No sé como lo hago, pero al remoledar, los capítulos me han quedado más largos, espero que sea para mejor y que os agrade más estos capítulos tan largos ;)
1º- El gira-tiempo:
Harry estaba en su cuarto, era el último verano que pasaría en Prive Drive, y una vez más, estaba esperando el día de poder irse sin necesidad de desobedecer el último deseo de Dumbledore; que se quedara hasta que cumpliera los diecisiete años.
Ese día, llegaría en una semana y había quedado con Ron y Hermione en que irían a casa del primero como todos los años, no quería volver a Grimmauld Place, había tomado la determinación, de que la vendería cuando todo llegase a su fin.
Por otro lado, estaban los Horcuxes, los cuales debía encontrar para finalmente destruir, la verdad es que eso lo veía difícil, sobre todo, porque no sabía por dónde comenzar.
Sus planes, revelados a Hermione y Ron al término de su sexto año, habían tomado un giro diferente, ¿la razón?, había estado pensando, (pese a que eso era más del estilo de su mejor amiga), en ese corto espacio de tiempo y llegó a la conclusión de que no podía tomarse la libertad de no cursar su último año en Hogwarts.
Si no regresaba al castillo, lo podían descubrir, estaba seguro de que todo el mundo se daría cuenta de que Harry Potter, no asistía a su último año en Hogwarts, cosa que resultaría muy extraña y Voldemort, sospecharía que algo pasaba.
Además, estaba el hecho de que sus dos mejores amigos, le habían dicho que lo acompañarían hasta el fin del mundo si hacía falta.
Y él no podía permitir que un Weasley más, dejara de cursar su último año, pues de seguro eso hacía que a la señora Weasley le diera un infarto, por otro lado estaba Hermione, a la que estaba seguro que nombrarían la mejor de esa promoción, y premio anual.
En una semana vería de nuevo a sus amigos y a la familia Weasley al completo, además de seguramente algunos miembros de la Orden, pasaría a ser mayor de edad en el mundo mágico y sobre todo, para ya poder aparecerse y desaparecerse libremente en cuanto consiguiera la licencia, cosa de la que estaba más que seguro que conseguiría, después de todo, él, ya se había aparecido y no solo a él, sino que había desaparecido cargando a un Dumbledore enfermo.
Si la conseguía, podría ir a Hosmeade y desaparecerse desde allí para poder buscar los Horcuxes por cielo y tierra, no sabía cuánto tiempo tardaría en encontrarlos, y esa era una nueva razón para terminar su último año en Hogwarts, pues así sus amigos y él, al menos no tendrían que cursar ese curso, si salían bien de toda esa historia.
Su tiempo en la casa de sus tíos, pasó como un rayo, las noticias que le llegaban del mundo mágico, eran escasas, pero para nada alentadoras.
Al parecer Voldemort, había estado moviendo a sus secuaces, pero él, no había actuado en persona, ¿qué podía estar tramando?
No es que la vida de algunos Muggles no valiera, pero habían muerto muy pocos, y eso era muy extraño, pues Voldemort, ahora tenía mucho territorio libre. Debido a la muerte de Dumbledore, él, pasaba a ser el mago más temido del mundo mágico, sin rival aparente.
Harry, era terriblemente consciente de que él, en su estado actual, no lo era, lo más que podía hacer, eran los hechizos aprendidos en Hogwarts y ya está, y con ese nivel, solo podía confiar en su buena suerte.
Necesitaba entrenar y saber más, pues si no, sería él el asesinado y aunque no le desagradaba del todo la idea, algo había que no podía dejar en este mundo con ese miserable suelto.
Y eso eran los Weasley y todos sus amigos, estaba dispuesto a morir en esa batalla, pero como le había dicho a Dumbledore en ese cuartito, en el jardín de los Weasley, no moriría solo, estaba dispuesto a llevarse a cuatro personas con él.
Voldemort, Colagusano, Bellatrix y por último, Snape.
Se encontraba recogiendo sus cosas: (ya que los Weasley llegarían en cualquier momento, no le habían dicho ni hora ni lugar, solo que pasarían a por él ese día), cuándo escuchó el sonido de una aparición, como buen alumno de Moddy, sacó rápidamente su varita y miró con cuidado de no dejarse ver por la ventana.
Entre sorprendido y aliviado reconoció la figura de Remus Lupin, ¿qué hacía este allí?, se suponía que sería alguien de los Weasley el encargado de recogerlo, miró hacía el baúl y la jaula de Hedwig y decidió reducir la misma también.
Después de todo la lechuza llevaba un tiempo sin regresar, la había mandado a entregar una carta y aún no había recibido respuesta de la misma, esperaba que no le hubiera pasado nada.
Cerró su baúl y cogiendo su varita, a punto a este:
-Reduccio. —lo contempló mientras empequeñecía, hasta tomar el tamaño de una cajita y se la guardo en el bolsillo, si no fuera por las cosas de Hogwarts, él solo necesitaría una mochila, sus cosas eran contadas con los dedos, así de amables habían sido sus tíos durante esos dieciséis años.
Harry, cogió su chaqueta y se dirigió a la puerta de su habitación, él llevaba su pelo como siempre, igual de revuelto, una camiseta negra como la noche, ya que a pesar del calor, siempre llevaba algo negro, en memoria de su padrino y de su director.
Su pelo estaba mojado, debido a la reciente ducha, por lo que unas cuantas gotas le caían por el rostro, iba enfundado en un pantalón vaquero y calzaba unas zapatillas blancas.
Justo cuando el chico llego al principio de las escaleras, llamaron a la puerta y Tía Petunia fue a abrir.
Quiso impedir que lo hiciera, más no le dio tiempo, enseguida notó la tensión de esta al ver de frente a Remus, nunca se acostumbraría a la forma de vestir de los magos. Seguramente se encontraba mirando de reojo hacía ambos lados de la calle, deseando desesperadamente que nadie pudiese ver a Remus.
Pese a que este vestía enteramente muggle, solo que su ropa, como siempre, era algo desaliñada y parecía gastada:
-Buenos días, vengo a buscar a Harry.
-¿A Harry dice?
El tono que su tía utilizó, lo desconcertó, dio unos pasos hasta acercarse a ella y pudo ver a Remus de perfil, este sonreía de medio lado, sin duda y a pesar de su aspecto, entendía por qué Tonks, se había fijado en el amigo de la infancia de su padre.
-Sí, a partir de hoy pasará a vivir conmigo.
Eso pareció despertar a su tía, pues negó y declaró:
-¿Cómo dice?
-Mi nombre es Remus Lupin, fui profesor de Harry en tercer año y…
-Amigo de mi hermana, sí, sé quién es, pero el chico debe quedarse aquí hasta…
-Eso ya se terminó, hoy cumplo mi mayoría de edad, por lo que no tenéis que seguir teniéndome en esta casa, la protección que me brindabas, ya no sirve.
Su tía se giró a mirarlo sorprendida de que se encontrara allí, se apartó para que pudiera ver a Remus y este lo saludo con un gesto de la cabeza:
-¿Listo?
-Dímelo tú, ¿cómo es que no ha venido ninguno de los Weasley?
-No lo sé, Arthur me mandó una lechuza diciéndome que les era imposible venir hoy, que debían ir por unas cosas, no me aclaró nada más.
Sin perder su mirada seria levantó su mano derecha hacía el frente, apuntó a Remus con su varita y pudo escuchar un grito ahogado salir de los labios de su tía, a la par que los ojos dorados de Remus, cambiaban de amistosos a alerta, él mismo sacó su varita:
-¿Qué forma tiene mi patronus y por qué es así?
Remus lo miró desconcertado y sonrió de medio lado, más no bajó la varita, tan solo respondió:
-Un ciervo y toma esa forma, porque era la forma animaga de tú padre. ¿Qué te dije en el ministerio de magia en quinto año?
Su respiración se paró en seco, una punzada le atravesó el corazón, centró sus ojos en Remus y susurró la respuesta, más la sonrisa que apareció en el rostro del mismo lo desconcertó y más cuando declaró:
-Error, Te dije, que una maldición imperdonable ha de sentirse y disfrutarse.
Tarde, salió de su sorpresa, hizo el movimiento de su varita para expulsarlo de su casa, no obstante, un hechizo le dio de lleno en el pecho, tanto él, como su tía, salieron despedidos, él se golpeó en la nuca con uno de los escalones, mientras que su tía, fue a parar cerca de la puerta de la cocina.
La risa que abandonó los labios de Remus, provocó que la furia fluyera en su interior, y eso fue lo que le dio fuerza para levantarse de donde había caído.
Un montón de sonidos parecidos a disparos se escucharon en el lugar, a la par que un sonido agudo invadía el lugar. No tardaron en abrirse todas y cada una de las puertas de las casas a lo largo de la calle de Prive Drive, al igual, que múltiples voces dejaban escapar diferentes hechizos y maleficios.
El caos se propagó por toda la calle, y pronto varias casas se encontraban en llamas, Remus, o mejor dicho Lestrange, parecía disfrutar del espectáculo como una niña.
Necesitaba salir de la casa, el lugar de movimiento era escaso para él, además, si seguía en la misma, su tía, podría acabar mal, y por muchas cosas y diferencias que hubiesen surgido entre ellos, no estaba dispuesto a perderla.
-Depulso.
El hechizo salió de su varita con suma fuerza y al encontrarse algo distraída, Lestrange, no pudo actuar con suficiente rapidez y solo pudo desaparecerse para volver a aparecerse un poco más lejos.
Lo suficiente como para que él, saliera corriendo de la casa, pudo distinguir a la señora Figgs, correr hacía la misma, seguramente ella, abría alertado a la orden, o al menos eso deseaba creer.
En cuanto vio como esta entraba a la casa y auxiliaba a su tía, lanzó un hechizo hacía la puerta y la selló, deseaba que Lestrange solo lo quisiera a él y si no, que ellas fueran lo suficientemente inteligentes, para recordar la puerta trasera de la casa si necesitaban huir de allí.
Lestrange le lanzó un hechizo y de un momento a otro varios disparos volvieron a escucharse en el lugar, por el rabillo del ojo, Harry, pudo ver innumerables casas ardiendo, lo que con el cielo embotado y las nubes grisáceas que lo cubrían, hacía del lugar algo escalofriante.
Esquivó varios hechizos que volaron hacía la zona en la que él y Lestrange se encontraban, pudo distinguir como ella también debía esquivar algún que otro hechizo perdido.
Sintió como alguien lo empujaba y cayó al suelo, cuando se giró se encontró con la varita de Lestrange apuntando su pecho y con una sonrisa victoriosa en sus labios:
-Acabé con mi primito y ahora acabaré contigo, ¿puede alguien pedir más?
Ver a Remus con semejante expresión de locura en su rostro, lo hizo sentir un escalofrío, no podía reaccionar, alguien lo cogió con fuerza del brazo y de repente su vista cambió.
Sintió la sacudida de la desaparición y el malestar de la misma, cuando quiso darse cuenta, ante él, se reveló otro escenario poco alentador, lo que sus ojos vieron, le dejó paralizado, la marca tenebrosa reposaba en lo más alto de la madriguera o lo que quedaba de ella, pues estaba ardiendo casi en su plenitud, en el suelo, a su lado, pudo ver el ojo mágico de Moddy y no a mucha distancia, el cuerpo de este inerte y sin vida.
Abrió los ojos al máximo sin poderse creer lo que sus ojos le mostraban, ¡eso no podía estar pasando!, ¡los Weasley!, y todo por su culpa, no, no podía ser. Se deshizo del agarre al que lo tenían sometido quien lo había llevado hasta ese infierno y comenzó a correr con todas sus fuerzas hacia la casa, no se le ocurrió pensar en que tal vez era una trampa y allí podían estar esperándolo, no, lo único que a su mente llegaba, eran los rostros de todos y cada uno de los Weasley, ensangrentados o con expresiones de terror, y ninguno con vida.
Eso era peor que una pesadilla y no podía estar pasando.
Escuchó que alguien corría tras él, pero lo ignoró por completo, precisaba llegar, si les había pasado algo a Ginny o a Ron, nunca se lo perdonaría, jamás.
-Detente Potter, puede tratarse de una trampa.
Reconoció la voz en el instante, más aun sabiendo que lo que decía podía ser cierto, no podía detenerse, ¿y si alguien seguía vivo en el interior de la casa?
De alguna parte, alguien se lanzó contra él deteniéndolo, él y quién le había provocado el placaje cayeron al suelo y rodaron por el mismo forcejeando. ¿Quién demonios se creía para impedir que ayudara a sus amigos?
Tanto si era un miembro de la orden, como un mortifago, pensaba deshacerse de él a como diera lugar. Forcejeó hasta que consiguió quedar encima de la persona que luchaba contra él.
Levantó el puño para propinarle un buen puñetazo en la cara y dejarlo inconsciente, cuando reconoció la voz de quién forcejeaba con él:
-No puedes ir, no podemos entrar, maldita sea, escúchame Harry.
Su puño quedó a escasos centímetros de un rostro bastante conocido para él, aún con la respiración acelerada y la adrenalina del momento, contempló el rostro magullado de la que era su mejor amiga desde hacía seis años.
-¿Hermione?
Al fin dejó de intentar detener que la golpeara, para mirarlo a los ojos, una nueva punzada de dolor lo atravesó, ¿qué le había pasado?, su rostro estaba completamente sucio, parecía haber adelgazado en ese último tiempo y sus ojos siempre llenos de vida, parecían opacados y casi vacíos.
De ellos salían numerosas lágrimas que caían por su rostro y lo ensuciaban más de lo que ya estaba:
-¿Qué te ha pasado?
Preguntó preocupado por ella, esta solo negó, con cuidado se quitó de encima y la ayudo a ponerse en pie, Kingsley llegó hasta ellos en ese preciso instante, miraba a la casa con precaución y alerta.
-Vine tal y como habíamos quedado, pero al llegar me encontré con que estaban atacando la madriguera, no dude en intentar ayudar, pero me dejaron inconsciente, imagino que los que vinieron a ayudar a los Weasley, no sabían que yo debía llegar.
Su voz sonaba asustada y parecía muerta de miedo, temblaba como nunca antes la había visto temblar, se dispuso a abrazarla como muchas otras veces en el pasado había hecho, más ella nada más sentir su roce se apartó asustada.
Se miraron por unos segundos y ella apartó la mirada de él, la vio abrazarse a sí misma y declarar:
-¿Qué vamos a hacer?
Todos a una miraron rápidamente hacía la casa al escuchar un fuerte estrépito que ocasionó el derrumbe de dos de las plantas de la casa al caer calcinadas. Seguidamente de ese ruido, volvieron a escuchar sonidos de apariciones.
Kingsley y él mismo, apuntaron con su varita hacía el lugar de donde provenían los mismos, delante de ellos aparecieron tres personas.
Arthur Weasley, un hombre al que Harry no supo identificar y Remus Lupin.
En cuanto este Remus divisó a Harry y el resto, su semblante preocupado se agravó en el acto y echó a correr hacía ellos. No obstante y antes de llegar, tanto él como Kingsley le apuntaron con la varita, no pensaba permitir un engaño más.
-Harry, por los cuatro fundadores, menos mal que te encuentras bien, cuando llegué a Prive Drive, la señora Figgs me informó de lo que había sucedido.
Kingsley se adelanto y le dijo algo a este que no pudo escuchar, Remus y él hablaron en susurros y cuando vio a Kingsley bajar su varita y girarse a mirarlo a él declaró:
-¿Qué está pasando?
-No entendemos que se propone conseguir con todo esto, pero atacó varios lugares simultáneamente, lo más extraño es el cómo lo llevó todo.
-¿A qué te refieres?
-No puedo explicarte aquí, lo mejor es ir a otro lugar, Kingsley ya sabes a donde.
Contempló como los tres recién aparecidos desaparecían del lugar y Kingsley declaró:
-Cogeros de la mano y no os soltéis por nada del mundo, es imprescindible que tengáis cuidado, no quiero accidentes innecesarios.
Hermione lo miró por unos instantes y seguidamente lo cogió del brazo con cuidado como si ese simple roce la hiriera, la vio mirar hacía la madriguera con gesto triste y culpable, parecía lamentar el hecho de haber quedado fuera de juego en la batalla y no haber podido ayudar.
En pocos segundos, ante sus ojos se mostró enorme, oscura, e imponente como siempre había sido, la antigua mansión Black.
De nuevo se quedó helado, se había propuesto no volver a pisar esa casa y sin embargo, ahí estaba. Despertó de su trance cuándo Hermione soltó rápidamente su mano y comenzó a caminar hacia la puerta, él, estaba estático sin ser capaz a dar ni un paso que lo acercara a esta. Suspirando y siendo consciente de que no podría evitarlo o negarse, los siguió.
Esperaron un momento y una melena pelirroja, unos ojos azules, con un corte en la mejilla izquierda, les abrió la puerta. Su mejor amigo, Ronald Weasley, estaba bien, y eso era un gran alivio y por la sonrisa que portaba en su rostro, era evidente que su familia no había sufrido ningún daño.
-Hermione, Harry, están bien.
El alivio en la voz de este, lo hizo sonreír de medio lado, mientras que para sorpresa de todos, incluyendo al propio Ron, Hermione, se lanzó a sus brazos y lo abrazó, pues ella creía al igual que Harry, que les había pasado algo.
Hermione lloraba mientras abrazaba a Ron con todas sus fuerzas y él chico le correspondía a ese abrazo. Aunque en sus mejillas brillaba un rojo muy débil.
Ninguno notó que su mejor amiga parecía aferrarse a este como si de verdad la vida le fuera en ello. Harry, entró en la casa, necesitaba ver a los demás con sus propios ojos, asegurarse de que estaban bien.
-Solo estaban en la casa, gracias a Merlín, Ginny y Ron, los demás estaban preparando la boda de Bill, por lo visto, esperaron a que ellos se quedaran solos, su objetivo estaba claro, solo debían matar a esos dos Weasleys, los demás no importaban.
-¿Cómo está Ginny?- preguntó preocupado por la que en una ocasión hacia apenas un mes y medio había sido su novia.
-Ella está en la cocina, con su madre, siendo sometida a un examen muy riguroso de su estado.- aportó Lupin sonriendo.
-¿Por qué todo esto?
-No lo sabemos, pero al parecer a tú Némesis, le apetece dejarte más solo aún de lo que has estado hasta ahora.
Mientras este hablaba, Harry, pudo divisar a la abuela de Neville en el salón llorando desesperadamente.
-¿No le abra pasado nada a Neville verdad?
-A él no, pero Bellatrix se presentó en San Mungo y termino con lo que había empezado hace dieciséis años, mato a sus padres y a él, que estaba de visita con su abuela, lo ha dejado muy grave, ahora mismo está en San Mungo recuperándose de las heridas sufridas.
Harry miro a la abuela de Neville mientras lloraba en brazos de Tonks, que no sabía qué hacer en esa situación y tenía cara de "¿Qué pinto yo aquí?", poco a poco comenzó a sentirse cada vez peor, por lo visto, Voldemort, estaba dispuesto a terminar con todo lo importante para él.
-¿A ti no te han atacado?
-Por raro que parezca ni a mí ni a Hermione nos han atacado todavía o eso creo. —ver el desconcierto reflejado en la cara de Remus le extraño, ¿qué podía estar perturbando a Remus?
-¿Cómo es que no lo sabes?, digo yo que habrás notado si te han atacado o no.
Más no recibió respuesta por parte de Remus, sino que quién habló fue Hermione, tanto él como Remus centraron su atención en ella:
-Resulta que fui con mis padres de vacaciones y no hemos estado aquí en Londres nada más que una semana, los convencí para que se marcharan al extranjero y yo me fui con ellos hasta ahora, que volví para estar con vosotros, ellos siguen allí, y creo que no volverán hasta que yo acabe este año en Hogwarts.
Pese a las palabras dichas por Hermione, Harry, pudo distinguir una mirada preocupada lanzada por parte de Remus hacia Hermione, la cual se dispuso a reunirse con los demás miembros de la casa, tras ser sometidos a un exhaustivo examen, y comprobar que todos estaban bien, (menos por el especial hincapié de la señora Weasley sobre lo delgado que lo encontraba), fueron llevados a sus respectivas habitaciones, una vez más él, la compartía con Ron, pero en este había dos camas más.
Estaba un poco mucho deseoso de largarse de esa casa, sin Sirius, era un martirio estar allí, no hablo de nada en particular con Ron, los dos bajaron a comer en cuanto terminaron con sus cosas y el día terminó de pasar relativamente rápido, a la hora de la cena, más bien cuándo estaban terminando, Ron le susurró:
-Harry, te tengo que enseñar algo.
Lo miró de reojo, le había susurrado esas palabras con cuidado, y con mucho disimulo, extrañado preguntó:
-¿De qué se trata?
-Ya lo veras, por cierto, ¿cuándo piensas ir a casa de tus padres?
Eso lo pilló con la guardia baja, la verdad es que ni siquiera se había planteado cuándo llevaría esa acción acabo, quizás, podría hacerlo antes de la boda de Bill y Fleur, ¿o sería mejor después?, suspiró, aún no muy seguro le respondió:
-Puede que lo haga mañana, creo que cuanto antes mejor.
-Estupendo, te acompaño.
El entusiasmo que mostró su amigo al declarar que lo acompañaría lo desconcertó, ¿cómo iba a decirle que deseaba ir solo?, no podía hacerle eso:
-De acuerdo.
Sin duda si hubiese estado hablando con Hermione, está habría notado enseguida que no le hacía mucha gracia, pero Ron, era harina de otro costal, sin embargo, no pudo dejar de agradecer la seguridad y rotundidad con que este se había ofrecido a acompañarlo.
Al subir a su cuarto, Ron cerró la puerta y le lanzó unos hechizos, tras terminar con eso comenzó a hablar:
-Mira esto.
La voz de Ron lo sacó de sus pensamientos y lo vio sacar de su bolsillo una cadena dorada con un pequeño reloj dorado también, Harry, lo reconoció al instante, pues lo había visto una vez con anterioridad, solo que en manos de su otra mejor amiga:
-¿Cómo has conseguido el gira-tiempo?
-Lo encontré en el suelo de mi casa.
No pudo evitar alargar su mano para cogerlo y así lo examino, después de sostenerlo un momento, se sintió incómodo y le susurró:
-Es peligroso que tengamos esto.
Ron lo miro sorprendido y tras fruncir el ceño declaró:
-¿Quién eres tú y qué le has hecho a mi amigo?
Poniendo los ojos en blanco y alargando su mano para que Ron cogiera de nuevo el gira-tiempo, pues se sentía extraño al tenerlo, espetó:
-¿De qué hablas?
Ron, cogió el gira-tiempo en sus manos:
-El verdadero Harry, me habría dicho que es genial, que lo utilizásemos.
-El verdadero Harry, ha hecho ya bastantes locuras y algunas de ellas, le han costado demasiado.
El recuerdo de lo del ministerio y lo de Dumbledore, lo golpeó con fuerza y apretó sus puños de forma automática.
-Harry, deberías dejar de culparte por eso.
Resopló Ron jugando con la cadena en una de sus manos y pasando su brazo por los hombros de este.
-No, Ron, debo tenerlo siempre en cuenta, al igual que lo que os ha pasado hoy a vosotros y a Neville.
-Entonces aun no sabes lo de Luna.
Señaló su amigo bajando la mirada, retirando la mano de su hombro y ahora pasando la cadena de una mano a otra con cierto nerviosismo:
-¿Luna?, ¿qué pasa con ella?
¿Acaso la habían atacado a ella también?, ¿qué pretendía ese maldito despreciable?, ¿por qué atacar a Luna y Neville?, entendía que quisiera atacar a Ron y los Weasley, pero ¿por qué a ellos también?
-Su padre está muerto, al igual que el hermano de este.
-¿Cómo es posible?
-La atacaron mientras estaba sola, su padre y su tío llegaron justo cuándo le lanzaban la peor de las maldiciones, su padre se interpuso en está y su tío la saco de allí, la llevo a la sala y con polvos flu la mando a mi casa, al parecer, pensó en mí padre antes que en nadie.
-¿Dónde está ella?
-No ha salido de su cuarto desde que llego hace dos noches, no ha comido nada, y por lo que dice Ginny, no ha dejado de llorar ni un solo minuto, hasta durmiendo se pueden ver lágrimas en sus ojos.
Pudo distinguir un deje de lastima en las palabras de Ron, y él mismo se sintió impotente y furioso consigo mismo:
-Ves, todo es por mi culpa.
-No seas testarudo, no es culpa tuya, es ese maldito desgraciado.
Reprochó Ron apretando el gira-tiempo en su mano derecha.
-Como sea, si no estuvierais a mi lado, no os pasaría todo esto.
-Harry, eso no lo sabes, además, puede que si eso fuera así, ninguno de nosotros estaría con vida hoy.
La voz de Hermione los sorprendió a ambos, tanto él como Ron miraron a la puerta y se la encontraron apoyada contra el marco de la misma, se encontraba con el pijama ya puesto y se abrazaba a sí misma, parecía estar helada, pues la fuerza con la que se abrazaba no era normal, Harry, estaba seguro de que sin duda ella, podría incluso estar provocándose algunas marcas en los brazos.
-¿Cómo abriste?- pregunto Ron escondiendo el gira-tiempo.
-No eres el único que sabe hacer magia Ron.
Sin más señalo con sus ojos la varita que sostenía con una de sus manos, pese a que en otro momento ella, habría puesto una mueca que expresaba que Ron nunca cambiaría, Harry, apreció que está no aparecía:
-Es verdad.
Escuchó que Ron susurraba y enrojeciendo un poco por esa pregunta tan tonta.
-Harry, Ron, mañana tengo que ir a mi casa a por unas cosas, vendré por la noche, Lupin me acompañara.
Y de nuevo ese tono distante y algo frío, ¿qué podía haberle pasado a Hermione?, Harry y Ron se miraron un momento, al parecer su amigo también había notado algo, más borró esa idea de su cabeza, cuándo Ron sonrió sin más y declaró:
-Está bien, no pasa nada.
-Perfecto, entonces yo me voy a la cama a dormir algo, ya nos veremos mañana.
Harry antes de que ella saliera del cuarto, caminó hasta está y la agarró del brazo, para su sorpresa, ella, se soltó rápidamente y le lanzó una mirada cargada de enfado, sorprendido, dio un paso para alejarse de ella y declaró:
-Solo quería decirte, que si no quieres que te acompañemos nosotros.
Ella suavizó su expresión, y formó una sonrisa, una que él nunca antes había visto en ella, negó, seguramente era efecto de la luz:
-No hace falta Harry, además, la señora Weasley me informó que mañana tendréis mucho trabajo por aquí.
Él la miró por unos momentos y ella agregó:
-En serio, no te preocupes, además, ya te dije que Lupin me acompañara, no me sucederá nada, así que no pongas esa cara.
Esa noche Harry, tuvo un extraño sueño, era la primera vez que aparecía esa persona, su cabello castaño y ondulado volando suelto debido al aire, sus ojos acaramelados llenos de furia y rencor, deseosos de venganza, su mirada llena de odio y fría como el hielo.
Y en su mano una varita apuntándolo a él, es como si ella lo quisiera matar con la peor de las maldiciones imperdonables.
En su rostro una herida en una de sus mejillas y levantándose la manga derecha, apareció en su antebrazo la calavera con la serpiente saliendo de su boca y enroscándose en sí misma.
Detrás de ella, con una sonrisa en una boca sin labios, y unos ojos rojos llenos de alegría y victoria, mirándolo a él y a la chica, se encontraba Lord Voldemort.
Su respiración se había detenido al reconocer a la chica, pues se trataba de quién siempre había estado a su lado y lo había apoyado.
De quién le había brindado su ayuda y sus conocimientos sin esperar nada a cambio, sin dudarlo un segundo, de quién había arriesgado su vida por apoyarlo y salvarlo.
La que nunca pensó ver a ese lado:
Hermione.
"OPV"
Ron, se movió incómodo entre las sabanas, hacía ya cosa de un mes que no dormía del todo bien, de hecho, desde que una mañana, llevado por la curiosidad, había decidido ir a la buhardilla de su casa.
Había tenido un sueño muy extraño y decidió comprobar la verdad del mismo, al entrar en el lugar, se acercó a una mesa que había allí, esta estaba rota por una de las patas y se sostenía en pie, solamente porque estaba pegada a la pared.
Miró la misma y se encontró con un montón de polvo y algunos objetos antiguos encima y en el mismo estado, sin duda, estaban completamente olvidados.
Repasó el lugar con cierta curiosidad, sin embargo, no localizó nada que le llamara la atención, sin duda, había sido un sueño nada más, se giró para salir del mismo, y al dar tres pasos sintió que pisaba algo.
Enseguida miró al suelo, había una cadena, se agachó para recogerla y poder verla de más cerca, y se sorprendió al ver que de la misma colgaba un reloj de arena que se encontraba a su vez entre algunos aros.
Él había visto eso antes, y no solo en los libros, si no en manos de Hermione en su tercer año de clase.
Era un gira-tiempo, no obstante, él, creía que esos objetos estaban sumamente controlados, ¿cómo era posible que se encontrara uno en la buhardilla de su casa?, ¿quizás se le podía haber caído a Hermione en alguna ocasión?
Decidió guardarlo y entregárselo a la chica cuando la volviese a ver.
Pero su decisión fue cambiando de a poco, ¿la razón?, debido a sus sueños, en ellos, aparecía Harry, y él mismo, ambos, se encontraban en un lugar que desconocía, y sin embargo le parecía conocido.
-Es el momento de tomarla.
Le decía él a Harry, mientras le entregaba una pequeña botellita, en su primer sueño, no la había identificado bien, pero en el de la noche siguiente, su sentido del gusto pareció advertirle sobre lo que podía ser ese líquido.
Y tomó la decisión de ofrecerle a Harry esa posibilidad, después de todo, sería decisión del chico hacerlo o no.
Por supuesto que primero tantearía el terreno, si lo encontraba receptivo se lo comentaría, si no, callaría y no diría ni una sola palabra.
No obstante, debía prepararlo todo perfectamente.
Despertó antes que Harry y tras ver que se encontraba dormido, Ron, se levantó de su cama, se duchó y vistió, para después correr a la buhardilla, su lugar de trabajo desde que tomó su decisión.
Le había costado relativamente poco conseguir todo lo necesario, Fred y George, habían sido de gran ayuda para ello, y encima no habían hecho demasiadas preguntas al respecto, cosa que agradecía.
Parecían decididos a dejarlo en paz, quizás creyeran que había comenzado a inventar cosas que ellos podrían luego utilizar. Más tontos habían sido ellos.
Revisó que todo estuviese en orden y se preparó para despertar a Harry, ese día sería especial.
"OPV"
Harry, se despertó sobresaltado en cuanto de los labios de ella salieron las dos palabras que se precisaban para conjurar la peor de las maldiciones imperdonables dirigida a él.
A su lado, un Ron muy sonriente, lo estaba despertando totalmente arreglado.
-Venga, ¿no decías que hoy iríamos?
Se llevó una de sus manos hacia la frente y suspirando declaró:
-¿Por qué tantas ganas?
-¿Bromeas?, me has dado una razón para librarme de limpiar, así que muévete rápido, no quiero que mi madre nos impida marcharnos.
-Sí, tienes razón.
Harry, cerró los ojos intentando olvidar la mirada de Hermione, y sin saber por qué, y sin entender lo que pasaba, deseó con todas sus fuerzas ver a Hermione y abrazarla, sentirla a su lado, segura.
Saber que ella seguía mirándolo como siempre lo hacía, con esa sonrisa alegre y su siempre seguridad en sí misma.
Definitivamente debía hablar con Hermione, la actitud de ella del día anterior le había afectado de alguna manera.
-¿Piensas levantarte hoy?
Negó e intentó despejar su mente, eso haría, hablaría con Hermione y averiguaría que le sucedía, ¿podría ser que hubiese sido atacada y nadie lo supiera?
Al cabo de media hora, Harry y Ron, salieron de la casa, tras dar unos pasos, se colocaron la capa de invisibilidad y Harry, los desapareció de allí pensando en la foto que hacía apenas cinco minutos, había visto.
La que él creía que era la casa de sus padres, pues salían ellos dos abrazados mientras que Harry, estaba en medio de ambos saludando a la cámara, que seguramente sería manejada por Sirius o Remus, o incluso Peter.
Ninguno se percató de los ojos que contemplaban desde una de las ventanas su partida, y mucho menos de la sonrisa que adornaba sus labios:
-Ahora pagarás, Harry Potter.
Cuando volvió a abrir los ojos, pudo ver por primera vez la que había sido su casa:
Blanca, con verdín por los lados, dos pisos, un tejado derrumbado, en el piso de arriba, había dos ventanas y unas puertas que daban a un balcón medio destruido, una barandilla de metal completamente oxidada, cortada, que colgaba del mismo. La casa era grande, por fuera no es que se pudiera ver nada en especial, solo una fachada, en la parte de abajo dos ventanas y una puerta, la de entrada, pero está no estaba, Harry, supuso que en la batalla está había desaparecido.
Se adivinaba un jardín en la parte trasera de la misma, y se apreciaban las malas hierbas que habían crecido a lo largo de los años al no ser cortadas.
Ambos contemplaban lo que en una ocasión, hacia ya dieciséis años, había servido de vivienda de Harry y sus padres.
Harry, cogió aire y animándose a sí mismo, se adentró en la casa con cuidado, enseguida escuchó los pasos cuidadosos de Ron tras él, el cuál sin decir nada lo seguía de cerca, lo primero que encontraron fueron los restos de la puerta de entrada, Harry, pudo distinguir algunos cristales de colores, ¿pertenecerían a la puerta o serían de cualquier otro utensilio?
Se fijo en la casa y lo primero que vio fueron las escaleras que subían al segundo piso, a su derecha, una puerta que supuso sería la cocina, y a su izquierda otra puerta, quizás, la del salón.
Dio unos pasos hacia la escalera, pero en uno de sus pasos, sintió que algo crujía bajo su pie, con cuidado levantó el mismo y miró el lugar, se encontró con un trozo de madera alargado, con cierta curiosidad y sintiendo un pequeño cosquilleo en la nuca se agachó, en ese momento comprendió lo que era.
Un trozo de varita.
Alargó la mano hacia el mismo para cogerlo, mientras suponía que tenía que ser la de su padre, pues según las voces que escuchaba siempre que un Dementor estaba cerca, eso era lo que le indicaban, que su padre, murió primero mandando a su madre que escapara con él.
Cogió la varita y la apretó, intentando sentir la presencia de su padre de alguna manera en especial, incluso cerró los ojos, más no notó ni el más leve contacto, la magia que alguna vez había poseído se había extinguido.
¿Por qué la varita de su padre había perdido todo su poder?, ¿podría deberse a todos los años que llevaba abandonada y rota?
Sabía que otros magos podían utilizar las varitas de otras personas, un ejemplo claro, el de Neville, él, hasta el año anterior, había estado utilizando la de su padre.
"OPV"
Ron contemplaba a Harry sin saber muy bien qué hacer, no sabía que podía decirle a su mejor amigo, pues no entendía por lo mal que lo podía estar pasando, y deseaba con todas sus fuerzas no saberlo nunca.
En ese momento solo podía desear no haberlo acompañado, pues era duro ver la casa en la que su amigo solo podía haber vivido un año y unos meses, siempre lo había envidiado en muchas cosas, pero ahora, en ese momento, no lo envidiaba, más bien desearía nunca ser él.
En cierto modo se sintió estúpido y fuera de lugar, quizás deberían haber esperado a que Hermione estuviese libre, ella, era más sensible para esas cosas.
Ella, sin duda, sabría cómo ayudar y apoyar a Harry en ese momento, él, era el divertido, el de las bromas y locas ideas, pero en ese instante, no consideraba que fuera momento para llevar a cavo una de esas dos cosas.
¿Además, qué podía ofrecerle como idea a Harry?
Mientras Ron lo observaba, perdido en sus pensamientos, Harry, dejo salir los suyos:
-Ojala supiera que fue lo que paso esa noche.
Ron, se fijo en cómo se levantaba del suelo y se dirigía hacia las escaleras.
"OPV"
Harry, con paso lento, comenzó a subir uno a uno los escalones, intentando imaginarse cómo habría sido ese nefasto día en el que su destino, fue marcado de una manera tan extrema y dolorosa.
Ron lo siguió hasta la segunda planta, al llegar al final de las escaleras se fijaron en que había tres puertas, Harry, se fue a la que más cerca le quedaba, justo la que se encontraba frente a las escaleras:
Al entrar se quedo un poco extrañado, está tenía una mesa cerca de una ventana, un mapa en la pared, y un montón de libros en las estanterías. Por lo visto esa habitación era un estudio o algo parecido.
Salió de está y se dirigió a la de más a la derecha y en está encontró una cama de matrimonio y dos mesitas, una a cada lado de la cama y por último un tocador con una pequeña butaca al lado.
Harry se fijo bien y vio que ahí había una ventana y en cada mesita reposaba una foto de sus padres juntos.
Se percató de lo mucho que sus padres se quisieron y lo más importante, el amor que parecían procesarle. Salió del mismo y fue al que quedaba, supuso y acertó, que era el suyo, el que él ocupo hasta que Voldemort llegó a su puerta.
Al entrar, se encontró con que la cuna estaba volcada, las mantas estaban por los suelos, y los juguetes también regados por toda la estancia, se acercó un poco más a los juguetes y mientras se agachaba para coger uno, sintió que una lágrima le caía por los ojos.
Nunca antes había visto tantos juguetes, y pensar que todos eran de él, es como si él fuera Dudley para Petunia y Vernon, había juguetes muggles por todas partes y alguno que otro mágico, pues Ron, había comenzado a murmurar y a coger algunos mientras los miraba con anhelo y curiosidad.
De repente se percató de que este había dejado de hablar y murmurar, se giró para mirarlo, y lo encontró con que en sus manos reposaba un trozo de madera, Ron, miró el mismo y luego a él, con cuidado y lentamente le extendió el mismo.
Sin saber por qué, se sintió en cierto modo más nervioso que cuándo había visto la de su padre, con cuidado alargó su propia mano y la rozó con los dedos, más de un momento a otro, la cogió de la mano de su mejor amigo y la apresó con fuerza en su propia mano.
Un cosquilleo lo recorrió, y sin poderlo evitar, a pesar de que lo estaba intentando con todas sus fuerzas, una nueva lágrima escapó de sus ojos.
Queriendo evitar que Ron lo viera, rápidamente agachó su mirada y se limpió la misma con disimulo, seguidamente se puso en pie y se dispuso a marcharse de allí cuanto antes, ¿para qué había ido hasta allí?
Era absurdo, una maldita tontería, no debería haberse empeñado en ver la casa con sus propios ojos, en vislumbrar lo que había perdido.
"OPV"
Ron, se fijo un momento en su mejor amigo y tras pensárselo mucho, cuando vio que bajaban ya hacia la puerta, decidió darle la opción de poder ver qué fue lo que paso ese día, no obstante, le advertiría que si iban era con la condición de que no intervendrían en nada. Su amigo, tenía derecho a saber cómo fue que murieron sus padres, y él tenía en su bolsillo una de las pocas formas de hacer que él pudiera verlo.
Lo vio adentrarse en el salón, ahí encontraron una mesa, con cuatro sillas, una chimenea al fondo, con un cacito colgando de está, en la que supuso tendrían que haber polvos Flu.
En una parte más alejada, había unos cuantos sillones alrededor de una mesa y una televisión.
"OPV"
Harry, sonrió, pues le hubiese gustado ver la cara de su padre al ver una televisión.
Él sabía que era hijo de magos, por lo tanto esas cosas eran nuevas tanto para su padre como para Sirius, se los podía imaginar asombrados, y embobados mirando la tele mientras que su madre, Lily, sonreía ante la actitud de ambos, y Remus igual, y Peter, todavía más alucinado que los otros dos.
Sintió un peso muy fuerte en el pecho, pues se sentía culpable de que eso les hubiese pasado a sus padres, si nunca hubiese nacido, eso no habría pasado, y sus padres, al igual que Sirius y Remus, nunca hubiesen sufrido todo lo que sufrieron, y tal vez, solo tal vez, Peter, nunca se habría unido a Voldemort.
"OPV"
Estaban ya saliendo de la casa, cuándo Ron, se decidió por completo a hablarle.
Agradecía el que Hermione no estuviese allí, pues entonces lo hubiera matado por lo que estaba a punto de proponer a su mejor amigo.
-Harry, espera un momento.
Desconcertado y curioso, se giró al sentir la mano de él, apresarlo por el codo para impedir que se alejara:
-¿Qué sucede?
-Sé una manera de que puedas ver lo que ocurrió ese día.
-¿Qué quieres decir?
Ron tan solo metió una de sus manos en su bolsillo y seguidamente la sacó:-Con esto.- respondió y terminó por abrir la mano y mostró el gira-tiempo, Harry, lo miró durante unos segundos como si lo que estuviese viendo fuese mentira.
-Es el gira-tiempo.
Susurró este aún sin poder creérselo:
-Sí, con esto podemos regresar a esa noche y tú podrás ver qué sucedió exactamente, pero no podemos intervenir en nada. Harry, si hacemos esto, no podemos hacer nada, solo observar nada más.
Además, creo que deberíamos tomar algunas precauciones, llevo mucho tiempo pensando en esto, y tal vez, deberíamos tomarnos esto nada más llegar al lugar.
Recuerda, nada más llegar Harry.
Buscó en su pantalón y sacó dos frasquitos de uno de los bolsillos, al encontrarlos le hizo entrega de uno de ellos a Harry, lo mejor era no decirle que era aún.
"OPV"
Harry, asintió como autómata, y cogió el frasquito que Ron le entregaba, la verdad es que no había escuchado mucho de lo que este le había dicho, su deseo de saber que paso le hizo jurar que no intervendría en absolutamente nada de nada y perderse toda la explicación de su mejor amigo. Las fotografías de sus padres se agolpaban en su cabeza, parecían hacerle pensar que era la mejor idea que se les podía haber ocurrido nunca.
Podría verlos, aunque solo fuera por unos instantes, podría escuchar su voz, verlos hablar, sonreír, y quién sabe qué más cosas.
Se percató de cómo Ron movía nerviosamente el gira-tiempo entre sus dedos y tragó en seco, si lo hacían, él, acababa de prometer que no intervendría, ¿cuánto sería capaz de aguantar sin hacerlo?, ¿Cuánto tardaría en romper esa promesa?
Ron le entrego el gira-tiempo, pues él no sabía muy bien cómo funcionaba, Harry, nervioso y en cierto modo excitado por lo que sucedería en poco tiempo si lo conseguían, cogió la cadena y se la puso a él y a Ron por el cuello, se fijo en el gira-tiempo y vio que este tenía unas inscripciones en los bordes.
En una de ellas decía:
-Para volver en el tiempo, por horas, las vueltas a la derecha.
-Para volver en el tiempo, por días, a la izquierda.
-Para volver en el tiempo, por meses, girar el reloj y el aro a la derecha.
-Para volver en el tiempo, por años, girar el reloj y el aro a la izquierda.
Harry hizo cuentas y comenzó, giro el aro y el reloj a la izquierda quince veces, y después el reloj y el aro a la derecha tres veces y por último el reloj solamente treinta veces.
Harry y Ron, sintieron lo que la vez anterior, Harry y Hermione, habían experimentado. Fueron conscientes de toda la gente que había pasado por el mismo lado en el que ellos se encontraban y cuándo se detuvieron, se encontraron en mitad de una calle abarrotada de gente y al atardecer del 31 de Octubre de 1981.
