El callejón Diagon:
Era la mañana del veinte de Agosto y Haydee se encontraba en el jardín del orfanato.
Estaba en una de sus charlas con Septi, cuando la señorita Olsen vino a buscarla, Haydee ocultó a Septi de la vista de ella, que venía con una sonrisa torcida en sus labios y una mujer la acompañaba.
La extraña contaba con el cabello rubio y unos ojos plateados que parecían estar enfrascados en una ensoñación permanente.
— Haydee, esta mujer ha venido a verte.
La mujer iba vestida con un vestido veraniego, sandalias y sonreía distraídamente:
— Mucho gusto Haydee, vengo en nombre de la directora McGonagall, me dijo que me estarías esperando.
Ella abrió los ojos al máximo sorprendida por sus palabras, se puso en pie rápidamente:
— ¡La directora McGonagall!, ¿de Hogwarts?
Preguntó sin terminar de creérselo, la mujer asintió y amplió su sonrisa:
— Así es, soy Luna Lovegood, seré tu acompañante el día de hoy para comprar lo que precises para asistir a Hogwarts.
— ¿Comprar lo que precise?, un segundo, nadie nos dijo nada de material escolar, este orfanato no cuenta con fondos para…
— Puede estar tranquila profesora, Hogwarts cuenta con un fondo para estos casos, a ella no le faltará absolutamente de nada en estos siete años que asistirá a Hogwarts.
La mujer sonreía ampliamente:
— He buscado ese colegio suyo y confieso que me parece demasiado lujoso para que hayan aceptado a Haydee en él, ¿cómo es posible que ella esté inscrita en el mismo?
— Desde que nació lo está, quizás sus padres la inscribieron en ella, le confieso que eso no lo sé, solo sé que ella no va a tener que preocuparse de nada, está becada en Hogwarts.
Sus padres, ¿sería eso posible? Un cosquilleo la recorrió por dentro, ¿si asistía a Hogwarts encontraría algo relacionado con su familia?, el otro profesor le había dicho que no era preciso que sus padres hubiesen sido brujos, pero cabía la posibilidad, ¿cierto?, y esa mujer estaba diciendo que quizás sus padres la habían inscrito en esa escuela.
— ¿Necesitas cambiarte o irás así?
Preguntó la mujer volviéndose a ella, Haydee se miró de arriba abajo, iba vestida con el pijama, frunció el ceño y negó:
— No tardo.
Salió corriendo a su cuarto y comenzó a rebuscar entre sus cosas no miró donde tiraba todo, solo rebuscó con impaciencia, al final encontró algo que ponerse y no tardó más de diez minutos en estar lista, la señorita Olsen y la mujer la esperaban en la entrada del orfanato, ambas estaban hablando animadamente.
— Parece un paraíso natural realmente.
— Lo es, no creo que exista una sola persona que haya asistido a Hogwarts que no lo ame.
— Según leí ese colegio es centenario.
— Así es, han sido muchas generaciones las que han pasado por allí, y solo se admiten a unos cuantos privilegiados cada año.
— Me alegro de que mi Haydee haya sido seleccionada, ya necesitaba algo bueno en su vida. ¿Sabe?, no ha tenido una vida muy sencilla.
— No se preocupe, a partir de ahora le será difícil verla sin una sonrisa en el rostro.
Aseguró la mujer y ella deseó fervientemente que así fuera, y por la expresión de la señorita Olsen, ella parecía pensar exactamente igual.
— ¿Ya estás lista?
— Sí, ¿A dónde me llevará?
— Vamos de excursión por Londres.
Ella formó una sonrisa en su rostro animada, mientras Haydee y la señorita Olsen intercambiaron una mirada de sorpresa, Londres quedaba algo lejos de donde estaba el orfanato.
— Pero eso implica que no podrán regresar en el mismo día.
— Ya está hablado con la directora, Haydee estará a mi cargo hasta mañana que la regrese aquí.
La señorita Olsen no parecía muy conforme, pero al saber que la directora había dado su consentimiento, no podía negarse.
— Ten mucho cuidado pequeña y disfruta la visita a Londres, ya me contarás que tal todo.
Haydee asintió y tras abrazar a su tutora y regalarle un beso se fue al lado de Luna. Juntas, emprendieron el camino que las llevaría hasta el pueblo, lo más seguro a la estación de trenes.
— Dime Haydee, ¿qué sabes de nuestro mundo?
— ¿Bromea?, no sé nada de nada.
— Vaya, veo que el profesor Longbottom no hizo muy bien su trabajo, en fin, ¿traes contigo la carta de Hogwarts?
Haydee se detuvo de lleno, miró a Luna mordiéndose el labio inferior y con clara culpabilidad reflejada en su rostro:
— Haydee, ¿qué sucede?
— Yo, sobre la carta… verá, es que creí que se habían burlado de mí, había pasado tanto tiempo, que pensé que todo era mentira.
Luna la miró por unos instantes:
— ¿La tiraste? –cuestionó ella con calma, rápidamente negó y se encogió un poco más en ella misma mordiéndose el labio inferior con mayor fuerza: — ¿La rompiste? –negó con mayor energía y cerró los ojos: — ¿Entonces que…?
— La quemé.
Se quedó allí quieta esperando el regaño, pero este no llegó, fue sustituido por una risa cantarina y alegre proveniente de la mujer, sorprendida la miró con la boca abierta:
— ¿La quemaste?, ¡por Merlín!, a eso le llamo yo tener carácter. En fin, ya no podemos hacer nada, creo que puedo recordar todo lo que vas a necesitar para tu primer año en Hogwarts, quizás solo necesitemos saber el autor, pero el librero nos podrá ayudar, no serás la primera que vaya a visitarlo este año para tu primer año. Si no, seguro que me encuentro con algún conocido.
Venga, no queremos llegar tarde a coger el traslador.
¿Traslador?
Ella corrió para alcanzarla y juntas llegaron a un callejón, allí había otras dos personas más, se fijó en ellas, pero no reconoció a las mismas:
— Luna Lovegood y Haydee, vamos a Londres para que ella compre lo preciso para asistir a su primer año en Hogwarts.
— ¿Regreso?
— Mañana en la tarde.
Uno de los tipos asintió, el otro rebuscó en una caja que había allí y sacó una botella vacía que le entregó a Luna, esta le hizo una señal a ella.
— Ven Haydee, agarra la botella conmigo.
Dudosa hizo lo que le pidió: — No será agradable, pero es lo más rápido y seguro, aquí no contamos con red flu me temo. Eres la única bruja de este lugar.
Ella le guiñó un ojo y se sintió de repente deprimida, si era la única bruja eso significaba que sus padres no lo eran, porque debían de ser del pueblo, sino nunca habría terminado en aquel orfanato.
— Atenta, no te sueltes por nada del mundo Haydee.
Sintió que Luna colocaba sus propias manos sobre las de ella procurando también sostener la botella.
De repente Haydee sintió que sus pies dejaron de tocar suelo, su cuerpo se estremeció y su vista se volvió borrosa, su respiración se paró en seco y solo pudo aferrarse a la botella, aunque esta no le daba ni la más mínima seguridad.
Todo comenzó a dar vueltas a su alrededor hasta que al final sintió un fuerte golpe y como rodaba por el suelo, cuando se detuvo quedó bocarriba mirando un cielo azul completamente despejado, el aire mecía su flequillo mientras ella respiraba con dificultad debido a la impresión, de repente, no pudo evitar soltar una carcajada divertida.
¡Había sido la mejor experiencia de toda su vida!, mejor que la montaña rusa que había probado el año pasado, aunque eso no era difícil de vencer, pues era la de los más pequeños.
La cara de Luna entró en su campo de visión, parecía extrañada de verla reír, pero ella no pudo parar y cuando la ayudó a ponerse en pie solo podía sonreír.
— ¿Te ha gustado la experiencia?
— Ha sido genial.
Luna curvó un poco sus labios:
— Eres una chica bastante extraña, pero ¿sabes?, creo que eso es bueno, definitivamente te encantará Hogwarts.
Sin más emprendieron el camino bajando por un sendero:
— ¿Dónde estamos?
— En el Parque de Kensington. Una vez salgamos de aquí, estaremos cerca de la entrada del callejón Diagon.
Haydee asintió a sus palabras y caminó al lado de Luna decidida a ver todo lo que pudiera, en su caminar pasaron cerca de una pequeña estatua de un niño que parecía tocar una flauta, curiosa se acercó:
— Peter Pan, ¿este es Peter Pan?
— Bueno, es un burdo retrato de él, en realidad Peter Pan no era un niño, sí que se comportaba como tal, y los niños que se llevó, bueno eran magos y brujas, él los guió a nuestro mundo, solo Wendy regresó al mundo muggle con su familia porque creía que el mágico no era para ella.
Su hermano Jhon no hizo lo mismo y Mikel se convirtió en un famoso mago.
— Estás bromeando.
Dijo Haydee sin poder creérselo, pero al ver la mirada que Luna le lanzaba supo que no era mentira, que le estaba hablando de verdad.
— Es increíble.
— Te sorprenderías de la cantidad de cuentos infantiles que están centrados en nuestro mundo Haydee, ¿recuerdas caperucita roja y el lobo?
Haydee asintió, de más pequeña la señorita Olsen se lo contaba a ella y las otras niñas para evitar que hablaran con extraños.
— Pues bien, el lobo no era del todo un lobo. Y temo que caperucita no salió del todo impune de aquel encuentro, gracias a dios era un bruja decente y pudo enfrentarse a él con la garra suficiente para salvar a su abuela materna.
Haydee no podía creerse lo que esa mujer le decía, pero hablaba con tanta calma y seguridad que tampoco podía dudar de ella. Mientras hablaban habían terminado ante la puerta de un lugar que se llamaba "El caldero chorreante", y en la placa había precisamente dibujado un caldero con una cuchara que parecía moverse en su interior, se quedó mirando el movimiento de la cuchara como hipnotizada:
— ¿Se mueve?
— Todas las fotos mágicas lo hacen.
Aclaró Luna con indiferencia, ¿era posible que se hubiese olvidado de que ella no sabía nada de todo aquello y que con cada cosa que descubría se sentía cada vez más y más confusa y admirada?
Sin duda George y Neville tenían razón, aquel mundo era terriblemente diferente al que conocía, pero también increíble a sus ojos.
— Ven no te separes de mí, tenemos mucho que hacer y no puedo perderte.
Al entrar en el local se quedó estática, había bastante gente, pero más importante que eso, todos vestían de formas sumamente raras con gorros y túnicas, era todo un espectáculo, sobre todo por los llamativos colores de algunos de ellos.
También había cosas que volaban de un lado a otro, jarras, paños, cucharas y platos, una fregona que estaba danzando sola por una de las esquinas, y los periódicos, las imágenes que se movían una y otra vez, era sorprendente.
— Haydee venga, no te retrases.
Escuchó que decía Luna, pero Haydee parecía fuera del radar, hasta que Luna no la cogió de la mano y tiró de ella no pudo volver a la realidad, o lo que fuera lo que estaba viviendo.
Juntas salieron del lugar por una puerta trasera, perdida en su mente contempló como Luna sacaba su propia varita y apuntaba a unas cuantas losetas de la pared y de repente la misma se abrió revelando ante ella un lugar magnífico.
No recordaría sus primeros pasos por el callejón, pues acabó mareada intentando captar todo para no perderse nada, tampoco recordaría su entrada en la tienda de ropa, "Madame Malkin, Túnicas para todas las Ocasiones", donde comenzaron a tomarle medidas y a buscar las túnicas, ni lo que le respondió a la mujer que no paraba de hablar.
Recordaría vagamente el momento en que fue con Luna a comprar los libros a una librería llamada "Flourish y Blotts" y el resto de material, pero lo que definitivamente no olvidaría fue su compra de una varita.
Luna la llevó a una tienda pequeña y que parecía muy antigua, "Ollivander – (Fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.c)", allí ingresaron juntas, había más gente, pero ni Luna saludo ni la saludaron a ella, así que no le dio importancia y se dedicó a mirar a su alrededor, había infinidad de cajas pequeñas, finas y alargadas, estaban por todas partes, y completamente desordenadas, no comprendía como se mantenían en esas filas tan mal formadas.
— Es cosa de un hechizo.
Le susurró Luna y Haydee asintió a sus palabras, la pareja que había delante de ellos y que acompañaba a una niña terminó con el hombre y se marcharon de la tienda:
— Vaya, señorita Scamander, no esperaba verla por aquí tan pronto. ¿Ya comienzan Lorcan y Lysander la escuela?
Luna sonrió y negó:
— No, hasta el año que viene no comienzan en Hogwarts.
El hombre asintió y posó su vista en Haydee, sus ojos se encontraron por unos instantes y se sintió de repente muy nerviosa:
— ¿Y quién es esta jovencita tan hermosa?
— Es Haydee Evans, viene a buscar su primera varita.
— Y última esperemos, bien, señorita Evans, acérquese aquí, tengo que tomarle algunas medidas y realizar algunas preguntas.
Ella hizo lo que le pidió y caminó hasta encontrarse sobre un taburete, el hombre comenzó a realizar su trabajo y a dedicarle diversas preguntas, escuchó que la puerta se abría y quiso mirar, pero el hombre se lo impidió y siguió con su interrogatorio.
En cuanto terminó fue en busca de algo y la dejó allí, ella se fijó al fin en Luna, ella se encontraba hablando con un hombre. Este contaba con el cabello negro, tenía una complexión fuerte y por la mirada de Luna parecía ser alguien importante en la vida de ella, o al menos alguien a quien apreciaba.
— Bueno, probemos con esta señorita Evans.
Escuchó que le decía el hombre, Haydee se giró a mirarlo y vio que le tendía una varita, la cogió con cuidado con su mano derecha y la observó cómo hipnotizada:
— Si no la agitas no sabrás si es tu compañera o no.
No reconoció la voz que le dijo esas palabras, sabía que era un hombre, pero no le dio importancia, solo procesó lo de agitarla y así lo hizo.
En ese preciso instante tuvo que agacharse porque varias filas de cajitas salieron disparadas, el hombre le arrebató la varita de las manos con suma rapidez.
— Lo siento, de verdad, yo no quería que…
— Tranquila, yo conseguí estallar algunas cosas, el señor Ollivanders está más que acostumbrado a estas cosas.
Escuchó que le volvía a hablar la voz desconocida, al girarse al lugar de donde provenía la voz se encontró con Luna y con el tipo que había estado hablando con ella.
— Haydee, te presento a Harry Potter, un gran amigo mío de la infancia y jefe del cuerpo de aurores.
— ¿Aurores?
Cuestionó ella sin entender, el tal Harry Potter formó una sonrisa en sus labios:
— Soy una especie de jefe de policía.
Le guiñó el ojo en forma de complicidad y ella asintió:
— He oído que te han llamado señorita Evans, ¿te apellidas así?
— Sí, me llamo Haydee Evans.
Él asintió:
— Encantado Haydee Evans, así que es tu primer año en Hogwarts, ¿estás nerviosa por comenzar?, te confieso que yo me moría de miedo, no creía posible que pudiera encajar en un lugar así.
De repente se sintió identificada con él, iba a decirle algo cuando el de las varitas regresó con otras tres cajas:
— Digo yo, que alguna de estas es tu compañera. Prueba esta jovencita.
Pero no fue el caso, ninguna de las que le entregó era la indicada y eso había comenzado a hacerla sentir incómoda, y más cuando se percató de que había comenzado a haber cola en la tienda y que todo el mundo la miraba.
Luna y el amigo de ella parecían impasibles, pero Haydee se sentía cada vez más y más avergonzada, ¿y si no se encontraba en esa tienda la varita que le correspondía a ella?, ¿y si no existía?
El miedo la embargó y comenzó a ponerse nerviosa, alguien empujó al amigo de Luna y este trastabilló y tropezó, consiguiendo que unas cuantas cajas cayeran, la cosa no hubiese importado mucho sino fuera porque algunas cajas se abrieron y las varitas terminaron esparcidas por todo el suelo:
— Maldición, mi varita.
El amigo de Luna comenzó a rebuscar su varita por entre las demás, Luna misma comenzó a recoger las otras:
— ¿La encuentras Harry?
— No, maldita sea, ¿es que no se dan cuenta de que tienen que esperar?
— Tranquilízate o no la encontrarás nunca.
Aconsejó Luna con calma, escuchó a este refunfuñar y seguir con su búsqueda, ella se dispuso ayudar a Luna a recoger el resto de varitas.
Ya estaban terminando cuando regresó el señor de las varitas, venía con cinco cajas más, comenzó a sacar una de ellas y se la entregó.
Luna y Harry seguían a lo suyo, ella la agitó y para su desgracia, y más para la de Luna y Harry, ella misma salió disparada contra una de las filas de varitas y todas cayeron.
Ahogó un grito de sorpresa mientras el señor de las varitas la miraba asustado y Luna corrió hasta ella para ayudarla.
— ¿Estás bien?
Cuestionó Luna, Haydee comenzó a negar con fuerza para aclararse las ideas:
— Sí, no me he hecho nada.
— Mejor será que le des esa varita al señor Ollivanders o terminarás con la tienda entera.
— ¿Cuántas va ya?
Escuchó que alguien recriminaba, ella enrojeció, Luna miró hacía quien acababa de hablar y el amigo de Luna también para decir con tono molesto:
— Las que lleve, eso no es de su incumbencia, ¿a usted le metieron prisa cuando eligió su varita?
El tipo se calló en el acto y Luna terminó de ayudarla a levantarse, Harry regresó a su búsqueda, el señor Ollivanders le entregó otra varita y se sorprendió al ver que todo el mundo daba un paso para atrás, menos Luna y el amigo de ella, este seguramente porque estaba enfrascado buscando su varita entre todas las que había tiradas por ahí.
Cerró los ojos y agitó la varita un poco, varios cristales estallaron y la soltó con rapidez. ¿Por qué ninguna la admitía?
— Maldición, ¿habré tomado alguna medida mal? –escuchó que rumiaba el de las varitas.
Volvió a desaparecer examinando la libretita donde había apuntado sus respuestas y medidas y ella y Luna se reunieron con Harry y retomaron su ayuda de recoger y buscar.
Ya solo quedaban tres varitas en el suelo, Luna recogió una, Harry otra y Haydee la otra, Harry las examinó las tres y frunció el ceño:
— No es ninguna de estas.
Comenzó a mirar a todas partes y Haydee encontró otra varita que había quedado atorada entre dos filas de varitas, se agachó para recogerla y en cuanto se puso en pie con la varita en mano un hormigueo la recorrió por todo el cuerpo, un montón de chispas salieron de la varita que ella estaba sosteniendo y se sintió completa.
— Al fin.
Escuchó que decía alguien, pero ella no podía apartar la mirada de las chispas que salían de su varita.
— Al fin nada, ¿Harry, no es esa tu varita?
Toda la alegría se esfumó de repente, y fijó su mirada en el amigo de Luna, este la miraba con el ceño fruncido y algo desconcertado, se acercó a ella:
— Sí, así es, gracias por localizarla Haydee.
Tendió su mano para que ella se la diera, pero no quería soltarla, al fin una varita parecía congeniar con ella, ¿por qué tenía dueño entonces?
— Eso es imposible.
Escuchó que decía el hombre de las varitas dejando caer varias cajas al suelo, parecía enfadado y en cierto modo trastornado.
— ¿Qué es imposible?
— Tu varita, no puede ser que la haya elegido a ella, es tuya, ¿por qué entonces cuando la ha cogido han salido chispas?, no estás muerto.
— Eso es evidente.
Declaró él con fastidio.
Luna chascó la lengua:
— A ver trae esa varita para aquí. –El hombre se la quitó de las manos y la examinó: — Sí, sin ninguna duda es la suya señor Potter, núcleo de fénix. Pero la de ella debería ser núcleo de unicornio.
Estaba seguro de ello.
Farfullando, el hombre se volvió a alejar, llevándose consigo la varita del amigo de Luna, los tres se miraron sin comprender y cuando este regresó, traía una sola caja, le entregó a Harry su varita y abrió la caja.
— Bien, no pertenece a la cola del fénix, pero sí pertenece a una de las alas del mismo fénix, veamos si funciona la cosa.
Coja su varita señorita Evans.
Miró a Luna y luego la varita del amigo de ella, ¿por qué si ya la había elegido una varita tenía que coger otra?, ¿y si esa tampoco la quería?
Con nerviosismo y mucho miedo alargó su mano y la cerró sobre la varita, el efecto fue inmediato, era cierto que con la varita de Harry se había sentido completa, pero esto era diferente, era como si fuera ella.
Tenía cierta chispa, era como parte de su ser, compartía incluso su carácter.
— Perfecto.
Escuchó que exclamaba el hombre de las varitas feliz y ella sonrió a su vez contenta.
Tras la compra salieron de la tienda los tres, Luna iba tras ella hablando con su amigo:
— ¿Y cómo lo llevas?
— Todo lo bien que se puede llevar. Se ha ido a Alaska Harry, solo me dejó una nota diciendo que ya vendría de visita para ver a Lorcan y Lysander y que deseaba que todo me fuera muy bien y que me deseaba la mayor de las felicidades, la cual no se encontraba a su lado.
— ¿Quieres que vaya a buscarlo y lo encierre en Azkaban?
— ¿Con qué cargos?
— Tranquila, me inventaré alguno bueno.
Luna rompió a reír y negó:
— No te preocupes, realmente no es importante, quizás hasta tenía razón, hace unos años que no nos terminamos de entender, él no comprendía mis ganas de viajar y descubrir más y más animales exóticos o plantas, ya puestos.
Decía que prefería quedarse en un solo lugar y experimentar en un laboratorio, estaba obsesionado con ser alguien tan capaz como su abuelo Newt Scamander.
Haydee escuchó que Luna suspiraba:
— Espero de verdad que todo te vaya bien, si precisas algo sabes que estoy a una llamada de la red flu.
— Lo sé, muchas gracias Harry, en serio, nunca pensé que cuando te conocí en cuarto año, terminarías siendo un amigo tan valioso.
— Me lo dicen todo el rato.
Inquirió este con un tono de voz muy pagado de sí mismo, Luna rompió a reír y juntos llegaron al caldero chorreante:
— Bien, aquí os dejo, nos vemos otro día Luna, encantado de conocerla señorita Evans, ojala te guste Hogwarts, para mí fue el primer lugar al que pude llamar hogar. Por cierto, tengo dos hijos que van a Hogwarts, se llaman James Sirius Potter y Albus Severus Potter, les hablaré de ti para que no te sientas sola en tu primer año en Hogwarts.
— Muchas gracias.
Él le revolvió el pelo y le volvió a sonreír, ella respondió a su sonrisa y lo miró por primera vez a los ojos. Y se quedaron ambos como suspendidos en el tiempo mirándose uno al otro.
Viendo el mismo verde jade en la mirada de su contrario, él apartó la mano de su cabello pero no dejó de sonreír, seguidamente y tras unos instantes sin apartar sus ojos de los de ella, terminó la conexión y volvió a despedirse para marcharse.
Luna y ella comieron en el caldero chorreante y le prometió que en la tarde la llevaría a ver más maravillas y tiendas del callejón Diagon.
— ¿Me llevará también a conocer Sortilegios Werley?
Luna la miró unos instantes sin comprender: — La tienda del amigo del profesor Neville, me dijo que dijera a quien me acompañase que me llevase para verla.
— Sortilegios Weasley.
Aclaró Luna con una media sonrisa:
— Lo que he dicho.
Sentenció Haydee mientras se llevaba un trozo de pan a la boca, Luna no refutó nada tan solo asintió:
— Entonces esa será una de nuestras paradas, aunque debo avisarte de que no podrás comprar nada de lo que veas allí, temo que todos los productos de esa tienda están vetados en Hogwarts, al conserje del lugar no le hacen ninguna gracia.
— ¿Por qué?
— Sin duda cuando entres a Hogwarts lo sabrás, de momento decirte que es una tienda exclusivamente dedicada a las bromas y burlas.
Ella asintió, y juntas terminaron de comer, cuando dieron las seis regresaron al callejón una vez más, Luna la llevó a conocer la tienda de mascotas y le informó de que podía llevar una al colegio, cuando le preguntó por su conejito, Luna negó y le dijo que podía elegir entre lechuza, gato, sapo, tortuga e incluso una rata.
Ella se quedó observando el escaparate, le encantaban los gatos y también las lechuzas, pero no tenía dinero suficiente para pagar ninguna de aquellas cosas, y si Luna no le permitía gastarse dinero en bromas, menos la dejaría conseguirse una mascota, resignada a ese hecho le pidió que la llevase a ver un escaparate que estaba atestado de gente.
Luna sonrió ante su petición:
— Bueno, ¿recuerdas que te dije que algunos cuentos estaban basados en nuestro mundo?, ¿cuál es tu visión general de las brujas y magos?, el estereotipo más conocido.
Haydee se quedó pensativa un rato:
— En Halloween las solíamos dibujar con gorro picudo, una capa negra, con verrugas en el rostro y montadas en escobas voladoras.
— Bien, de todo eso, solo una cosa no es cierta, no todas las brujas son feas o tienen verrugas en el rostro.
En cuanto Luna se abrió paso entre la gente, ella quedó ante un escaparate que mostraba una escoba, pero no era una escoba normal de las de barrer el suelo, era algo completamente diferente.
— Por esto estaba Harry aquí hoy, seguro.
Escuchó que decía Luna son una sonrisa en su rostro:
— ¿Qué es exactamente?
Cuestionó Haydee sin apartar la mirada de ella:
— Es el nuevo modelo de Saetas, Harry es un amante de las escobas, desde su primer año en Hogwarts jugó al quiddich, es un deporte mágico que se juega en escobas, consiste en meter una pelota llamada quaffle, en uno de los tres aros que tiene que proteger un guardián. Existen otras dos llamadas bludger son golpeadas con dos bates y se utilizan para derribar a los jugadores de sus escobas y que pierdan la pelota que deben ingresar en los aros, o para que el buscador no encuentre la pelotita más importante del juego, llamada snitch dorada, una pequeñita y rápida.
Luna le señalaba las pelotas que se encontraban en el escaparate una a una, cuando se detuvo en una pelotita dorada muy pequeña, se quedó helada.
Era el vivo retrato, de la pelotita con alas que estaba dibujada en la parte trasera, del trozo de pergamino, que se encontraba dentro de su pulsera, la que llevaba escrita las iniciales J.P.
Tragó en seco, ¿quería decir eso que sus padres sí que pertenecían al mundo mágico?, ¿cómo si no iban a dibujar algo como aquello?
Un pequeño destello de esperanza mezclado con pesar se instaló en su pecho. Quizás estaba un paso más cerca de conocerlos y de odiarlos.
— Ven, vamos a la tienda que querías conocer, ya se está haciendo tarde y mejor que te acuestes temprano, pues estoy segura de que deseas echarle un vistazo a los libros que vas a estudiar este año.
Le guiño un ojo animada y completamente ajena a su estado de ánimo.
Juntas se dirigieron al local más llamativo de todo el callejón, donde rezaba en grande el nombre de la tienda, al llegar al escaparate de la izquierda Haydee pudo ver que había un surtido de mercancías que giraban, estallaban, destelleaban, y chillaban.
A cada cual de ellas mucho más llamativa que la anterior, simplemente aquello era increíble, sonrió ante el escaparate y Luna la instó a ingresar en la tienda, una vez dentro, Haydee no pudo cerrar la boca de lo asombrada que estaba.
De todo el callejón, aquel lugar era el mejor, y sin duda un paraíso:
— ¿Y bien?, ¿qué te parece?
— Es increíble.
— Yo diría maravilloso, ojala hubiésemos existido cuando comencé Hogwarts, así mis años allí hubiesen sido mucho más divertidos. Pero ahora me ocupo de conseguir que todos los alumnos de Hogwarts y otras escuelas lo pasen muy bien a nuestra costa.
Reconoció la voz en el acto y Luna y ella se encontraron de cara con George que sonreía abiertamente:
— Así que al final has venido señorita Evans, creí que te habías olvidado de mí, y eso sería muy doloroso, pues veo en ti un espíritu muy aprovechable.
— Hola George, ¿qué tal va el día?
— ¿Alguno va mal?, al menos para el negocio no, siempre estamos a tope.
— Me alegro por ello, ¿cómo se encuentran Angelina y los niños?
— Fred y Roxame están perfectamente, siendo muy castigados, en especial Fred por Angelina, pero por lo demás genial. Angelina se encuentra perfectamente, le va de maravilla en la temporada de Quiddich.
— Eso está muy bien, ¿cuánto queda para que lo deje?, tengo entendido que Ginny también se retira.
— Es cierto, ambas han decidido que su tiempo con el Quiddich ya ha pasado, pero están contentas, quieren pasar el máximo tiempo posible con sus hijos, y Ginny desea estar más con Harry, últimamente tienen algunos roces importantes.
— ¿Harry?
Preguntó Haydee interesada, de toda la charla, era el único nombre que ella había reconocido:
— Sí, Harry Potter, el amigo que te presenté antes, es cuñado de George, él es tío de James y Albus, a los que conocerás en Hogwarts cuando comiences.
Albus es un año mayor que tú y pertenece a Slytherin, James tiene dos años más y es de Gryffindor.
— ¿Slytherin, Gryffindor?
— Es cierto, no sabes nada de las casa de Hogwarts, antes de ingresar debes pasar por una selección, donde se te asignará una casa de Hogwarts a la que pertenecerás durante los siete años que pasarás allí.
Haydee asintió y George declaró:
— Así que ya conoces a Harry Potter, mira tú, empiezas con muy buen pie en el mundo mágico, te haces amiga de un magnate y propietario de la mejor tienda de bromas de todo el mundo mágico y ahora conoces al héroe del mismo mundo. Sí, definitivamente serás una chica notable en Hogwarts, con semejantes contactos nadie querrá estar lejos de ti.
Luna negó divertida:
— Mejor muéstrale a ella todo este lugar anda, pero no la tientes para comprar porque el dinero lo tengo yo, y me han dejado en claro que nada de cosas innecesarias.
— Oye, mis productos no son innecesarios, al contrario, diría que son los primeros auxilios de los estudiantes, deberían incluirlos en las cartas de Hogwarts, aunque gracias a McGonagall todos los niños de primer año se interesan por nuestros productos. Esa mujer no comprende que prohibiendo estos y además diciéndolo en la carta de bienvenida lo único que hace es darnos más publicidad, ahora no seré yo quien se lo diga.
— Ni falta que hace George, estoy segura de que McGonagall lo sabe de sobra, ¿no has pensado que para ella es más interesante la vida de directora cuando tiene que lidiar con cualquiera de vuestras invenciones?
George la miró unos instantes:
— ¿Estás insinuando que nos está usando?, o pero que astuta es.
— En realidad os usáis mutuamente, ella para hacer sus días más amenos y tú consiguiendo publicidad extra gratuita.
— Tienes razón.
— Oye, ¿Y Ron y Veryta?
— Ron con Hermione y Rose comprando algunas cosas que ella necesita para este año, Veryta tiene su día libre.
Asintió a sus palabras y George comenzó con el tour por la mejor tienda que Haydee jamás vería en su vida. Ya entrada la noche regresaron al caldero chorreante, donde Luna había reservado una habitación para ambas, se apresuró a guardar todo lo que George le había regalado (sin que Luna lo viera) en el baúl que ella le había comprado y se dejó caer en la cama boca arriba.
Todo aquello era maravilloso, sonrió, sin duda se lo pasaría a lo grande, todas las cosas que George le había dado con su respectiva explicación eran simplemente maravillosas.
¿Cómo era posible que existiera todo aquello?, se mordió el labio inferior insegura y a la par súper contenta. ¿Cómo sería todo aquello?
Deseando conocer más y más cosas y sabiendo que no podría dormir con facilidad, se cambió de ropa y se puso el pijama que Luna había adquirido para ella para esa noche y tras ponérselo se sentó en la cama y cogió el primer libro del montón que tenía en la mesita cercana.
Decidida a saber cuánto más mejor, se enfrascó en la lectura, una lectura que la llevaría por caminos impredecibles y por los recónditos lugares de la curiosidad.
