Capítulo II
Nabooru preparaba su equipaje de mano. Sin duda esta sería una visita corta o al menos eso pensaba.
-¿Por cuánto tiempo te vas? – le pregunto Zelda mientras que su amiga tomaba sus enseres personales
- No se… la verdad espero volver antes de una semana. Mi madre necesita aclarara algunos asuntos –
- ¿De qué se trata? – Nabooru arqueo los hombros. La carta que llego del fuerte de gerudo la había tomado por sorpresa. En ella no expresaba gran cosa, solamente las ganas de ver a su hija - por favor, ¿me traes algo? – Zelda parecía suplicante.
- Heeee… ¿Qué quieres? – Zelda saco un rollo amarillento escrito desde principio a fin con una diminuta letra – quiero: autógrafos de Koume y Kotake, los libros "Como dejar de ser una mujer medieval", "Mujeres al poder", "Diario de una exitosa", "Como aprovecharse de la debilidad de tu enemigo", "hombres, un mal innecesario"…-
- Esta bien, está bien – Nabooru le quito el rollo y le dio una rápida mirada – creo que tengo todo esto, pero no te garantizó que los traiga, ¿pero por qué no se lo pides a alguno de tus vasallos? –
- Si pudiera lo haría, pero con esto del príncipe Kafei estoy castigada y me están dando donde más me duelen… mis libros -
- Princesa Nabooru. Su carruaje ya está aquí – llego un lacayo
- Princesa Zelda. Pórtate bien y no me extrañes demasiado – Zelda y su amiga se abrazaron
- No tardes… sino me voy a volver loca –Nabooru se río. Zelda siempre la hacía sonreír. Ella hizo una reverencia a su amiga y se marcho. Zelda no podía acompañarla. Todavía tenía que hacer mil tareas. Su padre no se veía para nada feliz después del "accidente" con Kafei y el había obligado a tomar clases forzadas sobre "modales y buenas costumbre". Hoy trataría de comprender el uso correcto de los 113 cubiertos. Su maestra tras Nabooru. Ella era la esposa del consejero real. Una dama refinada, de buenos modales y con un amplio conocimiento en etiqueta. Tenía la apariencia de la clásica mujer vieja, amargada y no muy habituada a sonreír. Zelda suspiro agotada. Esto sin duda sería muy largo.
La señora cargaba una maleta cuadrada que puso sobre la mesa redonda ya dispuesta y adornada para comenzar a practicar
- Soy Ágata – ella hizo una reverencia – el rey me comento sobre su "inconveniente" con el príncipe Kafei de Termina. A causa de eso el rey cree que usted debe mejorar sus modales. Esto no puede ocurrir otra vez ¿está de acuerdo?
- Si yo no….-
- Me párese bien – Ágata ni siquiera la escucho. Zelda parecía todavía más malhumorada – hoy aprenderemos el correcto uso de los 113 cubiertos en una mesa cortesana… – Zelda solo resoplo. Esto sin dudar era la peor tortura imaginable, pero sin duda lo valía. Todo por volver a tener la llave de su biblioteca -… pero debido a que su padre la ha dejado confinada en su habitación no podremos hacerlo hoy – Zelda se veía algo mas aliviada – por eso solo traje 56 cubiertos – Ágata abrió la maleta y aparecieron brillantes cucharas, tenedores, cuchillos de plata y otras cosas más que Zelda había olvidado que existían y que en ese momento no recordaba ni su nombre o utilidad. Ella saco una larga cuchara con forma de gota y comenzó a hablar con un tono monótono, pero agudo – Cuchara para comer mouse. Por la forma que tiene usted se dará cuenta que está hecha para sacar la medida justa que una dama refinada y educada debe llevarse a la boca, más seria una grosería. Moderación y paciencia tienen que ser las virtudes que más se destaquen. No porque este postre sea delicioso usted debe perder la compostura – Zelda exhaló. Definitivamente los hombres habían hecho formas crueles y perversas para hacer sufrir a una mujer. Que bajeza, pero no se podía esperar más de un ser tan egoísta - … la cuchara de sandia. Saca bocados perfectamente redondos ideales para comer de forma mesurada – mientras Ágata continuaba con su discurso Zelda no entendía por qué el hombre inventaba formas tan complicadas para comer. Claro. Él macho había inventado otra forma tortuosa de mantener a sus mujeres esclavizadas en la cocina lavando 113cubiertos, si al final los machos trogloditas comen siempre con las manos y dedos, mientras que las mujeres en su constante persecución por la perfección, igualdad y la aprobación de su pareja se había dado el tiempo de aprender el uso correcto de los 113 cubiertos ¿Quién demonios iba a aprender eso correctamente? Solamente la mujer, dotada de esa capacidad única de hacer mil cosas a la vez era capaz de hacer frente a tal desafío.
– Otra prueba más de la superioridad del sexo femenino – dijo Zelda en voz alta. Ágata se quedo contrariada al escuchar a la princesa. Definitivamente no había escuchado nada de lo que ella él había estado explicando por casi un cuarto de hora - ¿no está harta? – Le pregunto Zelda - ¿Qué no se da cuenta? Usted ha perdido toda su vida aprendiendo el uso correcto del servicio ¿usted cree que a alguien le interesa?, ¿Oh que a su marido le importa? Para su información en las fiestas cortesanas solamente se quedan hombres. Al final de la fiesta lo último que hacen es comer con cubiertos – Ágata parecía sorprendida casi al borde del terror - Usted es más que eso ¿no está acaso asqueada de ser la mujer perfecta? Pues le informo. A nadie le importa, mucho menos a su marido. Lo único que buscan esos seres es mantenernos encerradas en nuestras casas o habitaciones para que no les estorbemos. Solamente nos utilizan para engendrar a su progenie masculina…Si no me cree. Míreme. Mírenos. Encerradas en una torre alejadas del sol, el aire y la naturaleza. Cosas realmente hermosas que solo disfrutan ellos. Esto es muy injusto, dígame ¿Cuándo fue la última vez que salió a pasear sola? Estoy segura que todavía sale con sus hijos mayores o su esposo, quizás con su doncella ¿acaso no confía en usted? Le diré que la vigila solo para que usted no lo cambio pro un hombre más agradable. No son más que una tropa de inseguros machos…-
- Tiene razón…. – la interrumpió la mujer con un hilo de voz. Ágata lucia como si por primera vez abría los ojos y veía la luz
- Somos seres fuertes, no necesitamos de nadie que nos diga que debemos hacer. No nos regiremos por las reglas masculinas que nos imponen. Seremos libres –
- ¡Siiii! – clamo Ágata llena de energía. Zelda se sorprendió por aquel cambio en su actitud, pero eso le dio más fuerza para continuar con su discurso.
- ¡Revolución! Hay que hacer algo para demostrar que estamos inconformes con la vida de esclava que nos imponen. Revélese ¿Qué es lo que más odia y que jamás ha podido decirlo? – la mujer se quedo callada y toda su energía y vitalidad desapareció de inmediato. Zelda creyó que la había ofendido, así que se quedo en silencio. Ágata se veía algo dudosa y comenzó a titubear
- Pues… vera es que no puedo – Zelda se quedo extrañada. Jamás iba a permitir que una mujer dijera "no puedo"
- Sea valiente ¿No lo fue a caso cuando dio a luz a sus 5 hijos?, esto no se le compara –
- Es verdad… - Ágata se quito ese enorme peinado que le hacía ver como una urraca y su cabello grisáceo quedo libre – odio este horrible peinado que tanto gusta a mi marido-
- Bien así se hace… usted es más que una ama de casa o la madre de su marido. Usted es bella - Zelda no hacía otra cosa que animarla
- y lo que también odio es… - Ágata dio un vistazo a la reluciente platería que todavía tenía en su maleta – esos 113 demonios – ella tomo la maleta y tiro todo su interior al jardín sin importar a donde cayeran o a cuantos heridos pudiera dejar.
- ¡Viva la emancipación de las mujeres! – grito con fuerza Zelda
- ¡Viva! – gritaron ambas. Ágata se veía con vitalidad y muy alegre, luego de eso Zelda le entrego los libros que le habían hecho abrir sus ojos "Soy una mujer" y su libro favorito "Manifiesto Feminista". Escritos por Koume y Kotake. El resto del día no hizo otra cosa más que hablar sobre las mujeres, el poder que podían adquirir y sus sueños en el futuro.
El consejero del rey se veía triste, agotado. Sin duda no había dormido bien esa noche. Gustav le hablaba, pero él no parecía escuchar o si lo hacía respondía con varios segundos de retraso. Definitivamente su mente hoy no estaba en el trabajo.
- ¿Tan mal te fue con Ágata? – le pregunto Gustav demostrando desinterés, quizás así el se desahogaría. En ese momento Robert dio vuelta el tintero sin darse cuenta manos y la preocupación lleno su rostro
- Ágata me dijo que estaba harta de actuar como mi madre, que era su esposa. Alguien bella, sensual, deseable… y que ahora en adelante ella tomaría las riendas de nuestra relación, también me dijo que me cortara la varaba… que me veía muy viejo y que la hacía ver mal con sus amigas… - el consejero comenzó a llorar como un niño pequeño. Gustav no sabía qué hacer con él. Nunca había visto llorar a un hombre, así que no sabía qué hacer precisamente para consolar a su consejero.
- Ya se le va a pasar… ¿Por qué no hablamos de otra cosa?, de seguro que hay gente que lo está pasando peor que tu… dime ¿Cómo están los guardias del jardín? – por lo que Gustav sabia 56 piezas de cubiertos habían caído por la ventana, pero no comprendía muy bien el por qué de esa situación.
- Pues… no estuvo tan mal. Heridas leves… totalmente curable, pero fue culpa de Ágata-
- ¿Ágata? –
- Si. Ella estaba en clase con Zelda – Gustav golpeo su mano contra su frente. Ahora todo parecía tener sentido – ella me confesó que tiro todo por la ventana por que los odiaba, que entonos estos años sus padres le habían obligado a aprender eso para impresionar a los hombres, pero por su cumpa hubieron 3 heridos. A dos de ellos le cayeron tenedores en la cabeza produciendo algunos rasguños, pero al tercero estuvo a menos de medio centímetro de que su esposa se lanzara por un precipicio -
- ¿tan grave esta el guardia? – el consejero negó con la cabeza
- El cuchillo estuvo a menos de un centímetro de herir su entre pierna. La mujer se veía muy aliviada, porque nos dijo que solamente Era bueno en "eso", de lo contrario lo desecharía... Ella es amiga de la princesa Zelda – el concejero no podía estar más abatido
- Esto es demasiado – bramo Gustav – quiero que quemen todos esos libros que le envenenan la mente a mi pequeña. Zelda volverá a ser la misma de antes - el rey se veía muy decidido. Definitivamente el incidente con Ágata y los guardias del jardín lo habían estresado de sobremanera.
-¿Qué vamos a hacer?, ¿escucho las ordenes del rey? – preguntaba Ágata asustada al ver que la princesa estaba a punto de perder toda su literatura, pero Zelda no se veía muy preocupada, por el contrario. Estaba muy relajada. Un grupo de al menos 10 mujeres se encontraban en el salón privado de la princesa. Todas ellas eran muy diferentes entre sí. Cocineras del castillo, doncellas de la corte, las doncellas de la princesa y algunas intelectuales de Hyrule. A simple vista no se veía relación alguna entre ellas, pero sin duda lo que las motiva a reunirse no era otra cosa que la princesa Zelda y su ideal de un Hyrule más igualitario entre hombres y mujeres. Todas ellas eran parte de la sociedad "PLFDGMOMD" (Por la liberación femenina del género masculino opresor "machos desgraciados"), pero era más conocido por la abreviatura MD (machos desgraciados) era quizás uno de sus más grandes orgullos de la princesa Zelda y sus miembros (por que el primer orgullo era haber nacido mujer)
- Princesa. Si le quitan sus libros… son nuestra guía… -
- No desesperen queridas compañeras de labor. ¿Creen que estaría tan tranquila si no tuviera un plan?
- Princesa… usted es la luz de nuestras vidas – le dijo Ágata casi al borde de las lágrimas
- No se confíen. El rey todavía puede frustrar nuestros planes… tan solo espero que yo no haya actuado demasiado tarde… sin duda si esto falla seria un duro golpe contra nuestra sociedad, pero les aseguro que no será el final –
- ¿Qué hará ahora princesa?- le dijo una de sus amigas intelectuales – según mis fuentes el rey Gustav todavía quiere casarla – Zelda frunció el ceño
- Eso no me interesa. Ustedes saben que no deseo casarme, así que no descansare hasta que el rey de Hyrule desista, aunque eso me cueste el lugar en el trono – como siempre Zelda hablaba con tal energía que como siempre sacaba aplausos de sus oyentes.
- Usted es nuestra inspiración princesa Zelda - un golpe en la puerta alerto a Zelda
- Señoritas. Nuestro tiempo acabo. Les agradeceré que toda información no sea revelada a hombre alguno y solamente a mujeres que sientan de corazón que estamos viviendo en una constante injusticia. Recuerden que algunas mujeres tienen esa conciencia de esclava. De ellas no hay que fiarse, al menos no todavía-
- Gracias por sus advertencias querida princesa –
- Muchachas. Escriban sus opiniones y expóngalas en las reuniones, quizás así no sea necesario mandar a pedir libros a Gerudo - Todas tomaron nota de las recomendaciones, para luego recitar con energía y convicción el juramento de su logia. "Los hombres serán desterrados del poder y las mujeres gobernaran. Lo juro por la liberación femenina del género masculino opresor machos desgraciados". Luego de eso todas presentaron sus respetos a la princesa Zelda y se marcharon y Ametaru entro inmediatamente después de que todas ellas se habían ido
- Parece que todo está saliendo muy bien princesa Zelda. Mis más sinceras felicitaciones-
- No cantes victoria todavía. El rey ya me ha quitado todos mis libros – dijo con evidente desazón
- ¿Cómo?, pero si usted dijo que…-
- Mentí. Los guardias de mi padre han venido al amanecer y se han llevado todo lo que había en mi biblioteca personal. Solo me dejaron una nota escrita por el rey "Esto es por tu bien" supongo que no puedo hacer nada al respecto… por ahora me tengo que comportar. Ya no se trata solamente de mí, sino también de nuestra logia. Por ahora hay que actuar con prudencia ¿sabe si Impa está de parte del rey en todo esto? –
- Si… usted sabe que la lealtad de Impa está con el rey. Ella piensa que esto del feminismo el está haciendo daño princesa. Duda de las buenas intenciones de la princesa Nabooru –
- Que lo haga….- dijo con evidente enojo – Nabooru es feminista, pero no lo suficiente. Creo que nuestra cultura y nuestros pensamientos han cambiado su forma de ver las cosas. Definitivamente eso es negativo… ¿podre confiar en ella por un tiempo más?-
- La única forma de saberlo princesa es si ella concede el favor que usted le ha pedido ¿no cree? –
- Nabooru. Por favor no me falles -
El día en que la princesa Nabooru llego fue recibida en la puerta con más seguridad que la habitual en la puerta del castillo. Nabooru no comprendía muy bien el por qué de todo eso, de hecho le parecía algo excesivo, pero lo fue todavía más cuando los guardias comenzaron a hurguetear en su equipaje
-¿Perdón?... ¿Qué significa esto? –
- Lo siento mucho princesa Nabooru, pero son órdenes del rey – le aclaro Impa, la cual se veía muy feliz haciendo ese trabajo.
- Ven… creo que debemos hablar – le dijo con mucho respeto la princesa tratando de disimular su molestia. Impa asintió y ambas caminaron a un lugar más solitario para que nadie lograra escuchar la conversación - ¿Cómo que son órdenes del rey? – le ladro Nabooru
- Si. El rey esta prohibiendo la lectura de índole feminista a la princesa Zelda – le respondió seriamente. Nabooru solo negaba con la cabeza
- ¿Tu de verdad crees que eso va a detener a la princesa?, además te recuerdo, al igual que a tu rey. Yo soy huésped de la casa de Hyrule. Tengo que tener mi propia independencia y si a tu rey se le ocurre quitarle los libros a la princesa es asunto de él, No mío –
- Estoy consciente de eso princesa Nabooru, pero también debe comprender que toda la literatura feminista proviene de Gerudo. Esa es la razón de nuestro proceder –
- Lo entiendo, pero solo le advierto. Esto no va a detener a la princesa. Si el rey cree que con eso va a hacer desistir su posición, pues ocurrirá todo lo contrario. Esto solo alentara más a Zelda a continuar con su propósito –
- Me encargare que eso no ocurra – dijo con convicción Impa
- Te deseo suerte con eso Impa… créeme la vas a necesitar – Nabooru dejo que revisaran su equipaje mientras se iba a sus aposentos. Impa a su vez parecía satisfecha. Definitivamente no le agradaba para nada Nabooru.
-¿Cómo le ha ido princesa Nabooru? – le pregunto Zelda con un tono muy cortes
- Tal como me lo había dicho mi querida princesa… recibí a tiempo su carta – Zelda sonrío abiertamente
- Entonces la lucha del "MD" no está perdida – Nabooru se extraño. Nunca había escuchado un término como ese "MD", pero a pesar de su curiosidad nos e atrevía a preguntar. Le daba la impresión de que era algo maligno – Hay tantas cosas que debo informarte princesa Nabooru… - Zelda parecía al borde de las lagrimas – esta semana ha sido muy fructífera para mis ideales. Te lo tengo que contar –
- Heeeee… -Nabooru no estaba muy segura de querer saber, de hecho creía que entre menos supiera del tema mejor para ella, pero a Zelda eso no parecía importarle mucho, porque ni siquiera se percato de la cara de su amiga. A medida que le decía sobre el "PLFDGMOMD", la señora Ágata, sus reuniones, su lema. Nabooru parecía más asustada. Su amiga se había convertido en algo temible. "Una ultra feminista". Sin duda eso si le traería problemas en el futuro y todavía más con el deseo desesperado de su padre de casarla antes de que el muriera. – Genial…. ¿no? – Nabooru sonrió de forma mecánica - ¿Trajiste todo lo que pedí? –
- Si. Como lo pidió princesa. Todo se encuentra en el doble fondo de mi equipaje –
- ¡Eres sensacional! – Zelda la abrazo muy efusivamente. Nabooru solo asintió y pensó -… ¿Qué va a hacer cuando se entere?...
- Princesa Nabooru. El rey desea verla – llego Impa irrumpiendo en la habitación de Zelda tratando de espiar.
- Nos vemos después –
- Claro. Quiero un informe completo sobre lo que hiciste en el desierto. Será tan divertido – Zelda se veía muy emocionada. Nabooru hizo una reverencia y se marchó escoltada por Impa. Caminaron por el pasillo en el más completo silencio hasta que se alejaron lo suficiente de la habitación de Zelda e Impa pregunto.
- Espero que no le haya dicho nada a la princesa –
- Claro que no. Le he dado mi palabra al rey –
- Quiero que sepas que esto no me gusta. Persuade al rey –
- No puedo hacer tal cosa y los sabes. El rey esta empecinado en hacer su voluntad –
- Eso es verdad, pero esto está llegando demasiado lejos –
- No me lo digas a mí. Habla con tu rey. Si tanto quieres a la princesa. Haz algo al respecto. Yo no estoy en condiciones de abrir la boca. Mi madre está de acuerdo con esto, al igual que el rey. Sin duda estoy en una terrible posición – llegaron ambas a la puerta de la corte de la corte y ahí Impa la anuncio
- Rey Gustav. La princesa Nabooru de las Gerudo – Nabooru hizo una reverencia y se aproximo al rey
-Supongo que su madre la puso al tanto de la situación –
- Si rey Gustav, pero no cree que…-
-¿Me estas cuestionando? –
- Para nada –
- Le guste a quien le guste Zelda se casara con el antiguo rey de Gerudo. Ganandorf el gran hechicero - Nabooru bajo la cabeza. Definitivamente esto era lo último que la princesa Zelda podía siquiera afrontar. ¿Qué haría ahora Zelda?
- Ni una palabra de esto a la princesa. Su madre ya le puso al corriente. Usted no puede hacer nada al respecto. Espero que lo comprenda – Nabooru hizo una reverencia – Todo estaba saliendo muy mal. Quería mucho a su madre, pero también le debía respeto a la amistad que tenia con Zelda. Por ahora no era capaz de verle la cara.
Zelda sintió desde la madrugada un gran barullo en el castillo. No tenía ni la menor idea de lo que estaba pasando.
– Ametaru – llamo la princesa al sheika – Quiero un informe detallado de lo que está sucediendo en el castillo. Esto no es muy normal – Ametaru permaneció quiero con la mirada pegada en el suelo - ¿halo?, ¿Qué te ocurre?, ¿estás bien? –
- Lo siento mucho princesa, pero no puedo – Zelda quedo extrañada – Son ordenes del "amo" – A Zelda se le crispo la cara. Esto sin duda iba muy en serio
- ¿Cuándo se dicto la orden? –
- Ayer en la noche. La señora Impa pidió que su vigilancia se redoblara y que ninguno de nosotros va a obedecer sus órdenes. Según lo que ellos nos dijeron. Usted está en grave peligro –
- ¿Grave peligro?... Eso lo explica todo, de lo contrario… Esto es estado de sitio, pero si estamos bajo ataque… eso lo justificaría ¿Quién es nuestro enemigo? – Ametaru no respondió – Ametaru. Debo saber de quién me debo cuidar ¿lo entiendes? – Ametaru no se veía muy convencido, pero lo que dijo dejo pasmada a Zelda – De usted. – Ametaru hizo una reverencia y salió por la ventana rompiéndola en mil pedazos – Zelda no había entendido muy bien de que iba todo esto, pero lo que le quedo claro era "usted". Quería decir que oficialmente se había convertido en prisionera de su propio palacio. Eso sin duda era algo que no esperaba ¿Qué es lo que planeaba hacer su padre?
