3º- Regreso al futuro.
"Pasado"
En la casa más protegida del valle Godrig, había de todo menos tranquilidad, las cosas habían quedado un tanto desastrosas, y en la casa estaba todo en un silencio increíblemente insoportable.
Un anciano con su capa de viaje, estaba apostado en la entrada de la casa, justo cuándo iba a entrar en está, escucho un fuerte ruido de un motor de motocicleta, se giro para mirar al recién llegado y fijo su vista en unos ojos grises llenos de temor ante lo que estaba viendo.
Al final Peter, los había traicionado, esa maldita rata era en verdad el traidor y él dudando de Remus, de su amigo Remus.
Un grito desgarrador se escucho en ese preciso momento y un resplandor verde salió del cuarto del pequeño Harry.
Una risa odiosa, inconfundible, se escucho y los dos hombres que lo escucharon, tanto el joven como el anciano, corrieron a la puerta y subieron las escaleras.
En esa escena que en un futuro anterior debería de haber estado un cuerpo en el suelo con el rostro encogido por el terror y su cuerpo en una posición terrorífica, (por haber recibido la peor de las maldiciones imperdonables), estaba solo la puerta hecha pedazos y algunos muebles destrozados.
Al subir las escaleras y llegar al piso de arriba, los dos hombres fueron impulsados hacia atrás, mientras un grito de frustración era escuchado por los presentes. Una inmensa nube de humo envolvió esa habitación y solo se podía escuchar el llanto de un niño pequeño.
Albus Dumbledore se levanto ágilmente seguido por Sirius Black y ambos corrieron a adentrarse en esa espesa niebla, en su camino, Sirius, diviso a los dos chicos que había estado buscando, pero ahora estaba demasiado preocupado por su mejor amigo y por su ahijado como para prestarles atención.
Cuándo la humareda fue desapareciendo, dejo ver a un James contra la pared del fondo de la habitación, a otro James contra una de las paredes del pasillo, a un pelirrojo intentando despertarlo, a un niño llorando y una Lily abrazada a este.
Pero lo que dejo a los dos hombres helados, fue la persona que estaba enfrente del niño, caído en el suelo, de espaldas, con una expresión de terror, y su cuerpo retorcido de una manera espantosa.
A los pies del pequeño Harry, un hombre de cabellos castaños tirando para rubios, y de unos ojos que antaño habían sido dorados, reposaba sin vida.
Era el cuerpo de Remus Lupin.
Sirius, se dejo caer al suelo sintiéndose el ser más despreciable del planeta, ahí, delante de él, estaba la persona de la que había desconfiado por tanto tiempo. Su amigo de la infancia, ahora no entendía como podía haber dudado de él.
Se sentía fatal, él, ahora estaba muerto, había dado su vida para salvar la de sus amigos, y sin embargo, él, siempre pensó que era el traidor. ¿Cómo podía haber dudado de su amistad?, eso ya daba igual, pues no podría nunca pedirle perdón, eso era con algo que tendría que cargar por siempre.
Pero lo vengaría, mataría al verdadero traidor, sabría de lo que Sirius Black era capaz de hacer, encontraría a ese miserable, le daría su merecido.
Se levanto para salir e ir a buscar al maldito traidor, cuándo un llanto llego a sus oídos y entonces fue consciente de la situación, Harry, estaba llorando mientras que sus padres no reaccionaban.
Sirius saco su varita y a punto a James:
-Enérvate.- al cabo de unos segundos el cuerpo de James comenzó a reaccionar.
-Harry, Lily.- grito nada más despertarse.
Se levanto más deprisa de lo que se cabía esperar y corrió al lado de Lily, le lanzó el mismo hechizo que había lanzado Sirius.
Mientras Lily reaccionaba, Sirius, cogía en brazos al pequeño Harry, pero Albus Dumbledore se lo quito de las manos, y sus ojos azules se posaron en el rostro del pequeño bebe, y ahí, en la frente, como sello de lo que su futuro le deparaba, una cicatriz en forma de rayo era lo que se podía ver.
-Amigo despierta ya, por Merlín.- los presentes se giraron para encontrarse con el chico pelirrojo que agitaba al de cabellos negros mientras le rogaba que despertara.
-Por favor no me hagas esto, no puedes estar… no venga despierta.
Sirius miró al chico y vio desesperación, al parecer esos dos eran como James y él.
-¿Qué pasa?- pregunto James acercándose a ellos, al igual que los otros.
Ron no les hizo caso y una vez más lanzo el hechizo, pero Harry no reaccionaba.
Ron, estaba muy asustado, pues en su mente un montón de cosas se agolpaban, cosas que no venían al caso, imágenes que nunca antes había visto, y un montón de sentimientos que nuca antes había sentido, y el más poderoso de ellos, era el que lo estaba asustando, pues lo había sentido en cuarto curso, también cuándo conoció a Harry, y en muchas otras ocasiones, pero siempre lo había sabido controlar sin embargo, en ese momento, era superior a él.
El chico de cabello negro comenzó a gritar y de repente abrió los ojos y su vista solo enfocó una cosa, el cuerpo de Remus Lupin sin vida.
Harry, sintió su estomago muy pesado, esa persona no debería de estar muerta, él no debería de estar allí.
-Ya despertó.- escuchó la voz de Sirius.
Y Harry se fijo en todos los presentes uno por uno, se sorprendió al ver a James, Lily, pero sobre todo al ver a Sirius y Dumbledore.
El anciano de ojos azules, escondidos tras unas gafas de media luna, miraba sorprendido al chico en sus brazos con una cicatriz en forma de rayo, y al joven de diecisiete años que estaba tirado en el suelo con la misma cicatriz en su frente.
-Sigo siendo el elegido.- fue lo único que Harry susurró al ver que el bebe tenía la cicatriz en la frente.
-¿Qué…?- pero Sirius no pudo decir nada más, pues el joven pelirrojo se agarro con fuerza el brazo izquierdo y grito con todas sus fuerzas, Harry, miro a su mejor amigo.
-¿Qué te pasa?
-Tenemos que irnos, algo no va bien.
Harry sacó el gira-tiempo del bolsillo de Ron y delante de los presentes que miraban la cadena y el reloj extrañados, se la puso a ambos.
"OPV"
Se quedó relegado en las sombras, ¿cómo había conseguido salir vivo de su maldición?, lo mejor era no hacer ninguna estupidez y esperar, si con tan solo un año de edad, ese indeseable, había conseguido evitar un Avada, quería decir que podía ser alguien a quien tener en cuenta en un futuro, y quizás si jugaba bien sus cartas, tenerlo bajo su mandato.
Además, no era estúpido, había demasiada gente en el lugar como para intervenir de nuevo. Sus ojos vieron perfectamente como el despreciable de Dumbledore cogía al pequeño entre sus brazos, más de repente unos gritos llamaron su atención.
Se fijó en los ilusos que habían intentado detenerlo y los inspecciono con cuidado, habían aparecido de la nada, y si él fuese consciente de que existían jóvenes tan prometedores, los habría reclutado en el acto. No obstante, Dumbledore, parecía haberlos ocultado muy bien hasta el momento.
El que se encontraba desmayado pareció despertar, y unos ojos verdes se fijaron en la frente del pequeño indeseable.
Un cosquilleo lo recorrió al fijarse en la frente de ese mismo muchacho y la sorpresa lo recorrió, sus ojos se centraron en el niño en brazos de Dumbledore y enseguida percibió la sorpresa en el viejo.
Este, acababa de entender lo que él mismo había deducido:
-Sigo siendo el elegido.
El Elegido, malnacido, miró al infante y apretó los puños, ¿ese joven tan impresionante era el futuro de ese pequeño niño?, maldición, debería salir y matarlo en ese preciso instante.
Pudo identificar la sorpresa del chico al ver a los Potter y el resto de personas en el lugar, su amigo comenzó a gritar y fue testigo de la desesperación del chico, de su deseo de poder ayudar a su amigo y su incertidumbre y miedo al no conseguirlo.
Así que sus amigos serían un punto para él. Lo vio sacar un gira-tiempo de las ropas del pelirrojo y como este lo hacía funcionar. No obstante se percató de que algo andaba mal, pues un gira-tiempo no funcionaba así, ¿qué acaso era estúpido el chico?, eso sería rentable, le facilitaría mucho las cosas.
Una luz cegadora envolvió a ambos y él tuvo que ocultarse mejor mientras apartaba la mirada, un grito de dolor, (que le encantó escuchar), se hizo presente en el lugar, miró a ambos y sonrió, volvían a su tiempo, no obstante, si habían ido hasta allí era para algo, ¿qué habían hecho y por qué?
"OPV"
Albus Dumbledore se fijo en el colgante y se dio cuenta de que era un gira-tiempo, así que esos eran los responsables de que el artefacto de su despacho se activara, esos chicos habían cambiado lo que tendría que haber pasado esa noche.
¿El qué? no lo sabía, pero algo había cambiado y necesitaba saberlo.
Soltó a Harry en los brazos de James y se adelanto para alcanzar a los chicos pero algo extraño paso. Una luz dorada envolvió a ambos jóvenes justo cuando Harry daba la primera vuelta para volver a su tiempo.
Eso era muy extraño, un gira-tiempo no funcionaba así, ellos no podían volver a su tiempo de esa forma, pero sin embargo, los chicos, estaban convencidos de poder volver si giraban el reloj.
Al parecer ese gira-tiempo era especial.
Dumbledore los observo, y abrió enormemente los ojos cuándo la luz dorada desapareció y fue cambiada por una azulada oscura, los dos jóvenes gritaron a la vez, al cabo de unos segundos, el grito y los dos jóvenes desaparecieron de la vista de los presentes en la casa.
Albus Dumbledore, con su mirada siempre calmada y parsimoniosa, ahora estaba asustado y con un temor en su interior que no podía controlar.
Fijo sus ojos asustados en el pequeño que tenía delante y algo extraño pasó en él, algo le decía que no estaba bien, que esos dos jóvenes no estarían bien allí a donde iban.
Nervioso y decidido a averiguar algo se desapareció del lugar sin avisar a ninguno de los presentes y dejándolos totalmente desconcertados y sin estar muy seguros de lo que acaba de suceder allí.
Al llegar a Hogwarts, había comenzado a revolver todas las cosas en su despacho ocasionando que una de sus profesoras escuchara el alboroto y fuera a comprobar que sucedía en el mismo, al verlo así, había comenzado a hacer preguntas que le fue contestando según seguía su búsqueda, mientras que una Minerva McGonagall diecisiete años más joven, intentaba hacerle razonar pues parecía haberse vuelto loco.
-Dumbledore entra en razón no puedes hacer eso.
-Minerva, tengo que ir, al parecer esos chicos han cambiado algo, y ahora están en peligro.
-¿Por qué crees eso?
-No me preguntes, es una de mis corazonadas.
-Albus, no puedes ir al futuro, un futuro incierto, pues no sabes qué edad tenían esos dos chicos, ni de qué momento exactamente vinieron, contando con que tú teoría sea cierta y vengan del futuro.
-Minerva era él, tenía los mismos ojos, y esa cicatriz en la frente, era Harry Potter el chico que estaba delante de mí hace apenas tres horas.- sentenció Dumbledore sin dejar de revolver los cajones, y de meter cosas en un baúl.
-Albus, sigues sin saber de qué momento o época vienen.
-Creo que es de dentro de diecisiete años, Minerva, si lo hubieras visto igual que yo, estarías segura de su edad, era James a los diecisiete, su viva imagen. —aclaró deteniéndose unos momentos.
-Viejo amigo, puedes formar mucho haciendo este viaje.- alegó McGonagall.
-Ya lo sé, pero tengo que saber qué es lo que el viaje de esos chicos ha ocasionado, que es lo que ellos han cambiado, necesito ver si están bien en donde están ahora.
-Mira, haz lo que quieras pero yo que tú tendría cuidado.
-Lo tendré mi querida Minerva.- y sonrió.
-Y tendrás que hacer algo con tú aspecto, no creo que así puedas hacer mucho.
-Si, bueno en ese tiempo tengo diecisiete años más, o dios, voy a envejecer más aun.
Albus Dumbledore cogió un frasquito y se lo tomo, convirtiéndose en el hombre de blanco pelo, de barba larga, de ojos azules y de mirada tranquila que siempre había poseído, que los dos chicos que habían ido a ese tiempo conocían muy bien.
Seguidamente Albus Dumbledore se tomo otra botellita y volvió a su estado normal, cogió su varita se a punto con ella y alto y claro formuló un hechizo:
-Mente an corpus irradia doblus.- y al momento un Albus Dumbledore igual a él se apareció.
-Esto ya está, mientras yo no este, este será mi sustituto, Minerva, no creo tardar demasiado, pero por si acaso las cosas se tuercen, él, se ocupara de todo, espero no demorarme más de dos o tres días en comprobar como de grave fue lo que cambiaron y a donde nos lleva ese cambio.- cogió de nuevo la botellita primera y bebió otro sorbito de está: -Mi querida Minerva, lo dejo todo en tus capaces manos.- se despidió con la mano y una sonrisa en su rostro y toco una pequeña esfera verde que estaba posada en una mesa cercana a la pequeña rama en la que Fawkes se solía acostar.
Fawkes, que no estaba dispuesto a dejar a su amo solo en esa ardua tarea se poso en el hombro del anciano justo cuando este comenzaba a desaparecer ante los ojos de Minerva McGonagall.
Está suspiro, ahora le tocaba ir al ministerio y afrontar al ministro Fudge ya que Dumbledore le había dejado ese encargo, tenía que explicar todo lo que Dumbledore le había encargado, y debía ocultar la existencia de dos chicos del futuro, y de lo que hicieron y contar la versión súper inventada de Dumbledore, pero que sin duda Fudge creería, pues él, no hacía nada sin el consentimiento de Dumbledore y nunca desconfiaría de él.
Unos dieciséis años más adelante un Albus Dumbledore se presentaba en su despacho de Hogwarts, despacho que estaba completamente vació, oyó ruidos y gritos y se acercó a la ventana del mismo para ver la marca de Voldemort en lo alto de la torre de astronomía.
Sacó la capa de invisibilidad que le había pedido prestada a James para su viaje y fue a ese lugar.
Al llegar pudo verse a sí mismo corriendo y con un chico, Harry Potter corriendo detrás de él.
-Harry ponte la capa.- ordenó su yo futuro, y el chico lo obedeció sin rechistar.
Cuando llegaron a lo alto de la torre y vieron que no había nadie, su yo futuro hizo algo extraño, lanzó un hechizo a Harry y perdió su varita siendo lanzado contra una de las paredes de la torre, y un chico de ojos grises y pelo rubio lo apuntaba con su varita en alto.
Dumbledore, observó toda la escena y se quedo helado al ver a Severus Snape lanzándole la peor de las maldiciones imperdonables, sus ojos se abrieron por completo cuándo vio a Snape y ese chico rubio al que él mismo había llamado Draco Malfoy salir corriendo, y detrás de ellos a Harry Potter con una expresión cargada de odio, persiguiéndolos lleno de furia.
Él iba a seguirlos pero algo extraño pasó, sintió una corriente recorrerlo por completo, y hacerlo retroceder unos segundos, y el chico rubio desapareció de la escena y en su lugar un pelirrojo empuñaba la varita y apuntaba al joven Potter pero ese no se parecía en nada a el que antes había visto ni al chico que había ido al pasado sino que parecía ser otra persona.
Vio como los dos chicos luchaban y de repente Harry Potter se sujeto la frente y cayó de rodillas justo en el momento en que una risa que ese anciano reconocería hasta en el fin del mundo se escuchaba.
-Harry Potter, no eres nada contra mí, esa profecía no sirve de nada, pero de todas formas yo acabare con esto de una buena vez, morirás ahora y en este preciso momento.
Vio como su mayor rival levantaba la varita y de sus labios salía la peor de las maldiciones imperdonables, mientras que el chico de cabellos rojos apartaba un poco la mirada, y de repente, de la nada, salía él, dieciséis años más viejo y se interponía en esa maldición, sus últimas palabras fueron las siguientes:
-No te rindas, yo se que tú puedes hacerlo.- el chico de ojos verdes levanto la vista hacia su director justo cuando este caía muerto al suelo.
Dumbledore, del pasado, veía por segunda vez como la peor de las maldiciones le daba, y se cercioró de que si había algo que el destino no creía conveniente cambiar era su muerte pues murió el mismo día y por la misma causa, diferente asesino, diferente modo, pero al fin y al cabo igual en esencia.
Se preguntaba el porqué se le había mostrado dos veces su muerte y de diferentes maneras pero dejó eso atrás cuándo todo a su alrededor cambió y apareció en su despacho de nuevo, este de diferente forma decorado, pero su despacho al fin y al cabo.
Por la puerta de este entró una mujer a la que reconoció como Minerva McGonagall, seguida por Horace, y otros profesores de Hogwarts, además de Harry Potter y de Hagrid.
Comenzaron a hablar sobre su entierro y se dio cuenta de que si a alguien le había afectado su muerte era al joven Potter, su mirada no dejaba el rostro de ese joven lleno de tristeza y melancolía, con un gran dolor reflejado en sus ojos, y muestras de haber sufrido mucho en su vida.
Cuándo ya decidieron que harían con su cuerpo, la escena cambió de nuevo, y revivió esos momentos, pero en está ocasión el joven Potter no se encontraba en el despacho.
Todo a su alrededor cambió y se sintió extraño al ver su propio entierro pero no solo una vez, sino como la vez anterior dos veces.
En la primera ocasión, el joven Potter estaba sentado con una joven de cabellos rojos, mientras esta lloraba, él parecía tomar una decisión, y vio como la vista del chico se posaba en una joven de cabellos castaños, que abrazaba al joven pelirrojo que él mismo había visto, en el pasado y en su muerte.
Vio como la joven le dedicaba una sonrisa triste mientras lloraba.
Después su vista se fijo en otros dos, una chica rubia y un chico que le recordó muchísimo, a Frank y Alice Longbottom.
Vio como el joven Potter se levantaba de su asiento, y observó como rompía su relación con la chica pelirroja, y le decía cosas de que Voldemort la podría matar si se enteraba de su relación y más cosas que a Dumbledore, le resultaron increíbles, y también se sintió orgulloso de él, pues parecía que era mucho más responsable y centrado que su padre James, y a la vez le daba pena el ver que él chico no es que hubiese tenido una vida de ensueño o eso representaban sus ojos.
Vio como el pelirrojo y la chica castaña le prometían no dejarlo solo en nada, y se sorprendió al escuchar que el chico tenía una misión tan arriesgada como buscar los Horcuxes creados por Voldemort, y más cuando descubrió que él mismo se lo había mandado, y que eran siete.
Albus Dumbledore se preguntaba que tanto había sufrido ese chico cuándo la escena cambió, y sus ojos captaron algo que le resulto extraño.
Pues en ese entierro, había gente que en el otro no había visto, James y Lily Potter, estaban sentados en unas sillas que antes en lo que había visto, hacia solo unos segundos ocupaban un Remus Lupin cansado y un chico también pelirrojo.
También se fijo en que el chico pelirrojo que le había prometido a Potter ayudarlo ya no estaba, que la chica de cabellos pelirrojos estaba siendo consolada por el que se parecía a Alice, que la castaña estaba muy retirada de Harry, y que el chico no es que estuviera muy mal, sino que su vista estaba posada en una chica de cabellos negros que le sonreía tontamente.
Se fijo en ese Harry Potter, y aunque antes ya se había dado cuenta de que había un cambió, ahora le resulto mucho más visible que antes.
Se dio cuenta de que ese Harry Potter, le recordaba más a James que a Lily, al contrarío que el que había visto en el pasado y en todas las primeras visiones que había tenido.
Una vez más y siendo la última, su vista le trajo algo diferente, un despacho ocupado por una Minerva McGonagall pensativa, y segundos después un Tom Riddle sentado en la silla antes ocupada por Minerva.
¿Qué habían cambiado exactamente esos dos para que el futuro se tornara tan negro y diferente?, ¿Qué los habría llevado a arriesgarlo todo?, ¿Por qué?, ¿debía quedarse por allí y averiguarlo o regresar inmediatamente a su tiempo?
Un escalofrío lo recorrió, y cerró los ojos, ¿qué le pasaba?
No obstante y pese a todo, cuando abrió los ojos, su azul característico brillaba con intensidad, regresaría, lo necesitaban en su tiempo, él, ya había recibido lo que precisaba recibir. Él, al hacer ese temerario viaje, había conseguido las claves que precisaba.
Ahora todo, debía seguir su rumbo, y llegado el momento, era consciente de que tomaría ciertas elecciones, que desembocarían en todo lo que acababa de pasar, deseaba saber en qué terminaría todo aquello.
Sin embargo, quedarse, podría ser peor que marcharse, sonrió de medio lado y fijó su vista en el Tom Riddel que se encontraba con una sonrisa, sentado en el que había sido su sillón durante años, y susurró:
-Todos mis planes salen bien, no lo olvides.
El Tom de ese tiempo, se puso rápidamente en pie y miró a todas partes, enseguida fijó sus ojos negros en un cuadro, el cual sonreía y declaró a su vez:
-¿Crees que toda tus ideas son brillantes?, ¿qué te hace pensar que todas son fruto de tu mente y no de la de alguien más?
Eso le provocó una sonrisa, y tras unos instantes en que ese Tom fulminó a su retrato con la mirada, él, se tomó el contenido de la botellita que le había acompañado hasta ese lugar, esperó un momento y reapareció en su despacho, se deshizo de la copia que él mismo había creado y tomo asiento.
Llevaría años, pero debía dejarlo todo bien atado, él, debía comenzar a trazar sus planes.
"Presente"
Aferró con fuerza la sábana que la cubría, ¿cómo había terminado así?, ella era alguien fuerte, nunca debería haber acabado en ese lugar.
Todo era culpa de ese indeseable de Potter, si él no la hubiese enfurecido hasta ese punto, ella, nunca habría salido del escondite que le habían asignado. Ahora llevaba sufriendo todo eso desde hacía unos meses.
Y de nuevo por culpa de Potter, en esa ocasión el muy cobarde la había vendido a los mortifagos, nadie era realmente consciente de su estado real, por lo que la habían tomado como una prisionera cotizada y muy valiosa.
En realidad ella no valía nada, y eso su señor debería haberlo revelado hacía mucho tiempo, sin embargo, él, parecía disfrutar de lo que le hacían.
Ver sus ojos negros fijos en ella la hacía sentir escalofríos, era como si esperara algo de ella, algo que nunca podría entregarle. ¿Qué podía ser?
Suspiró y se incorporó de la cama, la puerta se abrió en ese instante, y ante ella apareció uno de los más adeptos a su señor, la miró con ojo crítico y tras sonreír declaró:
-Vístete, nuestro señor requiere de tú presencia, pese a que es evidente que ya la requirió anteriormente.
Ella no apartó su mirada de él, y él la miró directamente a los ojos:
-¿Qué espera de mí exactamente?, me mira como si fuera el mayor de los tesoros, como si le pudiera entregar algo precioso, sin embargo yo no poseo nada de nada.
Este dejó de sonreír, miró de reojo al pasillo y tras comprobar algo en el mismo cerró la puerta, lo vio caminar hasta la cama y apoyar sus manos a ambos lados de ella.
No se cubrió, la verdad es que ya la habían visto casi todos en ese estado, era una de sus diversiones, dejarla expuesta ante todo el que quisiera mirar, sin embargo, quien se encontraba ahora ante ella, siempre que eso sucedía, no miraba, se iba del lugar.
E incluso en ese instante, sus ojos solo la miraban al rostro:
-Nuestro señor, confía mucho en tus aptitudes sangre sucia, considera que puedes ser una ficha importante en sus planes.
-¿Y eso por qué?, soy inteligente, no lo voy a discutir, sin embargo, no poseo un conocimiento que él no tenga ya.
Este la miró fijamente por unos instantes, y después comenzó a alejarse de ella y declaró:
-Quizás, pero él, prefiere tenerte cerca, puede que solo desee que le des un heredero, quien sabe.
Volvió a sonreír y sin más se marchó de allí, ¿un heredero?, se miró bien y frunció el ceño, eso nunca pasaría, se había molestado en tomar las precauciones debidas, no estaba dispuesta a que le arruinaran más la vida.
No, podía tener su cuerpo, pero había algo que nunca conseguiría, y eso era doblegarla, además de su corazón, pues este ya tenía un dueño.
Uno, por el que se había arriesgado mucho, pese a que hacía ya un tiempo que no lo veía, ¿estaría bien?, solo deseaba que así fuese.
Se destapó por completo y se levantó, comenzó a recoger sus ropas y se vistió, después se daría una buena ducha, no deseaba tener la sensación de este en su cuerpo.
"OPV"
Al salir del cuarto se apoyó en una de las paredes y esperó unos instantes, había tenido que interpretar muy bien su papel, lo cierto es que la oleada de imágenes le había asaltado tan de repente que por poco y le da algo.
Se supone que él iba a esa recamara a encontrarse con Lestrange, pero en cuanto tocó el pomo de la puerta todo cambió radicalmente, y a quien debía encontrar tras la misma, era nada más ni nada menos que la sabelotodo de Granger.
Ella no recordaba, era una de las de ese tiempo e instante, lo que quería decir que podían tener serios problemas, ¿cómo actuaría el indeseable de Potter al ser consciente de que su gran amiga era la encargada de calentar la cama de su enemigo?
Voldemort, había calculado bien al parecer, y su jugada principal había sido hacerse con ella, su señor, había comenzado a prestar demasiada atención a la sangre sucia, y siempre que le era posible, desaparecía.
En una ocasión, había conseguido seguirle la pista, y lo que había visto lo había aterrorizado.
Su señor observaba desde la distancia a Harry Potter, y lo que parecía ver le agradaba cada vez más, ese muchacho era un desalmado, trataba a todo hijo de muggle o sangre mestiza, con sumo desprecio, adoraba las artes oscuras y parecía disfrutar de tener a gente a sus espaldas.
Había sobrevivido, sí que lo había hecho, era el maldito niño que sobrevivió a la peor de las maldiciones imperdonables, eso parecía torturar a su señor durante todos esos años, sin embargo, hubo un tiempo en que parecía agradecido de ello.
Como si el que el muchacho hubiese sobrevivido le brindase a él, algo que no tenía precio observar. No obstante, hacía poco más de un mes, este había comenzado a lamentar su decisión, y mantenía una estrecha vigilancia sobre Potter, pese a que después de cada excursión que hacía, volvía contento del resultado de la misma.
Él, había cumplido a raja tabla lo que le había encomendado y había hecho llegar el gira-tiempo a quien debía, también se había ocupado de los detalles precisos.
Debía reconocer, que si no fuera por sus precauciones, en esos momentos su mente sería un caos absoluto, nadie que no poseyera una mente con cierta fuerza, podría soportar el conocer toda la historia al completo.
Pero él, después de todo, era un superviviente y se adaptaba a todas las situaciones que se le presentaban sin apenas darle importancia a las mismas, ya fuera en un futuro u en otro, para él el cambio era escaso.
Le pertenecía en cuerpo y alma al señor tenebroso.
Una cosa que no cambiaba en ninguno de sus recuerdos, era su aversión a Potter, eso parecía persistir, y lo agradecía lo indecible, no soportaría tener que hacer el paripé de apreciar a semejante chico.
"OPV"
Una joven de cabellos castaños y ondulados, de ojos color miel, y mirada triste, observaba una fotografía en la que se encontraban una mujer de cabellos castaños lisos, delgada, con una enorme sonrisa en su rostro, junto con un hombre, de cabello oscuro ondulado, de ojos grandes de color marrón y al igual que la mujer con una enorme sonrisa en su rostro.
Los dos sosteniendo a una niña idéntica en los rasgos a la joven que miraba la fotografía, pero más pequeña, de unos cuatro años, además no portaba las mismas heridas que la joven que observaba la foto, ni tampoco el sufrimiento que se podía ver en su mirada por haber sido tratada de forma tan asquerosa, y habiendo sido deshonrada de mil y una maneras diferentes.
Era la única fotografía que tenía de sus padres, y ni siquiera recordaba habérsela hecho nunca. En la mirada de la joven se podía ver de todo menos alegría, la joven no tendría más de diecisiete años, pero se veía que en ese periodo de su vida, había sufrido bastante.
Era la sirvienta de unos despreciables magos de sangre limpia. Ella también era bruja, pero al ser hija de muggles no era considerada como tal, sino como una mugrienta sangre sucia, sin nada a lo que poder aspirar.
Sin embargo, no era como todas las demás esclavas, a ella la mantenía cerca de él, no solo para usarla cuando quisiera, si no porque parecía decidido a no perderla de vista en ningún momento.
Por lo visto desconfiaba de ella, y muy bien que hacía, pues si tenía la ocasión acabaría con él. No obstante y pese a que había tenido infinidad de momentos a solas con ese despreciable, no había sido capaz de llevar a cavo sus planes, este era demasiado listo.
Y siempre que descubría alguno de sus planes, la torturaba hasta que se cansaba y después la humillaba de todas las maneras que pudiera ocurrírsele a él o a cualquiera de sus miserables.
Desde hacía unos meses, el maldito, había conseguido uno de sus objetivos, había matado a Albus Dumbledore, el único que quedaba que se oponía a sus designios, abiertamente.
Existía un grupo de magos, en los que ella estaba incluida, que se encargaba de detener a Voldemort en lo máximo posible, tenían que tener cuidado, pues si los descubrían les podía ir muy mal.
Desde hacía un año, Voldemort, había tomado el control del ministerio y los aurores y todo el que trabajaba allí, de sangre limpia, (o que le pudiera aportar algo a él según su criterio), le servían a él. Hacía un tiempo, un joven compañero de curso, perteneciente a Slytherin, se había unido a ellos, era conocido como Draco Malfoy, el hijo de dos mortifagos declarados.
Muertos siendo asesinados por el mismísimo Voldemort, y su hijo, lleno de rencor y odio, se había unido a ellos en su misión.
La verdad es que nunca se habían llevado muy bien, pues ese chico era del grupo de los populares y ella era más bien del grupo de los renegados, por lo tanto siempre era insultada y tratada mal por ese otro grupo.
Entre sus amigos, solo podía encontrar a una chica de cabellos rubios y ojos azules que siempre estaba en las nubes pero que era muy buena, habían matado a su padre por no querer unirse a Voldemort, y ella pudo escapar por los pelos, su nombre Luna Lovegood.
También estaban los Weasley, o lo que quedaba de ellos, pues tanto Percy como Ronald Weasley, habían traicionado a sus padres, matándolos a ambos e intentando acabar con los demás, pero Bill Weasley y su esposa Fleur Delacour ahora Weasley, habían luchado contra ambos salvando así a Ginny Weasley, otra de sus mejores amigas.
Sin embargo, los revoltosos gemelos no habían corrido la misma suerte, y ambos también habían caído, aunque ellos no a manos de sus hermanos.
En su grupo de amistades, también entraba el joven Longbottom, un chico no muy despierto pero si muy simpático, que desde pequeño era un enemigo declarado de Voldemort y sus mortifagos. Al igual que la abuela de este.
Dentro del grupo que se oponía a Voldemort, estaban también Sirius Black, James y Lily Potter, y el hijo de estos, un chico engreído y que se pensaba mejor que los demás, solo por ser el Elegido y el que en una ocasión se salvó de Voldemort.
También Dumbledore y la profesora McGonagall, pero estos murieron el año anterior junto con casi todos los profesores de Hogwarts en un ataque que Voldemort organizo contra el colegio.
Ella servía a Voldemort al completo, su señor había salido hacía una nueva matanza de las suyas, un nombre había aparecido en su lista, y al no pertenecer a familia de sangre pura, habían ido a matar al objetivo antes de que diera comienzo el nuevo curso en Hogwarts.
Lo habían denominado la purga de la sangre, y la llevaban practicando muchos años ya, incluso ella misma había sufrido un ataque que le había costado muy caro.
No obstante, ella, había recibido ayuda, el mismísimo Dumbledore en persona, acompañado por Sirius Black, se había presentado en su casa para protegerla y salvarla.
Ella, había llegado a esa situación hacia ya cuatro meses, estaba en el cuartel de la orden, cuándo Potter se presento delante de ella, comenzó a tratarla de manera despreciable como siempre, pues ella no era nada comparada con él, el salvador del mundo, y por si fuera poco, hijo de uno de los famosos merodeadores, y ahijado de otro.
El caso fue que el chico la había tratado en esa ocasión de una manera todavía más cruel de lo habitual, y cuándo ella estaba escapando, un mortifago la cogió por banda, y comenzó a como él decía a "Jugar con ella", el joven Potter al ver esto había intervenido pero con poco éxito, consiguiendo que lo hirieran de gravedad y a ella la cogieran como sirvienta y ahora todos jugaban con ella de maneras diferentes y odiosas, pero la favorita de muchos era lanzarle Cruciatus y ver cuánto podía ella aguantar.
Cada vez que pensaba en Potter sentía ganas de matarlo, por su culpa estaba así. Era un creído que se pensaba que todos estaban a su disposición cuándo él quería.
Y aunque sus padres no eran así, el chico se había criado pensando que era el mejor por todas las alabanzas de todo el mundo, por todos los regalos que le habían hecho y por tratarlo como un rey.
Ahora el chico, era alguien que ella estaba segura no sería capaz de salvar al mundo de Voldemort, pues por mucho que se regocijara en lo bueno que era, no lo era, ella lo podía vencer de mil y una maneras sin necesidad de abrir los ojos.
La joven escucho un fuerte ruido en las afueras de la casa, y vigilando que nadie la viera se asomo a la ventana.
Una luz azulada oscura y cegadora apareció en el jardín de la casa, abrió la ventana con lo que consiguió que unos gritos desgarradores entraran en la casa, al parecer eran dos personas las que gritaban y por lo visto estaban sintiendo mucho dolor.
La joven intentaba ver algo de lo que pasaba afuera, pero con esa luz no podía, agradecía que sus amos hubieran salido, y que no estuvieran en casa, pues algo le decía que eso no era bueno que lo vieran ellos.
La chica se apartó de la ventana para no seguir escuchando esas voces que denotaban tanto dolor. Bajó las escaleras a toda prisa, para poder ver quiénes eran los que estaban pasando por eso.
El destino había sido modificado, dejando un futuro peor que el que habían abandonado, en el que el pelirrojo era mortifago, había matado a sus padres he intentado matar a sus hermanos, la castaña era la esclava de Voldemort, y de todo el mortifago que apareciera por allí.
Harry no era poderoso sino un engreído y chulo chico de fama, que en ese tiempo, no era el joven Potter que debería poseer una protección extra, pues al no ser su madre la que había muerto, él, había quedado como el Elegido, pero no tenía la protección que ella le había brindado.
Como él creía que había vencido a Voldemort en esa ocasión porque tenía un poder increíble, ni se había preocupado por afianzarlo más, de hecho, se había dedicado a fanfarronear.
Mientras Voldemort, extendía su mundo de terror por todas partes, encontrando solo a unos cuantos opositores, liderados por Dumbledore hasta hacía unos meses, pues ahora, sin un líder al que seguir y sin un símbolo que les ofreciera esperanzas, la Orden estaba en decadencia,
Los Weasley eran una familia destrozada, y ambos cabeza de familia estaban muertos, siendo asesinados por sus propios hijos. Al igual que Dumbledore, McGonagall y casi todos los profesores de Hogwarts, algunos de sus compañeros, más el padre de Luna y Remus.
Además, Voldemort, era el que dominaba en el mundo mágico.
Harry, al llegar a ese futuro, ¿Estaría dispuesto a dejarlo así, por disfrutar de sus padres y su padrino?, ¿qué todos sus amigos y seres queridos sean desgraciados para que él pueda disfrutar de estar con sus seres queridos?
Hermione llego a la puerta principal y al abrirla se encontró ante una luz cegadora e insoportable de mirar.
El destino era caprichoso y además de haber dejado a Harry esa marca en su frente, había decidido reunirlo de nuevo con Hermione Granger, pero ¿de qué manera?, ¿Por cuánto tiempo?, y sobre todo, ¿a qué precio?
"OPV"
Pese a la pequeña introducción hecha sobre el futuro al que nuestros dos intrépidos viajantes habían ido a parar, considero oportuno relatar algunos hechos de cierta importancia y que sin duda no tienen nada que ver con el futuro anterior.
Comenzamos por un personaje en especial, que habiendo perdido su futuro, ahora su camino era completamente diferente a como debería serlo, de hecho de una auror respetable, había pasado a ser una bruja de alto rango, pero que desperdiciaba su talento provocando cientos de disturbios.
Antes lo hacía siempre que se encontraba con algo que no le gustaba, se reunía con un grupo de gente que apoyara sus ideales y en ese instante se formaba un grupo rebelde.
Ella siempre era la cabecilla del mismo, el ministerio había pasado años intentando encontrarla, una muchacha perteneciente a la rama desacreditada de la familia Black, por lo que difícil de atrapar.
Llevaba años sin visitar a su madre, por lo que ni ella, ni su esposo, ni el único miembro de la familia que parecía valorar a estas, sabían de ella.
Además de ser una maga destacable, contaba con el don de ser metamorfomaga, a raíz del cambio del futuro, esta chica no pertenecía a la orden del fénix, pero pese a todo, su naturaleza no podía ser cambiada, y luchaba junto con unos cuantos rebeldes contra todos los mortifagos que se cruzaban en su camino.
La chica contaba con veinticuatro años de edad, y solo conocía del famoso Harry Potter, lo que había oído decir en los diferentes periódicos, y personalmente, su último año en Hogwarts coincidió con él.
Un chico por de más desagradable y que despreciaba a los hijos de muggles, por lo que ella no quiso ni acercarse un poco a él, pese a que su tío Sirius le había solicitado que le echara un ojo para que no tuviera problemas.
Más aun así, los tuvo, y bastantes, si no fuera por la llegada de Dumbledore en el último momento, el inepto de Potter abría muerto a manos del enviado de Voldemort.
O eso era lo que se rumoreaba y lo que Sirius le había contado a la madre de esta. No obstante, y pese a sus buenas notas, todos habían deseado que se formara como aurora, pero había tantas cosas con las que no estaba de acuerdo con el ministerio, que ni loca se metía a trabajar en el mismo.
Por ello, es que tras una fuerte pelea con sus padres y Sirius, había roto contacto con ellos, ni que decir quedaba que tras lo sucedido hacía unas semanas, se alegraba lo indecible, pues ahora el ministerio pertenecía a Lord Voldemort, si ella hubiese formado parte del mismo, o trabajaba para él o estaría muerta, y ninguna de las dos le gustaba.
Así que nuevamente había formado un grupo rebelde que hacía lo indecible por fastidiar los planes de Voldemort y los suyos, algunos habían sugerido formar parte de la orden del Fénix, pero ella se había negado, deseaba libertad de acción y no tener que obedecer las órdenes de alguien y menos si se tenía en cuenta que ni siquiera Dumbledore se encontraba con vida.
Esa noche regresaban de haber tenido una pequeña reyerta en un pueblo muggle, y estaban felices porque ninguno de ellos había salido mal parado, cosa que no solía pasar muy a menudo.
Entre los que la acompañaban, se encontraban algunos compañeros de Hogwarts e hijos de muggles, también se encontraba uno de los hijos de los Weasley, Charley, el cual tras ver lo que su hermano Percy y Ron habían hecho, se decidió a no seguir con la orden del fénix, había intentado llevarse a su hermana menor con él, pero le había sido imposible.
Charley, era un año mayor que ella y se había dedicado por completo a los Dragones, hasta que volvió para la boda de su hermano mayor y ser así el padrino de la misma.
Más tras el ataque sufrido, no había podido regresar a Rumanía, no estaba dispuesto a perdonar a sus hermanos menores y mucho menos, dejar a su pequeña hermana desprotegida, por mucho que Bill dijera que la orden era segura.
Su carácter era rebelde, y contaba con una constitución fuerte, había veces que se deshacía de sus enemigos simplemente a golpes, y en algunas ocasiones era mejor.
Iban ambos hablando sobre su próximo movimiento, cuando escucharon un fuerte grito de dolor. Ambos, se miraron sorprendidos y echaron a correr hacía el lugar de donde provenían los gritos.
Al girar en una de las calles se encontraron con una cegadora luz que provenía del jardín de la casa de su miserable tía Lestrange.
Todo el mundo sabía quien vivía en esa casa, pero nadie se atrevía a acercarse ni a la calle de la misma, sin embargo y por sorprendente que les pudiera parecer a Nymphadora y Charley, había tres personas en el mismo.
Tres personas que los dos reconocieron.
Hermione Granger, mirando la escena igual de sorprendida que ellos, y Harry Potter y Ronald Weasley envueltos en una luz y gritando de dolor.
De repente la luz desapareció y uno de los dos cayó desmayado al suelo:
-Ron.
El miedo en la voz de Charley se hizo presente al instante, era evidente que pese a todo lo que este había hecho, no dejaba de ser el hermano menor de él, y aunque no lo desease, la preocupación brillaba en sus ojos.
Potter por otra parte se encontraba mirando al suelo mientras se agarraba el pecho y respiraba entrecortadamente, se acababan de aparecer delante de ellos y si ya de por si era raro que se aparecieran de esa forma, más aun que lo hicieran en ese jardín y además juntos.
Porque si había algo que estaban seguros todos los presentes que nunca pasaría, sería ver al mismísimo Harry Potter arrodillado y casi a punto de desmayarse delante de la casa en la que tenía su cuartel general su mayor enemigo, Lord Voldemort.
Pero además, estar acompañado por Ronald Weasley, un mortifago declarado al igual que su hermano Percy.
Tonks y Charley no sabían si acercarse o quedarse donde estaban, ¿qué estaba pasando exactamente en ese lugar?
-Tenemos que alertar a la orden del fénix, alguien debe ayudarlos.
-Quizás nosotros podrí…
-Ni lo pienses Charley, no pienso dejarte meterte en semejante lío, no quiero perder a mí segundo tan rápido, alertaré a James y nos marcharemos de este lugar.
Tras invocar a su patronus y darle el recado que debía entregar, volvió su atención a la escena ante ellos, todo lo que contempló la dejó aturdida, ¿ese era el Potter que describían como cruel y sin sentimientos?, ¿el cobarde que se supone huía siempre que había peligro?
Frunció el ceño al verlo lanzar un Crucius contra su tía, y su sorpresa fue mayor al ver su trato con la muchacha, ¿quién informaba al mundo mágico?
Las noticias que corrían sobre Harry Potter, no eran ni mucho menos parecidas a lo que ella estaba presenciando. Se le describía cobarde y sin dotes para la lucha, era evidente que nadie seguiría a alguien así, sin embargo el muchacho que ella veía tenía algo.
Poseía un aura de fortaleza que la incitaba a ir en su ayuda, a luchar a su lado, y sobre todo a seguirlo. Intercambió una mirada con Charley y descubrió que él, se encontraba tan sorprendido como ella lo estaba, ¿qué podía haberle sucedido al chico para que pegara tremendo cambio en tan poco tiempo?
Un rato después vieron aparecer a varios miembros de la orden y juntos se alejaron del lugar, más una pequeña idea se germinaba en la mente de ambos, una pequeña esperanza asomaba en ambos, quizás, sí que pudieran luchar al lado de alguien así.
"OPV"
No era normal, lo que sus ojos estaban presenciando no podía ser cierto, debía estar volviéndose completamente loca.
Hermione, no podía dejar de pensar que todo eso rayaba la locura más absoluta, ¿en qué demonios estaba pensando ese inepto para presentarse en ese estado en ese lugar?, ¿Qué pensaba ella?, si Potter, directamente no pensaba.
Dos chicos totalmente opuestos apareciéndose delante de la casa de su señor y de su mayor rival a la misma vez, rodeados por una inmensa luz que nunca antes ella había visto y eso que a lo largo de su vida había visto cosas increíbles, pues siendo una bruja eso era inevitable y menos siendo una que luchaba contra uno de los magos mas aterradores de todos los tiempos.
Pudo distinguir como Potter se agarraba fuertemente el pecho y parecía a punto de vomitar, lo vio negar con fuerza y como comenzaba a mirar a su alrededor, parecía buscar algo, y de un momento a otro se llevó la mano que tenía en el pecho a la frente y gimió de dolor.
En el mismo instante, a sus oídos llegó el ruido proferido por varias personas apareciéndose en el lugar. Horrorizada miró a quienes acababan de aparecerse, ¿podía complicarse la cosa aún más?
"OPV"
Harry se agarraba fuertemente el pecho, se sentía mal y se sentía terriblemente mareado, a su mente llegaban imágenes inexplicables.
Se veía a sí mismo, luchando contra su mejor amigo, Ron, en un duelo que era de todo menos amistoso, pudo ver como trataba a Hermione, su mejor amiga, de forma odiosa, se sintió extraño y sobre todo ridículo cuándo al afirmar que era su mejor amiga, su mente lo negó por completo y le hizo sentirse idiota solo por pensarlo.
¿Cómo alguien como él iba a ser amigo de esa siendo tan inferior?
Harry abrió los ojos muy sorprendido al pensar eso, levanto la vista y se topo con que delante de él no había más que una enorme casa.
Busco con su mirada a su alrededor y sus ojos encontraron la silueta de su mejor amigo tirado en el suelo desmayado, y sintió el extraño impulso de patearle hasta que no pudiera moverse nunca más.
Pero eso era imposible, él no podía sentir eso.
¿Qué demonios estaba pasando?
Un dolor en la cicatriz, le obligó a agarrarse la frente con fuerza, justo cuando se escucho un fuerte ruido como de disparo que reconoció al instante.
Su mente funciono más lentamente de lo que lo solía hacer tan solo unos días atrás. Giro lo más rápido que pudo y se encontró cara a cara con su mayor enemigo, solo que al parecer él, no lo había visto, pues estaba mirando a alguien que tenía delante de él.
Harry miro al mismo sitio y sintió algo dentro de él, algo extraño, que solo sentía con Ginny el año anterior, pero que nunca antes había sentido de esa forma tan fuerte. Fijo su vista para ver a una joven que tendría su edad pues no aparentaba muchos años más.
Vio que la joven daba un paso hacia atrás asustada, se fijo de nuevo en los recién llegados y se topo con el rostro de Bellatrix Lestrange, pero su odio hacia esas dos personas no era tan grande como lo era antes.
-"Antes tenías un motivo, ahora no"- una voz que no era la suya le resonó en su cabeza, intento pensar de quién se trataba pero no pudo, pues capto la voz de su mayor enemigo.
-¿Qué haces tú aquí?, ¿acaso pensabas escapar?—Harry, se fijo en la chica de nuevo, le resultaba familiar, pero no era capaz de reconocerla del todo.
-No mi señor, yo, no fue por eso por lo que yo salí de la….- pero la chica no dijo nada más, pues Bellatrix levanto su varita y la a punto con ella.
-Ahora veras asquerosa sangre sucia.- espetó y de su varita salió un rayo rojo que impacto en la chica, está cayó al suelo y comenzó a retorcerse de dolor y a gritar.
Harry sintió un escalofrío recorrerlo, debía ayudarla, no fue hasta que ella paro y giro su cabeza para poder mirar a la persona que estaba alejada de ellos, a los ojos y así demostrarle cuanto lo odiaba, que se dio cuenta de quién era la joven que estaba allí.
-Hermione. —susurró sumamente sorprendido y cogiendo fuertemente su varita se levanto con mucho esfuerzo y apunto a Bellatrix.
Un odio tan grande como el que había sentido en el ministerio hacia dos años lo embargo en ese momento al ver a Hermione sufrir esa maldición, pero sobre todo mirarlo con esos ojos que decían "es por tu culpa".
Levanto su varita y grito:
-Crucius.- un rayo rojo no tan grande como el que en una ocasión había hecho, por lo tanto sin ninguna fuerza aparente, se dirigía a la mujer que se había girado para mirar a quién había gritado esa maldición, sorprendida de ver de quién se trataba.
-Pero si es Potter, que honor que hayas decidido venir hasta mí.
Una sonrisa se dibujó en el semblante de Voldemort, a la par que creaba un escudo para que la maldición no les llegara.
Se quedó parado donde estaba mirando sorprendido a su peor enemigo, ¿qué significaba eso?, repasó hasta el último detalle de su rostro, sus ojos, antaño rojos, ahora eran negros, el negro que vio por primera vez en su segundo año en Hogwarts, el característico de Ton Riddle antes de su caída.
También tenía cabello, y era parecido al suyo, su rostro algo magullado, pero totalmente humano, su tez era blanca, pero no tanto como cuando regresó, y en lugar de dos orificios, tenía su nariz intacta.
Un escalofrío lo recorrió, era el Tom Riddle que Dumbledore le había mostrado en su pensadero, el mismo antes de la caída sufrida en 31 De Octubre ante su madre y su protección.
No obstante, mientras todo eso asaltaba su mente, algo más lo cegó, la loca idea de que este, nunca había caído, si bien era cierto que lo había marcado como su igual, Voldemort, nunca había desaparecido, el mundo mágico, llevaba en un mundo de terror durante mucho tiempo, y este se había intensificado ante la muerte de Dumbledore.
-Suéltala.- ordeno fijando su mirada en Hermione.
-No creo que puedas hacer mucho tú solo. —apuntó Voldemort y algo parecido a una sonrisa se apareció en su rostro.
-No me pruebes, suelta a Hermione. —declaró sin dejar de apuntarlos, pero la respuesta de Bellatrix fue una maldición.
Harry la esquivo e intento lanzar un hechizo que había aprendido el año pasado pero no fue capaz a recordarlo, ni siquiera fue capaz de pronunciarlo pues parecía que se había borrado todo rastro de este.
Estaba preguntándose qué demonios era lo que le estaba pasando, cuándo sintió que un hechizo le daba en el hombro y caía al suelo.
Se agarró fuertemente el hombro intentando aguantar el dolor, y miró al frente, pero al ver quién lo había atacado se quedo completamente helado.
Ahí, con la varita levantada y de la que salían algunas chispas, por lo que quedaba claro que acababa de formular un hechizo, apuntándolo con ella, se encontraba el que era su mejor amigo, casi su hermano, hacia apenas unos veinte minutos atrás.
Ronald Weasley, o lo que quedaba del chico que conocía por ese nombre, lo miraba lleno de odio y de algo que le resultaba difícil de identificar.
-Potter, no ha sido una buena idea venir aquí. -resonó la voz de Ron, o al menos eso pensó pues su voz era distinta.
Harry lo miro y le preguntó:
-¿Qué demonios haces Ron?
El chico pelirrojo y todos los demás miraron a Harry y algunos se echaron a reír.
-No me llames por mi nombre sangre sucia, tú no tienes ese derecho, tengo que enseñarte cuál es tú lugar en este mundo "Elegido".- soltó Ron escupiendo esa última palabra y ocasionando más risas en los presentes.
-¿Qué demonios te pasa?, tú no eres así, Ron, por Merlín, ¿qué estás haciendo?- pregunto Harry levantándose mientras se agarraba el hombro.
-Potter, te he dicho que no me llames por mi nombre. —y le lanzó una maldición a Harry, que se tiró al suelo para esquivarla.
-Buenos reflejos Potter, se ve que no en vano perteneces al equipo de Quidditch. —alagó de forma burda Ron, mientras se preparaba para lanzarle otra maldición.
-¿Qué demonios pasa aquí?—se preguntó Harry por lo bajo, mientras intentaba esquivar otra maldición de Ron.
-Serias consecuencias son las que se pueden causar si el pasado es cambiado, el futuro, es alterado.- la misma voz de antes resonó en su cabeza, al parecer era su culpa todo lo que estaba pasando ahora.
Levantó su varita y apunto a Ron, le lanzó un Desmayus, que el chico fuera por la razón que fuera no pudo esquivar y cayó al suelo desmayado.
Harry había aprovechado el momento justo, en el que el chico parecía un poco aturdido y extrañado.
"OPV"
Hermione se había puesto de rodillas con mucho esfuerzo, esa maldición la había dejado bastante mal, pues no era la primera que recibía ese día.
Sus ojos se encontraron una vez más con los verdes de Potter y algo en ella se removió, esos ojos no eran iguales a los que ella conocía, su mirada era diferente, y sobre todo, no había más que sufrimientos en ellos.
Eso era muy raro, ese chico no era el mismo que ella conocía.
Había algo raro en él, algo que la inquietaba, siempre se habían peleado y siempre habían estado en diferentes círculos de amistades en el colegio, pues el "Elegido" no se podía juntar con esa clase de gente, pertenecientes al mundo muggle.
Era un chico criado en el mundo mágico, con chicos de sus mismas edades que opinaban igual a él, pero sus padres por el contrario, era diferentes, ellos, eso no lo tenían en cuenta, a ellos, que alguien fuera o no hija de magos les daba igual, los trataban a todos por igual, lo mismo que los padres de Weasley.
Pero sus hijos eran todo lo contrario, uno se había vuelto mortifago y el otro era un arrogante, no había llegado al extremo de atacar a los hijos de muggles, pero sin embargo los consideraba inferiores, cuándo había algunos que eran mil veces mejor que él.
Pero no, ese chico no era el mismo, algo había cambiado en él, pues a ese que la miraba, se notaba que ella le preocupaba en gran medida.
Hermione, estaba mirándolo, al igual que él la miraba a ella, pero aun sabiendo lo que los ojos de Potter reflejaban, la chica no pudo evitar mirarlo con rencor, pues era su culpa por todo lo que ella estaba pasando, por huir como un cobarde y dejarla sola ante el peligro.
"OPV"
Oyó la voz de Voldemort como si estuviera muy lejos de él.
Su mente solo podía procesar la mirada de Hermione, su rencor, su odio hacia él, no podía creer que de verdad ella lo culpara por lo que le estaba pasando, y algo extraño sucedió en su mente, pues vio con total claridad como él abandonaba a la chica tras humillarla.
Y vio como los mortifagos la cogían y se la llevaban a pesar de él haber intentado ayudarla.
Aunque la verdad es que no hizo mucho, o eso le pareció, pues siendo como era y todo lo que había tenido que aprender en esos últimos siete años, debería de haber podido al menos, ayudarla un poco más.
Podía escuchar como su mayor enemigo, al que odiaba por haberle arrebatado a sus padres hablaba y decía algo que no llegaba a su mente.
"¿Le había arrebatado a sus padres?, ¿Cuándo?, ¿por qué no recordaba nada?, ¿qué narices era todo lo que estaba agolpándose en su cabeza?, ¿por qué sentía que todo estaba mal?, ¿que todo lo que él creía era mentira?, ¿que nunca había sido amigo de Hermione y de Ron?, ¿que nunca había vivido con los Dursley?, nunca le habían pegado, ni mentido, ¿que nadie había muerto por su culpa sino por su causa?
¿Por qué creía que esas muertes no eran nada importantes si él estaba con vida?, ¿cómo era posible que él se considerada tan importante?, ¿por qué despreciaba las vidas de los demás de esa forma?, ¿por qué sentía que era un dios y algo divino a los que los demás lo tenían que adorar?"
Se sentía despreciable, ese no era él, ¡NO ERA ÉL!, se decía una y otra vez en su cabeza, no podía ser él.
Él no despreciaba a los hijos de muggles, nunca le habría dicho a Hermione, (tanto si era, como no, su amiga), que no merecía ser una bruja por su sangre muggle.
Nunca habría sentido que la muerte de Dumbledore, no era importante, que ya era un viejo que no servía nada más que para sermonear a los demás.
Era imposible que él creyese que sus padres eran unos tontos solo por defender a los hijos de Muggles, que en parte Voldemort tenía razón.
Era imposible, que ni una sola vez a él, se le hubiese ocurrido unirse a Voldemort, a su causa de limpiar la sangre de los magos.
¿Qué demonios estaba pensando?, ¿qué le pasaba?, ese ser era despreciable, mataba a la gente fueran o no magos, fueran o no hijos de magos, solo porque no se unían a él en su lucha, ¿y él había pensado en unirse a él en alguna ocasión?, era un miserable asesino que no tenía piedad por nada y por nadie, y que además era capaz de manipular a la gente de forma increíblemente fácil.
Estaba loco al haber solo pensado esa posibilidad, eso era imposible, él no era así, no pensaba así, ¿qué le estaba pasando?, ¿qué podría llevarlo si quiera a pensar que él tiene razón?
No se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor, estaba tan metido en sus pensamientos que no era capaz de darse cuenta de todo lo que le rodeaba.
"OPV"
Hermione abrió mucho los ojos cuándo tres rayos rojos se dirigieron hacia Potter que estaba ausente.
No sabía el motivo de porque lo hacía, pero con sumo esfuerzo y sintiendo que todo su cuerpo estaba a punto de ceder, se levantó y corrió con todas las fuerzas que le quedaban y se colocó delante de este, apartándolo del camino para que no recibiera las maldiciones.
Y justo cuando la chica las recibía, Harry, salió de su ensimismamiento para ver a Hermione caer lentamente hacia atrás en sus brazos como si fuera un sueño, o mejor dicho una pesadilla odiosa, Harry, recibió el peso del cuerpo de Hermione sobre sus brazos que había alargado para cogerla.
Sintió como la chica se convulsionaba, pero ahora no por las maldiciones, sino por algo que él no entendía.
Vio que Hermione estaba sangrando por múltiples heridas que tenía por todo su cuerpo. Al ver su lamentable estado, Harry, la abrazó fuertemente contra él, la chica no paraba de convulsionarse y de sentir mucho frío.
-Hermione, Hermione, ¿por qué?, esto no debería estar pasando. —declaro desesperado pues no acababa de entender nada.
Y mientras él estaba abrazando a Hermione con la esperanza de que ella no sintiera tanto dolor, oyó de nuevo el sonido de más apariciones, y delante de él, cinco personas se aparecieron.
Todas con túnicas rojas, todas con las varitas preparadas y apuntando al frente, todas con mirada decisiva y con determinación.
Todas a simple vista desconocidas para el chico, ya que su mundo se centraba en Hermione Granger.
Harry no escuchaba nada de lo de sucedía a su alrededor, sintió como alguien lo cogía por el hombro y le quitaban a Hermione de sus brazos, pudo ver que era un hombre, alguien que le sonaba de algo, pero en ese momento no podía verle bien, pues la imagen de Hermione se superponía a todo.
Era extraño, nunca pensó que ver a su mejor amiga así, le afectaría de esa forma, era algo doloroso, muy doloroso, y ahora mismo solo temía que ella pudiese morir, y sentía que si eso era así, él, no necesitaba la ayuda de Voldemort para seguirla.
Su vista captó una melena pelirroja cuándo alguien lo abrazo.
Supuso que sería Ginny, pero le resultaba raro que lo abrazase pues nadie más que Hermione lo había hecho en toda su vida.
"OPV"
Rio, rio como nunca antes lo había hecho, y se fijó en el fuego que brillaba en la chimenea ante él, sí, la sangre sucia había actuado como él había previsto que acabaría haciéndolo.
Llevaba cosa de media hora, experimentando extraños cambios de imágenes y recuerdos en su mente, sin embargo, mientras se encontraba terminando con un muggle que había osado pretender entrar a Hogwarts ese año, había sucedido algo extraño en él.
La poca confusión que había estado experimentado había terminado de golpe, y todo pareció encajar en su lugar. Ahora, era consciente de que sus recuerdos eran la realidad. Él, había encontrado una solución a todos sus problemas, y se había hecho con lo necesario para llevar sus planes a buen término, lo cierto era que sin Snape nada habría sido posible.
Pero la jugada había merecido la pena, y Potter había actuado como él esperaba que lo hiciera, había intervenido en el pasado y le había brindado la victoria a él en bandeja.
Ahora, el futuro era prometedor para él, era el dueño y señor de todo, no obstante y desde hacía un tiempo, sus preocupaciones habían comenzado a crecer, el chico al que había estado vigilando de cerca, se parecía horrores al que había intervenido en el pasado.
Al que él, había creído perder de vista, sin embargo, pese a que su aspecto era el mismo, su personalidad distaba mucho de la desafiante que recordaba, aun así, había jugado sus cartas y había tomado posesión de la sangre sucia, que en ese tiempo parecía odiar a Potter con todas sus fuerzas, y no como antes que eran inseparables junto con el Weasley.
Y ahora ambos, eran de su propiedad, si bien era cierto que le había dejado en regalo a sus padres.
En ese futuro, al parecer Dumbledore había dado cierta importancia a la protección de la sangre sucia, y por eso es que él había reparado en ella, y debía admitir que había resultado ser un gran resultado el que había conseguido con ello.
Los había moldeado a su antojo temiendo lo que esa noche había sucedido, que Potter, lo mirase con ese brillo de desafío en sus ojos, siempre temió volver a detectar la fuerza en ellos, pero se había cubierto bastante bien por si llegaba a suceder.
Y en ese instante, él, ya no era una sombra de lo que había sido, si no que se encontraba en su mejor momento, mientras que Potter, era todo lo contrario a lo que se supone debía ser, después de todo, su estratagema había sido un éxito, y nada ni nadie podría interferir, ¿qué podría salir mal en su magnífico plan?
Solo él y su mano derecha, eran conscientes de toda la verdad, de que Potter había viajado al pasado, había cambiado el mismo y había acabado poniendo la balanza a su favor.
Se miró en el espejo que tenía encima de la chimenea y sonrió, ni rastro de sus ojos rojos, la partida no había hecho más que comenzar y el resultado sería perfecto.
