Buenas mis queridos lectores! ¿Cómo dicen que les va? A mí bastante bien, y después del Lunes, Martes o Jueves que viene me irá mejor porque es cuando rendiré mi último exámen jaajaja. De todos modos, actualizar me lleva un tiempito porque no tengo la historia completa, pero sí varios capítulos escritos gracias a Dios :). En fin, ¡Muchas gracias a quienes dejaron review! Creo que contesté a todos los que me dejaron y son miembros de aquí. Gracias a quienes me han leído y no me han dejado review - aunque me gustaría que lo hagan, en serio, me hace sentir que todo esto vale la pena.
Acá actualizo, es un capítulo poco interesante, lo reconozco. Pero bueno, dos cosas que les recomiendo: Presten atención a la conversación entre Frank y Luna, a la reacción de Kori al final del capítulo y a la aparición de nuevos personajes. Saludos a todos! Nos vemos abajo.
2
Pequeños cambios.
-Juro que pensé que hoy perdíamos a Gar-le dije a Frank mientras volvíamos a casa. Kori y Dick dormían en el asiento trasero. Al final de la velada, ambos habían terminado en tal estado de ebriedad que habían bailado el "Aserejé" con una coordinación envidiable- teniendo en cuenta el estado de ebriedad- parados en la mesa donde todos habíamos cenado previamente. La escena culminó en tragedia cuando Dick quiso darle una vuelta a Kori y ésta terminó volando por los cielos- por segunda vez en la noche- y cayendo sobre un enorme charco de lodo.
Pero el verdadero problema vino después, cuando hubo que decidir quién se encargaría de llevar a la ebria pareja a sus respectivos hogares para asegurarse que terminaran a salvo. La disputa fue resuelta con un juego de piedra, papel o tijera que tuvo cinco rounds disputados entre su padre y su tío Benjamin. A partir de esa noche, su padre comprendió porqué yo siempre elijo piedra cuando juego a ese juego.
Era una suerte que ninguno de nosotros estudiase Relaciones Internacionales. ¿Imaginan a los grandes embajadores y representantes resolviendo bombardear o no un país en el Consejo de Seguridad jugando al piedra, papel o tijera?
De todos modos creo que la toma de decisiones no es muy diferente en realidad. En fin. Terminamos llevándolos nosotros, más bien Frank en un desmedido esfuerzo, luchando contra las dos copas de vino que se había tomado (su padre nunca lo reconocerá, pero es bastante playito) y el cansancio que tenía encima. Había estado estudiando toda la mañana y durante aquella semana para uno de los finales más importantes que rindió. Inclusive había bajado de peso por los nervios. Verlo así fue lo que me había hecho decidir irme con él, en vez de irme con Tara y Benjamin, en caso de que necesitara dejar el volante por un minuto.
Su padre se sonrió de lado ante mi comentario.
-¿No te parece que Garfield ya está en condiciones para lidiar con las rabietas de Roth?- Comentó, volviéndose hacia mí un segundo para regalarme una sonrisa de frente.
-Rachel- Lo corregí yo.
-Bueno, es lo mismo.
-No, no es lo mismo. Roth puede ser su padre, su madre, su hermana, su…
-Sí, sí. Su perro, su cuis, su gallinero, lo que sea. Vos me entendiste, no me vengás con el control léxico de siempre…
-¿Cómo evitarlo si estudio Letras?
-Luna… No empecés.
-Bueno- Me reí. Su padre se mordió el labio, de la misma manera que lo hace cuando alguno de ustedes le gana en un juego de cartas o cuando no le viene una buena mano en el póker. Ese es el gesto que hace cuando tiene las condiciones para ganar, pero no puede ganar el juego.
-Es muy loco que vayan a casarse.
-¿Te parece que se sentirá lo mismo cuando nos casemos?- El auto frenó de golpe porque otro auto se cruzó de repente en nuestro camino. Frank aprovechó la pausa para mirarme de frente.
-¿Nos casemos?- Repitió riendo nervioso. Me sentí desnuda frente a una multitud. Había metido la pata.
-Sí… ¿Nunca lo pensaste?- El auto volvió a avanzar.
-No, bueno… No es que no te quiera en mi vida, Luna, pero creo que somos muy jóvenes para andar pensando en esas cosas ahora.
-¿Me vas a decir que nunca hablaste de esto después de acostarte con alguna de tus conquistas en el secundario?- Le espeté, sonriéndome de lado. Su padre siguió camino sin inmutarse y esa paz me perturbó.
-No, no te lo voy a negar. A las mujeres les encanta creer que uno ve, en el sentido místico de la palabra, un futuro seguro con ellas- Contestó calmado.-. Pero con vos es distinto porque sí me importás. – Su padre tiene ese maldito don de decir cosas importantes sin hacer ningún gesto que haga referencia a que lo que me está diciendo es importante. Nunca podría ser actor, apuesto lo que sea a que le diría "te amo" a su coprotagonista mientras corta una planta, sin mirarla a la cara. Y la planta que estaría cortando tendría más sentimiento que él al hablar.
Pero tras tres años sumados a cómo habíamos empezado a salir en el secundario, yo ya había aprendido bastante sobre cómo descifrar a su padre y cómo hablaba él cuando las cosas le importaban y cuando no le importaban. Claro está que eso no quitaba que me resultara molesto que no me dijera las cosas con cierto tinte de emoción, aunque sea en la mirada.
-Por lo tanto, no quisiera mentirte descaradamente como hacía con esas chicas. A vos te quiero retener por mucho tiempo más.- Me sonrió cuando el auto se detuvo en un semáforo. Kori lanzó un grito dormida y se avalanzó sobre Dick que la abrazaba con el brazo por encima de los hombros.
-¿"Mucho tiempo más" implica necesariamente un futuro?- De nuevo quería meterme en el charco de barro donde se había caído Kori. ¿Por qué no dejaba de hacer preguntas incómodas?
-Estamos en el futuro- Repuso Frank con calma. –. Hace tres años empezamos esto con éste mismo criterio, o al menos eso hice yo- Explicó.-, y acá estamos: a punto de ver a nuestros primeros amigos casarse.
-No me estás respondiendo.
-Claro que te estoy respondiendo. – El auto se detuvo en otro semáforo y Frank despegó los ojos del camino por primera vez en el trayecto para mirarme mientras me hablaba. – Tal vez no es la respuesta que vos querés, pero no significa que no sea válida. Quizá no me estás formulando bien la pregunta…
-Mierda, no me jodés cuando me decís que es molesto que te haga el control léxico- Su padre soltó una de sus típicas y estruendosas carcajadas ante mi comentario malhumorado. Me crucé de brazos y miré para otro lado. - . A lo que yo voy… ¿Alguna vez nos casaremos?
-No sé, Luna. No sé. No sé si vamos a llegar sanos y salvos a nuestra casa, si Dick no me va a vomitar el auto- Le vomitó el auto, pero ya llegaremos a eso.-, si Kori no va a querer iniciar una pelea estando ebria- Inició una pelea- , no sé si voy a aprobar mi final del Viernes… No sé nada de lo que nos pueda pasar, Luna.- El auto siguió su rumbo. Permanecí con los brazos cruzados, en señal de disconformidad con la respuesta que había recibido.
Por más que moría por dentro de lloverlo a preguntas, me contuve de forma olímpica y dije la segunda mentira más grande de mi vida:
-Tenés razón, es muy pronto para pensar en eso ahora.
Sonrió mirando hacia el camino y el resto del viaje transcurrió tranquilo, hasta que llegamos a la casa de Dick, que era la primera parada del recorrido.
Todavía no he sabido definir con certeza qué fue lo peor que pasó a partir de aquel momento: si el vómito de Dick porque despertó de repente y no pudo contenerlo a tiempo, el hecho de que le vomitara el auto que su abuelo le había confiado a su padre por tan sólo cuarta vez desde que tenía la licencia de conducir; o el irremediable golpe que Kori me dio en la cara tras despertar de repente, ver a su hombre destrozado y creer que eran víctimas de un asalto.
Creo que, con la experiencia que ya poseen, no necesitan que les explique el grado de cólera que demostraba en su cara Frank en aquel preciso instante. Dudó entre abalanzarse sobre Dick por haberle vomitado el auto o en golpear a Kori por haberme pegado. Gracias a Dios eligió a Dick.
-¡MI AUTO, LA PUTA MADRE!
Pero Dick estaba fuera de sí. Miraba a Frank como si fuese un espejismo, con los ojos entre cerrados. Debatiéndose mentalmente si ese esbelto muchacho que se alzaba frente a él, lo zarandeaba y lo puteaba era real.
-Frank, creo que si lo zarandeás va a vomitar todavía más…- Susurré yo sobándome la mejilla, intentando calmar el dolor del puñetazo que Kori me había dado. Frank se volvió a mí para contestarme y fue en ése momento en que notó el golpe en mi mejilla.
-¿Qué rayos…?
-Kori creyó que la estaban asaltando…
-¡PERO PENDEJOS DE MIERDA, ES QUE NO SE PUEDEN PONERSE EN PEDO SIN MOLESTAR A NADIE! ¡AHORA VA A VER ESA COLORADA DE CUART…!
-Frank, estoy bien. Calmate. Bajemos a Dick, limpiemos el vómito y vayámonos, ¿dale?-Frank me miró unos segundos, debatiéndose entre el angelito y diablito que todos tenemos dentro. Suspiró mientras seguía sosteniendo a Dick del cuello de la camisa.
-Está bien.-Y de un tirón bajó a Dick y lo llevó abrazado hasta la puerta de su casa, para entrar con la llave (porque Frank tenía llave de la casa de Dick, sí mis queridos) y dejarlo en su habitación. Pasados unos minutos, volvió y retomamos viaje.
-Pelirroja puta- Le dijo Frank a Kori al subirse al auto, sabiendo que ella no podía oírlo porque su estado de ebriedad la tenía sometida a un sueño casi inconsciente, con algunos sobresaltos. No pude evitar soltar una pequeña carcajada, mientras me sobaba la mejilla donde Kori me había golpeado.
-Al menos no me rompió un diente- Repuse mirándolo a Frank. Su padre me miró con un gesto de desprecio característico suyo.
-No me hagás hablar porque freno el auto y le rompo la cara a ella… ¿Cómo te va a pegar así?
-Frank, está ebria. Cuando íbamos al secundario había que sacarla del boliche cada vez que se terminaba el litro de cerveza.
-¡No se justifica!
-No la justifico- Repliqué, sin perder la calma.- Simplemente te explico la sensibilidad de Kori respecto a las bebidas alcohólicas.
Frank resopló y frenó en un semáforo que encendía su luz roja.
-Si alguna vez tenemos un hijo- Comenzó, hablando con los dientes apretados- o tengo un hijo y sigo siendo amigo de Dick, porque no sé yo, pero éste maldito hijo de puta seguro se casa con esta colorada de mierda, quiero que me recuerdes jamás, y con jamás quiero decir JAMÁS- puso un énfasis especial en la palabra- lo dejaré al cuidado de ésta loca. Jamás. Te nombro guardiana del deber, Luna Ertorback. – No pude más y comencé a reír. -¿Qué te pasa? ¡Te hablo en serio!
-Y así fue como Cleopatra y Julio César comenzaron su romance, el cual detuvo la guerra entre los tres hermanos por la posesión del trono de Egipto- recitaba el profesor Nitts, con sus elocuentes ojos azules en aquella clase de Historia Antigua. -. ¿Quieren saber cómo se detuvo? Digamos que, misteriosamente, luego de la consolidación de éste romance concebido como uno de los más fogosos de la historia, el hermano de Cleopatra falleció en circunstancias extrañas. Algunos dicen que fue obra de la propia Cleopatra y de su ambición de poder. Otros dicen que el César, en un símbolo de amor interminable a su amada, lo mandó a matar para deshacerse de su malestar. Cualquier enfoque que decidan darle ustedes no le resta poesía en lo más mínimo, porque en sí, éste es uno de los romances más poéticos de la historia.
Era absolutamente imposible no salir de una clase del profesor Nitts con una sonrisa en los labios. La alegría que él tenía de dar clases era tan inmensa que se contagiaba a cada uno de sus alumnos. No era muy alto, de cabello canoso, piel blanca y unos enormes e incandescentes ojos azules. De mirada elocuente y gestos de igual calibre, un apasionado por lo que hacía. A éste hombre le debo muchas cosas que hizo en mí, sin saberlo él: mi pasión por la historia, mi decisión de dar clases en la universidad y sobre todo, el saber que la carrera no te limita a un solo campo, sino que te abre puertas a muchos. Más de los que podemos imaginar.
Fue un día que salí renovada de una de esas clases cuando nuestro mundo comenzó a cambiar imperceptiblemente.
Me calcé los auriculares apenas salí del aula y me dirigí al departamento, armando mentalmente todo lo que tenía que hacer en ese día. Cuando me dispuse a elegir una canción de mi celular, fue que me percaté de que tenía varias llamadas perdidas de Frank y fue entonces cuando recordé que ése día era el día de su complicado examen. Me apresuré a llamarlo para saber cómo le había ido.
-Me fue bien… Aprobé. Ya puedo volver a dormir- Contestó su padre del otro lado de la línea, con la voz que pone alguien que cuenta una anécdota que casi lo llevó a la tumba.
-¡Te felicito! ¡Genial! No te atendí porque estaba en clase, pero me alegro mucho…
-Sí, ya sé, me imaginé. Luego de llamarte cinco veces, llamé a Kori y me dijo que estabas en clase.
-¡Dejala un rato y dame bola a mí que me tenés abandonado!-Los reclamos de Dick desde el fondo me sacaron una sonrisa ese día.
-Andá, tu novia te está llamando…- Dije sonriéndome.
-Sí, sí. Esto de la bigamia me está matando, un día de estos voy a tener que decidirme entre uno de ustedes dos…- Repuso Frank muy seriamente.
-Cuando decidas, acordate de mi pijama de conejitos, por favor y de cómo me queda.- Respondí.
-Eso te da varios puntos… Pero Dick hace unas pizzas caseras para chuparse los dedos…
-¡En tu cara Ertorback!-De nuevo, la voz de Dick en el fondo. Rompí a reír en medio de la calle, y entonces recordé que tenía que sacar unas fotocopias en la universidad, así que comencé a volver sobre mis pasos mientras caminaba con el celular en la mano.
-Bueno, tengo que colgar… - Dijo Frank un poco nervioso.- Gracias por todo, te quiero.
-Yo también- Contesté en un gesto automático, chequeando los autos para cruzar la calle, sin procesar demasiado lo que su padre me decía. Silencio. Había cortado.
Cuando llegué a la fotocopiadora de la facultad, me precipité sobre el dispenser de números de papel y saqué uno. 69. Pensé en todas las bromas que Víctor y Garfield serían capaces de hacer al respecto si hubieran estado ahí conmigo esperando y me surgieron unas ganas incontenibles de tomarme una cerveza con ellos, como acostumbrábamos hacer de vez en cuando. El pequeño cubículo estaba atestado de gente que pedía por cosas distintas. Paseé la mirada en busca de algún compañero que fuese a pedir las mismas fotocopias que yo, pero no tuve éxito. Me apoyé contra la pared con los brazos cruzados y los auriculares puestos, mientras acomodaba las cosas de mi gigantesca carpeta forrada con historietas de Mafalda.
Siempre que releía los chistes del gran dibujante argentino, recordaba mi antiguo sueño de ser dibujante de historietas. Aquel del que estaba tan convencida hasta que su padre me rompió el corazón por primera vez. Sonreí. Todo pasa por algo.
Fue en esa ambición por ordenar mi habitual desorden de papeles y apuntes en que se me cayeron varias hojas, haciendo que la multitud de alumnos que habitaba la fotocopia en aquel entonces, se volviera para mirar a la idiota que había dejado caer un sinfín de papeles.
Irónico que el caos comenzara con un intento de ordenar un poco mis cosas.
Me precipité sobre mis apuntes para recogerlos y fue entonces cuando una mano desconocida comenzó a ayudarme también.
-Gracias- Dije levantando la mirada para ver la cara de mi salvador. Unos enormes ojos verdes me observaron mientras una melena rubia se asomaba a hacerles marco.
-De nada- Me sonrió. – Soy Jericho, estoy en quinto de Letras y Filosofía.
-Soy Luna, yo estoy en tercero- Le extendí una mano para darle un apretón de manos. El chico me miró desconfiado en un principio, ya que la gente normal no saluda así, pero luego de escasos segundos me correspondió en el apretón.
- Así que Mafalda, ¿eh? – Dijo observando mi carpeta y luego volviendo la mirada a mi rostro.
- Sí, me gusta mucho. Todo lo que respecta a Quino me parece genial.
-Y lo es. Quino no solamente obra fantásticamente con sus dibujos, sino que mayormente lo hace con sus palabras.
-¡Exacto! Pero la mayoría de la gente se detiene inevitablemente en la historieta.
-Eso es porque subestiman el poder de las palabras…
-Y por eso estamos acá, ¿No?- Dije sonriéndole. Jericho me devolvió la sonrisa. Tenía una linda sonrisa.
-Creí que para eso teníamos abogados- Nos echamos a reír.
-Sesenta y nueve- llamó la chica del mostrador. Me precipité a la mesada que había por mostrador y pedí las fotocopias que necesitaba, mientras el otro empleado llamaba al setenta, número que curiosamente tenía Jericho. Ambos pagamos al mismo tiempo y salimos de allí a la par.
-Así que, Luna, ¿No? ¿Qué materias estás cursando de tercero?
-Todas.
-Ah, la llevás al día…- Dijo extrañado. – Eso no es muy común que digamos, es bastante admirable…
-No es tan complicado- Jericho no tenía porqué enterarse de mis noches de desvelo y de mis crisis pre final que Kori debía soportar. -. Vos estás en quinto, eso es fascinante.
-Sí, pero yo me atrasé un año… Viajé a Europa a estudiar unas runas, y bueno… Perdí El hilo de las clases…
-Wow, supongo que a todos nos pasaría lo mismo- Repuse, asombrada por esa experiencia.
- A todos los locos por las letras nos pasaría lo mismo… Intentá convencer a un contador para un viaje de esos, vas a ver que mucha gracia no le hace.
-¡Ni que lo digas! Mi novio estudia para ser contador y ya me imagino las mil quejas que objetaría para que no hiciéramos ése viaje…- Regla número uno de cualquier relación: Nunca critiquen a su pareja frente a alguien del sexo opuesto que está siendo sospechosamente amable con ustedes, mis niños. Y con ésta historia aprenderán porqué.
-Ah… Tenés novio- Dijo Jericho, frenando en seco mientras caminábamos. Luego siguió el paso. Pero yo estaba tan entusiasmada por lo que me había contado que fui incapaz de notar ese gesto. - ¿Y hace cuánto que estás con él?
-Tres años… Bah, dos años y diez meses, pero ya nos conocíamos de antes.- Sonreí al recordar aquel gran último año del secundario. - ¿Vos estás de novio?
-No, no… Yo terminé una relación complicada hace poco y bueno, necesito tiempo para pensar ahora. – Contestó con un aire melancólico.- ¿Nos tomamos un café?
-No debería- Repuse mirando la hora en mi reloj. - . Ya estoy bastante retrasada, pero estoy segura de que no faltara oportunidad. – Jericho me sonrió un tanto decepcionado.
-Sí, tenés razón. Es una facultad demasiado grande para algunas cosas, pero muy pequeña para otras. Nos vemos, Luna. Que tengas un lindo día- Se dio media vuelta y se perdió entre la gente del bar.
Y ahí comenzó mi perdición.
Llegué al departamento y me encontré con una Kori muy ensimismada en una gigantesca escultura de yeso. Se notaba que recién la empezaba porque todavía no se podía determinar qué mierda estaba esculpiendo.
-Llamó Frank, dijo que le fue bien- Dijo Kori automáticamente, sin dejar su trabajo, al oír que yo entraba. Porque cuando llevás suficiente tiempo viviendo con una persona, dejás de decir "Hola" cada vez que llegás y te limitás a lo importante.
-Ya sé, me llamó a mí también. ¿Almorzaste?
-No, recién me levanto- Eran las 13.45, pero Kori cursaba de noche, y como la mayoría de las noches Dick la pasaba a buscar por la facultad para ir a comer algo o tomarse un café, solía acostarse pasadas las tres de la mañana. El régimen de sueño de su tía era muy peculiar. Había días en los que estaba tan acelerada que limpiaba todo el departamento, ordenaba su placard, estudiaba dos unidades de una materia y cenaba temprano y sin mí para seguir estudiando de noche. Y también tenía sus días en los que se levantaba a las doce del mediodía, almorzaba y luego dormía desde las dos de la tarde hasta las ocho de la noche. Ésta combinación tenía como consecuencia el peor de los insomnios para mi colorada compañera.
Era en aquellas noches en las que aprovechábamos para llamar a Abby o intentar contactar a Tara, aprovechando la diferencia de horario de donde quiera que se encontrase nuestra rubia amiga.
-Bueno, ¿Comés conmigo o viene alguien más?
-Mmm, capaz que viene Dick a las tres…
-Kori, ya son casi las dos y recién te levantás, además lo viste anoche…- La regañé, mientras tomaba un poco de té helado.
-Bueno, mamá Luna…- Resopló Kori, bajándose de su escultura. – Es que lo extraño… ¿Acaso es pecado extrañar? No hay nostalgia peor que extrañar a alguien que tenés a tu lado y saber que nunca, nunca lo podrás tocar…
-Ese intento soso de García Marquez no te servirá conmigo- Le reproché. Kori se rió nerviosamente y corrió a abrazarme persuasivamente. -. No me molesta que venga Dick, pero te lo digo por vos… Siento que estás dejando las cosas un poco tiradas…
-¡Pfff! ¿Yo? Vamos, Luna. Si hay alguien loco por su carrera, ésa soy yo. Que no te quepa duda alguna.- Repuso mi amiga rápidamente, un tanto nerviosa. Alcé una ceja mientras cerraba la heladera.
-Está bien, si vos decís…- Por alguna razón, le faltaba algo en esa respuesta.
Ya habíamos hablado muchas veces sobre cómo nos sentíamos respecto a nuestras carreras y a la vida que llevábamos. En general, el balance era siempre positivo, de hecho el de Kori era siempre más positivo que el mío. No es que ella fuese una persona conformista, pero era simplemente feliz con lo que tenía porque era lo que siempre había querido, y no se sentía para nada errada, más bien al contrario: Por primera vez, desde que su equipo le había sido arrebatado en nuestro último año escolar, desde que había elegido su carrera por su cuenta, tenía el novio que quería y vivía en donde le gustaba, Kori se sentía plena. Se sentía completa.
Pero justamente a esa respuesta de aquel momento le faltaba esa plenitud característica de ella. Le faltaba ese empuje infrenable típico de mi amiga. Pero decidí no ahondar en el tema y me convencí de que seguramente era yo que estaba muy cansada la que notaba algo raro. Así que, luego de que almorzamos, esperé despierta la llegada de Dick y me fui a dormir una siesta.
Sin darnos cuenta, ya éramos presa de los cambios.
Hola de nuevo! jajajaja, ¿me extrañaron? supongo que no. Gracias por leer!
With Love,
Cook
