Al fin terminé el capítulo. Les cuento que estuve enferma tres semanas de una horrible gripa. Cuando me alivie opte por dedicarle tiempo al fandom de One Piece, pero en cuanto pude regresé a KHR!
Les mando muchos saludos y espero estén pasándola bien : )
Disclaimer: KH Reborn! No me pertenece, todo es obra de Akira Amano.
Malas decisiones
Don't fucking kisses
Nadie quería señalar lo obvio, porque era más que humillante aceptar el hecho de que, efectivamente, les habían jugado el dedo en la boca. Tal vez el más molesto con la situación era Squalo, ya que al final de cuentas él había dado la orden.
Inclusive Xanxus estaba presente en la reunión, pese a estar dormitando en su glamuroso sillón prestaba atención a lo que ocurría. No fue hasta que Squalo pateó con rabia la mesa haciéndola volar por los aires que decidió abrir un ojo.
La risilla burlona de Bel llenó el silenció en la sala, él también estaba enojado por la situación, pero disfrutaba tremendamente observar a su comandante desquiciado por el fallo.
Fran suspiró, harto de tener que estar presente sin que nadie dijera nada. Y fue Lussuria quien se animó a tomar la palabra en nombre de los oficiales.
-Te han engañado –señaló en singular. Squalo hizo un gesto de pocos amigos, y a pesar de haberlo dicho de esa manera tan acusadora sabía que era también una reprimenda para todos los demás.
-Voto por cambiar de comandante –alzó la mano Bel como primera propuesta.
-¡Vroi! –Gritó el peliblanco blandiendo su espada justo para cortarle el brazo a su compañero, lastimosamente había fallado- ¡Esto es serio Bel!
-¿Quién te dio la información? –Con sensatez Viper llevó el tema a lo que le competía, desenmarañar la mala jugada que le habían hecho la noche anterior cuando atacaron las instalaciones de Varia.
-Una fuente confiable –se cruzó de brazos.
-Eso está en tela de juicio -dijo Levi.
-Esperaron a separarnos para tener a Varia débil –agregó Misuki-, por ello te informaron falsamente sobre Caturelli para mandarnos allá. Después siguieron dándote información falsa para que tú, junto con Levi, dejaran las instalaciones de igual manera.
-¿Hasta dónde está metido Shiavone? –Viper soltó la pregunta al aire para todos.
-¿Qué hacemos con el informante de Squalo- taichou? –preguntó Fran desde el mueble donde estaba sentado.
-Elimínalo –sentenció sin miramientos el líder.
-No tienes por qué decirlo –dijo Squalo, en su semblante podía vislumbrarse las ganas que tenía de sacarle las entrañas al mentiroso que se había burlado de él.
-¿Terminamos? –Las reuniones no eran lo de Levi, de hecho de ninguno, así que mientras más rápido acabaran mejor para todos.
-Sí, eso es todo.
La calma habitual regresó a la mansión –O sea, el típico alboroto diario.
Con la guardia arriba Misuki entró al comedor, justo a la hora donde "el señor de la casa" recibía sus sagrados alimentos. Curiosamente el ogro de su jefe no estaba ahí.
Se deslizó hasta la cocina, para asegurarse de todo.
-Misuki-san –saludó una de las empleadas al verla entrar.
-Hola. ¿Xanxus no ha venido? –Preguntó a la chica. Era muy raro que ella preguntara por él, así que le causó gracia-. ¿No?
-Disculpa. Xanxus-sama no ha venido por aquí en todo el día, tampoco ha solicitado algo.
-Ya veo –dijo dubitativa-. Pues que bien –dijo al fin, muy contenta-. Dame algo para comer, muero de hambre.
-Claro –sonrió-. Misuki-san, se ve muy linda así.
-¿De verdad?
-Ambas formas me agradan.
-Gracias Ina. En realidad el trabajo es de Lussuria, así que es su mérito.
-Ha quedado bien.
…
El automóvil deportivo rojo se detuvo al frente la gran Mansión, al instante los sirvientes atendieron al recién llegado y lo llevaron delante de su jefe.
Detrás del escritorio finamente tallado, aquel hombre de cabellos castaños, se balanceaba sobre una silla, incluso cuando su invitado arribó no dejó la acción. Amablemente le sonrió como gesto de bienvenida e invitó a tomar asiento.
Sus ojos verdes examinaron a la persona que tenía al frente suyo. Existía desconfianza pese al hecho de ser socios. Cuando por fin estuvo satisfecho dejó la silla del lado, tomando lujar junto a la ventana del cuarto.
-¿Y bien? Qué tal va ese asunto.
-Hago lo que puedo, pero es un hueso duro de roer –respondió con fastidio.
-No lo dudo. Ya han terminado con muchos de los nuestros.
-¿Les tienes miedo? Dave –sonrió con diversión, después de todo, era él quien había dado el primer paso en esa guerra.
-Para nada. Me divierte que Vongola sea fuerte. No por nada son la familia más poderosa de la Mafía.
-No me complace jugar de esta manera. Deberías de terminar personalmente con Nono y Varia en lugar de andarte con rodeos.
-Quiero acabar con Nono, no puedo negarlo –sonrió socarrón-, también quiero a Sawada. Sin embargo, este Xanxus y su equipo…
-¿Te encariñaste con él? –Se mofó, soltando una ligera carcajada.
-Soy un hombre sentimental, supongo, tal vez.
-Alzaremos a la familia Shiavone a lo más alto, con o sin él.
-No lo necesito, lo sé. Pero me encantaría que Vongola callera por su propia mano.
-Bueno, entonces hay que esforzarnos más por traerlo de nuestro lado.
-Cuando lo tenga acorralado, cuando esté entre la espada y la pared a mi total merced; Xanxus será un perro fiel. Ya lo veraz.
…
Un nuevo día asomaba la mansión Varia. Misuki paseaba entre los corredores con un libro extraño que alguien le había dado, aún intentaba aprender italiano.
-Misuki-san –La llamó Ina, la chica de la cocina-. Buen día.
-Buen día –saludó sin despegar un ojo de su libro.
-Solo quería avisarle que puede ir a desayunar cuando usted guste. Incluso preparé su platillo favorito –comentó alegre.
-¿En verdad? –Alzó la vista entusiasmada, pero rápido entro en su mente un pequeño detalle.
-Xanxus-sama se encuentra indispuesto por el momento, así que el comedor está disponible – No era difícil de adivinar el gesto de Misuki, así que contestó la pregunta mental que de seguro se había hecho.
-¿Indispuesto? ¿Pasó algo?
-Lussuria-San dijo que al parecer Xanxus-sama está enfermo.
-Ya veo –Y ese era el motivo por el cual el día anterior, después de la junta, no volvieron a saber de él.
-No es nada grave al parecer.
-Tenía la esperanza de que fuera una enfermedad mortal – mintió con una vaga sonrisa.
-Bueno, solo quería informarle eso. Estaré esperándola –se despidió.
-Gracias Ina.
Rondó por unos momentos sin rumbo fijo por toda la casa, para fortuna o no, ninguno de los oficiales de Varia se había topado con ella. Debía admitir que le daba gusto no tener que soportar las quejas de su amargoso jefe, pero algo muy en el fondo, le hacía sentir inquieta.
Después de todo, él la había salvado un par de noches con o sin intención.
Abrió la puerta con lentitud, cavilando en el hecho de que estaba entrando en territorio enemigo. Volteó a los lados para saber si no estaba esperándola para degollarla o algo por el estilo. Nada. Decidió entrar pese a toda advertencia previa.
Sobre el lecho de su cama descansaba arropada con una fina manta de color blanco. Tenía ese mismo aspecto que en reiteradas ocasiones le había observado; una de un niño pequeño el cual no sería capaz de romper ni un solo plato.
Pero solo era eso, apariencia.
En cuanto intentó ponerle una mano encima para cerciorarse de su temperatura corporal, fue tomada con rudeza, siendo incapaz siquiera de alcanzar a rosar su frente. Pero no importaba, su mano le indicaba todo lo que quería saber.
La mirada totalmente asesina de Xanxus la miró con desaprobación y recriminando el hecho de estar presente en su dormitorio sin su consentimiento. Misuki frunció el entrecejo, implorando paciencia por una sola vez.
-No luces bien –dijo Misuki al observar su semblante cansado.
-Largo, basura –ni estando convaleciente Xanxus dejaba de ser él, tan despectivo como de costumbre.
-Tienes fiebre ¿tomaste algo para bajar la temperatura? –Decidió, por la paz común, ignorar las palabras soeces del hombre.
-No necesito cuidados –soltó la muñeca de la peliazul. Todo lo que necesitaba en esos momentos era dormir, no más. Increíblemente tampoco tenía apetito alguno.
-Dejaré en claro esto para que no te confundas. Solo estoy aquí porque absolutamente nadie quiere cuidarte y soportar tu mal genio, más aun estando enfermo –dijo molesta, para después desviar la vista de él-. Y porque la otra noche me salvaste. Te debo una.
-Cállate –Dijo sin reparo después de tanta sinceridad… y palabrería. Dios, tenía una jaqueca terrible y no quería escuchar absolutamente a nadie sobre nada.
Misuki contó hasta mil millones para no gritarle, era un total malagradecido. Suspiró cansada. Tenía una deuda y debía pagarla, y eso significaba soportar sus groserías.
-Te resfriaste –volvió a tomar palabra Misuki-, por haber caído al lago y andar sin ropa con tremendo frio.
Escuchó el gruñido proveniente de Xanxus, no iba aceptar de buenas a primeras, aunque fuera una total ridiculez, aceptar el hecho de que necesitaba cuando menos cuidados básicos.
Aunque tampoco no era la primera vez que le pasaba algo similar, después de todo era un simple humano como cualquier otro.
Pero, podía sacarle provecho a la situación y la amabilidad de su pequeña subordinada. Quería pensar que no lo necesitaba, que solo iba a ceder por el simple hecho de fastidiarle… como siempre.
-Masajea mi espalda, escoria.
-¿Qué? –Dijo confundida. Solo le había tomado unos segundos cambiar su parecer.
-Rápido –ordenó mientras rodaba en su cama para dejar su cuerpo boca abajo.
-Oye…
-Y en silencio –volvió a quejarse por el ruido.
Pesadamente pasó saliva, sintiendo como casi se atoraba al pasar por su garganta. Maldita la hora en la que decidió ser buena gente con él.
Dispuso sus manos al frente, apoyando una de sus rodillas sobre la blanca cama de su malgenioso jefe. El suspiro acérrimo de Xanxus sobre la almohada le trajo malos recuerdos a su mente. Se quedó ahí, paralizada por unos momentos.
-Deberías cambiar tu ropa, estas muy sudado por la fiebre. Tal vez un baño te caería bien –bajó de la cama. Xanxus notó el tono meditabundo de su voz.
-Tráelas.
Miró el lugar, sus ropas deberían de estar en el armario cerca al costado de ellos. Sus ojos repararon en la pulcritud de la habitación, porque para ser él, admitía todo estaba muy en orden. Tal vez eso era debido a la mucama, pero de seguro a Xanxus no le gustaba tanto que gente ajena anduviera por ahí metiendo sus narices en lo suyo.
Llevó una playera un tanto informal, de hecho, mucho más de lo que pudo imaginar que Xanxus llegaría a tener. Y eso era lo único que le daría, porque no iba a revisar los cajones en busca de calzoncillos.
-Toma –Le extendió la ropa para que la tomara. Obviamente no recibió ningún gracias.
Realmente no había notado que llevaba puesto el uniforme pese a estar en cama, eso solo denotaba cuan devoto podía llegar a ser Xanxus sin decirlo realmente. Era un hombre ejemplar ante el deber si le quitabas su pésimo carácter.
Ver a Xanxus mientras despojaba sus ropas con lentitud era algo… extraño. Porque por un lado sentía esa clase de nervios de virgen siendo su primera vez, cosa que ella ya había pasado muchísimo tiempo atrás; por otro lado, esos nervios angustiantes que los fantasmas de su pasado acarreaban.
No iba a negar la atracción física evidente, ya que desde el primer día había notado cuan desequilibrada podía llegar a tenerla. Y si no fuera porque en esos instantes, mientras tortuosamente se desvestía, tenía su vista fija en ella, habría pensado en que él no se había percatado de ello.
De alguna manera sentía como si la estuviera poniendo a prueba, seduciéndola.
La playera que le había dado se quedó ahí sobre la cama junto a la otra que recién había despojado.
Tras volverse a recostar, dejó a la vista su reluciente y bien marcada espalda, indicando sin palabras a Misuki que apresurara el deber que ella misma se había impuesto.
-No abuses –renegó la peliazul ante el descaro del moreno.
Era bueno en ello, debido a que de mala manera había tenido que aprender a pulir ese tipo de habilidades en el pasado. Xanxus no parecía muy diferente de la clase de personas con las cuales trataba antes de pertenecer a Vongola. Aunque si tenía que elegir entre ellos y su jefe, sin temor a dudas escogería a Xanxus: por que al menos todos sus insultos y majaderías no le dolían como las palabras crudas de aquella gente.
De parte del moreno, no podía negar el hecho de que estaba disfrutando lo que hacía; algo bueno debía tener la chiquilla. Aun siendo una guerrera sus manos eran suaves, perfectas para deslizarse entre su tosca anatomía y relajar sus músculos.
En su momento no iba a decir que era desagradable, además, el cuerpo de Xanxus debía ser la envidia de muchos. Y no es que alguna vez hubiera estado en la misma situación con Hibari, pero era buena calculando distancias y proporciones, y apostaba una mano a que el cuerpo de Xanxus estaba muchísimo más ejercitado que la de su maestro. Cosa que era difícil de creer porque solo lo había visto dormir en todo momento.
-Ya es suficiente ¿no crees? –Ya había pasado tiempo más que suficiente, pero el ingrato no quería darle tregua.
-No –dijo sin más ni más.
-Acepté cuidarte, no ser tu esclava –se puso de pie, disgustada.
-Da lo mismo, basura.
De nuevo ese juego de miradas, aquellas que no deseaban sucumbir en presencia de la otra; sin embargo, los ojos carmesí de Xanxus eran muy intimidantes casi violentos. Ese tipo de intimidación que no solo se concentraba su mirar, sino en todo él mismo.
-Voy a traer algo de comer –Cayó Misuki, perdiendo la batalla.
-Carne –dijo el moreno, como su primera opción-, y vino.
-No es comida para un enfermo –alzó la ceja. Realmente llevaba una dieta a base de carne y alcohol.
Y al cabo de algunos cuantos muchos minutos –los más que pudo-, Misuki regresó con lo que era la comida para su jefe sobre una gran charola.
Balaceándose para que nada cayera sobre el piso, dejó todo sobre la mesita que estaba al lado de la cama. Xanxus, ya con una muda completamente nueva de ropa, miró con desagrado lo que habían osado en traerle.
-No lo quiero – renegó en primera instancia. Un platón con un revoltijo raro no era lo que había pedido.
-Oye. No queras que digan que el Jefe de Varia no puede pelear por que tiene artritis ¿cierto? –Alegó refiriéndose a su consumo de carne-. O peor aún, una cirrosis hepática.
Xanxus frunció más el ceño al volver a verla, definitivamente no le gustaba para nada ese cambio.
Miró el plato, por su aspecto no parecía algo que sus sirvientes hubieran hecho, tampoco olía como la típica comida del lugar.
-¿Qué es?
-Oyaku…
Un platillo japonés, entonces, eso dejaba en claro que ella misma había preparado esos alimentos.
-No es cien por ciento original, faltan ingredientes para darle sabor…
-¿Y crees que voy a comer arroz? –Chistó, como si fuera la más grande de las ofensas.
-¡Le puse trozos de carne! – histeria, esa era la palabra para describir sus emociones.
-Prepara otra cosa.
-No me obligues a meterlo en tu boca.
-Inténtalo y veras que meteré yo en la tuya…
Eso había sonado muy literal para ella.
-Incluso de prepare té –suavizó su voz-. Me dijeron que también te gusta.
-No puedes ser complaciente a medias –arrastró la charola hasta él, después de todo llevaba casi día y medio sin comer nada.
-Preparamos oyaku en Japón cuando las personas están enfermas. Tomar algo caliente ayudará a tu garganta.
-Basura –le llamó.
-¿Qué?
-Cállate.
Era aburrido, tenía que admitir, estar ahí sin hacer absolutamente nada. Porque ninguno de los dos iba dar pie a una sana convivencia.
El tiempo trascurría tan lento, era como estar atrapada en una máquina del tiempo o algo por el estilo. Gracias al cielo había llevado consigo el libro que había estado leyendo el día anterior, y solo de vez en cuando echaba un vistazo al moreno, quien dormía sobre la cama.
Al menos eso creía ella. En realidad el cuerpo cortado era tan fastidioso que no podía conciliar el sueño.
Había escuchado apenas audiblemente los murmullos, vagas pronunciaciones mal hechas, además de entrecortadas; sin embargo, no tardó en percatarse de que obra se trababa.
La última frase que salió de su boca atrajo su atención, así que lo dijo; tal cual debería.
-Se si volesse, mi piacerebbe vedere di nuovo.
Misuki dejó al lado el libro. Su acento era perfecto, después de todo él era italiano, aunque más que eso, pese a no saber o que dijo, le produjo cierta calidez.
-Tu pronunciación es un asco –Aclaró el varia.
-No quería despertarte.
-Si…
Fastidiado estaba de tener que estar todo el día relegado en su cama, y podría gustarle holgazanear por ahí, pero no se de esa manera.
Xanxus corrió un poco la cortina bermellón del gran ventanal, divisando que no faltaba mucho para la puesta del sol.
-Seda… -dijo en un hilo vago.
-¿Seda? –Preguntó confusa la chica.
-¿Al menos sabes lo que lees? –Cruzó los brazos. Realmente estaba dando pie a una conversación.
-Pues…
-Capitulo diecisiete ¿cierto?
-Dieciséis, pero estuviste cerca. ¿Lo has leído?
-Sí.
-¿Qué tan malo sería pedirte un resumen?
-Habla sobre un hombre Frances, trabaja suministrando huevos de gusanos de seda a su pueblo –dejó su puesto en el ventanal, para caminar a donde su compañera prestaba atención a la historia-. El mismo negocio lo obligo a viajar a Japón.
-Ya veo, supongo por eso me dieron justamente este libro –miró la tapa del mismo, después a Xanxus, quien ya estaba a su lado.
-Ahí se enamoró de una mujer japonesa.
-Después de todo es una novela romántica, quien lo diría –sonrió con nervios-. ¿Y te gustó?
-No –dijo secamente, antes de arrebatarle el libro de las manos.
-¿Qué piensas hacer con él?
-Destruirlo. Me irrita escuchar tu pésima pronunciación.
-No es mi culpa no saber italiano. Devuélvelo.
Y de nuevo el minúsculo momento de paz se había arruinado por completo. Era muy molesta, pero la prefería así… y tenía sus buenas razones para ello.
¿Por qué maldita sea debía ser tan alto? Porque para alcanzar el libro que él mantenía por encima de su cabeza tenía que brincar como un mono. Tanta ridiculez por parte del moreno.
-Leeré en silencio. Dámelo –Parada sobre la punta de sus pies trataba en vano de tomar lo que era suyo.
-Bien –respondió, dejando caer el libro desde lo alto, dándole justo en la cabeza a Misuki.
-¡Oye! –Gritó molesta. Al menos estaban ya parejos en la cuestión de impactos con material de lectura. Palpó con sus manos la zona, notando que de seguro quedaría un chichón.
Esa mirada de nuevo. No hostil, pero sí de absoluta reprobación. Misuki no entendía porque seguía viéndola de esa manera, nada le costaba echarla si tanto le molestaba su presencia.
Xanxus bajó su brazo, tan solo para tirar del cabello de Misuki. No fue brusco, pero si podía ser más delicado.
-¿Es en serio? –Bramó ante su brutalidad. Todavía que lo estaba cuidando.
-¿Por qué? –Demandó saber-. No me agrada –añadió mientras pasaba sus dedos por única vez en el cabello de ella. Después volvió a sentarse sobre la cama.
-¿Hablas del corte? –Preguntó perpleja, o sea, ¿había estado todo el tiempo así porque había regresado a su antiguo corte de cabello?- Bueno, es porque después de la pelea Lussuria insistió en usar a Peachan para sanar mis heridas y terminé siendo la versión femenina de Squalo… así que le pedí que lo cortara.
-Mmmh –fue el único murmullo de su jefe.
La situación era un poco extraña, por no decir que Xanxus era el extraño ahí. En pocas palabras le estaba diciendo que la prefería con el cabello largo, una opinión muy distinta a la del resto de los miembros.
Lo más espantoso de todo era que estaba contemplando la opción de darle gusto.
-No has querido tomar nada para la fiebre, debes sentirte mal por eso –desviar el tema era la mejor opción por el momento.
Sus manos estaban muy frías por detener el libro todo el tiempo. Xanxus no renegó porque había puesto sus gélidos dedos sobre su frente, contrario a eso, lo helado se tornaba agradable.
Y lo siguiente que pensó fue "malditos japoneses y sus costumbres extrañas".
La frente de Musuki chocó delicadamente con la suya. Era difícil de explicar, pero su olor a colonia con toques de alcohol le resultaba exquisito, además podría ser por el hecho de estar enfermo que su aroma se intensificaba aún más. Tenía la temperatura elevada… y él también.
¿Cómo de atrevida podía resultar? Invadiendo su espacio personal de esa manera. No importaba en lo más mínimo, porque detrás de la gran muralla que ambos marcaban existía otro mundo totalmente diferente.
Xanxus respiró su aliento ígneo, vaporizando la sensatez y el conocimiento que tenía sobre ella. Todo había comenzado como una prueba, pero dudaba ya en la fidelidad de sus acciones.
Sin embargo, pese a sus diferencias, ambos estaban regidos por un mismo lema: Don't fucking kisses. Uno que iban a dejar de lado por segundos.
¿Cómo estaba olvidando quien era y de lo que era capaz? Sentado sobre la cama, con ella a su total disipación, pensó instantáneamente en que eso era lo que estaba buscando: rendición. Demostrar que en efecto las personas no dejan de ser quienes son.
Ya estaba, había ganado en su prueba, no necesitaba besarla para darse cuenta. Pero era tan real que le costaba imaginar lo contrario. Además, contra toda predicción suya, quería verdaderamente sentir esos labios.
Mas perdido en sus divagaciones, que no dudaron más de dos segundos antes de hacer lo que ambos querían y necesitaban, caído del cielo como ángel guardián –de él obviamente-, Squalo hizo acto de presencia en la habitación, encontrándolos en un cuadro muy íntimo.
-¿Interrumpo? –Cuestionó con mano en cintura.
-T-tienes un poco de fiebre, iré por una toalla – en automático dijo con profundo nervio la peliazul, para inmediatamente correr al cuarto de baño. Que mal ser descubierta en tal momento.
Squalo caminó hasta su jefe, no era necesario decirlo con palabras, llevaban demasiado tiempo juntos como para no saber que la mirada de Squalo no era otra más que de regaño.
Y no es que Xanxus fuera un malnacido de primera; bueno, sí. Pero de vez en cuando sabía admitir cuando había de retractarse de algo.
"¿Qué estás haciendo? Deja de jugar. Sabes perfectamente la clase de mujer que es." Eso es lo que la mirada de Squalo decía.
"Lo sé, y es mi puto problema. No te metas." Eso respondió la de Xanxus.
Misuki miraba el agua correr saliente del grifo, empapando la pequeña toalla que mantenía en sus manos. ¿En verdad había estado a punto de besar al malnacido de su jefe?
-Esto está mal, muy mal –comenzaba a cuestionarse, hablando sola en medio del baño-. Creo que debí enfermarme yo también. No es posible que yo haya querido hacer tal cosa…
Y después de varios debates internos sobre lo que recién acontecía optó por salir y darles la cara a los dos hombres que aguardaban afuera.
Para su sorpresa el capitán estratega Squalo ya no se encontraba ahí. Xanxus estaba de nueva cuenta recostado sobre su cama, con un gestó que no era otro más que disgusto puro.
Temió por su vida, por haber osado ser tan atrevida e ir tan fuera de sus principios.
Esperaba algún quejido, pero no fue así. Dejó la pequeña toalla sobre su frente y tomó asiento en la silla donde había estado leyendo.
El ambiente era tenso, por no decir desesperante.
-Yo no creía que un trapo mojado ayudara tanto –se animó a decir, para romper el sepulcral silencio-. Pero una vez también enferme y Hibari cuido de mi…
Como detestaba ese nombre, tanto cómo al mismo Sawada, ya varias veces había tenido la osadía de arruinarle los planes. No escuchó lo demás, tan solo concentraba su mente en no explotar, porque de hacerlo tendría a quien sabe cuanta gente en su habitación haciendo las reparaciones de su desastre, y no tenía humor –hoy, ni nunca- de soportarlos.
-Puedes irte, no te necesito más, basura.
Dijo. Esas palabras fueron más extrañas de lo que supuso.
Iba a objetar la decisión de Xanxus, pero no tenía caso. Tal vez las cosas si se habían tornado extrañas.
Salió en silencio, tratando de no perturbar el genio de quien postrado sobre su cama descansaba.
Y durante toda la noche en su mente figuraba el inquietante cuestionamiento sobre lo que había sucedido. Ya que no había ni una sola vez dejado de manifestar su desagrado por esa persona, y de pronto, de un instante a otro estaba haciendo totalmente lo contrario.
No es que la acción en si fuera la que consternaba su ser, de hecho podía hacer muchísimas cosas de todo tipo sin sentir afecto; el problema radicaba que en esos instantes no pensaba en el hecho de hacerlo por obligación.
Nadie le había impuesto realizar semejante acto, y aunque así hubiera sido, las emociones que experimentaba en su momento tampoco concordaban con su actitud.
No podía ser afecto.
-¡Esto apesta! –Gritó muy fastidiada cuando tiraba su Kusarigama contra el tronco de un árbol.
Todo menos eso.
Rodeó la mansión, encontrándose con alguien que tal vez podría darle respuestas.
-Lussuria –le llamó lo más quedo que pudo, haciendo un ademan con su mano para que se acercara.
-Misuki-chan –saludó- Buongiorno.
-Oh, ¿podemos hablar en un idioma que pueda entender?
-¿Qué pasa? Supe que estabas cuidando de nuestro jefe.
-B-bueno… de eso quiero hablar.
En resumidas cuentas le contó lo sucedido, abochornada por estarle relatando a alguien la embarazosa situación.
Al terminar todo Lussuria se cruzó de brazos, llevándose un dedo a la comisura de sus labios. Parecía estar a punto de brindarle la mayor profecía del mundo.
-Mmh~… Xanxus no es mi tipo.
-¡¿Acabo de confesar mi tragedia ante ti y es todo lo que me dices?! –Le gritó Histéricamente.
-¿Qué puedo decir? –Coreó, no entendiendo la complejidad del problema que acosaba a su compañera.
-Esperaba un tipo de consejo, que se yo… no que me dijeras que no es tu tipo –confesó con desilusión. De pronto, la iluminación divina pareció vislumbrar su cabeza- ¡Eso es!
-¿Eso es?
-Sí, ¿cómo es que no me di cuenta antes? –Se dijo a sí misma en voz alta-. Pero que tonta, y yo que me preocupe tanto.
-Misu-chan… no entiendo.
-Es muy simple si lo ves de esta manera –levantó el dedo índice como toda una triunfadora.
-¿Lo es?
-Claro. Es raro que yo lo diga, pero, Xanxus no es un tipo de mal ver… físicamente hablando me refiero, aunque no sea tu tipo.
-Podría ser –reflexionó el oficial del sol.
-Atracción física. No es nada más que eso. Perfectamente normal y entendible. No es que me guste o algo así… solamente me dejé llevar por el momento porque me sentí atraída por…
-Por qué es un sujeto bien parecido –completó Luss, entendiendo a lo que se refería Misuki.
-¿No es lógico?
-¿A tus veintitrés años? – Normal y entendible para una niña de secundaria, no para un adulto.
-Cállate –lo señaló con el dedo-. Es mi explicación y no vas a conseguir que torture mi mente de nuevo.
-Si eso te complace entonces es tu problema. Está bien.
-Y yo que me sentía tan mal… -siguió diciendo mientras se marchaba sin rumbo fijo.
Traduciendo la frase que dijo Xanxus: "Si quisieras, me gustaría verte volver".
Saludos.
