Disclaimer: Los personajes de Naruto y los personajes de La Rosa de Versalles o Lady Oscar no me pertenecen, sino a sus autores Kishimito-sama y a Riyoko Ikeda, respectivamente, este fic lo hice solo y únicamente como diversión
Parejas: SasuxNaru y otras
Aclaraciones y Advertencia: Secuela del príncipe de los piratas, Contenido AU (Universo alterno), Mpreg, Violencia, contenido hetero, travestismo, entre otros
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Capitulo 2.- Antigua amistad x ¿Salvador o Verdugo?
En Inglaterra, un hombre de larga cabellera azul marino, ojos turquesa y piel clara, ataviado con el uniforme de la guardia imperial se presento frente al rubio gobernante, arrodillándose frente a el.
-Majestad, le traigo noticias de su alteza, el príncipe Naruto –dijo el hombre.
-¿Qué sucede con mi hermano? ¿Él y mis sobrinos se encuentran bien?
-Su majestad y los jóvenes príncipes han... se han ido de palacio.
-¡¿Qué?! –grito mientras se levantaba de su lugar.
-¿Cómo es posible?
-Mi señor –lo llamo una voz -¿Por qué es el escándalo?
-Sakura... –dijo Cristian un poco molesto de ver a la mujer ahí –Vete, estoy atendiendo un asunto sumamente importante.
-Con todo respeto mi señor, pero no creo que la puta de su hermano sea un asunto importante.
Cristian le dedico una mirada de odio a la pelirrosa que la hizo temblar un poco, hizo una reverencia y salio dejando a ambos hombres solos.
-Ahora... dime lo que sucedió –pidió Cristian.
-Un hombre con una niña de unos cuatro años de edad llegaron a palacio, estuvieron hablando y al anochecer, escaparon.
-¿Sabes el nombre de esa persona?
-Recuerdo que dijo llamarse... Sai.
Cristian rechinó los dientes, en verdad tenia la esperanza de que Sasuke y los suyos estuvieran muertos, pero se encontraba con la horrible noticia de que la mano derecha de ese miserable había venido por su hermano y sobrinos, seguramente por ordenes de él, suspiro, nada podía hacer, si se fue con él era por que así lo quería, además, Hien y Roséela tenían derecho de crecer al lado de su padre.
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Algunos meses mas tarde, Naruto, sus hijos, Sai y su hija llegaron a la isla roja en el barco de Temari, la cual había sido la que los había traído desde Inglaterra.
-Me da gusto verlos –dijo Roxiel tan pronto cuando el rubio y compañía desaparecieron.
-Roxiel-san –dijo Naruto para luego abrazarla –A mi también me da gusto verla dattebayo.
-¿Y yo que? –se quejo Sai
-Tú barbaján bueno para nada, eres un mal hijo, ¿Por qué no me has visitado tan seguido como antes?
-Lo siento Rosa negra, prometo venir mas seguido.
-No te creo –dijo la ojiroja para luego mirar a los pequeños que se escondían se escondían tras Temari, a acepción de la pelirroja que miraba a Rosa Negra.
-Pero que pequeños mas adorables –dijo la ojiroja –Hino-chan, pero que grande estas, dime como se a portado el atolondrado de te padre.
-Papi dobe sea portado bien. –dijo la pequeña sonriendo.
-A veces creo que eres hija de Sasuke –lloro Sai con lágrimas de cocodrilo.
Ninguno le presto atención, la ojiroja se acerco a los dos mellizos.
-Pero que monadas –dijo Roxiel –Se parecen mucho a su padre, son tan adorables y que grandes están –los pequeños corrieron esconderse tras su padre –Oh peques no huyan de mi, yo soy su abuela.
-¿Abuela? –pregunto Kagime.
-Así es, su padre es mi hijo.
-Roxiel-san –la llamo Naruto.
-Si, lo se Ingles y no te preocupes, zarparemos en poco tiempo.
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Sasuke aun se encontraba ya despierto, tenía algunas heridas abiertas y sangrantes a causa de la última tortura recibida.
-En verdad que eres terco –le dijo aquel hombre –Bastaría con que me dijeras donde se encuentran tus amigos y tu dolor se terminaría.
Sasuke miro a los ojos, negros al igual que su cabello, había algo ¿Familiar? En él, ¿Pero que?
-¿No dices nada?
-Capitán –lo llamo un hombre castaño.
-¿Que quieres? –le pregunto molesto.
-El general Jarjayes lo busca –el hombre gruño por lo bajo, miro a Sasuke para luego propinarle un fuerte puñetazo en el rostro –Nos veremos mas tarde y espero que ya la lengua se te haya aflojado –dijo para luego irse.
-¿Estas bien? –le pregunto el castaño.
-Q-quien...
-Me llamo André Grandier –le dijo mientras le limpiaba la sangre del rostro con un pañuelo.
-N-no... ne... ce... si...
-Si lo se –le dijo el castaño –No necesitas mi lastima, pero... no es lastima, así que déjame curarte –le dijo –Mas tarde vendrá Oscar, tratara de sacarte de aquí.
Sasuke lo miro sin comprender porque aquel extraño, que además era un soldado a las órdenes de ese bastardo, quería ayudarlo.
-Yo solo sigo las ordenes de un Jarjayes y ese es Oscar, el me pidió curar tus heridas –respondió la pregunta que seguramente quería hacerle el pelinegro –Descansa... pronto te sacaremos de aquí.
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Hacia dos días el Ankoku se había unido a la búsqueda del rey pirata, junto al Halcón Rojo, comandado por Sai y los barcos de Gaara y sus hermanos.
-Roxiel-san –la llamo Naruto, ambos se encontraban frente al timón del barco.
Ahora el rubio había cambiado sus finas ropas por una camisa de manga larga color blanco, un pantalón negro y unas botas del mismo color, en su cabeza traía una banda para apartar los cabellos rubios de sus ojos.
-¿Qué sucede Ingles? –le pregunto Rosa negra al verlo tan pensativo.
-¿Qué fue lo que sucedió? –le pregunto -¿Cómo es que Sasuke fue hecho prisionero ttebayo?
La ojiroja lo miro unos segundos para luego regresar la mirada a la distancia, suspiro pesadamente.
-No sabemos mucho... lo único que los tripulantes del Halcón Rojo saben es que, en isla tortuga estuvo hablando con un hombre, después se inicio una pelea con la armada Francesa, muchos compañeros murieron y desde entonces no sabemos nada de Sasuke –dijo la pirata en tono melancólico.
-Entonces Sasuke esta...
-¡No lo digas! –le dijo molesta –No te atrevas a terminar esa frase, mi hijo no esta muerto, lo se, mi hijo continua vivo y así tenga que buscar en el mismo infierno lo traeré de vuelta –sentencio.
Naruto sonrió y asintió el tampoco creería que su amado estaba muerto, sabía que estaba vivo, en algún lugar, así la vida se le fuera en eso, lo traería de vuelta.
-Tiene razón dattebayo, estoy seguro que el teme se encuentra bien.
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El pelinegro entro a su oficina en la que se encontraba un hombre de larga cabellera rubia, ojos azules, vestía el uniforme de la milicia francesa y por la cantidad de insignias que tenía, era de un rango mucho mas alto que el del pelinegro.
-Debí suponer que eras tu cuando vi a ese lame bostas de Grandier –dijo molesto -¿Qué haces aquí Oscar?
-Soy el Generar Oscar Fransua de Jarjayes.
-¿Qué lo trae aquí General Jarjayes? –pregunto molesto.
El rubio saco una carta de entre sus ropas y se la extendió al pelinegro, este la tomo y comenzó a leerla, para luego arrugarla y golpear el escritorio
-¡De ninguna manera dejare que te lleves a MI prisionero!
-No estoy preguntando Capitán, es una orden –dijo el rubio –A menos que quieras enfrentarte a una corte marcial.
-Esta bien, puedes llevarte al prisionero... "hermano" –dijo el pelinegro molesto.
-Eres muy "amable" –dijo el rubio –"querido hermano" –agrego el rubio en tono sarcástico.
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Sasuke despertó a causa de la luz de una lámpara, se sorprendió al darse cuenta que se encontraba en una cómoda cama, en un lugar limpio y no en aquella sucia y húmeda prisión, trato de levantarse pero una mano se lo impidió.
-No es buena idea que te muevas –le dijo el rubio –Tienes tres costillas rotas y varios moretones.
-¿Quién... eres... tú? –El rubio sonrió divertido.
-Vaya, no puedo cree que no me recuerdes –dijo el rubio -Soy Oscar Fransua de Jarjayes, ahora General del Ejercito Francés.
El rey pirata lo miro incrédulo, ¿Ese rubio podría ser aquel joven que conoció hace muchos años?
-Tú…
-No te preocupes, estas a salvo, al menos yo no te tratare de la misma forma que lo hacia el bruto de mi hermano.
Sasuke lo miro unos segundos para luego cerrar los ojos y suspirar pesadamente, no sabía si sentirse tranquilo de haber "escapado" de esa terrible prisión o comenzar a preocuparse verdaderamente.
Aquel hombre a su lado había sido su amigo y por que no decirlo, en ciertas ocasiones... su amante, pero eso había sido muchos años atrás y no le garantizaba que en sus manos estaría mejor que con aquel bastardo, por lo que no pudo evitar preguntarse, ¿Seria su salvador o su verdugo?
Continuara...
