Ya quisiera yo que Xanxus me acosara así… ooh perdón, digo, ¡Hola!
Traigo su dosis semanal de ira contenida en un bello hombre. Muchas gracias a todos los lectores, también a quienes amablemente se toman su tiempo por dejarme un comentario y hacerme saber que les gusta el fic… T_T me hacen muy feliz.
Anonimo37 muchas gracias por la info de Viper… ¿eso hace más pervertido a Lussuria? xD trataré de no insinuar cosas sobre su sexo, igual ya decidí quien será el amigo fiel de Misu-chan.
Les mando mil besos :*********
Disclaimer: KH Reborn! No me pertenece, todo es obra de Amano-san : )
Malas decisiones
Podría ser no tan malo
Miraba con absoluta desaprobación la marca en su cuello, había quedado un moretón muy feo entre la figura que delineaba la dentadura de Xanxus. Quería matarlo con sus propias manos, pero esa no era una opción viable dado que por mucho que le costara aceptarlo, él también era parte de los Vongola. Echó su cabello al frente para cubrir la marca del delito. Rogaba al cielo no topárselo ese día.
-Buenos días Misuki-san, ¿hoy practicaras también con nosotros? –Quiso saber un joven de Varia.
-Sí, claro. Por cierto muchas gracias por haberme dado esta ropa.
-De nada, en realidad es de mi hermana.
-Me siento más cómoda así.
-Pero te mirabas mejor ayer con aquel atuendo que ahora con pantalón y camisa.
-Voy a pretender que no escuché eso –le sonrió con malicia.
-Lo siento.
Otra cosa que había aprendido de Hibari era a disfrutar de las peleas, más cuando de oponentes fuertes se trataba. No es que fuera un prodigio como él o tuviera una técnica ancestral, simplemente le gustaba pelear y al menos en su campo era buena.
Lussuria observaba el combate entre Misuki y uno de los hombres de Varia, podía ver por qué la chica era protegida del guardián de la nube, sus movimientos eran agiles, bien podría equipararse con un oficial. De una patada la peliazul mando a volar a su contendiente, dejándolo noqueado al chocar contra un árbol.
-¡Muy bien Misu-chan! –Gritó Lussuria muy animoso.
-¡Ni creas que tus cumplidos me harán olvidar lo de ayer! –lo señaló molesta con sus Kusarigama.
-Pero todo salió bien ¿no?
-¡Odio a Xanxus! ¡No quiero verlo nunca en la vida! –Exclamó a todo pulmón. Los subordinados de bajo rango temieron por la vida de la chica si el jefe llegaba a escucharla.
-Misuki-san, no digas eso… si el jefe te escucha…
-¡¿Qué?! –Preguntó, al momento de voltear a ver a quien le preguntaba Luss notó la marca en su cuello.
-¿Eso podría ser? –Corrió hasta ella y le miró el cuello- ¿Fue el jefe?
-¡De-déjame! –se apartó de él ruborizada.
-¿Por qué tendrá esa mala costumbre? –Se preguntó.
-¿A qué te refieres?
-A marcar territorio de esa manera… -Dijo Luss dubitativo, Misuki tardó en procesar la frase.
-¿Marcar territorio?
-Supongo que eso es mejor a que ande orinando por ahí, quien sabe, puede que lo haga también. Después de todo es un poco bestia.
-Un segundo, un segundo… ¿esta cosa de aquí significa que soy de su dominio? –señaló la marca, inevitablemente todos voltearon a verla.
-Reclamo de propiedad… tal vez te quiera para algo.
-¿Co-como qué? –Preguntó nerviosa ante todas las posibles opciones.
-No lo sé.
-Que lastima, eso significa que ya no podremos divertirnos juntos –sopesó alguien.
-No quiero que Xanxus-sama me maté por jugar con lo suyo…
-Oigan, yo no soy propiedad de nadie –rabió-, y esto –volvió a señalar la mordida- solo significa que Xanxus tiene complejos de caníbal o realmente es muy animal.
-Pero…
-Si dice algo yo le daré una lección.
-Como si pudieras –corearon todos al unísono.
-¿Qué tan fuerte realmente puede ser? –preguntó volviendo su vista a la mansión.
-No quisieras comprobarlo por cuenta propia…
Bonito asunto, ahora nadie quería acercársele por temor a que el amo y señor de Varia fuera arremeter contra ellos al fin "justificadamente". ¿Cuándo más tenía que soportar su abuso constante y deliberado? Las rondas de peleas llegaron a su fin, enfadada por tanto murmuro hacia ella decidió salir fuera de la mansión.
Escuchó no muy lejos un ronroneo grave, en cuestión de segundos el gran ligre blanco la alcanzó y talló su pelaje contra el cuerpo de la chica, Misuki sonrió y acarició la melena de Besta ¿Cómo era posible que tan adorable criatura estuviera en manos del salvaje de Xanxus? Ambos siguieron caminando hasta llegar a un claro donde se echaron sobre el pasto.
Misuki se acomodó contra Besta, el gran felino resultaba curiosamente ser de lo más cómodo, además su pelaje le brindaba un calor extra que su cuerpo le agradecía enormemente. Lentamente sus parpados fueron cerrándose, cayendo en un profundo sueño. Besta descansó su cabeza sobre sus patas delanteras, acompañando también a la chica en su letargo.
No supo exactamente cuánto tiempo llevaba ahí, al abrir los ojos todavía podía ver la luz claramente, señal de que no había transcurrido tanto tiempo. Bostezó a sus anchas y estiró su cuerpo aun recargada contra el felino, Besta pareció notar que despertaba y le lanzó un extraño rugido, como si le advirtiera algo, Misuki lo miró extrañada por la acción y se puso de pie de espaldas a él, estirándose de nueva cuenta.
-Perdona por las molestias Besta, eres muy cómodo ¿sabes?
Cuando volteó en dirección al animal divisó entre él una maraña de cabellos negros al costado opuesto a donde estaba. Frunció el ceño y rodeó al ligre para aclarar dudas; efectivamente era él, ¿Quién más podría ser?
Se llevó la mano a su espalda, dispuesta a tomar una de sus Kusarigama, pero antes de que pudiera Besta le lanzó un nuevo rugido de advertencia. Suspiró pacientemente, no pensaba en matarlo ahí tan cobardemente mientras dormía, pero al menosuna buena lección por tanto abuso si se merecía. Revoloteó su cabello azulado y miró al jefe de Varia.
Tenía una expresión tan impropia de él, apacible y llena de tranquilidad, parecía tan inofensivo como un cachorro, incluso las facciones en su rostro en esos momentos lo hacía lucir un tanto tierno. Misuki sacudió su cabeza en negación, lo único que le faltaba era sentir ternura por la bestia que ahora descansaba en el suelo.
Graciosamente aquellas dos flores de color lavanda habían caído sobre los cabellos del moreno, además junto a estas, dos abejas que revoloteaban sobre ellas para obtener el néctar que serviría como alimento. Besta balanceó su cola para ahuyentarlas, sin embargo, parecía ser inútil pues seguían aferradas. La peliazul sonrió complacida, ojala aquellas abejas picotearan la cabeza del cretino de Xanxus. El Ligre blanco volvió a rugir para llamar la atención de Mizuki, no sabía cómo, pero claramente aquel animal con la siemple vista le pedía ayuda para proteger a su amo. Ella parpadeó un par de veces, incrédula, al final se encogió de hombros y avanzó hasta el moreno. No lo hacía por él, porque si de ella dependía le arrojara con el panal entero, más, Besta era bueno con ella y no quería ser malagradecida, de nueva cuenta, gracias Sawada Tsunayoshi.
Sacó una de sus Kusarigama y removió las dos florecillas, arrojándolas a lo lejos, volvió a guardar su arma y contempló el imperturbable sueño del moreno. Se puso en cuclillas para quedar más o menos a la altura de él. Estaba haciendo frío, pese a eso no llevaba encima el saco mal puesto de siempre, dejando ver así como mal vestía el resto del uniforme.
Ignorando motivos extendió su mano, lentamente se acercaba al rostro de Xanxus, de la nada simplemente había sentido la necesidad de tocarlo, tal vez porque parecía un niño pequeño… grave error.
Al mínimo contacto de la yema de sus dedos ante la piel del jefe abrió los ojos, quedó suspendida unos momentos ante la sorpresa. Los siguientes movimientos del moreno fueron rápidos, tomó su muñeca y la llevó boca abajo contra el suelo, tirando hacia atrás del brazo que había sujetado. Estaba encima de ella, apoyando su mano libre contra el cuello de Misuki.
-¿Ahora qué? –rabió, su aliento chocó contra el suelo.
-¿Qué pretendes? Basura.
-Te hubiera arrojado el panal.
-Silencio.
-¡No hagas una pregunta si no quieres que te respondan! –Gritó enojada- Que imbécil.
Era inevitable para ella no expresarse con tanta ira en contra de Xanxus, no llegaba al odio, pero si era un dolor en el trasero tener que soportarlo. El jefe de varia sonrió con malicia, tiró a un más el brazo de Misuki, haciéndola gritar de dolor; no le cabía la menor duda de que disfrutaba haciéndola sufrir.
-Sigue quejándote escoria –habló Xanxus, aun manteniendo firmemente su agarre.
-Peleemos si es lo que tanto deseas –lo retó.
-¿Ahora quieres hacerte la valiente?
-Nunca he sido una miedosa…
-Bien.
La sonrisa socarrona de Xanxus se ensanchó más, arrojó fuera de alcance las armas de la peliazul y apenas se movió lo suficiente para poder hacer que ella se diera la vuelta y quedara boca arriba. El moreno estaba a horcajadas sobre ella, las manos de Misuki quedaron libres pero estaba desarmada, cualquier movimiento en falso y Xanxus podía dispararle entre ceja y ceja con sus x guns.
-No veo que pelees –dijo el líder de Varia.
-¿Me crees idiota? No me compares contigo. Tienes toda la ventaja…
-¿Admites tu derrota? Escoria.
-No es una contienda justa y lo sabes –frunció el ceño. Xanxus comenzó a reír muy divertido.
-En ningún momento dije que lo sería.
-Ingenua yo por creer en ti.
Ese comentario no era el que precisamente tenía en mente, ¿creer en él? ¿Desde cuando se molestaba si quiera considerar en hacerlo? Estaba hablando de Xanxus por el amor a Dios, no iba a esperar de él más de lo necesario. Apenada por sus palabras desvió la vista a un lado del moreno, dejándole ver a este el esplendor de su nocturna Azaña.
La opresión en su cuerpo la hiso volver a su realidad, sin motivo aparente –salvo matarla- Xanxus se inclinaba a ella. Sus manos hicieron rápidamente contacto con la camisa blanca del moreno, tratando de impedir que se acercara más a ella. Podía sentir el calor que emanaba el cuerpo de aquel hombre y que poco a poco la recorría de pies a cabeza. Sus ojos carmesí vieron directamente a los caoba de la chica.
-¿Qué tratas de hacer? Basta, que no eres muy liviano que digamos –se esforzó por decir Misuki, mentiría al decir que el hombre que tenía encima no alteraba sus cinco sentidos.
Xanxus no dijo nada, tan solo estaba viéndola en silencio. Sus ojos rojos descendieron de nueva cuenta al cuello de ella, esas manos no iban a detenerlo. Se maldijo en esos instantes por ser mujer, por ser más débil en fuerza que él. Sin trabajo alguno pasó de la barrera que ella estaba tratando de imponer, cuando fue vencida cerró los ojos, ¿ahora si iba tomar el pedazo que no pudo obtener la noche anterior de su cuello?
Su cuerpo se estremeció por completo, estaba tensa, aferrando sus manos a lo único que tenía cerca, el pecho de Xanxus. Estrujó con fuerza la camisa del moreno, le dolía, pero todo dolor era mitigado por otras sensaciones, incluso contra toda predicción ella misma reacomodo su postura para darle mayor comodidad. El viento hacia que se sintiera frio después, contrastando en primera instancia lo cálido del contacto. Quería mover sus piernas, pero el cuerpo de Xanxus se lo impedía completamente, ¿Cómo es que estaba actuando así?
La lengua del jefe de Varia seguía lamiendo la herida que él mismo había provocado sin importar lo mucho que la chica se moviese debajo de él, después de todo no parecía molesta por lo estaba haciendo. Tocó cada centímetro del espantoso moretón sobre su cuello, dejando completamente humedecida la zona… tal vez si se había pasado un poco con aquella mordida, pero bueno, eso le permitía disfrutar de sus actuales acciones. Lamió por última vez la herida, sonrió victorioso al escuchar el gemido de su presa. Irguió su cuerpo, aun manteniéndose sobre ella.
El rostro de Misuki estaba totalmente sonrojado, las acciones de Xanxus eran tan impredecibles. De un momento a otro había pasado de estarla torturando a…eso. No quería darle la cara, porque obviamente había perdido de nueva cuenta contra él. No había necesidad de una pelea a golpes, pues Xanxus sabía perfectamente que era más sencillo doblegarla de esa manera que a punta de palos. Lo detestaba por ser así, no tenían nada de haberse conocido y ya estaba jugando con ella de esa manera… de no ser porque también era parte de Vongola ya lo hubiera asesinado, o al menos intentado hacerlo.
-Levántate, eres muy pesado –Ordenó sin voltear a verlo.
-No recibo ordenes de basura.
-Para de hacer cosas… raras –dijo con pena.
-¿Algún problema con eso? Escoria –afirmó mientras se ponía de pie.
-Hazlas… pero no conmigo.
-Como si pudieras impedirlo –chistó ante el comentario.
-Si te atreves a hacer algo semejante… -se sentó y volteó a verlo muy desafiante- te pateare las bolas.
-Quiero ver que lo intentes, basura –la desafió en lo que acomodaba su desalineada camisa cortesía de Misuki.
-¡No me retes! –lo señaló con el dedo.
Ya no le interesaba seguir peleando, simplemente él dio media vuelta y tomó rumbo a la mansión de Varia. Besta pasó a un lado de Misuki, restregando su afelpado cuerpo entre ella, así ambos pasaron a dejarla en soledad en medio de aquel claro.
Dos días pasaron sin incidente alguno, había que admitir que ayudaba el hecho de que no en esos días no había tenido la infortuna de toparse con Xanxus, el muy holgazán se la pasaba durmiendo en su habitación o bien en el despacho y cuando no estaba haciendo eso era porque su hora de comer había llegado. Misuki ya sabía muy bien a qué hora no debía tocar el comedor si no quería encontrarse con la salvaje bestia de Xanxus.
Squalo y los demás ya habían vuelto de su trabajo, haciendo aún más escandalosa la mansión. Estaba más que harta de todo, lo único que necesitaba y quería en esos instantes era volver con Hibari.
En la tarde siguiente se cumplió lo que tanto había deseado, sus ojos se iluminaron como dos soles cuando le dieron la noticia de que Hibari regresaba por ella. Corrió a toda prisa al vestíbulo, encontrándose no precisamente lo que esperaba.
Acompañando al guardián de la nube estaba Dino, el capitán estratega Squalo y además, los jóvenes de Lambo e I-pin. La animosidad de Misuki disminuyó al instante al verlos, suspiró profundamente antes de saludarlos.
-Me alegra que estén bien, Shishou, Sempai –dijo lo más feliz que pudo.
-Pareces recuperada totalmente, que bien Misuki-chan –habló Dino.
-Lussuria cuido bien de mí –sus ojos vieron a Hibari, pocos podían notar la inquietud de Kyouya, y ella afortunada o desafortunadamente era una de ellas.- ¿Qué hacen ustedes aquí, chicos? –se refirió a los dos menores.
-El jefe nos mandó como refuerzo después de que supo lo de tu accidente –explicó Lambo.
-Ya veo… ¿Cómo resultó todo?
-El caso aún no se ha cerrado –advirtió un poco irritado Squalo.
-Sawada-san ha consentido mi estancia para continuar la investigación –dijo Ipin. "He ahí el asunto" pensó la peliazul al ver el casi inexpresivo rostro de Hibari.
-¿Tu sola Ipin?
-Al parecer Lambo-san también me acompañara.
Era triste, muy triste para ella. Conocía bien a Kyouya y por ende sabía que no estaba de acuerdo con tal arreglo y eso lo tenía molesto. Estaba al tanto de los sentimientos de su maestro, conocía perfectamente el cariño que le profesaba a Ipin; no sabía si era mayor o menos que lo que la quería a ella, pero si sabía que se trataban de dos cosas diferentes.
Hibari regresaría a Japón mientras que Ipin se quedaría en Italia junto a Lambo en una peligrosa misión. Era doloroso admitir que la persona que tanto amaba no estaba interesada en ella. Entonces, si ambos volvían a casa tendría que ver a diario ese rostro lleno de preocupación, ese rostro que en silencio guardaría la amargura de la que era preso su corazón. No podía permitírselo, no cuando ella había experimentado ese mismo pesar.
-No –musitó Misuki, llamando la atención de los presentes.
-¿Qué sucede? –preguntó Kyouya.
-Yo… yo voy a quedarme en Italia –miró a su maestro.
-Misuki-san, debes regresar a Japón, nosotros nos encargaremos de todo –le pidió Ipin amablemente.
-Por mi irresponsabilidad hice que el Décimo los mandara hasta acá. Es mi turno de seguir en esto.
-Misuki –la llamó Hibari.
-Dino estará aquí, todo estará bien –le sonrió.
-¿Qué hay del jefe? –quiso saber Lambo.
-Se lo dirán en cuanto lleguen y yo en cuanto pueda. Sé que no le importará.
-¿Estas completamente segura? –Insistió Ipin.
-Claro.
Esa misma tarde Dino y Misuki acompañaron al resto de los Vongola al aeropuerto. Misuki tenía un gran hueco en su corazón, más tiempo fuera de casa, más tiempo alejada de la persona que amaba. Pese a todo sonrió hasta el último momento, apreciando enormemente el abrazo y los consejos de Hibari. Lo amaba, pero el corazón de él estaba muy lejos de ella.
Parada frente a los ventanales de cristal la chica luchaba con todas sus fuerzas por no llorar. Dino la tomó entre sus brazos, rodeándola con ellos para confortarla. Él conocía perfectamente la situación en la estaba e imaginaba las razones por las cuales había tomado esa decisión.
-Sabes que no puedo estar contigo como quisiera ¿cierto? Mi familia también me necesita –habló Dino.
-Gracias por no mencionarlo ante Hibari-san –se apartó de él.
-¿Qué vas a hacer?
-Usar mi último recurso –hizo una mueca-. Quedarme con los Varia.
-¿Hablas enserio? –Dijo sorprendido.
-No me aceptaran de buenas a primeras. Tengo muchos problemas con Xanxus –se rascó la cabeza-. Pero conoces bien a Squalo, ayúdame con eso –le sonrió al rubio.
-¿Estas totalmente consiente? Ellos no son como la familia del Décimo, ya deberías de haberte dado cuenta.
-Lo sé. Pero ellos también seguirán investigando del atentado, son habilidosos y me serán de mucha ayuda.
-Veré que puedo conseguir –dijo con resignación.
Primero había lloriqueado enormemente por salir de esa horrible mansión, ahora regresaba por voluntad propia y peor aún para quedarse. Recargada contra el barandal de las escaleras escuchaba los gritos inteligibles de Squalo, Dino estaba tratando de convencerlo de que la dejara unirse al grupo del que tanto había mal hablado.
La puerta a su espalda se abrió, dejando ver a un feliz Dino y a un no tan contento Squalo. Por la expresión de su sempai sabía que había obtenido la victoria ante el tiburón.
-¡Será mejor que no me des problemas niña! –La amenazó el peliblanco.
-Tomare eso como un "bienvenida a Varia" –le sonrió.
-Y no solo conseguí que entraras a Varia –dijo muy feliz Cavallone.
-¿A si?
-Felicidades, eres a partir de ahora el nuevo oficial de la nube de Varia.
-¡¿Qué?! –Gritó impactada- Yo solo quería entrar… Dino-sempai ¿Qué ha hecho? –expresó horrorizada. Ser un oficial solo significaba más tiempo compartido con la bestia líder de la organización.
-P-pero ¿Por qué? Eres muy buena y creo que estas a la altura.
-¿¡Por qué no te opusiste a eso!? –apuntó con el dedo a Squalo.
-¡Vroi! ¡Deja de estar gritando pedazo de mierda!
-¿Quién eres tú para tomar esa decisión sin consultarlo con el bastardo de Xanxus? –seguía alegando la chica.
-Shishishishi… eso te da puntos para el puesto –comentó el oficial de la tormenta.
-¿Poder maldecir al jefe libremente es requisito para el puesto, Bel-Sempai? –Le preguntó Fran. Ambos bajan por las escaleras.
-¡Ni creas que te dejare expresarte así de Xanxus-sama! –Apareció en defensa Levi, apuntando con una de sus armas a la Misuki.
-¡Oh! Misu-chan, confeccionare a ahora mismo tu uniforme –Salió de la nada Lussuria, en sus manos tenía una cinta con la cual intentaba tomar medidas del cuerpo de la chica.
-¡Lussuria! ¡Basta! –Empujaba al impetuoso oficial del Sol para quitárselo de encima.
-Bueno, yo ya me voy –se despidió el jefe de los Cavallone.
-¡Quítense todos! –gritó y se abrió paso hasta llegar al rubio.
-Cuídate mucho, no hagas locuras.
-Gracias por todo Dino-sempai. Aunque no sé si esto fue lo mejor.
-Podría ser no tan malo –le sonrió.
-Eso espero.
Por gusto o no, sí que trabajaba rápido. Su uniforme estaba sobre la cama a la primera hora del día. Tomó una ducha antes de salir, extendió la casaca en el aire, contemplando el símbolo que caracterizaba a la organización de la cual ahora era parte. Se miró en el espejo y sonrió con ironía… ella había dicho que era un uniforme apestoso.
-Te queda perfecto –alabó su creación Luss.
-Le estoy haciendo un favor a su horrendo uniforme –dijo simpática mientras seguía viéndose de todos los ángulos posibles. No estaba tan mal después de todo.
-Tal vez al jefe le gustaría que usaras una falda corta –pensó en voz alta al verla.
-¡No usaré eso!
-Tienes piernas bonitas.
-¡Qué no!... santo cielo.
-¡Oh! Hablando de cielo…
-¿Qué?
-Squalo dijo que reportaras tu nuevo puesto ante el jefe.
-¡¿Qué yo que?!
-Sí.
-¿Por qué no lo hace él? Squalo es el capitán estratega y quien tomó la decisión por su cuenta.
-Dijo que no quiere escuchar los gritos de Xanxus-sama temprano por la mañana.
-¿Y cree que yo sí? –dijo fastidiada.
-Es una orden.
-Qué orden ni que nada.
-El jefe ordena a Squalo y él a nosotros, es una jerarquía.
-¡Que mentira! ¡Los he visto hacer lo que les da la gana!
-Bueno, al menos lo intente –dijo resignado.
-Como sea, son las siete y Xanxus despierta hasta las ocho. Iré a desayunar aprovechando mis nuevos beneficios como un oficial de varia –sonrió victoriosa.
-Misu-chan…
-¡Dije no! –azotó la puerta detrás de ella, dejando al afeminado varia hablando solo.
-Yo solo quería decir que el jefe ya está despierto. En fin.
Sonriente como ningún otro día en las instalaciones de Varia Misuki recorrió los pasillos de la mansión, informando a uno que otro que se encontraba en su paso del nuevo puesto que ahora le había sido asignado. Entró victoriosa al comedor, abriendo a sus anchas la puerta, por fin alguien le iba a servir la comida y no iba a ser ella quien se la preparara.
Poco a poco la curvatura ascendente de sus labios fue reduciéndose hasta paralizarse en una monótona línea, había quedado congelada al momento de verlo sentado en su habitual silla, con los pies sobre la mesa como siempre maleducadamente. Él pareció verla con algo de expectación, no esperándose precisamente verla vistiendo completamente las ropas del grupo al cual lideraba. Misuki balbuceó tonterías, estaba nerviosa puesto que desde su osado encuentro no se habían dado la cara. Apretó los puños, por mucho que le doliera ahora él era su jefe también, pero no por ello iba a dejarse intimidar… aún más.
Avanzó a paso firme, sintiendo como los ojos de Xanxus la seguían todo el tiempo. Jaló una silla –la más lejana al moreno posible- y tomó asiento.
-¿Qué crees que haces? Basura –renegó el hombre con su ronca voz.
-Me estoy sentando ¿Qué no ves?
-Largo.
-Disculpa, pero eso no va a ser posible. Vine a desayunar y no pienso levantarme hasta haber terminado mis alimentos.
-¿Por qué traes la ropa de Varia?
-Créeme que me molesta tanto como a ti, pero no tuve otra opción. Soy tu nuevo oficial de la nube.
-Entonces largo escoria –fue lo único que dijo, sorprendiendo a Misuki.
-¿Es todo lo que tienes que decir? ¿Sin reproches ni nada?
-Me importa una mierda lo que la basura de Squalo decida –bebió de su vaso con Whisky.
-Pero estamos hablando de tu organización, eres el jefe –la voz de ella se aplacó un poco.
-Haces mucho ruido –frunció el ceño.
-¿No te molesta que vaya a quedarme? –Preguntó con pena.
Ahí estaba otra vez, apuntándole sin miramientos con una de sus pistolas. Misuki sonrió, tal vez eso necesitaba, un distractor que pudiera sacarla de aquellos sentimientos tan dolorosos. Se paró de la silla, solo por esta vez no iba a seguirle el juego en sus peleas.
Tal vez era como Dino le había dicho, podría ser no tan malo estar en Varia. Solo esperaba con todas sus fuerzas poder superar su amor no correspondido. Lo miró una vez más antes de salir del comedor, ya no le apuntaba con su arma; al fin entendía que era un juego personal, uno al que sin querer comenzaba a tomarle gusto.
-Eres un bastardo infeliz, Xanxus –su sonrisa no era de burla, tampoco irónica, era simplemente una sonrisa de felicidad… que por alguna extraña razón él podía sacarle-. Mañana vendré a desayunar y te advierto que lo hare contigo o sin ti.
