaje.

- Gracias – dijimos Edward y yo al unísono.

Salieron de la cocina dejándonos a solas. Nos abrazamos contentos de que todo hubiera salido a las mil maravillas y completamente aliviados de que el día por fin terminara. Ya había acabado nuestra pesadilla. Ya podíamos empezar a disfrutar de una vida tranquila y en paz.

- Te quiero mi vida – sus manos ya recorrían suavemente mi espalda.

- Y yo te quiero a ti – dije enredando las manos en su pelo.

- No creo que pueda esperar para tenerte… - dijo jadeando en mi boca mientras apretaba mi cuerpo contra el suyo – me has vuelto loco ahí dentro…

Claramente se refería al momento en el que sus dedos me habían masturbado y al momento en que le pedí que me mordiera en presencia de las gemelas. Solo recordarlo y recordar la presión que su boca ejerció en mi vena mientras succionada hizo que irremediablemente me mojara entre las piernas.

- Siento haberte dejado así… – dije rozando sus labios con mi lengua - … y no haberte podido satisfacer a ti también…

- Lo hiciste… - dijo mientras atrapaba mi labio entre sus dientes – me complaciste muy bien… demasiado bien…

- Te refieres a que… - mi mano se coló en sus pantalones atrapando su dureza – lo disfrutaste…

- No sabes cuanto… - dijo apretando mi mano en torno a su miembro antes de obligarme a sacarla de sus pantalones – ni de qué manera…

- De qué… - solté de golpe el aire cuando levanto la parte delantera de mi falda y agarrándome fuerte de los glúteos me obligó a enroscar las piernas en su cintura– de qué manera…

- Hiciste… – dijo mientras una de sus manos se desplazaba de mi glúteo y buscaba mi entrada – hiciste que me corriera… dos veces.

- Dios… Edward - noté sus dedos abrirse espacio en mi interior – lo… lo dices… Ohhh dios… lo dices en serio…

- Lo digo en serio – sus labios besaban la parte de mis pechos que no tapaba el vestido, sus dedos entraban y salían cada vez a mayor velocidad – hiciste que me corriera del gusto viendo como le retorcías el cuello…

- Ohhh… Edward – el brillo de sus ojos mezclado con los movimientos de sus habilidosos dedos arrancaron sonoros gemidos de mi garganta – Ohhh cariño…

- La otra fue antes… escuchando tus gemidos… escuchándote a ti gozar…

- Ohhhh mi vida… no puedo mas… no puedo….

- Igual que voy a hacer ahora… como no dejes de jadear de esa manera…

- Llévame arriba… - dije mientras me saciaba de su boca, relamiendo sus labios, enredando nuestras lenguas – llévame arriba o no respondo…

Antes de darme cuenta había sacado sus dedos de mi sexo y se encaminaba con paso decidido hacia las escaleras. Me deshice de la chaqueta de su traje en un pestañeo y en un arranque de desesperación abrí su camisa haciendo saltar por los aires todos los botones mientras seguía comiéndole la boca. Me tenía rodeada por la cintura manteniendo la presión necesaria y colocándome a la altura justa en la que podía notar como, con cada escalón que ascendía, su duro pene aun encerrado en sus pantalones se clavaba sin piedad en mi sexo.

Cuando llegamos al final de la escalera ya no podía aguantar más, me bajé de su cintura y empotrándole contra la pared del pasillo le abrí los pantalones. Recorrí con mi lengua su pecho, busqué sus pezones y los mordí mientras mis manos masajeaban el duro objeto de mi deseo. Un violento jadeo salió de su garganta cuando notó mi lengua descender entre besos desde su pecho dejando una húmeda huella camino de su estómago, bajando por su vientre.

- Ohh, Bella… no me hagas… eso… - enredó sus dedos en mi pelo deshaciendo el peinado – mi vida… para… Ohhh…

Dejé caer sus pantalones hasta los tobillos, dispuesta a no parar en mi tarea de comérmelo entero allí mismo, pero sus manos tiraron de mi alzándome del suelo, apretándome contra su pecho y obligándome de nuevo a enroscar mis piernas a su alrededor, a lo que accedí mas que gustosa sabiendo que ya no había barrera que se interpusiera entre nuestros sexos.

Él sabía como llevarme al límite y no dudó en hacerlo, retrasando un poco más en momento. Fue avanzando poco a poco hasta la puerta del dormitorio, con pequeños pasitos y torturadores saltitos debido al poco espacio de maniobra que le dejaban sus pantalones, caídos en los tobillos. Con cada paso y con cada salto su erecto miembro rozaba levemente mi entrada, volviéndome literalmente loca.

- Edward, Edward, Edward… dios… no aguanto mi vida….

Apoyó su espalda en la puerta de nuestra habitación y me besó con tanto ardor que creí que me abrasaría allí mismo. Necesitaba tenerle y le necesitaba ya. Y estábamos apenas a unos metros de nuestra cama, por lo que sin pensarlo tanteé la puerta en busca del pomo y la abrí a la vez que la fogosidad de mi beso le impulsaba hacia atrás. Perder el apoyo de la puerta hizo que inevitablemente, Edward se enredara los pies con sus pantalones y cayera de espaldas al suelo, conmigo encima.

- Ya era hora… - Alma nos miraba con los ojos como platos – Ohhh…

Nos quedamos completamente estáticos cuando nos vimos observados por la escrutadora mirada de la mujer, que como me había dicho y yo había inexplicablemente olvidado, estaba esperándome para ayudarme a cambiarme de ropa. Afortunadamente el volumen de mi vestido tapaba casi al completo la parcial desnudez de Edward, aunque era imposible de ocultar lo que estábamos intentando hacer.

Hice el amago de levantarme pero Edward me agarró por la cintura evitando que le dejara al descubierto, tirado en el suelo con las vergüenzas al aire y con los pantalones en los tobillos. Con mucha maestría se levantó veloz y con un rápido giro se colocó detrás de mí usándome como parapeto ante los atónitos ojos de Alma.

- Lo… lo sentimos… - dije intentando recomponer mi desaliñado aspecto – olvidé que estabas esperándome…

- No hace falta que lo jures – dijo mirando como Edward se agachaba levemente detrás de mi para subirse los pantalones – tenemos poco tiempo Bella, ¿sería mucho pedir que dejarais… eso… para la noche de bodas?

- No, claro. Quiero decir… - Edward intentó cerrar un poco su destrozada camisa – si, si. Lo dejamos… para más tarde.

- Gracias – dijo Alma señalándole la puerta – tu ropa está en uno de los cuartos de invitados. Cámbiate y espéranos abajo.

- Si, os… espero abajo – paso una nerviosa mano por su descolocado pelo – esto… no tardéis.

- No nos entretengas y no tardaremos – dijo Alma volviendo a señalar la puerta – venga hombre, sal de una vez.

- Ahora te veo – dijo guiñándome un ojo antes de salir por la puerta.

Le regalé una pícara sonrisa. Alma aun intentaba, con leves movimientos de cabeza, deshacerse de las imágenes que había presenciado. Me encogí de hombros tímidamente intentando disculpar nuestro comportamiento, pero la mujer ya estaba más que curada de espanto. Las dos reímos divertidas mientras ella empezaba a desabrochar los diminutos botones de mi vestido de novia.

… . …

Cuando la puerta del avión se abrió ante mí y una ráfaga de caliente aire nocturno impactó en mi cara, casi me quedé sin aliento. ¿Dónde me ha traído? Me guió para descender por la escalera.

La cálida brisa mecía mi blanca camisa ibicenca a la vez que notaba como la falda, del mismo estilo y blanca también, ondulaba sobre mis piernas. Pocas veces usábamos el color blanco en nuestra ropa, tanto Edward como yo preferíamos los colores oscuros a la hora de vestir, pero cuando esa misma tarde descendí las escaleras desde nuestro dormitorio y le vi esperándome en la entrada de la casa, vestido de un impecable color blanco con camisa y pantalón de lino, y con el pelo cuidadosamente despeinado, medio húmedo aun por la ducha fría que había tenido que darse antes de bajar y sujetando en una mano los billetes de avión, pensé que era el color que mejor le quedaba.

Cuando mis pies tocaron tierra por fin, noté su aliento rozando mi oreja.

- Hemos llegado – dijo a la vez que sus brazos me rodeaban desde atrás.

- ¿Puedo quitarme ya esto? – dije levantando las manos hacia la venda que cubría mis ojos.

- Aun no – dijo apartando mis manos de la tela y besándolas – solo un poco mas…

Tiró de mí mientras yo agudizaba el oído para captar como varios pies se movían presurosos detrás de nosotros cargando las maletas y las llevaban hasta el coche en el que nos desplazaríamos desde el hangar privado del aeropuerto en el que habíamos aterrizado, hasta nuestro destino definitivo, fuera cual fuera. Edward me ayudó a subir al coche cerrando mi puerta una vez me hube acomodado en el crujiente asiento de suave cuero.

Apenas tardó un segundo en estar sentado a mi lado pero me dio tiempo más que suficiente a apreciar lo espacioso del habitáculo, la suavidad de los materiales que me rodeaban y el olor a caro champagne y fresas que me llegaba en suaves oleadas. Era una limusina, estaba segura. Y a pesar de ser noche cerrada, seguro que tenía los cristales convenientemente tintados.

- No sé a que viene tanto secretismo Edward – dije intentando no parecer muy enfurruñada mientras el coche se ponía en movimiento – huele a mar, hace calor, la boca me sabe a fruta tropical, escucho el aire mover las palmeras… creo que deberías decirme ya donde me has traído.

- Veo que haces muy buen uso de tus otros sentidos cuando no puedes ver… - noté su mano desplazarse por mi cintura – creo que ese pañuelo va a recibir más usos que el que en un principio le tenía planeado…

Sus labios acariciaron los míos mientras sus manos me arrastraban de mi asiento para colocarme en su regazo. Sentí su mano perderse por debajo de mi camisa, reptando como una serpiente hasta toparse con uno de mis pechos. Lo agarró con fuerza mientras su lengua comenzaba a descender de mi boca camino de mi cuello. Jadeé al notar como sus dedos pellizcaban levemente uno de mis pezones. Su otra mano se perdió debajo de la falda acariciando con suavidad mis muslos.

Me recoloqué encima de sus piernas para dejar sitio a mis manos, que desabrocharon uno a uno los botones de su camisa. Con una mano acaricié su duro pecho mientras que la otra buscaba a tientas su dureza dentro de los pantalones. Siseó dejando salir el aire entre los dientes cuando encontré lo que estaba buscando.

Tuve que imaginarme la expresión de su cara y sus labios entreabiertos, sentía su piel pegada a la mía y su aliento mezclarse con el mío. Tener los ojos vendados no evitó que me mojara entre las piernas solo de imaginarme lo que encontraría en su mirada si pudiera verla. Volví a jadear sonoramente, presa del más devastador de los deseos. Me pregunté porqué narices no subía la mampara de separación, pues los latidos del corazón de nuestro chófer retumbaban en mis oídos a un ritmo enloquecedor. ¿Sería de excitación? La velocidad que llevaba el vehículo era elevadísima, el rugido del motor bramaba y parecía que tenía más prisa que yo por llegar al sitio. Mordí mis labios intentando controlarme. Edward soltó una maliciosa risilla.

- Estás intentando distraerme para que no te de la lata preguntando por el destino…

- ¿Está funcionando? – dijo rozando mi mejilla con la punta de su nariz.

- De maravilla – dije cuando su dedo me acarició la boca. Abrí los labios y el introdujo el dedo por la abertura.

- Pues deja que siga entreteniéndote, ya no falta mucho… ¡Aayy! – dijo retirando el dedo rápidamente – me has mordido…

- Si, lo he hecho – dije oyendo como se llevaba el dedo a la boca y lo chupaba cerrando la pequeña herida – y lo volveré a hacer como no me digas de una vez donde estamos…

- Lo sabrás muy pronto – dijo retirándome suavemente para que volviera a mi asiento. El chofer dijo algo en un idioma que no entendí – ya hemos llegado.

Cuando el coche se detuvo oí que el chofer ayudaba a otra persona a ocuparse del equipaje mientras Edward me ayudaba a salir del vehículo. Intercambió sin soltarme unas breves palabras con el hombrecillo que se ocupaba de nuestras maletas y oí como éste extendía una mano de la que colgaba una sonora una llave. Edward la cogió.

- ¿Qué idioma es ese?

- Es Dhivehi. El idioma oficial del lugar, pero no te preocupes… entienden perfectamente el inglés.

- ¿Puedo quitarme esto ya?

- Un segundo cielo, deja que Juan se marche primero. Está un poco… nervioso.

- ¿Y dónde ha ido?

- A dejar nuestras maletas. Ya vuelve.

Efectivamente el hombrecillo regresaba jadeando a causa del esfuerzo de ir y volver casi a la carrera. El ritmo de sus latidos no había disminuido ni lo más mínimo y diciendo atropelladamente unas cuantas palabras en ese idioma suyo se despidió de nosotros, subió veloz en el coche y se marchó.

- ¿Qué le pasa a ese hombre? Huele raro…

- Eso es el olor del miedo…

- ¿Era miedo lo que tenía? – dije contrariada mientras obedecía al impulso del cuerpo de Edward que me obligaba a caminar – creía que le habíamos puesto "nervioso" por la escenita del asiento trasero del coche…

- ¡Jajajajajajaa! Y era así cielo, pero solo al principio – dijo volviendo a encerrarme entre sus brazos y pegando su pecho a mi espalda mientras caminábamos – Hace tanto que no te relacionas con ningún humano que has perdido mucha… naturalidad.

- ¿Por qué lo dices? – pregunté extrañada a la vez que maliciosamente empinaba mi trasero para rozarle la entrepierna – ¿es que he hecho algo mal?

- Nooo mi vida, nunca haces nada mal… nunca – noté su mano atrapando mi pecho otra vez - pero es que tus jadeos cuando estás… cuando te pones…

- ¿Cuándo me excito? – dije apretando aun más mi trasero contra su entrepierna.

- Eso… cuando te excitas… - dijo empujando a su vez y lamiendo el lóbulo de mi oreja – no son muy humanos que digamos…

- Culpa tuya – dije alejándome de su boca y levantando arrogante la barbilla – por provocarme de esa manera.

- Descálzate – me pidió a la vez que yo oía como él también se quitaba sus chanclas. La fina arena bajo mis pies estaba fresca, me encantó la sensación. - Hemos llegado – dijo haciendo que me parara y levantando sus manos hasta el nudo del pañuelo - ¿Estás lista?

- Más que eso… - dije pegando de nuevo mi espalda a su pecho.

Cuando la venda cayó me quedé estupefacta. Una pequeña playa privada, donde el agua reflejaba una redonda luna, se abría ante mis ojos debajo de un manto oscuro y plagado de estrellas. A nuestra derecha y conectado a la playa por una larga pasarela de madera, había un espectacular bungalow que parecía flotar sobre el agua. Dentro titilaba la tenue luz de algunas velas, que proyectaban su cálido resplandor a través de las ventanas.

- Bienvenida a Las Maldivas, Sra. Cullen – dijo volviendo a rodearme con sus brazos.

- ¿Me has traído a Las Maldivas? – dije sin poder cerrar la boca por el asombro.

- Me han dicho que es el mismísimo paraíso… ¿No te gusta?

- Dios mío… Edward, me encanta, es… es…

- Lo sé… Mágico.

- Siempre quise venir, esto era… es… mi sueño.

- También lo sé…

- Dios… dios… - dije queriendo llorar de la pura alegría que me recorría.

Me separé de él unos pasos aun sin creer donde estaba, quise abarcar todo con la mirada y creí estar en el mismísimo cielo cuando vi la hermosura que nos rodeaba. Me giré para mirarle.

Santa virgen… eso no es un hombre, ni un vampiro, ni mi marido. Es un jodido Ángel, caído del cielo solo para hacerme perder el norte cada vez que sus ojos me miran.

Tenía la camisa abierta dejando al descubierto parte de su muy bien formado pecho. Los pantalones de vaporoso lino apenas se sujetaban a su cintura, dejando entrever unas más que arrebatadoras caderas, así como el camino celestial que nacía en su ombligo y se perdía más abajo, al lugar en donde mi imaginación ya buceaba ella solita. Si todo él era dolorosamente hermoso, sus ojos terminaban de matarme con una mirada que tenía vida propia. Envidié con locura al viento que mecía su ropa y jugueteaba con su pelo.

- Creo que me voy a morir de lo feliz que soy – corrí a colgarme de su cuello – gracias, gracias, gracias – dije entre beso y beso.

Me elevó hasta su regazo y comenzó a caminar con paso rápido hacia el bungalow. Insistí en que me dejara caminar pero se negó a hacerlo, quería traspasar el umbral de la puerta conmigo en brazos. Como mandaba la tradición. Cuando la puerta quedó cerrada tras nosotros no paró hasta que llegó al dormitorio…

Me dejó caer lentamente sobre la cama, sin apartar ni un solo momento su mirada de mis ojos. Se quedó a los pies de la cama, estático, absolutamente inmóvil, mirándome con lo que creí ver en sus ojos, completa adoración.

- ¿Qué piensas?- Pregunté tranquila. Su sonrisa apareció.

- Intento convencerme de que en realidad estás aquí- Le miré sorprendida.

- ¿Por qué no iba a estarlo Edward?- Sonreí incrédula.

- Porque aún me cuesta creer que seas mía- Entornó la mirada - Y sólo mía - Un gemido salió de mi pecho. No me acostumbraba al título de propiedad.

- Entonces…- Le miré juguetona - ¿Qué cree Usted que debería hacer al respecto?- El me devolvió la misma sonrisa. Metió las manos en sus bolsillos.

- ¿Qué propone, Sra. Cullen? - Arrastró la voz hasta hacerla una caricia. Le sentí por toda la piel.

- Que si hay alguna duda, por minúscula que sea - Le miré con todo el amor y deseo que tenía - La borres en éste momento - Mi respiración se agitó cuando le vi acercarse felino, como una pantera.

No dijo nada en respuesta, se limitó incorporarme y lentamente, bajó mi falda hasta el suelo. Sus manos se deslizaron por mis muslos hasta la cadera, dónde escalaron demasiado lentamente por mis costados, alzando la fina y vaporosa blusa con ellas. Besó mi abdomen y acarició la piel con su lengua.

Uno a uno, los botones de la camisa fueron cayendo. No fue salvaje, los rompió deliberadamente lento. Gemí cuando llegó al último y noté su lengua hacer surcos en mi cuello. Me despojó de la tela y la tiró junto a la falda.

El cierre del sujetador no ofreció mucha resistencia, y ahuecó sus manos en torno a mis pechos. Masajeó y excitó mis pezones con éstas, girándolas para apresarlos entre sus dedos. Retorciéndolos y provocando espasmos en mi centro.

Pronto sentí su lengua delinearlos, su boca succionarlos, y una de sus manos se posó en mi espalda con la finalidad de arquear mi cuerpo, y obtener mejor acceso a ellos.

Sus dientes apresaron la sensible piel, y unos suaves tirones de éstos me hicieron abrir los ojos al mismo tiempo que dejó su mano escurrir por mi sexo. Unos suaves gemidos abandonaron mi pecho, y le sentí reír contra mis pezones. Se separó de mi cuerpo y clavando sus ojos en los míos, vi la mueca de lascivia cuando rompió la delicada tela de mi tanga. Volvió a acariciarlo y despacio se separó de mi cuerpo. Gruñí en protesta.

- Señora Cullen…- Negó divertido con la cabeza - ¿Es que acaso piensa dejarme así?- Señaló su cuerpo aún vestido. Yo sonreí pícaramente en respuesta.

- En absoluto, Señor Cullen- Lamí sus labios - Para lo que tengo en mente, esto - Señalé su camisa y lentamente se la quité deslizándola por sus fuertes brazos, pasando los labios y la lengua por cuanto centímetro de piel se me ofrecía. Edward quiso pegarme a él pero se lo impedí juguetonamente – Esto - Llegó el turno de sus pantalones, jugueteé pasando los dedos por la cinturilla y desabotoné lento, demasiado lento…

- Señora Cullen… - Gruñó impaciente.

- Ssshhhh- Susurré mientras los dejaba caer y el mismo pateó para deshacerse de ellos - Tampoco esto - Delineé la goma de sus bóxer y él siseó en respuesta- Me hará falta - Su abultada tela agradeció aún más la presencia de mi piel a su alrededor. Sonreí presumida mientras bajaba la tela contoneando mis caderas.

No tardó en erguirse duro y orgulloso ante mí. Lamí su glande y Edward cerró los ojos. Mis dientes acariciaron su contorno. La besé y me incorporé. Edward me miró extrañado.

Sin mediar palabra le conduje hasta la cama y le hice tumbarse. Hice trizas su camisa, a lo que él gruñó en respuesta.

- ¡Eh!- La señaló confundido - Esa me gustaba- Hizo un goloso puchero y no pude evitar tirar de su labio inferior.

- Te comprare cientos como esa - Enarcó una ceja - ¿Qué? A mí también me gusta - Le guiñé un ojo mientras le ataba con los jirones al cabecero de la cama - Pórtese bien Señor Cullen y no los rompa - Advertí ante su cara de niño travieso.

Usé el pañuelo con el que tapó mis ojos, y lo até tras su cabeza, cubriendo los suyos. Me excitó oírle gruñir completamente excitado.

- ¿Vas a portarte bien tú?- Ronroneó. Me acerqué a su oído.

- En absoluto- Susurré con sensualidad. Lo lamí y Edward pegó el primer tirón contra la tela.

Me dirigí al centro de la habitación y le miré. Era la viva imagen del deseo, de la lujuria, de la sexualidad elevada a su máxima potencia. Reprimí los impulsos de abalanzarme sobre él en ese instante, y dar rienda suelta a mis instintos más primitivos.

Lamí una de mis muñecas, y clave los colmillos en ella, dejando que la sangre manase. La nariz de Edward, se contrajo. Movía sus aletas con fuerza.

- Bella… - Advirtió en un gruñido. Sus labios se apretaron en una fina línea y los músculos de sus piernas se tensaron, prestos a saltar de inmediato.

- Tranquilo - Susurré, mitigando su tensión. Dirigí la muñeca a mis pechos y los embadurné con mi sangre. Dejé que esta gotease dejando que un surco recorriese mi torso de camino a mi vientre. Edward se retorcía en la cama. El olor de mi sangre le estaba volviendo loco. Reí, ese era el plan.

Subí a la cama y me quedé de pié sobre su cuerpo. Abrí las piernas y puse una a cada lado. Levanté el pié derecho y mojé los dedos con mi sangre. Lentamente lo dirigí a su boca.

Edward siseó en cuanto rocé sus labios, y contemplé como su lengua se retorcía entre los dedos, acariciándome con sus dientes y excitándome con sus gruñidos. Lamió y chupó cada uno de mis dedos hasta que los dejó limpios.

La sangre goteó hasta mi rodilla y me acerqué a él de manera que llegase a su boca. Deslicé la muñeca por mi muslo y su lengua la siguió hasta que le llevé a mi centro. Me sujeté a la madera de la cama cuando su lengua irrumpió en mi interior en un frenesí salvaje. Sus dientes mordían mis labios y tiraban de ellos. Mis caderas no soportaron los impulsos y se agitaron en su boca.

Sentí como el ansia se apoderaba de él, y su lengua lamía con verdadera avaricia dejando en meras caricias sus anteriores acometidas en mi sexo. Gemí con fuerza, gruñí como nunca antes lo había hecho. Los dientes de Edward mordían a discreción mi sexo, pero no dolía, era si cabe, aún más placentero.

- Suelta mis manos - Sonó a orden y a súplica. Le miré perversamente.

- Aún no - Moví mis caderas y gruñó en respuesta, penetrándome con su dura lengua, tensando los músculos de mi abdomen. No me faltaba mucho para llegar y él lo sabía. Aprisionó mi hinchado clítoris entre sus dientes y dio paso a un frenético y tan sólo reservado a una criatura como él, ritmo en su lengua.

- Edward…- Astillé el cabecero - Edward… Flexioné y estrangulé su cabeza entre mis piernas - Edward - Apreté mis dientes y detuve mi respiración - Joder… ¡Edwardd! - Sentí como todos mis nervios confluían en el mismo punto, y una sucesión de espasmos y temblores me llevaron a una fuerte caída.

Noté como mi cabeza chocaba contra sus piernas y oí una risilla de satisfacción acompañada de suaves espasmos. Me levanté y me senté sobre su duro miembro. Su sonrisa murió en el acto, dando paso a una mueca de placer. Me froté contra él y volvió a tensar sus ataduras.

Fue entonces cuando las aletas de su nariz volvieron a contraerse y sus dientes sobresalieron de sus labios. En un parpadeo, su boca estaba sobre uno de mis pezones. Su miembro palpitaba bajo mi sexo. No podía dejar de retorcerme al mismo ritmo que su lengua se enroscaba sobre el pezón. Lo tomé y de una certera estocada lo introduje dentro de mí.

- Ahhhhhh- Separó su boca de mi carne para gemir. La tomé con la mía y la lucha no se hizo esperar. Deslicé una de mis manos por su brazo y liberé una de sus ataduras. Inmediatamente, Edward la utilizó para pellizcar y tirar del pezón, girarlo entre sus dedos y apretarlo.

Rompió el beso y cazó el otro pezón, al que limpió de la ya seca sangre. Con tanta lujuria que me quemaba verlo. Liberé su otra mano y ésta tiró del pañuelo, dejándolo caer hasta su cuello.

Me perdí en ese mar caramelo y vi su cara contraerse cuando apretó mis nalgas y me clavó a él. Me giró en un movimiento dejándome de espaldas al colchón. Levantó mis piernas y las juntó, dejándolas a un lado. La fricción era exquisita. Veía como su boca se abría y se cerraba en busca del innecesario aire. Como sus gestos se convertían en rudos, como su cara se desfiguraba con cada embestida salvaje y certera.

- Dios Edward- Mis manos se aferraban a la maltrecha sábana, mientras mi marido seguía penetrándome. Alzó una de mis piernas sobre su hombro y separó la otra llevando su pulgar a mi sensible clítoris, apretándolo y masajeándolo. Le miré, y vi tanta lujuria que me llevó cerca del límite.

- No cariño - Ronroneó - Aún no - Me mordí el labio con fuerza. Dios, amaba a ese hombre.

En un giro inesperado, me tumbó de cara al colchón y sentí como me penetraba hasta el infinito.

- Síiiiiiiiiiiiiiiiiiii- Las oleadas de calor llegaban hasta las raíces de mi cabello, el que tomó entre sus dedos. Tiró de él hasta ponerme de rodillas, pegando mi espalda a su pecho. Sentí sus estocadas sonar como rocas, sentí el húmedo sonido de nuestra fricción y su boca lamer mi cuello.

- ¿Le he dicho alguna vez que es mía, Sra. Cullen? - Siseó lascivo. Cerré los ojos ante la sensación. Asentí en silencio - ¿Cree que tengo que repetírselo? - Sus embestidas embotaban mis sentidos. Negué. Él sonrió triunfante - Bien, por que tengo pensado algo mejor - Y sin más, enterró sus dientes en mi cuello y creí morir. Me llevó directa al infierno, dónde me quemé ante el abrasador torrente que inundó mi vientre.

Embistió con furia, lamió con ahínco, aspiró mi esencia y me llenó de la suya.

- ¡Sólo mía!- Bramó mientras se vertía en mi interior.

- ¡Sólo tuya! - Grité en respuesta, dejándome ir…

Fue el orgasmo de mi vida. Y de la suya. Después de un instante de íntimas caricias y susurros aun tardé un rato en conseguir recuperar el ritmo normal de mi respiración y en ser consciente de que estaba en el lugar más hermoso y especial del mundo, junto al ser más endemoniadamente seductor del universo. De pronto caí en la cuenta de algo.

- ¡Pero espera!

- ¿Qué ocurre?

- No vamos a poder disfrutar de las islas, las actividades se realizan a la luz del día y nosotros no podremos salir como simples turistas, no voy a poder hacer submarinismo, ni Snorkel, ni dar clases de buceo, ni bañarme con delfines…

- Ssshhhh – dijo sellando mis quejas con un dedo – la próxima semana haremos todo eso que quieres hacer, y lo haremos de noche mientras el resto del mundo duerme. Todo, menos lo de bañarnos con delfines, no creo que quieran permanecer cerca de dos peligrosos vampiros…

- ¿La próxima semana? – pregunté juguetona.

- Ahá… - estaba distraído dibujando con un dedo el contorno de mi cuerpo.

- ¿Y que se supone que vamos a hacer "ésta" semana? – me contorsioné bajo su suave tacto.

- Esta semana la vamos a pasar aquí, en esta isla, en este bungalow… concretamente en esta cama.

- Vamos a perdernos un montón de cosas, hay tanto que ver…

- De momento vas a ser tú la que no vas a ver nada – dijo apretando su cuerpo desnudo y glorioso contra el mío – Es su turno Sra. Cullen… ¿Dónde has puesto ese dichoso pañuelo?

- Dios… tenias razón – dije rozándome con su cuerpo para poder llegar hasta el pañuelo caído en el suelo mientras me miraba con esa jodida sonrisa suya – esto es el paraíso.

- Tú eres mi paraíso… y lo serás eternamente.

- Hasta que la muerte nos separe…

- Y ni siquiera ella conseguiría que dejara de quererte…

Fin Libro III

THE END