Los personajes de One Piece no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda.

Todo en esta historia es inventado, pero casi todo ha sucedido.


Epílogo.

Bonney era una de esas personas que se interesaba más en salvar su culo que meterse en problemas innecesarios. Sobre todo, a lo largo de este viaje que emprendió cuando era una jovencita, aprendió que a veces los problemas vienen por sí solos. Sin comerlo ni beberlo podría estar metida en el hoyo. Por eso y muchas otras razones, alguna que otra vez se alejaba de los malos augurios que abocaba la Grand Line y se desviaba hacia rutas más tranquilas. Quizá muchos de los otros piratas no hacían eso que hacía ella, esos piratas que se diferenciaban por sus miradas que se llenaban de emoción o locura en busca de alguna aventura donde poner su vida en peligro.

No, Bonney apreciaba su vida. No era que no confiara en su fuerza, era una de los Supernovas. Pero preferiría morir, en el caso de que le tocara la desgracia de dejar de existir, hacerlo en alguna causa más noble, o, si no era demasiado, morir en algo grande y no por alguna idiotez mal pensada.

Tal era el caso que decidió apartarse de la muchedumbre de problemas que le venían por tener una recompensa tan alta e ir a parar a Nébula. Era bastante poco habitual que la Marine estuviera en esos lares, era una de las islas que estaban en el punto de no retorno. Le gustaba permanecer por ahí cerca, ya que la isla de dónde provenía también lo estaba. Su tripulación la acompañaba, pero ésta estaba de turismo por la ciudad. No obstante, Bonney prefería ir a comer a algún sitio bueno y barato. Había oído hablar sobre un restaurante-hostal que se encontraba en medio de la ciudad. McCool's se llamaba. No dudó ni un instante en ir rápidamente a aquel lugar.

Cuando llegó y pasó por la puerta, el ambiente era increíble. La gente comía, se ponían gordos y cerdos con tales cantidades de comida. El sonido de los cubiertos al chocar contra los platos resonaba en todo el comedor. Los murmullos de la gente que tragaba con las bocas llenas de comida retumbaban en los oídos de Bonney. Y no se podía negar, que cuando ella consiguió asiento, comió como una reina. Y, con lo llena que había quedado, se marchó a dar un paseo para bajar todos los alimentos. Fue hasta lo más lejos de la ciudad, dejando todo el bullicio atrás y adentrándose en la más lujuriosa vegetación. Se sentó en la copa de un árbol y dejó que los rayos tenues del sol rozaran su piel. Su manó se apoyó en la firme tierra, pero el tracto era diferente; su cabeza giró para ver qué era lo que estaba debajo y resultó ser un sobre. Lo cogió y le dio un par de vueltas, observándolo con atención. Parecía llevar una carta dentro, además era un sobre la de universidad, y no una universidad cualquiera, era a la que quería asistir cuando era una jovencita. Sin embargo, después de dejar de lado sus pensamientos nostálgicos se percató de que la universidad se encontraba en la isla siguiente. Por eso mismo se preguntó cómo había llegado ese sobre a sus manos. Inmediatamente pensó que quizás a alguien se le hubiera caído, pero no había ni emisor ni receptor.

Seguramente por saciar su curiosidad y dejar pasar un poco de tiempo, Bonney se dispuso a abrir el sobre; dentro había una carta que, como el sobre, no iba dirigida a nadie en concreto. Sus ojos seguían con ligereza los renglones de un lado a otro, intentando entender lo que decía. Parecía una carta de información y de despedida; ese hombre, que firmaba como "Daniel R.", no solo decía adiós al mundo en sí, sino que también nombraba a una tal Charlotte de la cual le remarcaba ahí sus sentimientos. No sabía cómo una carta tan personal había llegado a sus manos. Era tierna, melancólica y terrorífica a la vez. Desconcertada por una parte se sentía Bonney al no comprender las líneas que acababa de leer, confusa por otra al no tener suficiente constancia al probar que todo lo que decía era real. Al fin y al cabo era una carta de la universidad. Podría ser una broma pesada.

Podría.

Pero esa carta era demasiado profunda; emanaba un sentimiento de franqueza y sinceridad que era difícil de ser fingido. Además, en ella, explicaba cosas demasiado difíciles como para ser entendidas por una simple pirata.

«El hombre que escribió esto debió ser un tipo muy listo.» Pensó la muchacha de cabellos rosados. Respiró un par de veces mientras pensaba en qué hacer y jugueteaba con la carta entre sus manos. No le gustó nada la sensación que le dejó después de haberla leído. Si todo lo que decía era cierto, había un gran problema. Y cómo odiaba Bonney meterse en problemas innecesarios.

Sin embargo, después de pensárselo un rato decidió asistir a la universidad y preguntar por ese tal "Daniel R". Enseguida se puso en contacto con sus camaradas y les dijo solamente que iba a la isla siguiente y que volvería a la noche.

No les dio explicaciones, tampoco las necesitaban saber. No obstante, uno de sus compañeros le remarcó en el mapa por donde tenía que ir y volver. Fugaz, como la luz, emprendió el camino hacia allí.

Tardó menos de lo que esperaba. La isla se la conocía como la palma de su mano, y, al atrancar el barco corrió hacia la universidad. No había forma de que se perdiera o que malgastara el tiempo dando rodeos o preguntando a la gente por dónde ir. Porque Bonney iba a ser una chica buena, de esas chicas que estudian y se sacan una carrera y siguen con el ciclo de la vida normal. Su familia tenía buenos planes para ella, pero los planes que ellos tenían no eran lo adecuados. Los hijos deben de elegir su propio camino y no cumplir los sueños de los demás. Bonney comprendió eso cuando llegó a la adolescencia, porque, ahí es cuando se dio cuenta de lo que realmente anhelaba. Presa por la ambición de la familia en destacar y tener una mente maravillosa, atada por el afán de vivir una vida ordinaria. Pero esas cadenas empezaron a aflojarse cuando en un día en pleno invierno miró contemplando el oleaje del mar, pensando en qué habría más allá de ese horizonte monótono. Fue en ese momento donde quiso por primera vez algo por sí misma: poder conocer y explorar nuevos lugares. Y, aunque a su familia no les gustó para nada esa decisión, Bonney se empeñó en convertirse en pirata.

Y no se podía decir que no había destacado la muchacha.

Agitada pero ansiosa, consiguió llegar la universidad y preguntar por un tal "Daniel R."

—¿Daniel Russell? —preguntó la recepcionista para aclarar las cosas.

—Eh…—la chica titubeó un poco—. Sí —contestó finalmente un poco dudosa.

—Se encuentra en el departamento de investigación —dijo —. Está por esa dirección —añadió luego señalando el camino.

—Gracias.

Bonney corrió por donde la recepcionista le había señalado y entró decidida a su despacho, no llamó a la puerta siquiera.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó más bien con tono indiscreto que enfadado.

Bonney se quedó quieta, observando al espécimen que tenía delante a la vez que intentaba recobrar el aliento.

—¿Tú eres… Daniel? ¿Daniel Russell?

—S-Sí. ¿Por qué?

—¿Trabajas para los militares?

—Eh… sí. ¿Quién demonios eres tú? —preguntó ya nervioso.

Bonney arqueó una ceja, el hombre que escribió la carta aún seguía vivo, si es que era él el autor.

—Esto… — la chica hizo una pausa para pensarse mejor lo que iba a decir—. ¿Esto es tuyo? —preguntó dubitativa mientras le entregaba el sobre.

Daniel, por su parte, se acercó y lo cogió. Le dio un par de vueltas, analizándolo: desde luego era de la universidad. Se fijó que dentro había un papel, así que lo sacó y lo empezó a leer. Su expresión cambió repentinamente a un rostro que mostraba horror.

—N-no puede ser —logró pronunciar después de haber acabado, llevándose una mano a la frente. Estaba sudando frío de repente —. Así que era eso —habló con un tono parecido a una pregunta.

Y es que Daniel, en esos instantes estaba experimentando con la gravedad, construyendo sus cachivaches y reinventando nuevas fórmulas. Ese hombre al que Bonney estaba buscando era físico, y todas esas fórmulas y cosas inentendibles que ponía en la carta parecían claves importantes para él.

—¡E-esto es, la combinación perfecta!

Bonney seguía sin entender nada.

—¡Mi yo del futuro ha enviado esta carta! ¡Y no sólo eso, me ha dado todas las premisas para entender los viajes en el tiempo! —decía torpe pero apasionadamente entusiasmado —. P-pero… esto es grave —se tranquilizó—, no tenía ni idea que los militares planearan destruir Fraser…

¡¿Que qué?! —exclamó la chavala —. ¿Entonces es verdad? ¿Todo lo que dice en la carta es cierto? —abrió sus enormes ojos asustada.

—S-sí, creo que sí… —contestó respirando agitadamente—. Sin duda alguna es mi letra y… «Charlotte.» —pensó el hombre, era el único que sabía sus sentimientos por ella.

—¿Entonces qué se puede hacer? —cuestionó inquieta.

—T-tenemos tiempo, ¿vale? Primero déjame que configure adecuadamente la máquina, con estas fórmulas, sería posible enviar a alguien al pasado.

—¿Al pasado?

—Claro, al fin y al cabo, esta carta, es del futuro, entonces ha sido enviada al pasado, que ahora es nuestro presente —contestó turbado—, la máquina que existe en el futuro es la máquina para enviar cosas al pasado. Necesitaría a alguien que viajara un par de años atrás y me avisara de todo lo que están tramando los militares —continuó hablando mirando fijamente a Bonney.

—¿Pero qué dices ¿Yo? ¡Ni pensarlo!

—¡Pero Fraser quedará en nada! ¡Además sería un trabajo simple! Solamente tendrías que avisarme y darme los planos necesarios —contestó señalando ese montón de papelotes que tenía en la mesa.

—Pero… si la máquina sirve para enviar cosas al pasado, ¿cómo demonios voy a volver al futuro, que es mi presente, si estoy en el pasado? —preguntó una trastornada Bonney —. ¿Y qué pasaría si me llegara a encontrar con mi yo del pasado? —su respiración y su latidos comenzaban a ser erráticos.

—Esta caja —explicó firme—, sirve también para enviar otra "caja". Es decir, en el tiempo que tú estás en el pasado, yo, en mi línea temporal que es el presente, a partir de las fórmulas que mi yo del futuro me ha enviado, puedo construir otra máquina para el futuro para enviártela al pasado y así tú podrías volver a tu línea temporal real. ¿Entiendes?

—Más o menos… —contestó muy preocupada intentando recoger toda la información que le proporcionaba Daniel.

—Respecto a lo que pasará si te encuentras con tu yo del pasado, en realidad, no pasaría nada en especial; pero si puedes evitarlo, mucho mejor —argumentó el físico—. No te preocupes… eh…

—Bonney.

—Eso, Bonney.

—¿Y luego qué pasará?

—Destruiré las cajas. Esto es… muy peligroso. Espero que mi yo del pasado también lo haga al enviarte aquí de nuevo. Además… cuando vuelvas a tu línea temporal real, tus recuerdos de haber estado en el pasado desaparecerán —esperó varios minutos antes de volver a hablar—. Entonces… ¿me ayudarás?

La mente de Bonney era un caos total, estaba alterada, intranquila, jadeada y estremecida por todo lo que ese hombre había explicado. Pero… Fraser… no podía dejar que eso pasara. Era una pirata, una valiente pirata reconocida como una de los once Supernovas y esto… ¿esto le asustaba?

—¿Y si no puedo volver? —preguntó alarmada

—Tranquila, volverás, te lo prometo.


—¡Eh Bonney! —exclamó una voz—. Despierta dormilona.

—¿Qué pasa? —pronunció somnolienta la joven capitana.

—¡Te has quedado dormida, aquí, en medio del bosque!

Bonney abrió por completo los ojos, se encontraba sentada, debajo de la copa de un árbol.

—Ah… cierto —decía mientras se rascaba los ojos —, empecé a caminar para bajar la comida.

—¡Tenemos muchas ganas de llegar a Shabondy! —sonó otra voz entusiasmada —Oh, te sangra la nariz.

Bonney alzó los ojos y vio a toda su tripulación junto a ella, sus labios se curvaron hasta formar una enorme sonrisa, apenas notó el sangrado que le habían mencionado.

—¡Claro, vámonos! ¡Vasta de descansos por hoy!


Por otra parte, los Piratas de Kid ya habían llegado a Shabondy. Habían pasado dos años desde que Eustass vio a Bonney, pero aún así, ese pelirrojo cabezota y tozudo conservaba ese trozo de papel que la comilona y bella pastelito de fresa le otorgó. Intranquilo y exaltado se sentía ese gorila al tener esperanzas de poder volver a ver a esa impertinente. Shabondy, ese punto de referencia para empezar una nueva aventura en el Nuevo Mundo… Estaba convencido que allí también encontraría a Bonney, había seguido sus noticias por el periódico, así que sabía que lo conseguiría. Había esperado mucho tiempo para volver a ver esos cabellos rosados, oír esa vocecita insolente y quizás, y poco probable, tocar esa piel y esos labios que tanto le habían marcado el día que se despidieron. Dichosa mujer que se llevó el momento. Cómo echaba de menos a esa pastelito de fresa.

—Puede suceder que alguien me nombre, pero ella fingirá no haber oído.

—Kid… —musitó Killer —. Seguro que se encuentra en algún restaurante comiendo como ella sabe.

Kid soltó una carcajada.

—No lo pongo en duda.

—¿Y bien? ¿No vas a ir? —cuestionó el enmascarado en tono dudoso.

—¿Qué crees que estoy haciendo? —contestó un latoso Kid.

Caminando estaban esos dos, aunque, más bien, Kid andaba con paso ligero y Killer tenía que seguirle los pasos por detrás. Desde luego sí que estaba ansioso. No obstante, Killer, siguió por un rato a Kid, pero luego pensó que era mejor dejarlo solo. Era fácil saber dónde podría estar Bonney, sus gritos al comer y la gente mirándola como si fuera una atracción de circo la hacían única. Asimismo, cada vez que se acercaban al restaurante donde se suponía que estaba Bonney, la gente de la calle iba comentando los hechos. Era fácil seguirle el rastro cuando se ponía a zampar.

Un sonoro golpe hizo que la puerta del restaurante rompiera y Bonney dejara de comer. Alzó la vista y vio a un enorme hombre pelirrojo con una sonrisa burlesca en sus labios. En efecto, ese chaval no había pasado desapercibido para una pirata como Bonney, era Kid, de los Piratas de Kid, con una enorme recompensa.

—Me molestas —habló Bonney con hastío, quería comer tranquila.

—¿Ah si? —dijo con tono de burla—. Pues yo creo que me debes algo —al acabar de pronunciar esas palabras le enseñó el papel que Bonney había escrito dos años atrás mientras se acercaba a ella.

Bonney lo observó de cerca, evidentemente era su letra pero... ¿cómo era posible que él tuviera algo así? Y encima firmado con su firma. La misma firma que sólo ella sabía hacer

—¡¿Pero cómo coño…?


Me disculpo de antemano con las posibles faltas ortográficas que pueda presentar el fic.

Bueno, esto ya se ha acabado y tengo que darle al botoncito de "complete" porque este fic ya ha finalizado! Espero que este epílogo haya podido resolver algunas de vuestras dudas~

Al final Bonney le sangra la nariz porque los viajes en el tiempo provocan deterioro físico, pro como veis, se acaba recuperando xD

¿Os habéis fijado que he empezado por el final y he acabado por el principio? en cierta forma me ha hecho gracia. Bueno, qué decir, he disfrutado muchísimo escribiendo esta enrevesada historia, de la cual he intentado hacerla lo más amena, lógica y simple posible ^-^ me he basado bastante en la película "Primer"~ que trata sobre viajes en el tiempo, pero la temática de esa película es muchísimo más compleja que la de este fic y sólo entendidos pueden llegar a preciar esa obra maestra de poco presupuesto (yo necesité verla muchas veces con un esquema que te da wikipedia). Las cajas que te proporcionan la opción de viajar en el tiempo también funcionan de una manera "similar" a la de la película.

Dicho esto, espero que Eris haya podido disfrutar de lo lindo de su fic! Me disculpo con ella ya que su cumpleaños es en enero, y recién acabo el fic ahora! Soy un desastre, pero ya sabes que no lo dejaría de lado, verdad? uwu

—ATENCIÓN SPOILERS SOBRE LOST—

(si estáis viendo Lost o tenéis la intención de miraros la serie: por el amor de Dios, no leáis esto BAJO NINGÚN CONCEPTO)

AJÁ, Daniel está basado en Daniel Faraday, sólo que le he cambiado el apellido (ya que originalmente se iba a llamar Russell entonces se me ocurrió ponerle Russell en vez de Faraday, ya que sino quedaría super descarado xD). Además, de que destruiría un personaje tan genial como es Daniel, no quiero llevar ese peso sobre mi tumba xD Y bueno, ya que Daniel R estaba basado en el mismisimo Faraday, me tomé la libertad de incluir, en este caso, nombrar a Charlotte.

En este fic no existe una constante, tal y como sale en Lost (que, si recordáis, la constante de Daniel Faraday es Desmond Hume), en este caso, si este fic hubiera una constante, ¿cuál creéis que sería? Yo creo que la constante de Daniel R. sería Bonney (?).

—FIN DE SPOILERS SOBRE LOST—

~Y creo que por mi parte no tengo nada más que añadir~ Ah sí! se me olvidaba, si este fic tuviera que tener un soundtrack, sería la canción la de Sidonie - Sierra y Canadá. Sierra sería Bonney y Canadá Kid (?). Algún verso de la canción lo he incluido en el fic ^^ No me preguntéis por qué lol. OMG, y otra cosa, el poema empleado en los capítulos es de "Ella amará a otro hombre" del poeta José Ángel Buesa.

Peeeeeeero como ya sabéis, no me voy sin antes agradecer a Eris (la razón por la que escribo este fic y por la cual he podido acabarlo), a Kona Kana lee, a Lololololo.91, Indie's Clockwork Orange y a oli por los grandiiismos comentarios que me habéis dejado a lo largo de esta pequeña historia! (no sé si os he contestado, pero lo volveré a hacer xD)

Y también agradecer a los follow y favs a: ApocalypticWorld, Lololololo.91, kona kana lee, Dryas Iereia, Joshevisia-Chan, Tianzi Kuchiki y a Indie's Clockwork Orange*3*

Lo agradezco todo lo que puedo ahora porque después no podré xD como alguien que no tenga cuenta me deje un comentario me va a dar mucha rabia no poder contestarlo, así que por si acaso, pequeño guest: Muchas gracias!

Y esta charlatana escritora desaparece, al fin, de este fic~ hasta más ver preciosos y preciosas!

Myrcur.