Esta vez los hice esperar más de lo usual. Me disculpo. Pero aquí estoy de vuelta y pese a que me tarde no voy a dejar el fic sin terminar, primero me corto un brazo.

Muchas gracias por sus comentarios, toda la gente bonita que ha puesto a esta historia en favoritos, gracia también a los lectores anónimos. En general, a todos los que le dan una oportunidad.

Les mando un beso muy grande, espero se encuentren muy pero muy bien.

Disclaimer: KH Reborn! No me pertenece, todo es obra de Amano-san.


Malas decisiones

Invitación y remuneración

"Sé que parece un poco repentino todo esto, pero me he decido hacerlo por este medio, así tendrás tiempo para pensar en lo quieres decirme después de saber el motivo de esta carta.

Nos conocemos desde hace mucho tiempo y eres una de las pocas personas en las cuales confío plenamente, por ello me es imprescindible contarte sobre la decisión que he tomado antes que cualquier otra persona. Y no, no es que deba rendirle cuentas a alguien.

Me conoces como escasas personas lo hacen, y yo te conozco inclusive más de lo tu misma crees, perfectamente puedo afirmar que no será motivo de una brecha entre ambos pese al afecto que mantienes hacía mí. He decidido abrir mis sentimientos hacia Ipin.

Para alguien como tú parecería obvia la preferencia marcada que tengo sobre ella ante cualquier otro Vongola; sin embargo debía ser totalmente claro hacia Ipin si quería dar un paso más allá de simples colegas. Con fortuna ha aceptado de buena manera todo lo que le he dicho, así que –supongo- estamos formalmente en algo serio en estos momentos.

En todo caso esperaré tu respuesta. Es importante para mi saber que estás conmigo.

Hibari Kyouya."

Había leído la carta una vez más antes de tirarla al fuego de la chimenea, ya habían pasado unos cuantos días y realmente no sabía que responderle. Claro que estaría de su lado sin importar que, pero era demasiado doloroso como para pretender que estaba totalmente bien.

Aunque, debía admitir que era lindo de parte del guardián de la nube tomarse tanto tiempo para moderar sus palabras antes de decirle la verdad. Esa era de las tantas cosas por las cuales amaba a Hibari tanto, porque era sabía ser delicado cuando la ocasión lo requería.

Desde el balcón miró lo que tenía ahora: un grupo de locos asesinos que en realidad detrás de su fachada de chicos rudos eran muy divertidos. Desde el peón más débil hasta… el más fuerte, todos tenían también sus encanto. Sabía que de seguro indirectamente podría salir de esa depresión si podía centrarse en su misión y aquellas nuevas personas con las cuales compartía su diario vivir.

-Si le doy más vueltas a esto, seguramente no llegaré a nada. Al menos si es doloroso para mi debería hacerlo por Kyouya para no preocuparlo –se animó mientras sostenía el teléfono en su oreja.

La voz de Hibari se escuchó al otro lado de la línea, en esos momentos el corazón de Misuki se detuvo y sus ojos comenzaron a humedecerse rápidamente. Lo extrañaba tanto, extrañaba a su Hibari… ese ya no sería nunca más exclusivo de ella.

Hablaron durante poco tiempo, porque el maldito teléfono de Varia estaba en el lobby, razón por la cual había muchos curiosos, como Bel quien estaba a escasos tres metros de Misuki viéndola acosadoramente mientras llamaba, además tenía esa sonrisa tan maléfica en su rostro que daba miedo.

Pese a ver sido una llamada breve Misuki le dejó en claro que estaría a su lado no importara la decisión que tomara, que ella estaba bien y no tenía por qué preocuparse. Claro que Hibari no creyó esa segunda parte para nada.

Misuki no podía pensar otra cosa que su ausencia en Japón al permanecer en Italia le había dado el incentivo a Kyouya que necesitaba para declararse de una vez por todas. En otras palabras, al no tener a Misuki a su lado –al menos físicamente- no sentía esa incomodidad por romperle el corazón. Al menos eso era lo que ella imaginaba que había pasado.

-Las llamadas cortas son mejores –afirmó Belphegor manteniendo sus manos sobre la nuca.

-Es larga distancia y debe salir costoso. Es una suerte que Nono mantenga a su niño mimado.

-Shishishishi, que el jefe no te escuche decir eso.

-Es el menor de mis problemas –dijo con desdén.

-Lo dice quien hace unas noches estaba…

-¡Cállate!

En su rabia le arrojó lo primer que tuvo a la mano… el teléfono. Pero Bel era muy rápido como para ser golpeado por el, así que el aparato quedó hecho pedazos en el piso.

-¡Vroi! ¡Pedazos de mierdas!

Ante el singular grito no había por que preguntarse quién había presenciado la escena. De no ser porque alguien había aparecido en la entrada principal se hubiera desatado una guerra campal en medio del recibidor.

-Dino-senpai –Dijo Misuki quien estaba detrás de Bel, escondida de la ira de Squalo.

-Parece que están divirtiéndose aquí.

-¿Qué haces aquí? –Le preguntó Squalo.

-Vine a ver si Misuki seguía en una pieza. Parece que he llegado a tiempo –sonrió tranquilamente.

-No pienses que puedes venir aquí así como así –lo señaló Squalo.

-No seas pesado con Dino-senpai –le dijo Misuki, en cuestión de segundos ya estaba corriendo en dirección al rubio para darle un fuerte abrazo-. Me alegra que estés aquí.

-Estaba preocupado.

-Así que ya lo sabes también –le susurró.

-¿Quieres hablar?

-Supongo que con alguien debo de desahogarme –alzó los hombros-. Vamos a mi habitación, es lo más privado que tengo.

-Por cierto Squalo, también tengo que hablar con todos ustedes de algo importante, pero primero atenderé los asuntos de Misuki.

-¿Importante? –Frunció el entrecejo. ¿Y porque entraba como si estuviera en su casa?

-¿Quieres hablar de ello primero? –Le preguntó Misuki.

-No, mejor después… igual no es algo que podamos hacer en estos momentos.

-¿A qué te refieres? –volvió a preguntar Squalo.

-Más tarde –dictó firmemente para subir escalera arriba con Misuki.

Dino seguía siendo tan peculiarmente lindo cuando no tenía a ningún subordinado a su lado. Entró trastabillando a la habitación de su compañera, agarrándose de lo que pudo para no caer al suelo. Ya no le pasaba tanto como antes, pero en ocasiones le solía suceder.

-Tengo miedo que un día de estos mueras por tu torpeza –le dijo muy animada Misuki.

-No te burles. Mejor cuéntame que pasó.

-¿Kyouya te ha dicho que vengas a verme?

-No. Pero me contó lo que había pasado, así que me preocupé por ti. Así que aquí estoy.

-De hecho estaba hablando con él antes de que llegaras.

-¿Y bien?

-Sabes que estoy de su lado no importa nada –se encogió de hombros.

-Eso lo sé muy bien. ¿Pero cómo te sientes tú al respecto? Kyouya es alguien a quien tú…

-Por mucho que me duela no puedo hacer nada.

-No intestes ser tan fuerte Misuki.

-Si Kyouya no me hubiera sacado de esa vida tan miserable que tenía no sé qué estaría haciendo ahora mismo. Tal vez yo misma hubiera acabado con mi vida –sus recuerdos entristecían sus palabras, porque todo recuerdo referente a ello era doloroso-. Le debo todo, a él y a la familia Vongola. No puedo anteponer mis sentimientos a los de él.

-Por eso mismo creo que te vas a hacer daño. Eres joven y muy linda, deberías mirar a otro lado y darte cuenta que hay muchos más hombres… incluso mejores que Kyouya –le animó Dino con la esperanza de que no estuviera en ese estado tan deprimente.

-Tal vez cuando esté fuera de Varia –sonrió divertida, porque ante las palabras de su Senpai el primero que había venido a su mente era Xanxus.

-¿Nadie que valga la pena? –Insistió.

-Nadie –respondió muy pensativa. Solo era un juego para él, nunca se atrevería a compararle con todo el amor que Hibari le había dado esos ocho años.

-Pues mientras te encuentres bien, creo que es suficiente.

-Dime ¿Qué es eso importante que necesitas hablar con los oficiales?

-Sobre Shiavone. Pero les daré los detalles cuando estemos todos.

-¿Tienes información de él?

-Más bien una invitación…

Momentos más tarde los oficiales junto al líder de Varia estaban reunidos en el salón que usaban para sus juntas, todos ocupando su respectivo lugar. Misuki llegó en compañía de Dino, quien tomó asiento frente a Xanxus al otro lado de la mesa, Misuki se sentó junto a Levi, el cual inmediatamente le desvió la mirada. Viper era el único que faltaba en el lugar.

-Bien ¿Qué sucede Dino? –Preguntó Squalo. Todos prestaban atención, incluido Xanxus.

-Hace dos días ha llegado una invitación a manos de la familia Cavallone, por supuesto que también a Vongola. Nono lo ha consultado con Tsuna antes de tomar cualquier decisión al respecto.

-Sin rodeos –se antepuso el espadachín.

-La familia Gabbani, como saben, pretende formar lazos con Vongola. Es decir, convertiste en su aliada. Sin embargo, la familia Shiavone figura entre la lista de invitados.

-Me huele a una trampa –comentó Levi golpeando la mesa.

-Pero si Shiavone irá no habrá mejor oportunidad –dijo Bel.

-En la lista hay también familias aliadas de Vongola –Misuki pasó la invitación a los otros miembros-. Si Vongola decide ir, aun si es una trampa, nuestros aliados estarán para apoyarnos.

-Buen punto impertinente-san –habló Fran mientras miraba el listado junto a Lussuria.

-Entonces, ¿Sawada Tsunayoshi vendrá a Italia? –Preguntó Squalo.

-No. Tsuna decidió que lo mejor era que Varia asistiera en nombre de Vongola –aclaró Dino. La respuesta pareció sorprenderles, pero después de todo eran ellos quienes estaban haciéndose cargo de la investigación de Shiavone.

-¿Cuándo?

-En una semana.

-Debemos trazar un plan –propuso Lussuria-. No habrá mejor oportunidad para nosotros.

-¿Vas a ir, Xanxus? –Preguntó el jefe de Cavallone para el único que no había dicho nada al respecto. El moreno chasqueó la lengua y se levantó de su asiento sin responder.

-Creo que fue un sí –dijo Bel tras una risilla al verlo servirse una copa de whisky en el bar que estaba ahí mismo.

-Iremos todos ¿cierto? –Misuki pasó la vista por quienes estaban aún en la mesa. Dejar la mansión sola era peligroso, pero si Shiavone iba estar en la reunión, podían dejarles el resto a los demás subordinados.

-Espero y seas más de ayuda que un estorbo, niña –respondió Squalo, sabía cuántas ganas tenía de tomar parte de la acción.

-Claro que no capitán.

-Entonces, le avisaré a Tsuna que todo está arreglado –Dino se puso de pie, los demás le imitaron-. Nos veremos de nuevo en una semana.

La visita "social" de Dino había de concluir ese mismo día, porque tampoco podía ni quería dejar sus asuntos de lado. Además, el ambiente de Varia era un poco –demasiado- hostil para su propio gusto. Respetaba a quienes formaban dicha organización, pero no tan agradable la convivencia, al menos para él.

-Pareces muy cómoda aquí -Dino estaba por abordar su lujoso automóvil que lo llevaría de nuevo a la civilización. No cualquiera era capaz de vivir en medio de la nada como ellos.

-Tiene su encanto una vez que te acostumbras.

-¿Segura que no tienes problemas con nadie? –Insistía el rubio. ¿Era su imaginación o estaba tratando de convencerle de algo?

-Xanxus es difícil de tratar, de ahí en fuera puedo con todos –alzó los hombros, como si sus experiencias con el líder de Varia fuera poca cosa.

-Sigues en una pieza, eso es bueno.

-Sí, aunque ya perdí la cuenta de cuantas veces a tratado de dispararme con sus armas. Es altamente insufrible cuando esta de mal humor.

-O sea, te agrada –La sonrisa de Cavallone le iluminó todo el rostro. Misuki se sonrojó un poco. Claro, Dino también la conocía muy bien.

-Cuando no está de mal humorado haciendo rabietas por cualquier cosa… si, tal vez –desvió la vista de su senpai, a cambio encontró la de Romario.

-Xanxus entiende las políticas de Vongola mejor que nadie, inclusive que Tsuna. Pero Tsuna siempre interpondrá sus sentimientos antes que cualquier cosa para proteger a la familia. Por el contrario Xanxus…

-Sé a lo que te refieres.

-Entonces –se cruzó de brazos- ¿puedo irme tranquilo?

-Por supuesto Dino-senpai.

-Además, si terminan con Shiavone después de la reunión podrás volver pronto a Japón. ¿No es eso genial?

Volver a Japón, había olvidado que debía regresar cuando terminara su misión. Ahora más que nunca regresar a casa era un calvario más que otra cosa, porque debía enfrentar la situación con HIbari e Ipin, solo de pensarlo se le encogía el corazón. Pero no podía hacer nada, salvo tener la frente en alto y apoyar incondicionalmente a quien le había dado una nueva vida.

Además de eso, queriendo o no, Varia se había convertido en poco tiempo en su segundo hogar. Sabía que cuando tuviera que dejarlo una parte de ella también se quedaría ahí. Se lo había dicho a Fran; estaba muy identificada con el grupo. Muy a pesar de todo lo malo y mezquino que tenía.

-Capitán Squalo –le llamó Misuki al entrar a la mansión después de haber despedido a Cavallone.

-¿Ahora qué quieres? –Dijo de mala gana.

-Estaba pensando… -se acercó a él.

-Qué raro –se cruzó de brazos. Bel estaba de cerca y empezó a reír.

-No me confundas con la princesa de la casa –contratacó la risa de Bel, quien frunció el ceño y calló de inmediato.

-¿El jefe o Bel-senpai? –Otro entrometido llegó con sus oportunos comentarios… Fran. No tenía temor a Dios.

-Ambos –comento Misuki entre risas. Aún más cuando los cuchillos de Bel se clavaron en el gorro de rana del pobre Fran.

-Senpai~ eso duele.

-Maldita rana, se nota tienes ganas de morir –rabiaba el rubio con un nuevo juego de cuchillos en la mano.

-¿Qué quieres? –Squalo estaba ya con los dedos en el puente nasal. Indiscutiblemente todos los oficiales de Varia eran unos niños de primera.

-Oh sí. Pues vera capitán, es con respecto a la reunión de la familia Gabbani….

-¿Y? –Estaba desesperándose, odiaba que no fueran al punto inmediatamente. Por si fuera poco Fran y Bel comenzaban su alboroto por todo el lobby.

-Es una reunión elegante y no es como que hubiera traído un vestido espectacular por si algo así ocurría.

-¿Qué insinúas?

-No vamos a ir con estas fachas ¿cierto? –señaló su uniforme y el de su capitán. Squalo hizo una mueca.

-Obviamente –asintió con naturalidad.

-¿Va a darme dinero para comprarme un vestido? –Le atacó con su más grande sonrisa-. Porque no me pagan nada por estar aquí -Squalo se lo pensó unos segundos antes de responder.

-No –dictamino con firmeza.

-¿Qué? ¿Y que se supone que voy a hacer? –Replicó molesta.

-Es tu problema.

-¡Te estoy diciendo que no tengo dinero! Xanxus es muy tacaño como para pagarme y tu muy cobarde como para exigirle que lo haga.

-¡Vroi! ¿A quién le dices miedoso? –Su espada danzó peligrosamente a milímetros el estómago de Misuki.

-¡Necesito dinero! ¡Tengo necesidades como mujer!

-Pues me van y me vienen tus necesidades –Fue el punto final a la conversación.

Mamon oportunamente apareció en esos momentos cuando Misuki estaba pataleando por la cruel negativa del peliblanco. Malditos asesinos tacaños, si de seguro Xanxus tenía más dinero que media Italia junta.

-Puedo hacerte un préstamo si gustas –dijo el arcobaleno del pacificador morado.

-¿De cuánto interés hablamos? –Precavidamente preguntó antes de aceptar, ya estaba muy bien enterada de la reputación del pequeño codicioso. Viper le dio una hoja, y tras analizarla a detalle, no le quedó más que decir-. ¡¿Qué clase de intereses son estos?! Ni con mi sueldo de un año en Vongola te lo pagaría.

-Entonces no hay trato –no ocupó otra respuesta para desaparecer.

-¡Bel, préstame dinero! –Le gritó al rubio que estaba deslizándose por el barandal de la escalera.

-¡Nunca! –Le interesaba más aplastar a la rana que hablar sobre vestidos.

-Fran de seguro está en la misma pobre situación que yo ¿es que son así con todos los nuevos? –Se lamentó la peliazul-. Bien, si no hay de otra tendré que exigirle a Xanxus que me de dinero.

Le importaba una mierda y estuviera irrumpiendo en su oficina sin siquiera tocar, además ser amable no era algo que funcionara con Xanxus de todos modos. Para su sorpresa no lo encontró durmiendo como juraría estaría. Estaba en el sillón leyendo un libro, que suponía era del grandísimo estante detrás de su escritorio. El vaso y la botella de Whisky no le podían faltar al lado.

Los ojos carmesí de Xanxus se despegaron el libro con brevedad solo para saber de quien se trataba, después de eso volvió a su lectura, pasando totalmente de la presencia del oficial de la nube.

-Necesito que hablemos de mi sueldo –habló autoritariamente y total firmeza. No iba a irse de ese cuarto hasta salir con una paga definida y un cheque como adelanto.

-¿Cuál? –chasqueó el moreno.

-Exacto. ¿Cuál? No tengo uno como tal y necesito dinero.

-¿Y eso debe de importarme? –Le dio vuelta a la página y bebió un poco de su vaso.

-¡Claro que debe! Eres mi jefe y no trabajo gratuitamente.

-¿En que trabajas? –sus ojos seguían pendientes a la lectura.

-¡Trabajo para ti, maldito niño mimado! –Gritó colérica, además en su impulso de idiotez había lanzado su Kusagarima contra el libro de Xanxus, partiéndolo a la mitad.

Xanxus suspiró o bufó, ya no sabía qué hacía ese hombre… o bestia. Pasó la mano por su cadera y sacó una de sus temidas X guns para colocarla en la mesa junto a la botella de Whisky. Misuki pensó entonces que tal vez había actuado impulsivamente, pero con un carajo que nadie la quería escuchar y mucho menos darle dinero… sin intereses altos de por medio.

-Tan solo lo justo. No me vengas con que no tienes dinero, que Varia no se financia solo –trató de negociarlo desde un punto más razonable.

-Claro. Trabajas para mí. No para Varia –La sonrisa malvada de Xanxus le adorno el rostro. Cuantas cosas no habían pasado después de sonreírle de esa manera.

-Era una manera de decirlo, no lo uses a tu conveniencia –explicó con calma.

Xanxus se levantó de su lugar y fue a dar hasta su escritorio, donde sacó una chequera y tras garabatearla le extendió el papel a Misuki. La peliazul parpadeó varias veces ante lo que estaba viendo ¿estaba cediendo así de fácil? No podía creérselo, todo eso debía de tener una mortífera trampa. Lo sabía.

-Demasiado bueno para ser verdad ¿qué tramas? –Le encaró desde una distancia prudente antes de tomar el maldito cheque.

-Estoy pagando por tus servicios.

-No me gusta cómo suena eso –le miró con obvia molestia-. Si estás haciendo referencia a lo que me dijiste la vez pasada déjame informarte que no tolero ese tipo de bromas.

-¿Entonces, no lo quieres?

-No trabajo para ti. Trabajo para Vongola en general.

-Entonces Sawada debería de darte esto. No yo.

-¡Deja de jugar! –No sabía cómo es que aquel hombre la ponía tan histérica, más cuando esas manos amenazaban en romper el bendito dinero.

-Tómalo.

Dudó en extender el brazo para tomarlo, pero al final lo hizo. Con toda la desconfianza del mundo tomó aquel papel que tendía su iracundo jefe.

-Que generoso –dijo tras revisar el monto que se le había asignado. Era mucho, mucho dinero.

-Espero un trato equivalente –dejó caer su pesado cuerpo a su tan cómoda silla-. Ya que trabajas para mí.

-Te dije que no malinterpretes mis palabras.

-Y tú no las mías. Trabajas para mí y ese es el pago por ello –estaba muy a gusto con todo eso, incluso relajado. Ya había subido sus pies al escritorio.

-¿A qué te refieres?

-Aceptaste el pago. Así que no hay objeciones.

-Espera, eso fue confuso.

-Sawada te pagará por trabajar por Vongola. Yo te pagaré para que trabajes para mí. Aceptaste al momento de tomar ese cheque.

-Eso es tramposo. Me referí a ti como Varia solo porque eres el líder. Es como decir…

-La única que malinterpretó mis palabras fuiste tú. Yo dije por lo que estaba pagando y por lo que no.

-Te regreso tu cheque, no quiero trabajar para ti –le dejó el papel en el escritorio.

-Muy tarde. Dame la botella de Whisky –era esa su primera orden.

-¡Y tú dame el maldito dinero que me merezco!

-Segundo estante, cuarto libro a mano izquierda –fue la segunda. No estaba dispuesto a discutir cuando ya había logrado llegarle el sueño.

Misuki estaba sulfurando por dentro ante las mañas de Xanxus para hacerse de lo que quería. Pero pensando astutamente en el negocio que tenía en frente, no era tan malo. Es decir, no es como si la pudiera obligarla a hacer todo lo que él quería, solo tenía que mantenerse lo suficientemente lejos de él como para que le dijera que hacer. Y en segunda, probablemente en una semana ya estaría de vuelta en Japón, con una suma de dinero que equivalía a toda la paga de un año en Vongola… y Sawada no era para nada tacaño como si lo eran los Varia.

Dejó la botella en el escritorio además del vaso con aquellos hielos que comenzaban a derretirse. Blasfemó para sí misma al notar lo arriba que estaba el maldito libro que le habían pedido, carajo que medía casi tres metros el estúpido estante. Al menos había un banco que podía usar para intentar alcanzarlo, pero no era tan alto como para que pudiera sacar el libro sin dificultad, entonces pensó en aquella vez en que había dejado caer un libro sobre la cabeza de Xanxus. Tal vez ahora no era mala idea echarle todo el estante entero encima. Parada en puntas y apenas con la yema de los dedos intentaba tomar la pasta dura de aquel material de lectura.

Casi perdía el equilibrio al sentir aquellas manos intrusas a debajo del saco de su uniforme, estaban inclusive más calientes que su propio abdomen. Xanxus se encargó de que no cayera, empujándola contra el estante.

-¿Qué haces? –trató de verlo por encima del hombro, pese a estar arriba del banco apenas le sacaba unos centímetros de ventaja.

Pero Xanxus no quería dar explicaciones, prefería demostrarle con acciones lo que deseaba hacer, y lo que implicaba trabajar para él… simplemente pedía disposición.

Alzó el saco por encima de su cintura, acariciando con sus dedos la piel de Misuki que dejaba al descubierto mientras quitaba la estorbosa tela. No iba entender nunca que era lo que buscaba en ella, odiaba la manera tan natural en que lo atraía a necesitarla físicamente. Tal vez la explicación más lógica que podía encontrar era decir que era cuestión de hormonas.

Le fascinaba sentir el sabor de la piel de Misuki en sus labios, por eso no había pensado dos veces en degustar con sus labios, dientes y lengua la cintura de su ahora fiel trabajadora. Cuanto detestaba Misuki que la tomara desprevenida de esa manera, la dejaba totalmente indefensa para solo disfrutar el momento. Había tantas maneras de que aquello funcionara en ambas direcciones pero ambos estaban tan empeñados en sus ideas del otro que solo podían permitirse coexistir en los instantes en que sus pieles se tocaban.

La lengua de Xanxus siguió recorriendo su espalda, bajando poco a poco hasta toparse con el maldito pantalón. Los bajos instintos que le dominaban le hicieron buscar el cinturón de la peliazul, pero la mano de la misma le impidió que hiciera lo que tenía en mente.

-Tu libro –le informó con tranquilidad, arrojándoselo a la mesa.

Xanxus se apartó de ella, con lo que suponía Misuki era satisfacción en su mirada. Esa era la mejor inversión de su dinero que había hecho en mucho tiempo.