¡Hola!

Quería subir el capítulo antes, pero no había podido terminarlo. Les agradezco profundamente su espera y me hace muy feliz todos sus bonitos comentarios.

Hoy no hay mucho que decir. Disfruten el capítulo.

Beso enormeeeeeeeee :*

Disclaimer: KH Reborn! No me pertenece, todo es propiedad de Amano-san


Malas decisiones

Llamada de advertencia

Campos y más campos verdes era lo único que parecía haber tras aquellas montañas. Llevaban una hora de viaje fuera de la ciudad siguiendo el camino que corría a la par del hermoso rio, no muy distante de la carretera.

Adelantándose a cualquier percance decidieron ir en autos diferentes, bien podría haber mandado una Limosina para todos, pero un automóvil discreto era la mejor opción. Así era Timoteo, alguien sencillo.

Pero los lujos que alguien puede darse perteneciendo al mundo de la mafia vienen por montones, prueba de ello estaba la inmensa mansión perteneciente al Noveno Vongola.

Los tejados azul añil realzaban la belleza del inmenso edificio que lucía inmaculado con el paisaje puramente natural a su alrededor. Todo era tan hermoso, cuando menos eso hacía que valiera la pena todo el viaje.

Solo era un fin de semana fuera de las instalaciones de Varia, el mismo Timoteo había solicitado la presencia de su hijo en compañía de los miembros del escuadrón. Sin embargo, dados los acontecimientos recientes, Lussuria, Fran y Viper se habían quedado en la base.

En cuanto Xanxus puso un pie fuera del automóvil todas las personas que custodiaban la casa guardaron silencio. Ya habían pasado dieciocho años desde aquel atentado y aún había quienes guardaban rencor contra los cabecillas del grupo.

El minúsculo recorrido desde la entrada de la casa hasta el vestíbulo fue como pasar por un bombardeo. Pese a ello nada inmutaba al escuadrón de asesinos. Si el tema había quedado zanjado entre Timoteo y Xanxus ya nada podía afectarle, mucho menos al resto.

-Bienvenidos –saludó de manera cortés el que alguna vez fue jefe de Vongola.

Misuki no había tenido oportunidad de estar en su presencia muchas ocasiones, de hecho contadas dos veces había tan solo ofrecido un saludo cuando esté llegaba a visitar a Sawada en Japón.

La edad de Vongola Nono era avanzada, ya no podía dar pavoneándose por todo el mundo como alguna vez lo hizo en sus tiempos de gloria. Todos estaban conscientes de aquel detalle; probablemente no distaba mucho para que el viejo se fuera.

-¿Cómo ha estado su viaje? Espero no haya sido incómodo.

-¿Qué necesitas? –Espetó Xanxus sin miramiento alguno, cruzando los brazos ante el viejo, no fuera a ser que le pidiera un abrazo o algo por el estilo.

-Eso es grosero –dijo Misuki quien estaba detrás de Levi y Squalo.

-Silencio, basura –respondió irritado, con una mierda, ¿a ella que le importaba la relación con su padre? Sacó una de sus X guns. Señal de una amenaza.

-Basta –Timoteo bajó el arma de su hijo, pasando de largo a este para observar a la chica que los acompañaba-. Misuki-san ¿cierto? –le sonrió amablemente.

-Así es. Muchísimo gusto Noveno –ofreció una reverencia.

-¿Dónde están los otros? –Preguntó refiriéndose al resto del equipo.

-Lussuria y demás se han quedado a cuidar de las instalaciones –contestó Squalo.

-¡Oh! Bien. Entonces pasemos al comedor. Han preparado un festín para nosotros.

Los ricos nunca reparaban en gastos en absolutamente nada. Aquella mesa tenía sobre de ella una cantidad probablemente exagerada de comida, misma que pintaba ser absolutamente exquisita; más conociendo las exigencias culinarias del Jefe de Varia.

Sería la primera vez que Misuki compartía la mesa con ellos, y por increíble que pareciera Xanxus no protestaba al respecto. Cuan rudo podía llegar a ser el moreno, pero en algún lugar del duro y frio corazón que poseía también guardaba un pedacito, aunque microscópico, de suavidad.

Todos parecían tener algo que decir ante nono, exceptuando a Xanxus, quien se limitaba a comer cada cosa que pedía. De vez en cuando miraba de reojo a su padre, posicionado en la silla principal de la gran mesa de roble; el hombre siempre tenía una sonrisa cálida para todos, incluso para él.

-Quien lo diría, que Xanxus se comporta como la gente en presencia del Noveno –susurró Misuki para Bel.

-El jefe tiene más secretos que los que conoce el capitán Squalo.

-Es mal educado cuchichear enfrente de otros –tomó queja el peliblanco. Había escuchado su nombre en boca del rubio y nunca nada bueno salía de ella.

-Perdón –Se disculpó Misuki, no quería quedar mal frente a Timoteo.

-Espero y no estés vilipendiando sobre el Jefe –sobraba decir que ese no había sido otro más que Levi.

-Claro que no, porque de hacerlo se lo diría en su cara al muy infeliz –respondió soez, mera costumbre que otra cosa.

Squalo bajó la vista, fastidiado por tener que soportar esa guerrilla entre ambos, peor si le sumaba a Levi. La risilla de Bel llenó la habitación que había quedado brevemente en silencio, pues Misuki había olvidado en presencia de quien estaba.

La ira de los ojos carmesí de su jefe le caló hasta la medula. Siempre había un detonante entre ambos.

-Así de bien se llevan –comentó alegremente Timoteo para romper la tensión del momento-. Me alegra saber que ya te sientes cómoda en Varia.

Todos regresaron a su plato.

-Idiota –musitó Belphegore.

-He logrado adaptarme, sería lo correcto.

-¿El asunto de Shiavone va bien? –Preguntó curioso. Aguardó respuesta, nadie dijo nada-. Ya veo.

-Seguimos en eso –respondió Squalo. No iba a dejarse ver molesto por lo del engaño.

-No hay que tomarlo a la ligera –agregó Nono con severidad. Xanxus se puso de pie, sin decir nada abandonó la sala.

-Después de todo la "Calidad de Varia" es la que está en juego.

Más tarde Misuki se dedicó a recorrer la villa junto algunos subordinados de Timoteo, Squalo discutía con otros hombres sobre la seguridad y ampliaciones en el territorio de Vongola en Italia. No supieron de Xanxus hasta casi caída la noche.

Bajaba por las escaleras, imperturbable ante cualquier mirada. La casa le traía muchos recuerdos, buenos y malos. No solía visitar a Timoteo a menos de que este lo requiriese, no le gustaba tener que encontrarse con la oleada de complicados sentimientos que le provocaba.

Era ameno, no iba negar el hecho, hablar con su padre. Después de tantos años de riñas sin sentido, caprichos, palabras y batallas había entendido todo lo que el anciano había hecho y hacía por él.

Aunque no lo gritara a voces, aunque no tuviera el valor de poder decirlo en su cara: efectivamente, miraba como un verdadero padre a Timoteo.

De un momento a otro atendió la vista al salón, donde el resto de su equipo estaba esperándolo, pues era el último en estar listo. Reparó en detalle a la peliazul, quien vestida de civil parecía un manso cordero… uno que obviamente no era.

Tenía un porte intachable, mismo que le hacía resaltar sus masculinas facciones, y por si fuera poco, aunado a su galantería natural, el prolijo traje completamente en color negro que vestía -porque al menos si le iba a reconocer tenía buen gusto para la ropa- le hacía parecer caído del cielo.

Misuki carraspeó para ella misma en un intento por desviar su boba mirada del moreno. Por kami-sama que juraba no iba a encontrar a nadie más galante para ella que el mismo Hibari, eso hasta antes de conocer a Xanxus.

Qué demonios, si tan solo iban a cenar, no a presentarse ante toda la mafia mundial.

-Vamos Bel –le tomó de la mano del rubio para dirigirse a donde Nono los esperaba. Ese hombre no le traía nada bueno.

-¡He mocosa! –Gritó Squalo, siguiéndolos.

Después de la cena Timoteo y Xanxus salieron primero para hablar en privado. Minutos más tarde, un subalterno de Nono le pidió a Misuki presentarse ante él.

Estaba a punto de tocar la puerta cuando de pronto está se abrió bruscamente. Xanxus chocó contra ella, llevándosela de paso. Bramó ante ello y se fue inmediatamente, ni le había dado tiempo a Misuki para protestar. Lucía muy enfadado.

Cerró la puerta detrás suyo, sorprendiéndole el hecho curioso que la oficina tuviera el mismo estilo que la de Xanxus; lo más lógico era que este último le había copiado el diseño.

Lo que llamaba más su atención ante todo, incluso que vista a las espaldas de Nono, eran los cuatro cuadros colgados sobre la pared, mismos que eran iluminados por la luz natural del exterior, dándole un aire imponente.

Cada cuadro estaba finamente pintado, recubriendo los bordes con un detallado marco. De izquierda a derecha: Enrico, Massimo, Federico y Xanxus. Sus cuatro hijos.

-Toma asiento por favor –invitó Nono.

-¿Sucede algo malo?

-Para nada. Solo quería hablar con alguien sobre el Décimo Vongola.

-Sawada-dono.

-¿Cómo está la familia? Iemitsu me ha dado buenas noticias.

-Antes del atentado de Shiavone las cosas estaban en calma. Sawada-dono ha sabido ganarse el respeto de los aliados de Vongola, incluso los más difíciles.

-Me da gusto escucharlo. Y dime ¿Qué te hizo quedarte en Varia? –La miró a los ojos.

-Motivos personales, no voy a mentirle. Aunque también es porque quiero atrapar a ese maldito de Dave.

-Ya veo.

-Le debo mucho a la familia del Décimo, así que no puedo permitir esta falta de respeto.

-Pero ya has trabajado durante siete años para la Vongola.

-Aun muerta jamás podría pagarle todo lo que han hecho por mí –dijo meditabunda.

-No recordemos cosas desagradables –palmeó su hombro en un acto de buena fe.

-Xanxus parecía molesto cuando salió…

-Es temperamental, no ha pasado nada de qué alarmarse.

-Temo y vuelva a causar otro atentado. Nunca se sabe con él –bromeó entre risas. Aunque lo dijera sabía que no sería capaz de hacerlo de nuevo.

-Ya no es un niño como en aquel entonces.

-Aunque a veces se comporte como uno.

-Puede ser más maduro de lo que crees.

-Me gustaría conocer ese lado suyo.

-No son tan diferentes como piensas –aseveró.

-¿Así que sabe la historia? –hizo una mueca. No le agradaba el hecho de que su vida anduviera en boca de todos-. Supongo Sawada-dono debió contarle.

-Fue muy difícil para ti.

-Al menos Xanxus lo tuvo a usted –se paró de su asiento-. No todos fuimos tan afortunados.

-Y mira como me ha pagado –soltó una carcajada, como si haberlo intentado matar hubiera sido una broma en día de los inocentes. Misuki estaba perpleja, ¿tanto amor desbordaba ese hombre por Xanxus?

-Es iracundo por naturaleza –no le quedó más que sonreír amenamente, Nono era muy agradable.

-¿Sabes por qué se ha molestado? –la señaló con su bastón.

-¿Ha pasado una mosca cerca de él?

-Casi –volvió apuntar. Sus pasos lo guiaron hasta los cuatro cuadros, los miró fijamente uno por uno-. Pronto llegará mi hora.

-No diga eso Noveno.

-Como sabes, tres de mis hijos han muerto. Y Xanxus, bueno… él es él. Aunque mi hijo también.

-Sí.

-Le he dicho que me gustaría, antes de morir, verlo en familia –se volvió a ella para mirarla.

-Oh –no supo más que decir, sentía algo extraño sobre la mirada del viejo.

-Es el único hijo que me queda, no se sangre, pero mi hijo al fin.

-No creo que él…

-Y quiero ver, si el tiempo me lo permite, a mis nietos corriendo por los campos. Como cuando él era pequeño –comentaba entre su añoranza.

-¿Usted cree que pueda ser un buen padre? –En la mente figuró una imagen de su jefe intentando cambiar un pañal, tuvo que taparse la boca para no reír a diestra y siniestra. Mataría a quien fuese por verlo.

-Puede ser, si encuentra a una buena mujer.

-Mujeres buenas las hay, el problema es encontrar una que llegue a soportarlo. Mire Noveno que usted más que nadie sabe el genio que se carga.

-La encontrara –dijo muy serio, colocando su mano en la mejilla de Misuki.

-Ya saben lo que dicen: siempre hay un roto para un descocido.

-En efecto.

El plan de la vista era pasar el fin de semana entero en la villa de Vongola Nono, pero, como siempre, Xanxus había cambiado los planes pasándose por el arco del triunfo la opinión de los demás. Así que la mañana del otro día ya estaban alistando de nueva cuenta sus pertenecías para regresar a la base de Varia.

Misuki sospechaba era por la plática que Nono le había comentado cuando habló con ella. O tal vez alguna otra cuestión más íntima que, por supuesto, no tenía ella por que saber. Pero fuese cual fuese la razón, notaba la pena sobre el rostro del viejo.

Fue una despedida rápida, porque no iba a gastar su tiempo en cursilerías que no necesitaba. Todo lo que de momento había por decir estaba dicho. Solo un padre amoroso podía soportar los desplantes de un hijo como él.

Desafortunadamente a Misuki no le parecía adecuada la manera de actuar de Xanxus, así que en el momento que pudo comenzó su faena de sermones al moreno. Desde el camino al aeropuerto Squalo, Bel y Levi soportaron los quejidos de la chica; cuando estuvieron por abordar y dentro del avión la disputa continuó, ahora con el fin de amedrentar fielmente al líder.

Y la discusión seguía aún fuera del avión, Squalo estaba realmente harto de escuchar todos los malditos quejidos de Misuki y los gruñidos se Xanxus. Pero su jefe estaba tan empecinado con la chica que nada podía hacer al respecto, era un espectador más.

Los tres terminaron por hartarse, así que salieron primero del aeropuerto. Xanxus quedo al final, ya que había esperado a que todos bajasen. Para su sorpresa todavía quedaba alguien por el corredor.

-Sabes que el Noveno te aprecia mucho. No eres cualquier cosa para él –estaba en medio del camino, y no iba a darle paso libre hasta que admitiera su error.

-A un lado. No estoy de humor, escoria –dijo profundamente irritado, ya estaba desquiciado por escuchar todo el camino lo mismo.

-Detesto a la gente como tú que no valora su familia. Tú no sabes lo que es no tener a nadie para ti.

Ser violento era algo que se le daba espectacularmente bien, especialmente cuando alguien llegaba totalmente a molestarlo. Podía divertirse mucho con Misuki, si, no lo negaba; pero también era tremendamente exasperante.

A penas podía rozar el suelo con la punta de sus pies, pues el líder de Varia la sostenía contra el muro, tomándola por el cuello. No pensaba hacerle daño, pero en ocasiones su cuerpo se movía solo, por instinto. De haber sido otro tiempo le habría ya disparado con una de sus armas, pero no hoy.

Las cosas sucedieron muy rápido en un giro inesperado de acontecimientos. De la nada, la estructura del edificio se venía abajo. En un abrir y cerrar de ojos estaban sumergidos en una manta de escombros.

Las gotas de sangre cayendo sobre su mejilla le animaron a despabilarse del incidente. Estaba mareada y no segura de lo que había acontecido.

No podía creerlo, que después de todo, fuera él quien la hubiera protegido del derrumbe que los había tomado desprevenidos.

-¿Estas bien? –Trató de tocar su cabeza, donde provenía el sangrado-. Xanxus –le llamó desesperadamente al no obtener respuesta.

-Besta… -murmuró quedamente. Levantándose a la par.

Misuki miró al felino, que de no haber sido también por él hubieran terminado totalmente sepultados. Le sorprendía la rapidez con la cual podía actuar el jefe, había tenido tiempo para liberar a Besta e incluso protegerla… aun cuando estaba peleando con ella.

-¿Estas bien? –Volvió a preguntar.

No era tan difícil responder al menos con un monosílabo, pero el ingrato se negaba a decir palabra.

-Salgamos –le ordenó.

Con ambas X guns hizo un hueco en la pared que había quedado en pie. Sabía que el enemigo estaba detrás de ese muro.

Fuera de la edificación Squalo y Bell tomaban guardia, con altas probabilidades el impacto al edificio había provenido de un primer ataque contra los otros oficiales.

Xanxus caminó entre los escombros, dejando ver su imponente silueta atreves de la cortina polvo que había levantado por ambos embates. Poco a poco las cicatrices por todo su cuerpo iban haciendo gala, denotando la ira que lo poseía.

Quedó a la par de sus oficiales de la tormenta y la lluvia. Levi estaba distante a ellos, más cercano al enemigo.

Una niña que no aparentaba más de diez años, sosteniendo entre sus brazos un oso de felpa en color marrón; el vestido blanco que llevaba puesto le daba un aspecto sereno, al igual que sus dos coletas altas. Parecía asustada.

Junto a ella había un hombre, alto y de tez blanca. Sonreía complaciente al ver salir por fin al líder de Varia. Pasó su mano para acomodar unos cuantos de sus cabellos negros.

-Bienvenidos –dijo aquel hombre con aires de burla.

No podía, nunca, olvidar aquella voz; que a pesar de ser sumamente dulce no concordaba en lo absoluto con su personalidad.

-Taizo Ichinose –pronunció Misuki, tan vagamente que nadie pudo escucharla. Se había detenido antes de llegar a sus compañeros. Si era un mal sueño que alguien la despertara.

Los fríos ojos de color azulado fijaron su vista en ella, instantáneamente su cuerpo estremeció en reflejo. Ichinose ensanchó aún más aquella sonrisa viperina, divertido por la coincidencia.

-Misuki-chan –dijo el en tono familiar. Todos dirigieron la mirada a ella.

-¿Lo conoces? –Objetó Squalo.

-Y-Yo…

-Había escuchado que trabajabas para Vongola. ¿Pero Varía? –Se burló.

-Taizo –Le llamó la atención la pequeña.

-Lo sé, lo sé –relamió sus labios-. Pero me da tanto gusto encontrarte Misuki-chan. Deberíamos recordar viejos tiempos, más ahora que no eres una niña.

-¡Cállate! –Gritó histéricamente. Ahora que por fin tenía paz interna que desesperadamente había buscado, no podía venir con eso.

-¿Ahora haces trabajitos para el jefe de Varia? Debe disfrutar mucho tu calidad.

-¡Neru!

No iba a soportar más las palabras de aquel vil hombre, porque él era uno de aquellos tantos que odiaba tanto. Jamás iba a permitirse que se burlaran de ella, no más.

El pequeño Licaón corrió a toda velocidad cuando fue liberado de su caja, multiplicándose en cuestión de segundos; dispuesto a cazar a su presa sin fallo alguno.

-Me hubiera gustado conocerte así.

¿Cómo es que estando tan distante había llegado hasta ella? Incluso había podido ser más veloz que Neru, y eso era mucho decir. De pronto sus labios fueron presa de su enemigo, obligados a tocarlo a él, quien tanto repudiaba.

Justo en ese momento estaba siendo apuntado por ambas Animal Emperor Guns de Xanxus y las cuchillas de Belphegore; sin embargo su ataque no se produjo.

Los rayos de Levi iluminaron el cielo, él estaba atacando en otra dirección. Y no comprendieron del todo hasta que pudieron ver a Fran al lado de este, con los brazos en la espalda y mirando seriamente en dirección al ataque del oficial del rayo.

No había mejor ilusionista que la rana verde.

-¿Una ilusión? –Preguntó Squalo, inmediatamente volvió a ver a su compañera.

Misuki cayó de rodillas al piso, dejando un hijo de sangre en el suelo.

-Toda ilusión tiene algo verdadero.

Xanxus disparó en su dirección, pero tan solo era una réplica, el verdadero estaba en otro lugar. Y el disparo, más que ayudar a Misuki la había arrojado unos cuantos metros. Nunca miraba a su alrededor.

Esperaba y el ataque de Levi hubiera causado efecto, sin embargo, la mocosa que estaba con él había absorbido todo el ataque. Un gran escudo estaba desplegados sobre ellos, danzando las llamas de la lluvia en el.

-Este fue un saludo de parte de Dave Shiavone. No se preocupen, él pronto vendrá a decir hola personalmente.

Se esfumó. Dejando más abatido a Varia que de costumbre.

Estaba ligeramente oscuro, pero reconocía las figuras del techo, mismas que lograban distinguirse por la luz del atardecer. Palpó su pecho debajo del a blusa, ya no había más nada.

Sentía pesado el caminar, incluso era doloroso tener que ver su reflejo frente al espejo. ¿Por qué después de tanto tiempo tenía que toparse con él?

Fuera de su habitación le avisaron dirigirse directamente al salón de reuniones, imaginaba que estaban esperando explicaciones sobre su relación con Ichinose.

Abrazó su cuerpo con mucho pesar, compadeciéndose ella misma de la pena que la consumía. Dejó el cuerpo caer, chocando su cabeza contra la puerta de madera donde los oficiales la esperaban. Ya no tenía más esa vida y no quería tener que contarla a nadie otra vez.

Miró a cada uno con cautela, aguardando el llamado de atención proveniente de cualquiera de ellos. Los segundos pasaban con tremenda tortura, pero nadie decía nada.

-Yo… -intentó decir, sin embargo, no supo que decir después. mantuvo silencio, sumisa.

-Solo me interesa lo que sabes de él –dijo Squalo de manera seria, no perdiendo su relajada compostura sobre el sillón.

-En realidad no mucho. Estuve con él durante poco tiempo.

-Escúpelo –Ordenó Levi.

-Taizo Ichinose controlaba el área de la isla sur de Japón, tenía mucho poder. Hace cinco años Vongola decidió darle un ultimátum debido a sus actos.

-Así que decidió aliarse con Shiavone –dedujo Mammon.

-No participé en esa contienda, pero sé que no volvieron a saber de él.

-¿Conoces a la niña? –Preguntó Lussuria.

-Jamás la había visto.

-¿Algo más? –Tenía motivos para desconfiar en ella, pero Squalo no iba a dar por sentado nada.

-Ichinose es cruel –respondió cabizbaja-, no le importa nada ni nadie. No hay que bajar la guardia.

-Ya quiero rebanar a ese maldito de Shiavone.

-Impertinente-san~

-¿Qué sucede? Fran.

-Idiota –dijo sin miramientos en pequeño. Bell acompañó el adjetivo con su risa burlesca.

-Fue mi error –sonrió cálidamente para sus compañeros-. Gracias por ayudarme –inclinó el cuerpo en reverencia.

-Bah, no quiero cursilerías – Comentó el peliblanco en lo que se levantaba.

-Incluso Levi me ayudo, muchas gracias.

-Ni creas que fue por ti mocosa engreída –acusó él. No era por el bien de ella, si no el de Varia mismo.

-En cualquiera de los casos, igualmente.

-Si ya no hay nada más que decir quiero irme –dijo Mammon.

Uno a uno fueron saliendo los oficiales de la habitación.

-Que no vuelva a repetirse, Misuki –advirtió el capitán estratega en tono severo.

-Disculpa. No te molestes, no volverá a pasar.

-Yo no soy el enfadado –aclaró antes de salir.

Solo quedaba una persona a parte de ella, la única que no había dicho palabra durante su breve reunión. Sentado al fondo, Xanxus parecía muy entretenido haciendo lo que durante todo el rato mantuvo sus manos ocupadas.

Montaba y desmontaba piezas de aquellas dos armas puestas sobre el escritorio, limpiando cada parte de las mismas con suma dedicación. Él también tenía pasatiempos, uno de ellos eran las armas de fuego.

-Gracias por protegerme… de nuevo –con dificultad Misuki se dirigió a él en palabras.

-No recuerdo haber hecho tal cosa –respondió sin despegar su vista de su labor, parecía muy entretenido.

-Tal vez solo fueron divagaciones mías.

-Claro.

-Pero ahora que recuerdo –frunció el entrecejo-, me disparaste con tu arma.

-Estabas en medio del camino.

-¡Tenía una daga clavada en el pecho!

-Culpa de tu patética actuación –cortó el cartucho, sacándole un respingo a la peliazul.

-Me deje impresionar, es todo –hizo un pechero.

-¿Por el beso? –sonrió sardónico, echándose atrás en su asiento para poder verla.

-N-nunca dije que fue por eso –contesto entre trabas, que rayos, ¿a él que le importaba a quien besaba o no?

¿Qué era todo ese reclamo innecesario? Si no lo conociera tan bien diría que estaba actuando de manera posesiva… pero eso era mucho decir hasta para él.

Xanxus contempló su figura, notando el evidente cambio en ella. Total y definitivamente le gustaba más de esa manera.

-En fin. No esperes que te pague en esta ocasión –lo señaló, soltando el aire que había retenido en sus pulmones producto de la extraña atmosfera-. Me has atacado como si fuera el enemigo.

-Aun no aseguro nada.

-¿Realmente dudas de mí?

-Nunca dije que hubiera confianza de mi parte –se puso de pie, tomando de paso una de las armas que había estado limpiando.

Y por cada paso que daba Xanxus, Misuki retrocedía dos más, solo se detuvo hasta que sintió el picaporte de la puerta encajarse en la cadera.

-Mierda. En primera ¿por qué estoy retrocediendo? –Pensó. Alzó la vista, ya estaba frente a ella.

-Basura –le llamó despectivamente, como siempre.

-¿Vas a dispararme?

-Si no me das el paso.

Oh, estaba estorbando en el camino, y él solo quería salir de la habitación. Misuki se hizo a un lado.

-Sabes –lo llamó la peliazul antes de que saliera. Xanxus la miró por el rabillo del ojo-. Estaba pensando en las palabras de Nono y pienso que al menos no te caería mal tener familia. No digo una esposa, pero al menos si un hijo.

El moreno le dedicó una sonrisa de medio lado, resultaba ser ridículamente imprudente y no parecía haber una pizca de sensatez en ella, ¿se le olvidaba con quien hablaba? Aun así, le pareció un tanto interesante semejante afirmación. Soltó el pomo de la puerta y giró para recargar su espalda sobre la misma.

-Piénsalo bien –siguió Misuki cuando obtuvo su atención-. Siempre has querido ser el jefe de Vongola. Pero no puedes por… ya sabes –alzó los hombros.

-¿A qué viene eso? –frunció el entrecejo.

-Imagina que Sawada-dono tiene un hijo… y tú tienes una hija –caviló muy reveladoramente-, si ellos se casan y tienen hijos… pues alguno de tus nietos podría ser el nuevo heredero de Vongola.

¿Cómo es que se le ocurría una idea tan increíblemente estúpida? Más a aún, ¿por qué demonios había tomado la molestia de escucharla?

Golpeó la puerta con el puño; ni en un millón de años dejaría que su descendencia –de tenerla- tuviera algo que ver con la escoria repugnante de Sawada Tsunayoshi. Aunque no sonara tan descabellada la idea del oficial de la nube.

Por su parte Misuki estaba más que contenta, sus palabras tenían tanta malicia como había podido generar. Sonrió triunfal por haber provocado el enfado de su jefe. Degustaba cada centímetro de aquella expresión molesta.

-¿No te ha gustado mi idea? –Ladeó la cabeza de manera infantil.

-Tu, pedazo de…

Aquel insulto quedó cortado por la intromisión de Squalo. Desde el otro lado le informó a Xanxus que nada más y nada menos que Centanni había llegado. El moreno salió inmediatamente.

-¿Qué quieres? –Preguntó malhumorado el tiburón, Misuki llevaba siguiéndolo desde el cuarto hasta las afueras de la mansión.

-Nada… bueno, sí.

-¿Y?

-Xanxus parece muy atento con Centanni, ¿Quién es ella?

-Eso es algo que no te incumbe –Squalo no tenía ni una pisca de tonto, ya sabía a donde iba todo.

-¿Y tanto confía en ella? –Arrugó los labios, exactamente, ¿a ella que le importaba?

-Mira niña –la señaló con la punta de su espada-. Bien el bastardo de Xanxus podría estar tirándosela en su escritorio ahora mismo y a mí no me importa, así que a ti tampoco debería.

Las palabras del capitán estratega la dejaron helada, era verdad, sea quien fuese esa mujer y su relación con su jefe era algo que no le concernía. Amantes, colegas o socios no era asunto suyo.

-Claro –fue lo que su estado de turbidez logró expresar.

Pero era atracción física ¿no? Simplemente un absurdo pensamiento. Porque no había algo en él que despertara su interés, al menos no uno verdadero. Sin embargo, aunque le diera vueltas al asunto mientras rodaba sin parar de un lado a otro sobre su gran cama, no podía llegar otra conclusión que no fuera pensar que estaba mintiéndose a sí misma.

Caminó fuera de su cuarto, fastidiada por el hecho de plantearse tanta barbaridad. Y mentalmente seguía una y otra vez repitiendo lo mismo «No hay nada en él que me guste».

La miró parada en medio del lobby, inmaculada como si recién hubiera salido de un cuento de hadas. Centanni era abrumadoramente bella, no dudaba en que tan cautivadora mujer hubiera engatusado a su malnacido jefe.

-Tú debes ser Misuki –comentó la mujer al verla bajar de por las escaleras.

-¿Nos conocemos?

-No –espetó. Como buena mujer su mirada dio un rápido escaneo a la peliazul-. Xanxus me ha comentado sobre ti.

-¿De verdad? –Que repentina revelación, estaba sorprendida… tal vez ilusionada.

-De lo increíblemente molesta que eres –dijo con cierto tono de mordacidad. Cruzó los brazos y su mirada no fue más que puro desprecio.

Misuki sonrió de medio lado, ¿cómo se le iba a ocurrir que él habría de hablar bien de ella?

-Señorita Centanni, su automóvil la espera –intervino oportunamente alguien.

-Nos veremos después Misuki. Ciao.

Incómodo y ruin sentimiento el que le provocaba esa mujer, había algo que no le gustaba. Tal vez, en realidad, lo que no le gustaba era todo el tiempo que pasaba con sus jefe… o en como lo pasaran. Y el hecho de que eso le molestara ameritaba pensarlo.

No llevaba tanto tiempo conociéndolo, pero tenía costumbres arraigadas. Al menos tres veces por semana le gustaba degustar su exquisita colección de vinos fuera de la comodidad del interior de sus aposentos.

Vestía la yukata de color negro con la cual lo había visto en un par de ocasiones más. Con un sutil movimiento de su muñeca hacía tintinear la esfera de hielo contra el vaso de cristal, pensativo con la mirada rojiza perdida en la oscuridad de la noche. No podría verse más esplendido.

Al costado, un balcón más arriba, Misuki observaba con detenimiento al moreno. A veces era tan impasible que le costaba creer su actitud tan iracunda, porque solo junto a sus divagaciones, Xanxus prometía ser un enigma indescifrable.

-¿Qué tan malo podría ser que yo sintiera algo por este hombre?

Y aunque su pregunta se había formulado internamente mientras lo observaba, pese a no haber emitido sonido alguno, los ojos carmesí del líder de Varia dieron con los suyos; penetrando hasta su interior y respondiendo su duda…

Absolutamente malo.