Vaya, me acabo de dar cuenta de algo: el encabezamiento de los capítulos IV y V es el mismo. ¿Es qué estaría pensando para no fijarme cuando los subí? O_O

Esto se debe a que voy escribiendo cada parte de esta historia encima de la anterior, para mantener el "esqueleto" de negritas, mayúsculas y cursivas en orden. Se ve que se me pasó guardar el encabezamiento del capítulo V, y claro… más chapucero no ha podido quedar. En cuanto acabe el fic, editaré esa parte (y también las tildes equivocadas del principio). Perdón por las molestias.

Ah, y antes de que se me olvide: si alguien sabe cómo hacer que los espacios entre la leyenda, el número de capítulo y el texto del fic sean más grandes, que me lo diga, por favor. En la hoja de Word he dejado cinco huecos y aún así, a la hora de publicarse, les da por desaparecer.

Sí, hoy la negrita ha ido de fallos técnicos, pero ya me callo, tranquilos :P

::::: : Cambio de escena

Trarará: Pensamientos

CAPÍTULO VI: DETERMINACIÓN

Impa ya no recordaba la última vez que se había puesto tan nerviosa. Llevaba más de dos horas esperando en la sala principal del templo, y empezaba a convencerse de que había algo extraño. Después de todo, por mucho que se le resistiesen los enigmas a Link, era imposible que le tomase tanto tiempo llegar… Le tenía que haber pasado algo a la fuerza.

Presa de la frustración, Impa golpeó la pared con el puño, hiriéndose los nudillos. Sus manos eran anchas, de piel áspera y callosa; el resultado de una vida entera dedicada a las armas. Pero cuando los hilillos de sangre alcanzaron las uñas rotas, la sheika, que no podía apartar la mirada de la herida, se preguntó de qué había servido.

Ya no podía pelear.

Estaba condenada a vivir en la Cámara de los Sabios, y las pocas veces que pisaba Hyrule sólo podía permanecer en la sala principal de su templo. Ni un metro más, ni un metro menos. Un fortísimo poder la mantenía ligada al lugar.

Por mucho que le costase admitirlo, ya no podía hacer nada. Si Link se encontraba en problemas, tendría que arreglárselas solo.

Como siempre.

:::::::::::::::::::

Lo había sentido: un golpe tan desgarrador que la había obligado a arrodillarse, casi sin fuerzas. Lágrimas de dolor escapaban de sus ojos celestes, pero por mucho que lo intentó, Zelda son pudo detenerlas. Se sintió tan débil que le dio asco.

No soy un bebé… Tengo que levantarme YA.

Y lo intentó, pero no una, sino once veces, y en todas ellas fracasó. Maldiciendo por lo bajo, a la princesa no le quedó más remedio que mantenerse en el suelo.

Pero lo peor estaba aún por llegar.

Las tinieblas que la rodeaban, antes tranquilas, se tornaron frías como el hielo, quemando la piel de la muchacha con cada mínimo roce, amoratándole brazos, labios y piernas.

Nunca en su vida había deseado tanto una manta.

Zelda comprendió aterrada que, de seguir así, pronto moriría congelada, pero su cuerpo no tenía intención de obedecerla.

Se acurrucó en posición fetal sobre el suelo. Ya no sentía esas "nubes" bajo su piel desnuda, sino una áspera y dura plataforma llena de desniveles que se le clavaban en las costillas.

Desesperada, ya sin ápice de esperanza, cerró los ojos con fuerza y esperó la muerte.

– No.

Zelda levantó la cabeza. ¿Había sido un truco de su mente? ¿En verdad… alguien le había hablado?

La garganta de dolía horrores, pero aún así intentó contestar.

– ¿Q-quién…? Tuvo que detenerse, porque había comenzado a temblar tan violentamente que temió lastimarse la lengua con los dientes.

– No te rindas.

En silencio, la princesa clavó los dedos en el suelo. Sintió un pequeño pinchazo cuando las uñas se le partieron, pero no hizo caso y comenzó a arrastrarse, como s fuera una inválida, un animal herido. La voz la animaba a cada centímetro que recorría en su penosa carrera.

– Juntos lo salvaremos.

Pasaron minutos, tal vez horas. El tiempo era confuso para la princesa. En su mente sólo cabía un concepto: avanzar.

Y cuando ya tenía las rodillas, el vientre y los brazos en carne viva, una mano se posó sobre su cabeza.

La voz de Zelda no vibró un ápice cuando pronunció su nombre:

– Sheik.

El joven sonrió con tristeza.

FLASH BACK

No podía… no quería contenerse.

Los cálidos brazos de Malon aprisionaban su cuello, bloqueando cualquier posible escapatoria, y su rostro se encontraba tan cerca que podía sentir su aliento.

Pero lo que realmente impresionó a Sheik fueron sus ojos. Eran de color azul oscuro, tan profundos como las aguas del Lago Hylia, y en ese momento brillaban de una forma que el joven no había visto jamás. Estaban húmedos, llenos de vergüenza, y se notaba que la pelirroja estaba haciendo un gran esfuerzo por mantenerlos fijos en el mismo lugar.

Le había dicho que se alegraba de haberla conocido, pero esas palabras no abarcaban lo que sentía realmente por ella.

Por eso no se apartó. En lugar de hacerlo, el sheika deslizó sus dedos vendados por la sonrojada mejilla de la chica, que contuvo el aliento, sorprendida, y recorrió con ellos cada ángulo de su rostro. Se detuvo cuando llegó a la barbilla.

– ¿Qué… qué pasa…? –Susurró Malon ante el repentino cambio de actitud del sheika – ¿She…?

Pero él sacudió la cabeza., interrumpiéndola.

– Nada.

Era una mentira necesaria.

El corazón de Sheik palpitaba con emoción, pero en el fondo de su alma notaba que algo iba mal, que lo que estaba a punto de pasar no era correcto. En su mente se dibujaba una y otra vez la imagen de Link: sonriendo, saltando de un lado a otro, esquivando a unos guardias con trifuerzas dibujadas en sus armaduras… Y, finalmente, entrelazando su mano con otra, suave, femenina, de uñas largas y cuidadas. La mano de la princesa Zelda.

Unos recuerdos que no le pertenecían.

Cerró los ojos y respiró con fuerza, dejando que la fragancia de Malon impregnase sus sentidos. Olía a campo, a trigo, a hierba recién cortada. A dulzura. Deseó permanecer así toda una vida.

Pero no podía.

Yo… sólo soy una marioneta.

Un suspiro lo sacó de sus ensoñaciones. Para su sorpresa, Malon lo liberó de la presa de sus brazos, manteniendo la cabeza gacha y la mirada firmemente clavada en el suelo. Notó que se le encogía el alma.

– Siento haberte incomodado – Musitó la chica con tanta rapidez que las palabras se entremezclaron en sus labios – Creo que debería irme ya a dormir…

Intentó levantarse, pero antes de que pudiera hacerlo la mano vendada del sheika se cerró en torno a su brazo, tirando de ella hacia abajo.

Sheik la apretó contra su pecho con una fuerza que parecía imposible en alguien tan delgado.

– No quiero que te vayas – Susurró el guerrero una y otra vez, como si de un salmo se tratase – No quiero que te vayas, no quiero que te vayas…

Sentía el calor, el cosquilleo del cabello de Malon sobre su cuello. Aquello era real, y le hacía sentir como jamás habría podido imaginar. ¿Acaso podía el corazón de un muñeco latir así? Si no era más que una creación mágica, ¿por qué necesitaba a esa chica?

Las preguntas eran demasiadas; Sheik notaba la cabeza a punto de explotar, y sentía tantas ganas de llorar como de gritar, pero una parte de él sabía que debía quedarse en esa habitación.

Lentamente, se separó un poco de Malon, lo justo para mirarla fijamente a la cara. Tenía surcos húmedos en las mejillas, posiblemente lágrimas de frustración, y se sintió culpable.

– No me voy a ir, Sheik – Murmuró la granjera con los ojos clavados en la hipnótica mirada carmesí del muchacho – Te lo prometo.

Y lo besó.

Fue entonces cuando el rubio lo comprendió.

Era Sheik, el guerrero de las sombras, aquel que debía ayudar a salvar Hyrule. Nadie más.

El breve recuerdo de Zelda pasó rápido como un relámpago por su mente, pero no sirvió para detener aquel beso, torpe, lleno de miedo, pero a la vez tan deseado que ni un ejército podría haberlo interrumpido.

Yo no soy tú – Pensó el sheika mientras acariciaba la nuca de Malon – Nunca lo seré. Lo siento, princesa…

Sólo la luna, grande y blanca como la nieve, fue testigo de su determinación. Algún día, cuando todo aquello acabase y Ganondorf yaciese bajo tierra, volvería. Tenía un lugar al que regresar.

Y no pensaba abandonarlo.

FIN DEL FLASH BACK

A pesar de que el ambiente se había caldeado bastante, Zelda sintió un escalofrío cuando el guerrero la tomó del brazo para ayudarla a levantarse.

Curiosamente, no le preocupaba su desnudez: ambos se encontraban en las mismas condiciones y, además, sentía que conocía el cuerpo del muchacho tan bien como el suyo propio, por lo que tenía otras razones para encontrarse intranquila, aunque no supiese decir cuáles.

– Me alegra que sepas quién soy – Dijo el sheika mientras retrocedía un paso – Me preocupaba que con el tiempo…

Zelda apretó los puños.

– ¡Jamás te olvidaría! – Le interrumpió – Siempre has sido parte de mí, Sheik, no puedo ignorar eso.

La repentina carcajada del sheika le puso los pelos de punta. Era tan… falsa, tan melancólica, que por un momento sintió ganas de llorar.

– Perdona, perdona – Se disculpó el guerrero mientras trataba de controlarse sin demasiado éxito – No he podido evitarlo.

La princesa sacudió la cabeza, meciendo su cabellera dorada al son de sus movimientos. Era idéntica a la de Sheik, exceptuando el corte. También compartían tono de piel, altura, forma de la cara… Eran casi como dos gotas de agua, aunque fuesen de diferente sexo.

La única diferencia radicaba en los ojos, aguamarina los de ella, carmesí los del guerrero. La prueba indiscutible de que pertenecían a especies diferentes.

– Sheik… – Zelda se acarició el vientre, lleno de rozaduras que destacaban en su palidez – ¿Qué está pasando? ¿Qué… es esto? Siento que algo va terriblemente mal, y no entiendo por qué.

El sheika suspiró y clavó la mirada en el lugar donde hubiera estado el cielo de no haberse encontrado en mitad de la más absoluta oscuridad.

– Todo va mal, princesa – Musitó – Pero el problema ahora es más grave. Antes lo has sentido, ¿verdad? Un golpe fuerte, un grito…

Ella asintió lentamente.

– Link está en peligro.

Los dos lo sabían, aunque no entendían muy bien por qué. Simplemente… sentían que era así.

Zelda abrió los brazos, abarcando la sombras.

– Tiene que haber alguna manera de salvarlo, Sheik, tenemos que hacer algo.

– Podemos hacerlo, de hecho.

La respuesta pilló por sorpresa a la hylian, que arqueó las cejas, confusa.

– ¿Cómo?

Sheik se encogió de hombros.

– Sólo… deja que sea yo una vez más. Sin interrupciones, sin trucos. Deja que Sheik vuelva a la vida.

Zelda sintió cómo su corazón daba un vuelco.

– Tranquila… – Continuó el sheika al ver su reacción – Salvemos a nuestro amigo. Luego ya… arreglaremos cuentas.

La princesa siguió manteniéndose en silencio, por lo que el guerrero, con un suspiro, se adelantó unos cuantos pasos y le sujetó las manos con delicadeza, pero firmemente.

– Zelda, tenemos un problema que vamos a resolver, pero primero debemos ayudar a Link. Sé que quieres hacerlo, así que… no perdamos más el tiempo – La rubia levantó la cabeza al escuchar sus palabras. Sheik hizo una mueca – Por favor.

El silencio se hizo casi eterno hasta que, por fin, unas palabras lo quebraron.

– ¿Qué… tengo que hacer?

CONTINUARÁ

Y la historia continúa, tomando cada vez más forma. Aún queda un poco para que se acabe, así que os va a tocar leer un poco más :P

freezeLIGHT , o0 IkU 2012 0o, y Dialirvi, me deja más tranquila saber que a la gente no le ha resultado gore el uso de la lente de la verdad. Tenía que hacer un cambio respecto al juego, porque Link no podía ir por la vida sujetando una lupa y, además, pensé que ya que ese objeto venía del pozo (una mazmorra bastante grotesca, por lo menos desde mi punto de vista), algo espeluznante debía tener, jajaja.

Vaidoli, gracias por seguir mis historias :D Ya estoy trabajando en "eso que tú sabes", jujuju.

Zillia K, no te preocupes, es normal, yo también pierdo a veces la pista de los fics que leo. ¡Es normal, hay mil por ahí, todos ellos geniales, y si encima a eso le sumas las ocupaciones diarias, el caos ya es increíble! Sólo espero poder seguir escribiendo cosas medianamente legibles, jajaja.

Ihatellamas, en primer lugar, adoro tu nick xD En segundo, pedirte una disculpa, porque me ocurrió un pequeño problema con los mensajes privados y algo me dice que no te envié uno al leer tu review. Siempre escribo algo a todos los que me comentan, pero creo que en tu caso me salté esa costumbre. Perdona, y que sepas que me alegro de haberme ganado tu review.

Gracias a todos de nuevo. Sé que hay muchos a los que no he mencionado aquí, pero tengo un cacao mental importante y no quiero repetir una y otra vez cosas que a lo mejor he dicho en privados. Prometo controlar mejor esto más adelante.

Nos vemos en el siguiente, y hasta otra.