Hola, lo sé, estáis deseando matarme, incluso yo misma desearía hacerlo, he tenido un tiempo bastante malo, aún ahora sigo saliendo del mismo, pero ya estoy aquí.
Este es el nuevo capítulo de esta historia espero que lo disfrutéis y que me deis vuestra más sincera opinión. La verdad es que he tenido ratos bajos que me han hecho plantearme dejar de escribir fics.
Pero algo tenía seguro, TERMINAR TODAS MIS HISTORIAS. No sé si escribiré alguna más, después de la última afirmación de Jo, la verdad es que me subió mucho el ánimo.
En fin, aquí os dejo este nuevo capítulo, recordad, 7 reviews mínimo ;)
Hogwarts:
Haydee se encontraba sentada en una mugrienta cama, pendiente de que la puerta del sótano que había encontrado, no se abriera, pues no deseaba que la pillaran con sus libros.
Luna había sido muy clara al respecto, nadie podía ver sus cosas y mucho menos su varita. Decía que era de vital importancia que nadie se enterara de todo aquello, que el mundo muggle no podía saber de ellos. Al principio le hubiese encantado contárselo a su mejor amiga, Alana, e incluso a la señorita Olsen, pero se lo había prohibido rotundamente.
Se restregó cansada los ojos, llevaba encerrada horas, leyendo, dispuesta a terminar al menos ese libro que tenía en sus manos. Era bastante gordo pero no le importaba, desde sus primeras páginas la había hechizado.
Era la historia de Hogwarts. El Lugar al que asistiría desde el día siguiente, ¿había algo mejor para leer?, Quizás algo de historia del mundo mágico, observó el libro que descansaba justo a su lado, lo había llevado precisamente para echarle un ojo por encima.
No deseaba desconocer todo de ese mundo al que pertenecía o iba a pertenecer.
Miró ambos libros un segundo y se decidió, mordiéndose el labio inferior cerró Historia de Hogwarts y con algo de esfuerzo lo soltó, recogió el otro y comenzó a ojearlo.
Se encontró con la historia un hombre que también salía en Historia de Hogwarts, se decía que había sido uno de los mejores y más notables directores de Hogwarts, Albus Dumbledore, el libro hablaba sobre sus logros con respecto a una piedra llamada la piedra filosofal y su amigo Nicolás Flamel.
Seguidamente hablaba sobre los doce usos de la sangre de Dragón, eso la retuvo unos segundos, ¿Dragones?, una pequeña ansiedad la recorrió, un enorme deseo de ver dragones la asaltó. ¿Serían como en las películas, o diferentes?, ya había otra cosa que conocer.
Sonrió y continuó, leyó sobre su enfrentamiento contra Gellert Grindelwald y la derrota de este. También se hablaba sobre su papel indispensable como comandante de la orden del Fénix, una organización que había luchado contra otro mago oscuro durante años. Casi cuarenta años. Luego, pasó a explicar sus logros y méritos para con Hogwarts y lo mucho que había hecho por aquellos que no provenían de familias de magos.
Por último se encontró con el nombre del mago oscuro al que había estado combatiendo, y por lo que decía había terminado por vencer, pues ese mago oscuro estaba muerto.
Pero al ver la fecha en que Dumbledore había muerto desechó la idea, el mago oscuro murió un año después.
Al centrarse en el siguiente personaje, Tom Riddle más conocido por "Lord Voldemort" o "el Señor Tenebroso" por sus seguidores y "el que no debe ser nombrado" por aquellos que lo temían, se quedó unos instantes observando la foto ante ella.
Era de cuando el tal Tom Riddle solo tenía once años, cuando entró en Hogwarts, seguía a eso, su trayectoria en ascenso en Hogwarts y lo que todos esperaban de él y pese a que no defraudó en lo que se respecta a lo alto que iba a llegar, los medios usados y sus propósitos lo condenaron.
Se encontró con un montón de cosas curiosas de ese mago oscuro, y de un periodo que por lo visto había estado desaparecido para resurgir como un murmullo temeroso y convertirse en un terror.
Seguidamente se topó con un nombre que la dejó helada. Lilian Evans.
Al leer ese nombre su respiración se congeló en el acto, justo al lado de ese nombre había otro, James Potter. Asustada y nerviosa soltó el libro sobre su regazo y subió su muñeca, giró un poco la pulsera hasta escuchar el click que ya en una ocasión había escuchado y esta se abrió.
En el interior de la pulsera estaba el pequeño trozo de pergamino. Lo abrió para comprobar que no estaba equivocada y se encontró con lo que estaba buscando.
"Te amé, Te amo y Te amaré siempre. H. Lilian Evans."
Lilian Evans, no lo había soñado, y además era su nombre no podía confundirse con eso, seguidamente la giro, J.P Las siglas bien podían pertenecer a ese tal James Potter.
Segura de estar acertada en su descubrimiento siguió leyendo, en el libro comentaban que esos dos se habían casado y que habían tenido un hijo, Harry James Potter, que había sido un héroe con apenas un año de edad, pues, derrotó al Lord oscuro la noche que se enfrentó a él. Logro, que ni sus padres pudieron conseguir.
Frunció el ceño ante eso, soltó el libro, ¿Lilian Evans y James Potter estaban muertos?, miró el trozo de pergamino y la pulsera, si eso era así, ¿por qué tenía algo de ellos?
Y no era cualquier cosa, era una pulsera que significaba mucho, pues tenía incluso un mensaje secreto guardado para que perdurara en el tiempo.
Cerró el libro sintiéndose muy confusa, cuando había visto la pequeña pelotita, supo enseguida que sus padres pertenecían al mundo mágico, solo alguien de ahí podía dibujar algo así, pero ahora encontraba esos nombres grabados en un libro de historia del mundo mágico que decía que estos estaban muertos. ¿Era posible que sus padres le hubiesen regalado esa pulsera porque la habían comprado en algún mercadillo de segunda mano?
Triste miró la pulsera, siempre pensó que esa pulsera podría servirle para encontrar respuesta, pero ella también la había llevado a un camino sin salida. Triste, se dejó caer en la cama y lentamente se perdió en los brazos de Morfeo.
Albus se encontraba mirando el techo de su habitación, no conseguía dormir, y lo peor es que pese a que le había pedido a su tía el libro que necesitaba, ella, al final, no se lo había dado.
Por lo visto y según le contó Rose, sus padres se habían peleado, pero no era una pelea cualquiera, pues su madre había echado a su tío Ronald de casa.
Ya había pasado un buen tiempo desde que eso había pasado, y sin embargo no había ni una mínima esperanza de que la cosa cambiara. Escuchó que llamaban a la puerta, miró a la cama de al lado, James estaba profundamente dormido, miró a la puerta.
—Adelante.
La puerta se abrió y por esta apareció su padre, sonreía de medio lado:
— ¿Te he despertado Al?
Negó y se incorporó en su cama, alargó la mano hasta la mesita y encendió la lamparita, su padre se acercó a su cama y se sentó a su lado:
— ¿Qué tal tu día?, ¿Nervioso por regresar a Hogwarts?
Prefirió no contestar, realmente no deseaba regresar a Hogwarts, pero eso no le agradaría a su padre, quien consideraba sus años en Hogwarts, como su mejor época.
—Sí, estoy seguro de que este año será diferente.
Su padre sonrió y le revolvió el pelo.
—Este año podrás jugar a Quiddich si lo deseas, James es cazador, y sé que se te da bien coger la Smith. En Slytherin no podrían encontrar mejor buscador.
Albus se mordió el labio inferior:
—Scorpius es bastante bueno padre, si no fuera por la norma de que los de primer año no pueden jugar, estoy seguro de que ya el año pasado lo habrían cogido.
Su padre frunció un poco el ceño pero terminó encogiéndose de hombros:
—Si no lo intentas, nunca sabrás cuanto vales Albus.
El silencio se hizo a su alrededor:
— ¿Te enfadarías mucho si decidido no intentarlo? –su padre lo miró con sus penetrantes ojos verdes, pero no dejó ver ninguna de sus emociones, tuvo miedo de haber dicho algo malo, pero su padre solo sonrió:
—Haz lo que tú desees hacer Al, no quiero que te sientas obligado a nada, si no quieres jugar Quiddich, no lo hagas. –se puso en pie pero no antes de darle un beso en la frente y se giró para marcharse: —Lo que me recuerda que deseo pedirte un favor.
Albus miró a su padre intrigado, ¿un favor a él?, ¿de qué se trataría?
—Mañana entrará a Hogwarts una pequeña, sé que al ser de primer año será un fastidio para ti, pero Luna me ha pedido que intentemos ayudarla, ella vive en un orfanato y no sabía nada del mundo mágico hasta que el profesor Longbottom fue a verla, se sentirá muy perdida y me gustaría que al menos, al comienzo, contara con alguien a su lado.
Albus frunció el ceño algo confundido:
—¿Cómo se llama?
—Creo que me dijo Luna, que Haydee Evans.
Haydee despertó sobresaltada, su respiración iba a mil, ¿qué se suponía que significaba aquello? Negó, tenía que ser un sueño, ¿cómo iba ella a soñar con algo que podía estar pasando en ese momento exacto?
Miro a su alrededor, era noche cerrada, buscó su reloj de pulsera, las cuatro de la mañana, abrió los ojos al máximo. Imposible.
Se apresuró a ponerse en pie y guardó todo en el baúl que Luna y ella habían comprado y se decidió por salir de allí a toda prisa. Si alguien la descubría podrían impedirle llegar a Hogwarts.
Corrió a través de los pasillos con el corazón a mil, deseando desesperadamente que no la pillaran, al llegar a su cuarto, abrió la puerta con cuidado y entró. Al ver a todas dormidas suspiró aliviada.
Caminó hasta su cama y se dispuso a tirarse sobre ella:
— ¿Dónde te habías metido?, la señorita Olsen ya no sabía cómo impedir que te mandaran a buscar.
Alana encendió la luz de su mesita, era evidente que la había estado esperando y que estaba asustada. Aunque más susto tenía ella que saltó al escucharla, se giró a mirarla:
—Casi me matas del susto Alana. —Alana la miró enfadada y ella se acercó: —Lo siento, tenía que preparar unas cosas y me quedé dormida, ¿me perdonas?
—¿Mañana ya te vas?
Su voz sonó triste y ella solo pudo asentir.
—No es justo, ¿por qué no puedo ir contigo?, le pedí a la señorita Olsen que me inscribiera en el mismo colegio, pero se negó en redondo, dijo que era imposible, que ese colegio estaba fuera de los parámetros de nuestro orfanato.
—Lo siento mucho Alana, yo tampoco quería irme.
—Pues no te vayas, niégate, quédate conmigo. Dijimos que iríamos juntas al instituto y tú ahora te vas.
Estaba muy enfadada, ya se lo había dicho anteriormente, pero ahora era más evidente que antes:
—No puedo hacer eso Alana.
Susurró sintiéndose fatal, no deseaba separarse de Alana, pero, ¿perderse de ir a Hogwarts y conocer todo lo que le querían mostrar y enseñar?
—Entonces es que no eres mi amiga, y nunca lo has sido.
—No digas eso, sí que lo soy, sino nunca te confiaría a mi conejito.
Dijo rápidamente, eso pareció hacer que Alana la mirada sorprendida, ella solo asintió, se levantó de la cama, cogió la jaula del conejito y corrió hasta Alana, la depositó sobre sus manos y esperó su reacción:
—¿Lo dices en serio?
—Claro, ¿quién mejor que mi hermana para cuidarlo?
Eso arrancó una hermosa sonrisa del rostro de Alana que corriendo apartó la jaula y se tiró a sus brazos:
—No me olvidarás ¿verdad?, soy tu hermana y tú la mía, no puedes olvidarme Haydee.
Haydee rompió a llorar en silencio y la abrazó a su vez:
—No, no te olvidaré, si me dejan te escribiré a diario, lo prometo.
—Y yo te responderé, lo prometo.
Esa noche durmieron juntas y la señorita Olsen, fue quien las despertó, prometiendo a Alana que podía acompañar a Haydee a la estación de King Cros.
Cuando dieron las nueve y media Luna Lovegood puntual apareció en el orfanato, sonreía contenta, en esta ocasión venía con coche. La puerta del conductor se abrió y por esta descendió el profesor Longbottom.
—Hola Haydee, ¿preparada para tu primer año en Hogwarts?
El profesor sonreía contento, mientras que ella le asintió. La señorita Olsen y Alana subieron al coche a la parte de atrás.
—Una vez en la estación tendremos que despedirnos.
Alana volvía a tener mala cara, suspiró:
—Sí.
—No quiero, ¿por qué no puedo ir yo?
Cuestionó Alana mirando a Luna enfadada y fulminándola con la mirada, ambos, Luna y el profesor Longbottom intercambiaron una mirada:
—Haydee tiene una plaza reservada desde que nació, sus padres se ocuparon de ello.
— ¿Sus padres?, ¿has encontrado a tus padres?, ¿por qué no me lo dijiste?, quedamos en que si encontrábamos a nuestros padres intentaríamos que adoptasen a la otra.
La señorita Olsen miró a ambas niñas y apartó la mirada, pero ella se sintió mal y apretó los puños enfadada:
—No los he encontrado Alana, ellos siguen desaparecidos, no les importo tanto como para venir por mí.
El silencio se instauró en el interior del coche, hasta que el profesor Longbottom inquirió:
—Puede deberse a muchos motivos, tus padres pudieron tener infinidad de problemas, incluso puede que ya no estén con nosotros, Haydee pueden existir infinidad de…
—O simplemente no me deseaban y prefirieron abandonarme en una cesta enfrente de una iglesia de este mugriento pueblo.
—HAYDEE.
La señorita Olsen fue quien la reprendió, pero ella la ignoró, no deseaba seguir hablando sobre aquello, era demasiado y más después de descubrir que la única pista que tenía, la llevaba a un camino sin salida alguna.
Antes de que nadie pudiera decir algo más llegaron a la estación, el profesor aparcó el coche y ayudó a bajar el baúl de Haydee.
Las cuatro chicas ingresaron en la estación y al llegar al andén nueve, Luna se detuvo e inquirió:
—Bien, Haydee, ha llegado el momento de que te despidas de tu amiga y de la señorita Olsen, nosotros debemos facturar tu equipaje antes de coger el tren y deben conocerte para dejarte pasar al interior del tren.
Ella sabía que era una excusa, Luna ya le había dicho que la señorita Olsen no podía acceder al tren que debía coger y eso implicaba que Alana tampoco.
Se acercó a su mejor amiga y a su profesora y las abrazó, intercambiaron promesas de escribirse e incluso la profesora le dijo que podían intentarlo por Internet, ella estuvo a punto de decir que sería imposible, que en Hogwarts los aparatos electrónicos no funcionaban pero se calló a tiempo y asintió con una sonrisa.
Después de eso se separaron y cada cual fue a una dirección diferente, ella, el profesor y Luna se mezclaron entre la gente intentando que ni Alana ni la señorita Olsen los vieran.
—Bien Haydee, ha llegado el momento de que conozcas el andén nueve y tres cuartos.
Sin más palabras el profesor Longbottom desapareció tras apoyarse en una columna. Si ver como una pared se abría por solo darle con la varita a unos cuantos ladrillos, ya le había impresionado, ver a su futuro profesor desaparecer tras una pared era algo que jamás imaginó que fuera posible:
— ¿Dónde está?
Inquirió sorprendida, al mirar a Luna esta sonreía, se acercó a su oído y susurró:
—Al otro lado, solo has de ir con decisión hacía la pared, no llames mucho la atención, nadie debe darse cuenta.
Haydee tragó en seco y comenzó a caminar con cautela, ¿y si no funcionaba y se daba de bruces contra la pared?, asustada se detuvo ante la pared sin saber si pasar o no.
— ¿Piensas quedarte como estatua mucho tiempo más?, hay gente que tiene prisa.
Era un chico, se giró a mirarlo y se encontró con un pelirrojo de ojos marrones, era mayor que ella sin duda e iba vestido con ropas normales, pero su equipaje era igual al de ella y también tenía una lechuza en el interior de una jaula.
—Hola James, no hace falta ser tan brusco.
Luna saludó al chico que al verla sonrió plenamente:
—Tía Luna, cuanto tiempo sin verte, ¿cómo es que estás aquí?
—Vengo acompañando a esta linda señorita, ¿dónde están el resto?
Preguntó curiosa mientras miraba a su alrededor:
—Peleando con las cosas de Albus. Están prontos a venir, Rose viene con nosotros, por lo visto la tía Hermione no podía acompañarla.
Luna asintió a sus palabras.
—Ya veo, será mejor que te des prisa Haydee.
Al escuchar su nombre el tal James la miró unos instantes de arriba abajo, tenía una sonrisa burlona en su rostro:
—Así que Haydee.
No entendió porque dijo eso, pero este solo se encogió de hombros y corrió hasta la columna, y antes de que ella pudiera decir ni una sola palabra, desapareció del mismo modo que el profesor Longbottom.
Sin pensárselo más, decidió seguir con la misma seguridad que el otro chico, si él había podido, ¿qué podría impedírselo a ella.
Antes de darse cuenta cerró los ojos y saltó contra la pared, al otro lado casi se cae de bruces, pero el profesor la retuvo a tiempo:
—Ya creía que no venías y te habías echado para atrás.
—Solo estaba algo preocupada.
Escuchó que decía Luna tras de ella, le dedicó una media sonrisa y los tres se dirigieron al tren. Un tren como todos los demás excepto por que llevaba su nombre en la parte delantera y porque su destino era un colegio destinado a magos y brujas.
—Aquí comienza tu nueva vida Haydee. Una vida llena de cosas maravillosas.
La voz de Luna le llegaba en un susurro, pero un susurro que le parecía contener la mayor de todas las verdades.
—Venga, vamos a subir y encontrarte un vagón, es mejor que ya tengas un sitio cuando arranque el tren. Un consejo, cuando veas que estás cerca, ponte la túnica.
Luna la guio por el tren buscando un compartimento vacío algo casi imposible, casi, pues al final del tren consiguieron encontrar uno. Tras dejar su baúl, el profesor inquirió:
—Bien Haydee, espero que todo te vaya bien, nos veremos en Hogwarts, si tienes alguna duda, o deseas algo, no dudes jamás en venir en mi búsqueda y preguntar o pedir lo que desees.
Estoy a tu entera disposición.
Ella asintió algo avergonzada y seguidamente Luna y él se marcharon dejándola sola. Se sentó y miró por la ventanilla, había mucha gente, de todas las edades y muchos jóvenes.
Sus ojos recayeron en una pareja que parecía discutir en el andén. No le hubiese llamado mucho la atención si no hubiese reconocido al hombre. Era el amigo de Luna, el de la tienda de varitas.
Se acercó un poco más a la ventana y lo observó, intentó escuchar su voz, pero le fue imposible, así que abrió la ventana, en cuanto lo hizo le llegó perfectamente su voz:
—Toleraré esto ni un segundo más. Te lo advierto Ginny o cambias esa actitud tuya para con Hermione o te juro que…
—¿Qué?, ¿qué pasará Harry?, ¿me dejarás por que no soporto a tu mejor amiga por herir a mi hermano?
Él la miró furioso, apretó los puños e iba a decir algo cuando Luna apareció:
—Hola a ambos, ¿qué tal todo?, Antes vi a James, ¿Albus ya está en el tren también?
—Sí, como tuvimos que traer a Rose también, Lily se quedó con Molly.
Dijo Harry más calmado y ella frunció el ceño, ¿cómo alguien podía cambiar de humor tan rápido?, ese hombre era extraño.
—El tren ya está pronto a marchar.
Aclaró Luna, eso provocó que tanto Harry y la tal Ginny se giraran hacía el tren. Vio como todos buscaban a gente en las ventanas y a su vez podía escuchar a los que ocupaban el tren llamado a los suyos desde las ventanas.
Se sintió de nuevo excluida y sola, vio como Harry sonreía hacía unas ventanas más allá y saludaba con su mano, sin duda a James, Albus y Rose.
Sintiéndose mal, se dispuso a cerrar la ventana, pero él comenzó a buscar algo en las otras ventanas, parecía no encontrarlo y ella misma se asomó a ver que buscaba extrañada, si ya había saludado a sus hijos ¿qué buscaba?
De repente sus ojos y los de él se encontraron y sintió un escalofrío, eran tan verdes como los de ella, era como estar mirándose en un espejo.
Su respiración quedó cortada y más cuando él le sonrió y alzó la mano en forma de saludo. Sintió que el tren comenzaba a caminar y para su sorpresa, la de Luna y Ginny, él comenzó a caminar a la par del tren.
Lo vio acercarse a la ventana de ella con prisa y se quedó helada cuando gritó:
—Haydee, no temas y solo disfruta de lo que encontrarás, te prometo que no te arrepentirás.
Y lo creyó, lo creyó ciegamente, sonrió para él y sacó medio cuerpo para saludarlo con alegría y gritarle de vuelta:
—Lo disfrutaré.
La sonrisa de él le aseguró que la había escuchado y sin más lo perdió de vista al alejarse el tren de la estación.
Tarde, se dio cuenta, de que en el resto de ventanas, varios de los viajeros, curiosos de ver al famoso Harry Potter gritando, intentaban verla mejor e identificarla.
Avergonzada se introdujo en el interior de su camerino con prisa, se giró con la respiración acelerada y se quedó congelada. Sus ojos se abrieron de la sorpresa cuando descubrió a un muchacho de cabello negro y ojos verdes jade en la puerta de su camerino, tenía ambas manos en los bolsillos delanteros de su pantalón y sonreía tímidamente.
Era evidente que se encontraba algo avergonzado y nada seguro de su presencia allí:
—Hola, me llamo Albus, soy hijo de…
—Harry Potter lo sé, ¿por qué estás aquí?
Preguntó sintiéndose temerosa, no podía dejar de notar que era exactamente igual a como lo había visto en sueños. Era el chico con el que llevaba soñando desde abril, ¿qué tenía él que ver con ella?, ¿por qué había soñado con él tantas veces?
Él miró a ambos lados y suspiró:
—Mi padre, él me pidió que te ayudase en todo lo que necesitases, quería que supieras que puedes contar conmigo y…
— ¿Haces todo lo que tú padre te pide?
Preguntó algo molesta, no sabía si con él, con sus sueños o con Harry Potter. Eso lo pilló desprevenido, levantó la vista hacía ella sorprendido y extrañado:
—Vaya, no pareces tan tímida y temerosa como mi padre decía, lo que significa que no creo que me necesites, un gusto Haydee.
Se giró para marcharse y ella se quedó congelada, ¿ese era el chico temeroso del año pasado?, al girarse para largarse había alguien en la puerta:
— ¿Estás tú en este camerino Potter?
—No, solo vine de visita Malfoy.
— ¿Visita?
Un chico de cabello rubio y ojos grises se asomó por la puerta y la miró de arriba abajo, hizo una pequeña inclinación de cabeza en forma de saludo e inquirió:
—Mucho gusto, soy Scorpius Malfoy.
Sin más ingresó en el camerino y le tendió su mano, ella sorprendida la cogió, se quedó helada cuando este besó su mano en forma de saludo.
Rápidamente Haydee apartó su mano de la de él, quien le dedicó una sonrisa radiante:
— ¿Eres de primer año verdad?, ¿puedes ser Lilian Luna Potter?, por tus ojos apostaría que sí.
El silencio se hizo en el camerino, y antes de que ella pudiera contestar, Albus lo hizo por ella:
—Te equivocas Malfoy, ella es Haydee Evans, mi hermana no empieza hasta el año que viene.
—Haydee Lilian Evans.
Replicó ella, tanto Malfoy como Albus la miraron unos instantes, Albus se encogió de hombros:
—Como sea, yo ya cumplí, nos vemos después, espero que te guste Hogwarts, un consejo, ponte la túnica cuando estemos llegando.
Albus desapareció tras la puerta dejándola completamente sola con Scorpius Malfoy, quien observó la puerta unos instantes y se dejó caer desenfadadamente en uno de los asientos, Haydee lo observó con atención.
Ese era el chico que buscaba ser buscador, llevaba puesto el uniforme y su corbata era verde y plateada:
—Slytherin.
Susurró ella, eso provocó que Malfoy la mirara con interés y asintiera:
— ¿Conoces las casas?, ¿eres de familia mágica?, no me suena el apellido Evans.
Ella negó:
—No lo sé realmente, puedo o no serlo, es algo que jamás sabré.
Scorpius la observó interesado unos instantes y en silencio, cuando este se propagó preguntó:
— ¿Me explicarás el motivo?
Haydee apartó la mirada de la gris de él y la fijó en la ventana, un sin número de campos verdes se veían a la lejanía, sin apartar la mirada se dejó caer en el asiento de enfrente y habló.
—Vengo de un orfanato muggle, me abandonaron cuando solo era un bebe de pocos días de vida, la única pista que tenía de mi familia se esfumó el día anterior.
Scorpius no dijo nada y se mantuvieron en silencio otro buen rato hasta que pareció cansarse:
— ¿Cómo es que conoces al hijo de Harry Potter y a este?
Ambos se miraron fijamente y ella se encogió de hombros:
—A su padre lo conocí en el callejón Diagon, yo iba con una amiga de él a comprar mis cosas.
—¿Una amiga?
—Luna Lovegood.
Scorpius la miró con interés:
—Vaya, te has hecho con amigos singulares.
—¿Qué quieres decir con eso?
Scorpius se encogió de hombros para después dejar de mirarla:
—Mi padre es Draco Malfoy, los Malfoy hemos sido una familia mágica desde siempre, somos de las pocas familias sangres puras que quedan.
Los Weasley también entran en esa parte.
Y los Potter podrían también entrar, pero mientras los Potter o Weasley no ven ningún problema en casarse con personas que no pertenecen a nuestro mundo, los Malfoy nunca han quedado con alguien que no pertenezca a una familia de magos.
Mi padre, el de los Weasley y el de los Potter, no se llevaban bien en el colegio, eran enemigos declarados, pero según tengo entendido, por lo que aprendí en Hogwarts sobre la batalla final contra Voldemort, mi padre fue salvado por Potter.
¿Es motivo para odiarlo ahora?, para mi padre parece ser que sí, aunque nunca lo hará público, delante de todo el mundo simula muy bien aceptar a los Potter´s y a los Weasley´s, y esa pandilla que eran en el pasado. En casa la cosa es diferente.
Yo soy el presionado para no dejarme vencer por ninguno de sus hijos.
Luna Lovegood pertenece a ese círculo, y tú vendrías a ser su protegida.
Volvió a mirarla a los ojos y ella no apartó la mirada, ¿le estaba diciendo que pensaba tratarla como a una enemiga?
—Pero no eres su hija después de todo, ¿piensas ser amiga de Albus y el resto?
¿Ser amiga de Albus?, esa podía ser una opción, y le caía bien Harry Potter, pero esos sueños suyos le daban miedo, y él siempre salía en ellos.
Se encogió de hombros y no contestó, solo apartó la mirada nuevamente y miró por la ventana.
No hubo más palabras en todo el viaje, ambos se sumaron en un silencio absoluto, pero no incómodo, se sentían bien en su mutua soledad acompañada.
Haydee se pasó el resto del viaje jugando con su pulsera y pensando en todo lo que había leído en su libro sobre la muerte de Lilian Evans y James Potter. Los que ella creía sus padres.
—Estamos prontos a llegar, deberías colocarte la túnica.
La voz de Scorpius la sobresaltó, lo miró y se sorprendió de verlo allí sentado con un libro entre sus manos:
—¿Has estado todo el rato aquí?
El chico miró a ambos lados y luego a ella desconcertado:
—Yo sí, ¿y tú?, ya pensé que te habías quedado dormida, pues cuando vino la señora del carrito ni te inmutaste.
¿Había entrado alguien en el camerino?, Haydee negó, debía centrarse o acabaría por parecer loca, esos lapsus suyos debían terminar.
Se puso en pie e intentó alcanzar su maleta, aunque con muy poco éxito, molesta se subió a su asiento y saltó para tirar de ella, en esta ocasión sí que la alcanzó y cayó al suelo abriéndose de par en par:
—Bien, eso es una cosa muy estúpida, ¿tanto te hubiese costado pedirme un poco de ayuda?
Haydee miró la maleta molesta y saltó hasta el suelo para recoger todo, Scorpius suspiró con cansancio y se agachó para ayudarla, mientras recogían todo estuvieron en silencio, una vez terminado, este le pasó una falda e inquirió:
—¿Toda tu ropa es igual?
—Estaba en un orfanato, generalmente siempre teníamos que llevar uniforme, cuando tienes familia a la que le importas, te dan algo más de ropa, pero ese no es mi caso.
Estaba molesta y no sabía el motivo, Scorpius solo la miró unos instantes y asintió.
Ella cerró la maleta y miró la túnica negra, seguidamente se la echó por encima y se la puso, una vez terminada la labor se sentó de nuevo en su lugar:
—Eres muy arisca ¿lo sabías?
—¿En qué casa están esos Weasley´s y Potter´s?
Preguntó para cambiar de tema, Scorpius entrecerró los ojos:
—Rose Weasley es una Gryffindor, su hermano hasta el año que viene no ingresa en Hogwarts, Lilian Luna Potter, con quien te confundí, tampoco entra en Hogwarts hasta el año que viene, Albus es mi compañero de casa y cuarto, su hermano James Potter es un Gryffindor.
En cuanto procesó lo último dicho por Scorpius giró rápidamente a mirarlo, ¿había dicho James Potter?
—¿James Potter?
Preguntó sorprendida, Scorpius asintió:
—James Sirius Potter, está en tercero, si quedas en Slytherin te aconsejo que no te acerques mucho a él, odia nuestra casa y se desvive metiéndose con nosotros.
—Pero Albus es de Slytherin.
—¿Y qué con eso?, es al único Slytherin que respeta, y seguro que porque su padre le advirtió que no le hiciera nada, que sino no sería el caso.
—¿Acaso se llevan mal Albus y James?
Scorpius se encogió de hombros:
—No es que se lleven mal, son diferentes. Albus es callado y le gusta más estar solo que llamar la atención, James es todo lo contrario, todo el mundo lo conoce, el primogénito de los Potter´s. Todo el mundo espera mucho de él, bueno de todos los hijos en realidad y tanto James como Albus piensan que Albus es la oveja negra de la familia.
Mi padre opina diferente, él piensa que de quién se puede esperar algo decente es de Albus.
—Porque quedó en Slytherin.
Comprendió Haydee, Scorpius solo sonrió de medio lado:
—Lo vas comprendiendo.
Ella suspiró y rodó los ojos, tampoco era tan difícil de hacer. Así que las casas estaban enfrentadas entre sí. ¿En cuál quedaría ella? Si lo pensaba, Lilian y James eran de Gryffindor, si quería saber más de ellos en esa casa podría encontrar algo al respecto.
Pero Albus y Scorpius eran de Slytherin, ya conocía a dos integrantes de esa casa y no se sentiría tan sola.
—Ya hemos llegado.
Scorpius se puso en pie y cogió su propia maleta, ella lo imitó y ambos salieron del compartimento, en cuanto bajaron del tren ella se quedó helada, mirando la cantidad de gente que había en todo el lugar.
Eran muchos alumnos, muchísimos, ¿y todos habían viajado en el tren? Tragó en seco, ¿cómo sería Hogwarts?
Cuando vio a Scorpius alejarse de ella no lo pensó, asustada lo agarró de la túnica, Scorpius la miró sorprendido y extrañado, seguidamente inquirió:
—Aquí nos separamos Evans, ¿ves a aquel gigantón que grita?, os busca a los de primero, debes ir con él.
Los de primero tenéis una bienvenida especial.
Le guiñó el ojo y se giró para irse, lo vio alejarse y él se volvió lo justo para mirarla, le dedicó una sonrisa torcida y se despidió con la mano. Lo vio dirigirse a un carruaje y subir a él, el siguiente que subió también la miró.
Era Albus, el cual parecía sorprendido de ver que ella y Scorpius hubieran viajado juntos todo el camino a Hogwarts.
—LOS DE PRIMERO.
Haydee pegó un salto al escuchar ese vozarrón justo tras ella, se giró rápidamente y se encontró a un enorme hombre con una barba y bigotes negros y espesos, vetados con algunas canas.
— ¿Eres de primero cierto?
Ella solo asintió sin cerrar la boca de la sorpresa:
—Encantado, soy Rubeus Hagrid, guardián de las puertas y llaves de Hogwarts y guardabosques. Sígueme, nuestra entrada es por el lago.
¿Lago?, ¿iban a entrar por el lago?, ¿y qué había del calamar que el libro describía?
No pudo hacer ninguna pregunta, pues el tipo se giró y se largó de allí llamando a otros, asustada y sorprendida, caminó hasta el grupo que el tipo había ido reuniendo, se colocó cerca de una de las chicas que parecía sorprendida y muy ilusionada.
No paraba de hablar y era evidente que también había leído historia de Hogwarts, hablaba con un chico de cabellos castaños que la escuchaba atentamente, él no lo había leído.
—Hola, me llamo Alice, ¿y tú?
La chica sonreía, tenía el cabello castaño ondulado y sus ojos eran muy grandes y expresivos. Sonreía como si nada y ella se sintió un poco intimidada e insegura:
—Haydee.
—Encantada Haydee, es un nombre realmente bonito, ¿cómo se les ocurrió a tus padres?
La respuesta no llegó, pues Hagrid apareció de nuevo y comenzó a guiarlos a todos hacía el lago. Alice comenzó a decir cosas que decían en el libro y a hablar a todos del calamar gigante, gracias a dios, este no apareció en ningún momento y el viaje fue tranquilo.
Todos fueron llevados ante unas puertas enormes que le quitaron la respiración a Haydee, quien no se atrevía a mirar a ninguna parte que no fueran las mismas por si caían sobre ellos.
—Mucho gusto en conocerlos a todos. Yo seré su profesora de Transformaciones y soy la encargada de la casa de Gryffindor. Mi nombre es Hermione Granger. En este pergamino que tengo en mis manos, están escritos todos sus nombres, los iré llamando uno a uno para que sean seleccionados para una de las casas. A saber entre el valeroso y orgulloso Gryffindor, La inteligente y estudiosa Ravenclove, la buena y amable Hufflepuff o el frío e increíble Slytherin.
Os recomiendo que estéis tranquilos y que os arregléis un poco esas ropas, tenéis que dar una imagen intachable cuando traspasemos estas puertas, detrás de ellas se encuentra el gran comedor y todo el cuerpo estudiantil de Hogwarts, además de sus profesores.
En muy poco tiempo, todos tendrán sus ojos puestos en vosotros, pues formaréis parte de cualquiera de estas grandes casas y querrán saber qué han ganado y qué han perdido.
Haydee perdió la respiración, ¿quería asustarlos o tranquilizarlos?, al fin se atrevió a mirar a quien estaba hablando. Una mujer de ojos achocolatados y cabello castaño y ondulado, sonrisa amable pero severa, delgada y de altura media.
Había algo en ella que la hizo estremecerse, esa mujer desprendía seguridad en sí misma, no parecía temer a nada y sus ojos dejaban ver que era inteligente, mucho.
— ¿Ha dicho Hermione Granger?
Escuchó que susurraban tras ella, no se atrevió a girarse para mirar a quienes hablaban:
—Sí, ¿acaso no la reconoces?, ha salido en el profeta infinidad de veces, sobre todo cuando se conmemora un aniversario de la muerte de Lord Voldemort.
—Es solo que me sorprende, no esperaba que alguien como ella fuera nunca nuestra profesora.
Haydee se sintió estúpida, ¿quién era esa Hermione Granger?, sabía de Lord Voldemort por lo que había leído en su libro, pero al detenerse en los nombres que le interesaban se había perdido algo que ahora podía saber.
Miró de reojo a Alice y la vio frunciendo el ceño, y se percató de que eran unas de las pocas que no murmuraban sobre esa mujer.
Ellas dos y otros diez más, el resto no disimulaban un poco su interés por la mujer:
— ¿Tú sabes algo de ella?
Escuchó que susurraba Alice irritada, la miró y se encontró por primera vez con sus ojos, eran verdes, pero un verde diferente al de ella, más claro, como acaramelados.
—Sé algo sobre Voldemort, pero ella no me suena.
—Tenemos que averiguarlo.
Inquirió molesta, y ella no dijo nada. Las puertas se abrieron y la señorita Granger les sonrió a todos:
—Ha llegado su momento chicos, demos una entrada digna.
Y sin más comenzó a caminar, segura de sí misma, cada paso que daba era como si dejara en claro que ella no era una cualquiera. Y ciertamente no debía serlo, pues cuando dio un paso al interior del gran salón, este se quedó en un silencio absoluto.
Un silencio cargado de sorpresa.
Antes de dar su primer paso hacía lo que sería su entrada definitivamente en Hogwarts, Haydee respiró hondo y cerró los ojos.
—No me dejes fallar.
Susurró y entró, y cuando lo hizo su boca se abrió de la sorpresa, ¿aquello era solo una habitación?, ¿o un comedor?
Abrió y cerró los ojos sin poder creerlo, y miró a su alrededor sorprendida. La sala era enorme, y había cuatro mesas que la atravesaban, ellos pasaron por el medio de dos de ellas, y caminaron hacía una quinta mesa que estaba delante de todas las otras.
Allí sin duda estaban los profesores de Hogwarts.
Ante la mesa de los profesores había un viejo taburete y sobre este, un más viejo y andrajoso, gorro picudo.
Haydee lo miró con recelo, ¿para qué querían semejante gorro?
Pero pronto lo supo, cuando Hermione Granger comenzó a decir los nombres y a colocar el mismo sobre las cabezas de todos los que nombraba.
Cuando el gorro gritó por primera vez la casa de Ravenclove fue la primera en saltar en aplausos y gritos de alegría.
Haydee se mordió el labio inferior y ahogó un grito de sorpresa, Alice a su lado disimuló mucho peor, sus ojos se abrieron y su boca estaba abierta de la sorpresa.
—Eso es…
No continuó con la frase. La profesora Granger comenzó a decir nombres y los chicos fueron subiendo, tras una segunda vez, Haydee notó algo extraño en la profesora Granger, quien en dos ocasiones, tras decir un nombre, había mirado fijamente a quien caminaba hacía el sombrero y le había sonreído cálidamente y entregado el gorro.
Una había sido una Gryffindor muy nerviosa, otra había ido a Hufflepuff. Un chico había tropezado y caído después de ponerse el sombrero y querer correr hacía su nueva casa.
Y le llegó el turno a Alice:
—Evans Alice.
Al escuchar el apellido se sorprendió, pero al ver a Alice a su lado sonreír y caminar hacía el taburete se sorprendió más. ¿Se apellidaba Evans?, una pequeña sacudida la recorrió por dentro.
Ni siquiera se percató de a dónde la mandaba el sombrero, solo observó como la profesora Granger sonrió a Alice y le dedicaba una mirada cargada de sentimiento.
—Evans Haydee.
El murmullo se escuchó en todo el salón, sin duda pensando que la anterior chica y ella eran hermanas o algo.
Ella caminó insegura hacía el taburete, y se sorprendió al ver que la profesora Granger se comportaba de igual modo que con Alice, con ella. Le sonreía con tal afecto que se sintió temerosa.
Nunca nadie la había mirado así, sus ojos y los de la profesora Granger se conectaron por unos instantes y asustada bajó la mirada y caminó más rápido hasta el taburete.
La profesora colocó el sombrero sobre su cabeza y se olvidó de todo lo que sentía cuando una voz se escuchó en su cabeza:
—Vaya, vaya, qué curioso, posees una mente curiosa y deseosa de saber, eres algo insegura y no conoces tu potencial. Eres valiente también y te gustan los retos. Pero, ¿tendrías el valor suficiente para afrontarlos? No sé yo, así que debido a esa mente espabilada y a algunos otros aspectos interesantes, yo decidido que tú casa es, SLYTHERIN.
El grito casi la deja sorda, en cuanto la profesora retiró el sombrero le sonrió de medio lado y le señaló la mesa que se encontraba en esos instantes gritando y aplaudiendo.
Lentamente caminó hacia ella, bajó los escalones y miró de nuevo a la profesora Granger, ella dijo el nuevo nombre, pero Haydee recibió una mirada de reojo de ella y una sonrisa en respuesta a su mirada dudosa.
Seguidamente corrió hasta su mesa y se encontró con una sonrisa radiante en el rostro de Scorpius y otra menos entusiasta y más tímida en el rostro de Albus, quien asintió dándole la bienvenida a su casa.
