Capítulo IV

"Recuerdos"

Alice reconoció esa voz de inmediato y sorprendida levantó la vista. Era Jasper.

- ¿Puedo sentarme? – Preguntó - Mí hermano tiene que irse y me animó a que viniera a verte.

Alice volteó esta vez para la salida, donde Edward, con una enorme sonrisa, la saludó y le guiñó un ojo.

- Sí – pudo articular y el joven se sentó frente a ella.

- Soy Jasper ¿Te acuerdas? Vengo muy seguido a esta cafetería, tú me atiendes seguido pero, bueno, probablemente no te acuerdas de mí, hay muchos clientes.

Alice sonrió ante lo irónico de la situación. Él le estaba preguntándole si no lo recordaba.

- Si, te recuerdo – le dijo sin ganas.

- Siempre que tomas mi orden o me das la cuenta me sonríes, es por eso que se me hace raro.

- ¿Qué? – preguntó ella intrigada.

- Que estés llorando – contestó triste – Aunque claro que si quieres estar sola lo entiendo, fui un entrometido.

- No, está bien – reaccionó cuando lo vio que iba a levantarse – ya lo recuerdo. El chico de la sonrisa ¿No? – Jasper sonrió.

- Sí, es que, cuando te veo sonreír no puedo evitar no hacerlo.

- Entonces ¿Te llamas Jasper? Yo soy… – se quedó pensando en lo que Rose le había dicho – Marie.

. ¿Marie? Qué bonito nombre.

Platicaron durante horas de cosas sin importancia. Alice siempre cuidó mostrarse ajena a su vida, como si de verdad acabaran de conocerse, y la verdad no le costó mucho ya que en un pasado a Jasper le gustaba bromear y jugar a que eran desconocidos y se enamoraban desde el primer segundo en que sus ojos se cruzaban, justo como había pasado en la vida real.
Quedaron de verse al día siguiente en el mismo lugar. Jasper la había conocido y ahora quería nunca dejar de verla. Le había llamado amiga.

- ¿Por qué le mentiste? – preguntó Bella cuando Alice le contó.

- No le mentí, soy Marie Alice Brandon, así que… le dije la verdad distorsionada. Y si por casualidad le dice a su madre ella nunca sabrá que soy yo.

- ¿Y no recuerda las veces que lo viste en el hospital?

- Al parecer no.

- ¿Y cuando le llevaste al niño?

- Esa vez no lo llevé yo, lo llevaron sus hermanos, yo no quise que me viera cerca y creo que resultó, ahora soy una nueva persona para él, su amiga, y eso ya es un avance, tal vez con el trato se acuerde de mí.

Se veían a diario en la misma cafetería después de terminado el turno de Alice para platicar de cosas que a los dos les agradaban. De vez en cuando llegaban a salir a caminar, al cine o simplemente a disfrutar de una tarde soleada.

Alice recuperó su sonrisa y al cabo de un mes él empezó a recuperar sus recuerdos.

- Hola Edward – saludó Alice al contestar una llamada de él.

- Alice, tengo algo que contarte.

- ¿Pasa algo malo? – se preocupó ella

- Todo lo contrario, mi hermano soñó contigo, acaba de contármelo.

- Bueno… es natural, ahora me conoce…

- No soñó con Marie, sino con Alice.

- Somos la misma Edward – se divirtió ella.

- Soñó con Alice, él no sabe que te llamas así – el chico sonaba desesperado, quería que le entendiera – Soñó que eran novios, que Alice y él eran novios, empezó a recordar en sueños. ¿Me entiendes? Me contó de varias cosas que sé que ustedes vivieron cuando fueron novios pero lo que le intrigó fue que soñó contigo pero en lugar de decirte Mary te llamaba Alice.

- ¿De verdad recordó?

- Sí, y prepárate por si acaso hoy te pregunta algo ¿Sale? Ya voy a colgar que mi mamá no tarda en llegar.

- ¿Edward?

- ¿Sí?

- No te había agradecido por la ayuda de este mes. Sé que gracias a ti se animó a hablarme, gracias.

- No tienes nada que agradecer, él te ama, yo sólo le di un empujoncito. No te lo dije antes porque no quería que te hicieras ilusiones en vano pero le gustaste desde la primera vez que lo atendiste y siempre que te veía, venía a contármelo. Ese día en la cafetería él estaba a punto de ir pero no sabía cómo reaccionarías cuando un desconocido te preguntara qué te pasaba y yo le aseguré que la chica no se molestaría, eso fue todo – Alice no pudo evitar sonreír.

- "Edward" – gritaron

- Me voy – dijo el chico nervioso cuando escuchó la voz de su madre.

- Gracias de nuevo Edward.

- Tú eres mi preferida, su novia ésta es chocante a más no poder.

Rieron y colgaron el teléfono.

Esa tarde, cuando Alice salió de su turno Jasper ya estaba esperándola en su mesa habitual.

- Hola – lo saludó con su típica sonrisa pero ésta vez más esperanzada que de costumbre por su plática con Edward.

- Hola – Se levantó para saludarla. Se escuchaba ausente. Alice se sentó y él la imitó. Otra cosa que no había perdido era su caballerosidad, algo que a ella le hacía sonreír internamente.

- Te ves preocupado – le dijo Alice.

- Quiero saber una cosa – fue directo - ¿Tu y yo nos conocíamos desde antes? Me refiero… a antes de mi accidente ¿Nos conocíamos?

Alice tragó saliva.

- Sí – contestó agachando la mirada.

- ¿Por qué no me lo habías dicho?

- Porque el doctor dice que es mejor si te acuerdas por ti mismo.

- Jasper quedó pensativo un rato. Esa era una buena respuesta, pero aún faltaba otra más importante.

- ¿Y tú y yo… fuimos algo…? ¿Más que amigos?

- ¿Por qué preguntas eso?

- Es que he soñado contigo y conmigo… juntos, como si fuéramos pareja.

Alice no sabía que contestar, él no debía haberse enterado así, debió ser de otra manera, aún tenía la boda en puerta y ella no era más que su amiga. Jasper por otra parte no sabía que sentir, una parte de él esperaba que le dijera que no, que sólo eran sueños tontos pero otra parte de él quería, ansiaba, que le dijera que sí, aunque eso le diera miedo.

- ¿Quieres ir a mi casa? – preguntó ella a lo que él se mostró confundido, esa no era una respuesta – Serán sólo unos minutos.

- ¿Para qué?

- Quiero que conozcas a alguien.

No muy convencido aceptó. Alice trataba de parecer calmada pero no lo logró, algo que a Jasper se le hizo muy extraño. Salieron juntos de la cafetería y subieron al coche de Jasper. El silencio los estaba matando pero ninguno dijo nada, Alice se limitó a dar indicaciones para llegar a su casa y Jasper se sintió peor al darse cuenta de que, aunque no lo recordaba del todo, tenía el extraño presentimiento de que él conocía ese camino como la palma de su mano.

- Es aquí – dijo Alice cuando llegaron, la casa no era muy lujosa, de apenas dos pisos, las paredes blancas y un pequeño jardín en la parte delantera donde una cerca de cemento la rodeaba – Pasa – invitó.

A Jasper empezaba a dolerle la cabeza, algo no estaba bien. Las imágenes llegaban de repente con una punzada cada vez más fuerte a su cabeza. Eran borrosas, parecían en blanco y negro y como de una vieja película de los años 50. Primero una de esa misma casa, de esa misma cerca y de ese mismo jardín en donde una chica lo esperaba y le sonreía al verlo llegar.

Sin quererlo entró cautelosamente abriendo la rejilla blanca y recordando más.

- ¿Yo ya había estado aquí, cierto? – preguntó al entrar a la sala.

- Sí – contestó ella en monosílabos.

- Hola hija, ¿Qué tal te fue con…? – Una señora de más o menos cincuenta y tantos salió de la cocina pero se quedó muda al ver al chico en su sala – Jasper – murmuró sorprendida.

- Buenas tardes señora – saludó él educadamente al escuchar su nombre.

- ¿Y el niño? – preguntó Alice sin dar paso a las presentaciones que tanto como la madre de ella como Jasper sabían que eran innecesarias.

- Arriba – apenas y pudo articular la señora.

La nerviosa chica subió corriendo al segundo piso donde encontró a su hijo viendo caricaturas. Bajó después de darle un beso y cargándolo en brazos.

- ¿Nos dejas solos mamá?

- Claro, yo voy a… comprar algo.

- ¿Quién es? – preguntó Jasper con una sonrisa confundida cuando la señora los había dejado solos. Miró al niño encantado.

- Mi hijo – respondió suave Alice.

- ¿Tu hijo? – levantó la vista confundido para encontrarse con los ojos cristalinos de Alice – No me habías dicho que tenías un hijo.

- Tú no me dijiste que soñabas conmigo así que estamos a mano.

Jasper la miró y le sonrió, fue apenas una media sonrisa y sin la chispa en los ojos que lo caracterizaba, Alice reconoció esa mirada. Estaba preocupado por algo, probablemente tratando de recordarlo todo.

- ¿Puedo? – pidió cargar al niño.

- Adelante.

El pequeño niño conocía a ese hombre en fotografías y no se le hizo raro verlo por primera vez de frente. Se alegró y sonrió cuando Jasper lo cargó. Sus manitas tocaron aquel rostro tan conocido.

- Es muy lindo. ¿Cómo se llama?

- Jasper – respondió Alice con los ojos llorosos.

- ¿Jasper? ¿Por qué ese nombre? – Se extrañó.

- Su padre – dijo ella soltando sus primeras lágrimas – quería que su primer hijo se llamara como él.

El rostro de Jasper cambió de la sorpresa y la alegría a la confusión y el dolor. Cerró los ojos cuando no pudo más con el dolor de cabeza que las nuevas imágenes que pasaban por su mente le provocaban. Eran fugaces pero más nítidas. En todas estaban ellos dos juntos.

Alice cargó al niño cuando vio que Jasper no podía más y tuvo que sentarse.

Todas las imágenes eran tan vívidas que asustaban. Una de tantas pasó más lenta:

- ¡Alice te amo! – le gritó él en esa imagen mientras ella le sonreía y corrían por un prado precioso hasta que él la alcanzó y abrazándola por la cintura le daba un suave beso en los labios.

En otra ellos dos se decían lo mucho que se amaban, ella lloraba de felicidad para después fusionarse en un beso.

Y en otra, la más clara de todas, recordó una plática entre ellos:

- Cuando nazca mi primer hijo quiero que se llame como yo ¿Si? – le propuso él a ella.

- Hecho, sólo si la niña se llama como yo – condicionó.

- Nunca le pondría otro nombre, no conozco uno más hermoso – le sonrió – Una Alice y un Jasper en chiquito.

- Van a ser hermosos.

- Sólo si se parecen a su madre – le sonrió el antes de darle un beso.

Volvió a abrir los ojos…

- ¿Cómo te llamas? – preguntó y Alice respondió a punto de llanto.

- Marie…

- Tu nombre completo – la interrumpió de golpe.

- Marie Alice…

- ¿Eres tú, cierto? ¿Eres tú la que estaba en el accidente?

- Si – rompió a llorar.

Jasper negó con la cabeza, no lo comprendía, no quería hacerlo. Se sentía lastimado, herido, engañado.

- ¿Por qué no me lo dijiste? – acusó enojado.

- No sabía cómo reaccionarías – contestó triste.

- ¿Y cómo querías que reaccionara? Tú causaste todo, fue culpa tuya.

- Eso no es cierto – le dijo bajando al niño al sillón.

- Me lo dijo mi madre – argumentó él.

- ¿Y por eso lo crees?

- ¿Te tendría que creer a ti? Me engañaste, no me dijiste quién eras.

- Entonces no me creas ni a mí ni a tu madre… créele a tu corazón.

Jasper siguió negando y salió de la casa dejando a Alice destrozada junto a su hijo.

Vagabundeó sin rumbo en su auto hasta que la gasolina estuvo a punto de acabarse y regresó a su casa. Su madre y hermanos lo esperaban preocupados.

- Qué bueno que llegaste.

- Nos tenías preocupados.

- ¿Dónde estabas?

Preguntaban pero él sólo subió a su habitación. Su cabeza daba vueltas como queriendo explotar del dolor. Sus recuerdos cada vez eran más.

- ¿Hijo estas bien?

- ¡Déjame sólo! – gritó furioso.

- Hijo yo… - trató la madre pero él salió sin decir palabra y subió al ático dónde por lo menos si podría encerrarse.

Empezó a patear cajas, aventar y tirar cosas mientras las lágrimas de tristeza y enojo rodaban por sus mejillas.

Se sentó donde pudo y enojado tiró la ultima caja que quedaba junto a él. El contenido de esta se salió. Una foto lo intrigó: ¿Qué hacía una foto guardada en una caja del ático?

Esa foto era de Alice y él, se veían muy felices juntos. Toda la caja estaba llena de cosas de ambos y ahí se quedó, observando cada foto, leyendo cada carta, poema y canción escrita, jugando con cada pequeño objeto que encontraba. Todo le traía más y más recuerdos.

- ¡Lárgate! ¡Que te largues! ¿No oíste? – recordó las palabras que le había gritado a una chica ciega y en silla de ruedas

"Era ella" pensó.

- Alice – murmuró

- Mamá quería tirar esa caja – dijo una voz, era su hermana – Pero nosotros sabíamos que algún día recordarías y nos odiarías si no estaban todos tus recuerdos con ella.

- ¿Éramos novios? – preguntó.

- ¿Te quedan dudas? Llevaban casi seis años juntos.

- ¿Es mi hijo?

- Sí, ¿De quién más?

Lo pensó por un momento, ese mismo niño lo habían llevado sus hermanos pero él estaba tan enojado que apenas y lo había mirado, se culpó a sí mismo.

- ¿Ella tuvo la culpa del accidente? – preguntó a sus hermanos que él sabía si le dirían la verdad.

- Tengo que mostrarte algo – le dijo Edward quién también había entrado.

En su celular un video se estaba reproduciendo. Le contaron la historia, era el mismo video que Alice guardaba en su celular. Y Jasper lo recordó todo antes de que terminara de reproducir. Recordó cómo él trató de protegerla y escuchó el grito de Alice lleno de dolor cuando él estaba tirado en el suelo semiinconsciente.

Ahora sus lágrimas eran de dolor, sólo dolor.

- Lo lamento – escuchó la voz de su madre – Lamento no haberte dicho quién era ella pero entiéndeme, fue su culpa, por ella perdiste la memoria.

- Fue un accidente mamá, no fue su culpa – gritó lleno de dolor por la mentira que lo había hecho odiar a Alice.

- Pero la quisiste proteger, sino lo hubieras hecho no te hubiera pasado nada.

- No lo entiendes mamá, la amo, la amo y lo volvería a hacer una y mil veces.

- ¿Pese a todo lo que sufriste por el accidente?

- No me importa mi sufrimiento con tal de que ella y mi hijo estén bien.

- Ese no es tu hijo…

- ¿Lo has visto? ¿Has visto lo mucho que se parece a mí?

- No lo ha querido ver – acusó Rosalie.

- Es tu nieto mamá, es mi hijo, es nuestra sangre.

La madre comprendía dolorosamente con la voz de su hijo acusando sus actos. Jasper salió, volvía a irse.

- ¿La vas a ver? – preguntó su madre.

- No, no puedo – dijo él sin muchos ánimos y con la tristeza haciendo presencia en su voz.

- ¿Por qué? – preguntó Edward – Si no vas no importará lo que yo traté de hacer y que me costara tanto.

- Así que fuiste tú – acusó la madre y Edward agachó la cabeza, se había delatado.

- Gracias hermano – dijo Jasper con una sonrisa y se marchó.


Un capítulo y acaba esta historia... Espero que les haya gustado leerla tanto como a mi escribirla... Un beso!