Los personajes de One Piece no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda.
Todo en esta historia es inventado, pero casi todo ha sucedido.
Capítulo V
-Capítulo final-
No tardaron mucho en elaborar las compras que quería hacer Kid, y enseguida que acabaron volvieron al navío con los demás, que los estaban esperando para zarpar hacia la isla de Fraser, que no quedaba lejos de ahí y era donde tenían que dejar a Bonney. Y también, donde supuestamente su tripulación la estaría esperando.
Caminando por los pasillos con pesadez, se acomodó finalmente en la cama que le habían proporcionado los Piratas de Kid. Removió todos sus bolsillos y sus cosas, repasando cada una de las cosas que debía hacer cuando llegara a la isla. Hasta tomó algunos apuntes, como si fuera una lista de la compra, para no olvidarse de nada. Bufó nerviosa y se removió el pelo. Estaba demasiado resacosa para pensar con claridad, pero tampoco disponía de mucho tiempo. En todo caso, si necesitara de alguna ayuda, no dudaría en poner esa carita de pena que tanto sabía hacer y que seguramente Kid caería ante sus deseos de niñita caprichosa.
Ah… pensando en Kid. Sólo en tener en mente a ese malcriado pelirrojo se le erizaba cada parte de su cuerpo y se le revolvía el estómago. Un poco paradójico. Pero quizás el amor que sentía era ese tipo de amor que era contradictorio. A pesar de todo lo que te pueda hacer enfadar una persona, o lo que te pueda llegar a molestar, en algún lugar de tu mente y tu corazón seguirás estando al lado de dicha persona. Lástima que Bonney no tuviera tiempo suficiente en experimentar qué era el amor. El tiempo era homicida y cruel.
Pobre niña hambrienta. Miedosa de caer en las entrañas del apego hacia Kid; perdiendo los minutos dando vueltas a algo que no llegaba a nada. Que no llegaba a nada ni tenía futuro. Sólo de volver a discurrir cosas sobre ese gorila se irritaba.
Suspiró derrotada. Se le hizo demasiado corto el viaje, y eso que juró que iba a ser algo durísimo. Y en cierta manera lo era.
Las despedidas nunca fueron fáciles.
Las despedidas nunca fueron fáciles, ni para el uno, ni para el otro. Pero ya sabían los dos que ese día llegaría, y, aunque todavía no se conocían en profundidad algo innegable pasaba entre ellos. Puede ser un algo que se borre con el tiempo, o, por el contrario, puede ser un algo que quede tatuado en la piel, impregnado en la memoria o escrito en el corazón.
Había un sentimiento.
Al mismo tiempo, Kid yacía en el sofá, con su antebrazo tapándole los ojos, intentando sumergirse en algún sueño profundo mientras degustaba aún el leve sabor de alcohol que bañaba su boca de la noche anterior. Un gusto tan cálido, sin amargura. Sin aliento. Permaneciendo cercano a todo recuerdo.
Corazones resbaladizos que se caían por los vacíos de la madera. Y no había manera de cogerlos y recuperarlos.
—Capitán, acabamos de atrancar en Fraser… —se oyó una voz débil que le hablaba al pelirrojo.
Kid se limitó a suspirar.
—Ahora aviso al pastelito de fresa —pronunció después de una larga espera.
—Nosotros… nos vamos a ver la cuidad… —continuó después de oír la respuesta del otro—. Despídete de ella de nuestra parte.
Se levantó con lentitud y caminó despacio hacia la puerta que daba a la habitación de Bonney. Alzó su mano para picar a la puerta, pero se detuvo pensativo, dudoso, miedoso, como esperando a que se parara el tiempo. Cerró los ojos con fuerza y negó con la cabeza, también tal vez para intentar deshacerse de sus pensamientos, esa voz que le decía por dentro que todavía no era el momento de despedirse de ella.
Finalmente se decidió tocar la puerta y esperó a que la otra le abriese o le dijese que entrara. Pero Bonney estaba en silencio, de pie, delante de la entrada de su cuarto. Quizá aguardando esas palabras que tanto miedo tenía de oír de la voz, probablemente ronca del capitán, o quizás creyendo que el pelirrojo abriría la puerta por su cuenta.
Sólo estaba esperando un gesto de él. Nerviosa. Lacrimosa. Temblorosa.
Se acercó a la puerta con la intención de abrirle después de haberse quedado pasmada delante durante un buen rato, sin embargo, antes de que pudiera si quiera tocar el frío pomo con sus manos decididas el otro, en un instante, la abrió intencionadamente.
Kid dio un saltito hacia atrás, no esperaba encontrársela tan de cerca, tanto que podría oír su corazón latir. Desvió su mirada, para no poder sentir sus pupilas clavadas en él, enormes, como dos lunas resplandecientes que seguramente le observaban con asombro.
—Creo que ya es hora de que me vaya… —alegó ella, también esquivándole.
—¿Qué coñ…—intentó pronunciar a la vez que se dirigía a la cama de Bonney al ver un montón de folios esparcidos. En cambio ésta se quedó como aturdida al oír las palabras del pelirrojo. Y en seguida se dio cuenta de que no había guardado todos los papeles.
Lo primero que pensó Kid es que tal vez le estaba robando, quizá con mapas que tenían por ahí, pero al acercarse se percató de que esas hojas no le pertenecían. Era… era demasiado complicado describir lo que veía.
Despertada del ensueño fue corriendo al lado de Kid, recuperando el aliento y a acertar a decir algo.
—¿Qué se supone que vais a hacer tú y tu tripulación? —se atrevió el muchacho a preguntar —Bueno, más bien tú —continuó encarándose hacia a ella—. He leído el periódico hoy, se supone que estás en la Grand Line, con los tuyos. Pero en cambio estás aquí, ¿por qué? —esperó un par de segundos antes de continuar—. ¿Cómo es posible que una persona pueda estar en dos sitios a la vez?
Bonney estaba con los ojos como platos, con todo el rollo de la noche de borrachera se le olvidó ocultar el periódico tal y como siempre hacía desde que entró en la tripulación de Kid.
—Respóndeme —su voz sonaba profunda y grave—. ¿Qué se supone que estás haciendo?
La respiración de la chica se agitó e intentaba atinar con las palabras para darle una respuesta coherente, pero no podía. No sabía qué decirle, no sabía cómo explicárselo.
—Es… es complicado.
—Haz que suene simple. Tú siempre eres así, prefieres quitarte las preocupaciones.
La chica bufó preocupada, no podía mentirle, no ante esos ojos que traspasaban su piel y que la miraban tan fijamente. No ante esa expresión de seriedad y frialdad
—Tengo que… avisar a un… amigo —. Se pensó demasiado sus palabras.
—¿Avisarle de qué? —continuaba Kid cuestionando.
—No te importa, ¿vale? No es asunto tuyo –hizo un ademán para librarse de Kid e intentó recoger todos los papeles, pero el gorila la amarró del brazo.
—Eres real, sé que eres real. No eres una ilusión, así que dime qué está pasando.
—Va a pasar algo muy malo, por eso necesito encontrar a mi amigo —Suspiró pesadamente y el pelirrojo asintió.
—Te ayudaré, entonces —añadió luego.
Se moría por hacerle más preguntas, pero en cambio no preguntó nada más. Cuando no se pueden decir las cosas, las miradas se cargan de palabras. Lo único que no quería Kid era que Bonney tuviera que exponerse a algún peligro. Y menos si estaba sola. En el fondo acabó importándole mucho.
—¿Y bien? ¿Adónde tenemos que ir? —preguntó con tono divertido, dejando atrás la severidad de antes.
—Eh… tenemos que ir a una dirección que me dio Daniel —contestó mientras buscaba en los papeles.
—¿Daniel? ¿Ese amigo tuyo? —cuestionó curioso.
—Sí —replicó—. ¿Tienes un bolso? Sería para meter los papeles —dijo después de haber encontrado la dirección.
—No tenemos bolsos aquí, nena —no podía concebir idea semejante de tener "bolsos"—. Pero tenemos carpetas —agregó y Bonney hizo un gesto de aceptación.
Después de que el pastelito de fresa terminara de poner esas hojas dentro del portafolio los dos se dirigieron al lugar donde se refería el papel que usó ese Daniel para apuntar la dirección.
Caminaron a paso ligero, travesando todo el puerto y toda la ciudad de una vez. Parecía que Bonney estaba totalmente decidida a no pararse y ni hacer ningún descanso, pero más que eso, tenía el rostro temeroso. Cuando Kid pensaba más en que no iban a aturarse, Bonney rompió el ritmo, se paró en seco.
—Una carroza… —murmuró.
—¿Qué? —preguntó ante su falta de atención.
—Necesitamos una carroza.
—¿Por qué? —habló extrañado el gorila.
—Porque necesitamos transportar algo —contestó nerviosa.
—Eh… tranquilízate —pronunció con voz suave, algo extraño en él —. Llevas todo el trayecto nerviosa.
—No sé… no sé qué me pasa —se puso una mano en la frente, intentando tranquilizarse y estabilizar su pulso, respirando hondo.
—Bien… —añadió más sosegada unos minutos más tarde—. Alquilemos una carroza —apuntó sonriendo.
—¿Alquilar? De eso nada, somos piratas, la robaremos —dijo Kid a carcajadas.
—¿¡Qué!? ¡No! —vociferó la otra negándose con la cabeza rotundamente —. No podemos llamar la atención. La alquilaremos —continuó decidida—. La alquilaremos de verdad.
—Ajá… ¿Y quién la va a pagar?
A Bonney se le pusieron los ojos como platos y después de cero coma un segundo cambió su cara de sorprendida a una expresión de pena, ofreciéndosela a Kid, tal y como sabía hacer tan bien.
—Cómo te odio… —musitó mientras alzaba su mano para taparle la cara.
Hablaron durante el trayecto, hablaron bastante, de cosas simples: de su niñez, de sus historias en el mar, de sus problemas amorosos. Parecían personas normales, y no como antes, que se dirigían a gritos y a veces a palabras insultantes. Todo el día discutiendo. Pero ahora estaban entablando una conversación con total serenidad. Riéndose el uno del otro, pero sin maldad.
—Oye Bonney —la nombró Kid por su nombre mientras caminaban, ahora a un paso más calmado—, parece que sabes adónde vas.
Ella le dedicó una mirada sincera.
—Es que… cuando mi isla fue destruida, llegué aquí —explicó—. He pasado en esta isla la mayor parte de mi vida. Así que sé dónde están las cosas, y sé dónde debo ir.
En el momento que respondió a Kid, se hizo el silencio. Realmente podría haber sido un silencio agradable, pero no lo era. El miedo comía a Eustass por dentro, y aunque Bonney parecía más serena ahora, él se iba poniendo cada vez más intranquilo.
—¿Qué pasará cuando termines lo que has venido a hacer? —preguntó serio, decidido a saber la respuesta, respuesta que ya sabía hace rato, pero esta vez era diferente porque la tendría que oír de sus labios.
—Que me marcharé —contestó en el mismo tono.
Kid tragó saliva, tragó tan fuerte que se escuchó sus gesticulaciones al hacerlo.
—Seguro que nos veremos en el Nuevo Mundo.
—¿En el Nuevo Mundo? ¿Y no en la Grand Line?
Bonney volvió a mirar su rostro, definitivamente su mirada estaba llena de una vida pasada, de una madurez prematura. Ella no contestó, y el otro tampoco siguió preguntando ni hablando, se hizo el silencio definitivamente. Un silencio que tardó en romperse hasta que no llegaron al puesto de alquiler de transportes.
—Me debes diez mil berries.
—Lo sé —admitió ella mientras subía a la carroza.
—Oh claro, las damas primero —se quejó el pelirrojo.
—¡Por supuesto! —contestó graciosa —. Además debes de agradecerme que no haya contratado al conductor de esta carroza.
—Hombre, sólo faltaría… ¿Pero sabes ir, no?
—¡Claro que sé ir! —exclamó cogiendo las riendas con agresividad.
—¡Eh! Tranquilita.
La paz que había hacía unos minutos se acabó en cuanto se pusieron en marcha, empezaron a discutir de nuevo, a insultarse y a decirse verdades con descaro. Sinceramente, tanto el uno como el otro se lo pasaban bien, era más divertido así. Y es que Kid había cambiado un poco desde que Bonney llegó a su vida, él hablaba odio y los insultos eran sus puños, pero desde que la conoció, empezó a tener más cuidado con sus palabras y hechos. Siempre había sido rechazado por todas, esta vez no quería volver a sentirse repudiado, y menos por el pastelito de fresa. Sobre todo por el pastelito de fresa. Sentía atracción hacia ella, mucha. Le atraía como loco, como una flor atrae a las mariposas. Y ella era una espléndida mariposa, eran sus alas que la hacían preciosa. Podría hacerla volar, pero nunca podría hacer que se quedara, ni por todo el oro de Gol D. Roger. Ni siquiera por sus insignificantes palabras.
Al rato ambos llegaron al interior de un bosque espeso, abandonando la ciudad con su multitud y adentrándose en la vegetación donde a lo lejos se encontraba una casa algo descuidada exteriormente.
—¿Es aquí? —preguntó Kid.
—Sí, eso parece… —contestó no muy convencida.
Bonney bajo del transporte y entró en la casa corriendo; Kid hizo lo mismo y la siguió por el interior de la casa.
—¿Qué estamos buscando?
—Una caja —respondió—, una caja del tamaño de una persona.
Kid hizo un gesto de entendimiento y se dividieron para buscar lo que decía Bonney, entrando a cadsa habitación y poniéndolo todo perdido.
—¿Puede ser esto? —gritó el pelirrojo desde una sala.
Al oír la voz del capitán, el pastelito de fresa corrió hacia donde él estaba.
—¡Sí! —exclamó —. ¡Sí, sí, genial! —volvió a exclamar mientras saltaba de alegría —. ¡Gracias Daniel, eres el mejor! —vociferaba mientras le daba un abrazo a Kid.
Por el contrario, el otro intentó zafarse de ella, se sentía incómodo con ella tan de cerca. Hacía que se sonrojara y no quería que Bonney se percatara de ello.
—¿Ha sido Daniel quien ha enviado esto? —preguntó procurando crear un tema de conversación.
—Sí, ahora hay que meterlo en la carroza y dirigirnos a la universidad.
—¿A la universidad?
—Sí, ahí es donde está él, debemos entregarle esto.
Con mucho cuidado y sosiego, los dos levantaron esa caja por ambas partes y la colocaron en la carroza muy delicadamente. Al acabar, Bonney volvió a coger las riendas de los caballos y se dispuso a ir rápidamente a la universidad de Fraser.
Si hubiera estado en un automóvil hubiera sido una loca al volante. Hasta Kid le decía que fuera frenando, que podía atropellar a un ciudadano, que si pretendía no llamar la atención estaba haciendo todo lo contrario, pero Bonney no escuchaba, no solía hacerlo y menos las cosas que el gorila le decía, estaba contenta, entusiasmada y excitada. Daniel había cumplido con su palabra y ahora podría volver a casa. Sin embargo una sensación de amargura le recorrió todo su cuerpo e hizo que los caballos frenaran su paso también. Si ahora podía volver a casa, eso quería decir que se tendría que despedir de Kid, y en el fondo, le dolía, y gran parte de ella no quería separarse de él. Quería conocerlo más, estar más tiempo con él, pero tenía un lugar adonde ir y volver, no podía quedarse por mucho que lo deseara. Y eso también la entristecía. Había pasado grandes momentos a su lado y lo echaría de menos. Al menos era como se sentía ahora, pero lo que más le dolía era otra cosa.
Antes de que sus ojos comenzaran a bañarse bajo una tela de lágrimas Kid cogió las riendas y frenó a los caballos de golpe. Ese gesto hizo que Bonney volviera a la realidad.
—¿¡Pero qué te pasa!? —chilló el otro —. Estás loca, vas a matarnos a los dos.
—No creo que seas tan débil como para que te mate un accidente en una carroza.
Kid gruñó.
—Como sea, ya estamos aquí. ¿Qué hacemos?
—Tenemos que coger la caja e ir al departamento de investigación, ahí se encuentra el despacho de Daniel.
Tan pronto como acabó de pronunciar la frase los dos cogieron la caja y fueron en busca del departamento.
—Parece que ahora también sabes adónde vas.
—De pequeña quería ir aquí —explicó—. Pero me desvié por otros caminos más complejos —añadió sonriente.
—Ya veo.
Y la verdad es que está situación también era complicada, no solo por el hecho de que estaban transportando una caja enorme, sino que además los estudiantes los miraban con descaro. Y eso producía cierto malestar tanto en uno como en el otro.
—¡Qué pasa! ¿Es que no tenéis nada mejor qué hacer? —pegó la bronca a los alumnos que hacían cuchicheos sobre ellos —. Sí, ¿qué pasa? Tengo el pelo rosa y él lo tiene rojo, fin del asunto.
Bonney se desgañitó como pudo contra esas personas y Kid no pudo evitar reír a carcajadas, era algo que también quería hacer en el fondo, dar una lección a todas aquellas personas que se habían reído de él, seguramente de una forma mucho más bruta que la de Bonney. Pero con eso ya le valía.
Al avistar el departamento de investigación, Bonney hizo un gesto a Kid diciéndole que parara y bajara la caja al suelo. Después de eso removió sus papeles hasta encontrar una tarjeta de identificación. Era la de Daniel, era necesario tener una para poder entrar ahí dentro. Cuando la encontró la pasó por el reconocimiento haciendo que las puertas se abrieran. Dieron un par de pasos hacia adelante y ladearon la cabeza para observar que no hubiera nadie a los alrededores. Al haber luz verde, volvieron a coger la caja y fueron caminando pasillo abajo hasta encontrar el despacho de Daniel. Una vez visto, Bonney volvió a coger la tarjeta de identificación y la volvió a pasar, pudiendo entrar dentro.
El despacho era enorme, pero estaba todo desordenado, había varias mesas grandes, algunas con cacharros y otras llenas de papeleos. Daniel estaba dentro, pero no pudo cerciorarse de que ellos habían entrado, estaba demasiado metido en sus investigaciones como para darse cuenta.
Bonney picó la puerta para llamar la atención de Daniel.
—¿Hola? —dijo alzando la voz.
Daniel se asustó, esta vez sí se había percatado de sus presencias.
—¿Quiénes sois? ¿Cómo habéis entrado? —preguntaba desconcertado.
—Pensaba que os conocíais —musitó entre dientes el pelirrojo, a lo que Bonney suspiró.
—Daniel… tengo algo para ti —habló al final.
—¿El qué? ¿Eso de ahí? ¿Quién lo envía?
—Tú.
Daniel casi puso los ojos en blanco, o quizás le estaba dando un ataque. Antes de que perdiera la cordura añadió:
—Sí, vale, muy gracioso, riéndoos del pobre Dani —dijo incrédulo —. Ahora marchaos, no tenéis nada que hacer aquí.
Bonney tenía poca paciencia, así que le tiró la carpeta con los papeles antes de que llamara a seguridad y consiguiera echarlos por completo. Daniel la cogió de una vez, hizo un gesto indicando que si era para él a lo que Bonney asintió, dándole permiso para que la abriera y viera lo que había dentro. Empezó a sacar los papeles uno por uno, ahora sí que se le habían puesto los ojos en blanco. Todos esos papeles, uno tras de otro, todos aquellos tenían su letra, su firma, su esencia. Pero él no recordaba haber hecho todo eso, no recordaba haber llegado tan lejos con sus investigaciones. Fue entonces cuando miró esa caja, ladeó la cabeza era prácticamente igual a la que tenía en su despacho (y de la cual aún estaba haciendo investigaciones), sólo que muchísimo más grande.
Ahora mismo Daniel estaba intentando atar cabos. Estaba realmente fascinado y asustado. No podía creerse que pudiera llegar a acabar sus investigaciones. Era algo inaudible, increíblemente lleno de incredulidad.
—¿Por qué estás aquí? —consiguió preguntar.
—Tú me enviaste.
Daniel la miró extrañado, mientras tanto Kid empezó a sacar conclusiones por sí solo, no era demasiado listo, pero tonto tampoco era. Ya se lo había dicho antes, que cómo era posible estar en dos sitios a la vez, además ni siquiera le había pedido explicaciones. Pero ahora todo encajaba.
—Fraser no existirá dentro de tres años —tragó salva antes de continuar—, es por eso que tú me enviaste aquí, para que te diera todos estos planos. Que tú sabrías qué hacer con ellos.
Tanto Daniel como Kid la miraron asombrados.
—¿Por qué no existirá? —se adelantó Kid a la pregunta.
—Los militares harán pruebas biológicas y de bombas en toda la isla —pronunció con dificultad.
Al fin y al cabo era el lugar donde Bonney había crecido. Ya había visto destruirse una, el lugar donde nació, no quería que volviera a pasar lo mismo. Asimismo también tenía amigos dentro de la isla, no quería verlos morir a todos, tal y como pasó anteriormente.
—¡Eso es imposible! —Estoy haciendo investigaciones para ellos, no han mencionado algo tan descabellado —comentó él —. Sí, es verdad, estamos creando nuevas bombas, pero no para destruir esta isla.
—¡Pues créeme! —explotó Bonney con lágrimas y en seguida se puso la mano en el bolsillo y sacó lo que parecía ser una carta —. Lee —ordenó.
Daniel la cogió de inmediato y tan pronto como la tuvo en las manos sus ojos empezaron a moverse de un lado hacia el otro, devorando cada una de las palabras que decía allí. Empezó a llorar por el contenido de la carta.
—¿De dónde has sacado esto? —preguntó limpiándose las lágrimas con su brazo.
Bonney no contestó, sólo se dispuso a esquivarle la mirada.
—Bien, entonces todos estos planos son de las bombas, tanto biológicas como atómicas —dijo Daniel calmándose y leyendo los planos —. Con esto podré desactivarlas cuando se construyan —. Además, parece que también hay varios mapas, indicándome dónde van a colocar dichas bombas…
Mientras tanto Daniel seguía revisando todos los papeles, algunos eran planos, otros eran mapas, y otros muchos eran anotaciones de él para él. Explicándose así mismo el funcionamiento de la caja, el funcionamiento de las bombas… todo estaba perfectamente explicado.
—¿Y entonces para qué sirve esa caja que hemos estado llevando todo el día? —preguntó Kid, que se sentía como pez fuera del agua.
Bonney le miró apenada.
—Esa caja es para que ella vuelva, para que vuelva a su tiempo —contestó por ella Daniel —. Ahora que ya ha cumplido su cometido, va a tener que irse.
—Sólo él puede desactivarlas, sólo él tiene los conocimientos necesarios —se excusó—, tenía que venir, avisarle de lo que iba a ocurrir —intentaba explicarle a Kid —. Es mi hogar.
Kid le acarició la mejilla.
—Está bien…
Daniel cogió la caja y la acomodó en un lugar espacioso.
—¿Kid, te llamas? —preguntó Daniel.
—Sí —contestó monótono.
—¿Podrías ayudarme con esto?
Asintió con la cabeza y se acercó al científico dejando a la llorosa Bonney sola, para que se recuperara por sí sola de sus llantos ahogados.
—¿Qué pasará cuando ella regrese? —susurró el pelirrojo mientras cogía varios cables.
—Que todo volverá a ser como antes, no se acordará de nada, no tendrá la consciencia de haber estado aquí —contestó sinceramente Daniel mientras configuraba la máquina—. ¿Te gusta, verdad? —preguntó un par de segundos después.
Kid sólo resopló.
—Bien, ya está todo listo —le musitó y Kid alzó la cabeza asustadizo.
—Tranquilo, os dejaré solos —dijo con una sonrisa tristona—. Despídete de ella, haz que haya valido la pena…
—Gracias, supongo.
—Cuando termines, no te olvides de pulsar este botón.
—Lo haré.
Daniel le dio un par de palmaditas en la espalda y se dirigió hacia Bonney.
—Ya es la hora —le habló con voz pausada —, no te preocupes que yo me encargaré de todo —le decía mientras le acariciaba la cabeza para calmarla —. Os dejo solos.
Bonney alzó su mirada llorosa, le sonrío y le dijo gracias con una vocecita muy débil, apenas perceptible. Aunque en verdad, Bonney lloraba por no querer despedirse de Kid, por no querer decirle adiós. Ella misma sabía que ese día iba a llegar, pero no había tenido en cuenta el cariño que le había cogido. Pensaba que iba a ser todo diferente, que no iba a conocer a nadie, que sólo iba a encontrar a Dani y ya está, que iba a estar sola en este viaje. Pero no, ese gorila pelirrojo tuvo que cruzarse en su camino y robarle el corazón.
—Vamos, ven aquí —pronunció un Kid sosegado ofreciéndole la mano. A lo que Bonney obedeció sin rechistar —. Es hora de que te vayas, pastelito de fresa.
La chica de cabellos rosados se limpiaba el rostro de lágrimas con su mano.
—Sí… —contestó más apacible —. Adiós Kid, gracias por este viaje —le decía sonriéndole.
—Sí, de nada —contestó —. Ha sido realmente un placer —respondía un extraño Kid educado.
Ambos bufaron a la vez, incómodos por la situación. Ninguno de los dos se atrevía a decirle al otro lo que sentía. Ella había estado con Kid en diversas situaciones, y no lo veía para nada seguro con las chicas. Sin embargo fue entonces cuando Kid recordó las palabras de Daniel «haz que haya valido la pena». Esa frase resonaba en su cabeza como un campanario. Y llevaba toda la razón del mundo. Habían estado juntos semanas, habían compartido barco, vivido juntos y se había comido todas las existencias del barco. Es más, habían compartido alcohol. Y Kid no era de los que comparten el alcohol con nadie. Había pasado de ser una desconocida a ser alguien que le importara. Absolutamente tenía que mandar su autocontrol a la mierda. Cogió con tacto el rostro húmedo, por causa de las lágrimas pasadas, de Bonney y lo acercó al suyo, casi rozándole los labios. Por otro lado, la chica se asustó y tiró la cabeza un poco hacia atrás.
—Deja de pensar si te vas a dejar besar —comentó Kid con una voz cautivadora. Estaba tan cerca que podía sentir su cálido aliento.
Claro que no tenía que pensárselo, aún no sabía ni porqué tuvo la sinvergüenza de tirarse hacia atrás; así que Bonney correspondió inmediatamente al beso decidida.
—Bésame, por favor —le susurró, tan de cerca como lo estaba antes Kid.
Y por fin sus labios pudieron tocarse con los suyos, percibir la calidez de éstos, sentir sus lenguas entrelazándose entre ellas. Eustass la cogió con ambas manos, quería hacerla saber que la deseaba, que le gustaba de verdad que todo lo que había pasado no había sido en vano. Bonney también le agarró para profundizar en el beso. La sensación de su boca contra la suya fue verdaderamente excitante y sublime. Sus bocas danzaban al mismo compás que sus lenguas. Esas mismas bocas que luchaban tibiamente mordiéndose con los labios. Y aunque se mordieran, ese dolor sería dulce y el sabor agradable. Y si se ahogaban en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte sería bella. Entonces la mano de Kid se movió para poder hundirse en su pelo mientras se besaban como si tuvieran la boca llena de movimientos vivos. Ese beso desataba toda la pasión que llevaban dentro, un beso que, casi instantáneamente hacía subir la temperatura de ambos y los llenaban de calor y de placer haciéndolos temblar como una luna llena reflejada en el agua.
Pero Kid finalmente se separó, recuperando el aire. Bonney, por su parte, acarició, aún temblorosa por la escena anterior, su mejilla con mucho cariño y tacto, no obstante Kid cogió su mano y le dijo:
—Tienes que marcharte.
Y en aquel momento el pastelito de fresa cogió un papel de los muchos que habían esparcidos al azar, lo rompió como si no le importara lo que haya escrito delante, y cogió el primer bolígrafo que encontró para escribir en él. A los pocos segundos de acabar, lo dobló y se lo entregó a Kid.
Al final Bonney se acomodó a la caja sin esperar demasiado, ya lo estaba haciendo muy difícil y si no se marchaba ahora temía no hacerlo nunca.
—Gracias Kid, seguro que nos volveremos a ver —dijo sus últimas palabras totalmente sonriente.
Eustass le acarició el rostro una última vez y le devolvió la sonrisa.
—Seguro que sí —le respondió mientras tenía la valentía de apretar el botón.
Una pequeña porción de luz salía de ese cacharro, no llegó a cegarle del todo, pero cuando el ruido amainó, abrió la caja.
Ella ya no estaba dentro. Aún mantenía esa pequeña posibilidad, pero ya no estaba. Y ya no sabría nada de él. Ya no había nada qué hacer, se había marchado. Definitivamente el tiempo es homicida y cruel.
Entonces Kid acercó su mano, donde mantenía el papel que Bonney le dio y se decidió a leerlo:
«Te debo diez mil berries
Firmado: Bonney.»
A kid se le dibujó una sonrisa.
Sí, parece que se volverían a ver en un futuro; y en verdad es que el pastelito de fresa fue todo y nada a la vez para el gorila.
«Será en algún momento,
no importa cuándo o dónde, aquí o allá,
porque el amor, por parecerse al viento,
parece que se ha ido y no se va.»
-Fin-
Me disculpo de antemano con las posibles faltas ortográficas que pueda presentar el fic.
Bueno, qué os ha parecido? Un capítulo intenso, de muchas emociones y cursiladas (?). Seguramente habréis ehcado en falta a Killer y a los demás, pero en fin, este fic iba a ser un Kid x Bonney, tampoco iba a enrollarme con los demás teniendo en cuenta que iba a ser un mini-fic.
No sé vosotros pero yo creo que ese beso pedía más! xD
La historia en sí ya está acabada, ahora sólo faltaría el epílogo ^^ así que no os preocupéis, que ahí se resolverán las dudas (también explicaré el funcionamiento de las cajas y demás) así que nos vemos prontito señoritos y señoritas!
Peeeeeeero no me voy sin antes agradecer a Eris (la razón por la que escribo este fic), a Kona Kana lee, a Lololololo.91 y a oli por los grandiiismos comentarios que me dejáis! (que sé que aún no os he contestado pero lo haré ahora xD)
Y también agradecer a los follow y favs a: ApocalypticWorld, Lololololo.91, kona kana lee, Dryas Iereia, Joshevisia-Chan y Tianzi Kuchiki *3*
Y como oli no tiene cuenta le responderé por aquí:
Me encanta que te encante cielo! Dsgraciadamente este iba a ser un fic pequeño así que no va durar más :( aún así no te preocupes, aún queda el epílogo ^^
Y hasta aquí esta historia. Hasta pronto muchachitos! :3
Se despide con toodo el cariño y amor del mundo,
Myrcur.
