2º- 31 De Octubre 1981:

"Pasado"

El día había amanecido agradable y por ello es que había convencido a Lily para que salieran en la tarde a dar un paseo por el pueblo. Había tenido que utilizar toda clase de artimañas para lograr que aceptase, hasta que le ofreció pasar por la que había sido la casa de Dumbledore en su juventud.

Al final eso fue lo que la sedujo, su pelirroja nunca cambiaría, sonrió de medio lado mientras miraba a esta sentada en un banco del parque con un libro entre sus manos, seguidamente miró a Harry el cual le insistía para que bajaran una vez más por el tobogán.

Sonrió contento, le gustaba la faceta de su hijo de la velocidad, claro estaba que si Lily se llegaba a enterar del hechizo que le había lanzado al tobogán, acabaría durmiendo lo más seguro en el sofá durante una semana, pero le encantaba vez la mirada de su hijo ante la velocidad de bajada.

-¿Listo compañero?

Harry sonrió ante su pregunta:

-Chi.

Sin quererlo hacer esperar, se tiro por el mismo con él, ambos rompieron a reír cuando el aire les golpeó en la cara, y cuando llegaron a la parte baja del mismo, Harry comenzó a pedir más.

Se puso en pie y se dispuso a volver a bajar con él, cuando escuchó la llamada de Lily:

-Ya es hora de regresar, Harry debe ducharse.

Frunció el ceño y miró a su hijo:

-No está tan sucio, además, es Halloween, déjalo disfrutar un poco más de su disfraz de Merlín.

-¿Qué no está tan sucio?, ¿has limpiado tus gafas James?

Miró de regreso a su hijo, vale que tenía la cara algo sucia, y que el traje se había manchado algo de barro, pero tampoco era para tanto, todos los niños se manchaban al jugar en el parque.

-Te estás pareciendo cada vez más a tú hermana Petunia.

-Si bien no se puede salvar mucho de ella, me agrada saber que es partidaria de la limpieza, y si no quieres que te obligue a bañarte esta noche con agua fría, nos marcharemos ya a casa.

-Al menos deja que Harry pida caramelos en una o dos casas, unas cuantas chucherías no le harán daño.

-No se te ocurra utilizar a tú hijo para conseguir dulces James Potter.

Soltó un suspiro frustrado y declaró mientras se acercaba a ella:

-Te gustan los dulces tanto como a mí, así que no me vengas con tonterías, además, serán para Harry.

Lily le quitó a Harry de los brazos y se giró, definitivamente ese día no tendría dulces, ¿quedaría algo de chocolate en casa o Remus, se lo habría terminado todo el día anterior?

Juntos tomaron el camino de regreso a casa, de repente recordó el hechizo que había echado en el tobogán e iba a darse la vuelta para deshacerlo, cuando escuchó que Lily decía:

-Pero solamente dos casas James, ni una más.

Sonrió, esa era su mujer, la cogió de la cintura y la besó en los labios, dejando en el olvido el hechizo lanzado al tobogán, lo que provocaría, que muchos niños del pueblo acabaran teniendo pánico a un simple columpio.

Sobre las siete de la tarde, James, Lily y Harry en brazos de esta, volvían a casa contentos de la vida.

James examinaba las bolsas con golosinas variadas que les habían dado en las diferentes casas, mientras que Lily jugaba con Harry en sus brazos, el cual se había cansado de andar, después de todo llevaban desde las cuatro en la calle, y James se había negado a llevar el carro del niño, decía que no soportaba esos chismes.

Al llegar a la calle que daba a su casa, James le entregó las bolsas a Lily mientras intentaba abrir una bolsita de ositos de gominola, cuando se giró y miró al frente se quedó estático en el camino, consiguiendo que Lily chocara contra su espalda y que la bolsita de ositos se abriera de golpe, provocando que varios salieran disparados de esta.

Sus ojos castaños se encontraron con unos ojos verdes que lo dejaron sin respiración, no obstante no le produjeron miedo, más bien curiosidad.

Pero cuando el verlo a él, esos ojos parecieron reconocerlo y se tornaron de sorpresa a miedo, se estremeció, quiso contemplar el rostro al que pertenecían esos ojos, más le fue imposible, pues el dueño echó a correr como alma que lleva el diablo.

Sin hablar con Lily, ni responder a sus múltiples preguntas, tiró la bolsita de gominolas y echó a correr, en ese momento se percató de que había un segundo muchacho con este.

Se sorprendió de los rápidos que eran, pero no había sido un merodeador durante años para dejarse ganar por esos dos, además a sus veintiún años, no podía quejarse de físico y menos con todo lo que habían tenido que vivir hasta el momento.

Dos muggles no podrían con él tan fácilmente.

Algo le gritaba en su interior, que conociera a ese chico, que era importante, que necesitaba hablar con él, aunque solo fuera una vez.

James, corría más rápido de lo que alguna vez había corrido en su vida, o al menos eso era lo que sentía. Su vista de buen jugador de Quidditch, se fijo en un joven que estaba aparcando una moto, su cabello negro azulado rizado, y su jovial sonrisa eran inconfundibles para el joven de cabellos negros alborotados, por lo que contento y creyendo tenerlos acorralados gritó:

-Sirius, cógelos.- el chico de sonrisa jovial, se giro para ver como dos chicos corrían en su dirección.

James pudo ver como fruncía el ceño algo extrañado, se sorprendió al contemplar como uno de ellos conseguía con suma agilidad cambiar de rumbo y esquivar así a Sirius, más el otro no corrió la misma suerte y Sirius lo atrapó.

Pudo ver como este peleaba contra Sirius por soltarse, sin embargo no lo consiguió, cuando llegó hasta ellos, solo se centró en mirar a este a los ojos, más en lugar de un verde esmeralda, lo que encontró fue un azul claro, con desilusión en su interior miró a su alrededor para ver si localizaba al otro:

-¿Dónde está el otro?

Al no verlo los miró de regreso y se encontró con que el chico había dejado de pelear y lo miraba con suma sorpresa, ¿qué le pasaba?:

-Se ha ido por allí.

Sirius le señalo el camino cogido por el otro sin darle importancia:

-Mierda, era ese al que quería coger.

-¿Qué pasa?, Cornamenta.

James se llevó una de sus manos hacia su pelo y se lo revolvió nervioso, eso desconcertó más a Sirius, que no entendía nada de nada:

-No lo sé, necesito hablar con ese chico.- resopló James y después miro a Ron y replicó: -¿No te suena este chico de algo?

-Eso es, que me suena un montón, si supieras que estoy por jurar que es hijo de Molly y Arthur.

Afirmó, y James pudo ver como el chico ponía mirada de póquer, ¿sería familiar de estos?, tal vez podría pedirle a Sirius más tarde que lo averiguara.

-Pero ninguno de sus hijos tiene tanta edad.- razonó James, seguidamente lo miró al pelirrojo con el ceño fruncido y este se sintió nervioso de repente: -¿Quién eres?, ¿qué edad tienes?, ¿qué estabais mirando allí?—el chico miro a ambos con odio.

-Eso no es asunto suyo.

Respondió al fin, y lo vio mirar hacía ambos lados como buscando algo:

-Me parece que no sabes con quién estás hablando.

Le dijo molesto al ver que no parecía querer cooperar:

-Sí, creo que lo sabe, puesto que antes me llamo por mi nombre.

-Fue porque se lo hoy decir a este.- atajó el chico rápidamente señalándolo a él con un dedo.

Sirius, lo miro sin creerse ni una palabra, pues en la carrera que esos dos tenían, era imposible que hubieran escuchado su nombre.

-¿Quién era el chico que estaba contigo?- pregunto sin más, a él sinceramente solo le interesaba el otro chico.

-¿De quién habla?, yo estaba solo.

Expuso sencillamente y haciéndose el desentendido.

-Muy bien, mira, no quería llegar a estos extremos chico, pero nosotros no somos gente normal, tal vez no te gustaría saber lo que somos capaces de hacer.- amenazó Sirius y saco su varita, el pelirrojo, lo miro sorprendido y soltándose de Sirius sonrió y socarronamente declaró:

-Tal vez sois un poco lentos, pues no creo que seáis más raros que yo.- y sacó una varita también.

-Vaya, así que también eres un mago, ese es un paso, ahora si me creería que es familia de Arthur y Molly.- aseguró Sirius mirando al chico con curiosidad para nada disimulada.

-Entonces tú amigo también es un mago.

-Ya le dije, que no sé de quién me habla, yo estaba solo. - he intento salir corriendo hacia uno de los lados, pero tropezó contra una pared invisible y James sonrió y declaró:

-¿No creerías que te íbamos a dejar suelto sin antes haber impedido que pudieras escapar verdad?- y sonrió ante la cara de sorpresa del pelirrojo.

-Maldita sea, como no me ayude las llevo claras.

Murmuró entre dientes, más los otros dos le escucharon y sonrieron de medio lado:

-¿Quién te iba a ayudar?

Los miró molesto, mientras que Sirius se cruzaba de brazos y decía sin más:

-Ese que te acompañaba es un cobarde, te dejo solo ante el peligro, si es tú amigo, yo que tú me buscaría otros, no es de mucha confianza y menos si te abandona sin más.

-Tú no lo conoces, no hables así de él, además, yo sé porque lo hizo, nunca lo entenderíais.

Defendió molesto, más James sonrió ante sus palabras:

-¿No decías que estabas solo?

El chico abrió los ojos sorprendido por su metedura de pata e iba a replicar cuándo Sirius, volvió a decir:

-A mi me parece un cobarde nada más.

"OPV"

Los dos se dieron cuenta de que allí había mucha gente, y que parecían estúpidos, allí, en medio de la calle, delante de un jardín por lo visto abandonado, con una cadena rodeándolos a los dos mirando a todo el mundo.

Ron, rápidamente se quitó la cadena de alrededor de su cuello, y el gira-tiempo golpeó en el pecho de Harry, el cual había girado su cabeza y pudo ver que delante de ellos, la casa había desaparecido, pensó en está y apareció ante él pero no ante Ron que miraba a Harry:

-Es el momento de tomarla Harry.

Destapó su botellita, más al ver que Harry no hacía lo mismo, lo miró y Harry preguntó:

-¿Tú ves la casa?

-No, ¿cómo es posible que tú si la puedas ver?

Harry no sabía la respuesta a esa pregunta, tal vez al haber vivido en ella podía saberlo, quién sabe por qué él si podía verla en esa época, por lo que simplemente se encogió de hombros.

-Venga Harry, tenemos que tomarnos esto, y también sería conveniente que guardásemos el gira-tiempo.

Distraído y sin quitar la mirada de la casa, Harry, se llevó una mano hacia el cuello, apresó la cadena y se la quitó, sin más se lo entregó a Ron, este lo recibió y mientras se lo guardaba en el bolsillo, miró de reojo hacia Harry, el cuál seguía mirando la casa, y pudo percibir el deseo de este por entrar en la misma.

Al verlo así, le quitó la botellita de las manos y se la destapo, le entregó la misma una vez más y declaró:

-Venga bébetela.

-Como me gustaría verlos solo una vez.

Susurró este, entre sorprendido y avergonzado, Ron, retiró la mirada de él y la fijó en uno de los lados de la calle, para quedarse completamente congelado, ¡eso no podía ser! Agarró con fuerza el brazo de su amigo, obligando a este a mirarlo y reclamó:

-Pues se te va a cumplir, Harry, tus padres vienen por ahí, tenemos que escondernos.- hizo que Harry girara y su vista se fijara en los ojos de su padre, que miraba en ese momento hacia la casa, verde esmeralda y castaño se encontraron, Harry, sintió una descarga por todo su cuerpo, y el joven que no tendría más de veintiún años abrió mucho los ojos.

La botellita que había estado sosteniendo cayó al suelo haciéndose añicos, eso ocasiono que Ron lo mirara alarmado:

-No, maldición, debías tomarte eso, ahora todo se complicará.

-Calla y corre.

Harry agarró a Ron del brazo y sin dudar un segundo echaron a correr a todo lo que sus fuerzas daban, aprovechando la oportunidad que se les había presentado.

En su alocada carrera, Harry fue capaz de escuchar a su padre gritar:

-Sirius, cógelos.

Y al ver esos ojos grises enfocarse en ellos, sintió otro tirón en su estomago, y sin avisar a Ron, tomo otro camino y comenzó a correr hacia otro lado, Sirius, en ese momento cogió a Ron y este le propino una patada a la par que el contenido de su propio frasquito caía al suelo, Horrorizado reclamó:

-Suéltame Sirius, tú no lo entiendes.

Sirius lo miro sorprendido, pues no entendía como ese chico conocía su nombre si él no lo había visto en la vida, pero el caso es que le sonaba muchísimo esa cara, ese pelo, esos ojos.

-He dicho que me sueltes maldita sea.

Reclamó el muchacho, Sirius, lo observo con curiosidad, no debía ser mucho más pequeño que él, ¿dieciocho, quizás diecinueve?, no obstante y a pesar de la patada, Sirius no lo soltó.

-¿Dónde está el otro?

Escuchó que decía James al llegar hasta ellos, y Ron se quedó estático al ver de frente al padre de su mejor amigo:

-Se ha ido por allí.

Sirius le señalo el camino cogido por Harry sin darle importancia a esa información, y Ron pudo ver la frustración reflejada en el rostro de James Potter:

-Mierda, era ese al que quería coger.

-¿Qué pasa?, Cornamenta.

Ron vio como se despeinaba el pelo nervioso y notó la preocupación de Sirius ante ese simple gesto:

-No lo sé, necesito hablar con ese chico.- resopló James y después miro hacía él y replicó: -¿No te suena este chico de algo?

-Eso es, que me suena un montón, si supieras que estoy por jurar que es hijo de Molly y Arthur.

Afirmó, Ron, intentó disimular su sorpresa ante la suposición acertada de Sirius, ¿por qué eran tan endemoniadamente inteligentes?

-Pero ninguno de sus hijos tiene tanta edad.- razonó James, seguidamente lo miró a él con el ceño fruncido y este se sintió nervioso de repente, en verdad que Harry y él, se parecían: -¿Quién eres?, ¿qué edad tienes?, ¿qué estabais mirando allí?- Ron miro a ambos con odio, deseando que la tierra se lo tragara, no tenía ni idea de que decir.

-Eso no es asunto suyo.

Respondió al fin, deseando que lo dejaran libre y poder reunirse con Harry, aunque la verdad es que no tenía la menor idea de donde se había metido:

-Me parece que no sabes con quién estás hablando.

Escuchó que decía James Potter:

-Sí, creo que lo sabe, puesto que antes me llamó por mi nombre.

-Fue porque se lo hoy decir a este.- atajó Ron rápidamente señalando a James con un dedo.

Sirius, lo miro sin creerse ni una palabra.

-¿Quién era el chico que estaba contigo?- pregunto James sin más, para Ron era evidente que a este solo le interesaba saber de Harry y ya, eso le provocó deseos de sonreír tristemente ante la ironía, más se contuvo a tiempo.

-¿De quién habla?, yo estaba solo.

Expuso sencillamente y haciéndose el desentendido.

-Muy bien, mira, no quería llegar a estos extremos chico, pero nosotros no somos gente normal, tal vez no te gustaría saber lo que somos capaces de hacer.- amenazó Sirius y saco su varita, Ron, lo miro sorprendido y soltándose de Sirius y sonriendo socarronamente alegó:

-Tal vez sois un poco lentos, pues no creo que seáis más raros que yo.- y sacó su propia varita.

-Vaya, así que también eres un mago, ese es un paso, ahora si me creería que es familia de Arthur y Molly.- aseguró Sirius mirándolo con curiosidad para nada disimulada.

-Entonces tú amigo también es un mago.

-Ya le dije, que no sé de quién me habla, yo estaba solo. – le contestó de mala manera, y aprovechó para intentar salir corriendo hacia uno de los lados, pero tropezó contra una pared invisible y James sonrió y declaró:

-¿No creerías que te íbamos a dejar suelto sin antes haber impedido que pudieras escapar verdad?- y sonrió aún más ante la cara de sorpresa de Ron.

-Maldita sea, como no me ayude las llevo claras.

Murmuró entre dientes, más los otros dos le escucharon y sonrieron de medio lado:

-¿Quién te iba a ayudar?

Ron, los miró molesto, mientras que Sirius se cruzaba de brazos y decía sin más:

-Ese que te acompañaba es un cobarde, te dejo solo ante el peligro, si es tú amigo, yo que tú me buscaría otros, no es de mucha confianza y menos si te abandona sin más.

-Tú no lo conoces, no hables así de él, además yo sé porque lo hizo, nunca lo entenderíais.

Defendió Ron molesto, más James sonrió ante sus palabras:

-¿No decías que estabas solo?

Ron abrió los ojos sorprendido por su metedura de pata e iba a replicar cuándo Sirius volvió a decir:

-A mi me parece un cobarde nada más.

Mientras Ron apretaba sus puños furioso y dispuesto a decirle unas cuantas cosas a Sirius, detrás de unos arbustos, Harry, estaba pensando en cómo hacer para sacar a Ron de ese lío, y a la vez que a él no lo descubrieran.

Se fijo en la calle y vio a un niño que llevaba una máscara puesta, sin pensar en las consecuencias que eso podría tener, invoco con un hechizo la máscara y se la coloco.

Sacó su varita y se fijo en las dos personas que tenían a Ron apresado en un campo mágico, más le valía acordarse de todo lo aprendido en Hogwarts y en los libros que había leído.

Respiro hondo y salió de su escondite justo cuándo lo estaban llamando cobarde, iban a ver lo cobarde que era.

-Destriun mobilu. —Ron, al escuchar su voz fijo su vista en él y sonrió, apuntó a Sirius y:

-Talantaledra. —Sirius, no pudo esquivar el hechizo y Ron echó a correr al lado de Harry, mientras que James miraba a ambos sorprendido por como el chico que estaba delante de él, había deshecho su campo anti-escape.

-Vaya, veo que no sois de fiar, necesitas una máscara para enfrentarte a mí.-escupió James, mientras miraba a Harry, que llevaba en su rostro una máscara de Halloween, la verdad es que eso pareció enfadarle sobremanera, deseaba ver bien ese rostro, y sin embargo, ahora que salía de su escondite, lo hacía cubriéndose.

-Podrías haber elegido una al menos que te favoreciera, aunque tal vez tú cara sea así de fea.- provocó Sirius después de deshacer el hechizo que Ron le había lanzado.

-Será mejor que nos larguemos de aquí ya.

Expresó Harry intentando por todos los medios ignorarlos a ambos, cosa bastante difícil de conseguir:

-Sí, pues ya me dirás como, estos no nos van a dejar hasta que no hablemos con ellos.

-Y yo que sé.

-Oye, son tú padre y tú padrino, deberías de conocerlos algo.

Reprochó Ron de forma inconsciente:

-Sí, como tuve tanto tiempo.

Había enfado en su voz y Ron se sintió culpable y susurró una disculpa:

-Perdón.

-No os despistéis o será peor. —James los hizo volver a mirarlo, y Harry y Ron, vieron que James estaba delante de Harry y Sirius, delante de Ron, los dos apuntándolos con sus varitas.

-Genial.

Replicó asqueado por la situación Harry:

-Sí, esto cada vez es mejor, si Hermione estuviera aquí nos mataría.

-Di mejor que no estaríamos aquí.

Aportó Harry, pues estaba seguro de que su mejor amiga, no le habría permitido ir a ese lugar, por eso de los riesgos y demás, cosa que en ese momento entendía a la perfección, ¿cómo iban a salir de esa?

-Eso es cierto, pero lo mejor es que nos larguemos cuanto antes.

-¿Tienes alguna idea?, acepto sugerencias.- apuntó Harry sarcásticamente.

-Solo una, y es largarnos de aquí y de ahora.

-Es decir, utilizar a nuestro amigo.- sentenció Harry y la verdad es que esa era la única manera factible de que ni James ni Sirius los vencieran y los obligaran a hablar.

-Ya, pero lo malo es que no nos van a dejar tiempo para que lo utilicemos.

Comprendió Harry al ver la mirada que su padre y Sirius intercambiaban:

-Ya, pues nada, lo primero será librarnos de ellos.

-Sí, espero que esto no traiga consecuencias.

-Solo una, que Sirius no me tendrá tanto aprecio cuándo nos conozcamos.

Suspiró Ron en bajo, solo para que Harry lo oyera, eso ocasionó una pequeña sonrisa en el rostro de Harry.

-Si no hay más remedio, haya vamos, tú, Sirius, yo, James. —dijo sencillamente Harry y se fijo en su padre.

-Querrás decir que tú, de tú…

-Quise decir lo que dije,- dicho esto, volvió su mirada a James y encogiéndose de hombros declaró para que este lo oyera:-¿Estás listo?, no habrá tregua en está ocasión.- levantó su varita a la vez que Ron y apuntó a su padre, tenía que ser lo más rápido que pudiese, pues no podía hacer daño a su padre o algo podría cambiar.

-Si serás valiente y todo, pero para mí siempre serás un cobarde por ocultar tú rostro.

-Me da exactamente igual lo que digas.- expresó Harry fríamente.

Y así comenzaron a lanzarse hechizos, Harry y Ron eran rápidos, pero James y Sirius también lo eran, así que era algo muy igualado, y eso a Sirius y James les extrañaba porque ellos eran mayores que esos chicos como mínimo por dos años, y sin embargo, eran casi igual de buenos que ellos.

Harry se apartó justo a tiempo, cuándo un rayo de James iba directo a su máscara, estaban tan metidos en su enfrentamiento que no se dieron cuenta de una joven de la misma edad de Sirius y James los estaba observando y estaba esperando la oportunidad adecuada para actuar, y cuándo el chico de la máscara cayó al suelo, creyó que esa era la mejor oportunidad que encontraría.

-Accio Mascara.- Harry se quedo helado cuándo la máscara le fue arrebatada de la cara sin poder hacer nada, bajo su mirada al instante, y en ese momento James, lo atacó, pero contrario a lo que habría esperado, Harry, levanto su vista dejando ver de nuevo sus ojos de color verde esmeralda, unos segundos antes de agarrar a Ron y desaparecerse de ese lugar sin que James, Sirius, o Lily, pudieran reaccionar a tiempo para impedírselo.

-¿Qué fue eso?- pregunto Lily sosteniendo la máscara en su mano.

-No lo sé, pero eran endemoniadamente buenos en esto de los duelos.- sentenció Sirius, y James todavía seguía con la vista fija en donde esos ojos verdes se habían despedido de él, porque por extraño que le pareciese, esos ojos le estaban diciendo adiós para siempre.

Lily se acercó a James y le preguntó:

-¿Qué te pasa?, ¿por qué los seguiste?

-Ese chico, el de la máscara, necesitaba saber quién era.

-Lo mejor es que regresemos a casa.

Ofreció Lily, extrañada por la reacción de James y preguntándose que podría pasarle a este exactamente:

-Si.- pero de los tres, hubo uno que decidió no volver a la casa con la pareja, pues por lo que podía haber visto, ese chico era perturbadoramente parecido a James, y algo le intrigaba demasiado.

-Chicos, yo tengo que marcharme, ya os veré luego.- y sin decir nada más cogió su moto y se fue del lugar, pero contrarió a donde se tenía que haber dirigido, el destino cambió su rumbo para buscar por cielo y tierra a ese joven tan parecido a su mejor amigo, olvidándose por completo que él había ido hasta allí, porque tenía una vaga sospecha de que su amigo era el verdadero espía de Voldemort, y había ido para comprobar que ellos estuvieran bien, con la intención de ir a buscar a Peter después a su casa.

James y Lily, junto con el pequeño Harry, según marcaba su destino, volvieron a casa, pero una pequeña línea de este ya se había cambiado, pues ahora James solo se preguntaba quién demonios era ese chico de ojos idénticos a Lily y a su Harry.

Harry y Ron, por su parte, reaparecieron escondidos en unos arbustos cerca de la casa, ambos con la respiración acelerada y con el corazón latiéndoles a cien por hora, ¿cómo habían podido ser tan estúpidos de ir a ese lugar?, debían regresar, más tras mirarse uno a otro, decidieron esconderse allí para poder ver lo que sería la última noche de los padres de Harry.

Pasaron allí escondidos cerca de cuatro horas sin que pasara nada, comentando lo que había pasado, y las consecuencias que esto podría tener y decidieron que dentro de lo que cabía, no podían haber hecho gran cosa.

Estaban pensando en eso, cuándo comenzaron a sentir un frío congelador, y Harry, escucho los gritos tan frecuentes de sus padres, solo que ahora también estaban los gritos de él mismo llamando a Sirius.

-Dementores.- pudo decir mientras sacaba su varita y escuchaba todas esas voces en su cabeza.

-Mierda, yo no sabía que ellos habían estado presentes esta noche.

-La verdad es que nadie sabe que paso con exactitud.

De repente una punzada de dolor le atravesó la frente y se llevó una mano hacia la misma, ¿cómo era posible que en ese tiempo le doliera de igual manera que siempre o incluso más?

-Voldemort está cerca. —avisó de forma entrecortada, ya que entre los Dementores y la cicatriz estaba mareándose mucho.

De repente, los Dementores fueron desapareciendo, y por una de las calles salió una alta figura encapuchada y envuelta en una capa negra.

Harry, sentía que su cicatriz quemaba mucho, pero no se permitió cerrar los ojos. El hombre se paro delante de la puerta de la casa y sonriendo susurró:

-Ya llego la hora, Potter, estos serán tus últimos minutos de vida.- sacó la varita de su manga y apuntando a la puerta susurró: -Bombarda.- la explosión se escucho increíblemente poco, al menos desde la distancia de ellos, pero por lo visto dentro de la casa fue oída muy bien, pues cuándo Harry y Ron con mucho cuidado se acercaron a la casa, escucharon la voz de James gritar:

-¡Lily, coge a Harry y vete! ¡Es él! ¡Vete! ¡Corre!, Yo lo detendré.- Harry pudo distinguir el terror en la voz de su padre, y contempló, como este sacaba su varita y apuntaba a Voldemort, mientras que el encapuchado reía sin parar ante la osadía de este.

-Eres muy poca cosa contra mí Potter, podría matarte con un solo dedo, pero sin embargo, te daré una salida, entrégame a tú hijo y no te mataré.

-Estás loco si piensas que voy a hacer eso. —espetó James y lanzó un hechizo.

-No podrás conmigo, Potter, acabas de decidir tú destino y es la muerte.

-No me importa si ellos se salvan.

-Que estupidez, lo único importante es tú vida, por pensar en los demás es que vas a morir.- lanzó un hechizo, y Harry pudo ver como su padre formaba un escudo que a duras penas pudo evitar el hechizo de Voldemort.

Harry y Ron se fijaban en todo sin moverse por miedo a ser descubiertos, Harry, se sentía mareado y mal, pues su padre estaba recibiendo una paliza de Voldemort.

-Jajajaja;- la risa siseante que tanto conocía resonó en el lugar haciendo que su sangre hirviera en cierto modo: -ya te lo dije Potter, no eres nada para mí, ¿y de que te ha servido esto?, de nada, pues nunca podrán esconderse de mí.- Levanto la varita y comenzó a formular las palabras que acabarían con la vida de James.

Estaba él despidiéndose de Lily y su pequeño Harry con el pensamiento, cuándo de la nada, una melena azabache se interpuso en la vista de James y unos ojos verdes llenos de odio se enfrentaron a los en ese tiempo, negros, de su mayor enemigo.

Ron, estaba alucinando, su amigo había jurado no intervenir y ahí estaba, metiéndose donde no lo llamaban, esa definitivamente no había sido su mejor idea.

¿Qué demonios se suponía que estaba haciendo?, ¿cómo se le ocurría meterse?, ¿por qué no lo había atado con un maldito hechizo?, seguramente si hubiese hecho eso, en ese momento, no se encontrarían en la situación en la que ahora se encontraban, ¿qué consecuencias traería eso?, ¿y qué debía hacer él?

"OPV"

Una noche oscura, llena de cosas tenebrosas era lo que se auguraba, una noche que todos recordarían en el mundo mágico o hubiesen recordado; el 31 de octubre de 1981, la noche de Halloween en que Harry Potter, se convertiría en el niño que sobrevivió y el conocido señor tenebroso caería.

En el despacho del director de Hogwarts, un hombre de cabello grisáceo, y una larga barba, se encontraba con ambas manos entrelazadas y con expresión preocupada, no creía que Sirius Black hubiese sido una de las mejores opciones para ser el guardián de los Potter, y ese informe que ahora leía, en el que rezaba que Sirius Black había desaparecido de su casa, y que nadie lo había visto en las últimas cuatro horas, (o eso creían, pues no habían ido a comprobar si se encontraba con los Potter o no), lo hacía preocuparse aún más.

Tenía un mal presentimiento de que algo iba a pasar esa noche y rogaba porque no fuera lo que él creía, pues desde que Voldemort había decidido que el joven Potter fuera su objetivo, él, había estado informado de todo lo que se podía estar informado, por uno de los más leales a Voldemort, o al menos eso pensaba Voldemort.

Ese chico había sido una gran ayuda a la hora de ocultar a los Potter, fue él el que le aviso de que ellos eran su blanco, y el que le advirtió que uno de los amigos más cercano a los Potter era el espía.

Su fiel amigo no sabía de cuál de los tres se trataba, Dumbledore, se había encargado de llevar un riguroso control sobre esos tres, y de Remus Lupin, no tenía ninguna duda, era leal a los Potter y daría su vida por ellos.

De Sirius Black se podría decir lo mismo si no fuera por sus extrañas desapariciones, y la familia a la que pertenecía, pues aunque él no juzgaba a la gente por los de su alrededor, eso le carcomía por dentro, esa familia siempre había seguido los credenciales de Voldemort, sin ir más lejos, el hermano de Sirius, se había unido a su causa y había sido recibido como un héroe entre su familia.

También estaba consciente de que ese muchacho había sido repudiado por su familia a la edad de diecisiete años, y se había ido a vivir con los Potter.

Le costaba creer que podría haber traicionado a James Potter, se había recriminado una y mil veces por pensar mal de él, sobre todo cuándo lo veía con James y con Harry, pues el chico parecía adorar al pequeño como si fuera suyo propio.

Por otro lado estaba Peter Pettigriw, siempre se había preguntado como un chico así había acabado al lado de los más alborotadores de Hogwarts, bueno eso también se lo había preguntado del buenazo de Remus, pero dentro de lo que cabía, ese chico no entraba en el canon de los merodeadores, no era uno de los más listos, ni tampoco es que fuera guapo, más bien le parecía un poco oportunista, y que se unía al más fuerte.

Rogaba porque eso no fuera así, aunque si tuviera que apostar apostaría por Peter, más que por Sirius, y eso en parte le tranquilizaba, pues eso quería decir que Sirius no vendería a los Potter tan fácilmente.

Se encontraba tan centrado en sus pensamientos que se sobresaltó al percatarse de un pequeño cambio en el lugar, al principio no pudo detectar de que se trataba, hasta que al final lo localizó:

Se levantó rápidamente del cómodo sillón que ocupaba y abrió el mueble donde se encontraba infinidad de sus pertenencias, desde las cosas más útiles hasta las más inútiles.

Una vez sacado del mismo se encontró observando un extraño objeto, adquirido hacia unos años en una de sus expediciones cuándo era más joven.

Era un reloj de arena de tamaño considerable, se suponía que como todo reloj de arena está tenía que caer de arriba abajo, y así había sido desde que lo tenía pero sin embargo, ahora era diferente.

La arena antes de un color amarillento como toda arena de la playa, ahora era roja y además brillaba intensamente, eso le había extrañado mucho, pues aunque hacía mucho tiempo que poseía ese reloj, nunca antes había brillado de esa forma, no había hecho lo que ahora sus ojos estaban viendo.

La arena del reloj además de haber cambiado de color, en lugar de caer de arriba abajo, está volvía a la parte superior a una velocidad de vértigo. Para una persona como Albus Dumbledore que había visto infinidad de cosas extrañas, eso no era muy raro, pero aun así le parecía inusual.

Se fijo bien en el reloj intentando averiguar qué era lo que le quería trasmitir, su mirada reposaba en este sin ser capaz de descifrar lo que ese instrumento le estaba diciendo, pues era algo sin sentido, de repente la arena volvió a cambiar de color, ahora a un verde intenso y la arena comenzó a subir de una manera un poco más moderada, pero aun así iba rápido.

Fijo su vista en la inscripción de abajo donde rezaba el siguiente texto:

"El tiempo, el destino impredecible, viene, se va, pero nunca ha de volver, siempre en un sentido, nunca has de alterar"

Eso estaba más que claro, que el tiempo y el destino iban juntos y que no se podían alterar, pero él no había hecho nada para que eso se pusiera en funcionamiento, por hacer no había ni tocado su gira-tiempo que reposaba en uno de los cajones, sabía que viajar en el tiempo era peligroso y que además traía consecuencias graves.

Que él supiera, nadie más tenía un gira-tiempo, ni Voldemort, y además, ¿por qué él querría volver el tiempo hacia atrás si le iba de maravilla en ese?

Dumbledore, estaba pensando en eso y en un montón de posibilidades, cuándo sintió de nuevo que la luz volvía a cambiar, ahora era morada, y volvía a bajar la rapidez de la arena.

Estaba pensando en un sin fin de hipótesis como siempre hacia, hasta había pensado, que tal vez, estuviese estropeado, pero eso era imposible, pues no se había dado ningún golpe, ni le veía nada roto al objeto.

También pensó que tal vez cada x tiempo ese aparato se pusiera en movimiento por sí solo, pero eso era una hipótesis muy poco consistente al igual que la anterior.

Se volvió a fijar en la inscripción y se llevo una sorpresa cuándo sus ojos detectaron que está había cambiado y que la frase de antes no tenía nada que ver con la que rezaba.

Se acercó para poder leerla mejor, pues esa luz que desprendía ahora era más cegadora y para sus ojos ya cansados por la edad y lo tarde que era, no enfocaban muy bien desde lejos.

Cuándo consiguió enfocar su vista leyó:

"Tiempo y destino, los dos alterados, algo antiguo por algo nuevo."

Dumbledore cerró los ojos mientras se separaba de ese artefacto que estaba empezando a odiar, pues podría ser más claro y decirle si lo que él creía era lo que estaba pasando o no.

Pero no, el dichoso chisme no dejaba de lanzar luces de todos los colores, de quitar arena de abajo y ponerla arriba y de dejarle mensajes que no le aclaraban si estaba en lo cierto o no. Su semblante, siempre calmado, mostraba un poco de desconcierto y sobre todo enfado.

Y de repente, otra vez la luz cambio, ahora era rosada y la arena volvía a disminuir su velocidad, Dumbledore, se fijo en la inscripción y una vez más está había cambiado, ahora a una frase más corta pero mucho más concisa y que dejaba claro lo que ese instrumento en apariencia inservible, solo para marcar el tiempo, estaba queriendo trasmitir a su observador desde el principio.

Dumbledore se levanto de su escritorio y cogiendo su capa de viaje salió de su despacho como un vendaval para dirigirse a donde pudiera estar pasando algo que fuese extraño. Más no llego muy lejos, pues una pluma de Fénix lo alertó del lugar al que tenía que ir sin demora, pues Fawkes, había sido mandado a casa de los Potter a vigilar que estos estuviesen bien y esa pluma indicaba que algo iba mal, tenía que ir allí cuanto antes y la manera más rápida eran los polvos Flu.

-Valle de Godrig, taberna Dragón.- lanzó los polvos y el anciano desapareció de su despacho envuelto en una llama verde, dejando atrás una cantidad de polvo y de cenizas, más una humareda verde.

Y las sospechas de ese anciano quedaron para su mala suerte acertadas, pues la inscripción decía:

"El tiempo ha sido alterado el destino cambiado, el que esto ha provocado, será castigado."

"OPV"

Una noche sin Luna, ideal para alguien que con luna llena se convierte en algo que odia.

Un joven de cabellos castaños tirando a rubios y ojos dorados, paseaba por las calles de su pueblo, desde hacia un tiempo sospechaba que su amigo Sirius era el traidor, y eso le hacía sentirse mal, pues no debería de dudar de uno de sus mejores amigos, ese no era el comportamiento de un amigo de verdad, si lo fuera, al menos hablaría de frente con él y le diría lo que pensaba.

Pero el caso es que siempre que había ido a buscarlo para que hablaran, habían acabado discutiendo, al parecer su amistad no era tan buena como ellos creían, ni tan fuerte, ahora mismo lo único que los mantenía unidos era su punto en común, los Potter.

Tenía pensado ir a ver a los Potter esa noche, pero al final no pudo ir, pues había estado buscando a Peter por todas partes y no lo había encontrado, eso era muy raro, pues el chico siempre estaba donde se le pudiera encontrar pero de una semana hacia ese día, no había visto al chico más de una vez.

Había ido a ver a James, Harry, Sirius y Lily el día anterior y al salir de la casa junto con Sirius, habían acabado una vez más peleando, delante de James y Lily fingían muy bien que eran igual que siempre, pero por detrás, siempre buscaban la manera de acusarse el uno al otro porque ninguno se fiaba de la lealtad del otro.

Esa noche estaba paseando y pensando en que tal vez, estaba siendo demasiado injusto con su amigo y tal vez, en realidad se estaba dejando llevar por ese sentimiento que no quería admitir. Porque por mucho que supiera que eso sería así, le había dolido que James no le hubiera tenido en consideración a la hora de elegir padrino para Harry. Sino que nada más saber de la noticia de que iba a ser padre, miro a Sirius contento y le comentó que entre los dos lo harían un gran merodeador, y que entre su padre y su padrino lo harían el mejor en Quidditch.

No lo tuvieron en mente para nada, ni a Peter tampoco, a los dos los excluyeron de los proyectos que concernían a Harry. Y eso le había dolido, sí y mucho, pero nunca sería capaz de traicionar a Lily y James por ese motivo, el quería a Harry tanto como James y Sirius pudieran quererlo, y estaba dispuesto a dar su vida para salvar a ese pequeño de las garras de ese maldito y de todo aquel que quisiera hacerle daño.

Fijo su vista en el cielo para poderlo contemplar una vez más, cuándo estaba viendo las estrellas algo llamo su atención, reconocería esa moto en el mismísimo infierno, esa era la moto de Sirius.

Sirius, estaba sobrevolando todo ese barrio buscando por todas partes a ese joven que antes había visto, tenía un presentimiento, y sentía que el aire le faltaba, sospechaba que se le había olvidado hacer algo importante pero el ver a ese joven tan parecido a James, y luchando de esa manera tan buena, algo le había impulsado a olvidarse de todo y a buscarlo, averiguar quién era, y a saber lo máximo posible de él.

Ahora mismo estaba sobrevolando el barrio donde vivía uno de sus mejores amigos, bueno por decirle de alguna manera, pues la verdad es que hacia un tiempo que no lo consideraba así.

Sus peleas cada vez iban a más y estaba completamente seguro de que él era el que tenía razón y que era Remus el espía, aunque desde que habían nombrado a Peter guardián de James, Lily y Harry, no podía haber conciliado el sueño ni una sola noche, pues algo le decía que estaba equivocado y que no era Remus el espía, pero como buen Black, era un cabezota y no quería reconocer que se había equivocado y mucho menos, darle la razón a él.

Su vista se topo con la mirada de su amigo desde Hogwarts, y en ese mismo momento algo les recorrió por todo el cuerpo, una extraña sensación de que algo iba mal, algo estaba pasando, algo que no debería de estar pasando.

Y las dos mentes llegaron a la misma conclusión y ambos amigos dijeron a la vez:

-James. —Sirius, giro en el aire con su moto y Remus, cerró los ojos para aparecerse cerca del lugar, al menos él podría llegar a tiempo para impedir lo que fuera que estuviese pasando.

"OPV"

En una casa que no debería de verse, un hombre encapuchado, con ojos negros como la noche, llenos de sorpresa y de incertidumbre, un joven de no más de diecisiete años, de ojos verdes y mirada llena de odio, y otro joven idéntico, de mayor edad, con ojos color castaños y mirando con sorpresa al recién llegado, estaban siendo observados por otro de diecisiete años de cabello pelirrojo y ojos azules, pensando en lo que esto podría ocasionar en su tiempo, pues los dos más jóvenes, provenían del futuro.

-Pero, ¿quién demonios eres tú?

Reclamó Voldemort sin apartar su vista de Harry:

-Tú peor pesadilla, James, lárgate de aquí, coge a Lily y a Harry y huid ya.- espetó este sin mirar a su padre.

-Pero que…

-Que te largues. —Ron, había tomado su decisión y enfadado por lo que estaban a punto de hacer, se colocó al lado de Harry y fulminó a James con la mirada intentando que reaccionase.

-Al final has venido.

-Me prometiste no intervenir.

-Lo siento, pero tienes que entender…

-Tranquilo, además, no creo que este sea mucho peor que el otro ¿no?- aportó Ron sonriendo de medio lado y guiñando un ojo a su amigo, mientras que su varita se alzaba apuntando a Voldemort.

James, no supo cómo reaccionar, solo encontró una manera y fue hacer lo que esos dos le decían, cogió su varita y se levanto al momento en que escuchaba como Harry decía su primer hechizo.

-Talantaledra. —grito Harry, mientras que Ron lanzaba otro hechizo, James les hecho un último vistazo y corrió escaleras arriba para reunirse con Lily y Harry.

-Tenemos que largarnos de aquí.

-James, estás bien.

El alivio en la voz de Lily lo hizo sentirse en cierto modo reconfortado:

-Sí, venga corre.

-Pero, ¿y él?

-Los jóvenes de antes se están enfrentando a él.

-¿Cómo es posible?, son más jóvenes que nosotros. —expuso está recordando a los dos chicos y por instinto abrazo a su pequeño Harry.

-No sé, me han dicho que me largue de allí, y que me fuese con vosotros dos de esta casa.- expresó James y busco en la habitación algo para transformar en un trasladador, estaba a punto de hacer el hechizo cuándo escucho un grito desde abajo y sintió que parte de él se iba al escucharlo, sus ojos de forma casi automática se posaron en el niño que Lily sostenía en sus brazos.

Unos ojos verdes esmeralda le devolvieron la mirada y fijo su vista en la melena del chico, idéntica a la suya, igualita a la del chico que estaba abajo enfrentándose a Voldemort.

-James.- escucho el susurro de la voz de Lily y salió de su trance, agarro con fuerza el objeto y grito:

-Port

-Impedimenta.- James y Lily salieron disparados contra una de las paredes, quedando James inconsciente, y Lily aun abrazada a Harry, también había perdido el sentido.

Harry lloraba sin parar llamando a su madre sin recibir respuesta de está.

Fuera de la casa, un Remus Lupin asustado, veía como dos jóvenes que no había visto en su vida, pero que a la vez le resultaban aterradoramente conocidos, estaban enfrascados en un duelo con el peor de todos los magos, y lo extraño es que el chico que le recordaba a James, era increíblemente bueno.

Era mucho más rápido que el otro chico, y estaba luchando de una manera increíble, sino fuera porque estaba seguro, juraría que ese chico era James, pero además de ser más joven que su amigo, sus ojos no eran los de James, además de que su nariz era un poco más pequeña que la de su amigo y contaba con un físico más delgado, pero el resto de sus rasgos, eran idénticos a los de James, esa sonrisa de autosuficiencia, esa mirada de odio, idéntica a la que James le lanzaba a Snape en el colegio, pero en su mirada, en sus ojos, se adivinaba sufrimiento, y ganas de ser feliz.

Sintió algo en su interior que le gritaba que ese chico era importante, muy importante para él, algo en él le recordaba a Lily, sus ojos eran del mismo color.

Sin pensárselo dos veces, al ver caer al chico contra las escaleras y a Voldemort reír victorioso, corrió a todo lo que sus piernas le dieron y llego al lugar en el momento en el que el chico pelirrojo se estaba levantando y acercándose a Harry.

-Despierta amigo, o sino esto no habrá servido de nada.

-¿Estáis bien?- pregunto Remus entrando en la casa.

-Profesor Lupin. —se sorprendió Ron, mirando al recién llegado.

-¿Profesor?, creo que me confundes, yo no soy ni he sido profesor. -expuso Remus mientras se agachaba para ver que tal estaba Harry.

Se acercó, estaba mirando al chico y juraría que era James a la edad de diecisiete años.

-Pero si es James.

-Cerca pero no.- aportó Ron sin pensar, mientras intentaba despertarlo.

-¿Cómo has dicho?- en ese momento el chico idéntico a James abrió sus ojos y Remus los pudo ver mejor y sin duda alguna eran los de Lily y Harry, ¡un momento Harry!, si tuviera esa edad, sería más o menos así, pero eso era imposible.

-¿Dónde está Voldemort?- reprochó el chico de cabellos azabaches mirando a su amigo.

-Está arriba.

-¿Y qué haces tú aquí abajo?- pregunto, se levanto y corrió hacia arriba.

El chico pelirrojo lo siguió y Remus hizo lo propio, seguro de que ese chico era Harry pero a la vez dudando.

Al llegar al piso de arriba, Harry, corrió a su cuarto y vio como Voldemort lanzaba un impedimenta y como sus padres salían despedidos contra la pared y ninguno de los dos se movía.

Voldemort, levantó la varita y a punto a su yo más joven y él sintió miedo pues tal vez había cambiado la historia, pero a favor de Voldemort, pues sus padres al parecer no estaban muertos pues respiraban, pero él estaba solo e indefenso ante Voldemort, con un solo año de edad y sin varita ni conocimientos de magia.

Sin el sacrificio de su madre, él, moriría y la profecía se terminaría, ya nadie podría salvar al mundo mágico, pero al menos sus padres estarían con sus amigos y bien, aunque sin él, pero su propósito era salvarlos a ellos no a él mismo.

Voldemort, levanto su varita y apuntó al pequeño, justo cuando Remus aparecía y lanzaba un hechizo contra Voldemort, este se giró y a su vez lanzó un hechizo contra Remus, pero sin saber el motivo, fue desviado y dio a Harry quien cayó inconsciente al suelo, Ron, corrió a su lado mientras que Remus corría al lado del Harry de un año de edad.

-Bueno maldito niño, no sé en qué mundo tú podrías ser una molestia para mí, pero de todas formas veremos qué tal te va ahora.

Avada Kedabra.