Está bien, no he tardado tanto en actualizar como había pensado, pero no creo que esto se repita otra vez. No hasta que termine la evaluación, al menos.
De todos modos, haré lo que pueda… ¿vale? Deseadme suerte, porque la voy a necesitar xD
::::: : Cambio de escena
Trarará: Pensamientos
CAPÍTULO III: ZAFIROS Y RUBÍES
No podía soportarlo. El sheika acariciaba con gracia las cuerdas de su fiel instrumento, esforzándose como nunca lo había hecho para que la canción quedase perfecta. Y, sin embargo, una parte de él sabía que era inútil, que Malon nunca lo recordaría.
– Diosas, por favor – Rogó el muchacho, que mantenía los ojos fuertemente cerrados – Sé que fue vuestra decisión manipular las mentes de los ciudadanos de Hyrule para que nunca recordasen los oscuros tiempos de Ganondorf, pero yo… yo sigo existiendo y…
De repente, notó como le temblaban las piernas, y se habría caído al suelo de no ser por su pelirroja espectadora, que lo sujetó rápidamente. Debía dar gracias por tener un cuerpo tan ligero.
– ¡Oye! ¿Estás bien? – Preguntó nerviosa Malon mientras pasaba un brazo por encima de su hombro para aguantar mejor el peso – ¿Estás enfermo o algo parecido?
El sheika sacudió la cabeza con gran dificultad. Notaba que la vista se le nublaba, y apenas podía mantenerse consciente. Ni siquiera podía escuchar con claridad la voz de la chica, que le llegaba como a través de una gruesa pared.
– Por todos los gibdos – Maldijo la granjera notando el mal estado del muchacho – Será mejor que te lleve con Link. Tal vez él sepa cómo ayudarte…
De la maraña de palabras que llegó a oídos del sheika, sólo pudo entender bien el significado de una: Link.
Tenía que evitar verlo a toda costa, si no, en su estado actual…
– N-no… no…
Pero su voz era demasiado débil, y Malon no escuchó su súplica. Incapaz de forcejear con la pelirroja, Sheik se vio arrastrado por ella hacia una pequeña cabaña en el lado oeste del rancho, donde solían alojarse los invitados.
– Ya casi estamos, aguanta – Animó la chica mientras se las arreglaba para golpear la puerta con los nudillos.
Rápidamente, un despeinado Link sin gorro y vestido únicamente con la camiseta interior y sus habituales pantalones blancos salió a recibirlos.
– ¿Qué pasa ahora, Ma…? – Empezó a decir el chico ahogando un bostezo. Sin embargo, calló de inmediato al ver a una figura familiar casi desmayada al lado de su amiga – ¡Sheik!
– ¿Lo conoces? – Preguntó Malon mientras ayudaba al héroe del tiempo a acostar al sheika en su cama.
Link asintió, intentando pensar en lo que podía explicarle a la granjera sobre la naturaleza del guerrero de las sombras. Si no quería mentirle a su amiga, más le valía mantener la boca cerrada…
– Sí, eh… es de la Ciudadela – Era un dato impreciso, pero lleno de verdad. El hylian esperaba que Malon no hiciese muchas preguntas y su deseo, por una vez, se vio cumplido.
– Bueno, eso realmente no importa ahora. Lo que tenemos que hacer es curarlo, ¿no? ¿Se te ocurre alguna idea?
El héroe del tiempo se encogió de hombros. Había demasiadas dudas en su cabeza. En primer lugar, si Zelda había adoptado esa identidad, quizá significase que algo malo había vuelto a pasar en el castillo, pero, ¿el qué? ¿Y por qué la princesa se encontraba en ese estado tan lamentable?
Sin saber muy bien qué hacer, el chico se inclinó sobre el cuerpo del sheika.
– ¿Sheik? – Llamó suavemente – ¿Estás despierto?
Un quejido escapó de los labios del convaleciente guerrero, que acto seguido abrió los ojos. Link tuvo que hacer acopio de la poca calma que le quedaba para no apartarse.
Ahora, Sheik tenía el ojo derecho de color azul celeste… El mismo que poseía Zelda.
– Link… No sé qué me pasa… Él quiere, él quiere…
Tan suaves sonaban las palabras del sheika que el hylian tuvo que inclinarse totalmente sobre él para escucharlas. Ni siquiera se sorprendió cuando descubrió que su voz era completamente asexuada, una mezcla entre la suya y la de la princesa.
– No entiendo lo que quieres decirme… – Contestó desesperado Link.
Sheik, o el extraño híbrido en el que se había convertido, tragó saliva y añadió:
– Es como… si dentro de mí…. hubiera… otra… persona…
Malon, que hasta entonces se había mantenido al margen, no pudo aguantar más y se acercó a la cama. Link se las ingenió entonces para tapar la cara del enfermo con su propio cuerpo, tratando de que no se viese el estado de sus ojos.
– ¿Qué le pasa? – Preguntó – ¿Debería llamar a mi padre, o a Ingo…?
– ¡No! – Se apresuró a gritar el hylian. Al notar la extrañeza en la cara de su amiga, añadió – Será mejor no agobiarlo… Además, no creo que ellos sepan cómo curarlo.
– Está bien – Concedió la chica sin discutir – Pero al menos déjame que vaya por un poco de agua. Debe de estar sediento.
Link, que no veía la hora de quedarse a solas con el sheika, apoyó la idea con gran entusiasmo. Luego, cuando Malon hubo abandonado la cabaña a paso rápido, suspiró y se sentó en la cama.
– Zelda, por favor, háblame – Musitó acariciando la cara del alter ego de la princesa – Dime qué te han hecho para que estés así…
– Link… Él no me deja… salir… Él quiere… – Tosió, y luego su tono se voz sonó ligeramente distinto – Quiero vivir.
Una lágrima emanó del ojo carmesí, y Link se sintió infinitamente triste.
– Quiero vivir, vivir, vivir…
Antes de que el hylian pudiese decir nada, Malon irrumpió en la habitación jadeando, y con un vaso de agua en la mano.
– ¡Aquí está! – Anunció la chica mientras trataba de recuperar el aliento. Cuando se acercó a dejarlo en la mesilla de noche, exclamó – Pero… ¡Link! ¿Por qué le has tapado el ojo derecho con la venda esa que lleva en la cabeza? Tiene que estar muy incómodo, el pobre.
El hylian, que a penas había tenido tiempo para reaccionar y ocultar el iris azul bajo el pedazo de tela, se inventó una excusa a toda velocidad:
– Es que le molestaba la luz.
Casi tuvo que dar gracias a Din cuando Malon asintió, conforme, sin pedirle más explicaciones.
Pero no debía perder el tiempo en tonterías.
– Debo ayudar a Zelda – Pensó mientras se levantaba de la cama – Tiene que haber alguna solución… Siempre la hay.
No pensaba permitir que esa vez fuese diferente.
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Tenía miedo, más incluso que cuando se encontró a merced de Ganondorf, encerrada en una barrera protectora y sin poder hacer nada por ayudar a sus amigos.
Algo no iba bien en su cuerpo: sentía su mitad izquierda completamente paralizada, y el motivo le resultaba tan inconcebible que le daba verdadero pánico pensarlo siquiera.
– No puedes existir… – Pensó con tristeza – Tú eres yo, y yo soy tú… La misma persona encerrada en cuerpos distintos…
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– Malon, voy a salir fuera un momento. Tú quédate aquí con él, ¿vale? – Pidió Link, confiando en que a la chica no se le ocurriría retirar la venda que cubría los ojos dispares del enfermo.
– Está bien, yo me encargo de todo – Accedió la pelirroja sacando un pequeño taburete y sentándose al lado de la cama – Tu vete tranquilo, ¿sí?
Tras echar un último vistazo a la persona que se encontraba dormitando en el lecho, Link asintió y abrió la puerta para salir al exterior.
Malon se quedó entonces completamente sola con el desconocido que había tocado su canción favorita, y que tanta curiosidad había despertado en su corazón.
– El caso… – Pensó distraídamente mientras vigilaba al enfermo – … es que verlo ahí plantado arpa en mano me ha resultado algo familiar, pero no logro ubicarlo, ni recordar su nombre…
La pelirroja sintió una punzada en el pecho. ¿Culpabilidad, tal vez? No tenía ni idea.
– Me dijo que lo había olvidado… ¿Y si no me mentía? Tengo que recordarlo, maldita sea, tengo que hacerlo…
Comienzo del Flash Back
Sheik apretó con fuerza los puños, intentando conservar el poco autocontrol que le quedaba.
Había pasado más de un mes desde que Link se marchó a liberar a la Sabia del Bosque, y aún no había regresado porque se había quedado a ayudar a sus amigos de la infancia a reconstruir el Bosque Kokiri.
No era consciente de que en el rancho también le necesitaban.
Encaramado en el techo del granero, el sheika observó impotente cómo Ingo humillaba a Malon, diciéndole toda clase de crueldades y menospreciándola. Hubiera dado cualquier cosa por poder saltar y acabar con aquel bigotudo tirado, pero… no podía.
Ingo era un secuaz de Ganondorf, y si algo le pasaba y el rey Gerudo se enteraba de que el sheika estaba detrás de ello, investigaría. Y entonces averiguaría la verdad.
– Y no puedo permitir eso – Pensó el joven sin despegar la vista de la pelirroja – Si descubren a Zelda, si me encuentran, este engaño no habría servido para nada.
Suspirando, el guerrero de las sombras esperó a que Ingo se marchase, fulminándolo con la mirada desde la protección que le proporcionaban las alturas. Luego, simplemente se agarró a un saliente y, de un ágil salto, penetró en el granero, donde Malon ahora se encontraba apilando un montón de heno más grande que ella.
La joven, que no había reparado en su presencia, estaba murmurando cosas para sí.
– Soy una inútil… Nunca logro hacer lo correcto…
Tuvo que contener un grito cuando una mano tocó su espalda. Sin embargo, su mirada asustada de llenó de felicidad cuando encontró al sheika frente a ella.
– Oh, Sheik – Suspiró aliviada y sonriendo quedamente – Me has asustado. Esa manía tuya de entrar sin hacer ruido…
Pero el joven no la dejó terminar. Acercándose peligrosamente a la pelirroja, dijo:
– ¿Qué has dicho?
Malon torció la cabeza, confusa.
– ¿Qué he dicho cuándo? No entiendo…
– Antes de que te dieras cuenta de que estaba aquí, ¿qué estabas diciendo?
La granjera bajó entonces la cabeza, comprendiendo a lo que se refería el chico.
Fijó la mirada en sus pies, cubiertos por unas botas azules muy ceñidas, al igual que el resto de su traje. De hecho, de no ser por las vendas que cubrían estratégicamente ciertas zonas de su cuerpo, la malla que vestía el sheika no dejaría nada a la imaginación.
– Por favor, ¿en qué estás pensando? – Se reprimió mentalmente la chica, que notó cómo se le encendían las mejillas.
Hacía poco más de un mes que conocía a Sheik, pero ya lo apreciaba tanto como a Link. Desde que se vieron por primera vez, el guerrero había ido a verla cada día, sin falta, haciendo de su rutina algo un poco más soportable. Y, a pesar de que era bastante serio y reservado, Malon sentía que podía confiarle cualquier cosa.
Se había convertido en su amigo.
– Malon…
La chica se sintió morir cuando el sheika tomó su barbilla con los dedos, obligándola a fijar sus ojos en su mirada carmesí.
– Sheik, yo…
Su corazón palpitaba demasiado deprisa. Link era su amigo, y también era un chico, y jamás había sentido algo parecido con él. Aquello no podía ser normal.
– Repíteme lo que estabas diciendo.
Atrapada en los hipnóticos rubíes del sheika, Malon musitó:
– He dicho que soy una inútil que nunca logra hacer lo correcto.
Avergonzada, la chica se apartó bruscamente de la presa que formaban los vendados dedos del guerrero, que no hizo nada por impedirlo.
– ¿Es por algo que te ha dicho Ingo? – Preguntó, cuidándose de no confesar que había presenciado la regañina. No podía explicarle a Malon sus motivos para no actuar – No debes hacerle caso, está resentido con todo el mundo…
La pelirroja se sentó en el poco heno que había podido apilar, abrazándose las rodillas en gesto protector. Luego contestó:
– Es por todo, Sheik. Porque no hice nada para evitar que echasen a mi padre, ni tampoco para ayudar a Link… Me siento una inútil que espera que alguien le solucione todos los problemas, y no me gusta ser así.
– Eso no es verdad, y lo sabes – Dijo rápidamente el sheika sentándose a su lado en el heno – Estás siendo muy valiente, aguantando todo esto para protegerte a ti, a los animales… e incluso a Talon, tu padre. Has hecho lo correcto: no lo dudes ni por un momento.
Triste, la pelirroja apoyó la cabeza en el hombro de Sheik, que tuvo que tragar saliva. Como siempre, se ponía nervioso cada vez que ella lo tocaba.
– ¿Cómo puedes estar tan seguro?
Sheik la miró de reojo.
– ¿No recuerdas que mi gente nunca se equivoca?
La muchacha soltó una pequeña risita, que hizo que Sheik se sintiera mucho más tranquilo.
– Pero eso sí, Malon, quiero que me prometas algo.
La chica lo miró con curiosidad, pero sin apartar la cabeza de su hombro en ningún momento. Se sentía a gusto en esa posición, como protegida.
– Lo que quieras.
– Prométeme que nunca más vas a volver a decir que eres una inútil.
– Una inútil… no puede hacerme sentirme así.
– ¡Lo prometo! – Respondió la muchacha con energía, sintiéndose completamente aliviada.
Bastaba una pequeña charla con Sheik para hacerla sentir fuerte, capaz de enfrentarse a cualquier cosa. Casi parecía mentira.
Pero su entusiasmo se vio mermado cuando escuchó la molesta voz de Ingo a través de la puerta del granero:
– Niña, ¿qué estás haciendo? ¡Oigo voces allí dentro! Más te vale no estar cantando, porque si no…
Asustada, la pelirroja se levantó como impulsada por un resorte, y comenzó a apilar heno con una mano mientras con la otra hacía señas a Sheik para que se escondiese.
Pero el guerrero no lo hizo. En su lugar, se encaramó de un salto a la ventana y susurró:
– Volveré esta noche. Deja la ventana abierta.
Y desapareció justo cuando las chirriantes bisagras de la puerta resonaron, dejando entrar sin piedad la voz de su amo.
Pero a Malon ya no le importaba, porque esa misma noche iba a ver a Sheik., su amigo.
Aunque quizá esa palabra no era la más adecuada para definir lo que sentía por él.
Fin del Flash Back
Por fin empezaba a entenderlo.
En el caos en el que se había convertido su mente, que se entremezclaba con la de su alter ego, había podido ver algo, un recuerdo que debía pertenecerle pero del que, sin embargo, no había tenido noticias hasta ese mismo momento.
Ya durante el conflicto contra Ganondorf, Sheik había tenido su propia conciencia, y había habido ciertas ocasiones en las que incluso había actuado como un hombre de verdad, sin ser reprimido por su auténtica naturaleza.
– Por eso yo no recordaba a Malon. Porque realmente, cuando estabas con ella… eras Sheik, y no Zelda. No era mi corazón el que se aceleraba al rozar su mano; era el tuyo, al igual que cuando Link me miraba tú no sentías ni pizca de ese cariño que yo profesaba.
La princesa de Hyrule estaba completamente perdida. Hacía tiempo que había dejado de esforzarse en mantener los ojos abiertos, demasiado cansada como para poder soportarlo.
Se sentía rota, destrozada en dos mitades, y no se le ocurría ninguna manera de solucionar aquella situación de manera limpia.
Porque ella era la original, y Sheik el ser creado con magia.
Él era prescindible; ella no.
Una evidencia demasiado horrible como para soportarla.
Continuará…
Bien, ha llegado el momento de… ¡Los AGRADECIMIENTOS! ¡Wiiii!
Drae, Dialirvi e oO IkU 2012 Oo , miles… no, millones… ¿Qué digo? ¡Infinitas gracias por vuestras reviews! Además de hacerme sonreír, me han ayudado a mejorar. Ya no están esas horribles tildes en los nombres de Malon y Talon (Fue inconsciente, lo juro, las puse sin pensar xD) y he tratado de minimizar las erratas. Si hay alguna en ese capítulo, decídmelo, que soy muy despistada y a veces se me escapan incluso cuando lo reviso ToT
¡Gracias de nuevo!
Y no, la saga Zelda no me pertenece. No sé si hay que decirlo en cada capítulo, pero no me voy a cansar de repetirlo: si me perteneciese, haría los malditos templos del agua más simples. Así que ya sabéis, yo no me lucro con esto ni nada parecido.
Hale, a vivir bien.
