Fue entonces cuando me sugirió que tal vez podría dispensarla, me rei de ella y creo que fui demasiado descarado, tal vez se diese cuenta.
-¿Por qué es gracioso?- Me preguntó indignada.
-Oh- dije disimulando una sonrisa- lo decías en serio.-
-¡Por supuesto! Mira, yo, técnicamente, he estado despierta durante dos días. ¿Por qué tenemos que comenzar el entrenamiento ahora? Déjame ir a la cama, es solo una hora- lloriqueó desesperada.
Crucé los brazos y la mire fijamente, ahí estaba la niña otra vez, me sentí relajado de no tener que lidiar con la preocupación sobre la mujer adulta y si tener que hacerlo que la inmadurez de la Rose actual. 'Esto son solo negocios' me repetí a mi mismo.
-¿Cómo te sientes ahora? Después del entrenamiento que has hecho hasta ahora- pregunto sabiendo hacia donde voy a dirigir estos.
-Dolorida como el infierno-contesta ella desesperada.
-Te sentirás peor mañana-
-¿Y?-
-Por lo tanto mejor meterse de lleno en el entrenamiento ahora que no te sientes… tan mal- Dije con una sonrisa triunfal.
-¿Qué clase de lógica es esa?-Replicó, no le conteste y ella no discutió mas mientras la llevaba hasta la sala del gimnasio.
Le enseñé los pesos y los ejercicios que tenía que hacer y me fui a una esquina con una novela del viejo oeste. Me encantaban este tipo de novelas desde que era un niño, tal vez por la representación de un hombre fuerte y justo que defiende a todo el mundo del mal y tiene un gran sentido de lo correcto, siempre había querido parecerme a esa clase de hombres.
En cuanto Rose acabo sus ejercicios le enseñé un par de ejercicios de estiramiento que tal vez la ayudasen encontrarse mejor por la mañana.
-¿Cómo terminaste siendo asignado como guardián de Lissa? No estabas aquí hace unos años. ¿Te formaste al menos en esta escuela?- me preguntó descaradamente.
La gente no solía preguntar sobre mi vida privada y si lo hacían yo no solía contar mucho, pero por alguna estúpida razón me sentía muy cómodo con Rose así que decidí ser sincero.
-No, asistí a una escuela en Siberia-
-Whoa. Ese debe ser el único lugar peor que el de Montana- Tuve que reprimir una sonrisa ¿Cómo s ele ocurrían esos comentarios a esta chica?
–Después de la graduación, fui guardián de un lord de la familia Zeklos. Fue asesinado recientemente- Me arrepentí de la última frase nada mas decirla, no era algo de lo que me gustase mucho hablar precisamente. Decidí seguir con otro tema para ver si conseguía desviar su atención de eso.-Me enviaron aquí porque necesitan guardias extras en el campus. Cuando la princesa apareció, me designaron a ella, ya que estaba por aquí. Que no es que no sea importante hasta que deje el campus-.
Se mantuvo callada unos instantes y se lanzó directa hacia lo que yo mas temía. -¿Este lord murió durante tu guardia?-
-No. Estaba con su otro guardián. Yo estaba lejos- y mis ganas de hablar desaparecieron. Recordé con claridad todas las veces en las que mi gran amigo Moroi me había insistido que me fuese a Rusia y como yo me había negado. No se como, pero la ultima vez me convenció y fui a estar con mi familia. Nada más llegar a Rusia recibí la noticia de su muerte y yo me marche de nuevo a Estados Unidos, creo que mi madre nunca llegó a saber que había estado allí.
-Oye- dijo de repente en un tono animado -¿ayudaste a trazar el plan para traernos de vuelta? Porque era bueno. Fuerza bruta y todo eso- Levanté una ceja lleno de curiosidad y la mire.
-¿Me estas elogiando por eso?-
-Bueno, es mejor que su anterior intento- dijo con normalidad.
-¿Intento anterior?- Pregunté extrañado.
-Si. En chicago. Con un grupo de Psi-Hounds.- Esto estaba empezando a sonar raro.
-Esta ha sido la primera vez que os encontramos. En Portland.-
Dejo de estirar y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas.- Um, no creo que me haya imaginado los Psi-Hounds. ¿Quién mas podría haberlos enviado? Solo responden a los Moroi. Tal vez nadie te lo ha contado-
-Tal vez- dije cerrando el tema. Sabía que era imposible que alguien les hubiese enviado Psi-Hounds sin mi conocimiento, también sabia de buena mano que no habían sido encontradas hasta mi llegada. ¿Estaba Rose inventándoselo todo para alardear conmigo? Lo dudaba bastante, Rose no parecía de ese tipo de chicas. A lo mejor se me había ocultado información. Miré mi reloj, ya no era un horario normal para hablar con la Directora Kirova, así que decidí esperar hasta el próximo día para hablar con ella.
A la mañana siguiente tuve clases con Rose antes de que ella comenzase su horario normal. Observe divertido como le costaba hacer los ejercicios pero también estaba algo sorprendido por su falta de quejas, parecía que se lo estaba tomando enserio.
Nada mas acabar la clase me dirigí al despacho de Kirova en busca de algunas respuestas.
