He tenido algunos problemas editando el capítulo anterior (no me salían los guiones, la cursiva se iba cuando le daba la gana… ¬¬), pero por fin he logrado que quede todo más o menos decente. Así que os traigo aquí el primer capítulo propiamente dicho, en el que SÍ sale Link. Ah, pero antes, una pequeña súplica: POR FAVOR, si alguien lee esto, que me comente algo, aunque sea una cosa enanísima. Si no, nunca sabré si vale la pena seguir ocupando espacio con esta historia ToT
Gracias, y ya comenzamos.
::::::: : Cambio de escena
Trarará: Pensamientos
CAPÍTULO I: NIEVE EN EL TEJADO
– ¡Por las Diosas! ¡Esto no puede ser, es HORRIBLE! – El histérico chillido de Malón resonó en todo el rancho, despertando incluso a Talón, su padre, famoso en los pueblos de los alrededores por tener un sueño increíblemente profundo.
Link se levantó de la cama sobresaltado, y sin pensar en vestirse o peinarse cogió su escudo, su espada y, aprovechando que su habitación estaba en la planta baja, saltó por la ventana para llegar todavía más rápido al lugar donde estaba su amiga.
– ¡Malon! ¿¡Qué ocurre! – Gritó mientras corría hacia la pelirroja. El pobre hylian esperaba encontrarse una horda de monstruos asediando el rancho, y no pudo evitar suspirar de alivio cuando se encontró a Malón de pie frente al granero… o lo que quedaba de él – ¿Qué… qué ha pasado aquí?
La respuesta a esa pregunta era bastante obvia: la nieve que había caído sin parar a lo largo del día se había acumulado tanto en el tejado del edificio que, al final, lo había hecho hundirse.
Afortunadamente, en su interior no había ningún animal, pero mercancías importantes para los granjeros como heno, paja y leche habían quedado sepultadas bajo el destrozo.
Malón, que había escuchado el ruido desde su habitación, había bajado corriendo a investigar y gritó al ver el espectáculo, pero ahora se encontraba mirando los restos del edificio como embobada, sin moverse un ápice.
Link se acercó a ella.
– Venga, Malón, no re preocupes, lo arreglaremos entre todos. Somos cuatro para trabajar, ¿no? Será pan comido…
La joven sacudió la cabeza sin mirar siquiera al hylian.
– Pero es que ahí estaba todo lo que teníamos que vender esta semana. ¿Qué haremos si se ha roto? – Dijo la pelirroja mientras notaba cómo se le humedecían los ojos.
Link no sabía muy bien qué hacer. Le dolía ver a su amiga tan triste, pero ya no podían solucionar nada.
Talón e Ingo llegaron pocos minutos después, también en pijama y despeinados como el Héroe del Tiempo, y se escandalizaron ante el destrozo.
– Bueno – Dijo finalmente Talón tras unos minutos revisando daños – Ahora está oscuro y hace demasiado frío. Creo que tendríamos que dejarlo para mañana. ¿Qué pensáis vosotros?
Ingo, que veía cómo poco a poco su enorme bigote torcido comenzaba a congelarse, accedió de inmediato, y lo mismo hizo Link. Pero Malón no se movió de allí.
– ¿Cómo podéis estar tan tranquilos? – Recriminó la muchacha a los tres hombres – ¡Nos moriremos de hambre si no podemos vender la mercancía!
Talón se acercó y puso sus velludas manos sobre los hombros de su hija, obligándola a mirarle a los ojos.
– Intentar arreglar esto ahora es peligroso, y lo sabes. Unas cuantas rupias no valen lo que pueda ocurrir si con esta oscuridad alguno de nosotros sufre un accidente…
Malón se deshizo de las manos de su padre, demasiado orgullosa como para aceptar que tenía razón, y corrió hacia el edificio donde tenía su habitación.
Link intentó ir tras ella, pero el padre de la chica se lo impidió.
– Déjala. Lo importante es que lo haya entendido – Luego, le palmeó la espalda al somnoliento hylian y añadió – Parece que te vas a tener que quedar un tiempo más, jovencito. Espero que no te importe.
– No, en absoluto – Se apresuró a contestar el Héroe – Vine aquí a ayudaros a todos con las tareas del rancho, me da igual el tiempo que tenga que estar aquí.
Talón sonrió, y sin decir nada más caminó hacia su habitación junto a Ingo.
Link no tardó en seguirles.
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Sheik salió de su escondrijo apretando los puños. Había visto absolutamente toda la escena, y ahora se encontraba increíblemente nervioso.
– ¿Por qué tiene que estar él aquí? – Se llevó una temblorosa mano al pecho cubierto con la capa blanca – Cuando lo veo, los sentimientos de ella…
El sheika sacudió la cabeza, que comenzó a palpitarle. Siete largos años le había costado acumular el poder suficiente para manifestarse, y ahora no estaba dispuesto a darse por vencido.
Lograría su objetivo, incluso con ese inoportuno hylian de por medio.
