No hay excusas para tan larga espera, pero si de algo sirve… la universidad me tiene muy saturada, especialmente hablando de la Tesis, prácticamente paso TODO el día ahí trabajando y lo único para lo que tomó la PC es para hacer tarea y a veces jugar Candy Crush xD. Tenía la mitad del capítulo escrito hace mucho mucho mucho tiempo pero no había tenido el tiempo de sentarme a releer lo que tenía y completar lo que me faltaba, pero ¡al fin! Me di mi tiempo. La historia no quedará a medias, se los aseguro… más ahora que ya vienen las benditas vacaciones T^T.
Gracias por quienes esperaron todos estos meses, igual les agradezco sus comentarios enormemente, también me comprometo a responder todos y cada uno de ellos de ahora en adelante sin falta *-*^
Les mando un beso enorme :*
Disclaimer: KH Reborn! No me pertenece, todo es obra de la talentosa Amano-San
Malas decisiones
Caprichos y beneficios del jefe
-Y dime ¿Cómo va todo por allá? –Preguntó con interés el décimo capo de Vongola.
-¡Oh! Muy bien –exageró con felicidad.
-¿Has logrado compaginar bien con todos en Varia?
-Pues… hay algunos que siguen dándome problemas –rodó los ojos, no era ningún "algunos" sino más bien "uno".
-Ya veo. Misuki-san, perdona por dejarte en esta misión…
-No pasa nada Decimo, creo que fue lo mejor –respondió con algo de tristeza.
-Sabes que puedes volver si no te sientes completamente cómoda. Ryohei-san ha dicho que…
-Puedo hacerlo, confíe en mí.
-De acuerdo. Espero tu próximo reporte.
-Claro, jefe –afirmó, Tsuna rió del otro lado de la línea-. ¿Pasa algo?
-Tu jefe ahora es Xanxus ¿no?
-Contra todo deseo mío, efectivamente.
-Supongo él entra en "algunos".
-Básicamente los engloba.
-Animo. No es tan mala persona una vez que lo conoces.
-¿No es "tan" mala? –Enfatizó en la palabra- Eso me da una vaga esperanza.
-Inténtalo y puede que te lleves una sorpresa.
-¿Usted lo hizo? –preguntó curiosa.
-Algo así… -vaciló, aunque fuera el jefe de la mafia más poderosa aún seguía conservando algunas penosas costumbres.
-Lo tendré en mente entonces. Gracias por el consejo.
-Buena suerte Misuki-san.
-Muchas gracias Decimo.
Cortó la llamada y después dio un gran suspiro, sacando a fuera todo, más allá de llamar para reportar su nueva posición dentro del grupo de Varia, solo quería preguntar acerca de Kyouya; bien podría haberle llamado directamente a él, sin embargo, no presentaba el valor para hacerlo.
Con respecto a su misión original, Misuki había pedido a detalle todo lo sucedido en la investigación de Levi. Todo apuntaba a la recién familia salida de las sombras: Schiavone. Recordaba que hace no más de seis mes, Sawada había tenido un viaje a Italia para reunirse con los capos de las familias aliadas, ahí fue cuando el jefe de Schiavone se presentó ante él con una oferta que inevitablemente el Vongola tuvo que rechazar.
No era muy difícil atar cabos, Dave Schiavone al sentirse ofendido por Tsunayoshi Sawada quiso tomar venganza, pero, ¿Por qué nono también había sido inmiscuido en la pelea? Eso era lo que se preguntaban.
A pesar de haberlos seguido durante días y haber enfrentado en combate, poco habían descubierto sobre la organización y su líder.
-Al fin de cuentas no tenemos nada –dijo con aparente disgusto la peliazul.
-Podemos marcar un perímetro de búsqueda basado en los lugares donde entramos en combate –propuso Levi.
-No parece mala idea, después de todo es lo único que podemos hacer.
-Debieron pensar en debilitar las defensas de Nono atacando a Varia –señaló un punto en el mapa Squalo.
-No es coincidencia que nuestra pelea terminara en las inmediaciones de Varia. Debimos haberlos atrapado en camino hacia acá, por eso al final terminamos peleando aquí.
-En todo caso, averiguaremos movimientos sospechosos cerca de las zonas de ataque –dijo Squalo.
-Iré con algunos hombres –habló Misuki.
-No –dictó el capitán estratega.
-¿Por qué? –reclamó enojada, ¿es que no la iban a dejar hacer algo nunca?
-¿Sabes algo de misiones en cubierta? -Squalo observó la duda en el rostro de Misuki, justo en el clavo-. Ellos deben de tenerte bien identificada después de lo sucedido en Japón y después de las peleas en Italia.
-¿Qué se supone que debo hacer? –dijo fastidiada, Squalo sonrió con malicia.
-Una vez que hayamos descubierto su base acabaremos con ellos.
-Está bien, puedo aceptar eso.
-Decidió entonces –se levantó Levi de su lugar.
-Muchas gracias por la información Levi –le sonrió, el de pelos en punta despreció el gesto con indiferencia-. Vamos, no puedes estar molesto conmigo siempre… no es mi culpa que Xanxus tenga costumbres extrañas.
-He cumplido con informarte, es todo –salió de la habitación.
-¿Cómo puede vanagloriarlo tanto? Qué asco.
-¿A quién le importa?
-Tienes razón –se levantó también.
-Oye –la llamó Squalo antes de que abandonara el salón también.
-¿Qué?
-…Nada
-¿He? No me hagas perder mi tiempo –hizo una mueca y salió.
-¿Qué es lo que el bastardo del jefe ve? –Pensó el peliblanco.
La vida en Varia era sencilla, inclusive cómoda si se acataban las pocas reglas que había, aunque eso inmiscuía más de lo que imaginaba. Regla número uno: Nadie huye de un combate y de hacerlo, será un mismo miembro de la organización quien se encargue de su ejecución. Regla dos: acatar las órdenes del capitán estratega Superbi Squalo, ya que dada la irresponsabilidad del jefe, generalmente era él quien tomaba las decisiones finales. Tercera regla: no molestar al Jefe en ninguna de sus actividades (reducidas, por cierto) especialmente cuando de comer o dormir se trataba. Y la principal de todas: complacer al jefe en cualquier petición, por más absurda que fuese debían hacerlo, incluso si Xanxus determinaba que alguno de sus oficiales hicieran algo debían acatarlo… aunque ellos si tenían las agallas para revelarse contra él, desafortunadamente los subordinados de rangos inferiores no tenían derecho a quejas.
Básicamente la vida en Varia se resumía en pocas cuentas a, uno: pelear a morir y dos: complacer a Xanxus. Misuki no tenía problemas con la primera, incluso tampoco de obedecer (hasta cierto punto) a Squalo, sin embargo, lo segundo le resultaba completamente inconcebible, no iba a rebajar su ser para darle el gusto al sádico de su –por mucho que lo odiara- jefe.
Por ello es que Levi la miraba de tal manera, puesto que cualquiera que deseara ingresar a Varia sabía qué debía rendirle absoluto respeto y devoción al jefe de dicha organización, para la mala suerte de su más fiel devoto, Misuki se negaba completamente a obedecerlo. El pobre de Levi Athan casi muere de un infarto cuando Lussuria comentó para todos los oficiales que Xanxus había marcado como su juguete personal a la peliazul. La mirada asesina en esos momentos del oficial del trueno la hacían cuestionarse sobre si en realidad se trataba de devoción o algún amor mal correspondido.
Tal vez Levi había encontrado lo que Tsuna había mencionado días atrás, el lado no "tan" malo de Xanxus. ¿Pero cuál podría ser ese? Tal vez si los planetas se alinearan podría descubrirlo, de igual manera no estaba para eso, el único objetivo que tenía era encontrar a los malditos que habían osado atacar a la familia Vongola. Por ello había de seguir avanzando en combate.
-¿Estas segura Misu-chan? –Le preguntó Luss afeminadamente, aun así manteniendo su tono de advertencia.
-Claro –afirmó muy segura, aguardando a su oponente en posición de ataque.
-Pero no quisiera lastimarte, aun así no me dejas otra opción.
-Todos dicen que eres el mejor en peleas cuerpo a cuerpo.
-Así es.
-Mis ataques son de media y larga distancia. No quiero puntos débiles, ¿sabes a lo que me refiero?
-Reducir la desventaja –se puso serio y tomó posición también.
-¡Adelanté! –Gritó.
Se había desecho de sus armas para poder pelear al estilo del oponente, haciendo simplemente que el encuentro fuera unilateral. Esquivó los primeros tres golpes de Luss, pero, al ver su sonrisa sabía que no era algo de lo cual estar orgullosa. Si bien se jactaba de ser fuerte, peleando con un experto en la materia la hacía parecer como un novato cualquiera. Pateó su abdomen, sacándole el aire y haciendo que callera de rodillas al suelo. El oficial del sol se relajó un poco, amaba la acción, pero no tenía deseos de aplicarla con ella.
-¿Estas bien? –le preguntó al acercársele.
-Pa-pateas fuerte –le costó decir.
-Te lo advertí.
-Veo que los rumores no eran falsos.
-¿Round two?
-Adelante.
Caminaba por los pasillos de la mansión, era poco usual verlo a esas horas, pero al parecer se le había escapado el sueño, no pudo evitar dirigir su vista al tumulto de abajo que hacía gran alboroto. Salió al balcón para observar mejor de que iba todo.
Seguía peleando pese a que era más que claro para todos que su derrota estaba en la puerta, más, al bullicio le era fascinante ver como no se rendía después de tanto daño, una y otra vez se ponía de pie y trataba se encestar aunque fuese solo un golpe, pero era inútil, su oponente manejaba con tal destreza el arte marcial que estaba acabando con ella.
El de cresta colorada lanzó una patada que Misuki logró contener, sin embargo, la otra pierna se dirigió a ella con gran sagacidad, pateó su costado y la hizo caer por cuarta vez en ese round. Todos comenzaron a corear que se levantara, de pronto, alguien entre la multitud balbuceó con temor algo que hizo que otros voltearan a ver a donde la anonadada vista del sujeto estaba. Poco a poco el coro de guerra se convirtió en palabras sin sentidos y miradas llenas de miedo.
-¡Jefe! –lo saludó muy felizmente Lussuria. El jefe ni se inmutó.
-¿Ahora qué quieres? –Se levantó del piso Misuki tan solo para desafiarlo.
-¡Misuki-san! –Gritó uno que otro. Alguien de los presentes tomó a la chica por la boca, impidiendo que hablara más de la cuenta y Xanxus fuera a matarlos a todos juntos.
-¿Desea algo, Jefe? –Se arrodilló un hombre ante él. Los ojos rojos del jefe lo vieron por leves instantes antes de posar su vista en la chica presente.
-¿Quieres participar también? –Preguntó Luss. Su respuesta se manifestó en la retirada de su jefe.
Aliviados por el hecho, los hombres aflojaron el cuerpo.
-Misuki-chan ¿no le teme al jefe?
-¿Por qué he de hacerlo? –se apartó de mala gana de quien la había sujetado.
-Ya te ha demostrado lo que es capaz de hacer…
-No sé cómo sea la familia de Vongola Decimo, pero… ¿La palabra asesinos independientes no te dice nada?
-¿Es una amenaza?
-Cuida con quien tratas, es todo.
-No entiendo su temor.
-Es respeto… aunque algo hay de eso también –comentaron entre risas.
Después de la sorpresiva visita de su jefe pusieron fin al pequeño entrenamiento. En compañía de sus espectadores se dirigieron a la entrada principal de la mansión. No tardaron en percatarse del visitante presente ¿y cómo no hacerlo? Una belleza como esa no pasaba desapercibida. Se trataba de la mujer que algunas noches atrás había estado con Xanxus; ahora vestía un elegante vestido rojo que no hacía más que resaltar sus atributos naturales.
-Centanni-chan –dijo Lussuria a voces, como si estuviera anunciando su llegada.
-Es esa mujer de nuevo –pensó Misuki.
-Viene con Xanxus-sama ¿cierto? –Preguntó uno de los hombres.
-Así es, llévame con él –ordenó muy tranquila, cosa que llamó la atención de la nueva oficial, ¿acaso no era una mujer cualquiera que estaba solo ahí para complacer a su malnacido jefe?
-Claro, sígame por favor.
La mujer en compañía del voluntario ingresó a la mansión, el resto se dispuso a realizar sus debidas tareas asignadas antes de que alguien (Squalo) comenzara a gritarles por no hacerlo.
….
Un vacío inundo su pecho al observar la penumbra que cubría el bosque al frente suyo, era tan tenebroso como el mismo demonio, al menos la tenue luz proveniente de la luna cuarto creciente daba un poco de visibilidad, aunque, al mismo tiempo ocasionaba que aquellas sombras tomaran formas a un más bizarras.
Pero no existía otra más letal que la que había pasado sobre ella, tan grande y temeraria. Instintivamente se vio obligada a buscar el poseedor. De nuevo estaba ahí, viéndola desde el balcón con insana insistencia. Por el bien de la humanidad entera Mizuki decidió ignorarlo, regresando a lo suyo: la guardia nocturna del perímetro.
La obscura sombra seguía cubriéndola, no se había movido ni un centímetro pesé a que ya tenía unos cinco minutos parado en ese lugar. Su paciencia comenzaba a agotarse, y es que era tan insoportable su sola presencia que sentía como si tuviera mil toneladas de acero encima.
Lo miró levantar la mano, o eso pareció en la silueta pintada en la tierra, probablemente estaba bebiendo algo, como siempre. Mizuki suspiró por enésima vez, cansada de la situación, ¡con una jodida mierda! Había otras mujeres a las cuales acosar. Cerró los ojos en su desesperación, no podía aguantar más esos ojos carmesí.
-¿Tu novia no te mantiene ocupado? –Rompió el silencio con la pregunta. Sonrió disimuladamente ¿a que venía eso? Existían cosas mejores, incluso hirientes que preguntar.
Un grillo cantando hizo más absurdo el momento, Mizuki entonces comenzó a sentirse muy boba por haber dicho eso. Xanxus no respondió, no chistó, gruñó o hizo cualquier cosa característica de su persona. Siguió ahí, empinándose su whisky o lo que fuera.
Que la partiera un rayo, la orinara un perro o se la comiera un oso; todo menos estar ahí, porque precisamente había escogido el lugar contrario a las habitaciones de Xanxus para no tenerse que ver en situaciones como esas. Sin embargo, siempre debía haber algo que lo pusiera en su camino. Ya estaba a punto de abrir de nuevo la boca cuando escuchó la ronca voz de su jefe.
-Hey, escoria –la llamó con suma indiferencia, más que eso como a cualquier otro cosa.
-Mi nombre es Misuki –lo corrigió de inmediato, pese al insulto mantuvo su pose firme, estoica. No era sabio caer en sus provocaciones, que propiamente no lo eran pues siempre se refería así a todo mundo.
-Se ha terminado el vino, tráeme más –Le ordenó, pasando por alto la amonestación de su subordinado. El nombre le pasaba de largo, no iba a recordar a cada uno de ellos. A Misuki no le faltaba mucho para explotar.
-Le recuerdo, jefe –enfatizó en el término- que tiene sirvientes para que cumplan sus malsanos caprichos de niño mimado –Era inevitable no buscar bulla con él. Giró con satisfacción para verle la cara ante su comentario, pero otra cosa atrajo más su atención: la botella que estaba a medio llenar-. Tienes la mitad de la botella aun con vino –aclaró.
El líquido rojizo cayó suavemente hasta la tierra, bañándola con su peculiar color. La botella quedó completamente vacía, como suponía Misuki que debía de tener la cabeza Xanxus.
-Ahora no. Trae más –dejó caer al final la botella. Que alguien le diera paciencia, porque tenía unas ganas inmensas de matar a ese hombre.
-¿Y quieres también que te dé en la boca? –Ironizó, mas Xanxus pareció reparar en la idea, eso o la sonrisa socarrona de su rostro era por algo más-. No pienso traerte ni una mierda.
Volvió a gesticular esa mueca impropia de él, estaba sonriendo, casi podía jurar que de manera divertida. Era un tanto perturbador ver a su iracundo jefe con gestos tan humanos, Xanxus no era de esa clase de personas que anda mostrando sus emociones a todas horas del día, pero si era un gesto que particularmente manifestaba en presencia de ella.
-¿Y a hora por que te ríes? –Se cruzó de brazos frente a él, buscando una explicación ante la inusual mueca- No estés considerando lo que dije porque solo fue un decir –sin saber motivos, su cuerpo comenzó a sofocarse ¿vergüenza? No había podido evitar imaginar la escena en su mente.
Bajo la sombra imponente del moreno se sentía pequeña, como una hormiga queriendo ser aplastada por un elefante, ¿así era siempre la presencia de Xanxus? No había notado ese detalle, entendía ahora porque su gente siempre le respetaba, porque él no daba pie a que le faltaran el respeto… salvo Squalo, tal vez, y eso porque eran "amigos" de hacía mucho tiempo.
La idea rondó por su cabeza los consiguientes días, y es que no podía concebir que después de haber pasado tantas cosas con muchísimos tipo de personas, gente incluso más retorcida que el mismo jefe de Varia, él mantuviera sus sentidos de alerta al tope. La fuerza física no era una excusa, porque de antemano sabía que fuera existían muchas personas mejores que ella, y le gustara o no, Xanxus era una de ellas.
-Me pregunto si Kyouya me extraña –Le habló al aire en completa desolación. Italia era un lugar precioso, pero no más que su vida en Japón.
Iba a seguir lamentándose hasta que miró a Viper volar frente a ella, se alejaba sin miramientos de la mansión a quien sabe dónde. Desde el tejado también miró como un sequito de hombres también corría fuera del lugar…
De un brincó llegó abajo, justo para toparse de frente con el menor de todos, Fran. Con su inexpresiva cara poco podía saber de qué iba el asunto, y antes de que abriera la boca el peliverde negó con su cabeza, sin más siguió con su camino.
Precavidamente se introdujo al lobby, todo parecía en calma, eso hasta que miró al primer hombre atravesar una de las paredes y caer hecho giras en el patio trasero, no fue hasta que escuchó el grito típico de Squalo que descubrió de donde provenía todo.
-¿Y ahora qué pasa? – Preguntó con resignación para Levi, quien estaba a unos dos metros de la puerta de entrada del comedor... o lo que quedaba de el.
-El jefe está molesto.
-Que nuevas –dijo con desanimo, definitivamente ese sujeto era como un niño. Levi la miró con enfado como habitualmente lo hacía.
-Shishishishi, la comida del jefe no estuvo a tiempo –aclaró Bell. Misuki parpadeó un par de veces, incrédula ante los motivos de tremendo alboroto.
-Debo decir que eso me sorprende y al mismo tiempo no.
-¡Con una mierda Jefe bastardo! ¡Comete eso de una puta vez! –No faltaba decir que ese era Squalo, abogando no por la integridad de sus subordinados, sino más bien por la de la casa, que de seguir así no tardaría en caérseles encima.
No aguantó la risa, y es que toda la escena no hacía más que hacer lucir al comandante estratega como la esposa neurótica de un –más- neurótico hombre. Belphegor enseguida captó la idea, pintando una sonrisa burlona en su blanco rostro, a Levi por supuesto que no le pareció la observación de la peliazul. Squalo por otra parte, cansado de discutir en vano con Xanxus, aparte de escuchar la risa de los oficiales a sus espaldas, salió del comedor, ¡que derrumbara la casa si se le venía en gana!
-Sabes, me sorprende que sigas soltero Capitan Squalo, serías un marido muy obediente –dijo con humor Misuki, el peliblanco se paró a su lado con cara de pocos amigos, rechinando los dientes para contener las ganas de cortarle la cabeza de un zarpazo.
La gracia del momento duró tan solo unos instantes, por que no fue más que el chillido de alguien que Misuki por fin prestó verdadera atención al comedor. Sintió como le hervía la sangre desde la punta del pie hasta la cabeza.
Aquella imagen hizo estragos en su mente. Sus ojos se llenaron con una furia poco usual, no podía contenerse por más que fuera su deseo, estaba realmente saturada ante los recuerdos que bañaban su ser al observar el barbaján acto.
Las cadenas de su Kusarigama se enredaron como una boa alrededor del brazo del moreno, impidiendo así que volviera a realizar el acto previo que había contemplado. Xanxus, junto con todos los otros presentes no supieron cómo reaccionar, ¿qué le había hecho actuar de esa manera a Misuki?
-No vuelvas a ponerle una mano encima –le advirtió con rabia a su jefe. Poco a poco avanzaba hasta él, manteniendo el confinamiento de su brazo- ¿Estas bien? –Le preguntó a la chica que estaba en el suelo.
-Misuki-San…
-Levántate y márchate, yo me encargo.
-Hey, basura –Al compás de su quejido, Xanxus tiraba de la cadena opresora para llamar la atención de la peliazul.
-Te lo advierto –amenazó usando el filo de su arma bajo el cuello del jefe-. Si quieres golpear a una chica aquí tienes alguien dispuesta a seguirte el juego.
El moreno chistó en un gesto de burla y desprecio, se estaba dando más crédito del que en verdad era merecedora. Pero antes de poder seguir aun quejándose, con violencia un trozo del filete puesto en su plato fue estampado en su boca.
-Ahora trágate tu maldita comida sin objetar.
Squalo dejó el lugar, ya era el problema de otro y contrario a lo que pensaran, no era la esposa, novia o esclavo del bastardo de Xanxus, porque también tenía amor propio, y allá Misuki y su masoquismo, que ella se las arreglará como pudiera. Se marchó, no sin antes llevarse a Levi de paso, porque de dejarlo ahí bien sabía que iba a comenzar un alboroto mayor.
-Buen chico –Lo felicitó Misuki mientras lo miraba masticar su comida. No era que le gustara tener que darle de comer en la boca, pero solo por esa vez lo iba a dejar pasar ya que era por una buena causa.
Pocos segundos después lo maldijo, a él y a toda su descendencia, porque el segundo bocado le había escupido todo encima. Obviamente no le ofreció disculpas, ya que lo había hecho a propósito, al contario, le ordenó seguir alimentándolo.
-No me trates como a un perro –masculló Xanxus.
-Descuida, no llegas ni a eso –sonrió socarrona tratando de imitarlo.
-Cállate y dame de beber.
-Grandísimo hijo de …
-Rápido.
-No imaginas cuanto te odio Xanxus.
