4º- Despertando en un Futuro diferente:

Draco Malfoy abrió los ojos algo desorientado y terriblemente perdido, miró a su alrededor y se encontró rodeado de lápidas por todas partes, ¿dónde estaba?

Se puso en pie, y enseguida notó que el tobillo derecho le dolía horrores al apoyarlo en el suelo, recordaba estar en Azkaban, ser torturado infinidad de veces, también recordaba la muerte de Pansy por su culpa, y su siguiente compañera.

La última tortura recibida y su traslado a un sitio diferente para que lo curaran, su posterior huida, pero no recordaba a donde había sido trasladado, ni qué demonios hacía allí.

Debía buscar ayuda, ¿a quién debía acudir?, nadie de la maldita orden lo ayudaría, él, después de todo había entregado en bandeja de plata a su líder. Un dolor insoportable le recorrió el cuerpo al dar unos pocos pasos, cayó al suelo de rodillas mientras se agarraba con fuerza el hombro izquierdo.

Estaba hecho un asco, solo y en ese estado, no duraría demasiado, tampoco podía arriesgarse a aparecerse en ninguna parte por su cuenta, pues lo encontrarían enseguida, y su situación no era la adecuada para ser encontrado por los del ministerio.

Solo le quedaba andar y aguantar el dolor.

Se llevó una mano al bolsillo de su pantalón y se sorprendió al encontrarse con un colgante en el mismo, extrañado lo extrajo y lo examinó.

Se trataba de una placa dorada en forma de Fénix, ¿qué era eso?, al sacarlo, un trozo de pergamino había resbalado hasta el suelo, curioso lo recogió y se quedó un tanto extrañado.

"Cuando precises ayuda de algún miembro de la orden, repasa el fénix y di su nombre."

¿Ayuda de algún miembro de la orden?, ¿cómo era posible que él tuviese eso en su poder?, se sentó en el suelo estirando ambos pies, intentando así mitigar el dolor de su tobillo y se quedó un momento meditando.

¿Podría ser un miembro de la orden el que lo ayudo a escapar?, eso tendría sentido.

Un dolor de cabeza lo asaltó en ese instante, y con fuerza apretó la placa entre sus dedos, se llevó una de sus manos a la frente y aguanto el tipo sin gritar lo mejor que pudo.

Se vio obligado a cerrar los ojos debido al dolor que perforaba su cabeza, y en ese instante infinidad de imágenes asaltaron su mente, ¿qué diantres significaba todo aquello?

Su respiración se aceleró en gran medida y todo su cuerpo comenzó a temblarle, ¿qué le estaba pasando?

Terminó cayendo de espaldas al suelo y mientras repasaba la placa con dos de sus dedos, susurró un simple apellido, ¿por qué el susurro?, ni él podría responderse a esa pregunta, al menos no en ese estado.

No en ese momento, en que todo le daba vueltas y recuerdos, sueños e imágenes se agolpaban en su mente sin remedio, en que cosas inexplicables lo acosaban.

De hecho, ni él mismo entendería, si estuviese con más consciencia de lo que hacía, porque fue el único nombre que escapó de sus labios:

-Potter.

"OPV"

Sintió que algo quemaba en su pecho y rápidamente miró a su alrededor, la verdad es que estaba algo distraído, en breves comenzaría la reunión de lo que restaba de la orden.

Debía explicar lo que había sucedido hacía tres días en el jardín de la mansión de Lestrange, el cómo habían sido avisados de que su hijo había aparecido allí, la verdad es que desconocía la razón de todo aquello, y mucho menos comprendía cómo había terminado este en ese lugar, tendría una seria conversación con él en cuanto se recuperase de sus actos innecesarios.

La cierto es que nunca se había imaginado que su hijo pudiera ser tan sumamente irresponsable y mucho menos, que pusiera la vida en juego de una manera tan tonta.

De nuevo sintió un resquemor y de repente entendió lo que estaba sucediendo, se llevó una mano al cuello y con cuidado sacó de entre su camisa una placa dorada en forma de Fénix, examinó la misma con detalle y se encontró con cuatro palabras escritas en esta:

"Draco Malfoy;

Cementerio, Hosmeade."

Alarmado se puso en pie, al fin daba señales de vida, hacía dos días que había recibido la información de que Draco Malfoy pertenecía a la Orden desde hacía tiempo, sin embargo, el chico había desaparecido y nadie sabía dónde se encontraba.

Se dispuso a salir de la casa cuanto antes, cuando escuchó la voz de Kingsley:

-James, la reunión dará comienzo enseguida, sería bueno que avisaras a Black.

Avisar a Sirius, ¿y qué pasaba con Malfoy?, no podía marcharse de la reunión, pero tampoco podía dejar a este allí solo, ¿en quién podía confiar para que lo recogiera?, solo se le ocurría una persona, ¿aceptaría?, le había ayudado hacía unos días, quizás no encontraría ningún inconveniente en ello, al menos eso esperaba.

Seguramente no le haría ninguna gracia, y se quejaría como loca, pero no podía recurrir a nadie más, ninguno de la orden estaría dispuesto a faltar a la reunión para ir en busca de un mortifago muerto.

Suspiró, ¿qué le pediría a cambio?, esperaba que no fuera algo demasiado difícil de conceder, aunque esa chica era impredecible, no en vano su tío era Sirius Black.

Se acercó a la mesa e invocó una pluma, cogió un trozo de pergamino y escribió lo necesario para que ella accediera, seguidamente lo selló con un potente hechizo y silbo.

No tardó en entrar una lechuza por la puerta:

-Muy bien Egg, tienes una misión importante, no puedes tardar en entregar este mensaje y ten mucho cuidado.

Es para Nymphadora Tonks.

Tras terminar de decir esas palabras y atar el mensaje a su pata, abrió la ventana de la sala y la soltó, el ave no tardó en tomar el vuelo con su clásico estilo.

Se quedó un rato mirando a la misma y tras suspirar se dispuso a subir a buscar a Sirius.

"OPV"

Sintió frío, miedo, sufrimiento, dolor, cosas muy conocidas por él.

Poco a poco abrió sus ojos para captar una oscuridad inmensa, no se veía nada de nada, no sabía la razón, pero tal vez fuera que era de noche, quién sabe, pero dentro del sitio donde se encontraba no se veía gran cosa.

Se incorporó con mucho esfuerzo, miró a su alrededor, se toco la frente, sintió calor, mucho calor, al parecer tenía fiebre, y no solo eso, tenía ganas de vomitar. Había tenido una horrible pesadilla, no podía concebir que lo que había vivido tiempo atrás, fuera otra cosa más que una pesadilla.

Busco con sus manos cerca de su cama como comprobando que había una mesita al lado de está y así era, a la derecha, se encontraba una mesita, tanteo y encontró un interruptor, y un poco más cerca, sus gafas, las cogió y se las puso mientras que con su otra mano le daba al interruptor de la luz.

Y como si un sueño se tratase, o una mala pasada, ante él apareció una habitación llena de cosas, una escoba cerca de un armario empotrado en la pared, un montón de estanterías repletas de libros, una mesa, y una silla.

Harry se levanto de la cama y comenzó a inspeccionar la habitación, pensó que tal vez pertenecía a alguien, y que lo habían acostado en esa cama por falta de espacio.

Pero no era así, en una de las paredes, una foto de él, abrazado a una chica de cabello negro y ojos azules, sonriendo de manera tonta, lo saludaba.

Chica que no le sonaba de nada, o al menos no mucho, solo podía recordar que se llamaba Ana, pare usted de contar.

¿Qué demonios le estaba pasando?, mirase donde mirase, todo lo que veía eran fotografías de él con diferente gente, pero ninguna con la gente con la que de verdad se había hecho fotografías, ninguna con Hermione, ninguna con Ron, ninguna, con Remus.

"Remus, un momento."

Su mente comenzó a mandarle imágenes, una tras otra de lo que él creía que había sido una pesadilla, un mal sueño, pero sin embargo, a su mente llegaban imágenes muy vividas, sentimientos muy recientes, muy dolorosos.

Hermione herida, convulsionando, Ron atacándolo, Remus muriendo por él cuando solo tenía un año. No, eso no era posible, él corriendo de su padre, Sirius delante de él, él y Ron enfrentándose a su padre y a Sirius.

Su máscara quitada, él, cambiando el pasado.

El gira-tiempo, la casa de sus padres.

¿Qué era lo que había hecho?

Asustado salió del cuarto a toda prisa, descalzó y a oscuras, se encontró en un pasillo amplio, un pasillo irreconocible para él.

¿Cómo era posible, que tuviera la sensación de pertenecer a ese mundo, y no pertenecer a él a la vez?

¿No es que si cambias el pasado, el futuro cambia, y por lo tanto, todos sus recuerdos deberían de haber sido borrados, y remplazados por los de ese otro futuro?, pero sin embargo, él, recordaba su otra vida.

Comenzó a caminar por el pasillo, se encontró con una puerta que seguramente daba a una habitación y entró en está. Prendió la luz sin saber donde se encontraba, y sintió un enorme peso dentro de él cuándo sus ojos captaron una cama, en la cual descansaba una Hermione, totalmente herida, con un montón de vendas cubriéndole diferentes partes de su cuerpo, todas manchadas por alguna parte de sangre, dejando muy en claro donde se encontraban las heridas más graves.

La chica estaba blanca, sus ojos estaban cerrados, su respiración era mala, no llevaba un ritmo, sino que era muy descontrolada, su pelo lo tenía totalmente enmarañado esparcido por la almohada.

Harry, se acercó con cuidado, a su mente vino el episodio con el basilisco, cuándo ella estaba petrificada en una de las camas de la enfermería.

Pero al igual que otras cosas de su verdadero futuro, está imagen era muy poco precisa, en su lugar se veía a él mismo bromeando con un Draco Malfoy sobre lo que le había sucedido a la sabelotodo de Granger.

Se sintió sucio y se odio a sí mismo, no le gustaba todo lo que su mente estaba recibiendo, todo lo que él había hecho. No le gustaba ver que era como Draco Malfoy, que él, se había convertido en lo que era una de las personas que más odiaba en su vida.

-Está es tú vida.- escucho otra vez esa voz que no conseguía reconocer, era verdad, esa era su vida, ese era él, así era, y no había nada de malo. Era verdad que los sangre sucias no merecían ningún respeto, ellos eran superiores, y odiaba a su madre por ser hija de muggles, eso era una mancha en la familia Potter.

Su madre era una deshonra, no entendía como su padre podía si quiera haberse fijado en ella, pero mucho menos que hubiese acabado casándose con ella, las sangre sucias eran para divertirse un poco, pasar el rato, pero nunca nada formal y serio con ellas, solo juegos, nada más.

Harry se agarró la cabeza fuertemente mientras negaba una y otra vez, él no pensaba así, él no era de esa forma, nunca podría odiar a su madre, que lo había salvado, nunca podría pensar eso de gente como Hermione, no podía ser que él fuera así, no era posible, algo andaba mal.

Se levantó del suelo y se acercó a la cama de Hermione, la miro detenidamente, y comenzó a llorar, no pudo contenerse, la miró y cogió una de sus manos entre las de él.

Eran frías, no eran como las de su Hermione, que siempre le brindaban calor, y le daban apoyo, cuándo lo necesitaba.

No era en nada comparado con lo que ella le hacía sentir en su futuro.

Justo después de depositar un beso en la mano de ella, se acercó más y le dio otro en la frente, después se separó.

Estaba deseando saber qué demonios le estaba pasando, porque su mente le decía esas cosas, y otra parte de él era tal y como él era en realidad.

Bajo su mirada triste por todo lo que su mente le estaba mostrando, por esas injusticias en las que él mismo había participado, y que ahora mismo sentía; por un lado que estaba bien, y por el otro, deseaba golpearse por todas las cosas que había llegado a hacer.

Sintió que alguien estaba en la puerta y fijó su mirada en ese punto, y se encontró con unos ojos grises que le devolvían la mirada, su primera reacción fue dar un paso atrás, asustado en parte, y por asco en otra parte.

¿Cómo era posible que él sintiera eso por esa persona? algo estaba mal, a su mente llego algo que le hizo sentirse fatal.

"Él, estaba delante de Hermione, mirando a la chica con desdén y superioridad.

-¿Quién te has creído que eres Potter?- espetó está apartándose de él.

-Pues quién más, quién soy, Harry Potter, el Elegido, también me conocen por ese otro nombre, asquerosa sangre sucia y te aconsejo que no me hagas enfadar. —y se acercó a Hermione.

Hermione se apartó de él y le recriminó:

-Tú lo que eres, es un maldito imbécil, que te crees superior a los demás cuándo en realidad no eres más que un maldito niñato de papa y mama.

Harry cambió su sonrisa por una cara de enfado y se acercó peligrosamente a Hermione, la agarro con fuerza del brazo, y la encaró.

-Maldita sangre sucia, te voy a demostrar lo poca cosa que eres. —le susurró de forma amenazante, la cogió fuerte del otro brazo también y la empujo contra la pared, de forma brusca haciéndole daño.

Sacó su varita, y cuándo iba a formular un hechizo, su vista fue nublada y perdió de vista a la chica y solo pudo ver formas borrosas.

Sintió un fuerte dolor en su mejilla derecha e intentó enfocar su vista ante alguien que tenía delante, al no ser capaz de ver a esa persona, convoco sus gafas y cuándo se las colocó unos ojos grises lanzaban chispas de indignación, y estaba claro que estaba muy enfadado.

Harry se colocó las gafas y:

-¿Se puede saber porque me has pegado?

-Y encima lo preguntas, Harry, que sea la última vez que se te ocurre tratar a nadie así, y mucho menos aquí.

-Está es mi casa, o bueno el jardín de la misma, aquí yo puedo hacer lo que quiera.- expresó tan creído como siempre.

-Delante de mí no lo harás.- reprochó Sirius, mirándolo enfadado.

-Ja, no siempre estás, así que me da igual.

-A partir de ahora si estaré, y te aseguro que esto no se volverá a repetir.

-Lo veremos. — desafió y sonriendo se alejó."

Esta situación y otras muchas más, que implicaban a Sirius frenándolo en muchas ocasiones, eran lo que lo hacían que ese hombre que lo miraba de forma extraña no le cayera nada bien.

Y la sensación de miedo, y de sentirse feliz, pero a la vez extrañado, era porque en su futuro anterior, Sirius Black, lo había abandonado dejándolo solo, mejor dicho, estaba muerto desde finales de su quinto año en Hogwarts.

-¿Qué haces aquí?- le pregunto de forma vacía y con un poco de distancia.

Eso golpeó a Harry como si le hubiese dado una bofetada:

-Yo, estaba….- Harry se calló, no sabía que decirle, no sabía cómo hablarle, pero sintió una descarga por todo su cuerpo cuándo un hombre de la misma edad de Sirius, con el pelo negro como el suyo, rebelde, pero no tanto, de ojos castaños escondidos tras unas gafas, entró por la puerta diciendo el nombre del otro, bueno el nombre no, su sobrenombre.

-Canuto amigo, ya está todo listo para la reunión, venga vamos para abajo, por cierto ¿qué haces aquí?

Eso le provocó una descarga emocional casi insoportable, comenzó a negar con fuerza, necesitaba despejarse, precisaba encontrarse a sí mismo.

Harry estaba debatiéndose consigo mismo, por un lado muchas imágenes de él con su padre lo asaltaban, y por otro lado estaba el sentimiento de ser la primera vez que lo veía con vida.

Una vez más todo lo que había pensado que había sido un sueño, lo asaltó y en ese momento más que en todo lo que llevaba desde que había vuelto, se dio cuenta de que todo era verdad, que había cambiado el pasado, que su padre estaba vivo, y que por lo tanto su madre también lo estaría.

No obstante, Remus Lupin, no estaba, Ron, su mejor amigo se había convertido en un mortifago, y por imágenes que veía se había convertido en el asesino de sus padres, al igual que su hermano Percy, y por otro lado estaba Hermione.

Había sido, una de las personas más detestables en el mundo, con su mejor amiga, la había tratado de menos, como si fuera basura. Él era una persona odiosa, se odiaba a sí mismo, no podía creerse que por tener a sus padres, él era como era.

Se negaba a pensar que si sus padres estuviesen vivos, él sería un Draco Malfoy en potencia, o podría decirse que peor, porque al menos Draco Malfoy no se creía ningún dios.

-¿Harry, que haces aquí?- escucharlo decir su nombre, en parte era conocido, pero no porque lo hubiese escuchado muchas veces antes, sino gracias a los Dementores y a todo lo que le hacían revivir una y otra vez.

Pudo ver la preocupación y el desconcierto en las miradas de Sirius y James, más cuando este último se dispuso a acercarse a él, perdió el control de sus emociones por lo tanto de su magia también:

-No me toques, no te acerques, NO.- Harry retrocedió hasta estar al lado de Hermione, se sentía mal, tenía la oportunidad de abrazar a su padre, pero no podía, no creía merecerse el que su padre lo abrazara después de que por su culpa él muriese.

-Pero no murió.- otra vez esas frases que le dejaban claras que ese no era su futuro, sino otro, otro que no entendía, que no sabía que sucedía, otro que por el momento no conocía.

Se acercó a Hermione y se acurrucó al lado de la cama de está, precisaba tenerla cerca, ella siempre había sido su centro en cualquier aventura pasada, y en ese momento necesitaba un punto de apoyo.

"OPV"

Ahora llega el turno de otro personaje de esta historia, que aunque ya ha recibido cierta introducción por parte de nuestra chica, quizás podríamos comentar algunas cosas más de él:

Sirius Black, que en un futuro diferente se había pasado doce años encerrado en Azkaban, en ese futuro, se los había pasado recorriendo el mundo e intentando buscar algunas cosas que Dumbledore le había encomendado.

Ante su escasa suerte, había regresado hacía unos tres años más o menos y se los había pasado ayudando en lo que era posible, incluso había tenido que cubrir durante un tiempo a un profesor en Hogwarts.

No es que la asignatura le gustara lo más mínimo, pero se había dedicado a enseñar Encantamientos, y encantado era como él había terminado.

Nunca antes le había pasado, pero en ese año habían tocado su corazón con una delicadeza impresionante, todo había comenzado cuando la defendió por primera vez de su ahijado.

Desde ese momento, se había dedicado a ser el que lo detuviera, ante el poco éxito de James y Lily para lograrlo, sus enfrentamientos eran a veces demasiado fuertes, esperaba el momento en que él y Harry acabaran enfrentados, ya fuera a golpes o en un duelo.

Su ahijado no parecía tolerarlo en lo más mínimo, y él, se había llevado una desilusión impresionante con el chico cuando había regresado, sus expectativas con él, eran incalculables, más la realidad había sido otra.

Suspiró agotado y se decidió por subir a comprobar el estado de Hermione Granger, deseaba que se recuperase cuanto antes, ahora que había regresado, se aseguraría en persona de impedir que su ahijado volviera a hacer algo contra ella.

Y eso que había sucedido no se lo perdonaría nunca, todo lo que la chica había tenido que pasar, se lo cobraría en cuanto encontrase el momento indicado para ello.

Negó, pensar en eso no le iba a ayudar en lo más mínimo, nunca debería haber comenzado con nada de eso, y mucho menos debería haberla metido a ella. Se levantó y caminó hacía la habitación de la misma, al llegar a la puerta se detuvo en seco, ¿qué se supone significaba eso?

La furia recorrió todo su cuerpo, y la sangre comenzó a hervirle, iba a recriminarle su presencia en el lugar, cuando reparó en cómo la miraba:

En apariencia, era el mismo de siempre; pelo azabache siempre rebelde e indomable, unos hermosos ojos verdes, iguales a los de su madre, ocultos tras unas gafas, de la misma estatura, de la misma forma física.

No obstante, no era la misma mirada, que el recordaba, no tenía ni punto de comparación, ese chico, miraba a cualquier persona con familia muggle como si fueran basura, no con anhelo y preocupación.

Se sintió extraño al fijar su vista en él, una extraña descarga lo recorrió al pensar que ya lo había visto antes.

Era idéntico a él, su mirada, sus ojos faltos de ilusión, de vida, su expresión triste y preocupada, todo igual a ese misterioso chico que apareció hacia dieciséis años, delante de ellos.

No había duda, cuándo vio a Harry después de su viaje, se le representó ese chico, pero no era igual al que él recordaba, no miraba igual, el Harry Potter que él conoció ese día, era creído, era un niño famoso y porque ocultárselo a él mismo, odioso.

Era alguien idéntico a James a su edad, en su forma de pensar referente a chicas, referente a travesuras, pero todo lo contrario en lo que se refería a la sangre.

En lo que se refería a los muggles y había algo que odiaba al máximo de Harry y era esa arrogancia, de pensar que nadie le podía decir nada, que podía hacer lo que quisiese ya que era el Elegido.

No terminaba de culparlo de ser así, si él hubiese crecido, bajo todos los halagos, todos los regalos, todas las comodidades, todo el lujo y sobre todo la forma en la que la gente lo alababa por lo que había hecho con un solo año y medio de edad, él, también sería un niñato creído, y petulante, que pensaba que podía con el mundo entero sin necesidad de hacer nada de nada.

Y se pondría en peligro las veces que quisiera, ya que no importaba quién muriese por ello mientras no fuera él. Pareció provocar algún ruido, pues sintió la mirada de Harry en él y se sorprendió por lo que vio:

Sirius, miró la reacción de Harry, pero su vista se fue a los ojos del chico, era extraño, pero en tan solo un momento, habían pasado, de ser esos ojos que lo miraban con despreció como siempre, a mirarlo de forma asustada, deseosa, angustiada, pero sobre todo, llena de esperanza.

-¿Qué haces aquí?- le pregunto de forma vacía, sin demostrarle nada de sus sentimientos, y con un poco de distancia.

-Yo, estaba….- Harry calló de repente, parecía nervioso y sin saber que decir, de repente escuchó la voz de su mejor amigo:

-Canuto amigo, ya está todo listo para la reunión, venga, vamos para abajo, por cierto, ¿qué haces aquí?

Sirius, no le hizo ni caso, su vista estaba posada en Harry, que había abierto los ojos al máximo, su respiración se había acelerado rápidamente, y no apartaba la vista del recién llegado, como si lo estuviera viendo por primera vez.

Se fijo en como Harry daba unos pasos hacia atrás negando con la cabeza, James, en ese momento pareció notar la presencia de su hijo en la estancia y lo miró para preguntarle:

-¿Harry, que haces aquí?

Sirius estaba totalmente extrañado, algo andaba mal en Harry, el chico no estaba bien, al parecer estaba desorientado y además un poco confundido, y asustado.

James al ver a su hijo de esa forma, dio un paso para acercarse a él, y así comprobar que estaba bien, seguramente estaría pensando que aún estaba confundido por el enfrentamiento de hacía unos días, pero cuando estaba a punto de tocarlo algo extraño pasó.

James, fue lanzado lejos de Harry mientras este le gritaba:

-No me toques, no te acerques, NO.- Harry retrocedió hasta estar al lado de Hermione.

Se acercó a ella y se acurrucó al lado de la cama, mientras que Sirius ayudaba a James a levantarse y ambos lo miraban sorprendidos.

No era normal que actuara así, y menos con James, a Lily, tal vez alguna vez la había tratado de forma déspota, irritante, pero sobre todo la trataba como si fuera una inferior, pero con James era diferente, a él lo trataba de forma normal, como un hijo a un padre. Exceptuando, cuando salía en defensa de la mujer que amaba.

Sirius miró a James:

-¿Qué demonios le pasa?

-No lo sé, espera un momento. —Sirius, camino unos pasos hacia Harry, que estaba acurrucado en el rincón con la cabeza escondida entre sus rodillas y sus brazos.

-Harry, ¿te encuentras bien?

No le contestó, al no recibir respuesta se acercó a él, y cuándo estaba cerca de la cama, sintió una descarga por todo su cuerpo, y al igual que James, fue lanzado fuera del cuarto, mientras que Harry levantaba la mirada, y cogía entre sus manos una de Hermione, y comenzaba a hablar con ella.

-Hermione, por favor, perdóname.

James y Sirius, observaban la escena asombrados miraban al chico sin entender qué demonios estaba pasando con él. Ambos se levantaron del suelo justo cuándo Lily hacia su aparición, acompañada de Ginny Weasley.

La menor de los Weasleys miró a Sirius y James y preguntó extrañada:

-¿Qué pasa?, ¿Por qué no bajan?, los estamos esperando.

Las dos miraron a donde ellos estaban mirando, y cuándo Lily vio a Harry sonrió con tristeza y susurró:

-Veo que ya está bien, será mejor que me largue para que no me vea.- pero la menor de los Weasley estaba asombrada, mientras veía como el superior y odioso Harry Potter, hablaba con Hermione, y le cogía la mano.

-Suéltala ahora mismo Potter.- grito la chica mientras sacaba su varita y lo apuntaba, Sirius y James miraron a la única chica Weasley que se encontraba con vida, mientras sus ojos lanzaban chispas.

Luna Lovegood al escucharla gritar, salió por una de las habitaciones y se fijo en la escena y en donde miraba, cuando vio que estaba a punto de lanzar un hechizo la detuvo:

-Ginny, espera, no lo hagas, podrías dañar a Hermione.

-Potter, apártate de ella, maldito, ¿después de lo que le hiciste tienes la cara de acercarte a ella?

Harry al escuchar la voz de Ginny y Luna miró hacia donde ellas estaban y un rastro de alegría se reflejó en su rostro, Sirius, James y Lily miraban a Harry al igual que las otras dos chicas asombradas.

-Luna, Ginny, ustedes están bien.- dijo este y se dispuso a acercarse a ellas, sin embargo Ginny, levanto su varita y le apunto con ella.

-No te atrevas a acercarte Potter, te conozco muy bien, y no me vas a engañar con tus idioteces, ya jugaste conmigo una vez, no lo volverás a hacer.- Ginny hablaba con rencor, y lo miraba de la misma manera que lo había mirado Hermione.

"OPV"

Luna por su parte miraba a Harry extrañada, había algo diferente en ese Harry, la chica rubia, se acercó a la puerta con lentitud, pese a las advertencias de Sirius y James de que no lo hiciera.

Luna entró en el cuarto y se acercó a Harry, cuándo estuvo a su lado le preguntó:

-¿Qué haces aquí Potter?

-Luna, te juro que nunca pensé que acabaría así solo por hacer lo que hice.

Los demás los miraban y escuchaban sin entender, Luna estaba igual que ellos, pues no entendía nada de lo que Harry le decía, el chico la miró a los ojos y ella vio en ellos que por muy difícil que pudiera resultar creer lo que le estaba diciendo, era todo verdad.

-Cometí un error y esto es lo que conseguí con eso, yo no quería que esto pasara, nunca me imagine que sería de esta forma.

Luna miró desconcertada al chico, nunca había tenido confianza con Harry, de hecho no habían hablado mucho que se pudiera decir, pero sin embargo la persona que tenía delante, parecía confiar en ella, pues esto último lo había dicho en bajo para que solo ella lo escuchara.

En el momento en que Luna dio un paso para acercarse a Harry, Hermione, comenzó a moverse entre ciertos sonidos de dolor.

"OPV"

Duda, indecisión, confusión, extrañeza, intriga, pero sobre todo sorpresa, eso era lo que sentía Ron, al estar rodeado de personas enfundadas en capas negras, un montón de rostros, conocidos, pero a la vez desconocidos, más en ambos casos odiados sin remedio, y siendo observado por todos ellos que lo miraban intrigados.

Hacía apenas unas horas que se había despertado en una cama, que claramente no era la suya, o al menos eso creía. Se sentía muy raro, estaba totalmente rodeado por gente que estaba seguro odiaba al máximo, tanto él como cualquier persona con sentido común.

Pues a su derecha estaba sentado nada más y nada menos, que Gregory Goyle, a su izquierda se encontraba Severus Snape el profesor más repudiado de todo Hogwarts, y desde el año pasado uno de sus objetivos y de Harry, por la muerte de Albus Dumbledore su director.

Un momento, ¿qué demonios le estaba pasando?, a su mente venían imágenes del día de la muerte de Dumbledore, y eso que él, no había estado presente.

Harry se lo había contado todo, pero nada era como su mejor amigo se lo había relatado, pues en lugar de Dumbledore, se encontraba su mejor amigo, y en donde Harry le había dicho que se encontraba Draco Malfoy, no había otro más que él mismo.

Y al contrario que el Draco que Harry le había descrito, él no había tenido ningún reparo en entregarlo a Voldemort y dejarlo pronunciar hacía él, la peor de las maldiciones imperdonables, y no dirigida a Albus Dumbledore, como debería de haber pasado, sino a Harry Potter, a su mejor amigo, al que era como su hermano.

¿Qué demonios estaba diciendo?, si él odiaba a Harry Potter, ¿cómo era posible que él dijera semejantes tonterías?, era más que sabido que Ronald Weasley era uno de los que se había enfrentado a Harry Potter, al Elegido, era uno de los que lo odiaba, y tenía ciertas razones, que para nadie eran validas como para hacer lo que había hecho, pero para él era más que suficientes.

Ron negó, como momentos antes había hecho Harry, en su mente se debatían dos vidas totalmente diferentes, opuestas por completo, algún sentimiento por igual, pero en una de ellas era muy débil y sin embargo la amistad, la camarería, la confianza, y otras muchas cosas eran muy fuertes, pero lo que en una ocupaba una gran cantidad, en otra, eso no existía.

Estaba intentando recordar donde estaban sus padres, y sintió un enorme frío por todo su cuerpo cuándo vagas imágenes de las que querría y desearía escapar se agolpaban en su cabeza.

Él, delante de su madre, amante de muggles al igual que su padre, mirando a la mujer pelirroja regordeta de ojos azulados, y de mirada confundida y asustada, rogando porque lo que estaba pasando no fuera cierto, porque sus dos hijos no fueran en realidad mortifagos, y mucho menos, estuvieran a punto de hacer lo que ella creía.

Y mientras por sus mejillas comenzaban a caer lágrimas, en su mente se veía la cara de su madre mientras de sus labios salía la peor de las maldiciones imperdonables, vio como el rayo verde impactaba en el pecho de su madre, vio la expresión de terror de está, y como su cuerpo caía inerte al suelo en un extraño ángulo.

Y también vio como él mismo sonreía ante tan odioso espectáculo, como su hermano Percy hacia lo mismo, solo que él reía más incluso que él, mientras mataba a su padre, pero no con la peor de las maldiciones imperdonables, sino en una lenta tortura que disfrutaba mucho.

Primero un Crucius detrás de otro, después comenzó con repetidas maldiciones que él nunca había escuchado hasta ese momento, o al menos parte de él no las había escuchado, porque por otro lado le resultaban conocidas y agradables de decir.

Vio como su padre era torturado de mil y una maneras mientras que su hermano se reía y él lo acompañaba en su risa, vio a sus dos hermanos Fred y George aparecer por la puerta con las varitas levantadas apuntándolos y pidiendo explicaciones.

Se vio a si mismo atacando a sus dos hermanos y dejándolos inconscientes, y después cuándo iba a dar el golpe de gracia su hermana pequeña se puso delante de él, y se vio a si mismo dudar, y ese momento de duda fue lo que ocasiono que Bill y su esposa Fleur, lo hirieran en el brazo y tuvieran que huir de allí sin haber terminado con sus hermanos.

Aunque según creía, otros habían completado parte del trabajo, y Fred y George tampoco estaban entre los vivos ya.

Ron estaba mal, se sentía fatal por la muerte de sus padres, y más aun por haber sido él el que había privado a su madre de la vida. Estaba tan perturbado por todo lo que a su mente llegaba, que no se había percatado de que todos lo estaban mirando entre sorprendidos y extrañados.

-¿A qué vienen esas lágrimas Weasley?- escucho que le preguntaban, Ron se llevo una mano a la cara y se la encontró mojada, por lo que se percató de que estaba llorando, cosa que ni siquiera había notado, se retiró las lágrimas y susurró:

-No tengo ni idea de que me pasa.- su voz era fría, se sentía extraño al escuchar su propia voz, pero tenía que actuar de ese modo, pues aunque no entendía nada, no era muy seguro que los que allí se encontraban se dieran cuenta de su confusión.

Se había despertado hacia unas horas totalmente desubicado, cuándo había centrado su vista, su hermano mayor Percy, estaba a su lado con semblante entre preocupado y frío, sin expresión.

Al verlo despierto, cambió a frío totalmente sin emoción alguna. Se había acercado a él y había comenzado a tocarle la frente y a mirar una extraña herida que tenía en el brazo derecho y ante el asombro de Ron declaró:

-Estás de suerte, no todos los que están delante de algunos miembros de la orden del fénix salen tan airosos como tú.

-¿Qué dices?- pregunto este sin entender.

-Esto te lo hizo ese miserable de Potter, te recuerdo que dentro de unas horas tenemos reunión en la sala grande de la casa, se trataran algunos temas como la fuga de esa asquerosa sabelotodo sangre sucia, esa Granger.- informó su hermano con desprecio.

Ron en parte sintió miedo, y a la vez asco por Hermione, extraño en él pues amaba a esa castaña. Ron observó como su hermano se iba del cuarto dejándole una bandeja de comida y una nota con la hora y los puntos a tratar en la reunión de tres horas más tarde.

Y ahí se encontraba, rodeado de mortifagos, completamente confundido, sin entender nada. En esas tres horas libres, habían venido a su mente un montón de cosas que aborrecía, y sus recuerdos de su otro futuro eran borrosos.

Estaba extrañado ante el hecho de que no sabía que era real y que no, de lo único que estaba seguro era, que él y Harry habían cambiado el pasado y eso era lo que habían conseguido con ello.

Un futuro del todo contrario, y mucho peor de lo que ellos esperaban, pues según había descubierto en esas últimas horas de su vida, Voldemort era la máxima autoridad en el mundo mágico, el ministerio le pertenecía, y el colegio Hogwarts de magia y hechicería era uno de sus trofeos ante su mayor enemigo, Albus Dumbledore.

"OPV"

Severus Snape, uno de los magos más conocidos por los alumnos de Hogwarts, que no por ello de los más queridos, abrió los ojos en su cama como cada día, no obstante, ese no era un día más, no, ese era el comienzo de un nuevo principio.

En realidad, sería el cuarto día, solo que para él, sería mejor comenzar a contar desde ese día.

Hacía cuatro días que la sangre sucia se había escapado del poder de su señor, al igual que hacía cuatro días que Weasley había aparecido en el jardín de la mansión de Lestrange, acompañado por Potter.

Pensar en ese muchacho le hizo fruncir el ceño, no le agradaba el chico en lo más mínimo, no sabía quién le desagradaba más si el chico o el padre, lo que sí sabía, es que Dumbledore tenía muchas esperanzas en el mocoso.

Esperanzas que hasta ese momento no habían resultado más que ser vanas, sin embargo este había creído hasta el final en él, ¿por qué?, ¿qué podía ver Dumbledore en el chico, que a él se le escapaba?

Admitía que el chico era valiente, pero estúpido, arrojado, pero no medía los peligros a los que se afrontaba y afortunado, eso no podía discutirlo, el miserable contaba con la suerte del demonio.

Sin embargo, no era nada del otro mundo, al menos no bajo su punto de vista, y pese a todo, ahí estaba él.

Había realizado todo tal y como le había sido ordenado, había ayudado a crear el hechizo para el gira-tiempo y también todo lo demás, había hecho llegar el gira-tiempo a las manos indicadas para que todo eso fuese posible, también había instalado la información en su propia mente del otro futuro, y había provocado los sueños del Weasley.

Pese a que según le había contado Dumbledore, sus sueños no habían sido escuchados del todo, pues al pasado habían llegado un Weasley y un Potter de diecisiete años y sin trasformación alguna para no ser reconocidos.

Así que seguramente si alguien llegaba a recordar lo que esa noche había sucedido, no tardarían en comprender que Potter y Weasley habían viajado al pasado para cambiar el mismo y así alterar todo lo demás.

Lo curioso era, que el señor tenebroso había dispuesto que solo él recordase todo aquello, claro estaba, que su señor también debía recordar y poder armonizar con facilidad ambos mundos y futuros, solo las mentes realmente fuertes podrían lograr eso.

Sabía que él mismo había solicitado poder recordar todo, pese a que la historia se reescribiese, pues según él, sus conocimientos en esa realidad podían no ser tan grandes como los que ya poseía y no quería arriesgarse.

Así que él mismo hizo lo necesario para asegurarse el recordar ambas realidades, él, el señor tenebroso y había decidido administrárselo también a un comodín, en su última tortura y antes de que todo cambiara tan drásticamente, le había aplicado lo necesario para que recordase.

Esperaba que su mente lo soportase bien, después de todo, había conseguido aprender Oclumancia con rapidez, eso auguraba un buen resultado, ¿recordaría Potter también?

No estaba muy seguro y a través de Weasley no había podido deducir nada, ese chico parecía perturbado y actuaba extrañamente, pero incluso antes de todo eso, en esa realidad era así, y en la que él recordaba, era tonto perdido.

Él, no le serviría aún de mucho, quizás más adelante sería una buena pieza para utilizar. La sabelotodo, por otra parte, no recordaba nada de nada, y en cierto modo lo prefería, no aguantaría mirarla a la cara.

"OPV"

Miró la cama fijamente mientras con una lima se repasaba las uñas de su mano derecha.

El chico parecía haber recuperado el ritmo normal de su respiración y las heridas habían sido tratadas, no estaba muy segura de cuanto tardarían en sanar con exactitud, pero de lo que sí estaba segura, era de que él, podía serle de utilidad.

Escuchó el sonido de la puerta abrirse:

-¿Piensas quedarte mucho tiempo ahí parada?

-Depende de lo mucho que tarde.

-¿Qué estás tramando ahora?

Escuchó unos pasos que se acercaban a ella, y sintió como este apoyaba un brazo en la parte trasera de su silla y miraba a la cama con curiosidad:

-Pienso en qué pedir a cambio de la ayuda brindada.

Recibió la mirada extrañada de Charley y ella no lo miró:

-¿No habíamos quedado en pedir recursos para los nuestros?

-Viste a Potter la otra noche igual que yo, ¿verdad?

Declaró sin darle importancia a la pregunta que este le había formulado, Charley la examinó por unos segundos y después miró a la cama ante él:

-Lo vi como tú, ¿piensas utilizar a Malfoy?

No respondió, tan solo siguió mirando al chico:

-¿Piensas responder a alguna de mis preguntas?

-¿Cuántas ganas tienes de ver a Bill y tu pequeña hermana?

Ahora sí este la miró serio:

-No puedo decir que tenga muchas ganas de ver a Bill, pero con Ginny la historia cambia un poco.

Ella solo asintió a sus palabras, este abrió la boca para hablar, sin embargo, ella, se puso en pie y sonriendo declaró:

-En cuanto se despierte haremos una grata reunión familiar, quiero ver a Potter de cerca.

-¿Por qué ese interés por este ahora?

-Me pareció un chico mono.

Le dedicó una sonrisa traviesa a este, y guiñó uno de sus ojos juguetonamente, él tan solo rodó los ojos con cierto fastidió y seguidamente declaró:

-¿Sabes que me molesta que hagas esas tonterías?

-¿Y tú que me importa bien poco?

Sin más salió de la habitación dejando a este allí quieto, miró a ambos lados y se percató de que casi todos estaban en el lugar, eso la extrañó un poco, pues no era muy habitual que faltara tan poca gente.

Se sentó en una de las mesas y esperó a que apareciera su comida ante ella, había sido buena idea refugiar algunos elfos domésticos que se habían escapado de Hogwarts.

Eso, les había brindado poder granjearse comida de las cocinas del colegio sin ser pillados.

-Espera un momento Tonks, no entiendo porque quieres ver a Potter de cerca, ¿en qué nos beneficiara a nosotros eso?

-No todo lo que hago es para beneficiarnos, simplemente quiero verlo, tú, al igual que yo, has leído el profeta y todo lo que se habla de ese chico, sin embargo, nada de eso contrasta con lo que vi la otra noche.

-Tonks, yo lo conozco en persona, y puedo asegurarte que todo lo que se ha dicho de él es cierto, no puedes llegar a imaginarte lo que es tener la mirada de ese chico clavada en ti como si fueras un trozo de basura.

Ella frunció el ceño por un instante y después de meterse un trozo de pan en la boca lo miró de reojo:

-Imagino que lo sabes por experiencia, pero tienes razón, yo no lo conozco en persona, y si algo deberías haber aprendido de mí, en este tiempo que nos conocemos, es que no me gusta prejuzgar a la gente, y que yo me hago una idea propia de quien me interesa.

-No pensabas igual hasta hace unas noches.

-Nunca antes había estado tan cerca de él como esa noche, y me dejé guiar por las habladurías, y me parece que puedo haberme equivocado, así que conseguiré una imagen más fija del chico.

Charley suspiró cansado de no poder hacerla cambiar de idea:

-¿Y por qué tengo que acompañarte?

-Si yo tengo que soportar a mi tío Sirius, tú soportarás la pena conmigo.

-Pero a mí Potter me trae sin cuidado, no iré Tonks, no pienso volver a discutir con Bill.

-Pues no lo hagas, pero ese día me acompañaras quieras o no.

Se cogió una ensaimada de una bandeja y salió de allí dejando a este con los puños apretados, si bien él era mayor que ella, no era quien mandaba, y Charley iría con ella, pues por mucho que quisiera negarlo, deseaba ver a Ginny y también a Bill.