CAPITULO 3: Descubrir la verdad no es fácil
RUTH
-Tu puedes Ruth.-Me susurré a mi misma mientras avanzaba hacia el timbre .Llamé a la puerta de mi casa esperando que mi madre no se asustara demasiado al ver que iba acompañada por dos jóvenes mayores que yo. Pero por Dios, pensé, si vamos a hablar de si soy una semidiosa o si esta relacionada con algún dios del Olimpo, importará mucho si voy con unos completos desconocidos a mi casa. Mucho, me dijo una vocecita molesta en mi cabeza, porque a ti te importa. Cállate, pensé apretando los dientes. Por mucho que Piper dijera que todo iba a estar bien, yo no me lo creía. Por favor si yo ni siquiera pensaba que fuera real. Si que lo piensas, me volvió a decir la vocecita en mi cabeza, de echo llevas deseando que sea real toda tu vida. No contesté, creo que porque en realidad era una verdad que yo no quería reconocer. Entonces mi madre abrió la puerta tan tranquila y me abrazo cariñosa. Le devolví el abrazo y entonces vio a Piper y a Leo detrás mía y su expresión cambió radicalmente, se tornó fría y seria me colocó detrás de ella y les dijo:
-Idos, dejad a mi niña en paz, ella no tiene nada que ver con vuestros jueguecitos y tonterías. ¡Idos! -Parecía que supiera quienes eran ellos, que eran semidioses. Y el peso de todo ello cayó sobre mí cómo una losa, así que al final era todo real, no quería admitirlo, pero ver el extraño comportamiento de mi madre había bastado para convencerme de ello. Me quité de detrás suya y empecé a hablar.
-Mamá ellos no son malos son... -Pero ella me interrumpió bruscamente.
-Se perfectamente que son esos dos, no hace falta que me lo digas. -Me quedé helada, entonces Piper intervinió diciendo algo así cómo que se calmara y entráramos a casa, porque eso es lo que mi madre hizo. La miré algo recelosa, porque había vuelto a usar su encanto vocal pero entré en casa, en el fondo sabía que si no hubiera llegado a usar su encanto mi madre no les hubiera dejado pasar. Cuándo Leo se puso a mi lado me susurró:
-Ruth no culpes a Piper por usar su encanto, lo hizo para que pudiéramos entrar o es que no te diste cuenta de que tu madre parecía querer matarnos allí mismo. -Me sonrió intentando aliviar mis nervios pero yo no podía calmarme en ese momento, nadie podría haberme calmado en ese momento. Así que mientras entrabamos en el salón estuve toqueteandolo todo en un intento de gastar energía y calmarme un poco. Nos sentamos en los dos sofás y entonces Leo comenzó a hablar. En el camino le había pedido que fuera e quien hablara, porque yo no me sentía con ánimos de preguntarle nada a mí madre. Estuve tentada de darle un abrazo allí mismo por ese pequeño detalle pero me contuve. ¿A dónde había ido mi voluntad en ese momento? También pensé en lo extraño que fuera él quien hiciera esas preguntas, era mi vida y a Leo solo lo conocía de hace una hora más o menos. Entonces comenzó a hablar.
-Señora Helena, me gustaría preguntarle si hay o hubo algo extraño en el origen de su hija. - Hice una mueca ante lo directo que había sido Leo, mi madre seguramente no le contaría nada. Sin embargo y para mi sorpresa mi madre le contestó bien. Estaba algo asustada incluso.
-Dime solo Helena.-dijo mi madre un poco tensa.- Verás joven, lo siento por lo de antes, pero me pillasteis por sorpresa.-
-¿Por qué por sorpresa?-Le pregunté yo, mi voz sonando algo más dura de lo que pretendía.
-Es qué, pensé que eran de... un sitio especial hija y que venían a llevarte.
-¿De que sitio?, Helena.- Pregunta Leo, mirándome de reojo.
-Es que...-Mi madre me miraba muy dudosa.
-¡Mamá! Dímelo ya, no puedo aguantar más.-Le dije yo muy alterada.
-De un campamento para gente especial...
-Mamá...
-De semidioses, ella que cuándo cumplieras los 12 o los 13 vendrían y te llevarían.-Soltó a toda prisa, cómo queriendo intentar arrancarse el secreto. Pero yo me quedé estupefacta.
¿Cómo? ¿Mi madre acababa de reconocer que yo era una semidiosa? Pero eso no podía ser, pensé, yo soy completamente normal. Debí de haber puesto mala cara porque Piper me tomó de la mano he intentó consolarme un poco, pese a que no entendía lo que me decía. Sentí una oleada de gratitud hacia ella. Leo me dirigió un mirada nerviosa y le preguntó a mi madre de nuevo.
-Entonces, su hija ¿es una semidiosa?- Mi madre se frotaba las manos y me miraba toqueteando los flecos de la funda del sofá.
-Ruth, quiero que sepas que yo siempre te he querido y que...
-Mamá dímelo ya, ¿quien es mi padre?- Mi madre me miró con tristeza.
-Tu padre no querida, tu madre. Tu madre era Selene. -La miré temblorosa.
-Pero pero... ¿Tu no eres mi mamá entonces?- Leo miró a mi madre (no podía pensar en esa mujer de otra manera) frunciendo el ceño y le dijo.
-Pero eso no puede ser, Selene... Se desvaneció y los poderes de la Luna fueron asumidos por Artemisa. -Mi madre siguió mirándome, cono si en realidad estuviera contestando a una pregunta mía y habló.
-Pues querido, eso es lo que me dijo esa mujer antes de que me diera a Ruth en una canasta. Llevaba el pelo recogido en un moño con una media Luna y un manto lleno de estrellas. ¿Que podía pensar yo sino que decía la verdad? Siempre había pensado que había una verdad tras los mitos griegos. Me amenazó y yo ya había perdido a mi hija. Perdóname Ruth tenía que habértelo contado pero tenía miedo de que te fueras y me dejaras sola, como tu padre lo hizo al enterarse. -Yo lloré un poco. Piper me abrazó y me dejó desahogarme mientras Leo seguía hablando, mucho mas incómodo ya con mi madre. Sin embargo me calmé un poco y traté de prestar atención a lo que decían, aunque me resultaba extraño que mi madre hablara con tanta facilidad y tan calmada. No parecía ella en absoluto.
-Y entonces, el colgante de su hija ¿Se lo dio también Selene?- Mi madre me miraba con angustia, pero contestó a su pregunta.
-Sí, me dijo, me dijo que la protegería de los monstruos y que la ayudaría a comunicarse con los otros semidioses.
-¿Por qué dijo eso?- Preguntó Leo con su tono más suave.
-La mujer me dijo que en ese otro campamento había semidioses de otros países y que cómo no usaban todos el mismo idioma el colgante les ayudaría a ello.- La caras de Leo reflejó un total asombro, y Piper lo miró preocupada, pero Leo lo ocultó rápidamente y volvió a preguntarle cosas a mi madre.
-¿Y te dijo donde estaba ese campamento?
-Si.. si me lo dijo, me dio un mapa y me dijo que cuándo Ruth tuviera 12 o 13 años se tendría que ir allí. Que el colgante no podría protegerla del todo.- Se levantó del sofá y fue al piso de arriba. La escuché trastear un rato y luego bajó bastante alterada las escaleras con un papel en la mano. Se lo dio a Leo y le pidió que me llevara al campamento ese, porque ella no se siente segura de poder llevarme. Ni de quedarse conmigo ahora en la misma casa, supongo. El resto transcurrió como en una nebulosa. Piper y yo subimos las escaleras para hacer mi maleta. Cojo unos cuantos vestidos, algo de ropa de deporte y mis gomas para el pelo y mis diademas. Entonces cojo una maleta más pequeña y echo los libros mas importantes de mi estantería así como mi e-book y bajamos las escaleras. Leo sigue hablando con mi madre y entonces me despido de ella y me voy. No sé si voy a volver a pisar esta casa. Cuándo empiezo a hacer el camino de vuelta comienzo a llorar de nuevo.
Nota Autora: Ea, tres capitulitos de un tirón. En verdad tengo subidos en potterfics hasta el 11, pero no quería colgar aquí todos de un tirón, no pareciera que pegara la verdad. Algunas cosillas:
1. Leo en los libros, obviamente no habla español con tanta fluidez, pero yo necesitaba un intérprete así que lo tomé prestado de Riordan por un ratito.
todo ocurre demasiado acelerado y lo hace poco creíble pero creo que más adelante voy mejorando, así que no desanimeis ;D
PD: Hasta más o menos la mitad no aparecerán los chicos de las Crónicas Kane, así que lo siento si esperabais otra cosa esto es lo que me ha salido.
