Advertencias: Los personajes de Naruto no me pertenecen. Drama Queen XD
U/U Perdonadme. Veamos, como el anterior fue un poco corto, espero que este compense. Además he actualizado pronto! Uhm... tampoco sé qué decir, aparte de que me vais a mal acostumbrar con vuestro apoyo *cojo aire* ¡más de 50 comentarios! Creo que puedo morir en paz XD No sé que decir... jajaja lo siento, muchísimas gracias por leer.
Muchas gracias a Jakie M.V., Winters Lantern, RukiaNeechan, Hydra Delphine, Violetamonster, AntoniaCifer y Liax3, y a todos los que seguís y leéis este fic.
Y por supuesto, espero que os guste y disfrutéis con este capítulo. Sin más:
Capítulo 15. Enterrar un pasado al atardecer
Matsuri estaba segura que era una palabra cortés, que entraba dentro del registro formal y su voz se había movido entre un tono adecuado y un volumen adecuado. Sin embargo, aquel «discúlpame» de Hinata lleva una carga mayor, un matiz y tinte difícil de discernir de todo lo anterior, pero que, como la voz de Gaara, también la había dejado helada en el lugar incomprensiblemente.
Apenas podía ver como la chica menuda y frágil continuaba por la orilla a paso apresurado alejándose sin más. Y con ella se iba esa atmósfera tan similar a la del Señor del Desierto. Matsuri frunció el ceño, demasiadas coincidencias nunca eran una buena señal.
A los pocos segundos, pasó a su lado también rápido Kankuro, he ahí por qué Hinata había prácticamente huido tras alterarse tanto.
—Como un perro fiel haciendo lo que le dice su amo —masculló entre dientes cuando se aseguró que no podía oírle.
Kankuro acertó a alcanzarla unos metros más adelante ya alejándose de la parte habitada del oasis. Allí las hierbas y cañas que crecían a los pies del lago eran más altas, tan verdes como todo cultivo de regadío y con la fuerza necesaria para no doblarse ante ninguna prueba a las que el desierto las sometiera. El sonido de agua corriente aumentaba y el suelo dejaba de ser mullida tierra húmeda, para ser roca calcárea lisa por acción de las tenues olas. Hinata se había detenido en uno de los recodos apartados por la vegetación, él sabía que era justo el que dejaba ver uno de los dos saltos de agua que tenía aquella esmeralda del desierto tan apreciada por su hermano pequeño.
Los hombros de la chica estaban temblando y su cabeza gacha, se detuvo, no era el momento de acercarse, mejor dejarla y observarla desde la distancia. Si seguía un poco más adelante encontraría una pequeña gruta en altura que le escondería, pero desde la que podría observarla. Kankuro, se encogió de hombros trepando la roca, todo fuera por el bien de su hermano, y de su propio pellejo.
Si aquello fuera una de las tontas novelas que acostumbraba leer, Hinata estaba segura que ese era el momento en el que le descubrirían que Gaara es un santo cuidando de su pueblo, vería todo lo bueno que estaba haciendo por su gente, lo bien que éstos estaban a diferencia de los que habitaban la ciudad y su visión comenzaría a cambiar a mejor olvidando cómo la había tratado... Pero nada de eso era necesario porque dentro de sí misma, algo ya se lo había susurrado a Hinata. Y que justo le hubiera enseñado esa parte de su casa, de su desierto, sólo hacia más que confirmárselo.
¡Cuánto echaba de menos en esos instante a Temari o incluso a su hermana pequeña con quien poder hablar!
Se limpió las lágrimas regañándose, levantando la mirada y negando con la cabeza. Tenía que olvidar todo lo que había dejado atrás, incluso tendría que aprender a aceptar parte de su forma de ser. Al fin y al cabo era consciente de todo ello cuando acepto irse con él, que debía estar con Gaara. Curioso como cambiaba a placer lo que sucedió entre rapto y escapada.
Miró en rededor y tras comprobar que estaba sola se quitó la capa suspirando aliviada bajo el calor pesado de la tarde. Se sentó sobre la roca dejando que sus pies entraran en el agua cristalina y fresca. Aliviada, elevó los ojos blancos hacia el cielo, pasado ya mediodía, limpio e intenso.
Tenía que olvidar su casa, aquello no era su jaula ni tenía que seguir las estrictas reglas Hyuuga; sino que dentro de unos márgenes ahora sí tenía libertad incluso para estar allí sola.
Una corta risa melodiosa escapó de sus labios, quizá la primera desde hacia bastante tiempo, y sobre todo una que Gaara no había provocado.
—Gaara...
Era apenas un susurro que el viento se llevaba y quedaba atrapado por el sonido del agua, pero suficiente como para encender sus mejillas con todos los recuerdos que su nombre le traían.
Aquel primer miedo innato ante su voz; sus ojos autoritarios que la convencieron para escapar. El calor que le provocaba cada vez que le sentía cerca, a su lado. A pesar del sol, un leve escalofrío recorrió su espalda devolviéndola a la realidad, si seguía mucho más tiempo allí sin la protección de la capa, con el camisón de dormir se quemaría. Hinata llevó una mano a su frente, no sabía que estaba sudando. Movió los pies dentro del agua antes de ver que sí podía ser una buena idea, y se sumergió por completo en el lago del oasis.
Se hizo un ovillo dejando que las aguas la atraparan lentamente hacia el fondo, con los ojos cerrados pensando. Simplemente pensado en Gaara, en aquella vez que entró en su habitación de Suna por la ventana y la besó por primera vez. También fue el momento en el que le prometió ir con él y que la haría sentir útil. Que estaría a su lado siempre que se lo permitiera.
Frunció el ceño abriendo los ojos en el agua, al menos podía estar segura que no la quería por esposa, sino por otro algo; y no podía sentirse mal, al fin y al cabo ella también le había utilizado para huir de su casa y todo lo que la ataba. Se soltó y comenzó a nadar hacia la superficie buscando los cálidos rayos de sol, porque aunque era cierto que se estaba comportando como si ella fuera suya, también era quien más había hecho por ella.
Gaara, sin lugar a dudas, era un demonio del desierto. Sonrió mientras recuperaba el aliento, la había llevado de la mano por todo el desierto mostrándole su belleza secerta y la tendría a su lado hasta que dejara de serle útil, entonces la abandonaría a su suerte, pero al menos, se aseguró tranquila, no la obligaría a volver atrás, no después de conocer esa libertad y comenzar a ser más fuerte. Aunque ahora estaba insegura de si podría vivir sin saber que él estaba allí a su lado.
El sol había descendido rápido en el cielo tiñendo el antes celeste cielo de un tono anaranjado similar al de las rocas del oasis, cuando dejó de nadar. De un impulso salió del agua sentándose de nuevo sobre la roca. El aire cálido se movía entre las cañas con un susurro hogareño. Curioso como el tiempo había pasado tan rápido. Al ver cómo la fina tela del camisón se había vuelta translúcida alcanzó la capa para esconderse en ella, tampoco era buena idea estar demasiado tiempo rondando fuera de la caravana mientras las temperaturas descendían.
Desde su escondite, Kankuro observaba boquiabierto el cambio rápido en el incremento del caudal del salto de agua desde que la chica se sumergió en el lago.
—Será hijo de... —la maldición escapó de sus labios, Gaara una vez más, estaba en lo cierto y aquello nunca podría ser bueno—. Temari tenía razón.
Bajó rápido de su escondite hasta unos metros antes que se detuvo para recuperar el aliento e intentar parecer un casual paseante. En medio de la nada, pero lo más casual posible, para intentar llevar a la chica de vuelta a la tienda; no, hablar con ella antes de que por culpa de Gaara fuera demasiado tarde.
—¡Hinata! —Exclamó lo mejor que pudo.
El rostro de la mujer se giró dejando ver sorpresa antes de levantarse y apretar contra su cuerpo la capa.
—Veo que has estado disfrutando de lo mejor del desierto —se puso a su lado extendiendo las manos ante el lago—. ¡Y la mejor vista posible!
—Lo-lo siento —tartamudeó levemente bajando la mirada, cohibida al saber que él la había visto en una situación poco decorosa con su propio hermano.
—¡Pero qué dices Hinata-chan! Por cierto, Temari viene de camino.
—¿Temari-chan?
—Sí, viene a por ti —estaba arriesgando demasiado al decir aquello, pero si ya era tarde qué más daba, la cogió por los brazos en un impulso—. Hinata-chan, coge un caballo y ve—
Con la misma sonrisa tranquila que recordaba verla, negaba en un leve movimiento de cabeza mientras daba un paso atrás.
—No lo entiendes, es mejor si—
—Temari-chan me dijo que tenéis por ley la obligación de callar, será mejor que no te metas en más líos, Kankuro-san, y menos por mi culpa. Si me disculpas, debería ir a cambiarme.
—Hinata, Gaara va a poner tu vida en peligro para conseguir lo que quiere. Gaara sabe que eres una Hija del Desierto y va a utilizarte —Kankuro intentó volver a cogerla—. ¡Puede matarte!
Por un segundo ella se detuvo paralizada. No es que no lo supiera, pero escucharlo de labios de otra persona era diferente. Un segundo en el que las dudas sí volvieron a ella, a pensar qué hubiera sido su vida si meses atrás no hubiera tenido que abandonar Konoha con su familia. Y sin saber por qué un nudo en la garganta le impedía hablar, por miedo a una verdad que no deseaba. Un posible pasado que ahora no deseaba, y se daba cuenta de lo insípido que hubiera sido, todo gracias a Gaara, quien le daba esa seguridad para afirmar:
—Pero no lo hará.
Se giró y desanduvo el camino hacia el poblado, pensando. Si estuviera en Konoha, seguiría viendo como su primer amor era feliz con su mejor amiga, como Kiba la trataría de aquel modo más interesado en su cuerpo que en ella misma, seguiría bajo la observación constante de su clan y su padre, se marchitaría pensando en todo lo que pudo hacer pero nunca pudo... Al menos Gaara la escuchaba. En un segundo notaba sus mejillas encenderse, al mismo tiempo que en gesto infantil las inflaba enfadada.
—Excepto cuando le digo que pare.
Soltó todo el aire de una bocanada al verse frente a la tienda del mismo hombre del que antes huida. Además, se recordó, quería preguntarle sobre esa Matsuri. Hinta volvió a resoplar. Una corriente helada la envolvió, casi apremiándola a entrar, recordando que acababa de tomarse un baño en el lago y necesitaba secarse y cambiarse de ropa cuanto antes. Se sonrojó antes de mirar alrededor, Gaara no tendría ropa para ella, ni quería cambiarse con él delante, pero parecía que la tierra se había tragado al resto del grupo.
Ni se oían a los hombres discutir, ni a los niños reír, nadie había atendiendo a los caballos, el desierto nada más.
Excepto por el gruñido incesante que brotaba de la tienda de Gaara. Seguramente seguía de mal humor.
Insegura de qué hacer antes de entrar, no había puerta a la que llamar y no estaba preparada para abrir la pesada cortina sin más.
—Gaara, ¿puedo pasar? —Silencio absoluto, Hinata se aclaró la garganta antes de repetirlo más alto—. Gaara, necesito pasar.
Uno de los sonidos guturales sonó más alto, Hinta lo interpretó como una afirmación. Tal como minutos antes un nudo se formaba en su garganta al pensar qué hubiera sido de ella si su camino no se hubiera cruzado con Gaara; ahora notaba ese mismo nudo en el estómago, pero diferente, algo que le recordaba a aquel primer miedo instintivo.
Abrió la tela y pasó a la oscuridad tenue en el interior. La vela del escritorio titilaba moribunda.
—¿Gaara?
—Has estado en el interior del desierto —su voz la sobresaltó.
Hinata dio unos pasos más buscándole, el habitáculo no era tan grande y él siempre tenía una presencia llena en cualquier lugar, no podía ser tan complicado. Y no se equivocó, estaba sobre los cojines sentado.
—¿Gaara, estás bien? —susurró acercándose a él, olvidando la mirada de animal dispuesto a sobrevivir en cualquier situación que tenía.
—Respóndeme.
Se detuvo. Su cabello rojizo oscuro, parecía húmedo, entre sus manos que aprisionaba su cabeza con fuerza, la voz ronca reprimiendo algo más que dolor, su piel más pálida de lo habitual; aquel no era el hombre que siempre veía. Sus ojos fríos ahora evadían mirarla
—Me he bañado en el lago —susurró incómoda.
Sus brazos dejaron su cabeza muy lentamente. Se levantó cansado, cada paso que daba hacia ella era una tortura ante la que no sabía cómo reaccionar. Miraba sus ojos, sus labios, su frente, aquel extraño tatuaje que parecía palpitar para volver a sus labios pálidos. Sus manos sobre sus hombros la sorprendieron mientras quitaba la capa que la cubría dejándola desprotegida ante él.
Esta vez no dudó en bajar su nariz contra la piel helada de ella, besar lentamente su cuello húmedo, dejar que su mano aprisionara su pecho y pellizcara el erizado pezón haciéndola gemir. Jamás había escuchado un sonido tan hechizante y deseaba volver a escucharlo. Quedó en el olvido la reprimenda por hacer algo que no debía; por haberse ido de su lado sin permiso. Incluso olvidó todo lo que había pasado antes. Subió a sus labios hambriento notando sus pequeñas manos sobre su pecho. Aquella mujer era su debilidad, lo sabía. Lo supo desde que la vio, Hinata era la lluvia de su desierto.
Sin desprenderse de aquellos adictivos labios la condujo hacia su improvisada cama. Notaba cómo intentaba escapar buscando aire, y se lo permitió. Por un segundo la dejó, se separó de su piel, quería probar una cosa. Se sentó en el mismo lugar que ocupaba cuando entró y la miró. Habrían sido minutos de diferencia, pero la situación era completamente diferente, todo gracias a ella, una paz extraña limpiaba su interior sosegando el antiguo deseo de sangre que siempre buscaban los demonios.
Aquel dolor de cabeza que ella misma sin saberlo había provocado, desapareció justo en el mismo instante que ella entrara en aquella tienda. Tal y como contaban las leyendas, Hyuuga Hinata era todo lo que necesitaba. Sin lugar a dudas ella era la elegida. Solo una mujer podría alterar tanto la estabilidad del desierto.
—Ven —exigió con aquella voz profunda.
Tímida dio un paso hacia él sin pensarlo, subió las manos hasta su frente. Acarició aquel tatuaje y lo besó, poco después sus fuertes brazos aprisionaron su cintura en un agarre férreo. Olvidando que estaba aún empapada se dejó atrapar por el demonio del desierto quien poco a poco caía en la inconsciencia.
—Gracias por rescatarme, Gaara.
Si os apetece ya sabéis que podéis comentar, poner en favoritos/alert y todas esas cosas que me hacen sonrojar y que agradaceré hasta la saciedad XD También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate.
Hasta pronto
¡Muchísimas gracias por todo!
PL.
