Advertencias: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

Muchas gracias a mi Beta AcSwarovski por leerlo, corregirlo y darme su valiosa opinión.


6. Aquello que sucede durante el día.


Repasó con los dedos la leve sombra que bordeaban sus ojos en una caricia temerosa, descubriendo el tacto de la fina piel tan ajeno a ella. Cerró los ojos y bajó la cabeza derrotada.

Todo por su culpa.

No podía controlar el sonrojo que se extendía por sus mejillas encendiéndola nada más recordar a aquel extraño hombre pelirrojo de ojos afilados y voz aterciopelada.

Su voz.

Su rostro.

Sus ojos.

Abrió el grifo del lavabo y esparció abundante agua fría por su rostro y nuca esperando despejarse, y olvidar todo lo que la noche anterior sucedió. Sobre todo intentado olvidar el miedo que le infundía.

Volvió a la habitación, terminó de vestirse y recogió los libros que tenía en el alfeizar de la ventana dispuesta a ir a la biblioteca antes de que fuera más tarde y el calor hiciera el trayecto imposible. También necesitaba hablar con Temari respecto a su hermano pequeño. No sabía exactamente de qué o por qué, pero quería explicaciones a todo lo que sucedió la noche anterior. Al menos algo que le diera seguridad.

Mientras salía de la casa pensaba que quizá ella era la única que podría darle la clave sobre el miedo que le daba el joven pelirrojo que esa noche la había desvelado con sus amenazas cifradas.

Paró un segundo sus pasos en mitad de la calle, a pesar del calor. Simplemente recordarlo le producía un horrible escalofrío que recorría toda su espalda hasta erizarle el vello de la nuca. Si cerraba los ojos podía verse en el balcón de nuevo, sintiendo la mirada amenazante del cazador sobre la presa. Y la sensación de peligro volvía a embargarla sin más.

Apretó los libros contra su pecho y miró a ambos lados de la calle, apenas dos o tres transeúntes a cierta distancia de ella, nada extraño; retomó su camino a paso más ligero y hasta que no entró en la biblioteca no respiró tranquila. En cierta medida asombrada de cómo su cuerpo había reaccionado tan sólo al recuerdo.

Temari tenía razón murmuró para sí intentando normalizar su pulso—. Él es peligroso.

Dejó los libros sobre el mostrador de devoluciones y se dirigió a la recepción a preguntar por ella. Con un poco de suerte se podría tomar un descanso e irían a hacer un desayuno tardío juntas a la tetería que más le gustaba, con un poco de suerte hasta quedaban algunos de los famosos pastelitos de almendra para acompañar el té.

Temari-san se cogió el día libre por asuntos familiares, Hyuuga-san, me resulta extraño que no lo supiera.

Oh, está bien, muchas gracias, he debido olvidarlo. Que tenga un buen día.

Miró el reloj que colgaba sobre la ventanilla del mostrador, sería demasiado temprano para ir a su casa, y no tenía intención de volver sin más a la suya.

Era cierto, la fiesta tuvo que terminar tarde y ella era la anfitriona, además, Hinata se sonrojó al recordarlo, quizá sí hizo algún avance con Shikamaru. O mucho más que un avance…

Suspiró con una leve sonrisa, y pasó al interior del edificio, ya que estaba allí al menos emplearía bien el tiempo, y con suerte se olvidaría de todo.

Recorrió en silencio los pasillos tan familiares hacia la sección en la que estaban los libros de Historia. A primera vista resultarían una pareja extraña, con personalidades opuestas, formas de entender el mundo dispares. Ella era una rubia explosiva, mientras que él era el observador de nubes. Dobló la esquina que separaba la Historia Antigua de los volúmenes más modernos, y continuó moviéndose entre ellos a la par que seguía con un fino dedo los diferentes lomos. Hinata estaba segura que podrían llegar al menos a una convivencia agradable juntos, a ser felices si se daban la oportunidad, uno tenía lo que le faltaba al otro. Y lo qué más necesitaban para disfrutar.

Sus pasos se detuvieron, recogió ambas manos en un puño bajo su pecho, no pensaba que ese hilo de pensamientos le traería a la memoria a Kiba. Porque entonces ella también pensaba que ellos dos eran el complemento perfecto para el otro.

Y se equivocó, de eso se había dado cuenta con el tiempo en Suna, ahora que podía verlo todo desde una perspectiva más amplia. Todo fue un error por su parte que tuvo que ver pero se negó a aceptar.

Agitó los pensamientos casi enfadándose consigo misma.

Temari-chan y Shikamaru-san sí hacen buena pareja murmuró olvidando el silencio obligatorio de la biblioteca.

Parecía que no iba a poder concentrarse, de todas formas no perdía nada en intentarlo, extrajo un volumen oscuro al azar y se sentó en el puesto más cercano. Abrió el índice y lo recorrió con la mirada, una lista perfectamente ordenada cronológicamente de todos los Kazekage de Suna. Con ello aprendería a no coger libros sin mirar el título. No iba a perder nada más que tiempo, justo lo que le sobraba.

Primero decidió ver la biografía del último que aparecía en la lista, el antecesor del actual, e ir en orden inverso hasta el más antiguo, el supuesto fundador de la aldea y la dinastía del desierto.

¿Conociendo a mis abuelos? Eran aburridos y unos viejos verdes.

La mujer rubia ni siquiera se sentó antes de cogerla del brazo y arrastrarla camino atrás hasta la salida. Entonces sacó una manzana de la manga y le dio un hambriento bocado.

¿Qué tal con Shikamaru-san? Temari comenzó a toser sorprendida.

Eres una maldita…

Sonrió amablemente mientras cerraba los ojos, ya se sentía mejor.

Una señorita no usa ese lenguaje en público.

Me alegro de no ser una señorita entonces respondió enfadada volviendo a devorar la manzana—. De todas formas, te he estado buscando esta mañana.

Yo también quiero hablar contigo, Temari-chan.

De mi hermano pequeño. Ella asintió.

La mayor observó el vestíbulo en el que se encontraban, suficientemente lejos de los empleados curiosos de la biblioteca, amplio para no llamar la atención, ni que los que entraran o salieran pudieran escuchar algo de la conversación que podrían mantener, sería un buen lugar sopesó Temari.

Bien, voy a ser lo más sincera que pueda Hinata porque te tengo cariño, pero la ley me prohíbe hablar.

Lo siento se disculpó en seguida bajando la cabeza, quizá era por esos pequeños detalles tan inocentes por los que le había cogido cariño, detalles que en el desierto ya no existían—, por todo, y por desobedecerte anoche.

Es cierto la cogió por los hombros—, ¿Estás bien? ¿Te dijo algo?

No-no tartamudeó incapaz de mirarla a los ojos—. Sólo que me fuera.

Está bien, quiero que me escuches bien Hinata, Gaara quiere algo, no sé bien lo qué, pero hay algo que está buscando y cree que tú podrás dárselo.

Pero… pero…yo… Podía ver lo perdida que estaba en sus blancos ojos confusos.

No debes preocuparte, no dejaré que te pase nada, es más no te puede pasar nada, la ley lo prohíbe. Se lo prohíbe. Mientras estés dentro de las murallas la ley te protege de todo, y él no puede sacarte de la ciudad.

Temari… Cortó su vago discurso de leyes—. No lo entiendo, y… él me da miedo.

Sólo no te preocupes, vuelve a la biblioteca y quédate un rato, tengo que terminar unos asuntos de diplomacia y enseguida vengo, Hinata.

¡Temari! exclamó mientras su única posibilidad de encontrar respuestas desaparecía por la puerta de la biblioteca sin más—. Suerte con Shikamaru…

No, todo lo contrario, la mujer le había creado más incertidumbres.

¿Él quiere algo de mí?

Un leve escalofrío recorrió su espalda, aquello no podía ser nada bueno. Cerró su mano en un puño intentando buscar valor, en cuanto volviera, se aseguró mentalmente, Temari respondería a todas sus dudas.

Por ahora sólo podía volver al interior del edificio y matar el tiempo. Otra vez.

Regresó a la sección de Historia, alguien había recogido el libro negro que antes sacó, seguramente estaba otra vez en su sitio. Temari había mencionado algo de leyes, quizá sería recomendable que ella empezara a investigar por su cuenta. Cambió sus pasos hacia esa otra sección, también muy conocida para ella, había bastantes tratados de Legislatura en la ciudad si mal no recordaba y los que diferenciaban la norma externa de la de intramuros podían ser de cualquier época. Esta vez sí tuvo más cuidado al seleccionar tres códigos de diferentes épocas antes de volver a la zona de puestos de lecturas.

Era extraño que esos puestos estuvieran completamente desiertos, pero no necesitó preguntarse a qué se debía.

Lo notaba perfectamente. Sobre su espalda, empeñeciéndola, obligándola a que se encogiera sobre sí misma y un extraño calor se extendiera por sus mejillas.

El cazador volvía a acecharla.

Durante un segundo cerró los ojos y olvidó la situación activando el instinto de supervivencia, tenía que pensar cómo podía salir viva de allí. No, Hinata recordó su puño cerrado, ahora no tenía que esperar que Temari volviera, podría obtener todas las respuestas que quería directamente de él.

Justo de la raíz del conflicto.

Tragó con agonía abriendo los ojos resuelta y volviendo a la realidad, a la biblioteca, sólo tendría que sobreponerse a él.

A aquel extraño llamado Gaara.

Hyuuga Hinata. Sería por el silencio de la sala, pero su voz sonaba más profunda y peligrosa que la noche anterior—. Te he estado buscando.

Hinata aspiró con fuerza, era ahora o nunca. No podía dejar que la viera, no podía tartamudear, tenía que ser clara y demostrar la serenidad que tanto gustaba.

Suelo estar aquí todas las mañanas respondió felicitándose por mantener la firmeza.

No supo cuando se había acercado, cuando llegó a tocarla, pero ahí estaba, todo en lo que había trabajado se desmoronó como un castillo de arena al sentir su mano girando su hombro de manera violenta para enfrentar sus ojos contra aquellos suyos tan fríos.

Mírame a los ojos cuando te hablo.

El relámpago de miedo que cruzó sus dos perlas se perdió por el brillo de la resolución temeraria, le gustaba que demostrara esa falsa seguridad, pero esperaba que no supusiera ningún obstáculo para su cometido.

Ahí estaban los dos solos, por lo que podía permitirse una demostración de su verdadera naturaleza, dejar que su voz fuera la ley, sería la mejor forma de que lo fuera aprendiendo y acostumbrándose.

Gaara-san… Frunció el ceño cuando escuchó su nombre salir de sus labios.

Había algo más que no podía identificar, su voz había sido un susurro suave que no debía haber existido mientras bajaba la mirada hacia el suelo. Lo que fuera que estuviera pensando al escuchar su propio nombre, ella necesitaba más espacio para conseguir decirlo.

Gaara-san hizo un sonido para darle a entender que la escuchaba—, ¿qué desea de mí?

Sin más apareció. Sus labios se torcieron en una mueca maliciosa, la chica iba directa a la cuestión entre manos a pesar de sus miedos. Se había ganado algo de su respeto.

Cogió los tres libros que tenía entre las manos y se los cambió por uno más pequeño y estropeado.

Pronto lo sabrás, Hinata. Lee.

Hinata no pudo decir ni hacer más mientras contemplaba como Gaara salía de la sala en el más oscuro silencio.

Al menos, seguía viva. Aquel peso de la tensión desapareció recordándole el libro que tenía entre manos.

¿Flor del Desierto…?Leyó tímida.

¿Has encontrado a un chico de Suna y no me lo habías dicho?

¡Temari-chan! exclamó más alto de lo que debía asustada—. No, yo,…

Ese libro lo señaló con una sonrisa divertida—, era como el manual de la perfecta esposa en la época de mis abuelos, ¿de dónde lo has sacado?

¿E-e-esposa? tartamudeó mientras se sonrojaba de manera peligrosa.

El libro se cayó de entre sus manos dando un golpe sordo que retumbó por toda la sala. La mayor negó con un gesto de la mano a la par que ella se agachaba para recogerlo a modo de excusa. A pesar de ser un libro muy común y habitual en la vida y tradición de Suna no recordaba que en la biblioteca hubiera algún ejemplar en la sala de consultar y aquel en concreto estaba bastante usado. Antes de devolvérselo lo abrió curiosa por saber qué tenía realmente entre manos y aquellas leves marcas de tinta oxidada por el paso del tiempo, resolvió el enigma.

Lo siento, Temari yo no… Ha llegado y me lo ha dado. Comenzó a explicarse Hinata sintiéndose como una niña pillada mientras preparaba una broma.

Gaara.

Sin más cerró el libro y salió de la biblioteca dejando atrás a una indecisa y perdida Hinata.

¿Gaara quiere una… esposa?


N/A: No puedo prometer que la próxima actualización sea en una semana, sorry, pero haré todo lo que esté en mis manos por que sea lo antes posible.

Si os apetece, no os olvidéis que podéis comentar, poner en favoritos/alert y todas esas cosas que me hacen sonrojar y que agradeceré hasta la eternidad.

También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate :3

¡Muchísimas gracias por leer!

Hasta pronto.

PL.