Advertencias: Los personajes de Naruto no me pertenecen. Drama Queen XD
Sé que no tengo perdón al subir un capítulo más (tan) corto, encima que tardo más en actualizar; pero la segunda opción hubiera sido esperar otra semana más hasta que resuelva unos asuntos. He tomado esta decisión y espero que al menos sea la "menos mala". A su vez, y por la misma razón, siento que las respuestas de comentarios y demás tarden un poco u.u ¡Me voy de vacaciones!
¡Aquí está! A ver qué os parece. Muchas gracias a Jakie M.V., Winters Lantern, RukiaNeechan, Hydra Delphine, Violetamonster, AntoniaCifer y Liax3, y a todos los que seguís y leéis este fic.
Y por supuesto, espero que os guste y disfrutéis con este capítulo. Sin más:
Capítulo 14. Fríos rayos de sol.
Su pequeña nariz se arrugó olvidando que estaba semidesnuda frente a una extraña, a un hombre al que apenas conocía y a un posible demonio que había demostrado ser muy pervertido. Sus pasos inconscientes se vieron detenidos por ese mismo demonio, en un contacto inesperado que la devolvió a aquel lugar, aquella tienda en penumbras. En cualquier otro momento, Hinata estaba segura, hubiera seguido escondida lo más lejana y ajena de los dos a medias salvadores y, aunque le pesara, inoportunos intrusos; pero esa no era la ocasión. Ya había aceptado que tendría que ser más valiente que nunca, y justo ahora no iba a amedrentarse.
Era algo que debía hacer por ella misma.
Esta vez no iba a buscar fuerzas en la espalda de Gaara, ni en un sutil contacto, no lo necesitaba. Hinata mantenía su blanca mirada clavada sobre esa otra mujer de ojos negros. Entre consciente e inconsciente de qué era lo que la movía exactamente en ese momento, se mantuvo firme, dejando que las pupilas oscuras de la joven, al menos se podría intuir que era más joven que ella, de clara cabellera la recorrieran. Una gran satisfacción explotó en su estómago al detectar un rayo de furia sobre el negro. Un leve momento de triunfo, en el que además se estaba intentando engañar para olvidar que no debía ser tan egoísta, que no tenía razones para ello, y, lo que era más preocupante, olvidándose de esos celos.
—Gaara, ¿te has ausentado todo este tiempo por... ella? Pero... Pero... —Dio un paso al frente, algo extraño sucedía — ¡Si es un sacrificio!
El pelirrojo se mantenía relajado, y callado. Quieto en el mismo punto de la alfombra en el que se posicionó para apartarla a ella de las miradas indiscretas. Dos acciones, o falta de ellas que inquietaron a Hinata. Al igual que aquella palabra que se pronunciaba por segunda vez bajo el mismo techo y ante la que Kankuro había reaccionado del mismo modo: bajando la cabeza. A su torbellino de emociones negativas, Hinata notaba, que se unía el desasosiego de que la estaban marginando, a pesar de que ella era importante. Aquel sentimiento de triunfo, poco a poco se fue diluyendo en si misma, devorado por la inquietud de la falta de conocimiento, de que aquella otra mujer supiera qué pasaba. Un pequeño monstruo oscuro como sus ojos nacía en su pecho haciéndola olvidarse de si misma.
—Matsuri, cállate —le susurró Kankuro autoritario.
—¡No me da la gana! —Se giró llevando las manos a las caderas en gesto enervado—. ¡Exijo saber qué pasa aquí y por qué Gaara muestra tanto interés en alguien como ella!
—Fuera.
Su voz, no alterada, no elevada, detuvo a Kankuro que estaba dispuesto a responder a los gritos de la mujer en un tono similar. Incluso detuvo la mano de Hinata que temblona, por primera vez, buscaba un pellizco de tela al que aferrarse en un último intento por parecer fuerte. Gaara seguía impertérrito, pero su presencia se hacía abrumadora en el silencio temeroso, crecía entre las penumbras malévolamente. Mantenía sus brazos cruzados, el ceño levemente fruncido y los ojos fijos en la mujer de ojos negros. Aquello no era una acción fácilmente pasable, no después de todo el tiempo que había tenido que invertir en cazar a Hinata, en llegar a aquella situación. Justo cuando la tenía entre sus garras le habían interrumpido. Cuando iba a devorarla, le pararon. Su alma clamaba pagar aquello con sangre.
El primero, más acostumbrado quizá, que rompió la presión del ambiente fue Kankuro dando un paso al frente, llamando la atención de Gaara.
—No, Gaara, estás metido en un buen lío si esto—podía ver como sus ojos brillaban de furia.
—¡He dicho fuera!
—Sólo recuerda qué no puedes hacer —con un contacto visual fijo, intentó transmitirle el mensaje, comprobar que lo había entendido.
—¡Lo sé! —Siseó en un registro demasiado bajo que heló la sangre a todos los presentes volviendo al silencio por un corto segundo pesado—. Largaos ya.
Una mueca agria apareció en el rostro de Kankuro antes de hacer un gesto para detener a su acompañante e invitarla a salir de la tienda; pero Matsuri no estaba dispuesta a dejarlo ahí. Detuvo del brazo al hermano mayor y dio unos pasos hacia el pelirrojo dubitativa.
—Pero... Pero...
La mirada de Gaara se clavó insistente sobre ella haciéndola temblar y deteniendo su avance, como una pequeña presa bajo la mirada del depredador sin corazón movido por el hambre. Parecía que sus palabras no eran suficiente para hacerles entender que no toleraba la actitud que ninguno de los dos estaban demostrándole ese día. Justo ese día y tras interrumpirle cuando estuvo tan cerca de ella, poco les podría salvar. Excepto una cosa, cuando perdió la presión y el calor cercano de Hinata en su espalda, supo que esa no era la ocasión, su enfado aumentando porque ella no estaba a su lado, dónde debía estar, dándole paz.
—Estoy cansada —la suave voz de Hinata sonó alarmante—. Estoy cansada. Estoy cansada de ti, Gaara, de cómo eres... conmigo. De no saber... Nada. Es como... Siempre todo igual... Yo...
Negando con la cabeza se giró hacia la silla del escritorio, recogió su capa que se echó por los hombros, cerrándola bien en la cintura antes de recorrer la distancia hasta la salida con paso firme y seguro. Dejando atrás un silencio incómodo. Volviéndose hacia unos rayos de sol cálidos, pero que ella sentía helados.
—¿Contentos? —Gruñó cerrando los ojos intentando controlar su respiración.
Ninguno de los dos se atrevía a mirarle, a levantar la cabeza, a emitir sonido alguno. El instinto de supervivencia se activó ante el Gaara que tenían delante. La atmósfera era pesada, los pasos mullidos en la alfombra retumbaban como golpes de tambor decadentes y mortales al paso de Gaara hacia la silla en la que antes estuvo la ropa de Hinata. Su respiración todavía pesada. Los dos se encogieron de hombros asustados cuando éste retiró la silla para dejarse caer sobre la misma en un golpe sordo apretando con fuerza entre sus manos los antebrazos. Un candil de la mesa se encendió violentamente y sólo hubo un último mandato por parte de Gaara hacia su hermano. Con voz tranquila, profunda, inevitable y dominadora.
—Arréglalo.
—¿Qué?
Una mirada fulminante le hizo entender que no iba a repetirlo, lo había escuchado perfectamente. Kankuro negó con la cabeza antes de decirle a la mujer que se fuera de allí. Matsuri no se lo pensó dos veces, sabía perfectamente cuando era viable tratar con el Señor del Desierto, y cuando más valía mirar por el propio pellejo. Ésta era una de ellas, ni se detuvo antes de salir, solo esperaba que Kankuro también viviera para poder ver el sol un día más.
—Quizá es lo mejor que te habría podido pasar.
—No te olvides que por mucha sangre que compartamos, no te considero nada mío. Arréglalo.
A partir de ese momento sí se le podía considerar temeridad, pero Kankuro, quizá porque Hinata le caía bien, o porque debía ganar tiempo hasta que Temari llegara, le respondió.
—¿Yo? —medio sonrió llamando la atención de Gaara que abrió los ojos—. Hinata-chan está cansada de ti, no de mi. Creo que iré a verla, se ha ido muy enfadada y estoy seguro que necesita un hombro en el que llorar.
Con ello salió disparado de la tienda dejándole solo. Gaara apretó un puño y golpeó la mesa. Se había quedado solo, sin sangre y sin mujer.
—Mierda.
La llama titiló antes de coger fuerza y apagarse en una súbita explosión. Ese maldito dolor punzante que conocía trepaba por las sombras susurrando su nombre, riéndose de él, recordándole todo lo que tuvo en sus manos y ahora no estaba.
—Hinata— susurró en su oído antes de explotar en una carcajada cruel.
Resopló mirando mal al sol mientras caminaba ofuscada por la orilla del pequeño lago natural del oasis. Lo peor era ese sentimiento tan negativo que la estaba embargando desde que llegó de allí. Sabía que no podía comportarse de ese modo, no podía dejar que unos tontos celos la cegaran. Unas horas atrás se había admitido por fin que amaba a Gaara, pues ahora en ese instante no estaba segura. Hinata resopló. No estaba segura por esa mujer de ojos negros, que además era la que la estaba haciendo ser tan vil y cruel. Quien la había llevado a dejar a Gaara solo. Se mordió el labio nerviosa, dejando que un leve sonrojo se extendiera por sus suaves mejillas, claro, pero también ellos habían sido quienes habían detenido a Gaara, Hinata no quería pensar que hubiera pasado en caso contrario. Porque no estaba segura de que aquello le gustara. Gaara sólo la veía como su prisionera, y ella no era una muñeca con la que jugar, suficiente tuvo en su casa como títere de su padre...
—¡Eh tú!—era esa misma voz femenina que la crispaba.
Hinata se detuvo, pero no se giró recuperando el rostro serio.
—Mantén las distancias de Gaara. ¿Te enteras, ratita muerta?
—Sería mejor decírselo a él. Es más, te lo agradecería.
—Gaara sólo te mira —escupió la palabra— porque le eres muy út—
—Ya lo sé —Hinata se volvió visiblemente alterada con los ojos crispados—, tu querido Señor del Desierto me lo lleva restregando desde que él me raptó. Pero sabes qué —levantó un dedo y le golpeó la clavícula levantando el tono de voz quizá por primera vez en su vida— estoy harta de él, de que me trate como si no fuera nada, que no me cuente nada, que parece que sólo estoy para meterme mano y si no fuera suficiente es como si hubiera salido de mi casa para meterme en—
Se calló abruptamente. Congelada.
Las mejillas se le encendieron en un abrir y cerrar de ojos a la par que recuperaba una distancia física con ella y notaba como su labio comenzaba a temblar. Por un lado liberada por lo que acababa de decir; pero lo que más le pesaba era todo lo demás.
—Discúlpame.
Se giró y comenzó a caminar rápida mientras una tímida lágrima recorría su mejilla.
—Seré tonta...
Si os apetece ya sabéis que podéis comentar, poner en favoritos/alert y todas esas cosas que me hacen sonrojar y que agradaceré hasta la saciedad XD También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate.
Hasta pronto
¡Muchísimas gracias por todo!
PL.
