Hola a todos, lamento lo desaparecida que estoy últimamente, es que son demasiadas cosas las que tengo encima, espero que me disculpéis y que no me abandonéis.
Aquí os dejo un nuevo capítulo de esta historia, si todo va bien, actualizaré todas antes de fin de año.
Ya contesté a los Reviews, así que os dejo con el cap, disfrutadlo.
Noemi Cullen: Hola, me alegro mucho de que te esté gustando tanto la historia, espero que siga siendo así. Muchas gracias por leerla y comentarla, en serio no sabéis lo que se agradecen vuestros comentarios, sobre todo cuando son tan extensos. Como verás no ibas tan desencaminada en tu teoría.
En fin, espero lo disfrutes y me des tu más sincera opinión, buybuy y hasta el siguiente cap.
NOTA AL FINAL DEL FIC:
El pasado no se puede olvidar:
— YA BASTA, PAREN.
El grito los sobresaltó a ambos, Hugo había salido corriendo y ambos escucharon el portazo de la puerta principal de la casa. Con temor de que algo le sucediera a su pequeño, ella, lucho por soltarse del agarre de su esposo:
— Ya está bien Ron, tengo que ir por Hugo, tengo que…
— Tú no vas a ninguna parte. ¿Dónde estuviste estás dos horas?
Ella intentó volver a soltarse con todas sus fuerzas, cuando escuchó un nuevo portazo de la puerta principal. Rose, estaba segura de que había sido ella, seguro que su hija mayor había ido a buscar a su hermano.
— Ron, por favor, entiende que esto no nos lleva a ninguna parte, ya te he dicho donde estuve, fui al ministerio me llamaron de…
— Mentirosa, estuviste con él otra vez, Hermione, fui al ministerio y os vi juntos de nuevo.
— Ron, solo hablábamos, es mi mejor…
Él apretó más el agarre sobre sus brazos:
— No te atrevas, no lo digas, no se te ocurra volver a repetirme la misma mierda de siempre, quizás hace once años te la habría creído, pero ya no, ya no me la vuelves a dar.
— Te digo la verdad, Ron, lo que sucedió aquella vez no…
— No quiero oír más excusas de una ramera, quiero que te quede algo claro Hermione, no permitiré que le hagas daño a mis hijos o mis sobrinos, y mucho menos a mi hermana, aléjate de él o te juro que lo vas a lamentar.
— Creí que ya estaba todo olvidado, me dijiste que…
— Es cierto te lo dije, pero fue porque creí como un estúpido que habías cambiado, pero no es cierto ¿no?, tu mirada arrastrada cuando lo estabas viendo hace un rato valió para darme cuenta, dime, ¿ya le has ofrecido que se meta en tu cama?
— ¡Ronald!
— No te hagas la mojigata Hermione, que ambos sabemos que no sería la primera vez. Tengo curiosidad, ¿cuántas fueron antes de que me diera cuenta?, ¿cuántas veces lo tuviste entre tus piernas?, ¿cuántas veces lo emborrachaste antes de aquella noche?
En fin, da igual cuantas fueran, después de todo mi hermana gana. Es irónico cierto, tú siempre de babosa cerca de él y mira cómo te compensa, te folla y ni siquiera se acuerda de ello.
— Ya basta Ron, por favor, lo de aquel día no fue como tú crees, yo…
— ¿Acaso crees que me importa lo más mínimo?, no, querida, eso dejó de importarme, me heriste en su momento, pero ya no me duele más, ahora te tengo solo como la muñeca que me satisface por las noches, nada más que eso. Lo que me recuerda que esta noche espero que estés lista para satisfacer mis necesidades.
Al fin él la soltó y se largó de allí dejándola con la respiración acelerada y con lágrimas escapando de sus ojos.
Toda ella se sentía como si en verdad fuera un maldito objeto, y lo peor es que la culpabilidad no la dejaba levantar cabeza. Se merecía el desprecio de Ronald y lo sabía, nunca debió hacer lo que hizo.
Nunca debió dejarse llevar, nunca debió responder al roce de labios accidental que tuvieron.
Negó dispuesta a no recordar nada de todo aquello, la herida era demasiado grande y profunda y no quería volver a hundirse en la misma. Ahora debía buscar a Rose e Hugo, tenía el presentimiento de saber a dónde habían ido.
Lo que le granjeaba otro momento muy incómodo y pesaroso. Se puso en pie y se dirigió al baño, se limpió el rostro intentando desaparecer toda evidencia de su estado real.
Tras estar convencida de que el trabajo había sido todo un éxito, se colocó la chaqueta y salió por la puerta de casa, no sin antes coger su varita y las llaves. Al abrir la puerta le dio de lleno una ráfaga de aire, esa noche había pasado a ser bastante fría, alargó la mano hasta el perchero y cogió dos chaquetas de verano, una de Rose y otra de Hugo, no podía permitir que sus niños pasaran frío.
Miró a su alrededor y comenzó a caminar, hacía años que había comenzado a lamentar la decisión de que todos viviesen cerca unos de otros, pero Ronald se había negado en rotundo a cambiar de casa, alegando que sus hijos no soportarían que se los separara de sus primos.
Pero tras lo sucedido esa noche, comenzaba a creer que su decisión estaba más inclinada hacia otros lados. Más enfrascados en torturarla y hacerle daño a ella que por el deseo de sus propios hijos. ¿Cómo había sido tan ingenua de creer que Ron perdonaría finalmente algo como lo que sucedió?
No, Ronald no era una persona que perdonara con facilidad y mucho menos teniendo en cuenta quien era el tercero en discordia. La persona en la que ella nunca se habría fijado, o eso pensaba.
Sus pasos lentos la llevaron ante la casa de la famosa familia Potter, al menos en el mundo mágico, aunque ellos se habían mantenido alejados de este y habían decidido educar a sus hijos en el mundo Muggle, para que no les resultara tan ajeno, aunque Harry tenía otros motivos. No deseaba que sus hijos crecieran rodeados de prensa y chismes, quería verlos crecer felices y tranquilos, ya cuando comenzaran Hogwarts sus vidas se volverían públicas.
El año que James entró en Hogwarts, recordaba los nervios de Harry, y los de ella misma, Ron y ella habían asistido con Ginny y Harry al andén nueve y tres cuartos para que James cogiera el tren por primera vez.
Su llegada no pasó desapercibida, todo el andén se centró en ellos, poco rato después los flashes de infinidad de cámaras comenzaron a ser disparados en su dirección, todo el mundo murmuraba y señalaba con poco disimulo, más de uno se acercó a ellos.
En ese momento había agradecido el desparpajo de Ron para librarse de situaciones embarazosas y se había dedicado a espantar a todos, indicando que no era tan guapo como para que le prestaran tanta atención.
James no era tonto, por lo que cuando comenzaron a hacerle fotos actuó acorde a su edad y se dejó fotografiar, ya en alguna ocasión, Ginny, había indicado el parecido de James con Ron, pero fue ahí, cuando Harry y ella misma comprendieron que quizás la influencia de Ron era demasiada.
James pareció sentir aquello como lo mejor que podía haberle pasado. Cuando regresó a casa por Navidad, ya sabía toda la historia oficial en lo relativo al héroe que era su padre y todo lo concerniente sobre su batalla con Voldemort.
Claro que desconocía infinidad de cosas en relación a sus años en Hogwarts, eran historias hermosas, es cierto, pero preferían no echar a perder tan pronto la inocencia de sus hijos, aunque James había dado claras muestras de contar con más picardía que sus predecesores juntos.
Una vez ante la puerta de la casa, miró la misma unos instantes con cierta distancia, no quería llamar, suspiró, cerró los ojos y alargó la mano, no obstante la puerta se abrió de golpe:
— Regreso enseguida, tengo que saber co…¡Hermione!
Harry se encontraba en la puerta, parecía alterado y cuando la había visto suspiró tranquilizándose de golpe:
— ¿Cómo te encuentras?
— ¿Están Rose y Hugo aquí?
Él no contestó enseguida, la miró fijamente y al recibir sus ojos verdes, supo que estaba intentando leer en ella como siempre hacía, intentó desviar la mirada, pero nunca lo había conseguido:
— Sí que están. Hugo estaba muy alterado, ahora está con Lily encerrado en el cuarto de Albus, no quieren abrir la puerta. Rose está en la sala con Ginny. ¿Vas a decirme de una vez qué está pasando entre Ron y tú?
Suspiró a su pregunta:
— Problemas sin importancia, estaba algo enfadado porque tardé demasiado en regresar, ya sabes cómo se pone a veces con esas cosas.
— Esa no es razón para tratarte así Hermione, Hugo nos ha….
— Ya basta Harry, mi vida matrimonial es cosa mía, no tienes que meterte y te agradecería que te quedaras al margen respecto a este asunto. Yo nunca me he metido en tu matrimonio con Ginny ni en los problemas que hayáis podido tener. Te pido la misma consideración.
Él pareció herido por sus palabras, apretó los puños y asintió:
— Muy bien, como desees, pasa, iré a buscar a Hugo y le diré que baje. Espera con Ginny y Rose en la sala.
Se giró sin decir nada más y sin esperar que ella diera ni un paso al interior de la casa. Se sintió estúpida, no quería tratarlo así, pero después de lo sucedido con Ron, había llegado a una única conclusión, era el momento de poner distancia a como diera lugar.
Ella no podía seguir viviendo así.
Entró en la casa y lo primero que vio fueron fotografías de toda la familia Potter al completo, fotos de Ginny con sus hijos, de Harry con Albus, de Harry con Ginny y los niños. De los tres torbellinos juntos, todas eran al estilo muggle, y era cosa de Harry, nunca le habían gustado las fotografías en el mundo mágico, pero en lo personal, se había pasado todo el tiempo fotografiando a sus hijos, a sus sobrinos, a ella con sus hijos y con los de él.
A Ron intentando comerse una hamburguesa enorme, de un restaurante muggle que aseguraba que si te la terminabas, te la dejaba gratis.
Le regalaron una segunda al pelirrojo.
Al mirar la foto en cuestión, no pudo evitar sonreír y recordar el dolor de estómago con el que contó esa noche.
Sus ojos recayeron en la foto del año pasado, antes de ir a King Cross, en la que salían todos sus hijos, Albus, James, Rose, Lily e Hugo, todos con sonrisas y vestidos para ir a la estación.
Rose y Albus estaban algo separados de los otros tres, pues eran los que ingresaban a Hogwarts ese año, ella sonreía contenta y Albus estaba algo nervioso, pero para la foto también sonrió.
Lily y Hugo se encontraban con un James tras ellos que se dedicó a ponerles los cuernos a los más pequeños con su sonrisa traviesa en sus labios. Sus ojos recayeron en Lily, cabello rojo y ojos café, era muy parecida a Ginny, no podía dudar jamás de quién era su madre.
Del mismo modo que Albus no podía negar ser un Potter de pura cepa, al fijar sus ojos en los verdes de Albus, sintió un escalofrío y otros verdes la asaltaron, negó rápidamente y dejó de mirar las fotografías.
Tenía que salir de allí cuanto antes.
Se dirigió a la sala donde se encontraban Rose y Ginny, cuando la segunda la vio le dedicó una mirada fría, se había acostumbrado a las mismas, pero aun así dolían en parte, no podía reprocharle su comportamiento, era la hermana de su esposo después de todo.
— Rose cariño, tenemos que regresar, tu padre volverá pronto y querrá que cenemos todos juntos.
Rose se fijó en ella unos instantes, era tan parecida a ella. La miró con ojos tristes y simplemente asintió a sus palabras.
— Vale.
Rose se incorporó y cogió la chaqueta que ella llevaba en sus manos.
Harry regresó a la sala en compañía de James:
— Temo que no quiere salir Hermione. Quizás, sea mejor dejarlo dormir aquí esta noche y mañana me encargaré de llevarlo a casa bien temprano.
— No, será mejor que vaya yo a buscarlo.
Le entregó a Rose la chaqueta de Hugo y se dispuso a ir al cuarto de Albus, sintió los pasos de Harry tras ella, llamó a la puerta y Lily fue quien abrió:
— ¿Puedo pasar cielo?
Lily miró al interior del cuarto, sin duda interrogando a Hugo con la mirada, tras un rato abrió del todo la puerta y ella entró, Harry la siguió de cerca.
— Ven Lily, mama seguro que ya preparó la cena.
Albus se puso en pie y tras saludarla con un gesto de la cabeza se marchó con una Lily enfurruñada que no quería marcharse y dejar a Hugo solo:
— Hugo, tenemos que volver a casa, hay muchas cosas que preparar y papa regresará pronto, seguro que quieres jugar con él una partida de ajedrez.
Hugo la miró enfadado:
— No quiero ir, no quiero seguir escuchándoos discutir, estoy cansado, me quedo en casa de los titos.
— Hugo, eso no es posible, venga, ya todo está bien, fue una tontería, nada más.
— Siempre es una tontería según tú.
Expuso en un murmullo, y sintió la mirada de Harry sobre su nuca, frunció el ceño, ¿acaso no se daba cuenta de que su presencia allí no ayudaba en lo más mínimo?
— Hugo, amor, te prometo que ya todo está bien, ven conmigo y verás que te digo la verdad, ya sabes que papa siempre está de buen humor.
Hugo la miró con dudas en sus ojos azules, heredados de su padre.
— ¿De verdad?
Ella le sonrió, y tras unos instantes de silencio Hugo le devolvió la sonrisa, sabiendo que ya había ganado se puso en pie:
— Venga corre, baja y ponte la chaqueta, que ha refrescado la tarde.
— Sí.
Hugo se puso rápidamente en pie y tras darle un beso en la mejilla echó a correr por la puerta, ella suspiró a su vez:
— ¿Sabes?, hoy estuve con Luna, la vi en el callejón Diagon.
Escuchó que decía Harry como si nada, lo miró sin entender por qué sacaba el tema:
— ¿Cómo es que no me lo dijiste cuando nos vimos en el ministerio?
— Se me pasaría, lo que quiero que comprendas, es que está muy bien Hermione, parece que no ha sido tan malo aceptar que las cosas ya no iban bien en su matrimonio.
Enfadada lo miró:
— Todo está perfectamente con Ron, Harry, no te metas en esto.
Ella se dispuso a seguir a Hugo, pero Harry no se lo permitió, la agarró del brazo y la obligó a encararlo. Cuando lo tuvo a tan poca distancia sintió un escalofrío recorrerla, sus ojos de forma involuntaria recayeron sobre sus carnosos labios, y tuvo miedo a que él lo descubriera:
— Hermione, no permitiré que te siga haciendo llorar, si esto continua ten por seguro que Ron sabrá lo que es bueno, no pienso consentir volver a verte con los ojos enrojecidos por su trato desconsiderado, ya he aguantado esto por mucho tiempo, adviértele a nuestro mejor amigo que no tolerare más esta situación.
— El problema es que me merezco todo esto Harry, cometí un grave error y este es el resultado del mismo, yo no conté con tu suerte. Realmente nunca tuve la misma.
Harry la miró sin comprender:
— ¿Suerte?, ¿a qué te refieres?
Ella apartó la mirada de él:
— Ginny no es Ron, por lo visto sabe perdonar mejor estas cosas.
Harry la soltó:
— ¿Estas cosas?, temo no entenderte Hermione, ¿qué se supone que hiciste para creer que mereces este trato?
Ella guardó silencio durante un buen rato, se mordió el labio inferior y apartó la mirada de él:
— El idiota, eso hice, pero créeme, es un error que me ha costado demasiado caro, he pagado un precio excesivo por ello.
— Hermione, confía en mí, dime qué sucede, sé que puedo ayudarte, sabes que siempre puedes contar conmigo, siempre lo has hecho, ¿por qué no en esto?, sé que antes cada vez que había algún problema me ponía de parte de Ron, pero esto es diferente, es a ti a la que veo sufrir, no a él.
— Ya no tiene importancia, estoy segura de que todo volverá a la normalidad cuando hable con él esta noche.
No tienes que preocuparte más.
— ¿Todo bien por aquí?
La voz fría y algo molesta de Ginny los sorprendió a ambos, Harry se giró a mirar a su esposa, al ver la mirada que le dedicaba a Hermione se enfureció, ¿qué demonios le pasaba a Ginny?, era Ron quien estaba siendo un maldito imbécil, era a él al que había que golpear y hacerle entrar en razón, no era a Hermione a la que había que torturar con miradas heladas.
— Le decía a Hermione que puede contar con nuestro apoyo decida lo que decida.
La mirada de sorpresa de Ginny no se hizo esperar, para pasar seguidamente a una frialdad que incluso a él le asustó:
— Es mejor que te marches ya Hermione, Rose y Hugo te están esperando, y estoy segura de que mi hermano también, no lo hagas esperarte más.
— Tienes razón, es mejor que me marche ya.
Harry la miró, estaba segura de que le pediría que se quedara pero ella negó y pasó por su lado, no le dio el beso de despedida que acostumbraba, sabía que Ginny no lo toleraría, no obstante, Harry la agarró del brazo y tiró de ella, antes de que pudiera actuar se vio envuelta en sus fuertes brazos.
Un abrazo que la hizo estremecerse como hacía años no lo hacía, él llevó una de sus manos hasta su cabeza y la otra la colocó en su espalda encerrándola en un fuerte y protector abrazo. No podía ver a Ginny, pero presentía su mirada fulminante, y no estaba desencaminada.
Harry por su parte aguantaba la mirada de su esposa y devolvía una de enfado que prometía una fuerte discusión cuando sus hijos estuviesen ya descansando:
— Estoy aquí Hermione, para lo que sea que precises, no importa la hora, el día o el lugar, no importa nada de nada, siempre seré el apoyo que tú fuiste para mí antaño. No estás sola.
De repente todo lo que había pasado regresó a ella, todo lo que había provocado su actual situación y las consecuencias de sus actos. Las lágrimas acudieron a sus ojos sin remedio y antes de darse cuenta, se encontró aferrada a la camisa de este y lloraba contra su pecho.
Tanto Ginny como Harry la miraron, una furiosa hasta rayar lo imposible, y otro sumamente sorprendido, era la primera vez que veía a su mejor amiga en semejante estado. Nunca antes se había aferrado a él de la manera en que lo estaba haciendo.
Y sin embargo se sentía como si en verdad él fuera lo único que ella tenía. ¿Qué había podido llevar a sus dos mejores amigos a la situación en la que se encontraban?
— Ginny, prepararé la habitación de invitados y tú coloca dos camas más, una en esta habitación y otra en la de Lily, Rose y Hugo dormirán aquí esta noche. Ven conmigo Hermione.
Sin dejar de abrazar a esta y sin dedicarle una mirada a Ginny, condujo a Hermione hasta la habitación de invitados, abrió la puerta y antes de que Ginny comenzara a protestar, cerró la puerta tras de ellos.
La condujo hasta la cama y la obligó a sentarse en esta. Hermione estuvo llorando un buen rato más, él la estuvo consolando todo el rato, sintiéndose imposibilitado y frustrado por no saber qué decir o cómo actuar para que ella dejara de sentirse tan mal.
— Dime que sucedió Hermione, háblame para que pueda comprender.
— Yo, ¡por Merlín!, Harry, ¿cómo es posible que no lo recuerdes?
Ella se separó de él y lo miró, al ver su rostro se quedó congelado, había enfado y dolor, había tanto sufrimiento en su expresión, de repente ella comenzó a hablar:
— Lo engañé, hace once años tuve una aventura, nunca pudo perdonarme eso y este fue el resultado.
Eso lo dejó descolocado, ¿una aventura?, ¿Hermione?, eso era imposible, ella nunca haría semejante cosa, era Hermione después de todo, la recta y siempre respetuosa de las normas Hermione.
— Eso es im…
La vio negar:
— No, no es imposible. Maldición, es muy real, demasiado real, lo incompresible es lo pasiva que está la otra parte, sé que bebimos esa noche, pero no llegamos a emborracharnos, estoy segura de ello, ¿cómo es posible que no recuerde nada de lo que sucedió entre nosotros?
— ¿Me estás diciendo que el tipo con el que te acostaste dijo que no se acordaba de nada?
Ella lo miró por unos instantes:
— En realidad, parece no recordar más de lo que yo creía.
— ¿Perdona?
Cuestionó sin comprender nada, ella lo miró fijamente unos instantes y seguidamente en un susurro:
— No me acosté con él sin más, en realidad llevábamos un tiempo que intentábamos mantenernos alejados uno del otro, todo se debió a un fugaz roce de labios. Fue insignificante, pero, fue un detonante.
Las cosas se salieron de madre cuando llevados por un impulso primitivo él me acorraló y me besó, me confesó que llevaba mucho torturándose a sí mismo, y que pese a saber que lo que estaba pasando era algo indebido, no podía detenerlo, y a mí me sucedió lo mismo.
El día que al final terminamos acostándonos, todo parecía decidido, todo parecía encajar en el lugar adecuado, pero al día siguiente, todo había cambiado y Ronald lo había descubierto todo.
Cuando vi que él se hacía el que no recordaba, comprendí que deseaba mantener su matrimonio intacto, que yo solo fui un juego para terminar metiéndome en su cama.
La miró espantado, eso era imposible, una rabia inexplicable lo asaltó, se puso en pie rápidamente mientras sentía que la furia tomaba el control:
— ¿Cómo pudiste hacerle eso a Ron?, es decir, maldita sea Hermione, antes que tu esposo, era tu amigo, ¿cómo pudiste si quiera pensar en engañarlo?
Hermione no habló enseguida, cuando la miró se la encontró mirándolo sumamente sorprendida, aunque por unos instantes la sorpresa dio paso a otra cosa, ¿era furia?, ¿qué le pasaba a su mejor amiga?
— Tengo que irme, creo que tengo algo que hablar con Ronald.
— No, espera, quizás no he actuado como debería, pero entiéndeme, no es sencillo saber que te acostaste con otro tipo. ¿Cómo es que Ron y tú seguís juntos después de aquello?, no tiene sentido, Ron es …
— Vengativo, muy vengativo.
La escuchó susurrar, al mirarla se encontró con una mirada que conocía bien en ella, Hermione acababa de descubrir algo, sin darle tiempo a actuar, Hermione abandonó la habitación como alma que lleva al diablo, cuando quiso seguirla, llegó en el momento justo en que desaparecía de su sala con sus dos hijos, seguramente para aparecerse en su propia casa.
— ¿Qué bicho le ha picado a esa?
El desprecio que demostró Ginny al referirse a Hermione, lo enfadó, la fulminó con la mirada y no le contestó, se marchó a su estudio, necesitaba procesar todo aquello, había sido toda una sorpresa enterarse que Hermione había estado con otro hombre, otro que no era Ron.
Por algún motivo eso lo irritaba hasta límites insospechados, llegando incluso a desear largarse y buscar cualquier pretexto para engarzarse en una pelea, y más aún, al puro estilo muggle.
Mientras él lidiaba con sus instintos asesinos en solitario, Hermione en su casa instaba a sus hijos a cenar algo y mandarlos a descansar cuanto antes.
Una vez ellos estuvieron durmiendo, cambió su expresión por una de determinación, había llegado el momento de tomar las riendas de su vida y más aún, de hacer cosas que debió hacer hace muchos años.
Pero para ello, debía averiguar si lo que creía haber descubierto era posible, si ese era el caso, ¿cómo se había atrevido?, es más, ¿cómo seguía pretendiendo?
Encararía a Ron en cuanto este llegara a casa.
Mientras tanto se dedicaría a hacer la maleta y a sentirse miserable durante un buen rato, once años, once malditos años, ¿cómo había sido capaz?, ¿cómo lo había conseguido?
Se retiró unas lágrimas que descendían por sus mejillas y siguió con su tarea furiosa. Escuchó el ruido de la red flu, Ron había llegado.
Sacó su varita y susurró el hechizo silenciador en la habitación de sus dos hijos, no deseaba que escucharan de nuevo sus voces y mucho menos lo que pensaba decirle a Ron.
Este ingresó en el cuarto con una media sonrisa cínica en su rostro:
— Ya hablé con Ginny, así que fuiste a refugiarte en sus brazos, y dime, ¿te consoló con sus caricias y besos?, ya ni la casa de su esposa respetas.
— Cállate, ya está bien, esto se termina aquí.
— ¿Acaso crees que te permitiré que me abandones y te largues con él?
— Yo no voy a ninguna parte, eres tú quien se marcha. Once años, once malditos años has jugado conmigo, haciéndome sentir estúpida y miserable, haciendo que cayera en un infierno del que no encontraba salida, pero eso se terminó.
Todo termina aquí, ya me dejé aplastar y manipular lo suficiente. Aunque antes de que te largues de aquí, quiero que me digas cómo demonios lo hiciste, cómo lo conseguiste. Porque te juro que no lo entiendo, no comprendo.
— ¿De qué estás hablando?
Lo miró furiosa:
— Ya lo sé todo, maldito despreciable, así que no significó nada para él, que yo había sido un maldito juego ¿no?
— ¿De qué estás…?
— ¿Cómo conseguiste que se olvidara de todo?, ¿cómo borraste de su mente lo que sentía por mí?, eso es de magia muy avanzada, y perdona que te diga esto, pero tú no eres bueno en esas cosas.
Ron apretó los puños con fuerza y se acercó a ella:
— ¿Acaso ha recordado?, ¿qué has hecho?, ¿te has vuelto a revolcar con él?
Lo encaró furiosa:
— No, no lo he hecho, Harry no recuerda nada, es cierto, pero estoy segura de que es por algo que tú has hecho, no solo ha olvidado que estuvimos juntos sino todo lo demás también. ¿Qué le hiciste?, ¿cómo?
— Le lancé un obliviate, justo cuando quiso decirme que te amaba y que pensaba hacer lo imposible por estar contigo, ahí lo hice olvidarse de todo. No pienso permitir que estéis juntos, ¿me oyes?, ahora él no recuerda nada, si fuera tan fuerte su amor por ti, no me hubiese sido tan sencillo quitarle ese momento tan "especial".
Fuiste solo un revolcón barato y fácil, eso es lo que en realidad fuiste para él.
— Mentira, un obliviate no actúa así, y tú no eres tan bueno como para…
— Ya ves que estás muy confundida conmigo querida, yo lo hice y lo hice tan bien, que ni un pequeño rastro queda de ti y ese profundo amor que proclamaba.
— Lo manipulaste y me manipulaste a mí, me hiciste sentir que no era nada y me arrastraste a una depresión que casi termina conmigo, que destruyó una parte de mí, una que no estoy dispuesta a dejar que siga muriendo.
Ron se acercó un paso más a ella:
— ¿Y qué hay de lo que tú me hiciste a mí?, ¿de lo que él y tú me hicisteis a mí y a Ginny?
— No fue queriendo, no queríamos, intentamos pararlo, te juro que ambos…
— Déjalo, ya no importa, ¿quieres que nos separemos?, puedes creer que será así, pero nunca te dejaré libre, ¿me oyes?, nunca, y no permitiré que te acerques a él o le hagas daño a mi hermana. Él no te recuerda, sea por el motivo que sea no lo hace, y es feliz, ¿acaso no lo ves?, él y Ginny son felices juntos. ¿Estás dispuesta a destrozar la vida de James, Albus y Lily por un calentón?
Horrorizada por sus palabras lo miró, este sonreía de medio lado, después borró su sonrisa y suspiró:
— Mira, sé que me he excedido, te dije cosas horribles hace un rato, no tenía motivos para desconfiar de ti de nuevo, pero tienes que comprenderme a mí. Creí que tras estos once años todo volvía a ser como antes, y cuando te vi en el ministerio.
Hermione, tú no eres consciente de que lo haces, ahora lo sé, pero no pude evitar cegarme y recordar lo que pasó entre ustedes, tu mirada era tan espléndida, ese brillo en tus ojos cuando lo miras a él.
Hermione eso para mí es la muerte lenta y dolorosa de la que siempre he querido escapar.
— Lo siento de verdad Ron, nunca quise herirte, pero esto no nos lleva a ninguna parte. Cada vez las cosas son peor entre nosotros, Hugo no puede más, y yo tampoco.
— ¿Y si te prometo que no volverá a suceder?, ¿y si te juro aquí y ahora que si lo vuelvo a hacer te dejaré marchar?
Por favor Hermione, dame una oportunidad más, ¿qué harás sino?, ¿estarás sola?
El silencio se hizo presente entre ellos durante un buen rato, ¿podría darle una nueva oportunidad?, después de todo era cierto que no tenía otra cosa más que él, Hugo y Rose. ¿Podría el pelirrojo realmente cambiar?, su temperamento y sus palabras pasadas habían sido tan crueles, y el haberle borrado la memoria a Harry.
Eso la hizo sentir un puñal en el corazón, ¿por qué no le borró la memoria a ella también?, todo hubiese sido más sencillo:
— ¿Por qué Ron?, ¿por qué no me borraste la memoria a mí también?
Ron la miró unos instantes y después giró la cabeza:
— Lo pensé, pensé en hacerlo, sobre todo cuando la niña nació, pero temí hacer semejante atrocidad, no me vi con las fuerzas suficientes como para hacer semejante cosa. Además, temí cometer algún error, o peor, que por algún casual recuperases tu memoria y recordases a esa pequeña bastarda.
Supe que si hacía semejante cosa, nunca me lo perdonarías, además, era sentenciar a soledad a esa niña por la eternidad.
— ¿Y no lo hiciste igual?, me la arrebataste de las manos a los tres días de nacer, ¿no es eso peor que haberme lanzado un obliviate?
Él no respondió, pero ella volvió a tomar la palabra: — Voy a darte esa oportunidad que quieres, seguiremos como pareja, pero Ron, en el momento en que vuelvas a ocasionar que cualquiera de mis hijos llore por esto, se terminó. Además, hay otra cosa que quiero que me digas.
Ron la miró por unos instantes esperando sus siguientes palabras:
— Quiero que de una buena vez, me digas donde dejaste a mi niña, quiero recuperarla, has pasado once años negándome esa información, creo que ya pagué con creces lo que sucedió.
Eso lo pilló por sorpresa, la expresión de Ron era tal, que sin duda nunca se hubiese imaginado algo semejante:
— ¿Piensas buscarla?
— Eso es asunto mío, en esto ya hiciste suficiente, dime donde la dejaste.
Ron apartó la mirada:
— El problema, Hermione, es que no lo sé.
— ¿De qué estás hablando?, ¿cómo no vas a saber dónde dejaste a mi hija?
Ron frunció el ceño:
— La abandoné a las puertas de una iglesia muggle de un pueblo cualquiera, me aparecí en cualquier parte y la dejé allí.
Hermione lo miró terriblemente aterrorizada, eso no podía ser, no:
— No pudiste, no, dime que no hiciste semejante cosa.
— ¿Y qué esperabas?, estaba furioso, había pensado en cuidar de la niña junto contigo, en decirle a todo el mundo que era nuestra hija, adoptarla como tal, nació con el pelo rojo, lo que me dio hasta esperanzas de que en verdad fuera mía.
Pero cuando vi sus ojos, maldita seas Hermione, cuando esos ojos verdes me miraron la odie, y te odie, y Merlín sabe que quise correr a matar a Potter con mis propias manos.
No lo pensé, cegado por el odio y la furia, cogí a la niña y la pulsera que ese indeseable te regaló y que tú habías dispuesto para ella y me la lleve. Estaba lloviendo y corrí por las calles de ese inmundo pueblo muggle, no lo dudé, coloqué a la pequeña en una cesta que allí había de ante mano y me largué.
No miré atrás, ni rebusqué nada, ¿para qué?, no pensaba en decirte jamás donde encontrarla, y si no lo sabía, me aseguraba de nunca poder darte esa información, te conozco y en un arrebato de odio, pensé que esa sería una venganza que nunca podrías olvidar. A él le hice perder esa noche que pasó contigo, a ti la prueba de que eso había sucedido.
Era equivalente al daño que ustedes me provocaron a mí.
— ¿Equivalente?, eres un maldito desgraciado, ¿de verdad piensas que fue equivalente?, Ron, era un bebe, una inocente en todo esto, maldito seas, ¿y si nadie la encontró?, ¿y si murieron ambas por la lluvia?, Ron, ¿no te das cuenta de lo que has hecho?
Él no dijo nada, pero vio un rastro de culpabilidad en sus ojos, una culpabilidad que por lo visto le había acompañado por años.
— Ya no tiene caso, Hermione, es mejor que te hagas a la idea de que jamás volverás a verla.
Esas palabras le calaron demasiado profundo, un corte en su ya de por sí herido corazón, su niña, su pequeña, ¿cómo había podido hacerle eso a un bebe tan insignificante?
Sabiendo que en esos instantes ella no querría ni mirarlo, Ron, salió de la habitación, era evidente que tras esa revelación, ella olvidaría completamente lo de darle una nueva oportunidad.
Esa confesión, había pasado a ser el principio del fin de lo que quedaba de su matrimonio.
Apretó los puños con fuerza cuando llegó a la sala y miró las llamas bailar en la chimenea, si Hermione no era de él, no lo sería de nadie. Hablaría con Ginny, debían impedir que esos dos se juntaran a como diera lugar, pese a que Harry no recordaba, era evidente, que para él, Hermione, era más importante que cualquier otra cosa.
Hermione no sabía lo que había ocasionado con todas sus decisiones, pero una cosa estaba clara, no pensaba permitir que se juntaran y si creía que su sufrimiento terminaría cuando se separaran, estaba equivocada, él llevaba once años martirizándose y dudoso de si estarían juntos.
Ahora ella sufriría viéndose alejada de él y de la hija que habían tenido juntos, y si le era posible, por Merlín, que conseguiría arrebatarle a sus hijos.
Después de todo, ¿cómo podía una mujer que había permitido que le arrebataran a un bebe hacerse cargo de otro dos?
Sonrió, sí, si ella quería guerra, Ronald Weasley se la daría, no sabía Hermione lo que había ocasionado en su interior matando su corazón de a poco, pues todo el amor que le tenía, había mutado a un odio casi enfermizo.
Pero para llevar todo a cabo, antes debía comprobar algo, hacía once años de todo aquello, y siendo hija de quien era, no le cabía ninguna duda de que había una fuerte posibilidad de que esa bastarda acabase perteneciendo a su mundo. Debía cerciorarse cuanto antes.
Le había dicho a ella que desconocía el lugar donde se encontraba la pequeña, pero había mentido, Hermione no sabía legeremancia, así que nunca sabría la verdad al respecto.
Al día siguiente se marcharía para ver si había alguna posibilidad de que esa miserable apareciera por Hogwarts. Lo mejor era estar prevenido.
Las cosas en la casa Potter no habían terminado mucho mejor que en la casa Weasley, y en mitad de la noche, en la habitación de invitados, se encontraba Harry mirando al techo de la habitación, a su lado, Lily se encontraba acurrucada.
Había tenido una pesadilla y se había despertado, mesaba los cabellos rojos de su pequeña mientras su mente repasaba todo lo que había hablado con Hermione esa noche, y lo que había pasado con Ginny.
Había un punto en lo que Hermione le había dicho, que no terminaba de cuadrar. Ella había insinuado que Ginny era más permisiva que Ron, que ella había sabido perdonar.
Él pensó en relación a eso, pues no tenía ningún sentido, él y Ginny tenían sus diferencias, era cierto, pero él, nunca, jamás, había tenido una aventura. Realmente no existía una sola persona que lo hiciera caer en algo así. Si bien su vida con Ginny no era perfecta, tampoco se podía quejar, y mucho menos de sus tres hijos.
A cada cual mejor.
Debía admitir, que Albus, era algo así como su ojito derecho, James había sido el primero, pero Albus tenía algo especial en él. En cierto modo, Albus era más parecido a él que James. Hasta en personalidad, James era más como su abuelo.
Suspiró, ¿qué pensarían sus padres de su vida actual?, ¿estarían felices por él?, después de todo lo que tuvo que pasar en su etapa más joven, al final había conseguido todas sus metas, era un Auror muy reconocido y jefe de los mismos, había terminado con uno de los magos tenebrosos más fieros de la historia y había construido una magnífica familia.
No podía existir nadie que se encontrara en una posición mejor que la suya, ¿entonces por qué aún se sentía incompleto?, era como si ahí faltase algo.
Suspiró y sintió a Lily abrazarse a él, sonrió de medio lado, diez añitos, y pensar que en un año más su pequeña también abandonaría el hogar para reunirse con James, Albus, Rose e Hugo en Hogwarts.
Ella y Hugo entrarían el mismo año.
Al día siguiente todos regresarían a Hogwarts, y la casa volvería a estar solitaria, menos por Lily, aunque por las mañanas ella también asistía a sus clases normales. Ella estaba deseando entrar en Hogwarts, y había odiado su colegio muggle cuando descubrió qué le esperaba en un futuro.
Pero pese a que Ginny había insistido en que ella podía educarla en casa, él se había negado, del mismo modo que Hermione se negó a que Hugo no asistiera cuando Ron lo había sugerido.
Su mente volvió a centrarse en su mejor amiga, tenía que hablar con ella, debía aclarar algunas cosas, pero más importante aún, debía cerciorarse de que estaba bien, pues deseaba saber quién era el tipo que se había atrevido a meterse entre ella y su mejor amigo.
Como no estoy segura de si los que leéis esta historia, también leéis el resto, voy a dejar este mensaje en todas.
FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO 2014.
Deseo que sigáis acompañándome este nuevo año como lo habéis estado haciendo hasta ahora, gracias a Fanfiction y Facebook he conocido a gente extraordinaria y espero que esta amistad perdure por la eternidad.
OS DESEO AMOR, MUCHA SALUD, LA MAYOR DE LAS FELICIDADES Y ALGO DE DINERO QUE NUNCA VIENE MAL Y SI ES GRACIAS A UN TRABAJO, AÚN MEJOR.
Ahora ya sí me despido buybuy y hasta el siguiente cap o fic.
