CAPITULO 11: Despedida
LEO
Justo después de la comida nos reunimos para hablar con Althea. La comida fue un poco extraña, con la gente haciéndonos preguntas de todo tipo como si fuéramos una especie de estrellas o algo así. Fue un poco incómodo para mí, porque de repente me encontré rodeado de gente cuando normalmente siempre me quedaba aparte. Cuándo me pude escapar, junto con Hazel y Frank de allí le hicimos una señal a los otros y nos escabullimos fuera de allí. Nos explicaron lo que tenían pensado y quedamos en eso al final. Sinceramente a pesar de todo, me sentía bastante aliviado de marcharme de allí. Todo me parecía muy extraño. Después de todo el trabajo que hicieron los dioses para hacer que olvidásemos la existencia de los otros semidioses, van y dejan que estén juntos aquí, en un campamento controlado por una ninfa despitada con hijos de dioses olvidados y sin participar en ninguna de las guerras ni nada. Era extraño. Casi inquietante y tenía la sensación de que Althea no nos dejaría marchar con tanta facilidad.
PIPER
Al final de la cena y el karaoke, increíblemente largo, (aquí tenían debilidad por acostarse tarde), pudimos acorralar a Althea cuando se iba al edificio principal a descansar. La ninfa nos miró sonriendo levemente como si supiera algo que nosotros no.
-Ya sé lo que me vais a pedir. ¿Queréis iros mañana verdad?- La miramos asombrados. Bueno, si se piensa bien, no hay muchas razones para que nos acerquemos todos de esta manera...
-¿Cómo lo sabe?- Preguntó Jason con sospecha.
-Creíais en serio que dejaríamos a unos semidioses potencialmente peligrosos con un trimerre griego a su disposición en nuestro campamento sin antes hacer algunas averiguaciones.- Se puso seria.- Yo he escuchado de la profecía y estaba claro que vosotros estabais en una misión. Junté la piezas y supuse que vosotros seríais los de la profecía que tan amablemente Hera está ayudando a cumplir.- Sonó bastante sarcástica, que no le quedaba con su aspecto. Y aunque todos estábamos de acuerdo con que Hera era una perra, me pareció un tanto perverso su modo de dirigirse a ella.
-¿Por qué no nos dijo nada antes?- Preguntó Annabeth con desconfianza lo que todos queríamos saber.
-No vi la razón. De todos modos os podréis marchar mañana al alba. No os lo impediré. Mandaré a alguien a buscaros para que os lleve donde el barco.- Tenía una expresión extraña en la cara. No parecía una simple ninfa. Me sonrió levemente como si supiera lo que yo estaba pensando y se marchó dejándonos a todos con la boca abierta.
RUTH
Me desperté en mitad de un campo. Mi visión estaba fragmentada pero podía verlo todo mucho mejor. El cielo era extraño, y tenía a alguien a mi lado. Me giré y...
Me incorporé súbitamente, repitiendo el sueño en mi cabeza para no olvidarme de él. Era algo que solía hacer de forma habitual, casi inconscientemente. Cuando ya lo tenía cogí algo de ropa y fui a vestirme sin darme cuenta del velo que partía la habitación en dos, impidiéndome pasar al lado donde supuse estaría El-que-no-debe-ser-nombrado. El pensamiento me produjo una sonrisa, por lo ridículo que era y me puse una camisa plateada y unos pantalones bombachos verde. Cuando salí me dí cuenta de que no pasarían de las siete de la mañana. Insegura de que hacer me di la vuelta y volví para cogerme un libro mientras mataba el rato. Poco tiempo después me di cuenta de que había alguien detrás de mi.
-Sabes, no sé leer ese libro pero estoy seguro de que trata de niñas enamoriscadas.- Alex. Como no. De todos modos parte del enfado de la noche anterior se había disipado y aunque yo nunca borraría de mi mente ese momento nada me impedía hablarle. Y de todos modos, desgraciadamente había acertado en su suposición.
-Hola Ales. Buenos días para tí también.- Desgraciadamente me salió una s al final de su nombre que hizo que el sonriera un poco. Volví la mirada al libro.
-Ya que te has decidido volver a hablarme te informo de que tus "amigos" se van dentro de unos diez minutos.- Me tendió la mano mientras borraba la sonrisa. Me miró de lado.- Supongo que quieres despedirte.
-Sí.- Suspiré mientras me levantaba y cerraba el libro.- ¿A dónde nos vamos?
Unos quince minutos después estábamos en una parte de la playa desconocida para mí y donde estaba el trimerre a unos buenos metros mar adentro. Estaban a puntito de irse y eso me hizo salir corriendo, enojada de que se fueran sin despedirse.
-Ey, ¿no se van a despedir?- Solté en español mientras me acercaba al paseo de madera sobre las aguas turquesas. Ellos se giraron para verme, asombrados. Alex se acercó a paso tranquilo mientras me señalaba el colgante. Bien, lo cambié a inglés sin expresión alguna en mi cara.
-Oh, lo siento. Pensábamos que estarías dormida y después de los últimos días lo necesitabas.- Dijo Piper. Parecía que lo decía verdaderamente en serio y a mí me pareció ridículo que yo los estuviera riñendo, pero me saqué el sentimiento de bochorno de encima y sonreí.
-Okey, no pasa nada. Espero que les vaya bien.- Saludé con la mano a los otros que estaban más adelantados que ella.- Aunque es cierto que no hice nada por ayudarlos con toda esa cosa de Afrodita.- Dije con una ligera preocupación. Piper sacudió la cabeza y me puso la mano en el hombro.
-No te preocupes mi madre siempre anda liándola con los temas amorosos de los semidioses, quizá signifiqué que se va a tomar un interés especial en ti.-Dijo intentando sonar optimista aunque ni ella se lo tragaba.- De todos modos nos has llevado a un sitio donde hemos podido descansar sin preocupaciones. Y eso es un gran regalo.- Esta vez las dos sonreímos de verdad y me despedí de ellos mientras salían de nuestra gran burbuja segura.
Mientras volvíamos de vuelta Alex dijo algo que me dejó inquieta durante el resto de mi vida, hasta que los pude volver a ver.
-Sabes Ruth, lo más seguro es que no recuerden nada, debido a un hechizo protector que hace que la gente ajena a este sitio lo olvide todo sobre él.- Me miró intentando darme ánimos, notando que me había quedado petrificada en el sitio.- Pero tranquila, seguramente Althea les haya dejado recordar.
