Advertencias: Los personajes de Naruto no me pertenecen. Ay a estos dos no se les puede dejar solos por mucho tiempo porque Gaara no se cansa de jugar al lobo y la ovejita. Hinata comienza a sacar ese carácter suyo.
Muchas gracias a Jakie M.V., Violetamonster, Hydra Delphine y RukiaNeechan (espero que estés mejor :3), a todos los que siguen el fic y a ti por leer.
Y por supuesto, espero que os guste y disfrutéis con este capítulo. Sin más:
Capítulo 11. Arena del amanecer
Cuán extraño debía ser aquello. Y artificial e irreal. Sin dejar de ser irónicamente agradable. Cerraba los ojos a los primeros rayos del sol que rompían el cielo y casi podía emitir una sonrisa triunfante. Quizá era el subconsciente, o no, pero estaba seguro que aquello no le llevaría a nada bueno por muy deleitable que en ese momento pudiera parecer.
Hinata seguía con los ojos cerrados, respirando pausadamente, acomodada contra su pecho sin soltar el férreo puño de tela sobre su corazón. Era curioso escuchar como había suspirado su nombre en diferentes ocasiones a lo largo de la noche o cómo se había acercado a él buscando calor. Lo sencillo que sería matarla en ese mismo instante. Ni se despertaría. Tan sólo tenía que levantar la mano... Dejó que las yemas de la mano acariciaran su pálida mejilla suave bajando hasta detenerse sobre sus labios. Tan atractivos que le era imposible saber la razón que le impedía mantener su auto-control por la necesidad de devorarlos.
No había lugar a dudas, ella era hija del desierto, una bruja. Abrió los ojos observándola detenidamente, con aquel aura de inocencia, esa belleza casi angelical era complicado que pudiera ser una bruja. Pero él, mejor que nadie, sabía que en el desierto nada era lo que parecía. Y si Hinata era una hija del desierto, sin lugar a duda, su naturaleza sabría esconderse del mejor modo posible para asegurar su supervivencia en ese medio tan hostil. Un esbozo de sonrisa se colgó de la comisura de su labio, ella decía que era débil, pero seguramente eso también formaba parte de su juego. No habría nadie que pudiera obviar a la mujer, nadie se negaría a prestarle ayuda si lo pedía con aquellos dulces labios de miel. Ella era como la nieve en los labios de un demonio.
Sin previo aviso frunció el ceño entrecerrando los ojos y ciñendo su brazo alrededor de su fina cintura atraiéndola hacia él. Hinata se acomodó silenciosamente al cambio de posición dejando su cabeza buscar el hueco del cuello de Gaara, estremeciéndolo al notar su respiración tan cercana y directamente sobre su piel. Su estómago se cerró a la par que un súbito calor abrasaba y oprimía su pecho; un inconsciente gruñido de placer escapó de su garganta mientras su mano libre buscaba a través de las telas que ceñían su cintura paso hasta acariciar su delicada piel de crema. Jamás. No sabía qué le pasaba, pero jamás dejaría que fuera un cordero inocente ante otro lobo.
Ella era la peor de todas las brujas.
Y él era el único demonio que podía catarla.
La separó de su lado, soltó su mano de su ropa y se levantó. El fuego hacia tiempo que murió ahogado por la arena que poco a poco al final de la noche se levantó con fuertes rachas de viento en un intento de tormenta que no fue a más. Salió del refugio rocoso hasta llegar a la bestia, al pararse a su lado, cogió las riendas y el caballo se levantó sacudiendo la arena que hizo un leve intento por enterrarle. Gaara, le quitó la montura cargada de arena y la dejó caer junto a la roca del abrigo. Una vez liberado del peso extra, el animal se sacudió lo mejor que pudo el resto de granos que acabaron a lo largo de la noche entre su corto pelaje.
No quedaban lejos del campamento base de una de las tribus nómadas que seguramente les acogerían y compartirían los alimentos con ellos; aunque no era su grupo, pero la tormenta imprevista de la noche le obligó a buscar refugio, volvió la vista al interior, ni ella hubiera aguantado toda la noche cabalgando. Por segunda vez en la mañana no pudo contener el asomo de sonrisa que rompía sus labios con superioridad, si pensaba quedársela tendría que enseñarla y entrenarla.
Cuando el caballo estuvo preparado volvió a ponerle la montura y sacó una cantimplora antes de volver al interior del abrigo. Se arrodilló a su lado y con la mano movió su hombro esperando que se despertara.
Hinata no quería abrir los ojos, insegura de qué podría encontrar, porque quería aferrarse al sueño que había tenido. Era imposible que hubiera huido de la ciudad en los brazos de Gaara. Nada más pensarlo se sonrojó, lo notaba perfectamente sus mejillas ardientes, como la mano que movía en silencio su hombro de manera violenta.
Poco a poco abrió sus ojos ante la insistencia, aún incapaz de enfocar claramente qué tenía delante de ella.
—Bebe.
Aquella voz aterciopelada y profunda, pero a la vez con un tinte de peligro y misterio, quizá la peor de las combinaciones al hacerla demasiado atractiva, sin lugar a dudas, aquella voz sólo pertenecía a una persona. Sabaku no Gaara.
Un escalofrío recorrió su espalda. No había sido un sueño.
Inconscientemente cogió la cantimplora antes de incorporarse sobre la arena. Arena. Estaban fuera de la ciudad de Suna, y aquello era la arena del desierto.
—Bebe —insistió de nuevo la voz.
Hinata decidió obviarla y seguir en su descubrimiento, bajó la mano hasta posar la palma sobre la arena fría del interior de la cueva. Allí en penumbra ésta parecía de un tono blanquecino casi como su piel, suave y escurridiza, con un tacto fluido que se separaba al más mínimo roce amoldándose a su piel.
—Está fría —susurró elevando la mirada hacia el hombre con una sonrisa curiosa.
—No le ha dado el sol.
No evitó una corta risa, al recordar que algo parecido había pasado la noche anterior, si mal no recordaba cuando se bajó del caballo. Hinata se detuvo sonrojándose de nuevo de manera instantánea. Nada había sido un sueño: ni que se escaparon de Suna, ni cómo Gaara la besó la noche anterior.
Tampoco sus palabras semi-difusas en su consciencia a preguntas que él parecía no querer responder. Pero si aquello no había sido un sueño, entonces la sensación de calor y protección que había sentido durante el sueño, tampoco debió ser su imaginación.
Hinata se dispuso a abrir torpemente el tapón intentando apartar la idea de que obviamente Gaara había dormido con ella, pero conociéndole como llevaba haciendo esos días, no le parecía imposible. Desde el principio se había mostrado demasiado directo y posesivo hacia ella.
—Date prisa, tenemos mucho camino por delante.
Terminó de beber y cerró la cantimplora entregándosela. Tras ello se levantó del suelo y se sacudió las vestimentas asombrada por la cantidad de arena que se había pegado a ella. Preferiría poder quitárselas y sacudirlas decentemente, pero estaba segura que eso de un modo bastante oscuro complacería a Gaara y no estaba dispuesta a saber si estaba en lo cierto o no.
—¿Adónde nos dirigimos? —Volvió a su voz tímida mirándole a los ojos.
—Hay gente cerca que nos dará de comer.
Ella asintió no muy convencida, intentando apartar la sensación de cosquilleo que esa última palabra en los labios del hombre le despertaba en el bajo estómago.
No necesitaba mucho más para saberlo, sería porque él representaba a la Libertad. O Poder. O porque él había sido quien la había liberado de manera poco ortodoxa de su familia. Quizá era simplemente él, su carácter estoico pero misterioso lo que había despertado aquella atracción inevitable. Era cierto, esa era la verdad, pero, Hinata negó con la cabeza mientras avanzaba hacia él, Gaara sólo la tenía a su lado porque esperaba algo de ella. Estaba segura, porque conocía bien al tipo de hombre que él debía ser, que cuando dejara de serle útil, la dejaría tirada. Como todos los hombres que conocía.
Una cálida sonrisa afloró desde su corazón antes de llegar a la entrada del abrigo dónde él le esperaba, menos Shikamaru y Naruto, ellos eran otro tipo de hombres que parecían no estar a su alcance. Sin embargo, algo, más allá de su corazón quería creer que Gaara también era de ese tipo, un Señor del Desierto fiel a su palabra y protector de su familia.
Todos sus pensamientos desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos justamente cuando éstos se adecuaron al estallido de luz cálida y clara que el sol proyectaba sobre las dunas de arena. Ahora sí, en ese momento sí pudo ver ese paraje con el que tanto había soñado en los meses que llevaba viviendo en ese nuevo país. Un mar de arena que variaba en tonos tierra desde el más claro beige que tenía a sus pies hasta el rojizo apagado de las dunas más lejanas bajo la sombra de las montañas, y el marrón seco del resto lejano bajo el sol abrasante. No había rastro de vida más allá de Gaara y el caballo, ni un mísero cactus en toda la lontananza. Sin reparo, cogió el brazo de Gaara a la par que con cuidado posaba la yema de los dedos del pie sobre la arena. Lo retiró rápida ante la expresión de burla del hombre.
Cruzó la mirada con él asombrada antes de que la cogiera en brazos y la sacara de la protección del abrigo rocoso al sol de la mañana temprana. La joven escondió el rostro girándolo hacia él, como supuso Gaara, era demasiado frágil para vivir durante el día expuesta al sol, pero también era demasiado deliciosa como para embrujar a cualquiera para que la protegiera. No, a él. Nadie más tendría esa opción.
—Este es el verdadero desierto, Hinata —le susurró al oído.
A pesar del calor notó como se estremeció, cada segundo que pasaba a su lado todo se volvía más complicado. La subió al caballo y luego se subió él aferrándose a su cintura y a las riendas, espoleó al caballo para que comenzara a un paso suave el camino. Temari se olvidó de advertirle de aquello, que la pequeña mujer que había robado a la ciudad sería tan peligrosa para él.
—Supongo que la maldición por la que el Señor del Desierto no puede ver el amanecer es una leyenda falsa —comentó ella en un susurro tras un largo silencio.
—No, es cierta. No hay amanecer ni anochecer sino se duerme.
—Pero, Gaara, el sol sale y se oculta, independientemente de dormir.
—Antes, ver el amanecer era una medida de tiempo equivalente a despertarse, a ver el mañana.
—¿Antes?
—Mucho antes de que Suna existiera.
—Entonces, la leyenda —continuó mirando al frente con el ceño arrugado en señal de confusión— lo que el Señor del Desierto no puede es dormir.
Hinata no pudo evitar el leve sobresalto al notar de manera abrupta los labios de él posarse sobre su cuello y susurrar:
—Muy bien —se separó de su piel—. Insomnio.
—¿Y que me has traído para que sea tu peluche? —Se le escapó cansada con un mohín de desagrado por cómo jugaba con ella.
Gaara no sabía como represar la carcajada que luchaba por estallar en su garganta ante la sutil ocurrencia de la chica, que casi le hacía dudar de ese halo de inocencia que desprendía, pero a la par sabía que no pretendía ninguna connotación en su pequeño exabrupto de tedio y falta de información. Lo cual no dejaba de ser algo completamente deleitable de su personalidad infantil que cada vez le hacía estar más seguro de que no debía dejarla sola cerca de otros depredadores, sin antes dejarles claro que ella le pertenecía.
—Eso me satisfaría mucho, Hinata —casi podía notar como la temperatura de la chica aumentaba—, pero no puedo dejar que te desmayes de nuevo, nada me impediría hacerte lo que quisiera entonces, ¿verdad? Y tú querías ser una chica fuerte, demuéstramelo.
Ella negó con la cabeza, para luego asentir rápidamente. Sus hombros temblaban todavía por su indecente proposición, pero él sólo le había seguido el juego, le estaba enseñando que debía tener cuidado con lo que dijera o hiciera. El desierto no perdonaba nada, y ella era la presa más fácil que ahora podía imaginarse.
—Ten cuidado, Hinata, hay muchos lobos en el desierto, y yo no voy a protegerte de ellos.
Aquella leve risa cristalina le confundió.
—Hasta que deje de serte útil, sí lo harás.
Me he alargado más de lo que esperaba con esta parte así, que el equipo de rescate tendrá que esperar al siguiente capítulo U.U Sé que es un capítulo de poca trama, por lo que intentaré actualizar lo antes posible (antes del domingo seguro).
Si os apetece ya sabéis que podéis comentar, poner en favoritos/alert y todas esas cosas que te hacen sonrojar y que agradaceré hasta la saciedad XD También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate.
Hasta pronto
¡Muchísimas gracias por todo!
PL.
