¡Hola de nuevo, gente! Llevaba un tiempo desaparecida, pero aquí me tenéis otra vez para continuar con esto. ¡No me voy a ir tan fácilmente, así que tenéis Vanilj para rato, jajaja!

Al final os dejo cosillas, como siempre.

¡Disfrutad!

::::: : Cambio de escena

Trarará: Pensamientos

CAPÍTULO IV: AMIGOS QUE NUNCA SE FUERON

Fuera hacía aún demasiado frío, y Link lamentó profundamente no haber tenido la picardía de coger la túnica verde antes de salir.

Su fina camiseta de manga corta no lo protegía lo suficiente del viento, y si a esto se le añadía que no había tenido tiempo ni para calzarse las botas, la situación se volvía aún peor.

Lo mejor será que me dé prisa – Pensó el hylian mientras rebuscaba en su bolsillo. Rápidamente, sus dedos dieron con superficie fría, lisa.

La ocarina del tiempo.

A penas había tenido un momento para cogerla sin que Malon se diera cuenta, pero al final lo había conseguido. Después de todo, no podía explicarle a la chica el significado de lo que estaba a punto de hacer.

Sin perder un segundo, Link sujetó el instrumento con las dos manos y comenzó a tocar, notando cómo una corriente de energía sacudía su cuerpo con cada nueva nota.

Una y otra vez repitió la melodía, tratando que sonase lo más suave posible para no alertar a la pelirroja.

Vamos, Saria, me dijiste que tocando tu canción podríamos hablar… Saria…

Link cerró los ojos con fuerza, concentrándose, intentando que la magia del instrumento se expandiese.

Pero el tiempo pasaba sin que nada ocurriese.

Finalmente, cuando ya comenzaba a perder la esperanza, una vocecilla tan suave que casi parecía irreal resonó en su mente.

¿Link?

No había duda… ¡Era la voz de Saria! El héroe no cabía en sí de gozo.

Sí, soy yo – Respondió el hylian mentalmente – Saria, te necesito… a ti y a los otros sabios, por favor. Se trata de Zelda.

Link casi pudo oír cómo la kokiri contenía el aliento, a pesar de encontrarse a un mundo de distancia.

Os traeré a la Cámara de los Sabios, esp…

El grito ahogado del héroe la interrumpió.

¡NO!

Saria enmudeció ante la inesperada reacción de Link, y éste aprovechó el silencio de la kokiri para añadir:

No hay mucho tiempo para explicaciones, pero tienes que saber que una vieja amiga mía está cuidado a la princesa. Si nos transportases ahora, ella lo vería. ¿No hay otro modo?

Link no podía verlo, pero Saria sacudió lacónicamente la cabeza desde su lugar en el otro mundo.

No, no lo hay. Pero, escucha… – Respondió la Sabia del Bosque con una idea formándose en su mente – … Puedes decirle que te tienes que llevar a la princesa a otro lugar. Cuando no os pueda ver, toca de nuevo la canción y os traeré aquí, ¿vale?

El hylian, increíblemente agradecido con la kokiri, estaba tan emocionado que incluso se olvidó de que estaban contactando telepáticamente.

Su voz resonó en la tranquilidad de la noche:

– ¡Gracias, Saria! ¡Muchísimas gracias!

Dándose cuenta de lo que había hecho, se llevó las manos a la boca, avergonzado. Saria, por su parte, no pudo contener la risa.

Tengo ganas de verte, Link, aunque sea en estas circunstancias. Puede que sea una Sabia, pero no me he olvidado de ti. Lo sabes, ¿no?

Pero el comentario de la kokiri no recibió respuesta.

¿Link?

Suspirando, Link se guardó la ocarina en el bolsillo y se quedó allí, quieto, con la mirada fija en la nieve que cubría el rancho.

Se arrepentía de haber cortado así la conversación con Saria pero, de no haberlo hecho, habría comenzado a llorar como un bebé, y no estaba dispuesto a permitir que eso pasase.

No se había dado cuenta hasta ese momento de lo mucho que echaba de menos a su amiga peliverde, con la que tantas cosas había compartido de niño.

Y ahora… ya no estaba. Para los demás kokiris era como si nunca hubiese existido, y lo mismo pasaba con Ruto, Nabooru, Darunia…

Habían derrotado al mal que a punto estuvo de destruir Hyrule hacía siete años, pero eso no los libraba de su condición de Sabios.

Ganondorf, les robaste sus vidas… – Pensó Link tristemente mientras, despacio, se acercaba a la cabaña para abrir la puerta.

Su sorpresa fue mayúscula al encontrar a Malon durmiendo plácidamente con los brazos apoyados sobre la cama.

Olvidando por un momento su amargura, el hylian la tapó con la manta que cubría el cuerpo del sheika.

Luego, del escritorio tomó una pluma, un pedazo de papel y escribió:

"Malon, sé dónde pueden curar a Sheik. Parto esta misma noche con él. Gracias por todo".

Dejó la nota encima de la mesa y luego, con mucho cuidado, se puso la túnica, las botas y cogió al sheika en brazos. Su cuerpo era tan ligero que casi no le supuso ningún esfuerzo.

– Vamos, Zelda – Susurró al oído del durmiente alter-ego – Pronto te pondrás bien.

Y salió de la cabaña.

En un principio, el hylian pensó en llamar a Saria desde el rancho, pero luego descartó la idea, temeroso de que Malon, o incluso Talon o Ingo, que a pesar de todo lo que había pasado seguían durmiendo tranquilamente, se despertasen.

Por eso cargó al guerrero de las sombras en el lomo de Epona y comenzó a galopar, alejándose todo lo posible de cualquier mirada indiscreta.

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– Estoy muy nerviosa – Dijo la Sabia del Bosque entrelazando con fuerza las manos – Link tarda demasiado…

Impa, que estaba a su lado, la agarró suavemente de los hombros, obligándola a calmarse:

– No te preocupes: sea lo que sea lo que haya pasado, lo solucionaremos.

– ¡Eso! – Intervino Nabooru desde el fondo de la sala con su típico tono chulesco – Somos los seis sabios, después de todo, ¿no? ¡El mundo es nuestro!

Ruto soltó una risita, totalmente de acuerdo con la gerudo.

Pero entonces Saria se apartó bruscamente de los brazos de Impa, gritando:

– ¡Lo oigo, me está llamando!

Rauru, que hasta ese momento se había mantenido al margen, ordenó:

– Colocaos en vuestros sitios y, sobre todo, concentraos. Es la primera vez que traemos a dos personas a la vez a nuestro plano y es importante que no haya fallos.

Todos asintieron y se colocaron encima del círculo que representaba a su elemento: luz, bosque, fuego, agua, espíritu y oscuridad.

Seis haces de luz atravesaron entonces la sala, dando rienda suelta al poder de los Sabios.

Darunia fue el primero en gritar, confundido:

– ¡Du… duele! ¡No puedo… traerlos!

Nabooru incluso llegó a hincarse de rodillas en el suelo, tratando de soportar la quemazón que invadía sus músculos, pero finalmente se rindió.

También los demás.

– Rauru, ¿qué… qué pasa? – Preguntó Ruto jadeando a causa del esfuerzo – De todas las veces que hemos traído a Link aquí, jamás había sucedido nada como esto.

Al no recibir respuesta, la zora se giró hacia el Sabio de la Luz, pero fue ver su rostro, pálido, con las arrugas visiblemente multiplicadas, y se le quitaron las ganas de pedir explicaciones.

Saria, sin embargo, no dudó en acercarse al anciano.

– ¡Rauru, contesta! ¿Qué ocurre?

Lentamente, el Sabio se volvió hacia la kokiri.

– La Cámara la ha rechazado.

– ¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¡Dilo todo de una vez! – Tan nerviosa estaba la peliverde que ya no se preocupaba ni de mantener las formas, algo muy extraño en ella.

Impa, de temperamento más frío, se apresuró a intervenir:

– Pero, Raru… La princesa Zelda es la séptima Sabia, la más importante. No tiene sentido que no pueda entrar aquí con Link.

El anciano sacudió la cabeza, y clavó sus pacíficos ojos en los de la sheika, granates, como era típico en los de su raza.

– ¿Es que acaso no lo has notado?

La Sabia de la Sombra se encogió de hombros como única respuesta.

– Esa no era Zelda…

Flash Back

– No sé cómo puedes escalar así – Susurró Malon con una sonrisa en los labios mientras cerraba la ventana por la que había entrado el sheika – Yo me caería a la primera de cambio.

Sheik se rió ante el comentario de la chica, y la pelirroja, haciéndose la ofendida, le dio la espalda y comenzó a observar el paisaje.

Nunca podría acostumbrarse al yermo en el que se había convertido Hyrule, por muchos años que pasaran.

– ¿Sabes? – Dijo de pronto la chica – Echo de menos el mundo que teníamos antes. Tan verde, tan vivo… Ahora, en cambio, está todo tan seco que con una chispita seguro que ardería por completo.

Sheik bajó la mirada. Sabía que antes de aquel infierno había existido un Hyrule bello y opulento, pero por mucho que se esforzara no podía recordarlo, sólo imaginarlo. De hecho, cuando lo intentaba, la cabeza le empezaba a doler de una manera insoportable.

Para él, aquello era terreno prohibido.

– Eh, ¿me estás escuchando?

Cuando el sheika levantó la mirada, se encontró con Malon a unos escasos centímetros, mirándole ceñuda.

Tragó saliva.

– Ah, eres imposible… – Susurró la chica sentándose a su lado, en la cama – Siempre te quedas ahí, callado, pensando en Farore sabe qué…

Sheik iba a abrir la boca para contestar, mas la pelirroja continuó:

– Pero, ¿sabes? Gracias a ti, me dan ganas de seguir levantándome cada mañana.

Tras decir eso enrojeció, visiblemente turbada.

Madre mía, que cursi ha quedado eso…

Lo que Malon no sabía era que por la mente del sheika no había ni pasado ese pensamiento.

En su lugar, el rubio trataba inútilmente de encontrar las palabras adecuadas, pero se había quedado completamente bloqueado.

Lo sabía, he hecho el ridículo. Ahora el pobre no sabe ni qué decir para no hacerme sentir mal – Malon, que continuaba reprendiéndose a sí misma, no se decidía a hablar tampoco.

Un incómodo silencio se adueñó de la habitación, hasta que, finalmente, la melodiosa voz del sheika lo quebró.

– Yo también me alegro de haberte conocido.

Malon sonrió para sus adentros, pero se mantuvo callada, ordenando sus pensamientos.

Luego, respiró hondo y se volvió hacia el joven.

Diosas, dadme suerte…

Fin del Flash Back

Link estaba desesperado.

No entendía por qué aún no le habían transportado a la Cámara de los Sabios, y le preocupaba que Sheik se pusiese aún peor bajo aquel clima invernal.

Con las manos temblorosas, volvió a tocar la canción que años atrás le había enseñado la kokiri, y se alegró al escuchar su voz:

Link, ¿me oyes?

Sí, sí, Saria… Dime, ¿qué ha pasado?

Notando la impaciencia del hylian, la Sabia del Bosque se apresuró a contestar:

No hay tiempo para explicaciones: tan sólo respóndeme a una pregunta. ¿Está la princesa utilizando su hechizo de alter-ego?

Sí, y no puede revertirlo. Saria, es complicado, por favor… ¡Ayudadla!

La kokiri suspiró y dijo:

No podemos traerla aquí, pero se nos ha ocurrido una cosa. Ve al Templo de las Sombras, Link. Cuanto antes.

El héroe del tiempo no dudó de su amiga. Cogiendo en brazos a Sheik, volvió a cargarlo sobre el lomo de su fiel yegua y luego tomó las bridas, dispuesto a atravesar Hyrule de punta a punta si fuese necesario.

– ¡Arre, Epona! – Gritó poniéndose en camino – ¡Salvemos a la princesa!

Continuará…

Bueno, hoy tengo muuuucho que comentar, así que este espacio va a quedar especialmente largo. Ejem, ejem… ¡Comencemos!

Drae: Yo no sé qué puñetas planearon los que hicieron el juego con lo de los siete años en los que reinó Ganondorf, así que yo me lo he inventado y he hecho que nadie los recuerde, a pesar de todos los saltos temporales y las cosas raras. Trataré de explicarlo lo mejor posible, pero como es un tema complicado espero no liarla haciendo una paradoja o algo extraño xD

Rachelle Cross: ¿Qué decir que no te haya escrito en el privado? Simplemente, gracias por comentarme, y nada… La verdad es que Link aquí pinta muy poco, el pobre. Pero ya haré otras historias dándole más protagonismo… ¡que por algo es el héroe!

Dialirvi: Sheik contra Zelda. ¿Quién ganará? ¡Muahahaha! Creo que voy a hacerles sufrir un poquito más ;D

freezeLIGHT: Estoy feliz de haber logrado hacer algo original. ¡A ver como se soluciona lo de la personalidad, porque la verdad es que no lo tengo pensado todavía! ¿Debería preocuparme estar tan mal organizada? xD Gracias por comentarme, aunque sé que te lo he dicho antes. Me repito mucho, jajaja.

oO IkU 2012 Oo: ¡A ver si por ahí arriba te escuchan y me va bien! Porque lo que es ahora, los exámenes me están desbordando. Pero no te preocupes, aunque me revienten las neuronas por exceso de uso, seguiré escribiendo. Luego ya podré morir a gusto xD

Gracias a todos una vez más, en serio ^^

Y no, Zelda no me pertenece, no, no y no. Y yo sigo igual de pobre después de escribir esto. Así que no me denunciéis.

¡Hasta la siguiente!