Capítulo III
"La mentira"
Fueron pocas y la mayoría de veces a escondidas y ayudada de la buena enfermera practicante cuando lo visitaba mientras dormía, pero lo escuchaba desde mi habitación todo el tiempo y el mal humor no se le quitaba, ni siquiera disminuía.
Los meses pasaron y obviamente salimos del hospital por lo que se me hizo más difícil visitarlo.
Cuando tenía seis meses de embarazo mi vista regresó y cuando tenía ocho pude empezar a caminar de nuevo. Todas las nauseas, mareos y antojos los viví feliz. Ahora mi bebé y mi familia, que siempre me apoyó, eran lo único que tenía. El parto fue difícil, eso sí.
- No sabía que tuvieras un bebé – le dijo Bella con lágrimas en los ojos.
- Ya tiene dos años, se parece mucho a Jasper.
- ¿Y él lo ha visto? ¿Jasper ha visto a su hijo?
- Sí, pero… no causó nada en él. Los que lo adoran son sus tíos y el abuelo por que la abuela ni siquiera puede escucharlo.
- ¡Ay esa Señora! – se enojó Bella y Alice sonrió, después de años sonreía por fin con un tema relacionado a él – Pero eso explica muchas cosas, como por ejemplo por qué no vas a ninguna parte cuando te invitamos no te quedas un minuto después de clases.
- Tengo que ir a cuidar a mi bebé y si es posible, toparme por "casualidad" con Jasper con la esperanza de que me recuerde.
- Entonces ¿Aún lo buscas? ¿Y te recuerda?
- Me ha visto varias veces, pero no, no me recuerda. De hecho sólo para poder estar más cerca de él empecé a trabajar medio turno en un café que el visita casi a diario, ahí es dónde lo veo. Su carácter ah mejorado pero no es el mismo de antes.
- ¿Y sus hermanos no saben si te ha recordado?
- No, nunca habla de mí ni de nada antes del accidente. Ahora tiene otra vida, incluso sé de otra novia, una chava que la ha apoyado mucho con todo esto y él la quiere. Rosalie, su hermana, me contó que van a casarse.
- ¿Cómo? Pero ¿Y tú?
- Yo no existo Bella, él no me recuerda.
- ¿Y por qué no se lo dices? Dile quién eres y sean felices.
- Si una persona llega y te dice que es el amor de tu vida ¿Le creerías?
- Pero yo no he perdido la memoria.
- ¿Cómo lo sabes? Tal vez lo conociste en algún momento que no recuerdas.
- Pero si fuera el amor de mi vida me acordaría de él.
- Y ahí está el punto, sino se acuerda de mi es porque no soy el amor de su vida.
Ambas se quedaron calladas, Alice ya no lloraba tanto como otras veces, tal vez se había acostumbrado por fin al dolor y Bella sollozaba pensando en la triste historia de amor.
Días después, en clase de Ética, Alice recibió una llamada inesperada que la alteró mucho, ni siquiera pidió permiso a la profesora para salir a contestar. Bella de inmediato se preocupó por el niño de Alice, si había salido así algo de seguro andaba mal.
- ¿Qué sucede? – preguntó todavía asustada cuando estuvieron a solas y vio que Alice lloraba.
- Es Jasper, se acordó de mi – reía feliz aún con lágrimas en los ojos.
- ¿De verdad? – Bella también se alegró.
- Sí, Edward, su hermano, acaba de marcar y me dijo que él gritó mi nombre en sueños y cuando despertó preguntó quién era Alice. Voy a ir a verlo hoy a su casa, no me importa lo que diga su madre ¿Me acompañarías?
- Por supuesto, cuenta con eso – le sonrió Bella.
Después de clases Alice habló a su casa para avisar a su madre que llegaría tarde, ese era su día de descanso así que no tuvo que hablar al café en el que trabajaba para pedir permiso o algo así, y ella y Bella fueron a casa de Jasper.
- ¿Quién? – preguntó una voz de mujer.
- Hola Rose, soy Alice.
Una chica despanpanante de cabello rubio y ojos azules abrió la puerta. Bella sólo pudo pensar en lo hermosa que lucía.
- ¡Alice! – gritó emocionada al verla y la abrazó.
- ¿Y tú hermano? – Alice fue directa al punto.
- No está, él y Edward salieron hace horas – la chica dudó un poco – De seguro Edward ya te contó ¿No es cierto?
- Sí, lo hizo – dijo Alice con una enorme sonrisa que a Bella le pareció extraña, pues nunca le había visto una sonrisa así – Pero ¿Es verdad? ¿Se acordó de mí?
Rosalie sin embargo no se emocionó de igual manera.
- Pues… dijo tu nombre y…preguntó por ti pero… – La chica nuevamente dudó – Mira Alice, no voy a engañarte, él sólo recuerda tu nombre, tu rostro y lo que vivieron sigue sin regresar a su memoria. Edward trató de decirle toda la verdad cuándo preguntó por ti pero mamá lo mando a la escuela argumentando que eso le tocaba a ella decírselo.
- Pero… – dijo Bella casi sin querer cuando Rose enmudeció.
- Pero mi madre no dijo la verdad, le está inventando una vida en la que no existe.
- ¿Cómo? – su pregunta casi no se escuchó, sonó más bien como un suspiro ahogado a reflejo de su mirada que se apagó como la noche. Tuvo que detenerse para no caer.
- Le dije a mi mamá que está haciendo mal, que eso a la larga puede sólo perjudicarlo pero ella no quiere que te recuerde, sigue con la idea de que fuiste tú la culpable del accidente y nadie se lo quita de la cabeza.
- ¿Qué fue lo que le contó? – la voz de Alice sonaba quebrada, con un nudo en la garganta.
- Que tú fuiste una chica que conoció la noche del accidente y que fue por tu culpa que Pete acelerara tanto y chocaran pero que sin embargo habías salido ilesa de aquél accidente.
Rosalie estaba avergonzada, la actitud de su madre no le caía en gracia pero ella no podía hacer nada. Alice no sabía si llorar ahí o sólo irse y aunque Bella trataba de consolarla no encontraba como.
- Creo que… mejor nos vamos, si llega Jasper no será bueno que se vean – Bella rompió el silencio que parecía estar haciendo añicos el corazón de su amiga.
- Alice… hay otra cosa – dijo Rose cuando ya habían abierto la puerta, dudó si era buena idea decírselo justo ahora pero, después de todo, ella tenía derecho a saberlo – Se va a casar, dentro de dos meses, nos acaba de dar la noticia.
Alice asintió y sin decir palabra salió con Bella al lado, casi sosteniéndola pues estaba casi segura que caería al suelo en cualquier momento. Caminaron largo rato por un parque cerca hasta que Alice le pidió a Bella que la dejara sola, ella no sabía si hacerlo o no pero se convenció de que era lo mejor para su amiga en ese instante, estar sola, meditar la situación.
La chica no dejó de sollozar, el hueco que antes había en su corazón se hacía cada vez más grande y ella no podía detenerlo. Su hijo era lo único que la mantenía aún con vida, una vida que se hubiera quitado en ese instante si ese pequeño no existiera y por él decidió seguir luchando. Iría a su casa, con una sonrisa, por una nueva vida. Jasper iba a hacer la suya y ella también. Empezaría de nuevo, por su hijo, sin más recuerdos de él atormentándola, no volvería a buscarlo ni estaría al pendiente de él y tenía que empezar ahora.
Se dirigió a la cafetería donde trabajaba, presentaría su renuncia.
- Hola Alice, ¿Estás bien? – preguntó uno de los meseros que la conocía. Alice no pudo evitar envolverse en recuerdos.
- ¿Podrías traerme uno de esos ricos cafés que prepara Esme? – pidió al mesero. Sí, presentaría su renuncia pero después de llorar un rato más por última vez.
- El mesero trató de no inmiscuirse más y se dedicó solo a llevarle el café.
Ella lo tomó despacio, sin prisa mientras miraba hacia la calle, era un día nublado, hacía frío, las hojas caían a causa del viento que soplaba fuerte, era otoño y Alice no pudo evitar recordar que hace tres años sucedió el accidente en un día parecido a este.
- Hola – escuchó una voz - ¿Te acuerdas de mí?
Logran adivinar quién es...? Cabe destacar que la madre de Jasper, Rosalie y Edwar aquí no es Esme, sino una mujer malévola... A la que odio por hacerle la vida de cuadritos a Jasper y Alice...
